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Por Juan Gelman

 

El 6 de agosto pasado, en plena guerra Israel/Hezbolá/Líbano, el Premio Pulitzer de periodismo Tom Ricks hizo una revelación inaudita por la cadena CNN. Pero tal vez sea mejor reproducir el fragmento pertinente del diálogo sobre el tema que sostuvo con Howard Kurz, moderador del programa Reliable Sources (Fuentes fidedignas). Ricks cubre el Pentágono para el Washington Post y ha sido corresponsal de guerra en no pocos conflictos, incluido el de Irak.

 

“H. K.: –¿Las bajas civiles ganarán importancia en la cobertura de los medios? ¿En las conflagraciones donde no hay dos ejércitos que combaten frente a frente? 

T. R.: –Creo que sí. Pero pienso que las bajas civiles forman también parte del enfrentamiento en este caso. Una de las cosas que sucede, según algunos analistas militares estadounidenses, es que Israel, deliberadamente, no destruyó depósitos de cohetes de Hezbolá en Líbano porque en la medida en que (los israelíes) sigan sometidos a ese bombardeo, puede conservar una suerte de equivalencia moral con sus operaciones en Líbano. 

H. K.: –Un momento, ¿está usted sugiriendo que Israel permitió adrede que Hezbolá retuviera una parte de su poder de fuego esencialmente con fines propagandísticos, porque la muerte de civiles israelíes lo ayuda en la guerra de las relaciones públicas? 

T. R.: –Sí, es lo que me dijeron esos analistas militares. 

H. K.: –Es un testamento extraordinario de la noción de que la muerte de gente de una de las partes enfrentadas no la beneficia porque nadie quiere que sus conciudadanos mueran, pero la beneficia en lo que se refiere a la batalla por las percepciones. 

T. R.: –Exacto. Ayuda en el problema de (establecer) una moral superior, porque se sabe que las operaciones en Líbano provocarán también la muerte de civiles.” 

Este diálogo puede leerse en http://trans cripts.cnn.com/Transcripts/0608/06/rs.01.html, 6/8/06. 

Ninguna otra fuente pública confirma esa información y Riks se ganó un buen regaño del director del Washington Post, Len Downie, quien le prohibió que hiciera declaraciones de semejante tenor en lo sucesivo. Sin embargo, el periodista insistió: afirmó que había citado con exactitud los comentarios de los analistas militares, pero que “ojalá no lo hubiera hecho, y me propongo mantener en adelante la boca cerrada sobre esta cuestión” (The New York Sun, 18/8/06). ¿Significa eso, como algunos sugieren, que Riks dijo la verdad y que prometió no hablar más del asunto? Verdad o no, lo cierto es que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha reconocido que hubo fallas y errores en la ejecución de la represalia contra Hezbolá que deben investigarse para que la próxima vez “las cosas vayan mejor” (Ha’aretz, 16/8/06). 

El analista israelí Avraham Tal imagina cómo será esa próxima vez en un artículo titulado “Prepararse para la próxima guerra ya” (Ha’aretz, 17/8/06). Diseña la hipótesis de que “estallará relativamente pronto; a los fines de un análisis, supongamos que dentro de dos años y que (es preciso) actuar en todos los terrenos como si hubiera de ocurrir con absoluta certeza. Probablemente habrá otra ronda con el formato de la segunda guerra de Líbano, pero debemos prepararnos para la posibilidad de algo más vasto y más peligroso: una guerra completa contra ejércitos regulares, incluso el ejército de una potencia regional” (Ha’aretz, 17/8/06). ¿Siria? ¿Irán? El premier Ehud Olmert advirtió el lunes pasado que la guerra no terminó y que puede entonces aparecer la amenaza iraní. 

No hubo pérdidas de tiempo: antes de la guerra contra Hezbolá y Líbano, el general Dan Halutz, jefe del estado mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), designó al comandante de la fuerza aérea Elyezer Shkedy “coordinador de las campañas” contra países que no limitan con Israel, principalmente Irán (Ha’aretz, 25/8/06). El diario israelí informa que Shkedy actuará como coordinador del comando general de operaciones “Irán”, supervisará los planes de batalla y dispondrá de las tropas en el caso de que estalle esa guerra, que tanto desea la Casa Blanca. Será “el ‘director de orquesta’, pero articulará su tarea con el Mossad, los servicios de inteligencia militar y las diversas ramas operativas de las FDI”. De eso se trata: de la agresión a Irán, que puede conducir a otra catástrofe nuclear. 

Europa, Medio Oriente y el Asia central se han convertido en un hervidero de movimientos militares. Se ha intensificado el transporte de armas y personal desde las bases de la OTAN y las estadounidenses en Europa hacia EE.UU., Medio Oriente, Irak y Afganistán y viceversa. EE.UU. organiza juegos de guerra y operaciones defensivas juntamente con Bulgaria y Rumania, “Respuesta inmediata 2006” y “Lanceta de víbora”. En previsión de un ataque de EE.UU. y sus aliados, las fuerzas armadas iraníes supervisan sus propios juegos de guerra cuyo código es “El soplo de Zolfaqar”; en el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, Rusia ha organizado ejercicios militares conjuntos con Kazajstán, Kirguistán y Tadjikistán; “Tianshan I” es el código de las maniobras que realizan tropas de China y Kazajstán. Todo en aras de la llamada “lucha antiterrorista” que, en realidad, hay que denominar “la guerra del petróleo”. Parafraseando a Saint-John Perse, cada cosa debería habitar su verdadero nombre.

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