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TREGUA EN ORIENTE MEDIO : LA CIUDAD SIMBOLO DE LA TRAGEDIA POR LOS BOMBARDEOS ISRAELIES

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Vientos de ceniza, llanto y desolación en los funerales masivos de Qana

 

En medio de los escombros, enterraron a decenas de muertos de la guerra en Líbano.

 

María Laura Avignolo QANA. ENVIADA ESPECIAL

 

Fantasmales, con su chador negro y sentadas en lo que antes fue el living de una casa bombardeada de Qana, las mujeres eran la imagen de la tragedia libanesa. En su regazo, una, dos o cinco fotos, enmarcadas en dorado y con una rosa colorada, de sus muertos. Eran sus hijos, sus padres, sus maridos, sus hermanos o una familia entera, como los Chahlub o los Younis, enterrados por los escombros tras la masacre de Qana, como se conoce al bombardeo israelí del domingo 30 de julio, que dejó como resultado 57 muertos, niños en su mayoría.

Las tumbas abiertas esperaban los cuerpos que estaban llegando en ambulancia desde una exhumación colectiva en Tiro. Ellas permanecían lejos, sentadas en esas sillas de plástico blanco que contrastaban con el luto shiíta. Un silencio sepulcral y sólo algún gemido, cuando las vecinas llegaban para abrazarlas.

Hanani Chahlub se levantó con inmensa calma. Es una de las pocas sobrevivientes de la tragedia y vivió el bombardeo en el sótano. "Perdí a toda mi familia: mis dos hijas, mis padres, mis hermanos. Todos murieron asfixiados. Sólo me quedan tres hermanas, en Africa. Pero yo le digo a Israel: tenemos a Dios con nosotros y van a ser derrotados".

Tiene sólo 24 años y lo que le quedó es la casa de su familia de granjeros, con olivos y tabaco sin cosechar, frente a la gruta donde la Biblia sostiene que Jesús celebró La Ultima Cena. Todos murieron en el garaje donde se habían refugiado, a 20 metros de la chacra. Sólo tres sobrevivieron.

Tres semanas después de Qana, los cuerpos de sus víctimas y de otras 118 víctimas de la guerra en el Líbano comenzaron a ser extraídos de su fosa general frente al cuartel militar de Tiro. Así iniciaron una última peregrinación a sus pueblos y aldeas para ser despedidos.

Con barbijos y la ayuda de una topadora, los voluntarios de Hezbollah y la defensa civil libanesa comenzaron a sacar los precarios ataúdes, asistidos por los familiares. Cada cajón de madera aglomerada llevaba el nombre de la víctima y la fecha y el lugar donde lo encontraron. Los familiares colocaban sus fotos sobre el ataúd. Estaban tan ocupados por sobrevivir en la guerra que ni habían podido llorar. El duelo se iniciaba para las familias en ese escenario agobiante, indiscreto, entre ambulancias, cámaras, sirenas y el lejano rezo del mediodía en una mezquita, en el viernes santo musulmán. Las escenas de dolor eran tan insoportables como el olor.

El día de la muerte, al final de la guerra del Líbano. Las ambulancias trasladaban los cuerpos de familias enteras para su inhumación. Detrás de cada miliciano de Hezbollah, muerto en acción, iba un cortejo: su familia, la foto del 'mártir' en cada ventanilla y detrás, los combatientes —sin armas—, que filmaban la escena, que luego se transmitía por Al Manar, su canal de televisión.

El camino a Qana era la imagen de la destrucción. Ni una sola estación de servicio a salvo ni los edificios que las rodeaban. Otras casas aplastadas como tortas, los autos desfondados por las bombas, en un país que no tiene seguro de guerra. Un día después de su desplazamiento al sur, el ejercito libanés está omnipresente y las armas de Hezbollah, ausentes, al menos a la vista. Son los militares libaneses quienes organizaron el masivo embotellamiento de tránsito que llevó a familiares, amigos y periodistas a Qana a los funerales.

Irreconocible. La bíblica Qana es una ruina gris, aplastada por los obuses, los misiles, las bombas de oxígeno. Las casas, las villas de los que se fueron a trabajar al Golfo y volvieron millonarios y también los negocios han sido bombardeados. Los perros y los gatos famélicos fueron abandonados por sus dueños en la huida, junto a los burros y las cabras. El viento arrastra una ceniza irritante y hay tantos residuos de proyectiles que se debe tener cuidado al pisar. No demasiado lejos, el ejército, en otra explosión controlada, detona otra bomba dejada por la guerra. Son ya 10.000 en los primeros dos días del alto al fuego.

Veintiocho tumbas están abiertas a 100 metros de la casa de tres pisos donde se produjo la masacre de Qana. Cada una tiene una identificación en árabe de sus futuros ocupantes: 1 año, 4 años, 9 meses, 6 años, 10 años, 3 años, 7 años, 12 años, se lee en la primera fila. Como en el resto del Líbano, las mayoría de las víctimas fueron chicos.

En la casa de la familia Chaloub, las páginas del calendario —con la cara del líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah— se detuvieron el 12 de julio. Justo cuando la familia se refugió en el garaje vecino, donde murieron asfixiados días después.

Todo está como cuando se fueron: la heladera completa, los dos cuartos impecables con sus camas dobles, la cocina recién renovada y las fotos de los hijos en las paredes. Haula no podrá casarse este mes, aunque su padre le había construido su extensión en la casa: también murió en la masacre junto a Ahmad, su papá, Ardaf, su mamá, y sus hermanos Alí (16),Youssel (8), Latme (4) y Rukaiya(2).

"Mi padre me dijo que eran los hombres los que tomaban las armas. En mi familia no hay más hombres: la que va a tomar el fusil soy yo", anunció Hanani Chaloub, con las fotos de sus chicas muertas en la tragedia. "Hezbollah no es terrorista. Hezbollah somos hoy todos en el Líbano porque resistimos la ocupación".

Alí tiene apenas 8 años. Está jugando entre las tumbas con sus primos. La gente lo abraza, le toca la cabeza, le regala chocolates. El sonríe. Su madre espera en la esquina que llegue el ataúd del papá de Alí, un combatiente de Hezbollah, que ella murió peleando el 27 de julio. Lleva en su mano una foto de Hassan Hussain Chaloub, vestido de comando y saludando a Hassan Nasrallah, antes de su 'martirologio'. La familia de Hussein recibe las condolencias en el patio, bajo una parra.

—Alí, ¿qué vas a hacer cuando seas grande?

—Combatiente y mártir, como mi papá.

Mahmoud es el hermano del 'mártir'. Besa a Alí, lo abraza sin que se le caiga una lágrima. "Dios lo quiso así", dice. "Nosotros morimos defendiendo nuestra tierra, la de nuestros abuelos, la de nuestros hijos. Lo vi a Hussein tres días antes de la guerra: quería combatir y ser un mártir. No es el primero en nuestra familia".

El avión de reconocimiento israelí sobrevuela Qana desde la 6 de la mañana. Un intermitente ruido sobre la cabeza, como un generador, que pasa y pasa. Los habitantes ya no se conmueven. Inmutables,entierran a todos sus muertos. El MKA fotografía desde el cielo.

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