Facebook Twitter Google +1     Admin

Carta abierta de intelectuales judíos argentinos

20060807043726-una-mujer-palestina-simpatizante-de-hamas-2.jpgNo hace tanto tiempo, las palabras judío y oprimido se cruzaban con alguna adecuación. Era la época en que Albert Memmi y su categoría de colonizado gozaban de inusitado prestigio, en que Jean Paul Sartre promovía el diálogo entre la izquierda árabe y la israelí, en que la paz en Medio Oriente se vinculaba al avance de las fuerzas progresistas y revolucionarias del mundo entero. Entonces, resultaba exigible que el nacionalismo palestino aceptara el derecho a la existencia del  Estado de Israel, y que el sionismo admitiera que el Estado Palestino formaba parte de la agenda del realismo político.  

En contra de  los cálculos de muchos, ambas cosas casi  sucedieron: Yasser Arafat, en nombre del pueblo palestino, y Itzjak Rabin, como representante del gobierno israelí, iniciaron las tratativas que debían desembocar en la autonomía nacional palestina (Estado Nacional Independiente) y en la normalización de las relaciones del Estado de Israel con todos sus vecinos árabes.

La paz parecía ganar cuerpo y espacio, la reacción de ambos campos retrocedía, al menos, en la legitimidad de la batalla discursiva. Pero Rabin fue asesinado por un complot teológico - fascista, primero, y los responsables del crimen ganaron las elecciones nacionales, después. A tal punto la sociedad israelí giró a derecha, que el agente que apretó el gatillo es una suerte de héroe popular que recibe en la cárcel cientos de cartas semanales de aliento y respaldo. La autonomía palestina no solo no avanzó hasta concretar un estado independiente, sino que tras la muerte de Arafat la política oficial del gobierno israelí propone explícitamente destruir el pueblo palestino con el simple argumento de combatir y vencer terroristas. Es una acusación tradicional: la hicieron los nazis contra la resistencia francesa, la repitió la culta Francia contra el pueblo argelino, insistió e insiste el gobierno norteamericano en Vietnam, Afganistán,Irán;  la esgrimió en múltiples oportunidades el gobierno israelí en los territorios ilegalmente ocupados.

La masacre actual excede todo lo conocido. No son los datos con su abrumadora evidencia los que horripilan, sino la repetición en medio del silencio cómplice del mundo llamado civilizado. Es preciso detenerla para que judío y masacrador no se vuelven sinónimos. Para que el carrousel de la muerte no añada gratuita barbarie sobre inenarrable dolor. Los/as abajo firmantes exigimos la inmediata detención de los asesinatos militares, la apertura de negociaciones bajo control internacional para asegurar hoy mas que nunca el legitimo derecho de ambos pueblos a vivir en paz bajo sus respectivos gobiernos democráticamente determinados. Es preciso que las fuerzas democráticas, populares y progresistas del mundo entero  hagan saber que más tarde o más temprano los crímenes contra la humanidad no quedarán impunes, que la victoria militar sobre el pueblo palestino tiene un nombre inequívoco: genocidio, y que las masacres solo abren el curso de nuevas masacres. La única garantía para la seguridad de todos es la paz, las demás no sólo son ilusorias, sino que han mostrado a lo largo de más de medio siglo su sanguinolenta estela.

Adhieren
León Rozitchner, filósofo, profesor universitario (UBA) Elsa Drucaroff, Escritora y crítica literaria.
Alejandro Horowicz, ensayista, profesor universitario (UBA) Juan Carlos Marin (UBA) Marcelo Langeri (UBA) Bibiana Del Brutto, profesora universitaria (UBA) Mario Villani, físico (UNLP), ex-desaparecido Rosa Mary Lerner, Gerontóloga (Univ. Maimónides) Monique Thiteux-Altschul, Fundacion Mujeres en Igualdad, María Cristina Caiati, periodista; etc.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.

(opcional)





Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris