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Un PLAN de PAZ

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ISRAEL Y HEZBOLA ACATARIAN EL ALTO El FUEGO NEGOCIADO EN NUEVA YORK

La ONU aprobó un plan de paz 

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Primeras grietas en la coalición que apoya la guerra en Israel

 El partido Meretz, de centroizquierda, que había acompañado la decisión del gobierno de ir a la guerra, se pronunció en contra de la ampliación de la ofensiva. Algunos laboristas también. La protesta de Meretz y Paz Ahora.

 

Por Sergio Rotbart

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Sábado, 12 de Agosto de 2006

ISRAEL Y HEZBOLA ACATARIAN EL ALTO El FUEGO NEGOCIADO EN NUEVA YORK

 
La ONU aprobó un plan de paz

 El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el plan por unanimidad y su secretario general, Kofi Annan, viajará a la zona del conflicto para trasmitirles su propuesta a los gobiernos de Israel y el Líbano. El texto habla de “cese total de hostilidades” y deja para otra resolución futura las cuestiones operativas.  El Consejo de Seguridad de la ONU se decidió. Después de un mes de guerra entre Israel y el grupo chiíta libanés Hezbolá, los 15 miembros de ese organismo aprobaron unánimemente una resolución que llama a un “cese total de las hostilidades” y estipula una serie de pasos a seguir para mantener la seguridad en la frontera entre Israel y el Líbano. La resolución 1701 es la primera respuesta concreta de la diplomacia internacional al conflicto que comenzó el 12 de julio pasado tras el ataque de Hezbolá a un puesto militar israelí, donde murieron ocho soldados y otros dos fueron secuestrados. El gobierno libanés, que incluye a dos ministros del grupo chiíta, se reunirá hoy para discutir la propuesta y mañana lo hará el primer ministro israelí, Ehud Olmert, con su gabinete. Antes de la reunión del Consejo, el premier pidió a su gobierno que acepte la resolución, lo que da esperanzas de que el texto tenga éxito.  El voto por el “cese de las hostilidades” tuvo lugar ayer por la noche en una sesión en la que participaron el secretario general de la ONU, Kofi Annan; los titulares de Relaciones Exteriores de Estados Unidos, Condoleezza Rice, de Francia, Philippe Douste-Blazy, y de Gran Bretaña, Margaret Beckett, entre otros diplomáticos. Pese a felicitar al Consejo por la adopción de la resolución, Kofi Annan dijo que la tardanza del organismo “ha afectado gravemente la confianza del mundo en las Naciones Unidas. Faltaría a mi deber si no les dijera que estoy decepcionado de que el Consejo no haya tenido éxito mucho, mucho antes”, declaró el secretario general ante los ministros y embajadores de los 15 países miembros.  La misma opinión expresó Hamad bin Jassim Jabr Al Thani, ministro de Exteriores de Qatar –el único país árabe de la instancia–, al afirmar que el Consejo “tendría que haber adoptado desde el primer día una resolución pidiendo un alto el fuego inmediato para evitar el baño de sangre”. Douste-Blazy, su par francés y patrocinador de la resolución junto a Estados Unidos, manifestó que la comunidad internacional “asumió hoy sus responsabilidades”. La resolución pide un “cese total de las hostilidades basada, en particular, en el cese inmediato por Hezbolá de todos los ataques y en el cese inmediato por Israel de todas las operaciones militares ofensivas”.  La versión final del texto, que introduce cambios respecto de una difundida muy poco antes, pide que el Líbano y la Finul (Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano) “desplieguen sus fuerzas juntos a través del sur” y “pide al gobierno de Israel que, cuando el despliegue empiece, retire a todas sus fuerzas del sur del Líbano”. La versión que había circulado un poco antes, y que Israel había calificado de “inaceptable”, pedía a Tel Aviv que retirase a su ejército “lo antes posible”.  La resolución prevé aumentar la Finul de 10.000 a 15.000 soldados en el sur del Líbano y que éstos compartan las tareas previstas por el texto junto al ejército libanés. Israel quería que la resolución se apegue al capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, el que debería usarse para dar a cualquier fuerza de la ONU el máximo de capacidad militar. Finalmente, la mención a ese capítulo no aparece aunque la Finul podrá “tomar todas acciones necesarias en las áreas de despliegue de sus fuerzas y, cuando considere dentro de sus posibilidades, asegurar que su área de operaciones no es usada para actividades hostiles de ningún tipo”.  La resolución también hace referencia a los prisioneros. El texto pide la liberación de los dos soldados israelíes capturados por Hezbolá en la acción que sirvió de motivo a Israel para lanzar su ofensiva. En cuanto a los presos libaneses en Israel, el proyecto anima “los esfuerzos destinados a arreglar este asunto urgentemente”. Asimismo, el texto “toma debida nota” del contencioso territorial de la región de las Granjas de Sheeba, una zona reclamada por el Líbano y actualmente bajo poder israelí, uno de los elementos que los árabes y Beirut habían pedido tomar en consideración. En lo que se refiere a un embargo de armas a Hezbolá, la resolución prohíbe “la venta, abastecimiento de armas y material relacionado en el Líbano, excepto aquella transacción que sea autorizada por su gobierno”. A este respecto, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, llamó “a todos los Estados, especialmente a Irán y Siria, a que respeten la soberanía del gobierno libanés y la voluntad de la comunidad internacional”.  Kofi Annan tiene unos días atareados por delante. El secretario general informó que se reunirá este fin de semana con los gobiernos de Israel y Líbano para “fijar la fecha y hora exacta en la que comenzará el cese de hostilidades”. La resolución encomienda además a Annan a que informe al Consejo de Seguridad dentro de una semana de la aplicación de la resolución. Asimismo se espera que el Consejo emita ulteriormente otro texto para finalizar los temas pendientes del plan de paz, como el eventual emplazamiento de una fuerza de paz encabezada por Francia y el desarme o desplazamiento de Hezbolá.  El día de ayer no transcurrió sin sobresaltos. Antes de la sesión del Consejo de Seguridad, la situación pareció complicarse, ya que el primer ministro israelí ordenó al ejército comenzar la ampliación de la ofensiva terrestre en el sur del Líbano, mientras su gobierno se quejaba de la “ausencia de pasos concretos” de la ONU. La movida, sólo horas antes de la esperada votación de la resolución, autorizó al ejército a avanzar hasta el río Litani, una medida aprobada por el gabinete israelí el miércoles. Israel dejó claro sin embargo que daría marcha atrás a la operación si “la solución emergente de Nueva York les satisfacía”. Aún quedan por delante varias reuniones para que el cese de ataques entre Hezbolá e Israel se efectivice, pero la adopción de la resolución fue un importante paso adelante para lograrlo.

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Viernes, 11 de Agosto de 2006(9)

 

Primeras grietas en la coalición que apoya la guerra en Israel

 

El partido Meretz, de centroizquierda, que había acompañado la decisión del gobierno de ir a la guerra, se pronunció en contra de la ampliación de la ofensiva. Algunos laboristas también. La protesta de Meretz y Paz Ahora.

 

Por Sergio Rotbart

Desde Tel Aviv

El partido Meretz (centroizquierda) y algunos diputados del Partido Laborista, que hasta ayer apoyaron el accionar militar israelí en el Líbano, se pronunciaron abiertamente en contra de la ampliación de la ofensiva terrestre aprobada por el gabinete de defensa. De esta manera se ha fracturado el consenso político casi monolítico en torno de la guerra que caracterizó a los sectores sionistas desde el inicio del conflicto. Meretz y miembros del movimiento Paz Ahora organizaron una manifestación de protesta frente al Ministerio de Defensa, en Tel Aviv, bajo la consigna “Parar la guerra, llegar a logros diplomáticos”.

 

Yosi Beilin, titular de Meretz, señaló que “en lugar de aprovechar la oportunidad y permitirle al Líbano emplazar su ejército en el sur del país, Israel ingresa profundamente a la trampa del Hezbolá hacia una guerra terrestre de desgaste”. Beilin aseguró que, también cuando el ejército llegue hasta el río Litani, “Hezbolá seguirá siendo una organización terrorista armada con proyectiles; ni el gobierno ni el ejército nos dijeron que tienen un programa para eliminar físicamente toda la capacidad balística de la milicia chiíta”. El dirigente, uno de los principales artífices de los Acuerdos de Oslo, advirtió: “Una vez conquistado el Litani, dentro de un mes y medio, y con un altísimo precio de soldados y ciudadanos, van a decir: ‘Un momento, nos faltan unos cuantos metros, unas cuantas colinas por conquistar’”.

  Hasta ahora, la protesta antibélica estuvo encabezada por los movimientos de la izquierda radical y los partidos árabes, mientras que Meretz y el movimiento Paz Ahora, es decir la izquierda sionista (tal como se autodefinen sus propios representantes), se abstuvo de participar en las manifestaciones contra la reacción militar israelí. A partir de la reciente decisión del gobierno tendiente a ampliar la ofensiva terrestre en el sur del Líbano, también los sectores de centroizquierda rompieron el dique de contención consensual y llamaron a manifestar en contra de la continuidad de la guerra.

 Amos Oz, AB Yehoshua y David Grosman, tres de los escritores israelíes más destacados y reconocidos, tanto en su país como en el exterior, constituyen una suerte de “gurúes” de la izquierda sionista y de sus posiciones negociadoras en el conflicto con los palestinos. En esta guerra, sin embargo, apoyaron la vía militar del gobierno de Israel por considerarla una estrategia de autodefensa legítima y justa. Pero el pasado domingo dieron a conocer una solicitada que llamaba a un inmediato cese de fuego y a emprender la vía de las negociaciones diplomáticas. David Grosman es ahora uno de los organizadores de los actos de protesta que se extendieron ayer, tras la decisión oficial de ampliar la ofensiva militar en el Líbano. El escritor explica: “Apoyé la reacción israelí dado que es totalmente justificado responder de manera clara y fuerte en la primera etapa, se trata de la consumación del derecho más básico. Pero todo lo que ocurrió después se complicó demasiado. Hoy nos encontramos ante una situación que se transformó en una pesadilla para todos nosotros. El ejército israelí vuelve masivamente al Líbano. Yo le temo a la lógica cruel de la fuerza que genera más fuerza y odio. Tengo miedo de lo que le ocurrirá a Israel luego de este conflicto: inevitablemente seremos mucho más militaristas y prepotentes. Nosotros aún no comenzamos a estimar la potencia del cambio profundo que tendrá lugar aquí”.

 La preocupación no es notoria solamente entre los representantes de Meretz y de Paz Ahora, sino que –aunque de manera más solapada– puede percibirse en muchos diputados del Partido Laborista. Algunos de ellos,como Ami Ayalon (uno de los principales promotores del Acuerdo de Ginebra), se oponen a una estrategia militar ampliada e incluso le transmitieron su rechazo a Amir Peretz, el titular del laborismo y ministro de Defensa. A Dany Yatom, diputado del mismo partido, se lo escuchó preocupado ante lo que definió como “una mala alternativa”. Incluso la ministra de Educación (laborista, identificada tradicionalmente con Paz Ahora), Yuli Tamir, no logró ocultar su gesto de malestar cuando explicó en una entrevista televisiva su respaldo a la resolución del gabinete de defensa. “La expresión de su rostro delata sus verdaderos sentimientos”, observó el entrevistador. Tamir no lo desmintió.

 En el otro extremo del mapa político, la derecha manifestó su conformidad con la profundización de la opción militar. “¡Hay que ir hasta la victoria!”, dijo exultante Benjamín Netanyahu, el titular del Likud y líder de la oposición ultranacionalista. Netanyhau sostuvo que “Israel, el pueblo judío y el mundo civilizado están librando un combate contra el fascismo fundamentalista islámico y contra su principal creador y difusor, Irán, cuyo objetivo es destruir al Estado de Israel”. El diputado Efi Eitam (Unión Nacional-Partido Religioso Nacional) definió la decisión del gabinete como “valiente e inevitable a la luz de los ataques de Hezbolá contra el norte”. Y aclaró que “no hay guerras alegres, pero el ejército tiene la obligación de vencer y otorgarle a Israel la victoria”.

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