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APARTHEID EN LA UNIVERSIDAD ISRAELÍ: ACADÉMICOS ISRAELÍES PROTESTAN POR EL VETO IMPUESTO POR EL EJÉRCITO ISRAELÍ A LOS ESTUDIANTES PALESTINOS

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Jueves 31 de Julio de 2008  

APARTHEID EN LA UNIVERSIDAD ISRAELÍ: ACADÉMICOS ISRAELÍES PROTESTAN POR EL VETO IMPUESTO POR EL EJÉRCITO ISRAELÍ A LOS ESTUDIANTES PALESTINOS

 

Por Donald MacIntyre, The Independent /Rebelión

Traducido para Rebelión por LB

Las universidades israelíes se están preparando para un serio enfrentamiento con los militares del país tras denunciar que los extremadamente restrictivos criterios impuestos para la admisión de estudiantes palestinos socavan su libertad académica.

 

Los decanos de las seis universidades más prestigiosas del país han enviado una carta al ministro de Defensa Ehud Barak protestando contra el límite establecido para aceptar en Israel a un tope anual de 70 estudiantes palestinos y contra la norma vigente que les exige justificar ante los militares la excelencia académica de los candidatos palestinos como requisito para su admisión.

 

Un prominente profesor de la Universidad Hebrea ha advertido de que el reglamento —que incluye la prohibición a los estudiantes palestinos de cursar estudios “que podrían utilizarse contra el Estado de Israel”— prestará oxígeno a la campaña iniciada en Gran Bretaña y en otros lugares a favor del boicot contra las instituciones académicas israelíes. “Desde su creación, el Estado de Israel ha mantenido cuidadosamente una tradición de libertad académica... Esperamos que el ejército mantenga esta tradición y limite su actuación a cuestiones propias del ámbito de su autoridad, es decir, exclusivamente a evaluaciones de seguridad”, decía la carta, firmada por los rectores y decanos de las universidades de Tel Aviv, Hebrea, Ben-Gurion y Haifa, junto con el Instituto Weizmann y el Technion. Al mismo tiempo, cinco destacados profesores han solicitado unirse a una petición del Tribunal Supremo contra las restricciones. En una declaración jurada denunciando la idea de una cuota fija discriminatoria para los estudiantes palestinos, uno de ellos, el profesor Tzvi Mazeh, de la Universidad de Tel Aviv, declaró: “El pueblo judío sufrió durante muchos años restricciones a la libertad académica impuestas a los judíos europeos bajo la forma del infame ‘numerus clausus’”.

 

El origen de la petición se halla en un caso del Tribunal Supremo presentado hace casi dos años por la organización israelí pro derechos humanos Gisha en nombre de Sawsan Salameh, una estudiante cisjordana que había obtenido plaza para realizar un doctorado en química en la Universidad Hebrea de Jerusalén, pero a la que los militares impidieron entrar en la ciudad en aplicación de la prohibición indiscriminada imperante en la época que impedía acceso a los estudiantes palestinos a las universidades israelíes.

 

Como resultado del caso —reportado en su momento por The Independent— a la señora Salameh se le permitió continuar con su doctorado y la Corte Suprema pidió el Ministerio de Defensa que derogara la prohibición. El Ministerio de Defensa sustituyó las restricciones, y el tribunal pidió entonces que se modificaran. En lugar de ello, dijo ayer Gisha, el Ministerio “en realidad las hizo aún más severas”.

 

Desde entonces se ha negado la entrada al menos a otros dos estudiantes de Cisjordania. Gisha dijo que no sabía de ninguno al que le hubiera sido autorizada.

 

Además de recitar los habituales argumentos de seguridad para justificar el rechazo, los militares israelíes dicen que a los estudiantes palestinos sólo se les permite acceder a plazas en cursos de PhD y MA si “no hay ninguna alternativa práctica para el área de estudio solicitada que no sea Israel” y si realizan su solicitud de admisión al menos con cinco meses de antelación. Los solicitantes de permisos de entrada tendrán que proporcionar a los militares un informe elaborado por la universidad en el cual ésta explique los motivos de su admisión.

 

El profesor Ehud De Shalit, jefe del Instituto de Matemáticas de la Universidad Hebrea, escribe en su declaración jurada que: “El Estado puede, naturalmente, impedir la entrada a una persona, palestina o de otra nacionalidad, que suponga una amenaza. Pero eso no da el Estado derecho a interferir en los criterios que la universidad aplica para aceptar a sus estudiantes. Tan pronto como la candidatura de un estudiante ha sido aceptada, éste debe ser tratado, en términos de consideraciones académicas, igual que cualquier otro estudiante, ya venga de China, Francia o de Cisjordania”.

 

El profesor Moshe Ron, del Departamento de Literatura de la universidad, afirmó que en caso de no modificarse los criterios (para la exclusión de estudiantes palestinos en las universidades israelíes), “se estarán prestando argumentos a aquellos que buscan imponer un boicot académico contra Israel”.

 

Jueves 31 de Julio de 2008

CON O SIN OLMERT, PALESTINOS NO VEN CAMBIOS

 

Por Mohammed Assadi*, Reuters América Latina - UK

Abu al-Abed Abu Karsh percibe la renuncia del primer ministro israelí, Ehud Olmert, como algo casi irrelevante. Para muchos palestinos, los Gobiernos israelíes vienen y van sin que la paz esté más cerca.

 

La decisión de Olmert de renunciar luego de que su gobernante partido Kadima escoja a un nuevo líder en septiembre no sólo ha provocado una crisis en la política israelí.

 

El anuncio también ha dejado en la incertidumbre al presidente palestino, Mahmoud Abbas, quien podría tener que tratar de negociar un acuerdo para la creación de un estado con un primer ministro sin autoridad, cuyos compromisos podrían no ser cumplidos por su sucesor.

 

“Todos los líderes israelíes son iguales. Mira, ¿ha pasado algo desde 1993?,” se lamentaba Karsh, mercader de 43 años de la Ciudad de Gaza, refiriéndose a los acuerdos de paz entre Israel y los palestinos de Oslo en 1993.

 

Los analistas políticos palestinos dicen que la principal preocupación de Abbas serían unas elecciones anticipadas que podrían llevar al poder al líder del partido derechista de oposición Likud, Benjamin Netanyahu, un fuerte crítico de los intentos de Olmert por alcanzar la paz.

 

“Abbas tendrá que esperar al menos otro año,” dijo el analista palestino Hafeth al-Barghouthi.

 

Desde el comienzo, muchos palestinos percibieron la disposición de Olmert de llegar a un acuerdo de paz como algo que sólo decía para tranquilizar a los poderosos aliados de Israel en Washington.

 

“Con o sin Olmert, las negociaciones se han vuelto inútiles,” dijo Andel-Rail Mallos, un funcionario de alto rango en la Organización de Liberación palestina de Abbas.

 

Se refirió a la decisión de Olmert de continuar con la construcción de asentamientos dentro y alrededor de Jerusalén, una medida que Abbas considera una vergüenza.

 

“Ahora la ilusión de alcanzar un acuerdo de paz se está desvaneciendo,” dijo Hani al-Masri, un analista político palestino.

 

Masri sugirió que ahora Abbas podría dejar de enfocarse en las conversaciones con Israel para, en su lugar, reconciliarse con los islámicos de Hamas, quienes un año atrás tomaron el control de la Franja de Gaza.

 

Mientras los colaboradores de Olmert mantenían la esperanza el jueves de llegar a un acuerdo de paz con Abbas antes de que asuma un nuevo Gobierno, tanto israelíes como palestinos permanecían profundamente escépticos.

 

“Si él (Olmert) no pudo llegar a un acuerdo de paz cuando se encontraba en buenas condiciones, ¿Cómo podría hacerlo ahora?,” se preguntó Imad Saleh, un ingeniero de 37 años de Ramallah.

 

El residente Hebrón Mohammad al-Jamal dijo que la puerta giratoria de la política israelí hacía que los compromisos de Olmert perdieran su valor.

 

“Aquí iremos de nuevo intentando llegar a un nuevo acuerdo con el líder que los reemplace,” declaró cansado.

 

* Reporte adicional de Fadi Shana en Gaza, editado en español por Marion Giraldo

 

Miércoles 30 de Julio de 2008

LIMPIEZA ÉTNICA EN PALESTINA:

CONSTRUIR CASAS PARA SER DERRIBADAS

 

Por Lidón Soriano, La República - España

Ayer lunes 28 de Julio a la familia de Majid Abu ’Eisha y a otras 5 familias se les vino la casa encima.

 

Desgraciadamente en este caso la expresión no es retórica.

 

A las 4 de la madrugada del lunes 28 de Agosto del año pasado, las fuerzas de seguridad israelíes en numero desconocido pero que rondaba los 200 elementos. Despertaron a todas las familias y las hicieron salir del edificio a trompicones, sin permitirles coger nada, ni ropa, ni dinero, ni las joyas, ni los electrodomésticos, ni las fotos de toda una vida, nada, materialmente nada.

 

Los seis vehículos aparcados en el garaje fueron golpeados, los cristales rotos y después de revisarlos a conciencia, sin entender nadie que podían estar buscando en ellos, les permitieron sacarlos semidestrozados. Al Sr. Wael Awidah se le caen las lágrimas cuando me lo cuenta y cuando consigue calmarse me sigue contando que su mujer les pedía al soldado que le permitieran ponerse algo de ropa para no salir con el pijama a la calle y el soldado le decía que si quería cambiarse el iría con ella y que le daba solo 2 minutos.

 

EN TRES MINUTOS ESTABAN TODOS EN LA CALLE.

Los soldados y la policía se quedaron en la casa. Nadie sabía que estaban haciendo, aunque durante las ocupaciones de casas en Cisjordania en el periodo duro de la represión a la Intifada era frecuente que los soldados se dedicaran no solo a romper los muebles, pintar sobre cuadros y fotos y hacer sus necesidades por toda la casa, sino también era frecuente que robaran el dinero y las joyas de la familia dueña de la casa, que era confinada en una habitación o sacada al tejado o a la calle.

 

A lo largo del día gran cantidad de personas se fueron acercando a las inmediaciones de la casa, pues nadie podía acercarse en un perímetro acordonado por la policía y repleto de cuerpos de seguridad. También algunos internacionales se acercaron para intentar lo imposible: detener la demolición. La policía cargo duro contra ellos y contra muchos de los vecinos que allí se encontraban dando apoyo a la familia y protestando por el inminente derribo.

 

Las horas pasaban, interminables, densas, desesperanzadas y a las 18.30h en punto las cargas que el ejército había colocado en los cimientos de la casa hicieron explosión. La casa se vino abajo, un piso fue cayendo sobre otro, hasta que todo el edificio quedo convertido en un enorme amasijo de hierros retorcidos, ventanas rotas, tuberías, depósitos, bloques de cemento enterrando recuerdos y sueños de toda una vida.

 

Tras la demolición las fuerzas ocupantes abandonaron el lugar dejando tras de si una atmósfera de total incredulidad e inconsolable dolor. La gente fue acercándose a la casa y entre algunos familiares y amigos fueron sacando aquellos electrodomésticos que se habían salvado y aquellos recuerdos que a través de las rendijas creadas entre el caos del derrumbe sus brazos pudieron rescatar.

 

Le pregunté al Sr Awidah cual fue el motivo de la demolición y pensaba que me iba a decir que estaban construyendo sin licencia. Pero no, no fue esa la causa. La causa fue que en la planta que estaba construyendo (la 4ª) el arquitecto municipal denunció que las dimensiones se habían excedido en 20 cm. de ancho y 60 de largo. En vez de proceder a multarles o a obligarles a cambiar la construcción que estaban iniciando, su respuesta fue demoler no solo esa construcción, sino las casas de las 6 familias que allí vivían, en un claro ejemplo más de los castigos colectivos que el estado sionista aplica constantemente en toda Palestina contra la población cristiana y musulmana.

 

En este caso, la municipalidad de Jerusalén, como parte de sus estrategias de limpieza étnica para librarse de la población palestina les niega la concesión de licencias de construcción de forma sistemática. Muchas veces ante las peticiones de solicitud, ni tan siquiera reciben respuesta, en otras ocasiones, reciben la respuesta: Denegada. En otras les permiten empezar los trámites. Para ello tienen que abonar unas tasas de 10.000 shekels (unos 2000 E) que les permite durante un año conseguir todos los permisos para llevar a cabo la obra. Es en ese momento cuando empieza la tortura.

 

Les piden papeles, uno detrás de otro, les hacen repetir tramitaciones, alargan los tiempos de respuesta administrativa y en la mayoría de los casos se cumple el año sin que la familia haya podido cumplimentar las tramitaciones que les piden, por lo que pierden los 10.000 shecekls y tienen que volver a empezar a cumplimentar desde la primera solicitud. Por supuesto esto no sucede si vives en Jerusalén y eres judío, en ese caso, solo hay que pagar el permiso de obra, como en occidente, y si se cumplen los requisitos, adelante.

 

Pero si eres palestino da igual que necesites construir otra habitación porque has tenido una nueva hija o que tu hijo se ha casado y va a vivir con su mujer en la casa familiar, da igual que el tejado este a punto de venirse a bajo, a la municipalidad israelí le da absolutamente igual.

 

Su objetivo es claro: eliminar a la población palestina de Jerusalén y poder llevar acabo la judaización de la ciudad. Estos planes están claramente explicitados en el plan Jerusalén 2020, pero por si quedaba alguna duda las declaraciones de estos días del Primer Ministro Ehud Olmert considerando a la población palestina de Jerusalén como “un peligro interior” lo dejan bien claro.

 

Pienso en la casa que con tanto esfuerzo acabamos de hacernos mi compañero y yo, intento pensar que sentiría si las fuerzas de seguridad que teóricamente deben protegerte, fueran a destruirla, si la ley que teóricamente debe ampararte, te abandonara, criminalizándote por el simple hecho de haber nacido árabe y palestino. Pienso que sentiría al perder en ella todo cuanto poseemos, sabiendo que nadie va a indemnizarnos por lo ocurrido, ni a nivel material, ni, lo que resulta demoledor, a nivel humano, afectivo y sentimental. Y cuanto más trato de imaginar esa escena más dolor me entra y más rabia y más impotencia…

 

¿Que haría si llegar a sucederme algo así? No lo se, pero desde luego, cualquier cosa sería posible.

 

Cualquiera.

 

Martes 29 de Julio de 2008

EL ARTE DE RESISTIR EN PALESTINA

 

Por Ihab Jadallah*, Revista Pueblos

Por la mañana, la puerta de un estudio ubicado en Ramallah se abre para dejar paso a la luz y el ruido provenientes de la calle. Un grupo de jóvenes artistas dibuja viñetas y escribe reflexiones que acabarán siendo plasmadas en la obra más horrorosa jamás hecha en este país: el muro del Apartheid de Israel. Este muro, que transfigura el espacio, es empleado por estos jóvenes para colgar sus creaciones; de esta forma, tratan de demostrar que este muro impropio en este espacio es utilizado también de manera impropia. Sucesivamente, unos proyectan una película sobre el cemento del muro, otros hacen de él el fondo del escenario para su concierto y mientras tanto, otros “artistas” cavan un túnel por debajo para dejar claro que este muro de cemento no cumple con ninguna función de las que se supone que debería cumplir.

 

El arte y la resistencia en palestina han ido siempre de la mano. La tradición cultural milenaria que existía en palestina antes de 1948 nos traía un arte inspirado en la religión o la vida cotidiana, con variantes según la época. Pero el arte palestino sufrió un cambio radical a partir de esa fecha; los hechos históricos que marcaron a su pueblo se reflejaron, como veremos, en las distintas formas de expresión artística.

 

EL ARTE PALESTINO

El arte, como forma de expresión, se ha empleado al servicio de la causa palestina, para transmitir al mundo el dolor de una nación, esa pérdida irreversible que sufre diariamente el pueblo palestino desde el momento de la creación del Estado sionista de Israel y de su expulsión de estas tierras. Es imposible entender el arte palestino de los últimos sesenta años sin entrar en la historia de este pueblo; si en el mundo existe una amalgama indisoluble entre gente y tierra indiscutiblemente ésta se concreta en el pueblo palestino.

 

La música sigue siendo el arte más popular en palestina, conviviendo tanto los estilos tradicionales como las nuevas tendencias: rap, música electrónica, etc. El ha entrado en palestina como una forma de filosofía y de arte con grupos de jóvenes raperos palestinos que gritan con su poesía el sufrimiento de una nación. Algunos ejemplos son los grupos Ramallah Underground o AAM, pioneros de esta forma de expresión al calor de la segunda Intifada: las canciones de rap eran y son igual de explosivas que la propia Intifada, con la identidad y la revolución como temas claves.

 

Para poder hacer un análisis de cómo el arte y la resistencia palestina han ido siempre de la mano, tendré que remontarme a los años sesenta y setenta, cuando la resistencia palestina se encontraba en el Líbano, en pleno auge de creatividad. El movimiento del arte palestino coincidió con la formación del movimiento nacional en palestina y del establecimiento de la OLP, englobando cuestiones relativas a la identidad y la resistencia hasta el punto de que se hizo difícil imaginarse este movimiento o la forma de entender sus prácticas fuera de los límites de este contexto. La preservación de la identidad nacional palestina fue un proyecto dirigido por la OLP, que implicaba el patrimonio y el folclore y la vanguardia, traduciéndose en una forma de arte que reflejaba el grado de esta obsesión, en particular con la música, las canciones y la danza tradicional palestina (Dabkeh) o con las artes plásticas (pintura y cartel artístico).

 

La OLP se encontraba en plena actividad de resistencia, siendo un movimiento consciente de la importancia del arte como vía para poder expresarse y mantener viva una causa. Por ese motivo se apoyaba a todos los artistas, poetas y escritores del momento, desde Ghassan Kanafani y Mahmoud Darwish hasta las caricaturas del artista asesinado a manos de los servicios secretos israelíes, Naji el Ali. Todos estos artistas conforman una excelente muestra de la situación de tensión con la que el palestino vive, nos mira y nos denuncia, desde su éxodo, su refugio.

 

A finales de los sesenta y principios de los setenta, la OLP creó un equipo de cinematógrafos que acompañaba a los Fidayyen (combatientes) en sus operaciones para así poder documentar la vida de los revolucionarios, que aparecían como héroes en dichos documentales, así como la de los palestinos que vivían en los campos de refugiados en el sur del Líbano, Siria y Jordania.

 

El cine palestino de entonces también llamó la atención del resto del mundo; países como la ex Unión Soviética aportaron equipos cinematográficos y cámaras a los cineastas del momento a quienes además se les ofreció la oportunidad de recibir cursos y conferencias sobre cine. Es clara la influencia de estilo panfletario, pero a la vez de gran nivel expresivo, así como del montaje, de directores rusos como Eisenstein en los cortometrajes palestinos de la época, como Visita, de Qais El Zubaidi, por citar un ejemplo.

 

Desde Francia llegó el cine del gran Jean Luc Godard para rodar su laureado e inclasificable Ici et Allieurs, un documental de videoarte en el que se expresa la miseria de una población refugiada y se equipara la ocupación sionista de palestina con la ocupación Nazi de Alemania. En esta película Godard también compara a Golda Meir con Hitler a través del montaje, combinando discursos de ambos como el célebre de Golda Meir, “¿Qué son los palestinos? Jamás han existido.”

 

Durante la invasión del Líbano en el año 1982 la resistencia palestina fue expulsada del país y tuvo que refugiarse en diferentes lugares del mundo y con ella, el movimiento cinematográfico; el archivo cinematográfico del Líbano fue bombardeado e incapaz de recuperarse. Unos años más tarde, la primera Intifada encendió a la población y con ella nació de nuevo un pulso artístico que desarrolló múltiples formas de expresión.

 

Jerusalén, la ciudad santa, permanentemente sitiada y controlada por Israel, ha sido testigo de numerosas masacres a lo largo de los siglos. En los últimos años, las Intifadas han sido el escenario para la expresión de rabia, violencia y dolor por parte de una población oprimida, frustrada y que va en busca del verdadero cambio.

 

En los años 80 Jerusalén era el centro del movimiento cultural y artístico palestino, con el Teatro Nacional Palestino como máximo promotor, que consiguió reunir en un mismo escenario a actores y actrices palestinos de todo el territorio. Al final de las representaciones, la euforia de la juventud era tal que salían a las calles de Jerusalén para gritar al viento sus ansias de revolución, de paz y de una vida independiente y sin ocupación. La represión militar era brutal y la mayoría de jóvenes eran detenidos; los más afortunados conseguían esconderse en el teatro.

 

Las voces, los textos, las palabras que salían de la boca de los actores y las actrices no gustaban para nada al Gobierno israelí, ya que alentaban la revolución y permitían “dejar” pensar a la gente; no es de extrañar que la represión israelí al teatro acabase sellando sus puertas y suspendiendo así sus funciones.

 

Podemos considerar el Acuerdo de Oslo como la declaración oficial del fin de la primera Intifada y el comienzo de una nueva era. La ocupación y separación de Jerusalén respecto a Cisjordania provocó que fuera más difícil el acceso de los palestinos a la ciudad. Con el Teatro Nacional Palestino cerrado y el establecimiento de la Autoridad Nacional palestina en Ramallah, convertida en la capital administrativa, el movimiento cultural y artístico fue abandonando poco a poco Jerusalén para instalarse en la vecina Ramallah.

 

Este confuso momento de la historia, lleno de decepciones y nuevas esperanzas, fue un punto de inflexión para el movimiento creativo. Los artistas despertaron con nuevas preocupaciones y dudas colectivas, hecho que provocó que muchos llegaran a abandonar cuestiones importantes relativas a su existencia como individuos e incluso como artistas. Después de un período de transición, entre la esperanza, el dolor y la recuperación, el arte palestino empezó a caracterizarse por una mayor diversidad.

 

EL NUEVO ARTE PALESTINO

Las nuevas generaciones de artistas palestinos se distinguen por la expresión del arte a través de cualquier forma de práctica creativa. En el cine, nos encontramos con que la segunda Intifada llevó a un número considerable de jóvenes a convertirse en “documentalistas” para presentar sus propios puntos de vista del conflicto y del mundo. En muchos casos, los trabajos audiovisuales tenían poca importancia artística, quedándose en el mero reportaje informativo y hasta en muchos aspectos de carácter victimista. En el campo de la ficción se ha promovido una nueva cultura cinematográfica por parte de artistas de gran nivel que llevan muchos años trabajando en el mundo del cine, dentro y fuera de palestina, como Rachid Masharawi y Elia Suleiman, con trabajos premiados en los mejores festivales europeos. Estos son los directores que han dado paso a las nuevas generaciones de cineastas que hay en la actualidad, entre los que hay un gran número de mujeres.

 

Surgieron nuevos grupos musicales, sobre todo a partir de la oleada de los palestinos de la diáspora que regresaron a palestina y que influenciaron su música con nuevas tendencias, como el rap y la música electrónica; son numerosos los conciertos dentro y fuera del país así como la publicación de nuevos álbumes. Sin embargo, la nueva música palestina continúa siendo desconocida para la mayoría de la población y organizaciones como Sabreen (paciencia) intentan hacer llegar la música a los oídos de los palestinos.

 

El cambio político no fue el único aspecto que contribuyó a la formación de estas nuevas generaciones y movimientos de creación; las organizaciones locales surgidas a mediados de los años noventa apoyaron la cultura palestina en todas sus variantes. Centraron sus energías en la promoción y el fomento de los esfuerzos creativos, para llegar a comunicarse con el público local e internacional al mismo tiempo. Personalmente pienso que esta generación, mezcla de la primera y segunda Intifada, fue afortunada al recibir el apoyo de las instituciones locales; es la generación emancipada políticamente y de las presiones sociales, que vive con la resistencia en calma y en el sueño del proceso de paz, en un intento de liberar la creatividad de la ocupación y experimentando con nuevas tendencias artísticas. Todas estas nuevas posibilidades artísticas han permitido que los nuevos artistas puedan formarse y penetrar en áreas vedadas a sus antecesores: cine, videoarte, fotografía, diseño gráfico, etc.

 

Con la situación actual decadente y caótica de palestina, así como de los movimientos de resistencia, los artistas palestinos se han llegado a sentir menos implicados y más aislados de la realidad, con una mirada contemplativa y de reflexión, muchas veces desde la distancia. Ha llegado la separación del arte y la resistencia, con una actitud más individualista tanto de los artistas como de sus obras: mientras estaban acostumbrados a tratar la temática del conflicto y de la ocupación con la expresión del dolor de su pueblo, hoy los artistas expresan sus propios dolores e intereses como individuos. Se han dado cuenta de que han perdido la oportunidad de descubrirse a sí mismos debido a su inmersión total y profunda en la causa palestina; hoy les surge la necesidad de replantearse sus vidas para encontrarse a sí mismos.

 

Creo que el primer paso que habría que dar es identificar la existencia de esta nueva generación, promoviendo su papel en nuestra historia, y creer en su capacidad para que contribuyan a los tan esperados cambios.

 

* Ilab Jadallah es cineasta palestino. Artículo revisado por Mireia Gallardo. Este artículo ha sido publicado originalmente en el nº 32 de la Revista Pueblos, junio de 2008.

 

Lunes 28 de Julio de 2008

LA NOTICIA JAMÁS CONTADA DE NI'LIN:

LA RESISTENCIA AL ROBO DE TIERRA POR PARTE DE ISRAEL

 

Por Neve Gordon*, Counterpunch/Rebelión

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos

“Un “terrorista” que conducía un buldózer mata a tres personas en Jerusalén al arrollarlas”, se leía en el titular de un artículo de CNN que describía el reciente atentado de un obrero de la construcción palestino que dejó tres israelíes muertos e incontables heridos. El buscador de noticias de Google indica que el brutal atentado fue mencionado en 3.525 artículos de prensa. USA Today, The New York Times, Los Ángeles Times, BBC, Fox News y Al Jazeera así como todos los demás medios principales de comunicación cubrieron el incidente. Otros medios de comunicación menos conocidos, como The Khaleej Times en los Emiratos Árabes Unidos, The Edmonton Sun en Canadá y B92 en Serbia, también recogieron el hecho. Es más, se podría asegurar que prácticamente todos los medios del mundo ofrecieron algún tipo de cobertura del ataque.

 

Otra búsqueda de noticias en Google, esta vez utilizando el nombre de Ni'lin, da como resultado sólo 75 entradas. Unos pocos de los principales medios de comunicación han recogido la noticia de la valiente resistencia contra el robo de tierra perpetrado por Israel que han mantenido los habitantes de esta ciudad palestina situada en la ocupada Cisjordania, pero ni CNN ni Los Ángeles Times ni USA Today lo han hecho. Fuentes como The Wall Street Journal y The New York Times ofrecieron un breve, nada más. Teniendo en cuenta que durante los dos últimos meses los residentes en Ni'lin han marcado un hito en la historia de la resistencia popular, la limitada cobertura de su campaña no es un mero descuido.

 

La historia de Ni'lin es la de una desposesión que no deja de aumentar. Los residentes en esta ciudad agrícola perdieron una gran parte de sus tierras en la guerra de 1948. Tras la de 1967, Israel se aprovechó de la ubicación de la ciudad cerca de la Línea Verde reconocida internacionalmente y empezó a confiscar sus tierras para asentamientos judíos. Primero se expropió 74 dunams (4 dunams equivalen a un acre) para el asentamiento de Shilat. Luego, otros 661 dunams para construir el asentamiento de Mattityahu. En 1985 se confiscaron 934 dunams para construir Hashmonaim y seis años más tarde, se apropiaron de 274 dunams para construir el de Mod'in Illit. Por último, en 1998, otros 20 fueron expropiados para el asentamiento de Menora. En total Israel se ha apoderado de más del 13% de las tierras de la ciudad para construir asentamientos.

 

En 2002 Israel empezó a construir el muro de separación, declarado ilegal por el Tribunal Internacional de Justicia. Hace poco se empezó a construir la sección al lado de Ni'lin; si se termina, Israel se apropiará de otros 2.500 dunams, o aproximadamente el 20% de la tierra que queda en posesión de sus habitantes.

 

Esta vez, sin embargo, ha sido demasiado para sus habitantes. A principios de mayo lanzaron su campaña para detener la desposesión y a pesar de los brutales intentos de detener el alzamiento (entre los que se incluyen un toque de queda y disparos que han costado cerca de 200 personas heridas), no tienen la menor intención de doblegarse. Esta no es una hazaña menor ya que los anales de la historia indican que es extremadamente raro que toda una ciudad se levante como una sola persona y lleve a cabo actos diarios de desobediencia, especialmente cuando se enfrentan a una respuesta tan violenta.

 

Los acontecimientos que se están desarrollando proporcionan además los ingredientes perfectos para una buena noticia. Durante los tres primeros días del toque de queda no se permitió a las ambulancias entrar en la ciudad; el cuerpo de una persona que había muerto permaneció a la entrada de la ciudad durante cuatro horas hasta que el ejército permitió a su familia recuperar sus restos; se impidió dejar la ciudad a una mujer que iba a dar a luz y tuvo alumbrar en casa; los soldados detuvieron a un niño de doce años en su casa y lo retuvieron durante dos días sin cargos; mujeres ancianas fueron golpeadas y tres residentes resultaron heridos de gravedad por armas de fuego.

 

Entonces, ¿por qué la mayoría de los medios no cubrieron la campaña mientras se estaba desarrollando? La razón es bien sencilla: cubrir la lucha en Ni'lin habría hecho añicos la percepción estereotipada del conflicto palestino-israelí que proporcionan los principales medios de comunicación. A diferencia del ataque con el buldózer, que refuerza la manera dominante de entender este conflicto, los acontecimientos de Ni'lin revelan una realidad mucho más compleja. La noticia no se refiere a palestinos que cometen actos de terrorismo contra la población civil, sino a actos populares de desobediencia civil que persisten a pesar de la despiadada represión de un poder ocupante.

 

Otro aspecto de Ni'lin que va en contra de los estereotipos existentes es que palestinos y judíos no luchan en lados diferentes de la contienda, sino que numerosos judíos israelíes y activistas internacionales permanecen al lado de los residentes palestinos mientras estos tratan de impedir que los buldózeres del ejército destruyan las tierras de Ni'lin's. Es más, entre los heridos hay muchos israelíes.

 

En otras palabras, la historia de Ni'lin es la historia de un pueblo colonizado que resiste a la ocupación. Esta no es la manera como la corriente dominante de los medios de comunicación acostumbra a retratar el conflicto israelí-palestino y a juzgar por los resultados de la búsqueda en Google, la mayoría de los responsables de esos medios no están dispuestos a cambiar su enfoque. La histórica campaña de Ni'lin, así como muchas otras campañas de masas y no violentas de desobediencia civil contra la ocupación en lugares como Bi'lin y A'ram, sigue sin ser publicable.

 

EPÍLOGO

Cuando el ejército israelí se dio cuenta de que la violencia sobre el terreno no podía detener la ofensiva de resistencia de los residentes empezó a detener a quienes protestaban, tanto palestinos como israelíes, con la esperanza de que enormes costes legales harían el trabajo. Para ayudar a cubrir los costes legales en Ni'lin, cliquear aquí http://www.awalls.org/donations.

 

* Neve Gordon enseña política en la Universidad de Ben-Gurion. Se pueden leer sus artículos y su último libro, Israel's Occupation (University of California Press)

 

Lunes 28 de Julio de 2008

OBAMA, EL LÍDER DEMÓCRATA, ASUMIRÍA UN ROL DE MEDIADOR ENTRE ISRAEL Y LA AUTORIDAD PALESTINA

SEÑALES DE LA GIRA POR MEDIO ORIENTE

Obama pasó más tiempo con los políticos israelíes, seduciendo al lobby judío en Washington. Dijo estar listo para apadrinar las negociaciones con Siria. Y agotar la diplomacia con Irán.

 

Por Sergio Rotbart

Desde Jerusalén

Al mismo tiempo que incrusta el papelito enrollado en una de las fisuras que separan los bloques que componen el Muro de los Lamentos, Barack Hussein Obama, cuya cabeza está cubierta por el tradicional solideo judío (kipá), dirige su mirada hacia arriba. Desde el extremo superior de la muralla, y del lado en el que se encuentra la Explanada de las Mezquitas, se asoma un árabe con su tradicional kefiá (pañuelo) cubriéndole la cabeza, y le grita: “¡Hussein, te equivocaste de lado!”. La escena, claro está, no fue registrada por ninguno de los cientos de periodistas locales y extranjeros que acompañaron al candidato a la presidencia de los Estados Unidos durante su visita fugaz en Israel y en la Autoridad palestina (AP). Simplemente es producto de la imaginación de Daniela London Dekel, caricaturista del diario Haaretz.

 

Como buena expresión del humor gráfico, el dibujo recrea un espacio real y lo convierte en el escenario de una situación ridícula o absurda. Pero, a la vez, la ocurrencia no dista demasiado de la realidad. Es entonces que podemos decir que, como en el caso de la caricatura de la dibujante israelí, su imagen vale más que las miles de palabras que podrían describir la estadía de Obama en Medio Oriente. En ella se condensan dos marcados contrastes que la caracterizaron: entre los distintos tiempos que el dirigente demócrata le dedicó a cada una de las partes del conflicto israelí-palestino y, en segundo lugar, entre sus promesas preelectorales dirigidas a una solución del enfrentamiento regional y sus actos destinados a captar el apoyo de los grupos y sectores del público norteamericano que le aseguren la victoria en las cruciales elecciones que se realizarán en su país en noviembre próximo.

 

El senador por Illinois, por cierto, invirtió gran parte del corto tiempo que estuvo en la zona a recorrer Israel y a encontrarse con sus dirigentes. En Ramalá (la “capital” de la AP), en cambio, estuvo apenas una hora. El presidente Mahmud Abbas y el primer ministro, Salam Fayad, no pudieron ocultar su desilusión por la negativa de la comitiva de Obama, pese a las insistencias de los dirigentes palestinos, a quedarse a almorzar en la Muqata, la sede de la AP que sirvió como cuartel general de Yasser Arafat durante la segunda Intifada. En el lado israelí, en cambio, el popular visitante exhibió sin límites su carisma y su pulido arsenal retórico. No cabe duda de que, mientras los pies de Barack Obama pisaban Jerusalén, Sderot y Tel Aviv, su mirada expectante apuntaba a Washington, donde el lobby proisraelí (AIPAC), cuya influencia política y mediática ha crecido notablemente en la cadencia de George W. Bush, aprueba o impugna cada palabra y cada gesto que el candidato de origen africano-musulmán emite con respecto de Tierra Santa. Por eso el muchachito formado en la Chicago de los campos universitarios donde surgió un discurso alternativo sobre la identidad afroamericana, en su reciente estadía en Israel aseguró y reaseguró que no hay valor más importante para la política exterior de su país que la seguridad del Estado judío.

 

Sin embargo, contrastando con algunas declaraciones anteriores sobre la “unificación” de Jerusalén bajo la soberanía israelí (afirmación que luego corrigió), las que hizo Obama en esta gira tienen matices importantes que lo diferencian de la línea de los halcones republicanos, y del actual candidato –más moderado que George W. Bush– de ese sector, John McCain. En primer lugar, el líder demócrata fue claro al sostener que los Estados Unidos, bajo su futura presidencia, tendrá una injerencia más notoria en el papel de mediador entre las dirigencias israelí y palestina con el propósito de impulsar las negociaciones sobre los límites, dimensiones y el carácter de un futuro Estado palestino. En segundo lugar, y aquí ya se puede ver un giro sustancial con respecto al actual gobierno con sede en Washington, Obama dijo estar dispuesto a apadrinar también las negociaciones que Israel viene manteniendo, de manera indirecta, con Siria sobre la devolución de las Alturas del Golán. Y tanto los dirigentes norteamericanos como los israelíes saben, o creen, que ése es el camino para apartar a Damasco del “eje del mal” regional comandado por Irán. Por su parte, el presidente sirio, Bashir el Assad, sabe, o cree, que el territorio conquistado por Israel en 1967 no alcanza para que la renuncia al trabajo que los iraníes le piden que haga en el Líbano, proveyéndole armas al Hezbolá, brinde como contraparte un rédito de igual o mayor valor que el garantizado mediante la alianza con Teherán. Para que la fórmula sea redituable, a esa meseta –hoy en manos de Israel– hay que añadirle el apoyo económico y militar de la potencia hegemónica. Obama, en tal sentido, ya le hizo un guiño al líder sirio.

 

Aquí, en este punto, se entrelaza el tercer contraste: la disposición del candidato demócrata a agotar la vía diplomática para persuadir a Irán de que desvíe el desarrollo de tecnología nuclear del carril armamentista, antes de recurrir al aumento de la presión económica o a las amenazas militares (tan redituables para los intereses de Bush, dado que instantáneamente se traducen en una nueva subida espectacular del precio del petróleo y, por otra parte, justifican los altos presupuestos militares, pero a la vez tan devastadoras para la economía del mundo y de la propia sociedad norteamericana). En este sentido ya pueden verse claros indicios por parte del actual gobierno en la intención de reparar, sobre el final de la segunda administración Bush, algo (tan poco y tan tarde) del daño causado por la vía de la fuerza militar. Por eso un diplomático norteamericano de alto rango, William Burns, y representantes de la Unión Europea se reunieron días atrás con una delegación iraní, a la que le propusieron suspender, durante un período de prueba, el programa nuclear a cambio de la cancelación de las sanciones económicas ya adoptadas contra Irán. Los representantes de este país, también expertos en exprimir al máximo la jugosa retribución que les brinda la dinámica de la confrontación total, aún no han dado una respuesta.

 

A todo esto, el gobierno israelí mira con preocupación y recelo la desaceleración de la cruzada antiiraní, a la que aporta su buena cuota de arsenal “disuasivo” (incluida una gran maniobra de la fuerza aérea sobre el Mar Mediterráneo) y de retórica incendiaria. Pero, en los últimos días, el gobierno norteamericano ha declarado abiertamente su oposición a la opción militar, incluso a una iniciativa israelí en ese rumbo. En Tel Aviv, tanto la corporación militar como el establishment político saben, o creen, que los años dorados que se iniciaron con la “guerra contra el terrorismo” el 11 de septiembre de 2001 ya están agotándose, y quién sabe cuándo volverán.

 

Viernes 25 de Julio de 2008

CISJORDANIA SE DESMORONA POR BLOQUEOS

 

Por Mel Frykberg, IPS Noticias / Bonsaidelainformacion

Las fuerzas armadas de Israel instalaron tres puestos de control más en la carretera entre el poblado de At-Tuwani y el meridional de Yatta, en el área cisjordana del territorio palestino.

 

Además de ser un fuerte centro económico en su región, Yatta, de 45.000 habitantes, brinda servicios claves de salud, la educación media y numerosas oficinas de la administración pública a las localidades que la circundan.

 

Esta ciudad se ubica ocho kilómetros al sur de Hebrón, una de las principales ciudades de Cisjordania con 200.000 habitantes, 30 kilómetros al sur de Jerusalén, reivindicada tanto por israelíes como por palestinos como capital.

 

Varias comunidades de las colinas al sur de Hebrón continúan con el suministro de productos básicos interrumpido. Los puestos de control agravan el problema, pues la carretera es la principal vía para el suministro de agua a zonas que sufren hoy una grave sequía.

 

Según pobladores del lugar, los bloqueos y controles duplicaron el precio del agua. El costo del transporte de agua se elevará 30 por ciento por la instalación de los nuevos puestos, según un trabajador de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

 

No se trata de los únicos controles instalados en Cisjordania, a pesar de las promesas del gobierno israelí de que facilitaría el acceso y el tránsito interno de palestinos en territorios ocupados.

 

El Banco Mundial advirtió a comienzos de año que el sistema de vigilancia y control israelí causaba grandes perjuicios a la economía palestina, y que, de no atenuarlo, la caída en picada continuaría a pesar de los 7.400 millones de dólares en asistencia prometidos por la comunidad internacional.

 

El Ministerio de Justicia de Israel respondió que “en ocasiones, el acceso a ciertas carreteras se restringe por amenazas reales de seguridad”, pero acotó que, “de todos modos, esas restricciones se levantan tan pronto como una amenaza desaparece”.

 

La organización israelí de derechos humanos B’Tselem acusó al Ministerio de distorsionar la realidad. “Más de 300 kilómetros de caminos de Cisjordania están parcial o completamente vedados a los palestinos de manera permanente, sin que exista ninguna amenaza específica”, aseguró.

 

Además del daño económico, los controles impiden a los palestinos recibir tratamiento médico, pues las ambulancias son con frecuencia detenidas en los puestos o se las obliga a regresar al punto de partida, sin importar la gravedad del pasajero.

 

Muchas mujeres se han visto obligadas a parir en puestos de control y muchos pacientes murieron allí.

 

Pacientes que se dirigen a la sala de urgencias del Hospital Salfit, en el norte de Cisjordania, suelen pasar horas en los tres puestos de control del distrito, dijo a IPS el director local de salud primaria, el médico Bassen Abú May.

 

“Otro peligro que afrontan tanto los que van a pie como los que viajan en vehículos es el de sufrir disparos accidentales de soldados israelíes nerviosos”, dijo Abú May. “Eso ha sucedido. Para evitar el problema, muchos retrasan en la noche la búsqueda de tratamiento de urgencia y esperan hasta la mañana. Y el tiempo corre.”

 

Los israelíes aseguran que los controles y restricciones son necesarios para garantizar su seguridad. Pero los palestinos les acusan de imponerles un castigo colectivo a toda la población, y de proteger, en primera instancia, a los colonos judíos en Cisjordania.

 

“Esto está destruyendo el sustento de los palestinos, su economía, su agricultura, su educación y su salud”, dijo Saeb Erekat, el principal negociador de paz por el lado de la Autoridad Nacional palestina, a cargo del gobierno de Cisjordania.

 

Este territorio está dividido férreamente en tres cantones: el norte, el centro y el sur, de acuerdo con el informe emitido en enero por el entonces relator especial de la ONU para palestina, John Dugard.

 

Esta división limita la libertad de movimientos por Cisjordania de palestinos con propósitos sociales, médicos, empresariales o educativos.

 

El distrito de Naplusa, en el norte, está prácticamente rodeado por el ejército israelí, y sólo entran en la ciudad del mismo nombre cuentan con la documentación necesaria.

 

“El movimiento es más fácil dentro de esas áreas, pero entre ellas surgen dificultades por la combinación de controles de seguridad y otros obstáculos físicos”, según el informe de la ONU.

 

La instalación de puestos de control instauró, de hecho, un sistema de carreteras limitadas al uso de israelíes, lo cual obliga a los palestinos a usar rutas alternativas de tránsito restringido.

 

“Los nuevos obstáculos físicos limitaron el acceso a la tierra, los mercados y a los servicios y las relaciones sociales”, agrega el estudio del relator especial.

 

El sistema de autorizaciones israelí impide a los hacendados palestinos llegar a sus propios predios en el valle del Jordán, e incluso transportar sus productos. Las comunidades rurales están aisladas de las ciudades.

 

El ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, dijo en abril a la secretaria de Estado (canciller) estadounidense Condoleezza Rice que su país había removido 61 de los 500 puestos de control de Cisjordania, como resultado de las promesas de la cumbre en Annapolis el año pasado.

 

Pero la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) advirtió que los controles habían ascendido de 566 en septiembre a 607 a fines de abril pasado. Para colmo, seis de los 61 controles listados por Barack seguían en su sitio.

 

Viernes 25 de Julio de 2008

APUNTEN CONTRA EL CHE GUEVARA CISJORDANO

 

Por Mel Frykberg, IPS Noticias

El ejército de Israel investiga el incidente en el que un soldado disparó a quemarropa un tiro con bala de goma en el pie del joven activista palestino apodado Che Guevara, quien estaba atado y con los ojos vendados.

 

Un vídeo colocado en el sitio de Internet YouTube muestra cómo el soldado, en presencia de un teniente coronel, abre fuego sobre el joven. El registro acaparó la atención de la prensa de Medio Oriente y de todo el mundo.

 

El 7 de julio, Ashraf Abu-Rahma, de 27 años y residente en la aldea de Bi'ilin, cerca de la cisjordana ciudad de Ramallah, fue arrestado por tropas israelíes, golpeado y obligado a permanecer sentado al sol durante horas, sin recibir agua.

 

Luego el soldado, deliberadamente, le disparó en el pie a menos de un metro de distancia, al parecer por orden de su comandante.

 

“Pensé que iba a ser arrestado, pero no que iban a dispararme”, dijo Ashraf a IPS.

 

Ashraf fue atendido por un médico militar. Afortunadamente, la gruesa bota que llevaba puesta absorbió el mayor impacto de la bala de goma, que le produjo una hemorragia interna en el dedo mayor de su pie.

 

El joven palestino se encontraba entre un grupo de vecinos y activistas internacionales que trataban de llegar a la vecina aldea de Ni'ilin con suministros de emergencia.

 

Varias semanas atrás, esa población fue sometida a toque de queda por cuatro días. Se impidió que las ambulancias evacuaran a los heridos. Las reservas de alimentos, agua y medicinas se agotaban rápidamente.

 

El ejército israelí implementó el toque de queda luego de violentas manifestaciones de protesta contra la expropiación de tierras.

 

Los militares afirmaron que los soldados recibieron una lluvia de piedras, mientras que los palestinos los acusaron de golpearlos, arrojarles gases lacrimógenos y dispararles balas de goma y munición de guerra antes de que reaccionaran con violencia.

 

Abdullah Abu-Rahma, presidente del Comité Popular de Bi'ilin contra el Muro y los Asentamientos, y familiar de Ashraf, dijo a IPS que habitantes de la aldea, junto con personas de varios países, incluido Israel, llevaban entonces leche, pan y medicinas a los residentes de Ni'ilin.

 

“Cuando estábamos llegando a la aldea, fuimos rodeados súbitamente por cuatro jeeps militares. Sin que existiera la menor provocación, comenzaron a arrojarnos gases lacrimógenos”, recordó.

 

Ashraf, activista conocido por los soldados, fue arrestado después de una disputa verbal.

 

“Recibí puñetazos y patadas mientras me conducían en un jeep durante varios minutos. Después de eso me vendaron los ojos, me ataron las manos y me obligaron a sentarme al sol, dolorido y sediento, durante tres horas”, dijo el joven palestino en la entrevista con IPS.

 

“Luego me tomaron de los brazos y me pusieron de pie. Los soldados hablaban entre ellos en hebreo. Aunque no entiendo el idioma, escuché la palabra 'gumi', que significa bala de goma. Después escuché un disparo y caí hacia atrás, dolorido y en un estado de conmoción, tras recibir el balazo en el pie”, agregó Ashraf.

 

Tras recibir atención médica, el joven fue liberado.

 

El incidente fue filmado por una adolescente palestina de 14 años, Salaam Kanan, quien entregó el vídeo a la organización de derechos humanos israelí B'Tselem, la cual, a su vez, lo hizo llegar a las autoridades militares.

 

Un portavoz del ejército dijo que el caso, al que describió como una “grave violación” a las reglas que deben seguir las tropas, estaba en proceso de investigación. El ministro de Defensa, Ehud Barak, condenó la conducta del soldado que efectuó el disparo.

 

El teniente coronel Omri Fruberg, comandante de la patrulla israelí, inicialmente negó haber estado presente. Pero cuando se difundió el vídeo, en el que se lo ve tomando por el brazo a Ashraf cuando el soldado abrió fuego, dijo que le había ordenado a su subordinado que lo intimidara, pero no que disparara.

 

IPS pudo averiguar que existe desde hace años una pésima relación entre Ashraf y el teniente coronel Fruberg.

 

El joven palestino es casi una leyenda en la zona y, por su combatividad, muchos lo llaman Che Guevara.

 

Ashraf logró detener la construcción de un asentamiento en tierras de la aldea, luego de treparse a una grúa en la que izó una bandera palestina. No obedeció las órdenes de bajar que le impartieron los soldados, a quienes les dijo que abandonaran “las tierras que están ocupando ilegalmente”.

 

Permaneció cinco horas trepado en la grúa y su foto apareció en muchos medios de prensa internacionales.

 

Ashraf también ha estado al frente de las manifestaciones organizadas semanalmente en Bi'ilin en protesta por la expropiación de tierras a manos de Israel, que serán utilizadas para ampliar el vecino asentamiento de Modi'in y construir el muro de separación.

 

El proyectado muro no sigue la llamada “línea verde”, que marca el límite entre Israel y la Autoridad Nacional palestina, y aislará a los palestinos de sus tierras. Tanto los asentamientos como el muro son ilegales, de acuerdo con el derecho internacional.

 

Ashraf recibió disparos en varias ocasiones y fue arrestado tres veces.

 

El Comité Popular de Bi'ilin contra el Muro y los Asentamientos, del que el joven palestino es un miembro activo, ha sido durante años un obstáculo para la política israelí, realizando campañas no violentas de desobediencia civil que le dieron credibilidad y apoyo internacional.

 

Incluso la Corte Suprema de Justicia de Israel se pronunció a favor de los habitantes de la aldea. En septiembre del año pasado ordenó que se modificara la traza del muro y que se devuelva parte de las tierras expropiadas.

 

El Comité también logró impedir la destrucción de varias casas en Bi'ilin, que según los israelíes habían sido construidas ilegalmente.

 

Organizaciones de derechos humanos aseguran que existe una política deliberada de demolición de hogares palestinos en áreas consideradas apropiadas para la ampliación de los asentamientos israelíes.

 

Ashraf acampó en varias de las viviendas que iban a ser destruidas noche tras noche, impidiendo que las cuadrillas de demolición hicieran su trabajo. Los soldados lo arrestaban, pero el joven volvía a instalarse en el lugar cuando lo liberaban.

 

Jueves 24 de Julio de 2008

EL MURO DE CISJORDANIA TODAVÍA ES ILEGAL

 

Por Khalid Amayreh, Al-Ahram Weekly/Rebelión

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos

El 9 de julio de 2004 el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) de La Haya emitió su veredicto que declaraba ilegal el llamado “muro de separación”, la gigantesca barrera que Israel estaba construyendo en Cisjordania.

 

El muro no se ha terminado de construir todavía, fundamentalmente debido a problemas de procedimiento y financieros. Pero cuando se termine, devorará cerca del 46% de Cisjordania, el 10% del cual quedará aislado en el lado “israelí” de la barrera. Casi con toda seguridad esto significa anexión.

 

A esto se añaden Jerusalén este y los pueblos árabes que lo rodean, que constituyen el 4% de la Cisjordania ocupada. Israel ya ha acordonado Jerusalén este junto con su población palestina calculada en un cuarto de millón de personas con una barrera de ocho metros de altura que los aísla del resto de Cisjordania.

 

El histórico fallo del TIJ determinó que la gigantesca barrera, construida en su mayor parte en tierra árabe ocupada por Israel en 1967, violaba el derecho internacional y debía ser demolido. El fallo también reafirmaba que todas las colonias judías construidas en Cisjordania, Jerusalén este y Gaza desde 1967 eran igualmente ilegales según el derecho internacional y debían ser desmanteladas.

 

El TIJ fallaba que los palestinos que sufren perdidas a consecuencia del muro debían ser indemnizados por Israel. Éste, envalentonado por su aliado-guardián, Estados Unidos, rechazó con actitud desafiante el veredicto argumentando que el TIJ no había tenido en cuenta su punto de vista.

 

De hecho, lejos de hacer el menor caso al veredicto del TIJ, en realidad Israel aceleró su apropiación de tierra palestina, apoyado el Tribunal Supremo Israelí que está en manos del ejército israelí de ocupación y que da el visto bueno y otorga a este robo de tierra la apariencia de una legalidad que no puede tener.

 

Los palestinos en general consideraron el veredicto una importante victoria para su causa. Sin embargo, pocos palestinos tenían esperanza alguna en las posibilidades reales de conseguir que la “comunidad internacional” dominada por Estados Unidos garantizara la implementación sobre el terreno del fallo del TIJ. Al fin y al cabo, muchas otras resoluciones de Naciones Unidos y de su Consejo de Seguridad que declaran ilegales y nulas acciones israelíes se han quedado reducidas a simple papel mojado.

 

En los últimos días palestinos de toda Cisjordania han recordado el cuarto aniversario del veredicto del TIJ con una determinación renovada de acabar con la ocupación de su tierra desde hace ya 41 años. Es más, la construcción de la horrible barrera, que muchos llaman “El muro del vergüenza” no es sino un síntoma de la ocupación israelí, lo mismo que la proliferación de las colonias y carreteras sólo para judíos israelíes por todos los territorios ocupados.

 

La semana pasada se celebraron ocho manifestaciones de protesta en Cisjordania, desde Jenin, al norte, hasta Belén, al sur. Los manifestantes, entre los que también había activistas extranjeros, llevaban banderas palestinas y corearon consignas pidiendo la demolición del muro.

 

En Deir Al-Ghusun cerca de Tulkarem (al norte de Cisjordania) las manifestaciones se dirigieron al muro que aísla sus huertos y granjas. Uno de los manifestantes calificó la apropiación de su tierra por parte del ejército israelí de “acto de expoliación”. Acusó a Israel de “engañar y mentir al mundo”.

 

“Primero dijeron que el muro era una estructura de seguridad, no una frontera política. Sin embargo hemos visto que todas las políticas y acciones israelíes indican que Israel considera que el muro constituye fronteras políticas”, afirmó un hombre de mediana edad.

 

Pero muy pronto las protestas fueron reprimidas por las fuerzas de ocupación que invadieron el pueblo a través de las puertas destinadas a exclusivo uso militar construidas en el muro. La finalidad de estas puertas es permitir al ejército israelí un fácil acceso a los pueblos palestinos adyacentes y facilitar así el control de la población local.

 

El 11 de julio campesinos palestinos y activistas extranjeros se manifestaron caminando hacia el muro en los pueblos de Jayyous, Niilin, Billin y Al-Khadr donde se enfrentaron con los soldados israelíes que defienden el muro. Los habitantes de los pueblos hablaron con amargura de los buldózeres militares israelíes que diezman y destruyen sus olivares centenarios y sus granjas ancestrales, de los que dependen en gran medida sus medios de subsistencia.

 

Los soldados israelíes, por su parte, no estaban de humor de permitir ni siquiera que las víctimas de la política de apartheid y de la limpieza étnica israelíes comunicaran pacíficamente al resto del mundo sus penalidades. Antes incluso de que los manifestantes llegaran al lugar donde estaban los diezmados olivares, los soldados de la ocupación enseñaron sus balas recubiertas de caucho, las bombas sonoras y los gases lacrimógenos. Un habitante del lugar resultó herido de gravedad y al menos 50 olivos ardieron debido a la explosión de las bombas y de los proyectiles de gases lacrimógenos.

 

Sin lugar a dudas el muro ha supuesto a los palestinos de Cisjordania unas pérdidas incalculables a nivel nacional, que atañen a todos los aspectos de su existencia y de su supervivencia. Según Abdul-Hadi Hantash, un cartógrafo y experto en asentamientos judíos, el muro mide 786 kilómetros de largo y está construido a lo largo de las mayores cuentas de reservas de agua, que producen al año 460 millones de metros cúbicos de agua en su mayoría potable. Aproximadamente un 5% de esta cantidad va a los palestinos mientras que Israel se apropia del resto.

 

Hantash afirmó que el muro ya ha dejado aislados a más de 70 pueblos y aldeas palestinos con una población total de 223.000 personas. También ha sido la causa de que se arranquen o destruyan 108.000 árboles crecidos, de los cuales 84,000 son olivos.

 

Hantash afirmó que la Autoridad palestina no debía considerar el muro como una cuestión aparte. “Esta siniestra muralla es una parte integral de la política de asentamientos judíos. Es un síntoma de la ocupación y como todos sabemos, no se pueden erradicar los síntomas sin previamente tratar la causa de raíz”.

 

Hantash intervino el 11 de julio en un simposio celebrado en Dura, cerca de Hebrón, para recordar los cuatro años que han pasado desde que el TIJ emitió su histórico veredicto en contra del muro.

 

Talab Al-Sanie, un palestino miembro del Parlamento israelí que también participó en el simposio, señaló que la construcción del muro se debió a un deseo irrefrenable por parte de Israel de imponer unilateralmente límites políticos entre Israel y un posible Estado palestino.

 

Al-Sanie argumentó que, sin embargo, el veredicto del TIJ demostraba que el muro era “un fenómeno ilegitimo producto de otro fenómeno igualmente ilegítimo, a saber, la ocupación israelí de tierra árabe”. Señaló que Israel simplemente estaba tratando de resolver sus problemas y temores demográficos a expensas del pueblo palestino.

 

“Los judíos tienen que darse cuenta de que la ocupación militar no les proporcionará seguridad. También deben entender que su enemigo no es el pueblo palestino, sino la ocupación, cuyo fin acabaría con el conflicto en la zona”.

 

Al-Sanie denunció que la mayoría de los israelíes, especialmente su gobierno y la clase dirigente militar, justifican la continua expansión de los asentamientos judíos por toda Cisjordania y a ambos lados del muro de “separación” con este temor.

 

Jueves 24 de Julio de 2008

SERIE DE HOJAS INFORMATIVAS “DETRÁS DE LOS BARROTES: MUJERES PALESTINAS EN PRISIONES ISRAELÍES”

 

Por Departamento de Derechos Humanos, Comité Democrático Palestino - Chile

“Serán atendidos con prioridad absoluta los casos de las mujeres encinta y de madres con niños de corta edad a su cargo, que sean arrestadas, detenidas o internadas por razones relacionadas con el conflicto armado.” Artículo 76 (2)

 

“Todo recluso recibirá de la administración, a las horas acostumbradas, una alimentación de buena calidad, bien preparada y servida, cuyo valor nutritivo sea suficiente para el mantenimiento de su salud y de sus fuerzas.” Artículo 20 (1)

 

INTRODUCCIÓN

Desde el inicio de la ocupación israelí en 1967, la población de los Territorios Palestinos ha sido víctima del mayor índice mundial de encarcelamientos. Se estima que más de 700.000 palestinos han sido detenidos por Israel, 10.000 mujeres entre ellos, lo cual constituye un 27% del total del pueblo palestino.

 

Entre 15-20 palestinos son arrestados diariamente por las fuerzas israelíes, lo que repercute negativamente en cientos de familias y demás estructuras sociales.

 

Las mujeres palestinas han jugado un papel fundamental haciendo frente a la ocupación israelí no sólo a nivel de política y social sino que, en ciertos casos, también militarmente. La mayoría de ellas han sido bien detenidas bien encarceladas en prisiones / centros israelíes. Desde el inicio de la segunda Intifada en el 2000, su número asciende ya a más de 700.

 

HECHOS

De acuerdo con cifras relativas a mayo del 2008, más de 9.080 prisioneros políticos palestinos se encuentran recluidos en prisiones, centros de detención y campos israelíes. Entre ellos cabe destacar 74 mujeres palestinas (incluidas 2 prisioneras de 16 y 17 años de edad de un total de 327 menores, y 17 madres con 60 niños). Un gran porcentaje no ha sido formalmente acusado de crimen alguno ni ha visto realizado su derecho a un proceso judicial.

 

Actualmente se cuentan 5.689 prisioneros sentenciados, 2.588 detenidos y 803 bajo detención administrativa. Este tipo de detención es legítimo de acuerdo con las órdenes militares aplicables en el Territorio Palestino Ocupado y la legislación nacional israelí. Oficialmente es una medida dirigida a prevenir el peligro que un individuo en particular posee para la seguridad del estado durante un corto periodo de tiempo. Sin embargo, el entendimiento del concepto seguridad del estado no ha sido definido de forma clara. Como consecuencia, el uso de la detención administrativa por arte del Estado de Israel viola las restricciones impuestas por el derecho internacional. Por medio de esta medida, miles de palestinos han sido detenidos durante largos periodos como meses e incluso años, sin haber sido debidamente procesados o informados de los cargos que se le imputaban. Aunque la posibilidad de recurrir la detención es posible desde un punto de vista teórico, en la práctica las órdenes militares obstruyen el acceso de los detenidos y el de sus abogados a los archivos necesarios los cuales son custodiados con total confidencialidad.

 

De un total de 73 prisioneras, únicamente 52 han sido sentenciadas, 5 de ellas a cadena perpetua, mientras que otras 11 recibieron condenas de más de 10 años de encarcelación. 21 mujeres continúan esperando ser juzgadas, y 6 se encuentran bajo detención administrativa.

 

A tres prisioneras residentes de Gaza se les ha negado el derecho a recibir visitas de sus familiares desde junio del 2007, fecha del inicio del aislamiento y asedio de la Franja por parte de Israel. Tampoco se les permite mantener comunicación telefónica con sus parientes.

 

Las prisioneras palestinas se encuentran repartidas entre tres prisiones distintas, particularmente en Telmond (Sharon), Neve Tirza (Ramleh) y Al-Jalameh (Kishon). La gran mayoría (93%) están recluidas en Telmond. Las tres instituciones están localizadas fuera de los límites del Territorio Palestino Ocupado lo cual constituye una flagrante violación del Artículo 76 del Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra (Convenio IV) que lee “Las personas protegidas inculpadas quedarán detenidas en el país ocupado y, si son condenadas, deberán cumplir allí su castigo.” La violación de esta norma no hace más que añadir mayor dificultad a las visitas por parte de familiares y el acceso de abogados.

 

Aunque el recurso a la tortura está expresamente prohibido tanto por la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CCT, 1987) como por el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (PIDCP, 1966), instrumentos estos ratificados por Israel, existen sin embargo casos documentados por organizaciones de derechos humanos. Algunas mujeres han denunciado haber sido encadenadas durante nueve horas consecutivas durante el interrogatorio además de haber sufrido intimidaciones, amenazas y humillaciones. No es raro que se les prive de sueño e incluso que sean golpeadas. Tras su arresto, son raramente informadas de los cargos que se le imputan o el lugar donde están siendo transferidas. Otras han confesado incluso haber sufrido maltratos físicos ante sus propios hijos.

 

Las prisioneras sufren condiciones extremas de detención debido a la escasez y calidad de la comida, el hacinamiento de las celdas, camas incómodas, falta de luz natural debido a las cortinas de hierro que cubren las ventanas, privación de los mínimos estándares relativos a servicios médicos e higiene, y aislamiento del mundo exterior.

 

La prevención de visitas de familiares, incluidos los mismos hijos, es una práctica común. Como consecuencia, las presas se ven obligadas a mantener contacto con sus seres queridos a través de sus abogados. El uso de teléfonos está terminantemente prohibido y el correo se encuentra limitado; las cartas sólo pueden ser enviadas a través de delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) una vez éstas han sido comprobadas por oficiales de seguridad.

 

A lo largo de los años, se han dado casos de mujeres embarazadas encarceladas. Esto produce gran preocupación puesto que el encarcelamiento de mujeres en cinta supone un gran riesgo no sólo para la futura madre, sino también para el parto así como posterior crecimiento y desarrollo del recién nacido. Numerosos factores de riesgo durante el embarazo junto con una dieta nutricionalmente pobre, la falta de historiales obstétricos, altos niveles de ansiedad, depresión y falta de cuidados adecuados, pueden tener consecuencias fatales.

 

En la actualidad, dos prisioneras se encuentran recluidas incomunicadas prohibiéndoseles todo contacto con otras presas. Aunque esta forma de castigo ha sido aceptada por el DIH, tal confinamiento jamás debe ser impuesto a prisioneras de salud delicada, y debe estar siempre acompañado por visitas diarias por parte de un oficial de medicina.

 

ABANDONO MÉDICO DE MUJERES PALESTINAS EN PRISIONES ISRAELÍES

Las condiciones generales de salud de las prisioneras pueden ser calificadas de pobre. Actualmente el 25% de ellas sufre algún tipo de enfermedad tratable.

 

No es raro que experimenten pérdida de peso, debilidad, anemia y falta de hierro debido a la escasa cantidad de comida y la ausencia de los nutrientes dietéticos necesarios. Si eso no fuera bastante, las prisioneras también están expuestas a tratos severos (castigos físicos y psicológicos, y humillación) por parte de los oficiales encargados de los centros penitenciarios los cuales no tienen en cuenta las condiciones y necesidades especiales de las presas enfermas ni de las embarazadas. Todos estos factores contribuyen al sufrimiento de las futuras madres que no cuentan con los cuidados médicos y condiciones necesarias ni con una dieta especial apropiada a sus circunstancias.

 

Condiciones de encarcelación difíciles como la falta de aire fresco y luz natural, humedad en el invierno, calor durante el verano, insectos, suciedad, hacinamiento en las celdas, dietas pobres junto con el estrés, y el sufrimiento que conlleva la falta de comunicación con sus familiares, pueden derivar en perturbaciones menstruales.

 

Muchas de las presas sufren de reumatismo y problemas dermatológicos debido a la humedad que se filtra en sus celdas durante el invierno. En contraste, el verano trae consigo la falta de ventilación y aire fresco, y la prevalecía de cucarachas y otros insectos que contribuyen en la proliferación de enfermedades cutáneas. A pesar de ello, las autoridades penitenciarias se han negado a facilitar productos de limpieza.

 

Las prisioneras que padecen de enfermedades tratables como asma, diabetes, problemas relacionados con el riñón, anemia, cáncer y ataques, no disfrutan de una atención médica adecuada. Las enfermedades oculares empeoran debido a las condiciones de encarcelación como la ausencia de luz del sol. Sus necesidades nutricionales no son tenidas en cuenta.

 

LA FALTA DE PERSONAL CUALIFICADO, RECURSOS Y CUIDADOS MÉDICOS ESPECIALIZADOS

La falta de personal cualificado para atender las necesidades físicas y mentales de las prisioneras da lugar a largos retrasos en la provisión de atención médica y tratamientos de mala calidad e interrumpidos lo que acentúa el deterioro físico de aquellas presas que padecen enfermedades crónicas y degenerativas como cáncer. Más aún, los tratamientos dirigidos a la salud mental destacan por su ausencia.

 

Hasta la fecha, las prisiones y centros de detención no disponen de servicios ginecológicos a pesar de que las prisioneras se han venido quejando larga y continuamente de tal ausencia exigiendo visitas ginecológicas regulares. Cuando las presas necesitan ser hospitalizadas en instituciones israelíes, el cuidado ginecológico que se les ofrece no tiene en cuenta las diferencias culturales lo cual causa mayor estrés entre las pacientes. En el caso de mujeres palestinas solteras, los doctores palestinos hacen uso de exámenes internos como última opción recurriendo siempre en primer lugar a escáneres abdominales o generales. Algunas mujeres han denunciado que tal opción no les fue ofrecida en los hospitales israelíes. Actualmente, 3 mujeres necesitan de cuidados especiales mientras que otras 8 han exigido visitar a un ginecólogo fuera de la prisión.

 

El cuidado dental facilitado por las autoridades penitenciarias – particularmente en la prisión de Telmond -es inadecuado. Tres mujeres con problemas dentales importantes han venido exigiendo desde el pasado 2003, permiso para ser tratadas dentro de la prisión por un dentista de fuera a su propio cargo. Sin embargo, sus exigencias han sido rechazadas por 5 años consecutivos.

 

Algunas de las prisioneras padecen de desórdenes causados por estrés post-traumático y por depresión debido no sólo a las violaciones de derechos humanos de las que son víctimas en prisión (condiciones de encarcelación y detención extremas, falta de contacto con sus familias, etc.) sino también por experiencias relacionadas con la ocupación anterior a su ingreso en prisión. Aquellas prisioneras recluidas por largos periodos de tiempo necesitan de cuidados psicológicos especiales. En la actualidad, existen dos casos que requieren terapia profesional. Sin embargo, ninguna prisión facilita estos servicios.

 

Como resultado de la presión ejercitada por los abogados desde el comienzo del proyecto “Protección de Prisioneras y Detenidas Palestinas en Prisiones Israelíes” en enero del 2008, las autoridades de la prisión de Telmond han autorizado la visita de dos psicólogos, dos visitas de un dentista y una visita de un doctor especializado en medicina ortopédica. La primera visita de un ginecólogo está prevista para mediados de Junio. Desafortunadamente, las autoridades penitenciarias retienen el privilegio de dictaminar cuando la visita es o no necesaria. Ningún acuerdo ha sido alcanzado el cual permita la continuación de visitas de doctores especializados, las cuales pueden ser negadas en cualquier momento.

 

MUJERES EMBARAZADAS ENCADENADAS

Entre los años 2003 y 2008, cuatro mujeres presas han dado a luz en circunstancias extremas recibiendo cuidados pre y post natales insuficientes. Entre ellas, se incluye el caso de A.M., una mujer de poco más de cuarenta años procedente de la Franja de Gaza y que en la actualidad continúa siendo prisionera junto a su hijo de 5 meses.

 

Las presas que están a punto de dar a luz son trasladas al hospital encadenadas de pies y manos, y bajo estricta supervisión militar. A su llegada al hospital, las parturientas son encadenadas a sus camas hasta que acceden a la sala de partos. Tras el parto, las cansadas madres vuelven a ser encadenadas a sus respectivas camas. Esta es una experiencia que deben afrontar solas puesto que la visita de familiares está prohibida.

 

El encadenamiento anterior al parto posee la potencialidad de causar complicaciones como hemorragias o descenso del latido cardíaco del futuro bebe. En caso de que la intervención mediante cesárea sea necesaria, un retraso de tan solo 5 minutos puede tener consecuencias catastróficas (por ejemplo, daños permanentes en el cerebro del bebe).

 

A TRAVÉS DE SUS PROPIOS OJOS

EL TESTIMONIO DE UNA DETENIDA EMBARAZADA

A.M., una embarazada de poco más de 40 años procedente de Gaza y madre de 8 niños, fue arrestada en el paso de Beit Hanoun (Erez). Tras su arresto, fue trasladada a la prisión de Hasharon. En vista de su edad, A.M. necesitaba de un mayor nivel de cuidados y supervisión médica. Sin embargo, sufrió una preocupante pérdida de peso a la vez que fatiga general debido, entre otras cosas, a la calidad y escasez de la comida y las severas condiciones de encarcelamiento. En enero del 2008, sintiendo los primeros dolores del parto, la detenida fue trasladada al Hospital Meir en Kfar Saba donde la encadenaron de pies y manos hasta inmediatamente antes de su acceso a la sala de partos. Tras el parto, A.M. fue nuevamente esposada. Tuvo que sufrir esta experiencia inhumana completamente sola puesto que tanto a su marido como a familiares, todos ellos residentes de Gaza, se les negó el necesario permiso para visitarla.

 

A.M. describe su dolorosa historia: “Tras el parto, me encadenaron una mano y una pierna a la cama. Permanecí en esta posición durante varias horas antes de que me llevaran de vuelta a mi habitación. Me permitieron ver a mi bebe tan solo dos veces al día para que lo alimentase”. A.M. continúa detenida en la prisión de Telmond por portar explosivos con el fin de ejecutar una acción militar aunque no ha sido formalmente acusada todavía. Después de 6 meses desde el nacimiento de su bebe, éste no conoce aún a su padre ni a sus hermanos.

 

OBLIGACIONES DE ISRAEL DE ACUERDO AL DERECHO INTERNACIONAL

El Estado de Israel está obligado a respetar, proteger y cumplir los derechos contemplados en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CCT,1987), el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, (PIDCP, 1966) y el Convenio IV de Ginebra (1949) como estado parte de tales tratados. En cuanto a los documentos elaborados bajo el marco de las Naciones Unidas relativos al tratamiento de prisioneros, aunque si bien no son instrumentos legalmente vinculantes, se les debe conceder la debida importancia como principios elaborados por las Naciones Unidas y como herramientas de gran importancia en el campo de los derechos humanos.

 

Numerosos instrumentos internacionales reconocen el derecho a la salud de las mujeres, tanto prisioneras como civiles, en tiempos de conflicto:

 

- La Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, 1969.

 

- Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra de 1949.

 

- Declaración sobre la protección de la mujer y el niño en estados de emergencia o de conflicto armado de 1974.

 

- Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de Reclusos de 1955.

 

- Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la Protección de las Víctimas de los Conflictos Armados Internacionales, 1977.

 

- Principios Básicos para el Tratamiento de los Reclusos, 1990.

 

- La Declaración y Plataforma de Acción de Pekín, Conferencia de la ONU sobre la Mujer, 1995.

 

Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer de 1981 y su Protocolo Facultativo de 1999.

 

- Convención sobre los Derechos del Niño, 1990, y su Protocolo Facultativo relativo a la participación de niños en los conflictos armados, 2002.

 

Para más información sobre la temática de derechos humanos de mujeres palestinas en prisiones israelíes, por favor contacte con la dirección de correo electrónico info@aseerat.ps

 

Addameer

Mandela Institute

Palestinian Counselling Center

La Serie de Hojas Informativas “Detrás de los Barrotes: Mujeres Palestinas en Prisiones Israelíes” es publicada como parte del proyecto “Protección de Prisioneras y Detenidas Palestinas en Prisiones Israelíes” fundado por el Gobierno de España en favor de UNIFEM como un proyecto de la ONU implementado por las siguientes organizaciones no gubernamentales palestinas: Addameer, Prisoners’ Support and Human Rights Association, Mandela Institute for Human Rights y Palestinian Counselling Center (PCC). Las opiniones aquí expresadas pertenecen a los mismos autores y no representan necesariamente la opinión de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), UNIFEM, Naciones Unidas o cualquiera de sus organizaciones afiliadas.

 

Con el apoyo de:

                                   - El Consulado General de Agencia Española

                                   - España de Cooperación Internacional en Jerusalén

 

Miércoles 23 de Julio de 2008

DESHEREDADOS

 

Por Antonio Pampliega, Público.es

Un cuarto de millón de refugiados palestinos vive hacinados en campamentos repartidos por Líbano

 

Dos carros blindados del Ejército libanés custodian la entrada al asentamiento de Nahar al Bared, situado en la ciudad de Trípoli a 85 kilómetros al norte de Beirut. Los días de esplendor de este campo de refugiados palestinos (fue el segundo en importancia de todo el Líbano) son cosa del pasado. Hoy, la tristeza y la desolación son las únicas a las que no se les veta la entrada a esta ciudad fantasma. Lo que fue uno de los centros neurálgicos de los refugiados palestinos (daba cobijo a más de 30.000 personas) está arrasado. Sólo los escombros y las casas derruidas dan una idea de lo que fue este asentamiento.

 

“Los milicianos de Fatah al Islam atacaron varios puestos del Ejército libanés en Trípoli, causando varios muertos e importantes destrozos. Los guerrilleros se refugiaron en el interior del campamento de Nahar al Bared y se hicieron fuertes”, explica a Público un oficial del ejército libanés que nos acompaña en el recorrido por el perímetro exterior de esta urbe devastada. “Después de tres días de intensos combates, el 23 de mayo de 2007 se firmó un alto el fuego para que la ONU entrara al campo de Nahar al Bared a suministrar ayuda humanitaria y agua a los refugiados. Cuando se disponía a abandonar el asentamiento, francotiradores de Fatah al Islam abrieron fuego contra ellos”, relata el sargento Ahmad Talal.

 

“Visto que la situación no mejoraba, nos vimos obligados a utilizar medidas más drásticas para acabar con los milicianos y usamos fuego de mortero sobre la ciudad para hacerlos salir. Fue una dura batalla que duró casi tres meses y donde murió mucha gente; entre ellos soldados libaneses, guerrilleros y civiles. Nosotros intentamos causar el menor daño posible a los civiles, pero los milicianos se mezclaban entre la población y era imposible distinguir quién era el terrorista”, trata de justificarse el sargento.

 

CERRADO A CAL Y CANTO

Nahar al Bared, un año después de la tragedia, permanece cerrado a cal y canto. No se puede acceder al interior del campamento a no ser que se tenga un permiso especial que tarda dos meses en tramitarse. “Sí, por supuesto, los trabajos de reconstrucción han comenzado y van a buen ritmo”, afirma el oficial mientras se atusa el bigote. Pero desde el exterior no se ven máquinas trabajando en el desescombro de las casas para comenzar con la reconstrucción, sólo soldados, fuertemente armados, custodiando todo el perímetro. Junto al antiguo campo de refugiados se ha levantado el nuevo Nahar al Bared pero no es ni una ínfima parte de lo que fue el anterior. La mayoría de los habitantes ha preferido emprender su vida lejos de lo que fue durante décadas su hogar.

 

La Agencia de Naciones Unidas para la Ayuda de los Refugiados Palestinos (UNRWA) ha estimado que el coste de la reconstrucción de este campamento superaría los 300 millones de dólares. Hasta el momento, nadie ha puesto ni un euro y las ruinas permanecen inmutables al paso del tiempo.

 

A unos cinco kilómetros de Nahar al Bared se levanta el campo de refugiados de Beddawi. Este enorme asentamiento acogió a la práctica totalidad de la población civil que huía de los combates.

 

“Nosotros acogimos al 70% de los refugiados”, explica a Público el líder palestino Abu Amara, responsable del campamento. “Como no teníamos medios para alojarlos a todos tuvimos que habilitar la escuela para que pudieran dormir los primeros meses”, continúa Amara.

 

CALOR INSOPORTABLE

“La UNRWA comenzó a levantar viviendas prefabricadas, pero al ser de metal, en verano el calor era tan intenso que era imposible vivir dentro, por lo que nosotros tuvimos que sufragar los costes de nuevas viviendas y levantarlas nosotros mismos”, relata Amara apurando una taza de té mientras habla sin cesar de la precaria situación de quienes huyeron de Nahar al Bared.

 

Amara viste con las ropas de camuflaje del Ejército palestino. Todo el mundo sabe quién es y le paran en la calle para saludarle. “Aquí soy como el primer ministro”, se jacta. La gente le respeta y le quiere. Tras él, su guardia pretoriana, cinco milicianos fuertemente armados con Kalashanikov, vigilan todos los movimientos de su líder.

 

El asentamiento de Beddawi da una idea muy clara de la situación. Calles angostas y sin asfaltar, sucias, donde la basura se acumula en las aceras; las paredes están decoradas con cárteles que hacen referencia al “genocidio palestino” como lo califican ellos, con fotografías de Arafat o de mártires que han atentado contra Israel y a los que se venera con auténtica devoción. Algunas tímidas banderas amarillas de Hizbolá decoran las fachadas de los edificios pero aquí predominan cuatro colores: el negro, el rojo, blanco y el verde, los que forman la bandera palestina. Todos los que viven en Beddawi son palestinos, situación que se repite en todos los campamentos de refugiados del Líbano.

 

Amara nos invita a una humilde casa donde su propietaria, una anciana de avanzada edad y que tiene un sencillo bastón como compañero de viaje, habla sobre su desgracia. “Tenemos que dormir en colchones sobre el suelo y usar los zapatos como almohada. Nadie nos ayuda”, relata Em Mahmoud. “¡No somos perros, somos palestinos!, pero no nos quieren en ningún lado. Somos los desheredados de palestina”, continúa la mujer, que no puede aguantar las lágrimas y se derrumba gritando que quiere morir en palestina, en su casa. La imagen se repite. El lamento y las lágrimas. “Todos vivíamos mejor en Nahar al Bared pero nadie hace nada por reconstruirlo. Yo tenía una casa de dos plantas, donde vivía con toda mi familia. Ahora sólo tengo dos habitaciones donde dormimos 11 personas”, se lamenta Rafe, un granjero que se vio obligado a abandonarlo todo para salvar a su familia. Rafe sufre de cataratas en el ojo derecho, del que casi ha perdido la visión completa, pero no recibe ninguna ayuda médica.

 

La extrema pobreza es el pan nuestro de cada día en Beddawi. Los más perjudicados son aquellos que se vieron obligados a huir al amparo de la noche de Nahar al Bared para salvar sus vidas. Lo han perdido todo y sobreviven en este nuevo asentamiento gracias a la caridad de Amara y sus hombres que tratan de abastecerles de todo lo que necesitan. Sólo las risas de los niños jugando por la calle son capaces de romper con la tristeza que se respira en Beddawi.

 

LA MISMA ESTAMPA EN BEIRUT

Un enorme cartel con el escudo de Al Fatah, organización fundada por Yasser Arafat entre 1957 y 1959, preside la entrada al campamento de Burj el-Barajneh, que con 45.000 personas tiene el dudoso honor de ser el más importante de Beirut.

 

“Este campamento se fundó en 1948 [el año en que se fundó el Estado de Israel] y vinimos para quedarnos sólo unos meses, porque pensábamos que era una situación pasajera, pero ya va para 60 años”, explica a Público Abu Bader, máxima autoridad del campamento. Bader tiene más pinta de político que de miliciano. No lleva uniforme, sino pantalones de pinzas y camisa de cuadros.

 

Durante los primeros años, la UNRWA se volcó con ellos prestándoles toda la ayuda humanitaria. “Gracias a ellos conseguimos salir adelante”, puntualiza Bader. Los refugiados palestinos de Burj el-Barajneh contaron con ayuda de otros países árabes que se solidarizaron con su causa y mensualmente entregaban 100 dólares a cada familia. Pero la situación cambió radicalmente tras la guerra civil. “Al Fatah utilizó el dinero y la ayuda humanitaria para sus fines y compró armas para usarlas contra los cristianos, causando un baño de sangre. Al final quienes sufrieron las consecuencias fueron los civiles que dejaron de recibir ayuda de los países árabes”, dice mientras apura el tercer cigarrillo.

 

Actualmente, el asentamiento de Burj el-Barajneh sólo recibe la ayuda humanitaria de la UNRWA y muy puntualmente de Al Fatah y de Hamás, que entregan dinero a sus afines, lo que provoca graves enfrentamientos dentro del campamento; ya que las facciones tienden a luchar por el control de determinados barrios. “Todo el mundo va armado aquí. No para luchar contra el Ejército libanés, sino para defenderse de los propios palestinos”, admite Bader. Burj el-Barajneh dispone de dos hospitales que no dan abasto y que sólo tienen capacidad para atender pequeñas intervenciones. Les faltan materiales y les sobra suciedad y ganas de ayudar. La última tecnología de la que disponen es una máquina de Rayos X con más de 20 años de servicio. Las urgencias son derivadas a los hospitales de Beirut. Pero el problema que esto supone es que deben hacerse cargo de las facturas. Es decir, que los palestinos deben correr con todos los gastos. “La gente pide dinero a la familia, a los vecinos e incluso a nosotros mismos, todos tratamos de colaborar porque en el futuro nosotros podemos necesitar ayuda”, explica Bader.

 

La sanidad es utilizada por el Gobierno de Fuad Siniora para tratar de conceder la nacionalidad libanesa a los palestinos. “Israel y EE.UU. han prometido a Siniora 5.000 millones de dólares sin logra que los palestinos nos nacionalicemos. Así Israel nos impediría regresar a nuestras casas. [Siniora] nos promete sanidad gratis si accedemos, de lo contrario no nos ayuda en nada - desvela Bader-. Pero Hizbolá nos alienta a que sigamos siendo fieles a nuestra nación a palestina”.

 

Martes 22 de Julio de 2008

EN EL CHECK POINTS DE BELÉN: EL MURO DE LAS LAMENTACIONES

 

Por Laura Raíces, Rebelión

Para entender la estructura y extensión del muro construido por Israel en palestina basta con imaginar enormes corrales con miles de personas en su interior controladas con lupa, donde solo unos pocos pueden entrar y salir. Quienes permanecen dentro sufren además humillaciones, matanzas y destrucciones de sus hogares y comercios. Así considera el gobierno israelí a los palestinos, como un ganado a exterminar.

 

Hace una semana he vuelto de palestina y he podido observar la inmensidad que tiene el Muro del Apartheid construido por Israel, lo cierto es que en comparación el muro de Berlín resulta minúsculo. El muro que cerca las zonas palestinas tiene 10 m. de alto y una extensión actual de 413 Km. (de los 786 Km. proyectados), en comparación, el muro berlinés tenía 3,6 m. de alto y una extensión de 160 Km. Pero más allá de las cifras, el muro israelí implica la persistencia diaria de querer destruir un pueblo que además es patrimonio de una de las culturas más antiguas, Como si vivir dentro de cuatro paredes fuera poco, además se los condena a ver como matan a sus hijos, a la destrucción constante de sus hogares, al robo del agua, al encarcelamiento diario y a millones de maltratos que los humillan constantemente.

 

Lo cierto es que las consecuencias del muro son enormes e innumerables, una de las experiencias que me ha tocado vivir hace solo dos semanas ha sido presenciar el control israelí en el muro que separa Belén de Jerusalén este. Es importante aclarar que ambas zonas corresponden a palestina, con la diferencia que Jerusalén posee una soberanía compartida entre Israel (Jerusalén oeste) y palestina (Jerusalén este), eso en teoría. Lo cierto es que el muro israelí ha dividido ilegalmente Belén de Jerusalén este, por lo cual cuando un palestino quiere pasar de un lado al otro de sus tierras debe pasar un control israelí que irrisoriamente les pedirá tener un permiso especial para poder entrar a Jerusalén este, es decir, a sus propias tierras. Por lo cual la ilegalidad de este control se cumple abiertamente y en todos los puntos.

 

LOS CHECK POINTS

Este punto de control en Belén es fundamental para los palestinos, ya que dado el bloqueo impuesto por el muro muchos de ellos buscan trabajar en Jerusalén…y los israelíes lo saben, precisamente por eso los humillan a diario. Hace solo dos semanas hemos presenciado, junto a un grupo con el que he viajado, como funciona el check poíno (punto de control) de Belén y la experiencia ha sido tan dura e inhumana que nos dejó a muchos con el corazón en la boca y más perplejos ante la irracionalidad israelí.

 

Llegamos alrededor de las 4:30 de la mañana, si bien nos habían informado de la situación con la que nos encontraríamos, el chocarse cara a cara con esa realidad superó lo que esperábamos ver. El check poíno se asemejaba más a un campo de concentración que a un punto de control, lo cierto es que esperaba encontrarme con una entrada similar a cualquier punto fronterizo donde los militares controlen quienes pueden o no pasar.

 

Este control debería estar abierto las 24 horas para cualquier persona que desee cruzar el muro, pero como la lógica israelí consiste en hacer la vida imposible a los palestino violando constantemente la legalidad, el control lo abren alrededor de las 5 de la mañana. La entrada consiste en una un camino muy estrecho formado por barras de acero y un techo de chapa, dando la sensación de que se está entrando a un sistema carcelario. La mayoría de las palestinos que cruzan este control saben que son seleccionados cuidadosamente para poder trabajar en Jerusalén, pero con eso no es suficiente, todos aquellos que deseen pasar deben demostrar tener un permiso que les permita entrar a Jerusalén este (recordemos que Jerusalén este es zona también palestina pero ocupada por los israelíes). A su vez, los permisos son de muy corta duración ya que la principal lógica israelí consiste en hacer la vida imposible al palestino. En el caso de que, por ejemplo, sea un permiso laboral debe renovarse cada tres meses, por lo cual ningún palestino puede llegar tarde a trabajar a Jerusalén, un despido significaría perder la entrada a Jerusalén y con ello las posibilidades de conseguir un trabajo que les permita vivir en Belén. Tan terrible es la imposición de este muro que incluso quienes pueden atravesarlo llegan a considerarse afortunados, salvos los israelíes, claro, que pueden entrar y salir a cualquier zona palestina.

 

Debido a este miedo constante de perder el trabajo muchas personas ya están desde temprano haciendo la cola para pasar el control israelí, y muchos otros pasan la noche para poder estar primeros en el control. Al llegar no sabíamos realmente como actuar y cómo tomarían los palestinos nuestra presencia allí, la humillación de tener que pasar todos los días este control y que para colmo estemos nosotros ahí para verlo podía ser interpretado como una humillación mayor. Lo cierto es que los palestinos nos han sorprendido durante todo el viaje, tiene una humanidad tan grande que nos han hecho avergonzarnos de nuestra egoísta forma de actuar o pensar. Apenas llegamos un palestino a la entrada nos ofreció un café. Nos acercamos un poco hasta donde empezaba la cola, mientras la gente nos saludaba y hacían bromas. Preguntamos entonces desde que hora estaban, muchos nos contaban que desde las tres de la mañana esperando que a las cinco abran el control.

 

Nuestro contacto con una ONG nos permitió acceder al check poíno, esta organización se dedica a controlar dos o tres veces por semana de qué manera se realiza el control y elaborar luego informes que presentan a determinados organismos para denunciar esta situación. Accedimos así, junto a esta ONG, hasta el principio de la cola, aunque no sabíamos si los palestinos nos dejarían o no pasar, pero nuevamente nos sorprendieron, no solo nos dejaron pasar sino que con sus manos iban formado un puente para que pasemos más fácilmente. Al llegar al principio de la cola se observaba una entrada enrejada formada por una puerta giratoria de barras de metal, en suelo de esa entada 6 o 7 mujeres sentadas aguardaban al principio de la fila, ya que los palestinos consideran que las mujeres y los niños tienen el privilegio de pasar antes que los hombres. Cuanto más estábamos con los palestinos más admirábamos su valor y humanidad, mientras esperábamos que se abriera la puerta de control los palestinos bromeaban entre sí y con nosotros, tienen una particular forma de bromear en las perores situaciones, como una forma de mantenerse vivos. Incluso muchas personas que llegaban tarde a la cola se colaban por encima de los barrotes (como se ve en la imagen más arriba), ante lo cual nuestra reacción fue indignarnos ante la injusticia de que muchas personas llevaban toda la noche esperando como para que alguien se les colase, pero una vez más la solidaridad palestina nos demostró que los equivocados éramos nosotros, se enojaban solo unos segundos con quien se había colado y enseguida ya estaban bromeando con él, porque entendían que también era un trabajador que tenía que pasar al otro lado y que por algún motivo se le había hecho tarde para llegar, pero que estaba sufriendo las mismas circunstancias que ellos, por lo cual no era justo que encima se enojaran con él, porque entendían y compartían su dolor. Enseguida me sentí avergonzada, agaché la cabeza y una vez más me di cuenta cuanto me quedaba por aprender de esta gente con un corazón tan grande que no hay muro que lo abarque.

 

A las 5 y 10 se acerca a la puerta del control un joven de no más de 25 años, justo por detrás de la puerta giratoria hay un puesto de control enfrente del cual se sitúa un detector de metales. El joven tranquilamente comienza a abrir la puerta giratoria (siempre desde su cabina), al desbloquear la puerta giratoria los palestinos comienzan a pasar, y cada cierto número el soldado israelí bloquea la puerta, lo importante era que el numero nunca fuera exacto, a veces dejaba pasar a 3 a 5 a 4 a 2, de tal manera que los palestinos no puedan calcular cada cuantos se bloqueaba la puerta y de esta manera sientan no solo el desconcierto sino las barras de metal que les da en la cara al bloquearse de pronto la puerta. Lo mismo hacía el soldado para controlar el tiempo que tardaba en volver a abrir la puerta, cada 5 minutos, 10, depende del grado de odio hacia los palestinos que tuviera esa mañana.

 

Un vez que pasaban la puerta los palestinos debían enseñar en alto el permiso que les habilitaba a pasar hacia Jerusalén e inmediatamente enfrentarse al detector de metales, en este caso el militar israelí (desde su cabina, claro) empeñado en humillarlos, ni siquiera los miraba a la cara, mientras que los palestinos enseñaban en alto que tenían el dichoso papel, ellos mismos nos contaban que dependiendo del humor del soldado a veces verificaban cada uno los permisos (lo cual eternizaba la entrada) y otras veces los dejaban pasar mostrando el permiso en alto pero sin siquiera mirarlos a la cara. Por lo cual era muy difícil de calcular cuanto tiempo podía tardarse en pasar el check poíno. Pero el control recién empezaba.

 

Una vez que pasaban el detector, los palestinos tenían que correr casi medio kilómetro para llegar al siguiente punto de control, una vez dentro se formaba una segunda cola donde nuevamente debían pasar por un detector de metales. Aquí nuestro grupo ya se había dividido en dos, mientras unos mirábamos lo que sucedía en el primer control el resto del grupo ya estaba observando el segundo control, luego decidimos cambiarnos para poder observar el segundo control y aquí vemos como dos militares caminan detrás del primer grupo que regresaba, pero manteniendo cierta distancia. Cuando nuestro grupo se dirige entonces al segundo control, los militares (que no parecían mayores de 18 años) nos siguen. Llegamos entonces al segundo control donde se habían formado dos filas para pasar el detector de metales, a la vez que arriba de ellos se veía una plataforma desde la cual los dos militares que nos habían seguido ahora nos estaban observando. Si bien este control se hacía eterno para los palestinos que debían ir a trabajar, la persona de la ONG que nos acompañaba nos comentaba que hoy se había agilizado bastante la entrada ya que los militares querían darnos una buena imagen de que se portaban bien con los palestinos… ¡menos mal que lo aclaró!

 

Para pasar el detector debían quitarse todo aquello que pudiera hacer sonar la alarma, incluso algunos calzados que tuvieran hebilla de metal. Pasaban así al tercer y último control que consistía en una máquina que detectaba las huellas dactilares de las personas como si fueran criminales, debían poner allí sus manos mientras los militares desde una cabina les hacían preguntas, pero nunca se enfrentaban cara a cara con un palestino, como si pudieran contagiarles algo de humanidad… o tal vez era que se les caía la cara de vergüenza y necesitan un muro para ocultarse.

 

Finalmente, tras toda esta odisea, lograban pasar a la otra parte del muro, solo para ir a trabajar por unas horas a Jerusalén y volver a pasar estos mismos controles a la vuelta para poder llegar a su casa con su familia, si es que aun los israelíes habían dejado en pie la casa o su familia.

 

Esta reseña no es más que una de las consecuencias del muro que los palestinos deben sufrir a diario y de la cual deberían avergonzarse y lamentarse los israelíes a diario de la misma manera que lo hacen sobre el muro de las lamentaciones.

 

Lunes 21 de Julio de 2008

LAS DIVERSAS CARAS DE LA OPRESIÓN ISRAELÍ EN PALESTINA:

CUATRO MUROS PARA ENCERRARLOS A TODOS

 

Por Julien Salingue, juliensalingue.com /Rebelión

Traducido por Caty R.*

Este artículo es el último que pongo en línea antes de mi partida. No voy a intentar, sería imposible, hacer un resumen de las 11 semanas pasadas en los territorios palestinos. En vez de eso trataré de presentar una síntesis de lo que considero los cuatro componentes esenciales de la opresión israelí.

 

Todo el mundo sabe que desde el año 2002 Israel está construyendo un muro gigantesco en Cisjordania. Lo que no se observa con frecuencia es que ese enorme muro de hormigón no es el único que ha erigido el Estado de Israel, aunque es el más obvio. Efectivamente, en la actualidad los palestinos chocan con cuatro muros que les impiden llevar una vida digna y conseguir sus derechos nacionales: un muro de hierro, un muro de alambre, un muro de cristal y un muro de hormigón.

 

EL MURO DE HIERRO: EL EJÉRCITO ISRAELÍ

“Aparte de los que están prácticamente ‘ciegos’ desde la infancia, todos los sionistas moderados han comprendido hace mucho tiempo que no existe la más mínima esperanza de obtener el acuerdo de los árabes de la tierra de Israel para que ‘palestina se convierta en un país con una mayoría judía (…) La colonización sionista, incluso la más limitada, debe completarse, es decir, llevarse a cabo ignorando la voluntad de la población autóctona. Por lo tanto, dicha colonización sólo puede seguir y desarrollarse bajo la protección de una fuerza independiente de la población local: un muro de hierro que la población autóctona no pueda atravesar” (1).

 

Esas líneas fueron escritas a principios de los años 20 por Vladimir Jabotinsky, líder de la corriente “revisionista sionista” de la que surgió el Likud y, entre otros, los primeros ministros Begin, Shamir y Sharon. Dichas líneas describen la doctrina del “muro de hierro”: en la medida en que los árabes de palestina se opondrán a la creación de un estado judío en un territorio en el que son ampliamente mayoritarios, el movimiento sionista debe dotarse de un ejército poderoso, apoyado por los países imperialistas, que favorecerá la colonización y que, cuando llegue el momento, permitirá a los judíos imponer un hecho consumado a la población autóctona.

 

A pesar de la posición minoritaria de la corriente revisionista en el movimiento sionista (dominado por los laboristas de Ben Gurion), la doctrina del muro de hierro tiene muchos imitadores y en realidad fue uno de los factores que condujo a la creación de diversas milicias judías armadas; las más famosas fueron la de Haganá (creada en 1920), Irgun (1931) y el grupo Stern (1940). Estas milicias aterrorizaron a los habitantes árabes y fueron responsables de la salida forzosa de 800.000 personas durante los años 1947-49. Fue el grupo Stern, dirigido por Menahem Begin, el que perpetró la masacre de Deir Yassin en abril de 1948. Después de la declaración de independencia de Israel, la Haganá constituyó la columna vertebral del ejército israelí, el Tsahal, que absorbió rápidamente a las demás milicias.

 

Desde los orígenes del Estado de Israel, el componente militar ha desempeñado un papel clave para llevar a cabo la limpieza étnica indispensable para el establecimiento del estado judío sobre un territorio poblado mayoritariamente por no judíos. El muro de hierro, el ejército, sigue siendo actualmente uno de los pilares fundamentales de la política israelí. La lista de generales que se han convertido en ministros o primeros ministros es demasiado larga para citarla aquí, pero incluye, por ejemplo, a los generales Allon, Dayan, Rabin, Sharon, Barak, Ben Eliezer, Zeevi o Mofaz… En el parlamento actual los generales representan el 10% de los cargos elegidos. Cuando los generales pasan a la vida política no dejan de ser militares y este hecho dirige sus decisiones y grandes orientaciones políticas, como demostró ampliamente la añorada Tanya Reinhardt (2).

 

Además, “Israel es el único país democrático en el que el jefe del ejército asiste a todas las reuniones del gobierno” (3). Y además, “los generales tienen un arma que ningún político puede permitirse el lujo de ignorar: el control absoluto de los medios de comunicación. Casi todos los «corresponsales» y «comentaristas» militares son obedientes servidores del jefe del ejército y publican, como si se tratase de sus propias opiniones, las instrucciones del jefe del Estado Mayor y sus generales” (4). Este poder de los generales sobre los medios de comunicación permite mantener un clima de miedo permanente en una sociedad impregnada de contradicciones pero en la que el temor a la agresión extranjera y la unidad nacional, tras las operaciones militares, son sus cimientos. Por lo tanto, así se legitima un presupuesto militar faraónico: los gastos militares por habitante son 15 veces superiores en Israel que en Estados Unidos. El ejército israelí es uno de los más importantes del mundo y, con mucho, la primera fuerza militar de la región y la única potencia nuclear de Oriente Próximo.

 

El muro de hierro que quería Jabotinsky, entendido como un poderoso ejército que desempeña un papel principal en el desarrollo del proyecto sionista apoyado por los países imperialistas existe, por lo tanto, claramente. En la actualidad se encarna en la ocupación militar de Cisjordania y el asedio de Gaza. Los palestinos de los territorios ocupados son los testigos y víctimas directas de las decisiones que guían la política represora de las autoridades de la ocupación desde hace 60 años. Sus enfrentamientos cotidianos con el ejército en los puestos de control, las redadas o los miles de procesos judiciales militares, son la trágica ilustración de esta primera dimensión de la opresión israelí: la imposición, por la fuerza, de los hechos consumados del sionismo.

 

La tarea asignada al muro de hierro definido por Jabotinsky hace 85 años, es más actual que nunca: “Afirmamos que el sionismo es ético y justo. Y puesto que es ético y justo, se tiene que hacer justicia con independencia de que José, Simón, Iván o Ahmed estén de acuerdo o no” (5).

 

EL MURO DE ALAMBRE: LOS CAMPOS DE REFUGIADOS

“La tierra de Israel está habitada por los árabes (…) Debemos prepararnos para expulsarlos del país por la fuerza de las armas, como hicieron nuestros padres con las tribus que vivían allí; si no, nos encontraremos frente a un problema representado por la presencia de una población extranjera numerosa, de mayoría musulmana, que está acostumbrada despreciarnos desde hace generaciones. Actualmente no somos más que el 12% del conjunto de la población y sólo poseemos el 2% de la tierra” (6).

 

Eso es lo que declaraba, a finales del siglo XIX Israel Zengwill, uno de los primeros colaboradores de Theodor Herzl, considerado el “padre fundador” del sionismo. palestina no era, al contrario de la falacia que propagó el movimiento sionista, “una tierra sin pueblo”. Los sionistas eran conscientes de este hecho y por eso, desde el principio, proyectaron la expulsión de los autóctonos para permitir la construcción de un Estado judío.

 

El plan de división de 1947 otorgaba un poco más del 55% de palestina al Estado judío. El objetivo declarado de los dirigentes sionistas es conquistar palestina entera:

 

“La aceptación del reparto no nos compromete a renunciar a Cisjordania. No se puede pedir a nadie que renuncie a su sueño. Aceptaremos un Estado en las fronteras que se fijan hoy, pero las fronteras de las aspiraciones sionistas son asunto de los judíos y ningún factor externo podrá limitarlas” (David Ben Gurion) (7).

 

Pero los judíos sólo representan un tercio de la población. Por lo tanto, la limpieza étnica era inevitable.

 

Los trabajos de los historiadores palestinos, además de los de los nuevos historiadores israelíes, especialmente Ilan Pappe y Benny Morris (8), han establecido que aproximadamente 800.000 palestinos fueron expulsados de sus tierras durante la gran expulsión de 1947-49, la “Nakba”. Por otra parte, han demostrado que dicha expulsión no fue un daño colateral de la guerra árabe israelí de 1948, sino que fue el resultado de un plan preciso, el “plan Daleth”, dirigido a limpiar la tierra palestina de la mayor parte posible de sus habitantes árabes. Así, más de la mitad de las 800.000 expulsiones tuvieron lugar antes de que empezase la guerra, lo que invalida la tesis comúnmente divulgada de que los aldeanos huían de los combates entre los ejércitos árabes y el ejército israelí.

 

¿Todos los refugiados huyeron por las amenazas directas de las milicias judías o algunos abandonaron sus tierras por miedo a las masacres? Los que discuten la tesis de la expulsión hacen de esta cuestión un asunto fundamental y se refieren constantemente a inencontrables registros radiofónicos que demostrarían que los regímenes árabes llamaron a los palestinos a huir de sus tierras. Más allá del hecho de que los trabajos históricos más recientes han demostrado ampliamente el carácter programado y sistemático de las expulsiones, este «debate» no es más que un juego de manos para desviar la atención de una verdad histórica que nadie puede negar: cualesquiera que fuesen las motivaciones que empujaron a huir a cada uno de los refugiados, ninguno de ellos ha podido regresar jamás a sus tierras.

 

Lo mismo que los otros cientos de miles de palestinos que han engrosado los contingentes de refugiados en otras oleadas de expulsión, especialmente en junio de 1967. Actualmente, según las cifras oficiales de la ONU, hay más de 4,5 millones de refugiados palestinos. Existen 59 campos, algunos todavía cercados de alambre, en Gaza (8 campos), Cisjordania (19), Jordania (10), Siria (10) y Líbano (12). A esta cifra hay que añadir los refugiados no registrados por la UNRWA. Según la Oficina Central palestina de Estadística (PCBS), en la actualidad hay alrededor de 7 millones de refugiados palestinos por todo el mundo, sobre una población total de poco más de 10 millones.

 

Por lo tanto, más de dos tercios de los palestinos son refugiados a quienes Israel niega el derecho de regresar a sus tierras. Como dijo Hussam Khadr, miembro de Fatah en el campo de Balata, ex diputado, y actualmente preso: “la causa palestina es la causa de los refugiados”. Esto autoriza a cualquier observador mínimamente serio de la cuestión palestina a decir que cualquier “regulación” se atasca en las reivindicaciones del reconocimiento de la expulsión y el derecho de retorno se convierte así en descabellado y/o inadmisible. El muro de alambre que encierra al 70% del pueblo palestino en los campos y en un estatuto de refugiados permanentes es el segundo dispositivo insoslayable de la opresión fabricada por Israel.

 

EL MURO DE CRISTAL: EL ESTATUTO DE LOS PALESTINOS DEL 48

“Están los ciudadanos árabes del Estado de Israel. Esa es nuestra principal preocupación. Que no acaba en Gaza. Que no acaba en Judea y Samaria (Cisjordania). Tenemos que enfrentarnos a nuestra principal preocupación” (Gideon Ezra, actual ministro israelí de Medio Ambiente y miembro del Kadima).

 

Existe un tercer muro que encierra a la población palestina y constituye un aspecto a menudo subestimado, o ignorado deliberadamente, de la opresión israelí. Es el “muro de cristal”, utilizando una metáfora del periodista Jonathan Cook, que encierra a los palestinos de 1948, los mal denominados “árabes israelíes”.

 

La minoría palestina en Israel, estimada en 1,3 millones de miembros (es decir, algo menos de un quinto de la población israelí), está compuesta por los palestinos que permanecen en las tierras conquistadas por Israel en 1947-49 y sus descendientes. El trato que inflige Israel a esta minoría y las medidas radicales que les impone una gran parte del establishment sionista, son reveladores de la inevitable discrepancia entre la realización del proyecto sionista del establecimiento de un Estado judío en palestina y la satisfacción de los derechos naturales del pueblo palestino.

 

En virtud de la ley marcial que rigió de 1949 a 1966, los palestinos de Israel disfrutan desde 1967, en teoría, de los mismos derechos que todos los israelíes. Sólo en teoría porque las discriminaciones, aunque no están inscritas en la ley, persisten y se desarrollan. Del ministerio de Asuntos Religiosos, que no dedica más que el 2% de su presupuesto a las comunidades palestinas de Israel y rechaza acordar créditos para los cementerios «no judíos», a los numerosos municipios que se abstienen de utilizar la lengua árabe para la señalización de las carreteras, los casos de discriminación institucional son legión.

 

Si añadimos la discriminación en la contratación laboral, en el alojamiento o la debilidad de los créditos asignados por el Estado para el desarrollo económico y social de las ciudades y pueblos árabes (el 54,8% de los palestinos del 48 vive por debajo del umbral de la pobreza frente al 20,3 de los judíos), e incluso la negativa a reconocer la existencia de algunos de esos pueblos, está implantado un sistema de discriminación “paralegal” que Jonathan Cook denomina “un muro de cristal”. Un muro de cristal que encierra totalmente a los palestinos de Israel en un estatus de ciudadanos de segunda, que sigue siendo invisible y permite a Israel afirmar que es un Estado democrático y no discriminatorio.

 

Las políticas discriminatorias frente a los palestinos a menudo se asumen por los dirigentes israelíes en nombre del interés superior de la construcción del Estado judío. Así, Ariel Sharon afirmaba en 2002 que mientras que los judíos tienen los derechos “sobre” las tierras de Israel, los palestinos tienen los derechos “en” el Estado de Israel. Así se entiende mejor por qué la reivindicación democrática elemental promovida por Azmi Bishara, ex diputado palestino en la Knesset (acusado por el ejército israelí de conspiración y exiliado desde 2007, N. de T.), de la transformación de Israel en un “Estado de todos sus ciudadanos” preocupa a todos los que intentan ocultar que Israel, lejos de ser “judío y democrático” es más bien, según las palabras de otro diputado, Ahmed Tibi, “democrático desde el punto de vista de los judíos y judío desde el punto de vista de los árabes”.

 

Los palestinos de Israel y sus derechos nacionales son un obstáculo para la edificación de un Estado judío en palestina, De ahí que los encierren en un estatus de ciudadanos de segunda acusados constantemente de conspirar contra Israel, un fenómeno que se aceleró desde septiembre de 2000. Si el sueño sionista de un «Gran Israel» librándose de la población palestina ha fallado, algunos dirigentes israelíes agitan la amenaza demográfica y no dudan en comparar a los palestinos de Israel con un «cáncer» que hay que tratar de forma radical.

 

De los partidarios de la expulsión masiva, representados especialmente por el ex viceprimer Ministro Lieberman, a aquellos como Ehud Olmert, que proponen «separar» las zonas árabes más densamente pobladas (a ejemplo de lo que ha sucedido en Gaza y corre el riesgo de ocurrir en los cantones de Cisjordania), existe un amplio consenso en la afirmación de que el futuro de los palestino de Israel no está en Israel. Las cifras recientes indican que el 75% de los judíos israelíes son favorables a una transferencia de las zonas árabes densamente pobladas al hipotético «Estado palestino».

 

El muro de cristal que encierra a los palestinos del 48 en una posición de ciudadanos de segunda es la tercera dimensión de la opresión israelí. Puede ser imperceptible para quienes no quieren verlo. Cada uno deberá preguntarse, por lo tanto, cómo un diputado israelí (Effie Eitam) ha podido declarar recientemente en la Knesset, sin preocuparse por las consecuencias, enfrentándose a los representantes de los palestinos del 48: «Algún día os expulsaremos de este edificio y de la tierra del pueblo judío».

 

EL MURO DE HORMIGÓN: LOS CANTONES

“Israel tiene la obligación de poner fin a las violaciones del Derecho Internacional de las que es autor. Tiene la obligación de detener ipso facto las obras de construcción del muro que está construyendo en el territorio palestino ocupado, incluido dentro y alrededor de la periferia de Jerusalén Este, desmantelar inmediatamente la estructura construida en dicho territorio y derogar o dejar sin efecto, desde este momento, los actos legislativos y reglamentarios correspondientes” (Dictamen de la Corte Internacional de Justicia del 9 de julio de 2004) (10).

 

Por lo tanto, el muro de Cisjordania se ha declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia. Pero eso no impide que Israel prosiga la construcción y tenga previsto terminarlo en 2010. Al final, el muro medirá más de 800 kilómetros. Un muro de hormigón que llega a veces a 8 metros de altura; la presunta «barrera de seguridad» integrará “de hecho” alrededor del 45% de Cisjordania y al 98% de los colonos del Estado de Israel y destazará “el Estado palestino” en tres territorios aislados, que a su vez se subdividirán en 22 pequeños enclaves “conectados” por los túneles construidos bajo las carreteras de uso exclusivo de los colonos, que medirán alrededor de 1.250 kilómetros (11). Una parte de los 600 puestos de control y las barreras que actualmente cubren Cisjordania desaparecerán, los demás se mantendrán para controlar las entradas y salidas de los cantones. En dichos cantones verá la luz una entidad palestina auto administrada que algunos se atreverán, incluso, a llamar “Estado”.

 

Aunque el muro se empezó a construir en 2002, su origen se remonta, de hecho, mucho más allá. Exactamente al 10 de junio de 1967, cuando acabó oficialmente la Guerra de los seis días. Al final de la guerra, Israel había conquistado efectivamente, entre otras cosas, el resto de la palestina teóricamente repartida en 1947 y la capacidad de ejercer su autoridad sobre Cisjordania y la Franja de Gaza. Una victoria militar más rápida y más fácil que la del 48, pero con una diferencia fundamental: al contrario de lo que pasó entonces, la mayoría de los palestinos no se fueron. Por lo tanto, el hecho militar creó un problema a los dirigentes sionistas: En ese momento Israel tuvo que asumir a los palestinos de Cisjordania y Gaza, que se sumaron a los palestinos del 48. La pretensión del Estado de Israel de ser al mismo tiempo un estado judío y democrático apareció, por lo tanto, seriamente amenazada.

 

Para responder a esa contradicción, un general laborista, Igal Allon, presentó al Primer Ministro Levi Eshkol, en julio de 1967, una solución alternativa a la expulsión, que comprometería el apoyo internacional del que gozaba el Estado de Israel. La filosofía del “Plan Allon” es la siguiente: renunciar a la soberanía sobre las zonas palestinas más densamente pobladas conservando el control exclusivo sobre el valle del Jordán, la ribera occidental del mar Muerto y Jerusalén, donde los límites municipales se expandieron considerablemente. Así se establecería una entidad palestina constituida por cantones aislados y con las atribuciones de soberanía limitadas. Allon no respondía a la cuestión de si dicha soberanía sería confiada a los autóctonos, a Jordania o a Egipto.

 

Aunque el Plan Allon no se adoptó oficialmente por el poder israelí, es el que guiará, con ciertas variaciones, la política del Estado sionista desde el año 1967. La disposición de las colonias, el trazado de las carreteras de circunvalación reservadas a los colonos y la fragmentación progresiva de Cisjordania son la aplicación concreta del plan del general Allon. Los Acuerdos de Oslo y la división de Cisjordania en zonas A, B y C, están directamente inspiradas en dicho plan. Incluso el general Sharon, ferviente partidario de la expulsión de los palestinos, acabó adoptando, con modificaciones, el Plan Allon. En ese sentido está la “retirada unilateral” de Gaza en 2005 que, lejos de ser un “gesto de paz”, es una decisión pragmática de abandono y asedio de una zona palestina muy densamente poblada. La decisión de construir el muro, si la interpretamos debidamente como la renuncia a la anexión del conjunto de Cisjordania, no es más que la aplicación de la última etapa del Plan Allon.

 

El muro traza los límites de los cantones palestinos, las zonas demasiado pobladas que no quiere administrar Israel. Ese es el “Estado palestino” del que hablan los dirigentes israelíes, que jamás se han planteado la restitución de los territorios ocupados en 1967. ¿Cómo explicar, si no, que continúe la colonización a un ritmo cada vez más desenfrenado, a pesar de los llamados “procesos de paz”? Efectivamente, en la actualidad viven en Cisjordania más de 500.000 colonos (frente a los escasos 200.000 de principios de los años 90), su número crece a un ritmo tres veces superior al del resto de la población israelí y pronto representarán el 10% de la población judía de Israel.

 

El muro de hormigón, del que ya se han construido más de 500 kilómetros, es la expresión más patente, 60 años después de la gran expulsión y 41 años después de la ocupación de toda palestina, de la cuarta dimensión de la opresión israelí: la negación del derecho de los palestinos a ejercer una auténtica soberanía.

 

CONCLUSIÓN, EL QUINTO MURO: EL MURO DE SILENCIO

Muros de hierro, de alambre, de cristal y de hormigón: inmateriales o trágicamente reales, estos cuatro muros son el símbolo de las diversas caras de la opresión de la que es víctima el pueblo palestino. Los tres últimos son los que encierran los tres componentes de la nación palestina (refugiados, palestinos del 48 y palestinos de los territorios ocupados) en diversos estatutos de ciudadanos de segunda. El primero, el muro de hierro, el ejército israelí, es el medio por el que el Estado de Israel creó y perpetúa la opresión.

 

Quisiera hablar de otros muros. Especialmente de las celdas en las que se pudren 11.700 presos políticos palestinos, entre ellos docenas de diputados o ex diputados, ex ministros, un ex viceprimer ministro, el ex presidente del Consejo legislativo y numerosos alcaldes y concejales. Entre esos 11.700 presos, varios miles nunca han sido juzgados. Otros varios miles están condenados por los tribunales militares sin pruebas, sobre simples presunciones o por “delitos de intención”, como el joven francopalestino Salah Hamouri (12).

 

Pero hay otro muro que quiero recordar en esta conclusión. Un muro que se diferencia sustancialmente de los demás, en la medida en que quienes han decidido su construcción no son los dirigentes sionistas o el establishment israelí. Ese quinto muro, al que se enfrentan todos los días desde hace sesenta años los palestinos, es el silencio ensordecedor de la “comunidad internacional” ante la negación de sus derechos nacionales.

 

Un muro de silencio tanto más incomprensible para los palestinos porque se trata de la misma comunidad internacional que con regularidad, especialmente la ONU, recuerda la obligación de respetar esos derechos. La ONU creó, por la Resolución 181, el Estado de Israel y lo acepta en su organización con la condición de que cumpla las demás resoluciones, especialmente la 194, que afirma el derecho de retorno de los refugiados. Ya vemos el resultado.

 

El silencio de la “comunidad internacional” es todavía más sorprendente cuando se compara con las grandilocuentes declaraciones de apoyo a Israel, a su seguridad, y las no menos grandilocuentes condenas a la resistencia palestina, que contribuyen, todavía un poco más, a aislar a los palestinos y asfixiar sus reivindicaciones.

 

A pesar del aislamiento y el abandono de muchos de sus dirigentes, los palestinos no renuncian a conseguir sus derechos. Aunque saben que Israel cuenta con el apoyo incondicional de los dirigentes de las mayores superpotencias, ellos siguen llamando todos los días a las poblaciones del mundo entero para romper el silencio, para volcar la lógica actual que, en nombre de “la paz”, va en el sentido de la protección de Israel y la consolidación, en vez de la destrucción, de los muros que los encierran.

 

(1) Vladimir Jabotinsky, Le Mur de Fer, Nous et les Arabes, 1923. En línea:

(2) Détruire la Palestine, ou comment terminer la guerre de 48, Ed. La Fabrique, Paris, 2002.

(3) Uri Avnery, The Army has a State

(4) Idem

(5) Vladimir Jabotinsky, op. cit.

(6) Israel Zengwill, citado por Mahmoud Muharib en su artículo Sionisme: transfert et apartheid

(7) Citado por Simha Flapan, The Birth of Israel: Myth and Realities, Pantheon Books, Nueva York, 1987.

(8) Ver, entre otros, Benny Morris, The Birth Of The Palestinian Refugee Problem Revisited, Cambridge University Press, 2003, Ilan Pappe, La guerre de 1948 en Palestine, éditions La Fabrique, Paris, 2000, y Le nettoyage ethnique de la Palestine, Fayard, Paris, 2008 (En español: La limpieza étnica de palestina, traducido por Luis A. Noriega Hederich, Ed. Crítica).

(9) Citado por Jonathan Cook en Blood and Religion, The Unmasking of the Jewish and Democratic State, Pluto Press, Londres, 2006.

(10) Dictamen de la Corte Internacional de Justicia, 9 de julio de 2004.

(11) Stop the Wall

(12) Artículo sobre Salah Hamouri.

 

* Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

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