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RECORTES DE PRENSA

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* LA CRUDEZA DEL INFORME WINOGRAD DEJO AL PREMIER ISRAELÍ AL BORDE DEL KNOCK OUT

* DOSCIENTAS MIL PERSONAS PIDIERON LA RENUNCIA DEL PREMIER ISRAELI


* LA CANCILLER TIPZI LIVNI PIDIO LA RENUNCIA DEL PREMIER ISRAELI

 


Domingo 6 de Mayo de 2007

LA CRUDEZA DEL INFORME WINOGRAD DEJO AL PREMIER ISRAELÍ AL BORDE DEL KNOCK OUT

Nadie entiende cómo sobrevive Ehud Olmert

El clima de indignación que prevalece en la población desde el fracaso de la guerra del Líbano aún no ha encontrado un canal político-institucional para provocar los cambios deseados. Cómo juegan los oficialistas, los aliados y opositores.

Por Sergio Rotbart

Desde Tel Aviv

Que el premier Ehud Olmert siga aferrado a las riendas de la conducción nacional, luego del rotundo y despiadado mazazo a su credibilidad que le asestó la Comisión Winograd, designada por él mismo para investigar el desempeño del gobierno durante la guerra del Líbano, es un dato de la realidad difícil de explicar aun para los más avezados analistas de la política israelí. Para ilustrar la distancia abismal que existe entre la sensación pública y el estado inercial de la dirigencia no hay mejor ejemplo que la multitudinaria manifestación (entre 100 y 150 mil personas, según los cálculos) que se llevó a cabo el pasado jueves en Tel Aviv exigiendo la renuncia inmediata de Olmert y de Amir Peretz, el ministro de Defensa. “Entraron en la historia como dirigentes que han sido sorprendidos en paños menores en medio de una guerra por ustedes mismos emprendida”, les espetó el escritor Meir Shalev en esa concentración.

Pese a la gravedad de las acusaciones contenidas en el informe parcial de la Comisión Winograd y a su repercusión social, esos ecos no encontraron, hasta el momento, el canal político-partidario capaz de traducirlos en un recambio dirigencial efectivo. El tímido intento proveniente del propio partido de gobierno, Kadima, de la mano de la canciller Tzipi Livni, fue rápidamente neutralizado por el entorno de Olmert. Es que en ese medio la carta fuerte que aún esgrimen los seguidores del primer ministro consiste en asegurar que cualquier alternativa allanará el camino hacia el factible triunfo, elecciones mediante, del líder de la oposición: Benjamin “Bibi” Netanyahu. A un año de los últimos comicios, a muchos de los ministros y diputados de Kadima seguramente no les cae muy bien la idea de renunciar a los puestos del presente y apostar a un futuro incierto en pos de la ética democrática. El vicepremier, Shimon Peres, supo expresar ese temor con grandilocuencia patriótica: “Es un gran día para el partido, para el país y para el primer ministro”, dijo el veterano dirigente en una reunión de la camada parlamentaria de Kadima en la que se frenó el intento de destronar a Olmert.

En el otro pilar de la coalición gubernamental, el Partido Laborista, el malestar ante la dirigencia de Amir Peretz es tan viejo como los resquemores que provocaron su elección a la cumbre partidaria y, aún más, su designación como ministro de Defensa. Como su reemplazo en el primero de esos cargos se supone seguro en las próximas elecciones internas, la responsabilidad que le atribuyó la Comisión Winograd en la fallida conducción durante la guerra contra el Hezbolá no sorprendió ni causó gran revuelo en las filas laboristas. Ehud Barak, uno de los probables sucesores de Peretz, no hizo pública su posición sobre el informe dedicado a la contienda bélica. El otro, Ami Ayalón, está a favor de que el partido abandone la coalición gubernamental. Esa orientación, luego de la manifestación masiva exigiendo la renuncia de Olmert y Peretz, en la que confluyeron tanto simpatizantes de la derecha identificada con los asentamientos judíos de Cisjordania como miembros de las organizaciones de centroizquierda partidarias de renuncias territoriales, podría consolidarse y desembocar en una ruptura de la coalición de gobierno previa a los comicios internos.

Sea como fuera, nadie está dispuesto a apostar por la continuidad de la actual dupla dirigente luego de que el juez (retirado) Eliahu Winograd y su equipo den a conocer el informe final, lo cual sucederá el próximo agosto. Si el gobierno de Ehud Olmert llega hasta esa posta, las condecoraciones que no supo conseguir por méritos en la aventura militar habría que otorgárselas, sin duda, en reconocimiento a su habilidad en materia de supervivencia política en las adversas condiciones de una posguerra gris y nada heroica.

En las conclusiones parciales publicadas la semana pasada por la Comisión Winograd, junto con la falta de preparación del ejército ante la opción del enfrentamiento bélico, se señala la ausencia de una concepción que considere necesario “buscar fervientemente vías hacia acuerdos estables y duraderos con nuestros vecinos”. El debate público en Israel se ha centrado casi exclusivamente en la primera parte de esa consideración, mientras que el abocamiento a la segunda es casi automáticamente negado o postergado mediante el recurso a la muletilla “no hay con quién hablar en el otro bando”. La predominancia de la lógica de la fuerza militar, que contrasta con la falta de una lógica política, también está detallada en las páginas del Informe Winograd a través del ejemplo que describe la manera en que la conducción civil aceptó, sin reparos, los planes operativos que la cúpula militar le presentó con la finalidad de enfrentar la presencia amenazante del Hezbolá en el sur del Líbano. El próximo gobierno, que nacerá del impacto producido por la investigación de la última guerra, se verá obligado a adoptar sus conclusiones como principal componente de su agenda, por lo menos en una primera etapa. A la sociedad civil israelí, la principal damnificada por el vacío de la actual dirigencia, le cabe la tarea de actuar como principal responsable de asegurar que la “acción reparadora” no esté orientada a cómo ganar la próxima guerra, sino a cómo evitarla.

 

Viernes 4 de Mayo de 2007

DOSCIENTAS MIL PERSONAS PIDIERON LA RENUNCIA DEL PREMIER ISRAELI

Marcha masiva en contra de Olmert

Un día después de que la canciller le pidiera la renuncia a Olmert en una reunión de gabinete, miles de israelíes hicieron lo mismo en la calle.

Cerca de 200 mil personas pidieron ayer la renuncia del primer ministro israelí Ehud Olmert en el centro de Tel Aviv. A pesar de que el mandatario había logrado ayer callar los cuestionamientos de su propio partido, Kadima, la multitudinaria protesta demostró que su situación política sigue siendo muy débil. Ni el premier ni su ministro de Defensa, el laborista Amir Peretz, han logrado superar las críticas del informe sobre los errores de la última guerra contra la milicia libanesa Hezbolá, difundido el lunes pasado. El Likud comenzó ayer, aunque indirectamente, a pedir elecciones anticipadas y el Laborismo ya anunció que la semana próxima discutirá si continúa o no en el gobierno.

“¡Fracasaron! ¡Regresen a sus casas!”, se leía en una gran pancarta en el acto convocado ayer por reservistas del ejército, familiares de los soldados muertos durante el conflicto y organizaciones sociales y de izquierda. “Dimisión”, fue el grito bajo el cual se unieron en la plaza Yitzhak Rabin decenas de miles de israelíes que no compartían ni ideología ni religión ni raza. “Esta es una oportunidad para que el pueblo saque tarjeta roja para decir a Ehud Olmert y a Amir Peretz que se vayan de la cancha”, aseguró Uzi Dayan, uno de los organizadores de la protesta. “Hay momentos en la historia en que el pueblo debe decir: ¡Ya basta!”, agregó.

Sin embargo, Olmert y Peretz están decididos a aferrarse a sus cargos. Tal Silberstein, el asesor de estrategia del primer ministro, adelantó que Olmert está lejos de tomar ninguna decisión drástica. “El primer ministro no puede actuar en función de los sondeos o de manifestaciones. En una democracia, la decisión corresponde al Parlamento electo”, señaló, haciendo referencia a las últimas encuestas, que aseguran que buena parte de los israelíes quieren que el premier dimita. No sólo no se irá, sino que Olmert decidió ayer contraatacar. El mandatario logró que la popular canciller Tzipi Livni quedara prácticamente aislada, después de que sólo dos diputados de Kadima apoyaran su propuesta para que Olmert dejara el poder. Los medios israelíes aseguraban ayer que el premier estaría analizando la posibilidad de remover de su cargo a la canciller.

Semanas después de la guerra, muchos de estos grupos habían intentado convocar a marchas multitudinarias en contra del gobierno y de su conducción del conflicto bélico. Sin embargo, sólo habían conseguido reunir a algunos cientos de personas. Las imágenes del centro de Tel Aviv de ayer demostraron que la situación ahora es otra. Mientras en las calles se vivía un clima tenso, en el Parlamento la escena era similar. “El momento de la verdad llegó para el Estado de Israel. Hay que superar el principal fracaso: la falta de una dirección capacitada para tomar medidas difíciles y aplicarlas”, aseguró el jefe del opositor Likud, Benjamin Netanyahu, en el primer debate del Legislativo sobre el informe de la comisión Winograd.

El ex primer ministro Netanyahu también planteó la posibilidad de adelantar las elecciones. “¿Qué es lo que quiere el pueblo? Un liderazgo que nos devuelva la esperanza. Regresemos a él para recuperar la confianza”, aseguró el líder de la derecha israelí. Los últimos sondeos de opinión sostienen que si los comicios fueran hoy el Likud sería la fuerza política más votada. “Llegó la hora de recuperar el honor nacional y el poder de disuasión de nuestras Fuerzas Armadas”, aseguró ayer Netanyahu, que aprovechó las críticas a la conducción militar de Olmert para reforzar su discurso nacionalista y militarista.

La débil situación del premier también se demuestra en las dudas de sus aliados. El Partido Laborista, la segunda fuerza del gobierno de coalición, anunció ayer que el próximo domingo 13 decidirá si retirará a sus ministros del gobierno. Mientras tanto, algunos laboristas siguen presionando para conseguir la dimisión de su correligionario, el ministro de Defensa Amir Peretz. “Peretz tiene que asumir responsabilidades y no se puede quedar en el gobierno,” aseguró ayer el diputado y ex ministro Ofir Pines-Paz.

Para Pines-Paz el informe de la comisión Winograd demostró claramente los errores del gobierno israelí y el fracaso en los principales objetivos que se planteó cuando Olmert, Peretz y el ex jefe del Estado Mayor Dan Halutz decidieron atacar el sur libanés. Según el informe, Tel Aviv no consiguió ni recuperar a los soldados secuestrados ni destruir a la milicia chiíta libanesa Hezbolá. Además, sostuvieron los miembros de la comisión investigadora, faltó una estrategia coherente y planes militares claros.

 

Jueves 3 de Mayo de 2007

LA CANCILLER TIPZI LIVNI PIDIO LA RENUNCIA DEL PREMIER ISRAELI

Olmert quedó al borde del precipicio

Continúa acelerándose el desgaste del primer ministro. Ayer renunciaron un ministro y el jefe de su bancada y la canciller, considerada como su sucesora natural, le pidió la renuncia. Olmert fue sacudido por escándalos de corrupción y de desmanejo militar.

El primer ministro de Israel, Ehud Olmert, está acorralado tras salir mal parado en el informe sobre la guerra contra el Hezbolá en Líbano, y se enfrenta a una rebelión en sus propias filas, liderada por la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, que ayer pidió su dimisión. Además, el jefe de la bancada del oficialista partido Kadima dimitió ayer, como lo hiciera en la víspera el ministro sin cartera y dirigente laborista Eitan Cabel.

Olmert escuchó el pedido de cese de un peso pesado de su gobierno: Livni. “Le dije que renunciar era lo mejor que podía hacer”, afirmó la titular de Exteriores tras la reunión del gabinete. Livni es presentada a menudo como posible sucesora de Olmert si éste renuncia, una hipótesis a la que se muestra favorable el 65 por ciento de los israelíes, según una encuesta publicada ayer. “Kadima debe elegir una dirección y, cuando llegue el momento, yo seré candidata”, dijo la ministra, una de las figuras que está alcanzando más notoriedad en el partido centrista que preside Olmert, quien ve muy sombrío su futuro político por los errores en la guerra de julio y agosto pasados. Sobre su futuro inmediato, Livni dijo tener “la intención de seguir en el gobierno”.
 
Horas después, el jefe del grupo parlamentario de Kadima anunció que renunciaba a su puesto para protestar por la negativa de Olmert de dimitir. Itzchaky hizo ese anuncio al comienzo de una reunión del grupo parlamentario para estudiar el informe dado a conocer el lunes, en el que se puso de manifiesto la imprevisión de Israel para imponerse ante el Hezbolá, que secuestró a dos soldados y golpeó al Estado hebreo con sus cohetes.

Conforme avanzaba la guerra en Líbano contra Hezbolá, en julio de 2006, y crecía la cifra de víctimas mortales israelíes –117 soldados y 41 civiles al final de la contienda–, los expertos ya auguraban que, tarde o temprano, a Olmert se le pasaría factura. La comisión designada por el propio gobierno en septiembre para analizar la labor de dirigentes y mandos castrenses antes y durante el conflicto no libra de cargo a nadie, lo que permite al jefe del Ejecutivo un estrechísimo margen de maniobra. “Olmert soporta la responsabilidad suprema por las decisiones adoptadas por su gobierno y por las operaciones de las Fuerzas Armadas”, señala el dictamen de la comisión, encabezada por el ex juez Eliyahu Winograd.

Por otra parte, es cierto que la comisión Winograd incide en que la inexperiencia del ministro de Defensa, Amir Peretz, “perjudicó la capacidad de Israel para lograr sus objetivos”, que el ya dimitido jefe del Estado Mayor, Dan Halutz, lanzó al ejército a la guerra “sin preparación” y que el gobierno en pleno aprobó todas las medidas “sin entender las implicaciones”.

El premier insistió ayer con que no dimitirá. “No estoy en la posición más confortable, pero tengo más de 60 años, ya me vi en otras así en mi vida, y aprendí a no esconderme ante mis responsabilidades”, afirmó, citado por fuentes parlamentarias. Según el viceprimer ministro Shimon Peres, en la reunión, Olmert “tuvo un apoyo sin precedentes”. “Es un gran día para Kadima, que sale (de la reunión) unido y convencido de su fuerza”, añadió. Según la radio militar israelí, sólo tres parlamentarios, el dimisionario jefe del grupo Itzchaky, la ministra Livni y Marina Solodkin, de los 29 que tiene el partido, pidieron la dimisión de Olmert.

Kadima fue creado en noviembre de 2005 por el ex primer ministro Ariel Sharon, que se encuentra en estado de coma desde hace más de un año. Según un alto responsable del mismo, los estatutos de la formación no prevén la dimisión del presidente.

Por su parte, el ministro de Defensa, Amir Peretz, igualmente cuestionado en el informe, podría presentar su dimisión en forma inminente, según la prensa.

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