La universidad donde los soldados israelíes se entrenan en su campus y disparan contra los manifestantes palestinos

Desde el mes de octubre, el campus de Tulkarem ha estado bajo constantes ataques de las fuerzas israelíes, que han reprimido las manifestaciones estudiantiles a base de balas de metal recubiertas de caucho, gases lacrimógenos e incluso fuego real. En un período aproximado de seis semanas, el ejército israelí ha herido a 350 estudiantes.
Según datos proporcionados por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés), desde el 1 de octubre hasta finales de noviembre, las fuerzas ocupantes israelíes hirieron a 726 palestinos en enfrentamientos habidos en la universidad (que afectaron tanto a estudiantes como no estudiantes). De ellos, 48 resultaron heridos con fuego real y 126 con balas de metal recubiertas de caucho.
Los soldados israelíes arrestaron a más de veinte estudiantes en el contexto de las protestas, y cinco sufrieron una “emboscada” en el mismo campus. Durante las semanas anteriores al 22 de noviembre, la universidad se vio forzada a evacuar las instalaciones en al menos diez ocasiones “debido al lanzamiento de gases lacrimógenos y agua apestosa”.
La Universidad Técnica de Palestina-Kaduri se fundó en 1930 como escuela agrícola, consiguiendo el estatus universitario en 2007. Hay matriculados alrededor de 7.000 estudiantes. Está situada al oeste de Tulkarem, en las proximidades de la denominada Línea Verde que separa Israel de Cisjordania.
La universidad perdió terrenos en 1967, y volvió a perder más posteriormente con motivo del trazado del Muro del Apartheid. Además, el ejército israelí confiscó más tierra de la universidad para utilizarla como zona de entrenamiento justo al lado de los invernaderos experimentales y a tan sólo 200 metros de la biblioteca.
Sobre esa tierra, las fuerzas israelíes han levantado un campo de tiro, que incluye “montículos de tierra, un canal serpenteante de hormigón… y bloques y losas de hormigón”. El ejército ha confirmado que no tiene pensado dejar de utilizar el campo e incluso ha impedido que la universidad pueda construir un muro para proteger a los estudiantes.
En los últimos meses, las fuerzas israelíes posicionadas en las instalaciones de entrenamiento han reprimido brutalmente numerosas protestas contra la ocupación. El 5 de octubre, las fuerzas ocupantes cerraron la entrada principal de la universidad; pocos días después, un buldócer del ejército destruyó parte del muro universitario.
El 8 de octubre, los soldados israelíes alcanzaron a 12 jóvenes con fuego real y a 20 más con balas metálicas recubiertas de caucho; tres días después, dispararon contra 18 estudiantes. El 19 de octubre, tres estudiantes necesitaron atención hospitalaria cuando las fuerzas israelíes “reprimieron una manifestación”.
En este video grabado el 5 de noviembre, puede verse claramente cómo las fuerzas ocupantes israelíes disparan desde el corazón del campus. (Pueden verse más videos de los enfrentamientosaquí, aquí y aquí.)
El 9 de noviembre, las fuerzas israelíes “asaltaron la biblioteca del campus universitario y el departamento de ingeniería”, aunque los estudiantes habían sido enviados antes a casa al temer por su seguridad. En este video, de fecha 12 de noviembre, un estudiante es perseguido por un jeep del ejército antes de acabar pateado y golpeado por los soldados israelíes.
Otro video del 24 de noviembre muestra a las fuerzas israelíes avanzando desde sus posiciones a través del campo hacia los edificios universitarios. Los soldados abren fuego repetidamente contra los manifestantes (véanse los minutos 5’45”, 6’52”, 7’18”), así como arrojando granadas de aturdimiento en las instalaciones universitarias (6’42”).
El 29 de noviembre, docenas de estudiantes resultaron heridos, uno de ellos tuvo que “ingresar en la unidad de cuidados intensivos de Nablus”. La pasada semana, en un solo día, siete palestinos más sufrieron heridas causadas por fuego real.
Hay numerosas imágenes que los palestinos comparten en las redes sociales que muestran cómo las fuerzas de la ocupación asaltan el campus con jeeps y lanzan gases lacrimógenos. Hay más fotos y videos de ataques israelíes del 19 de octubre, 22 de octubre, 11 de noviembre, 23 de noviembre, 24 de noviembre, 25 de noviembre, 26 de noviembre y 9 de diciembre.
En este video los estudiantes hablan de lo que supone tener que estudiar no sólo bajo ocupación sino con una base del ejército israelí de hecho en tu campus. En anteriores declaraciones hechas este mes ante activistas internacionales, Nabiha Hasan Ahmad, de 21 años, recordaba una de las ocasiones en que las fuerzas israelíes entraron en la universidad:
Disparaban fuego real contra los estudiantes. Empezaron a meterse cada vez más en el recinto de la universidad. Arrojaron agua apestosa sobre la biblioteca. Los estudiantes que estaban allí resultaron heridos de bala. Son tantos los estudiantes heridos de bala… Afecta a tu psicología, estamos aterrados mientras hacemos los exámenes porque estamos oyendo el ruido de las balas y el olor de los gases, aunque nuestro cuerpo se ha habituado ya a esos gases.
Hay días en que tenemos que “colocar a los heridos sobre la mesa de reuniones del sindicato estudiantil”, explicaban los estudiantes a los activistas. “No hay ninguna otra universidad en el mundo con un campo de entrenamiento de un ejército ocupante dentro de su campus”.
Ben White es un periodista independiente, escritor y activista especializado en Palestina/Israel. Se licenció en la Universidad Cambridge.
| Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández. |
Por qué las amas de casa palestinas se están poniendo a la cabeza de las campañas de boicot
Aziza Nofal
Al Monitor
Sahar Tbaileh empezó a impulsar el boicot a los productos palestinos con ayuda de tres vecinas que viven entre los barrios de Ain Munjid y de al-Masyoun en el centro de Ramala.
Estas mujeres se reunieron en la casa de Tbaileh y unieron su fuerzas para formar un comité de mujeres que impulsara el boicot y limpiara su barrio de productos israelíes hablando con las mujeres, los comerciantes y los dueños de comercios. El comité también ha contactado con las escuelas del barrio y ha discutido acerca de la importancia del boicot con los alumnos, un paso sin precedentes que se dio por primera vez el 5 de noviembre [de 2015].
Tbaileh declaró a Al-Monitor: Esta fue una campaña personal iniciada por nosotras, las mujeres, debido a nuestro sentido patriótico de la necesidad de llevar a cabo un boicot. [Este paso] se produjo en vista de las agresiones israelíes a nuestros jóvenes y niños, y teniendo en cuenta que las tiendas están repletas de productos israelíes para los que hay alternativas locales.
La iniciativa de Tbaileh y sus vecinas no se limitó a su barrio. A través de personas que conocían trataron de difundir la idea a otros barrios de Ramala. Tratamos de influenciar a las mujeres hablando con ellas sobre lo que está ocurriendo sobre el terreno. Es inconcebible que sigamos contribuyendo a mantener la economía israelí y comprando productos israelíes mientras ellos asesinan a nuestros hijos, afirmó.
Tbaileh añadió que la campaña todavía es reciente pero que su agenda futura se incluye el cooperar con instituciones públicas y privadas que lleven a cabo boicots basados en las mujeres para expandir sus actividades a todos los barrios de Ramala.
La principal de las campañas mencionadas por Tbaileh era la campaña de las mujeres por el boicot a los productos israelíes lanzada en diciembre de 2013 por instituciones palestinas activas y grupos de mujeres pertenecientes al movimiento global de boicot, sanciones y desinversión (BDS) contra Israel, como la Unión General de Mujeres Palestinas y el Comité Técnico de Asuntos de la Mujer.
La coordinadora de la campaña de BDS y política palestina Majida al-Masri declaró a Al-Monitor: Lo peculiar de este campaña es que se dirige a las amas de casa debido a que ellas son quienes se ocupan de los gastos de la casa y son las personas más adecuadas para tomar decisiones referentes a la compra de los productos. A medida que la campaña avanzaba fue logrando la adhesión de todos los grupos y organizaciones de mujeres activos en Cisjordania, y posteriormente se extendió a Gaza, lo que le hizo adquirir poder y avanzar.
Por lo que se refiere a las operaciones de la campaña, Masri afirmó: Esta campaña es democrática por naturaleza. En cada provincia establecimos marcos y elegimos comités de seguimiento. En la fase inicial, nos centramos en seis categorías de productos israelíes para que los boicotearan las mujeres, a saber, productos básicos consumidos por las familias, que fueron sustituidos por productos locales, árabes o extranjeros procedentes de naciones amigas.
Estas categorías eran productos lácteos, zumos y bebidas, compresas higiénicas sanitarias, detergentes domésticos, dulces, repostería y pan, la harina y sus derivados.
Khitam al-Saafeen, representante de la Unión General de Mujeres Palestinas, uno de los grupos que supervisa la campaña como parte de la campaña de BDS contra Israel, declaró a Al-Monitor que la campaña local todavía está organizando actividades como cursos en centros de mujeres y escuelas, y manifestaciones en ciudades palestinas.
Saafeen añadió: Consideramos que esta campaña es una extensión del papel que desempeña la mujer en el boicot a la ocupación por medio de una campaña de base y popular dirigida a las personas que directamente son responsables de la compra diaria, por medio de los grupos y organizaciones de mujeres en las ciudades, pueblos y campos de refugiados.
Entre las actividades que se han llevado a cabo están las visitas organizados a las tiendas, las campañas de concienciación escolar, las reuniones con amas de casa y una conferencia de apoyo en marzo, cuando se adoptaron las recomendaciones para desarrollar la campaña. Otras actividades consistieron en ofrecer ayuda a otras campañas emprendidas por varias organizaciones, como la campaña Kick Them Out [Echarlos] organizada por la Sociedad Inash al Usra dirigida por mujeres.
La campaña Kick Them Out, que se considera una parte independiente y complementaria de la campaña de boicot de las mujeres, se ideó en octubre, cuando empezaron los disturbios actuales, y sus actividades empezaron en noviembre.
La directora de la Organización de Bienestar Familiar, Farida al-Amd, explicó las razones y objetivos de la campaña afirmando: Empezamos la campaña para llamar la atención de la comunidad acerca del hecho de que compramos productos israelíes mientras [Israel] ejecuta a nuestros jóvenes en los checkpoints. Las tiendas están llenas de productos israelíes y tenemos que hacer algo para acabar con esto.
Farida al-Amd declaró a Al-Monitor que la Organización de Bienestar Familiar, ubicada en la ciudad del centro de Cisjordania al-Bireh, empezó a boicotear completamente los productos israelíes en 1972. El objetivo de la campaña actual es influenciar a su comunidad. Nos damos cuenta de que ahora es el momento de unir nuestros esfuerzos y tomar medidas eficaces que lleven a resultados sobre el terreno, afirmó.
Para lograr sus objetivos la campaña se basa en concienciar a las mujeres en las casas y a las alumnas en el colegio. Las mujeres también visitan las tiendas, hablan con los propietarios y les instan a no comprar productos israelíes.
Tendrá impacto. Pero, lo que es más importante, debe durar y atraer la participación de todos los segmentos de la sociedad. Nuestro trabajo sobre el terreno tendrá seguramente un efecto acumulativo, afirmó Farida al-Amd.
Sin embargo, según Masri, es difícil calcular qué efecto tiene: No podemos cuantificar el impacto de la campaña independientemente del impacto de la campaña global de BDS. Pero, según un estudio del Banco Mundial, podemos confirmar que las campañas de boicot tienen un impacto en las exportaciones israelíes a los territorios palestinos y que disminuyeron un 24% durante el primer cuatrimestre de 2015 a consecuencia de la intensificación del boicot palestino a los bienes israelíes.
Según Masri, para mejorarla se necesitaría que las mujeres presionen también a los funcionarios del gobierno: En coordinación con la campaña local de boicot, tratamos por todos los medios de comunicar con el ministerio de Economía Nacional y hemos decidido presionar al Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) para que implemente la decisión del Consejo Central de la OLP que llamaba explícitamente al boicot.
Estos boicots de las mujeres parecen ser extremadamente duraderos debido a su constante seguimiento a nivel individual o institucional y tiene el objetivo de lograr las metas que se fijan en cada ciudad, pueblo y campo de refugiados con el eslogan de cría a tus hijos con la riqueza de tu propio país.
Aziza Nofal es una periodista de Nablus. Vive y trabaja en Ramala como periodista freelance para páginas web árabes y regionales. Se graduó en 2000 en el departamento de medios y periodismo de la Universidad Nacional de Al-Najah y se doctoró en estudios israelíes en 2014 en la Universidad Al-Quds. Ahora trabaja en el ámbito del periodismo de investigación en Palestina y coopera con Arab Reporters for Investigative Journalism (ARIJ), una organización cuya sede está en Amman, Jordania.
Fuente: http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2016/01/palestinian-women-launch-boycott-campaigns.html?utm_source=Al-Monitor+Newsletter+[English]&utm_campaign=4b51717c85-January_11_2016&utm_medium=email&utm_term=0_28264b27a0-4b51717c85-93087681#
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, la traductora y a Rebelión como fuente de la traducción.
Tomado de: www.rebelion.org/noticia.php?id=207797
Israel y Turquía se acercan de nuevo tras la ruptura por el asalto a la flotilla de Gaza
La nueva diplomacia del gas impulsa cambios en el Mediterráneo oriental
Publicado en El País de Madrid, el 21de diciembre de 2015.
Por Juan Carlos Sanz, desde Jerusalén.
Los complejos lazos entre los países del Mediterráneo oriental, marcados por décadas de enfrentamientos, pueden verse alterados por el descubrimiento y explotación de grandes reservas de gas natural. El principio de acuerdo anunciado para la normalización de las relaciones entre Israel y Turquía, degradadas tras el asalto a la flotilla de Gaza en 2010, parece tener como fondo una carrera por la riqueza de la energía a la que se han sumado vecinos como Chipre o Egipto.
Turquía se había mantenido firme hasta ahora en su controversia con Israel en los últimos cinco años. La muerte de 10 de sus ciudadanos en la operación lanzada por comandos israelíes en aguas internacionales para interceptar el buque turco Mavi Marmara, que encabezaba una flotilla con ayuda humanitaria para Gaza, arruinó en 2010 las estrechas relaciones de cooperación que Ankara mantenía con el Estado judío.
Recep Tayyip Erdogan, entonces primer ministro y hoy presidente de Turquía, exigió tres condiciones para la reconciliación: las disculpas del Gobierno israelí, la indemnización a las familias de las víctimas y el levantamiento del bloqueo a la Franja palestina. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, arrancó con fórceps las disculpas del primer ministro Benjamín Netanyahu durante una visita a Jerusalén en 2013. El jefe del Gobierno israelí ya ha aceptado además el pago de 20 millones de dólares (18,4 millones de euros) en compensaciones para los familiares, a través un rocambolesco fondo internacional.
Queda por ver cómo arbitrarán Erdogan y Netanyahu el peliagudo tercer punto sobre Gaza. Un alto cargo del Ministerio de Exteriores turco declaró a Reuters el viernes que también se había producido un acercamiento en este asunto, sin precisar más sobre la cuestión. En una columna en el diario israelí Maariv, el analista Smadar Peri apuntaba ayer que Netanyahu parece estar dispuesto a anunciar un levantamiento parcial del bloqueo, dejando constancia de que toda la ayuda humanitaria que llegue a Gaza sería aceptada y que los residentes en el enclave podrían recibir permisos de salida “en función de sus necesidades”.
Aunque ambos países aliados de Estados Unidos en el Mediterráneo oriental retiraron a sus respectivos embajadores y suspendieron la cooperación militar y de seguridad, las relaciones económicas entre Israel y Turquía no han dejado de aumentar. El volumen del comercio bilateral se ha duplicado desde el asalto a la flotilla de Gaza hasta alcanzar un monto de unos 5.152 millones de euros en 2014.
La presencia de Rusia como nuevo actor regional, tras su intervención militar en Siria, ha contribuido también a alterar los equilibrios en las relaciones diplomáticas. Israel teme el despliegue de los misiles tierra-aire S400 rusos, capaces de interceptar a sus aviones de combate más modernos. Turquía, que comienza a sufrir ya los efectos de las sanciones de Moscú tras el derribo de un bombardeo ruso al que acusó de violar su espacio aéreo, ha visto como se esfumaba el proyecto de gasoducto hacia Europa a través de Anatolia impulsado por el Kremlin. Precisamente más de la mitad del gas que consumen los turcos tiene su origen en Rusia.
La partida de póquer para desbloquear las relaciones turco-israelíes se ha jugado en apenas una semana. Primero fue Netanyahu —que acaba de dar un puñetazo legal sobre la mesa del Parlamento para aprobar la explotación del gran yacimiento de gas Leviatán— quien desveló en la Knesset que su Gobierno iba a negociar la venta de gas a Turquía. Luego fue Erdogan quien advirtió de que la reanudación de las relaciones podría ser beneficiosa para toda la región. Finalmente trascendió que altos cargos diplomáticos de ambos países se habían reunido en secreto el miércoles en Suiza para cerrar los detalles de un principio de acuerdo.
Alternativas a Rusia
Por el lado israelí se exige el compromiso de limitar las actividades de Hamás y de expulsar de Turquía a uno de sus jefes de operaciones, Saleh Aruri, al que se acusa de teledirigir acciones terroristas en Cisjordania. A la espera de la evolución de los acontecimientos, el encuentro mantenido el sábado en Estambul entre el presidente Erdogan y el líder de Hamás, Jaled Meshal, puede ser interpretado como una advertencia a los islamistas palestinos.
Por parte turca se intenta ante todo transmitir a Rusia que existen otras fuentes alternativas de suministro de gas. De ahí que en todas las informaciones que han trascendido sobre el principio de acuerdo alcanzado en Suiza figure la negociación de la exportación de gas israelí a Turquía.
El yacimiento Leviatán, con unas reservas estimadas en 622.000 millones de metros cúbicos y que empezará a producir a finales de esta década, garantizará la independencia energética de Israel, que ya tiene cubiertas casi la mitad de sus necesidades de gas tras la puesta en servicio en 2010 del campo Tamar, también en aguas próximas a Haifa.
El Gobierno de Netanyahu contaba con poder exportar los excedentes a Jordania y Egipto a través de una red de gasoductos ya existente, pero el descubrimiento del yacimiento Zhor en la zona de explotación económica egipcia arruinó esos planes. La compañía italiana ENI, que llevó a cabo las prospecciones, estima que las reservas de gas localizadas superan a las de Leviatán, con un volumen que vendría a satisfacer las necesidades del consumo interno y permitiría devolver a Egipto el papel de país exportador de energía.
Desarrollar las interconexiones llevará tiempo. A pesar de que la cotización de las acciones de la compañía turca Zorlu Energy, que ha negociado la construcción de un gasoducto con empresas israelíes, se disparó hasta un 10% el viernes en la Bolsa de Estambul, los analistas advierten de que se trata de un proyecto complejo (hasta 2.000 metros de profundidad) y costoso (un mínimo de 2.760 millones de euros).
El flujo de energía favorece la reunificación de Chipre
La alternativa a un gasoducto directo Israel-Turquía es la interconexión a través de Chipre. En una zona colindante con Leviatán en la cuenca del Levante se encuentra el yacimiento chipriota Afrodita. En ambos participa la empresa tejana Noble Energy, que acababa de recibir un espaldarazo en Israel para la explotación de Leviatán junto a compañías locales.
Chipre, Grecia y Egipto ya han suscrito acuerdos para la explotación de yacimientos de gas y su distribución en Europa, donde se localiza el principal mercado de la energía. Pero la partición de la isla del Mediterráneo, cuyo tercio norte está ocupado por el Ejército turco desde 1974, dificulta cualquier entendimiento.
En este marco de crecientes expectativas económicas han progresado este año las negociaciones para la reunificación de Chipre entre el Gobierno de Nicosia —la Administración grecochipriota internacionalmente reconocida— y los representantes de la comunidad turcochipriota, que aspiran a incorporarse de pleno derecho a la Unión Europea. Para ello necesitan contar con el visto bueno de Ankara.
La próxima crisis de refugiados
Más de cinco millones de palestinos viven en campos de Siria; si un nuevo estallido de violencia les obliga a huir la cifra de quienes se dirigen a Europa se duplicará. Es urgente encontrar una solución política al conflicto palestino
Publicado en El País de Madrid, el 31 de diciembre de 2015
"Yo nací aquí. Y he pasado toda mi vida aquí. Pero soy de otro lugar”.
A sus 49 años, Hatim Mihjiz jamás ha salido de la franja de Gaza. Aun así, cuando le preguntan de dónde es, sigue respondiendo que del pueblo de Al Jiyya, cerca de Ashkelon.
En realidad, el que vivía ahí era su padre, Ibrahim, hasta la guerra árabe-israelí de 1948, cuando Israel ocupó la zona y echó a los palestinos. Ibrahim fue enviado al sur, al campo de refugiados de Beach, en la costa de Gaza, donde acabó sus días, y donde sus descendientes siguen esperando el momento de volver.
Para gran parte de la opinión pública europea, los refugiados son un fenómeno surgido este año, cuando la violencia empujó a centenares de miles de sirios hacia el Mediterráneo y hacia los titulares. En cambio, para Hatim, “refugiado” es casi una nacionalidad. Nació en esa condición. Quizá muera en ella.
Su barrio, Beach, no se parece a los campos que uno ve por televisión. En seis décadas y media, ha dejado de ser un campamento para convertirse en un conjunto habitacional de cemento y asfalto. De no ser por las pintadas en árabe de las paredes, se confundiría con cualquier chabola de Lima o Bogotá. Los refugiados tienen descendencia —hoy son más de un 1.300.000, dos tercios de la población de la franja—, y el espacio no crece por arte de magia. Gaza ostenta una de las mayores densidades humanas del mundo.
Cuando Hatim se casó, dividió con un tabique el piso familiar y se instaló ahí con su esposa. Trabajaba en una fábrica textil. Tenía expectativas. Pero el huracán de la historia se llevó su futuro. Cuando llegó su segunda hija, Ola, estalló la segunda Intifada. Mientras nacía el tercero, Waseem, Israel levantó muros alrededor de Gaza, y ya nadie pudo entrar ni salir sin permiso. Las dificultades para comprar y vender obligaron a cerrar la fábrica, dejando a Hatim sin trabajo. Tras el nacimiento de su quinto hijo, Lama, el grupo radical Hamas tomó el poder de la franja por la fuerza y el cerco israelí se endureció.
Hasta hoy, lo único que ha evitado una revuelta violenta o un éxodo de la población es UNRWA
Hoy, Hatim, su esposa y sus siete hijos se amontonan en dos habitaciones. En la franja, el desempleo alcanza al 42% de la población, la mayor tasa del planeta. Entre la contaminación y el hacinamiento, Naciones Unidas calcula que Gaza será inhabitable en cinco años.
Como Hatim, más de cinco millones de refugiados palestinos viven en campos de Siria, Líbano, Jordania y la propia Palestina bajo gestión de la United Nations Relief and Works Agency (UNRWA). Estos parias no son aceptados como ciudadanos ni por Israel ni por los países árabes. Para ellos, UNRWA es lo más parecido a un Estado. La agencia ofrece educación, salud, alimentos, algunas infraestructuras y servicios sociales, como centros para mujeres y préstamos para microempresas. Además, es la principal fuente de empleo: 29.000 de sus 30.000 empleados son refugiados.
El problema es que, tras 65 años —los últimos 15 de encierro a cal y canto—, la paciencia se agota y la presión aumenta. Aparte de Gaza, los asentamientos de Israel asfixian a los beduinos palestinos de Cisjordania: sus familias no pueden acceder al agua. Sus casas son sistemáticamente demolidas. Sus rebaños son confiscados cuando traspasan los límites —cada día más estrechos— de sus pueblos.
En este espeso pantano, la violencia cría sus larvas: periódicamente, adolescentes de los campos cisjordanos se rebelan y arrojan piedras o palos al otro lado del muro. Algunos acuchillan. En respuesta, los militares israelíes disparan. En dos años, el porcentaje de refugiados heridos de bala aumentó un 139%. En 2014 murieron así 53 palestinos, 21 de ellos refugiados. Y solo en octubre de este año, 71 palestinos y 8 israelíes han perdido la vida en ataques armados.
Hasta hoy, lo único que ha evitado una revuelta violenta o un éxodo de la población palestina es UNRWA. Con un presupuesto de unos 2.500 millones de dólares anuales, equivalente al de un país pobre, la agencia se las ingenia para crear oportunidades, proteger los derechos básicos de la población y mantener la paz social. Sin embargo, la guerra en Siria está reventando las costuras del statu quo. La violencia desestabiliza los campos sirios y encarece el mantenimiento de todos los demás. Este año, UNRWA necesitó un fondo de emergencia de 420 millones de dólares extra. Para el año que viene, faltan por cubrir 81 millones de dólares.
El último verano, los refugiados se asomaron al abismo: un déficit de 101 millones de dólares estuvo a punto de impedir que se abran los colegios en los campos de UNRWA. Aparte de cancelar el porvenir de millones de personas, el cierre habría dejado en la calle a cientos de miles de jóvenes sin nada que hacer excepto, por ejemplo, descargar su frustración contra los militares israelíes. O tratar de saltar los muros.
La situación se salvó in extremis con una inyección de fondos a cargo de la Unión Europea, Estados Unidos, algunos Estados europeos a título individual y varios países árabes. Gracias a ellos, el déficit quedó cubierto justo a tiempo. Los colegios abrieron. La bomba del tiempo detuvo el temporizador. Pero una nueva crisis es cuestión de tiempo. Los costos y la presión no paran de crecer.
Un acuerdo de paz es la única forma de impedir un nuevo foco de violencia y éxodo en la región
¿Es eso un problema entre israelíes y palestinos? ¿Es una cuestión que debe resolver Oriente Próximo?
No. Desde este año es también, crucialmente, un problema europeo.
La gran emergencia de refugiados hacia Europa estuvo cerca del millón de personas. Pero en los campos de UNRWA se acumulan cinco millones más. Si un estallido de violencia los obliga a huir, con que solo el 20% busque un futuro en la UE, la cifra de refugiados en el Mediterráneo se duplicará. La agencia calcula que 52.000 pobladores de los campos sirios pueden haber emigrado ya hacia Occidente. Y habrá que sumar a ellos los desplazamientos de población que produzcan los bombardeos contra el Estado Islámico.
Convertirse en refugiado es como saltar de un rascacielos en llamas: solo se hace si resulta peor quedarse. En Oriente Próximo, no es posible contener la huida de las zonas arrasadas por la guerra. Pero la comunidad internacional sí puede presionar a las partes para encontrar por fin una solución política al conflicto palestino. Un acuerdo de paz es la única forma de evitar un nuevo foco de violencia y éxodo en la región. Y permitiría reasignar enormes recursos a las nuevas emergencias.
La familia de Hatim lleva 65 años esperando esa solución. Hoy, Europa también la necesita.
Santiago Roncagliolo es escritor.
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Navidad, pero SIN MUROS
Por Claude Lacaille
Quebec. Canadá (*)
En aquel tiempo, el Estado de Israel llevaba una política de colonización sobre las tierras palestinas. Mientras ocupaba militarmente toda Palestina, el gobierno había construido un muro de separación de más de 730 kilómetros de largo, carcomiendo ampliamente los territorios ocupados.
Los habitantes de Palestina debían pasar por múltiples check-points para poder desplazarse. Las autoridades decretaban arbitrariamente el cierre de los puestos de control e impedían toda circulación de los habitantes de los territorios ocupados.
Los militares israelíes, quienes controlaban los check-points, demoraban a menudo el paso a las mujeres embarazadas que acudían al hospital para dar a luz. Durante los siete primeros años de este muro de la vergüenza, 69 bebés nacieron en los puestos de control, mientras 35 recién nacidos y 5 mamás murieron en la espera.
Se trataba de tratos crueles e inhumanos, considerados por las leyes internacionales de entonces como crímenes contra la humanidad.
“Había viajado a Egipto a visitar a mis familiares y en el camino de vuelta hacía Gaza, los israelíes habían cerrado completamente el puesto de control, contaba Al-Astal. Estaba a punto de dar a luz. Ya había empezado varias horas antes el trabajo de parto. Finalmente vino una ambulancia que me llevó al hospital Al-Areesh en el Sinaí, pero di a luz en la ambulancia. Le puse a mi hija el nombre de Ma’abar (“Travesía” en árabe) para recordar los dolores y dificultades que ambas sufrimos en el check-point de Rafah.”
Cuando nuestros descendientes lean estos relatos de horror, se preguntarán cómo pudimos soportar durante más de setenta años semejante situación de apartheid.
La narración del evangelio de la Navidad describe una situación semejante en los tiempos del nacimiento de Jesús. Una ocupación romana brutal de Palestina le hace pesada la vida a la población: las tierras son confiscadas y los campesinos sin tierras trabajan como jornaleros. Hay inseguridad por todas partes y la revuelta estalla con desesperación.
Herodes, vendido a los intereses del imperio, mantiene su régimen con sangre y terror. Un censo ordenado por Roma obliga a todos los habitantes a registrarse para pagar impuestos al Cesar. “En el tiempo en que Herodes era rey de Judea… el emperador Augusto ordenó que se hiciera un censo de todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirenio gobernador de Siria. Todos tenían que ir a inscribirse a su propio pueblo. Por esto, José salió del pueblo de Nazaret, de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. Fue allá a inscribirse, junto con María, que estaba comprometida para casarse con él y se encontraba encinta. Y sucedió que mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz. Y allí nació su primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en la posada.” (Lucas 2, 1-7)
Navidad es la historia de esta pareja joven, María y José, repetida millones de veces durante los últimos dos mil años: familias pobres, sin techo, aplastadas por los impuestos y las deudas, oprimidas por regímenes autoritarios, colonizadas por naciones extranjeras, obligadas de huir de la violencia de los Herodes, exiliándose para salvar la vida de sus hijos.
Navidad se está perpetuando en la Palestina del siglo XXI en medio de un pueblo sometido al apartheid que resiste con todas sus fuerzas a la ocupación de su territorio y se niega a desaparecer.
Navidad es un camino de libertad para los oprimidos, un camino sin trampas, ni check-points, ni muros que separen a los pueblos y los condenen a excluirse mutuamente. Navidad, es el sueño de una tierra de libertad, de un jardín maravilloso, lleno de niños de diferentes colores, razas y lenguas, hijos e hijas de la Vida, en paz, en seguridad y en armonía.
Feliz Navidad, pero sin muros.+ (PE)
(*) “Claude Lacaille es un sacerdote misionero originario de Québec (Canadá) que convivió y luchó junto a los excluidos de Haití, Ecuador y Chile que ha escrito un libro imperdible "Un cura rebelde en tiempos de dictaduras" que está en proceso de edición en castellano. Momentáneamente solo está en francés e inglés” comenta Susana Merino quién remitió este artículo a PE/Ecupres.
Declaración de IJAN sobre los atentados en París, Beirut, Bagdad, Yola y Kano
París. Beirut. Bagdad. Yola y Kano.
Estos nombres de ciudades son nuevamente nombres de masacres.
La Red Internacional Judía Antisionista (IJAN, por sus siglas en Inglés) condena terminantemente los horribles crímenes perpetrados en los últimos días; los que los medios de comunicación han visibilizado, como en Francia, y los que se han negado a ver, como en el Líbano, Irak y Nigeria; y como siempre, en Palestina. Rechazamos estas operaciones criminales – sea quien fuera el o los responsables. Y somos solidarixs con la gente, las víctimas inocentes de estos crímenes.
El grupo Estado Islámico (EI) ha asumido la responsabilidad. Ya se trate de sus manos o de otras las que están detrás de esos ataques, las consecuencias son claras y se vuelven cada vez más claras. Francia se encuentra en un estado de emergencia. El presidente François Hollande ha llamado a las bombas y tiroteos coordinados por las que atravesó París un “acto de guerra”. El Primer Ministro, Manuel Valls, se ha comprometido a “aniquilar a los enemigos de la República”. El presidente Barack Obama les ha llamado “un ataque al mundo civilizado”.
Nuestros gobiernos pueden insistir en que estamos en guerra, pero no tenemos por qué aceptar sus instrucciones. Tampoco aceptamos el derecho de un presidente de Estados Unidos, responsable de convertir a Yemen en un cementerio a través de su apoyo explícito al ataque saudí, a establecer distinciones coloniales entre “civilizados” e “incivilizados”. Tales definiciones han justificado a los imperialismos estadounidense y europeo desde sus comienzos.
Los atentados de Beirut son crímenes. Es responsabilidad del gobierno libanés investigar y juzgar a los sospechosos y culpables. Del mismo modo, la tarea del gobierno francés no es buscar “enemigos” sino encontrar criminales. Al anunciar una “guerra de civilizaciones” en forma clara, indudable e intencional, están haciendo exactamente lo que el EI desea. El resultado sólo puede ser más muerte.
IJAN rechaza cualquier idea de que los musulmanes en general tienen responsabilidad particular en los atentados recientes. Las masacres son obra de individuos, grupos políticos y gobiernos; no de religiones. Que algunos que profesan la fe musulmana se hayan atribuido esos ataques no significa nada. Rechazamos la afirmación de que Israel habla por los judíos, así como rechazamos cualquier pretensión de culpar colectivamente a los judíos por el colonialismo sionista. Del mismo modo, rechazamos la pretensión del EI de hablar en nombre de los musulmanes, y no podemos aceptar la idea de que los musulmanes tengan especial responsabilidad por los crímenes del EI.
Los gobiernos pueden afirmar que hay una guerra religiosa en marcha, pero nosotros debemos rechazar esa afirmación. Si, efectivamente, resulta que el EI cometió algunos de esos atentados, debemos tener en cuenta que las principales víctimas del EI hasta ahora han sido musulmanas, sobre todo en Siria. Han sido naciones de mayoría musulmana las que han estado en la primera línea de la lucha contra el EI, incluidos los grupos armados sunitas y chiítas del YPG (Unidades de Defensa del Pueblo) kurdo en el norte de Siria hasta el grupo de resistencia Hezbolá del Líbano.
Los que cometieron los atentados en el Líbano lo hicieron en un intento de enfrentar a palestinos contra libaneses, a suníes contra chiíes, para volver a encender la guerra civil y tratar de destruir al Líbano. Estamos con el pueblo del Líbano, con la población del sur de Beirut y con los palestinos y palestinas de los campamentos de refugiados que rechazan dicha división. El único beneficiario de una división entre chiíes y palestinos en el Líbano es la clase dominante libanesa vinculada a las élites de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos, e Israel; y detrás de ellos, la OTAN, los Estados Unidos y Europa.
Este tipo de ataque es parte de la continua e invisible agresión contra el pueblo palestino, cuyo sufrimiento se invisibiliza y hasta se justifica en la prensa occidental -mientras Israel continúa con su proyecto colonial contra la resistencia palestina que lucha por sus derechos, incluyendo el derecho al retorno de los refugiados y refugiadas.
El ataque a París se hizo para incitar a la gente a una furia islamófoba, para acelerar el sentimiento anti-sirio y anti-refugiados, y para preparar a la gente para la guerra. IJAN rechaza tal provocación. Cualquier intento de sugerir que los musulmanes son comunitariamente responsables de cualquier acción o de cualquier crimen es racista y xenófobo, y sigue un viejo discurso imperial.
Por otra parte, deploramos el papel de los medios occidentales racistas, que pretenden encontrar valiosas algunas muertes -invisibilizando otras. Las muertes de niños pobres en el sur de Beirut, y ni hablar en África Central, no sirven para fabricar un consenso para la guerra, y por eso son invisibles. Las muertes de parisinos son de gran utilidad para empujar a la gente a la guerra, y por esa razón, entre otras, pueden ser vistas en los medios.
Observamos además otras ocultaciones coloniales en el retrato que los medios hacen de estos eventos. Francia envía un portaaviones al Mediterráneo oriental, que se prepara para “aniquilar” a sus enemigos, que sin duda serán hombres, mujeres y niños inocentes. Al hacerlo, nos recuerda otras masacres que precedieron a ésta, especialmente los asesinatos del ejército francés en Marruecos, Argelia y Vietnam. ¿Quién recuerda ahora sus nombres, su suerte, su vida o su muerte? En la salvaje represión de la lucha de liberación de Argelia, Francia masacró a cientos de miles de personas, y muchos de sus compatriotas viven hoy en la pobreza, abandonados en las banlieues (suburbios) franceses.
Nos solidarizamos con el pueblo de Francia del mismo modo que somos solidarios con los pueblos del mundo. Pero la bandera de Francia es símbolo del imperialismo y el colonialismo en el mundo entero, y la rechazamos.
En efecto, mientras el gobierno francés habla de guerra defensiva, vende armas al estado más reaccionario de la región: Arabia Saudita, por una suma de 12 mil millones de dólares. Es el segundo mayor exportador de armas del mundo. La transferencia de armas de Estados Unidos a Arabia Saudita alcanzó un total de más de 90 mil millones de dólares en los últimos años, mientras que Israel se está convirtiendo en un importante traficante de armas en todo el mundo. Estos gobiernos no pueden darnos lecciones sobre la paz ni alertar sobre la defensa al mismo tiempo que preparan al mundo para una guerra sin fin.
En pocas palabras, no tenemos ningún papel que desempeñar en una solución militar con respecto al EI. Instamos, en cambio, a cortar sus flujos financieros y el suministro de armas, especialmente a través del aliado de Estados Unidos: Turquía, donde personas inocentes son masacradas en Ankara sin que el gobierno haga nada para impedirlo.
Rechazamos que se utilice la muerte de inocentes en París, Beirut o en cualquier otro lugar para justificar la intervención militar de EEUU y Francia en Siria. Deseamos que la violencia allí se termine, y que nuestros gobiernos traigan a sus fuerzas armadas de regreso y las desmantelen. El papel de Estados Unidos y Francia no es “resolver” los problemas de la región, sino dejar de crearlos, dejar de bloquear los acuerdos diplomáticos que pongan fin a las guerras regionales -sobre todo en Siria- y sancionar a Israel.
Francia y EEUU tienen en el Medio Oriente un historial de derramamiento de sangre, divisiones imperiales, ocupación colonial, explotación de los recursos, armas químicas, golpes de Estado, desestabilización, agresiones criminales, promoción del sectarismo y saqueo mercantilista. Sus antecedentes coloniales e imperiales en Siria y el Líbano son la prueba definitiva, si es que se necesitaba más, de que lo que se necesita no son buques de guerra, sino compensaciones.
Nuestros corazones están con los pueblos que continúan sufriendo bajo la guerra colonial y el racismo.
Hasta Gandhi entendería la violencia de los palestinos
Prestigioso columnista hebreo explica el contexto histórico y geopolítico para dar un marco conceptual a la nueva Intifada.
GIDEON LEVY | La injusticia puede continuar durante muchos años más. ¿Por qué? Porque Israel tiene más fuerza que nunca y Occidente le permite actuar de manera salvaje.
A través de la bruma de la arrogancia moral, la propaganda en los medios, la incitación, la distracción, el lavado de cerebro y la victimización de los últimos días, una pregunta simple vuelve con toda intensidad: ¿quién tiene razón?
Ya no quedan argumentos justificados en el arsenal de Israel, del tipo que una persona decente podría aceptar. Hasta Mahatma Gandhi entendería las razones de este estallido de violencia palestina. Incluso aquellos que se horrorizan ante la violencia, que la ven como inmoral e inútil, no pueden sino comprender cómo se desata cada cierto tiempo. La pregunta es por qué no irrumpe más a menudo.
Desde la pregunta de quién empezó hasta a quién hay que culpar, el dedo acusatorio apunta con justicia a Israel, e Israel solamente. No es que los palestinos sean irreprochables, pero Israel carga en los hombros con la principal responsabilidad. Mientras Israel no se saque de encima esta culpa, no tiene derecho a hacer el más mínimo reproche a los palestinos. El resto es propaganda falsa.
Como escribió hace poco la veterana activista palestina Hanan Ashrawi, los palestinos son el único pueblo en la Tierra a los que se exige que garanticen la seguridad de su ocupante, mientras que Israel es el único país que demanda protección de sus víctimas. ¿Y cómo podemos contestar?
Como el presidente palestino Mahmoud Abbas preguntara en una entrevista en Haaretz, “¿cómo esperan que reacciones los palestinos en la calle después de que quemaran al adolescente Mohammed Abu Khdeir, del incendio de la casa de los Dawabsheh, de la agresión de los colonos y del daño a la propiedad bajo la mirada de los soldados?”. ¿Y qué vamos a responder?
A los 100 años de desposesión y a los 50 de opresión podemos añadir los últimos años, marcados por la intolerable soberbia israelí que nos está explotando en nuestras caras una vez más. Estos fueron los años en que Israel creyó que podía hacer cualquier cosa sin pagar ningún costo. Que creyó que el ministro de Defensa podía jactarse de conocer la identidad de los asesinos de los Dawabsheh y no ordenar su arresto, y que los palestinos se contendrían. Que creyó que casi todas las semanas los soldados podían matar a un niño o a un adolescente y que los palestinos se quedarían tranquilos. Creyó que los líderes militares y políticos podrían respaldar los crímenes y que nadie sería enjuiciado. Creyó que se podrían demoler casas y expulsar a los pastores, y que los palestinos aceptarían todo con humildad. Creyó que los colonos violentos podrían dañar, quemar y actuar como si la propiedad de los palestinos fuera suya, y que los palestinos agacharían la cabeza. Creyó que los soldados israelíes podrían irrumpir en los hogares palestinos todas las noches y aterrorizar, humillar y arrestar gente. Que cientos podrían ser detenidos sin juicio. Que la agencia de seguridad Shin Bet podría volver a torturar sospechosos usando métodos propios de Satanás.
Creyó que los presos que habían hecho huelga de hambre y los excarcelados podían volver a ser detenidos, muchas veces sin razón alguna. Que Israel podía destruir Gaza cada dos o tres años y que se rendirían, y que Cisjordania mantendría la calma. Que la opinión pública israelí aplaudiría, con vítores en el mejor de los casos, o con demanda de más sangre palestina, en el peor, con una sed que es difícil de entender. Y que los palestinos lo perdonarían.
Esto puede continuar durante muchos años más. ¿Por qué? Porque Israel tiene más fuerza que nunca y Occidente con su indiferencia le permite actuar de manera salvaje como nunca antes. Los palestinos, mientras tanto, están débiles, divididos, aislados y desangrándose como en la época de la Nakba.
De manera que esto podría continuar porque Israel puede (y la gente lo quiere). Ningún otro tratará de detener esto más que la opinión pública internacional, que Israel ignora por considerarla antisemita.
Y no hemos dicho una palabra sobre la ocupación y la incapacidad de terminar con ella. Estamos cansados. No hemos dicho una palabra sobre la injusticia de 1948, que debería haber concluido entonces, y no haber continuado con aún más fuerza en 1967 y sin un final a la vista. No hemos mencionado la ley internacional, el derecho natural y la moral humana, las cuales no pueden tolerar nada de esto bajo ningún aspecto.
Cuando los jóvenes asesinan colonos, tiran bombas incendiarias a soldados o arrojan piedras a israelíes, éste es el trasfondo. Se necesita un enorme grado de estupidez, ignorancia, nacionalismo y arrogancia (o todo eso junto) para ignorarlo.