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Mensajes de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz:

20060807033820-perez-esquivel.jpg1º/8/06 La guerra es tragedia para todos

Recuerda que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, Y el Señor, tu Dios, te sacó de allí" Deut. 5. 15

La humanidad se ve sacudida por el aumento de guerras y conflictos armados, el incesante aumento de la irracionalidad, de pensar que la violencia es la solución.  Lo único que han logrado hasta el momento es aumentar las muertes, y el derramamiento de sangre de los pueblos, mientras los gobernantes y aquellos que tienen el poder, buscan justificar lo injustificable.  Para algunos la guerra es negocio a costa de la vida de los pueblos, que siempre ponen sus muertos, el dolor y sufrimiento.

Israel ha desoído a la Asamblea General de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales, a cuarenta y seis recomendaciones; con total y absoluta impunidad, amparada y protegida por los Estados Unidos, quien ejerciendo su derecho de veto, lo ha utilizado para impedir las resoluciones que condenaban a Israel, por sus ataques y opresión contra el pueblo palestino, el Libano y otros países árabes.

La soberbia del poder los ha llevado a generar mayor violencia sin medir las consecuencias.  Están transitando caminos sin retrocesos y empleando medios que justifiquen sus fines.  No importa el precio de los "daños colaterales", la matanza de niños, mujeres, jóvenes, y ancianos indefensos.  Quieren hacer creer al mundo que ellos son las víctimas y no los victimarios.

Le escalada de violencia desatada por los EE.UU.  e Israel en el Medio Oriente, las invasiones a Irak y Afganistán, están marcadas por las atrocidades cometidas en las cárceles de Abu Ghraib y en la base militar de los EE.UU.  en Guantánamo, Cuba.  Han utilizado la tortura, el trato cruel y degradante, condenado por las Naciones Unidas, violando el derecho internacional y humanitario. Israel ha justificado y utilizado la tortura para lograr sus fines.  El derecho internacional ha quedado hecho trizas.

Es necesario que la comunidad internacional ponga fin a la barbarie, a las masacres.  Debemos decir, una vez más que no justificamos los atentados de ninguna de las partes.  Debemos condenar todo tipo de terrorismo: de los grupos ocultos en las sombras y del terrorismo de Estado.  Optamos claramente por el derecho de los pueblos a su existencia, a su soberanía, a la vida en libertad.

Sumamos nuestra voz a miles de otras voces que dicen ¡BASTA A LA GUERRA!.

En Israel, en Palestina y en el mundo, se están movilizando ciudadanos y ciudadanas que reclaman el cese de la violencia y quieren abrir el diálogo que permita llegar a una solución del grave problema que afecta a todo el Medio Oriente; Israel, el Líbano, Palestina, Irak, Afganistán.

Thomas Merton dice que: "El poder no tiene nada que ver con la paz.  Cuando más aumenta su poder militar, más viola la paz y la destruye".

Miremos los acontecimientos en el mundo; se ha perdido el equilibrio, la capacidad de razonar que la guerra es una tragedia para todos.  Es urgente desarmar la razón armada, reconocer que nada es posible oponiéndose con otra razón mayor, sino que es necesaria la capacidad de encontrar y respetar al otro.

Si no se logra, los vencedores de cualquier bando quedan vencidos y víctimas de su propia violencia e idiotez.  Y los vencidos buscarán revancha a sus frustraciones.  Ninguno logrará la paz y las heridas quedarán abiertas por muchas generaciones, sin poder cicatrizar.  Más de 50 años de guerra entre Israel y Palestina no han logrado alcanzar ningún objetivo en bien de los pueblos; lo único que han logrado es sembrar la destrucción, la miseria, el dolor y la muerte.

Los gobernantes se rodean de guardias y equipos sofisticados para protegerse y siempre están a resguardo de las bombas y los atentados justificando las masacres contra el otro.  Así, van a alentar a las tropas para que continúen matando.

Utilizan la violencia y la justificación de las palabras, vaciadas de contenido.  Utilizan largos discursos que ni ellos creen.  Mientras tanto las muertes se suman, y los seres humanos pasan a ser una abstracción.  ¿Cuántos murieron hoy? - ¿Cuántos civiles, cuántos soldados; cuántos niños, mujeres, jóvenes y ancianos morirán hoy?.  ¿Y mañana, cuántos se sumarán a la lista del horror? - ¿Cómo es esperar la "bomba inteligente" que los destruirá dentro de cinco minutos, una hora, un segundo? - ¿Cuál es el precio de toda ésta locura? - ¿En cuánto valoran una vida y el precio de una bomba? - ¿Cuánto representa el precio de un tanque o de un avión de combate?

¿Saben los gobernantes y señores de la guerra que, por día mueren en el mundo más de 35 mil niños de hambre, según el informe de la FAO? ¿Cuántos hospitales, escuelas, programas para la vida se podría realizar con el valor de uno sólo de esos instrumentos de muerte?

Para los poderosos señores de la guerra, negocios son negocios, la muerte produce buenos dividendos, las "bombas inteligentes" matan más y mejor; los tanques y aviones de combate sofisticados, destruyen más y mejor.  ¿Quienes son los traficantes de la muerte que se enriquecen con la sangre de los pueblos?

Es urgente reaccionar, no bastan las palabras.  El dolor y la muerte, provocadas por la guerra continúan, frente a la irresponsabilidad de los gobernantes que desataron la violencia y ya no saben como contenerla y evitarla.

La guerra nace en la mente de los hombres y es necesario desarmar la conciencia armada, para encontrar otros caminos y alternativas que lleven a la resolución de los conflictos.

Es necesario cambiar el curso de los acontecimientos a través de acciones colectivas y desarrollando la solidaridad entre los pueblos.

Es necesario que los intelectuales, artistas, educadores dejen su modorra y se sacudan el polvo y pongan en práctica el pensamiento y la acción; la coherencia entre el decir y el hacer. Sólo así serán creíbles y podrán contribuir a sumar sus esfuerzos a muchos otros, para detener la locura de la guerra y generar la Paz.

Es necesaria la movilización de los trabajadores, de los jóvenes, de hombres y mujeres que reclaman otro mundo posible.

¿Cuándo aprenderán, los pueblos de Israel y Palestina, a convivir como hermanos y no como enemigos? ¿Cuándo dejarán de matarse unos a otros? Es lo que han hecho hasta ahora y no han logrado resolver absolutamente nada, sólo justificar el horror en nombre de la idiotez humana.

Es necesario que las iglesias se convoquen, a nivel ecuménico y mundial, para orar y actuar, sin sectarismos, ni fundamentalismos. Orar al Dios de la Vida y reclamar el cese inmediato de la violencia.

Es necesario incrementar las posibilidades del diálogo, de los consensos, de acuerdos que respeten el derecho de cada pueblo. Se necesita de la voluntad política y de la toma de decisiones, que demandan coraje.  Desterrar los miedos y el fatalismo, la cobardía oculta detrás de cañones y fusiles, de tanques y aviones que no les permiten ver más allá de sus mezquinos intereses.

Es necesario que los pueblos asuman la resistencia, social, cultural, política y espiritual a través de movilizaciones, de la no cooperación con la violencia e injusticias, de sumar esfuerzos con otros pueblos y denunciar a los responsables de las dominaciones y el dolor que afectan a toda la humanidad.

Naciones Unidas, y los organismos internacionales han quedado neutralizados y postergados por los intereses políticos de las grandes potencias como EE.UU.  y Gran Bretaña.  En el primer  artículo de la Declaración de la ONU dice: "Nosotros los Pueblos del Mundo.".  Hay que ponerse de pié y caminar hacia nuevos horizontes de vida y no de muerte.  A pesar de todo, esa es la esperanza.
  14/7/06 Israel, un Estado terrorista

Siempre he apoyado al pueblo judío; un pueblo que sufrió el Holocausto, la diáspora, persecuciones, torturas y muerte, pero que tuvo dignidad, resistió a la opresión y luchó por sus valores religiosos, culturales y unidad del pueblo.

He señalado en forma reiterada, y sumado mi voz a muchas otras en el mundo, que el pueblo de Israel tiene derecho a su existencia; pero que también tiene los mismos derechos el pueblo palestino, hoy oprimido y masacrado por el Estado de Israel.

Es doloroso tener que señalar los comportamientos aberrantes que el Estado de Israel viene cometiendo contra el pueblo palestino, atacando, destruyendo, oprimiendo y masacrando a la población, mujeres, niños, jóvenes son víctimas de esas atrocidades que no podemos callar y debemos denunciar y reclamar ¡ BASTA!

Se derribó el Muro de Berlín, pero se levantaron otros muros como el que Israel levantó para dividir al pueblo palestino.  Creyendo que eso les da más seguridad, por el contrario genera mayor enfrentamiento, dolor y división.

Pero los muros más difíciles de derribar son los que existen en la mente y el corazón, los muros de la intolerancia y el odio.  Los ataques, la destrucción y muerte en Gaza y el Líbano y las amenazas permanentes a otros pueblos, han llevado al Estado de Israel a transformarse en un Estado terrorista, utilizando las torturas, los ataques a la población civil donde la víctimas son mujeres y niños.  ¿Hasta cuando continuará esa política del terror?


Sabemos que no todo el pueblo de Israel está de acuerdo con la política de destrucción y muerte llevada adelante por el gobierno israelí, apoyado por los Estados Unidos y el silencio de los gobiernos europeos; cómplices del horror desatado en Medio Oriente.  Están aquellos, tanto dentro de Israel y de Palestina, que desean el diálogo, la resolución del conflicto y el respeto a la existencia de los dos pueblos.

Eso es posible si existe la voluntad política y de los pueblos en lograrlo, con el apoyo de la comunidad internacional.

Lamentablemente las Naciones Unidas han perdido presencia, coraje y decisiones para poder aportar a la solución del enfrentamiento entre los dos pueblos, situación que pone en serio riesgo la Paz mundial.  La ONU fue avasallada por las grandes potencias y la usan cuando responden a sus intereses y no a las necesidades de la humanidad.  Es necesaria una reforma profunda y democratizar sus estructuras y hacerlas más operativa y eficaz en bien de los pueblos.

Es cierto que hay ataques y hechos de violencia desatados por sectores del pueblo palestino que reclaman sus derechos.  No es a través de la violencia, que genera más violencia entre las partes, como se resolverá el conflicto.  El Mahatma Gandhi decía que si se aplica el "ojo por ojo, terminaremos todos ciegos".

Los gobernantes del Estado de Israel se están quedando ciegos y arrastrando al pueblo al abismo.

Es necesario que la comunidad internacional reaccione y detenga la locura de los gobiernos, antes que sea tarde.  Pero más necesario es que los israelitas y los palestinos reaccionen y comprendan que no pueden seguir matándose.  Los responsables de la barbarie tienen que parar la locura en que se encuentran, sin salida alguna.  Deben hacerlo en bien de los pueblos y la humanidad.

Buenos Aires, 14 de julio de 2006

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