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EN EL DÍA DE LA TIERRA (YAUM AL ARD): ALGUNAS REFLEXIONES

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Por Ruben Elías Dutra*

Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino

Montevideo, 30 de marzo de 2010**

El 30 de marzo en Palestina y en muchos lugares del mundo se celebra el Día de la Tierra (Yaum al Ard). En momentos en que el Estado de Israel continúa con su política de judaización mediante la conquista y ocupación de tierras de Palestina, es oportuno hacer algunas reflexiones sobre el origen histórico de la celebración con los sucesos de nuestros días.

El 29 de marzo de 1976, el Estado de Israel confiscó unas 2.000 hectáreas de tierras palestinas. También declaró zona militar a las ciudades y aldeas e impuso el toque de queda. Un día después, el 30 de marzo, se desató una huelga general y hubo manifestaciones multitudinarias en los territorios ocupados, adoptando el pueblo palestino medidas similares a las del pueblo uruguayo el 27 de junio de 1973, ante la disolución de las cámaras. La reacción de las tropas israelíes fue brutal. Ese día fueron asesinados a sangre fría siete jóvenes, fueron heridas 49 personas y 300 detenidas.

Ya en la propia declaración Balfour (02/11/1922), se observa el conflicto latente entre los derechos de los palestinos y la estrategia colonizadora sionista. Allí, Gran Bretaña se manifiesta "favorable al establecimiento, en Palestina, de un hogar nacional judío", y agrega: "entendiéndose que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judaicas existentes en Palestina".

Desde entonces, antes y después de la creación del Estado de Israel, ha habido un proceso de conquista territorial judaizante, que discrimina y expulsa al resto de la población, violando todos sus derechos.

En vísperas de la partición de Palestina en 1948, las organizaciones militares y paramilitares sionistas expulsaron a miles de habitantes palestinos por la fuerza y el terror, mediante amenazas, atentados y matanzas, como la de Dair Yasin, donde exterminaron a todos los habitantes de esa aldea.

El joven Estado de Israel nació en 1948, expulsando a miles de palestinos, que pasaron a vivir en campos de refugiados. Hoy su número supera los 4 millones, con derechos reconocidos por la ONU a retornar a las tierras y viviendas de las que fueron expulsados.

Para aquel que intenta "ser lo más objetivo posible", basta mirar una serie de mapas desde 1922 a la fecha, para comprobar la expansión del territorio de Israel, uno de los pocos estados que no tiene fronteras definidas a priori y que desconoce las resoluciones de la ONU al respecto.

En 1967 toda Palestina y partes de territorios de todos los países vecinos fueron ocupados por Israel. Sólo Egipto recuperó sus tierras, Siria, Líbano y... Palestina aún esperan. Para la ONU, Palestina ­incluyendo Jerusalén Oriental­ son territorios ocupados e Israel es la potencia ocupante, con deberes establecidos por tratados internacionales que viola e incumple impunemente. Es admirable que después de casi una década de dominio israelí, el 30 de marzo de 1976, el pueblo palestino desarmado se haya opuesto heroicamente el robo de sus tierras frente a las tropas de ocupación de una de las principales potencias militares. Y más admirable aún es que la voluntad de resistir se mantenga.

Hoy, el actual gobierno de Israel, a través de su canciller, reclama que Israel sea reconocido como "estado judío". Punto que es rechazado por muchas de las personas de esa confesión y, evidentemente, no se corresponde con la resolución de partición de la ONU. Este reclamo israelí, para nada inocente, implica desconocer el derecho al retorno de los refugiados palestinos que vivían en el actual Israel. En ese marco, también continúa expulsando a los palestinos de sus hogares en Jerusalén Oriental. En 1980, Israel aprobó la Ley Básica que anexa esa parte y establece que Jerusalén es su "capital eterna e indivisible". Pese a la resolución 478 del Consejo de Seguridad considera que esa Ley carece de validez jurídica.

Poco después de la guerra de 1967, Israel aumentó unas 20 veces la extensión de la municipalidad de Jerusalén, e instaló asentamientos en el este con el fin de aislar la ciudad árabe del resto de Cisjordania, para impedir que fuera un centro de gravitación religioso, económico, político y cultural de Palestina.

El proyecto del gobierno de Netanyahu es ampliar más Jerusalén para "anexar la denominada zona E1, un territorio de 12 kilómetros cuadrados donde se erigirán 3.500 viviendas para 14.500 colonos, lo que conectará Jerusalén con el bloque de Maale Adumim y, mucho más importante, partirá en dos Cisjordania", como lo denunció el profesor Ignacio Alvarez-Ossorio en España.

Mediante la fragmentación territorial, Israel persigue conformar pequeños territorios palestinos, aislados entre sí (la Franja de Gaza, Jerusalén Oriental y una Cisjordania dividida por lo menos en dos) a semejanza de los "batustanes" creados en Sudáfrica. De esa manera los territorios palestinos serán dominables y dependientes, aun en el caso que reciban el status de Estado.

Hasta ahora, el Estado de Israel viola impunemente los tratados internacionales, las resoluciones de la ONU y los acuerdos de Oslo. Continúa con su política de segregación y expulsión/exterminio/genocidio del resto de la población, ocupando tierras, ciudades y aldeas, haciendo un uso discriminatorio de recursos como el agua.

Los omnipotentes israelíes que impulsan un sistema de apartheid no deben olvidar que el régimen sudafricano cayó por la resistencia interna y por la condena y aislamiento de la comunidad internacional. En el mundo, día a día, se suman nuevas voces que condenan la política segregacionista de Israel. En lo interno, este 30 de marzo, la población palestina indignada salió a la calle recordando el Día de la Tierra y en rechazo de la judaización de Jerusalén, Belén y Hebrón.

La lucha de los pueblos por su autodeterminación continúa.

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* Presidente de la Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino - Uruguay
** Publicado en la Sección Editorial de "La República", el jueves 1º de abril de 2010.

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