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Actualizaciones de la barbarie

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Publicado en Brecha, 10 de setiembre de 2010.

Carlos Santos*  y Pilar Uriarte**

La vieja dicotomía barbarie/civilización, fue utilizada como fundamento de la dominación colonial por parte de Europa occidental sobre lo que hoy llamamos “Tercer Mundo”. En los últimos años del siglo XX fue actualizada en clave de “choque de civilizaciones”. Desde este discurso el profesor Daniel Vidart (en Brecha, Nº 1291) se ha encargado de señalar lo que para él son los peligros que enfrenta la “civilización occidental” ante el avance global del Islam. En este artículo se cuestionan los principales supuestos detrás de estas ideas.

Las críticas que recibió la oposición barbarie/civilización, por su eurocentrismo y negación de las trayectorias sociales y culturales de los pueblos bajo dominación colonial europea, llevaron a que en la década de los noventa esta oposición fuera actualizada. El desarrollo económico, tecnológico y bélico de grandes potencias capitalistas no occidentales o el rico corpus de conocimiento sobre historia, artes y cultura universal desde perspectivas decolonialistas, producido por intelectuales no-europeos hacen cada vez más difícil pensar todo lo que queda fuera del mundo occidental como bárbaro.

Fue el politólogo de Harvard -y asesor de la Casa Blanca- Samuel P. Huntington, a partir de su teoría del choque de civilizaciones, quién otorgó a los bárbaros el carácter de civilizados. Sin embargo, ese nuevo status, no los igualaría a los occidentales. Al contrario, planteando un escenario de “choque”, no entre civilizados y bárbaros, sino un enfrentamiento entre el mundo occidental y el mundo no-occidental construyó una oposición mucho más radical.

Si la dicotomía civilización/barbarie era criticada por su evolucionismo ingenuo, su etnocentrismo soberbio y su paternalismo violento, que daban base a la dominación económica y política, negando la posibilidad de proyectos alternativos o desarrollos autónomos, la nueva versión del choque de civilizaciones parece quitarnos aún más. Los que antes eran representados bárbaros (o todos los sinónimos académicos que puedan imaginar: tradicionales, indígenas, subdesarrollados, arcaicos, culturalmente condicionados y fundamentalistas) y a los que por la razón o por la fuerza había que civilizar, hoy se volvieron civilizaciones, con procesos históricos particulares, con valores, tradiciones, desarrollos comerciales, bélicos y tecnológicos propios pero en oposición irreconciliable a los nuestros.

Quién ha discutido la utilización de estas ideas es el filósofo esloveno Slavoj Žižek. Para él, otorgar el carácter de civilización al mundo no-occidental -como hace Huntington- no es otra cosa que un mecanismo para reafirmar la propia superioridad del mundo occidental:“el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial, un “racismo con distancia”: “respeta” la identidad del Otro, concibiendo a éste como una comunidad “auténtica” cerrada, hacia la cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada. El multiculturalismo es un racismo que vacía su posición de todo contenido positivo (el multiculturalismo no es directamente racista, no opone al Otro los valores particulares de su propia cultura), pero igualmente mantiene esta posición como un privilegiado punto vacío de universalidad, desde el cual uno puede apreciar (y despreciar) adecuadamente las otras culturas particulares: el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro es precisamente la forma de reafirmar la propia superioridad”1.

En un mundo con economías globalizadas y con libertad de mercado, los ejércitos de países desarrollados ya no luchan contra modelos políticos totalitarios para defender los valores de democracia y libertad y los derechos humanos. Con armas cada vez más sofisticadas, los derechos humanos son defendidos de la amenaza de regímenes autoritarios construidos en base a religiones totalitarias. Como en Afganistán, al mismo tiempo en que se lucha contra los terroristas que amenazan occidente, se libera a las víctimas de la opresión religiosa, patriarcal y totalitaria en Oriente.

Como ha señalado el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, la idea del choque de civilizaciones tiene su mayor acción “al sostener que las rupturas habían dejado de ser políticas para pasar a ser civilizacionales”. “Es precisamente la ausencia de las rupturas políticas de la modernidad occidental -sostiene De Sousa Santos- la que lleva a Huntington a reinventarlas en términos de una ruptura entre el Occidente, ahora entendido como un tipo de civilización, y aquello que misteriosamente llama la “conexión islámica confucionista”2.

Todos estos elementos están presentes en el artículo del prof. Daniel Vidart sobre el Islam3 cuando nos dice que no hay un “islam bueno” o un “islam malo”, sino sujetos constituidos a partir de un “sistema teológico, ideológico y político de una concepción del mundo” que los define. Pertenecen a este mundo islámico: desde “Bin Laden, millonario capitalista rencoroso” hasta “las gentes adoctrinadas por el Corán”. Exceptuando algunos “beduinos nómades” y los “pacíficos campesinos” retratados en en las “espléndidas películas iraníes -dirigidas y actuadas por confesos o mudos disidentes”, presentados por Vidart como la excepción que confirma la regla, el resto formaría parte del Islam peregrino que sueña con “conquistar Europa primero y el mundo después”.

En su artículo, tanto las naciones europeas receptoras de migrantes, como los propios musulmanes, funcionan como unidades -sujetos o colectivos- cerradas en sí mismas, auténticas e intrínsecamente puras. La manera en que Vidart analiza los porcentajes de población musulmana en países europeos y los relaciona con determinados tipos de “problemas” o anomalías sociales hace presumir que la pureza o autenticidad de las sociedades europeas (occidentales) se ve amenazada por la presencia de este “otro”.

La amenaza va creciendo, volviéndose más violenta a medida que aumenta el número de migrantes. El choque de civilizaciones no se produce ya en el terreno de la geopolítica mundial, sino en el seno de las sociedades europeas “silenciosamente invadidas”. La presencia del inmigrante no produce contacto, integración, diálogo (situaciones no necesariamente ausentes de conflictos) sino un enfrentamiento reactivo, casi profiláctico. La violencia cuyo origen sería la presencia del inmigrante, solo parece encontrar solución por dos caminos: el reforzamiento de los patrones culturales europeos a partir de un encierro excluyente sobre sí mismo, o la abdicación de una identidad cultural en pos del autoritarismo religioso:

“Si la proporción de inmigrantes islámicos anda por el 2 por ciento de la población del país, todo marchará bien en ese idilio de culturas juntas pero no revueltas. (...) Al llegar al 40% las naciones experimentan masacres generalizadas, ataques terroristas crónicos y guerra ininterrumpida de milicias. (...) Al llegar al 100 por ciento se abre las puertas del paraíso de la paz islámica. (...) Entonces el Corán comandará todos los actos de la vida y las madrazas serán las únicas escuelas.”4

Vidart nos niega la oportunidad de consultar las fuentes que cita, un documento de gran circulación en Europa donde se denuncian los peligros del aumento de la inmigración musulmana, al cual el profesor parece adherir ejemplificando con diferentes estados cada una de los tipos ideales presentados en porcentajes. En este razonamiento, el islam es como un virus y su presencia en una sociedad que no le es propia es una especie de infección. Un razonamiento para nada nuevo en la teoría social europea, sobre todo en la del siglo XX.

Afortunadamente, no son estas las únicas tradiciones de pensamiento a las que podemos apelar para comprender los procesos de unidad nacional, identidad y contacto. Es significativo que no hay ningún rastro en el análisis que hace Vidart, de las consideraciones del historiador Benedict Anderson5 en relación a las naciones europeas como “comunidades imaginadas”, cuyo pasado común es una invención y cuya proyección presente es de un carácter “limitado” y “soberano”. Los planteos de Anderson nos abren otras perspectivas de análisis que permite desnaturalizar las identidades y a partir de ellas, los conflictos nacionales, étnicos, culturales o religiosos al interior de estados nacionales como son hoy, cada vez más, los estados europeos.

Sí hay lugar en Vidart para el análisis de situaciones de violencia urbana, generadas por esta situación de choque civilizatorio, por la incompatibilidad de dos matrices culturales (una de corte autoritaria, el Islam, y otra de corta democrático, Occidente). Analizar los enfrentamientos producidos en diversos países europeos entre inmigrantes de diferentes orígenes y los pobladores originarios desde la perspectiva teórica del choque de civilizaciones explica muy poco de los procesos de diferenciación social en los que se basa la desigualdad social a escala global, que lleva a millones de seres humanos de todas partes del planeta a trasladarse (en muchos casos con alto riesgo) a los países más ricos, en busca de mejores condiciones de trabajo. Lo que decimos aquí -con Žižek- es que este tipo de análisis al desconocer el carácter político de cualquier proceso de identificación de un nosotros (los occidentales) y un otro (el mundo islámico) despolitiza los conflictos y ubica el análisis en un foco que no es tal, lo desenfoca.

Los conflictos étnico-religiosos pseudonaturalizados -dice Žižek- son la forma de lucha que se ajusta al capitalismo global: en nuestra era “pospolítica” en que la política propiamente dicha se ve progresivamente reemplazada por la administración social especializada, la única fuente de conflictos legítima que queda es la tensión cultural (étnica, religiosa). La emergencia actual de violencia “irracional” debería concebirse, por lo tanto, como algo estrictamente correlativo de la despolitización de nuestras sociedad, es decir, de la desaparición de la dimensión propiamente política, que se transfiere a distintos niveles de “administración” de las cuestiones sociales: la violencia se explica en términos de interés social, y así sucesivamente, y lo inexplicable restante no puede sino presentarse como “irracional”6.

Lo que es claro es que así cómo la dicotomía barbarie/civilización funcionó como discurso legitimador de la dominación colonial, la teoría del choque de civilizaciones fundamenta y justifica intervenciones militares, aislamiento económico y estrategias de dominación que persiguen fundamentos económicos y políticos -antes que culturales-. Esa actualización es cada vez más urgente, en la medida que las condiciones actuales hacen que aquellos bárbaros de lugares geográficamente distantes hoy se encuentran dentro de los límites de su propio estado.

Estamos claramente ante la emergencia de una nueva forma de racismo: “el racismo posmoderno contemporáneo -afirma Zizek- es el síntoma del capitalismo tardío multiculturalista, y echa luz sobre la contradicción propia del proyecto ideológico liberal-democrático. La ’tolerancia’ liberal excusa al Otro folclórico, privado de su sustancia (como la multiplicidad de ’comidas étnicas’ en una megalópolis contemporánea), pero denuncia a cualquier Otro ’real’ por su ’fundamentalismo’, dado que el núcleo de la Otredad está en la regulación de su goce: el ’Otro real’ es por definición ’patriarcal’, ’violento’, jamás es el Otro de la sabiduría etérea y las costumbres encantadoras”7.

*Antropólogo, Universidad de la República.

** Antropóloga, Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

1Žižek, Slavoj “Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, en Jameson, Fredric y Žižek, Slavoj: Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 137-188.
2Boaventura de Sousa Santos, La caída del Angelus Novus: Ensayos para una nueva teoría social, ILSA, Bogotá, Colombia, 2003, pág. 170.
3Daniel Vidart, Las dos caras del Islam, Brecha, 20 de agosto de 2010, pág 38.
4Daniel Vidart, Las dos caras del Islam, Brecha, 20 de agosto de 2010, pág 39.
5Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas. Fondo de Cultura Económica, 1993, Buenos Aires.
6Slajov Žižek, Bienvenidos al desierto de lo real, Akal, Madrid, 2005, pág. 105.
7Slavoj Žižek, “Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, en Fredric Jameson y Slavoj Žižek, Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 137-188.

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11/09/2010 22:03 palestina-uy Nota anterior completa. sin tema

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