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¡QUÉ FÁCIL ES DESPRENDERNOS DE NUESTRA RESPONSABILIDAD SOBRE GAZA!

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Viernes 08 de Agosto de 2008.

¡QUÉ FÁCIL ES DESPRENDERNOS DE NUESTRA RESPONSABILIDAD SOBRE GAZA!

 

Por Orit Lavnin-Dgani, www.nrg.co.il/online / Rebelión (Traducción de J.M.)

El barco de los activistas por los derechos humanos que llega a Gaza no es una expedición para salvar a Hamas -es para salvar la vida de los palestinos. Respuesta a Ben Dror Iamini.

 

En su artículo “Vísperas (ó libertad) del barco del odio que salvará a Hamas”, Ben Dror Iamini menciona el apoyo de Hedí Epstein, sobreviviente del Holocausto de 84 años de edad, integrante de la travesía de ese barco. “El barco que apoya el régimen asesino” (de Hamas) así denomina Iamini a la embarcación, después de describir detalles espantosos del régimen, como por ejemplo llenar de gas el cuerpo de sus opositores. Extraño, él escribe, que una mujer que sobrevivió a las cámaras de gas apoya un régimen que elimina compatriotas con gas. Como hija de sobrevivientes deseo exponer la relación que veo entre la biografía de la Sra. Epstein y su activismo.

 

Pero en principio, es necesario contar el objetivo de esta navegación, que no tiene nada que ver con el apoyo al régimen de Hamas. Los dos barcos emprendieron la tarea con el objetivo de intentar y romper el cerco cerrado sobre la Franja de Gaza, en la cual viven 1.400.000 mil seres humanos a los cuales se les impide los derechos humanos elementales tales como salud, asistencia y bienestar económico. Las personas que están en la cubierta, activistas en derechos humanos y ayuda humanitaria, fueron voluntarios por años en Gaza y también en la Cisjordania, hasta que el estado de Israel les impidió la entrada a esos lugares.

 

Me entristece la ramplona descripción de Iamini sobre Hamas, como si fuera el reino del terror. Es muy fácil así dividir el mundo entre buenos y malos. Demasiado fácil. Pero sí estoy convencida que el malvado no está solamente en Hamas, así como tampoco solamente entre los nazis. El potencial malvado se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Tuvimos una dolorosa muestra en el año 1961, en el experimento que llevó a cabo Stanly Milgram y en el cual participaron jóvenes estudiantes de la universidad de Yale que dieron a personas desconocidas por ellos golpes de electricidad de un potencial de 315 voltios suficientes para matar un ser humano. No eran ni musulmanes ni tampoco ignorantes de ideas. Eran blancos, judíos y católicos., que en nombre de obediencia a órdenes superiores accedieron a pasar corriente eléctrica frente a sus ojos. Iban viendo a los interrogados desfallecer, escucharon sus gritos, aún así siguieron, porque así les ordenaron y ellos obedecieron (los católicos fueron más obedientes que los judíos)

 

Antes de llamar a los activistas por los derechos humanos hipócritas ó partícipes de sectas diabólicas, como lo hace Iamini en su artículo, invito a cada uno de nosotros que se pregunte si habría estado dentro del 35% que se negó a obedecer la orden, ó entre la mayoría de los participantes y que en nombre de la ciencia, da golpes de electricidad fatales a otros seres humanos.

 

NO BUSCAR EXCUSAS

Si el accionar de Hamas no es aceptable, no podemos hacer otra cosa más que lamentarnos por la forma en que las personas deciden dirimir sus conflictos. Pero en principio nuestra responsabilidad es examinarnos a nosotros mismos. Cómo dirimimos el conflicto con los palestinos, ¿acaso no con fuerza y más fuerza?, ¿acaso no con todo tipo de medios extremos y obsoletos, incluyendo el estrangulamiento de poblaciones civiles? Y en general, ¿Cuándo estuvimos por última vez en Cisjordania? ¿Quién de nosotros, que habitamos el occidente de la línea verde, sabemos cómo se vive la ocupación?

 

Si habríamos estado en Gaza veríamos un modelo de ocupación sin presencia. Una especie de patente mundial de estar afuera pero ahorcar adentro. Quien eligió estar a bordo de uno de los barcos que navegan hacia Gaza, y entre ellos también la Sra. Epstein, saben lo que nosotros nos negamos a saber: que Israel continúa gobernando Gaza a pesar de haber declarado la desocupación física. Que Israel impone a la Franja una política de estrangulamiento económico, sanitario y espiritual.

 

Me uno a la Sra. Epstein y sus compañeros de navegación que desean que no olvidemos y que no nos escabullamos del crimen que ocurre en Gaza y que debe finalizar; que le imponen a Israel tomar la responsabilidad que le cabe sobre lo que ocurre en Gaza, sin buscar excusas y sin decirnos, como siempre, qué malos son los demás.

 

Jueves 07 de Agosto de 2008.

NI’LIN: LA HISTORIA DE UN PUEBLO QUE LUCHA POR SOBREVIVIR

 

Por Mireia Gallardo Avellan*, Revista Pueblos

La historia de Ni’lin es una historia de desposesión in crescendo. Los residentes de este pequeño pueblo agrícola perdieron gran parte de sus tierras en la guerra del 1948. Después de la Guerra de los Seis Días del 1967, Israel aprovechó la ubicación del pueblo, ya que se encuentra cerca de la Línea Verde, y empezó a confiscar las tierras a los palestinos para establecer colonias judías.

 

Primero fueron setenta y cuatro dunums los que fueron expropiados con el objetivo de establecer la colonia judía de Shilat. Más tarde se confiscaron otros 661 dunums, estableciendo el asentamiento judío de Mattityahu. En el año 1985, 934 dunums fueron confiscados para construir la colonia de Hashmona’im y, seis años más tarde 274 dunums fueron confiscados para construir el asentamiento de Mod’in Illit. Finalmente, en el año 1998, más de 20 dunums fueron ocupados por parte de los colonos judíos, estableciendo la colonia de Menorah. Sumando la superficie de todas estas colonias judías juntas, vemos que más del 13 por ciento de la tierra de Ni’lin ha sido expropiada por parte del Estado de Israel para la expansión de sus asentamientos, ilegales, en Cisjordania.

 

En el año 2002 Israel empezó a construir el Muro de Anexión o del Apartheid, declarado ilegal por parte del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya. Recientemente, han empezado las obras de construcción del Muro cerca del pueblo de Ni’lin; si se llega a completar su construcción, 2.500 dunums, aproximadamente el 20 por ciento de la tierra que poseen los palestinos de Ni’lin, será confiscada.

 

Esta vez, sin embargo, los residentes de Ni’lin han dicho basta a las agresiones que sufren constantemente por parte del Estado de Israel, los colonos ilegales judíos y las Fuerzas de Ocupación. A principios del mes de mayo, los propios residentes del pueblo lanzaron una campaña popular para frenar la confiscación de sus tierras y, a pesar de las amenazas brutales por parte de las Fuerzas de Ocupación israelíes de parar la revuelta popular (que han incluido varios toques de queda, tiroteos que han dejado más de 200 heridos y hasta un menor de Ni’lin muerto) los palestinos no están dispuestos a rendirse y dejar la lucha por sus tierras. Este no es un hecho para nada insignificante ya que pocas veces se ha dado el caso de que un pueblo entero se haya unido para luchar, diariamente, por sus derechos con actos de desobediencia civil, particularmente cuando hay que enfrentarse a respuestas y agresiones violentas por parte de Israel.

 

Los acontecimientos que se suceden en Ni’lin también nos proporcionan los ingredientes perfectos para una buena historia. Durante los tres primeros días de toque de queda, no se permitió que las ambulancias entraran en el pueblo; el cuerpo de un residente fallecido fue guardado 4 horas en la entrada del pueblo, hasta que las Fuerzas de Ocupación permitieron que los familiares pudieran recogerlo y llevárselo para el entierro. Una mujer embarazada no pudo salir de Ni’lin y llegar al hospital para dar a luz, de manera que se vio forzada a tener el bebé en su propia casa. Un menor de tan sólo 12 años de edad fue secuestrado durante dos días por parte de los soldados israelíes. Los ancianos del pueblo han recibido golpes por parte de las Fuerzas de Ocupación y muchos residentes sufren heridas de gravedad debido a los continuos tiroteos.

 

Deberíamos preguntarnos por qué la mayoría de los medios de comunicación no están cubriendo debidamente la campaña de revuelta popular en Ni’lin. La razón es bien simple: si los medios de comunicación cubriesen la lucha popular de Ni’lin por parte de sus residentes, se rompería la percepción estereotipada del conflicto entre israelíes y palestinos, que tanto interesa mantener a las principales fuentes de información y a gran parte de la comunidad internacional. A diferencia de los ataques con excavadoras que se han vivido en Jerusalén, que refuerzan el entendimiento penetrante del conflicto, los acontecimientos en Ni’lin destapan una realidad mucho más compleja. La historia de Ni’lin no implica a palestinos que cometen “actos terroristas” contra la sociedad israelí, sino que implica actos populares y de resistencia civil pasiva contra la represión despiadada y agresiva por parte de Israel y sus Fuerzas de Ocupación.

 

Otro aspecto de Ni’lin que va en contra de los estereotipos existentes sobre el conflicto, es que no hay un confrontación directo entre israelíes y palestinos, más bien hay un número considerable de activistas israelíes e internacionales que apoyan los actos de resistencia de la población palestina para frenar las excavadoras militares que amenazan en destruir sus tierras. Parte de los heridos a lo largo de la campaña popular son activistas israelíes.

 

La historia de Ni’lin es, en otras palabras, la historia de una gente colonizada que se resiste a la colonización. Esta no es justamente la manera más frecuente de retratar, por parte de los medios de comunicación, el conflicto entre israelíes y palestinos y no parece ser que estén interesados en cambiar su punto de vista y la imagen que se quiere dar del conflicto. La campaña histórica en Ni’lin (así como muchas otras campañas de resistencia pasiva no violentas contra la ocupación, en lugares como Bi’lin o Al Ram) todavía necesitan un tiempo para que dejen huella.

 

* Mireia Gallardo Avellan es delegada de Paz con Dignidad en palestina

 

Miércoles 06 de Agosto de 2008.

LA LUCHA CONTRA LA SILENCIOSA LIMPIEZA ÉTNICA DE JERUSALÉN: LOS PALESTINOS SE ENFRENTAN A UN SINFÍN DE

DEMOLICIONES DE SUS CASAS POR PARTE DE ISRAEL

 

Por Jonathan Cook, Counterpunch

Una llamada de un vecino avisándole de que corriera a la casa que casi había acabado de construir despertó al alba a Nader Elayan. Cuando llegó era demasiado tarde: un buldózer estaba echando abajo las paredes. Más de cien guardas de seguridad israelíes contenían a los vecinos.

 

La demolición, que se llevó a cabo hace cuatro años, dejó a Nader Elayan, a su mujer, Fidaa, ahora embarazada, y a sus dos niños pequeños sin más lugar para vivir que una habitación en la ya abarrotada casa de su hermano. Es la única tierra que posee y ha invertido todos los ahorros en construir la ahora demolida casa.

 

En los últimos años dos docenas de otras familias del pueblo palestino de Anata, a las afueras de Jerusalén este, han compartido el mismo destino que Nader Elayan. Otros cientos más de familias tienen órdenes de demolición pesando sobre sus casas. “No se ha concedido el permiso para construir una casa ni a una sola persona de mi barrio”, dice Nader Elayan, de 37 años.

 

El problema de la demolición de casas afecta a los palestinos de todos los territorios ocupados. Pero según Hatem Abdelkader, un asesor de Salam Fayyad, el primer ministro palestino, la situación es particularmente grave en la zona de Jerusalén este.

 

Indicó que el resultado de la política de Israel de denegar los permisos de construcción a muchos de los 250.000 palestinos de Jerusalén este ha sido la clasificación de 20.000 casas de la ciudad como ilegales desde que empezó la ocupación en 1967. Sólo el año pasado el ayuntamiento de Jerusalén emitió más de mil órdenes de demolición de “viviendas ilegales”. Se cree que tres de cada cuatro casas palestinas en la ciudad están construidas sin permiso.

 

“La construcción ilegal es simplemente un pretexto para destruir las casas y las vidas de las familias palestinas”, afirma Ges Harper, director del Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD, por sus siglas en inglés).

 

“Las demoliciones forman parte de una política de detener la expansión natural de las comunidades palestinas dentro y alrededor de Jerusalén liberando la máxima cantidad de tierra para el uso de los colonos israelíes”, continúa Harper. “Las demoliciones aumentan la presión sobre los palestinos para que se muden a Cisjordania, de manera que al hacerlo pierden sus derechos de residencia en la ciudad”.

 

En un acto de rebeldía la organización de Harper y 40 voluntarios internacionales ayudaron a la familia Elayan a reconstruir su casa en un intento de atraer la atención sobre lo que el Comité llama la “silenciosa limpieza étnica” de Jerusalén este. El trabajo se llevó a cabo durante un campamento de verano de dos semanas de duración financiado por el gobierno español. Madrid también pagó la estancia de los 18 voluntarios españoles.

 

“Es la primera vez que un gobierno apoya la reconstrucción de una casa palestina ‘ilegal’ demolida por las autoridades israelíes,” afirma Harper.

 

La cuestión de la demolición de casas vuelve a estar de actualidad ahora después de dos incidentes independientes sucedidos en julio en los que dos palestinos, ambos residentes en Jerusalén, circularon por la ciudad en un buldózer arrasando lo que encontraban a su paso. Mataron a tres israelíes y dejaron a otros muchos más. Aunque a ambos palestinos los mataron en el lugar de un tiro, los altos cargos israelíes, incluyendo a Ehud Barak, ministro de Defensa, están pidiendo la demolición de sus casas, lo que dejaría a sus familias sin hogar, para disuadir a otros de hacer lo mismo.

 

Esta destrucción punitiva de casas acabó en 2005 por la amenaza de recusaciones legales, pero no antes de que 270 casas fueran arrasadas “por razones de seguridad” durante el primer año de la Intifada.

 

Sin embargo, según Harper, el uso de las demoliciones contra palestinos acusados de construcción ilegal es un problema mucho más importante. “Calculamos que al menos se han destruido 18.000 casas durante las cuatro décadas de ocupación”.

 

De hecho Harper cree que es posible que el número real de casas demolidas sea el doble de las cifras oficiales. Muchas demoliciones no están registradas y las hacen los propios palestinos por temor a las fuertes multas que se les imponen cuando el ejército israelí emite la orden de demolición.

 

“La mayoría de las demoliciones son de edificios de varias plantas que son el hogar de varias familias, lo que significa que mucho más de 100.000 familias palestinas pueden haberse quedado sin hogar debido a las políticas administrativas israelíes”, afirmó.

 

Desde que se fundó hace una década, el Comité Israelí contra la Demolición de Casas ha reconstruido 150 casas palestinas como parte de su campaña para llamar la atención de los judíos israelíes y de la comunidad internacional sobre el problema de la demolición de casas. Ha sido una batalla muy difícil, dice Harper. La Unión Europea, que ha mejorado recientemente sus relaciones con Israel, anunció este mes la retirada de su financiación al ICAHD.

 

Pero el campo de trabajo de este año puede que haga un poco más difícil que se sigan demoliendo casa en Anata, opina Harper: “una cosa es destruir una casa construida de manera supuestamente ilegal por un palestino y otra destruir una construida con dinero proporcionado por el gobierno español”.

 

Harper también cree que al presentar estos grupos como campamentos de verano de voluntarios de la causa palestina puede hacer que empiece a cambiar la percepción del público.

 

Alonso Santos, un estudiante de arquitectura madrileño de 21 años, afirmó que había aprendido mucho al ver de primera mano la vida palestina bajo la ocupación.

 

“Se me abrieron los ojos al darme cuenta de que los principios de planificación urbanística que nos enseñan en la universidad los estaban usando los israelíes pero exactamente con el propósito contrario del habitual. Las normas de planificación aquí están diseñadas no para mejorar la vida de los palestinos sino para hacérselas más miserables”.

 

Los voluntarios se alojaron el un centro de paz situado en Anata y levantado en el lugar donde estaba la casa de Salim Shawamreh, que fue demolida cuatro veces por las autoridades israelíes. Conocida como la Casa Arabiya, por el nombre de la mujer de Shawamreh, uno de los lados del edificio está decorado con un mural que describe la muerte de Rachel Corrie, una pacifista estadounidense, por un buldózer israelí que había estado demoliendo casas en Gaza.

 

“Imagine que sus hijos se van por la mañana al colegio y cuando vuelven más tarde se dan cuenta de su casa, todo su mundo, ha desaparecido mientras estaban fuera”, dijo Shawamreh. “Eso les ocurrió a mis hijos cuatro veces. Es de una crueldad que no se puede expresar con palabras”.

 

Shawamreh, cuya familia eran refugiados de 1948 procedentes del norte de Negev, dijo que el ICAHD y él habían creado el centro de paz para llamar la atención sobre las difíciles condiciones de vida de los palestinos de Anata. Hoy la casa esta bajo la vista de una comisaría de policía situada en el valle, que es parte del futuro crecimiento de un enorme asentamiento judío, Maale Adumum, que los palestinos y los grupos de derechos humanos israelíes creen que está dividiendo en dos Cisjordania.

 

El centro de paz también está cerca tanto del serpenteante trazado del muro de separación israelí y de una nueva carretera de circunvalación (que forma parte de lo que se considera un sistema de carreteras de apartheid) que se está construyendo para garantizar que los colonos judíos pueden conducir separados de los palestinos por toda Cisjordania.

 

La Casa Arabiya tiene un aplazamiento temporal de demolición mientras los tribunales israelíes determinan su estatus.

 

Harper afirma que los jueces son reacios a confirmar la orden de demolición porque su grupo ha amenazado con llevar el caso ante el Tribunal Internacional de Justicia si el veredicto es contrario a la casa.

 

Jonathan Cook es un periodista y escritor que trabaja en Nazareth. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilisations: Irak, Irán and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books).

 

Este artículo fue publicado originalmente en The National (http://www.thenational.ae), publicado en Abu Dhabi.

 

Lunes 04 de Agosto de 2008.

UNA ENTREVISTA CON JEFF HALPER:

“QUEREMOS ABRIR UNA BRECHA PERMANENTE”

 

Por Sophia Deeg, Junge Welt / Rebelión (Traducción de Luis Montilla)

Ges Harper es profesor de antropología. En 1997 fue cofundador del “Comité Israelí Contra la Destrucción de Casas” (ICAHD) en Jerusalén, institución que coordina hoy en día. Es uno de los participantes en el viaje solidario de Chipre a Gaza.

 

- Se está usted preparando para el viaje de Chipre a Gaza y habla también de una bolsa impermeable para su cuaderno de notas. ¿Qué es lo que esperan cuando se vayan acercando a Gaza?

 

- Es difícil de decir. La marina israelí ha manifestado que no nos va a dejar entrar en Gaza. Puedo imaginarme que en cuanto nos acerquemos a la costa, abordarán nuestros dos barcos y si es posible, con las armas por delante, obligarán al capitán a cambiar el rumbo de nuevo hacia Chipre.

 

- Si no consiguen alcanzar Gaza, ¿qué es lo que esperan de la acción?

 

- Lo bonito de la resistencia pacífica es que siempre gana. Ya es un éxito que nos pongamos en marcha con esta acción política. En lo referente a Gaza, se habla casi siempre solo en aspectos humanitarios o de ayuda humanitaria. Sin embargo no se trata de una crisis humanitaria, sino mucho más de una crisis política. La crisis humanitaria es un síntoma de la crisis política. No se trata de una hambruna en el “Tercer Mundo” sino de una crisis intencionada y conscientemente provocada. Queremos romper el cerco de Gaza, llamar la atención al mundo de que ese cerco existe, de que es ilegal y de que es una parte más del proceso de ocupación.

 

- ¿Qué se puede hacer en Alemania y en Europa a favor de la resistencia de los palestinos e israelíes contra la ocupación?

 

- Preocuparse de que la gente esté informada, de que no sigan siendo indiferentes. Está comenzando a tomar forma un movimiento que se parece al movimiento antiapartheid. Es sólo el comienzo, pero estoy convencido de que crece permanentemente. Por ejemplo, el sindicato canadiense de carteros ha decidido no distribuir más correo israelí en Canadá. Si queremos conseguir algo debemos tener ideas en las que nosotros como consumidores, como sindicalistas o como intelectuales podamos ejercer una presión eficaz a través de un boicot cultural a Israel, de un boicot deportivo, etc. Existen muchas posibilidades para las que no necesitamos a los gobiernos. Podemos llevar nosotros mismos a la práctica sanciones contra la política de Israel. Si esto ocurre masivamente, en algún momento se arrastrará a los gobiernos.

 

- Usted ha publicado recientemente el libro “An Israeli in Palestine- Resisting Dispossession. Redeeming Israel” (“Un israelí en palestina. Resistir las ocupaciones. Redimir a Israel”) ¿Qué le motivó como activista para escribirlo?

 

- Es importante estar en el sitio y ejercer allí una resistencia activa. Pero no es suficiente. Sólo el activismo no derrotará a la ocupación. Se debe hacer también un análisis que permita explicar a un gran público en que consiste exactamente el problema. En este conflicto es Israel el más fuerte de los contendientes y en ese sentido debemos efectuar una interpretación. El modelo interpretativo por el que Israel es una víctima del terrorismo falla en la causa. Israel es ante todo la fuerza ocupadora y por lo tanto, también el principal responsable. Sobre la base de cambiar el modelo interpretativo podemos desarrollar razonablemente campañas y actividades. He intentado en el libro hacer eso que yo como activista en primera línea, he aprendido, en conexión con un análisis más amplio. Al final del libro hago un par de propuestas sobre la dirección en la que podemos continuar trabajando para poner en marcha un movimiento contra la ocupación a nivel mundial y que sea efectivo, un movimiento parecido al movimiento antiapartheid.

 

- ¿Cómo se presentan los próximos días y semanas?

 

- Los participantes en el viaje llegan poco a poco a Chipre. Así que tenemos todavía un par de días para prepararnos para situaciones concretas, para dar una vuelta por los barcos, etc. El 5 de agosto partimos. Para ahorrar carburante para nuestros medios de comunicación, etc., iremos a vela. Supuestamente, necesitamos dos días para llegar a Gaza. Entonces nos quedaremos algunos días allí. Sin embargo lo que quiero destacar muy especialmente es que todo esto no es cualquier acción simbólica, un asunto puntual. Porque si sale bien, el hecho de llegar a Gaza y romper el cerco, significará entonces que hemos roto realmente el cerco. Queremos abrir una brecha permanente a través de la cual los habitantes de Gaza puedan estar de nuevo unidos con el mundo.

 

- ¿Se les espera realmente en Gaza?

 

- Sí, claro. Vamos por la invitación de una gran cantidad de organizaciones de Gaza, por supuesto no nos autoinvitaríamos a ir. Toda la iniciativa esta acordada con la gente de allí. También por eso es tan significativa.

 

Domingo 03 de Agosto de 2008

UN CIERRE TARDÍO PARA EL FRACASO DE LA GUERRA DEL LÍBANO

EL LARGO ADIÓS DE OLMERT

La demorada decisión de Olmert no da lugar a un recambio inmediato, sino que abre lo que puede convertirse en una larga transición. Kadima no tiene la fuerza necesaria como para retener el poder sin alianzas con el centroderecha.

 

Por Sergio Rotbart

Desde Tel Aviv

El por muchos, esperado anuncio del premier Ehud Olmert, en el sentido de que no se presentará como candidato en las próximas elecciones internas de su partido, Kadima, implica el final de su liderazgo y, por ende, el inicio de la transición hacia un nuevo gobierno. La decisión es vista en Israel como una culminación tardía de la guerra del Líbano librada en 2006. Si los magros “resultados” de esa contienda militar no provocaron entonces la renuncia de Olmert, como ocurrió en el caso del entonces ministro de Defensa, Amir Peretz, y del jefe del ejército, Dan Halutz, la culminación de los dos años de supervivencia política, en un clima de desconfianza pública inaudito, ha sido precipitada por los numerosos escándalos de corrupción en que el primer ministro ha estado involucrado en las últimas semanas.

 

La demorada decisión de Olmert, sin embargo, no da lugar a un recambio inmediato, sino que abre lo que puede convertirse en una larga transición. Esto es así dado que los dos candidatos más probables a reemplazar al actual premier como líder del partido de gobierno, la canciller Tzipi Livni, y el ministro de Transportes, Shaul Mofaz, no tienen garantizado el apoyo parlamentario necesario para sostener la continuidad, tras el recambio de su cabecera, del gobierno de Kadima. Sin el sostén sustancial de uno o varios partidos socios, la fuerza política creada por Ariel Sharon carece de la capacidad de dirigir el país. Y es esta debilidad estructural la que explica la brecha existente entre su imagen pública de partido de centro, moderado, y sus alianzas con sectores de derecha que condicionan su margen de ejecución de programas y promesas preelectorales atractivas. Así, a modo de ejemplo, ya en el 2006 la prometida retirada de los asentamientos judíos en Cisjordania fue rápidamente reemplazada por la aventura bélica en el Líbano, el cerco y embargo absolutos de la Franja de Gaza y la escalada de la tensión en las relaciones con Irán. Con esa línea militarista es razonable identificar a Shaul Mofaz, lo que explica su mayor probabilidad para formar una coalición gubernamental con sectores de derecha como el partido Shas, Israel Beiteinu o los partidos ultranacionalistas que representan a los colonos de Cisjordania. Sin embargo, ante la opción de un llamado a nuevas elecciones, su potabilidad frente a una competidora como Livni es más que endeble.

 

La otra parte de la ecuación, lógicamente, indica que la actual canciller no tendría la virtud de asegurar la continuidad del gobierno de Kadima si fuera elegida como reemplazante de Olmert en las elecciones internas de ese partido, programadas para septiembre próximo. Se estima que Shas, un partido religioso de base popular pero cuya dirigencia se opone a “renuncias” territoriales como maniobra para conseguir mejores tajadas presupuestarias, se retiraría de la coalición en caso de que Livni ganara la disputa electoral en el partido gobernante. Su imagen moderada, apuntalada por el hecho de que es la responsable de las conversaciones con la dirigencia de la Autoridad palestina (AP) destinadas a llegar a un acuerdo basado en el principio de “dos estados para dos pueblos”, juega en su contra a la hora de negociar con los posibles socios parlamentarios. Pero, por el contrario, la favorecería si la transición se extendiera hasta la disolución del actual Parlamento (Knesset) y la realización de elecciones generales, en tal caso previstas para marzo de 2009.

 

La distancia que separa la dinámica partidaria interna, en la que prevalece la tendencia al nacionalismo intransigente, del imaginario público general, en el que habría mayoría a favor de una solución negociada con los palestinos, ha sido reflejada por las últimas encuestas. Un sondeo de opinión publicado el último viernes por el diario Haaretz arroja como resultado que, en caso de que las elecciones al Parlamento se efectuaran ahora, Tzipi Livni obtendría una mayoría de 26 mandatos, contra los 25 que cosecharía Benjamin Netanyahu. Así, por primera vez en varios meses, el líder del principal partido de la oposición, el Likud, perdería el primer puesto indiscutido a manos de la actual canciller. El logro contrasta –no está de más insistir– con la desventaja de Livni con respecto a Mofaz entre los 75.000 afiliados del partido de gobierno, y podría cambiar la relación de fuerzas entre ambos candidatos. Por otro lado, la misma encuesta señala que Shaul Mofaz no tiene chance siquiera de acercarse a los niveles de apoyo de los que goza Netanyahu en un comicio nacional, si éste se realizara actualmente.

 

Si este cuadro de situación se mantiene hasta fines de septiembre, cuando concluirán las elecciones internas de Kadima, sus consecuencias sobre el sistema político serían considerables. En primer lugar, el principal socio de la actual coalición gubernamental, el Partido Laborista, no se apresurará a generar un escenario que desemboque en nuevas elecciones, dado que en ningún caso supera los 17 mandatos (en el mejor de los casos) y su líder (y actual ministro de Defensa), Ehud Barak, apenas roza el 8 % del apoyo de los ciudadanos israelíes como candidato a próximo primer ministro. Se trata de casi un cuarto del respaldo favorable a Livni (22 %) y menos de un quinto del conseguido por Netanyahu (29 %). Este dato expresa la malograda intención del líder laborista por mejorar su reputación, ya que fue Barak quien impulsó a Olmert a dar un paso al costado cuando, en medio de las acusaciones por corrupción contra el premier, le planteó el ultimátum de llamado a elecciones internas de Kadima, pues de lo contrario provocaría la disolución de la Knesset. Pero tanto para los afiliados laboristas como para el grueso de la población, el tardío paso de Olmert no le dio al ministro de Defensa el fruto esperado. En cambio, sus consecuencias lo ubican hoy como el mayor perdedor de la jugada.

 

El balance entre la principal fuerza opositora y el principal socio de gobierno, favorable al Likud y contraproducente para el Partido Laborista, inducirá tanto a Barak como a Netanyahu, cada uno por separado, a invertir ingentes esfuerzos para que Shaul Mofaz sea coronado como sucesor de Ehud Olmert al frente de Kadima. Tal aspiración compartida por ambos líderes, además, se entiende mejor si se toma en cuenta que la mayoría del público prefiere claramente la convocatoria a elecciones antes que un nuevo viejo gobierno bajo la misma composición parlamentaria pero con un nuevo titular del partido dominante. En tal sentido, de acuerdo a los registros de opinión, gran parte de la sociedad expresó su alivio y alegría ante el anuncio del retiro efectuado por Olmert. Las noticias sobre las presuntas donaciones ilegales, las cuentas dobles en concepto de viajes al exterior aprovechados para fines personales y/o familiares, el dispendio de fondos públicos en hoteles y restaurantes de lujo, todas esas acusaciones contra el premier israelí terminaron por enterrar la poca misericordia que aún le prodigaban algunos círculos al avezado experto en supervivencia política.

 

Domingo 03 de Agosto de 2008

PASÓ ADELANTE LO DE ATRÁS

 

Por Juan Gelman

Las elecciones en EE.UU., los sucesos de Irak, las amenazas de guerra contra Irán empujaron a una orilla de la atención pública mundial un detalle no pequeño: Afganistán.

 

Un hecho lo ha devuelto a su antigua calidad de primicia: los talibán –casi barridos en dos meses a finales de 2001, un año y medio antes de la invasión de Irak– están causando allí más bajas norteamericanas que en Irak. En el mes de julio pasado, el número de militares estadounidenses caídos en Afganistán fue de 20 y de 11 en Irak (//icasualties.org/oif, 30-7-08). Hay actualmente 30.000 efectivos de EE.UU. a los que se suman otros 22.000 de la OTAN y, en conjunto, no pueden controlar la situación. Bastaron algunos centenares de comandos para derrocar al régimen talibán. La insurgencia es otro asunto.

 

El presidente Bush, los candidatos presidenciales Obama y McCain y los “halcones-gallina” de todo pelaje reclaman a gritos el incremento de tropas en Afganistán. Obama pidió 15.000 hombres más, el Pentágono habla de enviar 10.000, pero las condiciones del país, con zonas habitadas por tribus dispersas ingobernables y una extensa frontera con Pakistán de 2600 Km. mal vigilados, crean una paradoja: a más efectivos, más blancos para los talibán. Bien lo saben los soviéticos, que fueron derrotados y debieron retirar sus 100.000 soldados, casi el doble de los efectivos de la coalición aliada y el triple de los que el actual gobierno afgano podría desplegar. No pocos veteranos rusos de esa guerra sonreirán para sus adentros.

 

Es verdad que los talibán de entonces recibieron una robusta ayuda de EE.UU. en armas, dinero, inteligencia. Pero los soviéticos no conocieron los avances tecnológicos de la insurgencia: bombas sofisticadas al borde del camino, así como actos suicidas incesantes, otras fuentes de financiación y el empleo de nuevas tácticas a las que hoy debe hacer frente el ocupante. Grupos de hasta cien o más talibán no se limitan a emboscar y desaparecer: ahora reocupan aldeas y pueblos, sobre todo en el sur del país, y dan batalla frontal. Los bombardeos aéreos contra la insurgencia se han casi duplicado, como espejo de los ataques insurgentes: aumentaron un 52 por ciento en el primer semestre de 2008 en comparación con el mismo período del año anterior (www.cfr.org, 24-7-08).

 

También crece, desde luego, el número de civiles muertos bajo los cazas F-18 que no distinguen entre grupos guerrilleros y procesiones familiares que acompañan a una novia a encontrarse con su futuro esposo. El 6 de julio pasado, 47 hombres, mujeres y niños fueron así muertos y los sobrevivientes esperan todavía los resultados de la eventual investigación prometida por los mandos estadounidenses. Es la cuarta vez que sucede y esto no contribuye precisamente a ganar “mentes y corazones” en Afganistán. Para la población, los bombardeos norteamericanos no son de laya diferente a los que padecieron bajo la ocupación soviética.

 

El gasto en esta guerra asciende, para EE.UU., a más de 2800 millones de dólares por mes. Aun así, para algunos analistas militares un aumento de tropas en Afganistán nada solucionaría: tal vez los talibán nunca triunfen, pero la coalición encabezada por EE.UU. terminaría retirándose por mero desgaste, como tuvo que hacer el Reino Unido en 1921 tras enfrentar tres guerras independentistas. Aparte, pero no separada, se cuece la cuestión de los insurgentes en Pakistán: de sus filas salen muchos que cruzan tranquilamente la frontera y combaten con la resistencia afgana. No sólo pasan hombres, claro está.

 

La influencia de los talibán se ha extendido en el territorio tribal paquistaní lindante. El nuevo gobierno de coalición de Islamabad ha iniciado negociaciones con los pro talibán locales, pero su ejército sigue combatiéndolos: la presión de EE.UU. y de algunos países de la OTAN se exacerba por las bajas que les infligen. El primer ministro paquistaní, Yousaf Raza, se comprometió con W. Bush a asegurar las porosas fronteras de su país con Afganistán, pero asoma otro problema: el ISI, servicio de espionaje de Pakistán estableció fuertes vínculos con los talibán cuando éstos combatían a la ocupación soviética, vínculos que, al parecer, no se han debilitado mucho. Tal vez facilitaron el ataque suicida contra la Embajada de la India en Kabul que causó la muerte de 58 personas.

 

La financiación de los talibán afganos no es un secreto y aquí se tropieza con una doble paradoja: cuando estaban en el poder, prohibieron el cultivo de la amapola opiácea que la CIA, una vez derrocados, alentó para subvencionar sus propios operativos. Hoy Afganistán produce más del 80 por ciento de la heroína que va al mercado mundial. Financia también a los talibán que impusieron su veda.

 

Hace 24 siglos, Alejandro Magno peleó tres años contra las tribus afganas para conquistar el país. Infructuosamente. Se casó, entonces, con la hija del jefe enemigo y así pudo. Esta solución tampoco está al alcance de W. Bush.

 

Viernes 01 de Agosto de 2008.

EL HOY Y EL MAÑANA EN GAZA

 

Por Riyad Al Hadáis*, por Revista Pueblos

Gaza es hoy la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Su millón y medio de habitantes sobrevive a duras penas en esta franja de tierra ocupada ilegal e indefinidamente por el ejército israelí en el año 1967. Cuarenta años después la situación es insostenible. El bloqueo económico impuesto por la comunidad internacional en respuesta a la victoria de Hamas en las elecciones palestinas de 2006 está teniendo unos efectos devastadores sobre la población de la Franja de Gaza, que ve cómo sus condiciones de vida se deterioran progresivamente.

 

En el año 1948 (Al Nakba, “la catástrofe”) los palestinos se vieron obligados a abandonar sus tierras, entre ellos mi familia, debido a la brutalidad de las bandas sionistas (que luego evolucionaron hacía el ejército israelí) que cometieron numerosas masacres. Como resultado de Al Nakba, la mayoría de los palestinos tuvieron que huir o fueron desplazados a los países vecinos, como Cisjordania, bajo mandato jordano, o Gaza, bajo mandato egipcio. La Sociedad de Naciones (más tarde Naciones Unidas), bajo la presión de los recién liberados países árabes y de la ex Unión Soviética, determinó numerosas resoluciones que recogían los derechos y compromisos por parte de israelíes y palestinos, que no se llegaron a aplicar debido a la negativa de los mismos líderes árabes y palestinos y de Israel.

 

En el año 1967 tuvo lugar la Guerra de los Seis Días entre Israel y los ejércitos de Egipto y Siria; éstos fueron derrotados y el ejército israelí ocupó Cisjordania y la Franja de Gaza en lo que conocemos como Al Naksa (“el retroceso”). Israel declaró que todos los palestinos que residían en esas dos zonas y que se encontraban en ese momento en el extranjero no podían regresar a sus casas, originándose la segunda oleada de refugiados; mis padres, como otros tantos, fueron por segunda vez expulsados y refugiados de sus tierras. Desde su ocupación, Israel ha controlado totalmente Gaza tanto a través de sus colonos (expulsados en el año 2005) como de sus múltiples incursiones y ataques a la población civil por tierra, mar y aire.

 

Los llamados “procesos de paz” no satisfacían las demandas de los palestinos, lo que provocó el arranque de la primera Intifada en 1987, que terminó con los Acuerdos de Oslo en 1993 y con la formación de la Autoridad palestina. Pero los acuerdos fueron en detrimento de los palestinos, e Israel, que no cumplía ninguno de ellos, comenzó a imponer por “razones de seguridad”, medidas injustas como la prohibición a los ciudadanos de Gaza de trabajar en Israel.

 

En el año 2000, a partir de una visita del ex primer ministro Ariel Sharon a la explanada de las mezquitas en Jerusalén, uno de los lugares más sagrados del Islam, se originó la segunda Intifada, hecho que evidenció que el llamado “proceso de paz” estaba más lejos que nunca.

 

LA VICTORIA DE HAMAS

En enero de 2006 se llevaron a cabo las elecciones al Consejo Legislativo Palestino (PLC) con unos resultados sorprendentes: la victoria absoluta de Hamas. A pesar de la presencia de observadores internacionales y de la clara transparencia democrática de las elecciones, la comunidad internacional no aceptó los resultados por ir en contra de sus intereses. Personalmente no me sorprendió la victoria de Hamas por diferentes razones:

 

• La gran campaña pre-electoral que incluía visitas a domicilio para ganar el voto de las mujeres ante la desastrosa y poco organizada campaña de Al Fatah.

 

 • El voto de castigo por parte de los miembros de Al Fatah a sus dirigentes por no haber cumplido con ninguna de las promesas y expectativas del pueblo.

 

 • Desde su creación, la Autoridad palestina había sido dirigida por Al Fatah hasta sumergirse en la corrupción; los palestinos decidieron votar a Hamas con la esperanza de eliminar la corrupción y de mejorar sus condiciones de vida.

 

 • Hamas es uno de los principales movimientos políticos palestinos que ha hecho frente a Israel desde sus inicios y en la primera Intifada, siendo para muchos líder indiscutible de la segunda.

 

El presidente palestino Mahmoud Abbás nombró a Hamas para formar un gobierno de coalición pero los dirigentes de Al Fatah, junto a otras facciones políticas minoritarias, se negaron. Hamas formó su propio gobierno, aceptado por Abbás y el PLC pero sin contar con el apoyo de la comunidad internacional, que financiaba con ayuda externa al antiguo Gobierno de Al Fatah pero que no tenía ninguna intención de hacerlo con el nuevo. La comunidad internacional e Israel impusieron una serie de sanciones económicas, el famoso bloqueo al Gobierno de Hamas, suspendiendo cualquier tipo de ayudas y reteniendo Israel los ingresos fiscales palestinos, entre 35 y 50 millones de dólares al año, convencidos de que de esta manera Hamas se vería tan presionada que renunciaría al gobierno.

 

Israel llevó a cabo un interminable asedio a los palestinos, especialmente en la Franja de Gaza, prohibiendo la libertad de movimiento de personas y mercancías de dentro y de fuera de la Franja, disparándose así los niveles de desempleo y pobreza.

 

LA VIDA EN GAZA

La Franja de Gaza es una pequeña franja de tierra rodeada por Israel en el Norte con su muro del Apartheid, por el Este con la valla eléctrica, por el Oeste con el mar Mediterráneo y con Egipto por el Sur, por lo que se ha convertido en la cárcel al aire libre más grande del mundo con 41 Km. de largo y entre 10 y 14 de ancho. Con el buffer que impuso el ejército israelí (aproximadamente unos 2 Km. por cada lado) la Franja se ha hecho aún más pequeña. Aquí residen aproximadamente un millón y medio de personas, de las cuales un 69 por ciento son refugiadas.

 

Mi colega el doctor Basam Abu Hamad escribió hace unos meses:

 

“El bloqueo de la Franja de Gaza supone un castigo colectivo injustificado. El número de personas que viven en el umbral de la pobreza se ha duplicado, y casi diría que triplicado, desde el 2006, con más de un millón de personas según la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la OCHA a lo largo del año 2007: sólo en el primer semestre del año, el 58 por ciento de los palestinos vivía bajo el umbral de la pobreza y el 30 en situación de extrema pobreza. La prestación de servicios básicos por parte de las instituciones palestinas se vio seriamente socavada y la economía se redujo alarmantemente, contribuyendo a la violencia entre facciones políticas, sin precedentes e inimaginables para los palestinos, con la ola más grande de violencia en junio del 2007.”

 

“La política actual del Gobierno Israelí garantiza, según el Grupo Internacional de Crisis, el “no desarrollo, no prosperidad y la crisis humanitaria” de la Franja; desde entonces, los palestinos viven más inseguros y empobrecidos que nunca, con una situación que no para de empeorar. El Gobierno israelí no permite prácticamente el paso de productos básicos, a excepción de algunos alimentos y medicamentos, y tampoco permite la entrada ni la salida de sus ciudadanos. Estas acciones han tenido un impacto adverso en casi todos los sectores, especialmente del agua, electricidad, salud, agricultura y medio ambiente, etc. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) los ciudadanos de Gaza se están convirtiendo en la población más dependiente de ayuda exterior del mundo con un 75 por ciento de población que ya es parcial o totalmente dependiente de la ayuda humanitaria y de productos de emergencia, como medicamentos. La imposibilidad de importar materias primas para los sectores de industria y construcción ha agravado la brusca pérdida de mercados de exportación, con unos 65.000 trabajadores despedidos, con unas 450.000 personas a su cargo (según OCHA en el 2007).”

 

“Todas estas condiciones han repercutido negativamente en la situación socioeconómica y el estado de salud de la población, con el aumento de la pobreza y de las enfermedades originadas por ésta (como la malnutrición), el desempleo, el deterioro de los indicadores de salud pública y la disminución de la capacidad de la Autoridad palestina de pagar los sueldos a sus empleados que llevaron a cabo numerosas huelgas que afectaron a las organizaciones e instituciones de salud, educación, etc. Para hacer frente a estas huelgas, se llamó a muchos voluntarios que sustituían a los trabajadores, evidenciando que la lealtad política era más importante que la productividad. Una señal preocupante es la creciente desintegración del tejido social y de la pérdida de valores en la sociedad palestina, con la distorsión de la visión nacional (Tunnel Vision)”.

 

EL FUTURO

En la Franja de Gaza ningún palestino hace planes para el futuro. Con la separación política entre Al Fatah y Hamas, que ha agravado más la separación geográfica de Cisjordania y Gaza, y el aislamiento internacional, se han cumplido los sueños de Israel de ver a los palestinos enfrentados, divididos y cada vez más debilitados. En Yemen, la mayoría de palestinos perdieron totalmente la fe en sus dirigentes, debido a la extremadamente fría respuesta de ambas partes a la firma de los acuerdos de reconciliación. Cuando se firmaron los acuerdos en la Meca, la mayoría de palestinos salieron a la calle a celebrarlo, falsamente optimistas; no fue éste mi caso ya que dejé de confiar en ambos lados. Aun así, tengo la esperanza de que los palestinos llegaremos a la reconciliación y de que, a pesar de la separación geográfica, más distante que nunca debido a la separación política entre Al Fatah y Hamas, los palestinos de las dos zonas recuperarán el sentimiento de pueblo unificado contra las medidas terroristas, brutales e injustas de Israel.

 

Los palestinos no sólo somos de Al Fatah o de Hamas, hay muchas otras pequeñas facciones políticas, además de personas independientes que como yo tenemos mucho que decir. Esta separación política no puede durar mucho tiempo, es insostenible, y llegará un momento en que el pueblo palestino se rebelará contra Al Fatah y Hamas para lograr un cambio.

 

Está claro que con las medidas injustas impuestas por Israel en la Franja de Gaza así como la pasividad de la comunidad internacional, que mira y calla ante lo que hace el Gobierno israelí, el futuro es incierto. Llegamos a pensar que Israel acabará consiguiendo que los ciudadanos de Gaza pasemos a ser egipcios y los de Cisjordania que pasen a ser jordanos, medidas que nos aterran y que consideramos peores que las técnicas utilizadas en 1948; es lo que aquí llamamos la “transferencia”, estrategia soñada y adoptada por algunos ideólogos de la extrema derecha sionista, partidos políticos y activistas.

 

Los EE UU son los principales mediadores en el proceso de paz entre israelíes y palestinos, proceso que no tiene ningún tipo de futuro ya que Israel nunca cumple con sus acuerdos ni respeta los Derechos Humanos de los palestinos. Nadie contempla la formación real de un Estado palestino independiente con las fronteras anteriores al 1967, el derecho al retorno de los refugiados, reconocer Jerusalén como la capital de palestina y la libertad de los miles de prisioneros palestinos que cumplen condena en las cárceles de Israel.

 

El peligroso ciclo de violencia no parece que vaya a detenerse y el pueblo palestino, especialmente en la Franja de Gaza, seguirá sufriendo hasta que la comunidad internacional actúe para frenar la violencia y el terror de nuestro día a día ya que somos el blanco perfecto para las operaciones y ataques israelíes debido a que nos encontramos encerrados en una cárcel, en su cárcel.

 

* Riyad al Adassi es coordinador de la Union Health Work Comittees en Gaza. Artículo traducido del inglés para Pueblos por Mireia Gallardo. Este artículo ha sido publicado originalmente en el nº 32 de la Revista Pueblos, junio de 2008.

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