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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Pleno derecho

Comenzó a regir ayer la incorporación de la Autoridad Nacional Palestina a la Corte Penal Internacional de La Haya.

Entró en vigor la adhesión de Palestina a la Corte Penal Internacional (CPI), que había sido gestionada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) después de la operación militar israelí Margen Protector, que causó la muerte de más de 2.000 personas en Gaza. La adhesión implica que la CPI podrá juzgar delitos de guerra cometidos en territorio palestino.

El ingreso al tribunal de La Haya fue posible gracias a que Palestina recibió el estatus de Estado observador de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en una votación de la Asamblea General de esa organización. Ese estatus la habilita a integrarse a distintos organismos de la ONU, como la CPI.

Israel ha intentado frenar el acceso palestino a nuevos escenarios internacionales, y logró incluso que a comienzos de 2015 Estados Unidos vetara una resolución del Consejo de Seguridad en la que se reconocía a Palestina como Estado.

“Desde el día de hoy, en que Palestina se convierte formalmente en un Estado parte en el Estatuto de Roma, el mundo está cerca de poner fin a una larga era de la impunidad y la injusticia”, dijo ayer el canciller palestino, Riad al Malki, en la conferencia de prensa que dio junto a las autoridades de la CPI.

La vicepresidenta segunda de la CPI, la jueza Kuniko Ozaki, dijo que la entrada en vigor de la adhesión de Palestina supone que ésta “adquiere todos los derechos, así como las responsabilidades que conlleva ser un Estado Parte en el Estatuto”. La adhesión implica que la CPI puede juzgar los crímenes de guerra cometidos en territorio palestino ocupado (Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este) desde el 13 de junio de 2014, fecha que incluye los últimos ataques militares israelíes en Gaza.

La CPI ya tiene en curso una investigación preliminar sobre los posibles crímenes de guerra cometidos en esa ofensiva. La ANP manifestó ayer que dará tiempo a que esa investigación avance antes de presentar formalmente una denuncia contra Israel.

El tribunal podrá investigar los presuntos crímenes de guerra cometidos tanto por Israel como por Hamas o cualquier otro grupo palestino. Hamas firmó la adhesión a la CPI y aceptó que sus milicianos sean juzgados por La Haya.

Sin embargo, esta aceptación podría estar sujeta a las idas y vueltas del gobierno de unidad que acordaron las facciones palestinas Hamas y Al Fatah en abril de 2014. Tras varias demoras, el gobierno se reunió por primera vez en octubre, pero múltiples factores evitan que logre hacerse efectivo. A las diferencias entre los dos partidos (que incluyen, entre otras cosas, la forma de relacionarse con Israel) se suman las dificultades de movilidad que el gobierno israelí impone a Cisjordania y Gaza.

El acuerdo de abril incluía la celebración de elecciones en octubre. Éstas se postergaron primero por la invasión israelí a la franja de Gaza, y desde entonces no se ha logrado un acuerdo para convocarlas.

A las dificultades que vive este gobierno de unidad se sumó esta semana la renuncia del vice primer ministro y ministro de Economía, Mohamed Mustafá. El portavoz del Ejecutivo de unidad, Ihad Bseiso, aseguró que la decisión de Mustafá, un prestigioso economista cercano a Al Fatah, la agrupación del presidente palestino, Mahmud Abbas, se debe a razones personales. Sin embargo, el canal de televisión Al Aqsa, vinculado a Hamas, sostuvo que su salida del gobierno se debió a la información que publicó días atrás, que vinculaba a Mustafá con actos de corrupción y prácticas monopólicas con el dinero destinado a la reconstrucción en Gaza.

 

http://ladiaria.com.uy/articulo/2015/4/pleno-derecho/

 

La mujer que rescata sonrisas en el checkpoint

por María Delgado

No fue difícil reconocerla en medio de la multitud de palestinas brutalmente reprimidas en la víspera del Día Internacional de las Mujeres: es alta, delgadísima, rubia y bien entrada en años. La llaman Tamara, y a ella parece gustarle la versión árabe de su nombre (Tamar). Es judía y retrata la ocupación.

Desde hace 12 años, ella viaja desde su hogar cerca de Tel Aviv para estar cada domingo (el equivalente a nuestro lunes) en uno de los lugares más horribles y sórdidos del territorio ocupado: el enorme checkpoint de Qalandiya, la entrada norte a Jerusalén. Por allí pasan cada mañana, después de hacer colas inhumanas durante varias horas desde la madrugada, varios miles de palestinos –la gran mayoría obreros, pero también estudiantes, mujeres y personas enfermas– que constituyen la minoría “privilegiada” con permiso para entrar en Jerusalén a trabajar, estudiar o ir al hospital. Allí es donde también confluyen las manifestaciones que terminan siempre con gran violencia represiva.

Tamar Fleishman es judía israelí, de origen azkenazí; sus padres emigraron muy jóvenes desde una región que era Polonia y hoy es Ucrania. “Yo llevo el nombre de mi abuela, que fue asesinada en el Holocausto, y eso es algo muy significativo para mí: no quiero que mi pueblo haga lo mismo que nos hicieron a nosotros.”

 Dice que el cambio fue un proceso que se dio a lo largo del tiempo: “Yo era la típica niña y joven israelí sionista”. Ya casada y con tres hijos, el trabajo de su esposo la llevó a vivir en otros países. Y fue la primera vez en su vida que conoció personas que no eran judías. “La sociedad israelí en esa época era totalmente homogénea y cerrada. Yo crecí cerca de Haifa, donde hay mucha población árabe. Pero nunca les vi. Los israelíes no ven al otro. Nunca tuve una amiga que no fuera como yo. En Bangkok empecé por primera vez a hacer amistad con personas no judías y a mirarlas como seres humanos, no por su raza o su color de piel.”

Cuando volvió a Israel sintió que tenía que cambiar algo en su vida. “Y entonces Itzak Rabin fue asesinado; y la derecha se hizo muy fuerte. Sentí que tenía que actuar.” La primera organización con la que se vinculó fue Courage to refuse (objetores que se negaban a hacer el servicio militar en los territorios ocupados); y luego pasó a Machsom Watch, un grupo de mujeres que desde hace años monitorean los abusos y arbitrariedades en los check points y tratan de intervenir para aliviar la situación de la población palestina.

Tamar empezó yendo al checkpoint como integrante de Machsom Watch, y los horrores que conoció en estos 12 años le hacen afirmar: “He cambiado muchísimo desde aquella primera vez que vine a Qalandiya”. Al principio trataba de “ayudar” a los palestinos haciendo llamadas a las autoridades; ahora ya no lo hace. “No quiero suavizar el rostro de la ocupación, no quiero que el checkpoint sea más ‘humano’. La ocupación es inhumana, el checkpoint es inhumano; y yo no quiero lavarle la cara: quiero que todo el mundo lo vea como es. Es mucho más fácil ayudar, porque te sientes bien; es un sentimiento muy reconfortante, y la gente te lo agradece mucho…”

ROMPIENDO ESTEREOTIPOS. Alrededor del checkpoint se mueve un universo de vendedores callejeros que ofrecen desde café y falafel hasta aspirinas, ropa, fruta, almohadas. La gran mayoría son niños y jóvenes pobres del vecino campo de refugiados que da el nombre al check point.

Como parte de su tarea, Tamar toma fotos de lo que ocurre, lo cual le ha traído muchos problemas con los soldados. Pero desde hace un tiempo empezó a tomar fotos de los niños y jóvenes que venden en los alrededores del checkpoint. Al principio se encontró con mucha hostilidad y resistencia. Pero poco a poco, como ella misma dice con orgullo, se fue ganando las sonrisas que ahora retrata.

Parte del secreto es que todos la ven ya como una amiga; y también que tuvo la buena idea de imprimir y regalarles las fotos que les toma. “¡Eso les encanta! Porque es lo único que tienen, lo único verdaderamente suyo: todo el dinero que ganan tienen que entregárselo a su padre, y al final del día no tienen nada para ellos; las fotos se vuelven así el único tesoro que pueden conservar”. Y agrega: “Todos tenemos álbumes de fotos de nuestra infancia, de nuestra vida… pero ellos no tienen nada; ¡no tienen infancia!” Y no sólo los niños: ahora también los adultos se lo piden. Y cuando me muestra las fotos, los va nombrando a cada uno.

 Empezó a hacerlo después de una de las veces que fue al tribunal militar de Ofer: “Yo siempre pensaba: por favor, que no sea ninguno de los que conozco, pero ese día vi llegar engrillado y esposado a uno de los niños de Qalandiya. No había ningún familiar suyo en la sala (viene de una familia muy, muy pobre del campo de refugiados). Yo lo miré fijo, pero él no me veía. Y yo seguí mirándolo intensamente, hasta que él levantó la cabeza y me vio: y entonces empezamos a conectarnos, y estuvimos así durante toda la audiencia. Lo que ese chico había hecho era simplemente sacudir una tela metálica del checkpoint, y por eso lo acusaron de ‘tratar de dañar una instalación militar’. Entonces pensé: a él lo arrestaron, pero podrían haberlo matado. Tamar, tienes que empezar a tomar fotos de los chicos de Qalandiya.” Más adelante un joven le pidió que tomara una foto de él y de su amigo, y dos meses después el amigo fue asesinado por el ejército. Y la foto de Tamar fue la última que la familia tuvo de él. “Se llamaba Ali Jalifa”, dice.

 Las fotos de Tamar están tomadas con una cámara sencilla (“para poder esconderla en el bolsillo”); no son profesionales ni de una gran calidad. Pero ella logra captar el alma de cada niño o joven en la sonrisa que le regalan. Esas sonrisas suelen iluminar unos bellos ojos oscuros y expresivos, llenos de vida en un lugar que sólo inspira pesadumbre y desaliento. Ella dice que esas sonrisas rompen los estereotipos, sobre todo en Israel: “La sonrisa no es el símbolo de Palestina. Y entonces de pronto la gente ve esos rostros sonrientes, y algo los hace sentir incómodos… Y funciona, de alguna manera funciona. Los niños son niños; están allí, y no van a desaparecer: ¡miralos!” Le pregunto si siempre sonríen para su cámara: “¡Oh sí, oh sí!”, dice con orgullo, sonriendo ella también.

 A menudo va al campo de refugiados de Qalandiya, donde conoce a muchas familias; pero no entra en las casas, porque siente que no es una relación justa: la gente le ofrece generosamente comida y bebida, pero ella no puede invitarles a su casa. Entonces cuando insisten, les dice: “¡Cuando la ocupación se termine, voy a venir a todas las casas!”.

 CONTAR LAS HISTORIAS. Además de sacar fotos, Tamar siente que su deber es contar –desde su punto de vista como mujer judía israelí– las historias de las que es testigo. No le importa si la sociedad israelí o el mundo no quieren conocerlas: están ahí, escritas, y las fotos las documentan; es importante como registro, dice. “No soy ingenua: yo escribo en hebreo, pero la mayoría de la sociedad israelí no quiere ver, no quiere oír, elige no saber, no quieren hacerse responsables. Nunca logré traer a mis amigas para que por lo menos vieran lo que es Qalandiya.”

Las historias de Tamar hablan de ambulancias demoradas durante seis o siete horas con pacientes graves, de pacíficos vendedores de café arrestados durante una manifestación y juzgados por “arrojar bombas molotov”, de niños detenidos por andar por la calle en una moto de juguete, de soldados adolescentes aburridos, portando armas automáticas y entrenados para odiar y humillar a todos los árabes, de una niña enferma con su madre a las que no se les permite pasar el checkpoint porque no tienen el original del permiso para vivir en su ciudad, de un bebé prematuro en riesgo de vida que es sacado de la incubadora para ser revisado en el checkpoint antes de pasarlo a otra ambulancia (las ambulancias palestinas no pueden entrar en Jerusalén y por eso en el checkpoint los enfermos deben ser transferidos a una ambulancia israelí, sea cual sea su estado), de un niño grave a cuyo padre no se le permite ir con él al hospital, de un hombre que acaba de ser operado del corazón y colapsa después de esperar un día entero sin poder pasar, de las multitudes de hombres y mujeres que cada viernes de Ramadán soportan horas de espera, humillaciones y gritos de los soldados, bajo el calor y en ayunas, para intentar ir a rezar en Al Aqsa, sabiendo que probablemente no lo lograrán.

 Y transmiten, también, su culpa y su impotencia ante la monstruosa maquinaria cuyo único objetivo es destruir el espíritu y la vida cotidiana del pueblo palestino. Y así como las fotos buscan ponerles rostros concretos a esa masa abstracta llamada “los palestinos”, las historias les ponen nombre, porque Tamar quiere que los lectores sepan cómo se llama el protagonista de cada una: “Tiene un nombre, no es simplemente ‘un palestino’: se llama Jaled, o Hisham”. A través de esas historias concretas, ella consigue eficazmente mostrar el rostro despiadado y brutal de la ocupación, así como la tenaz voluntad de vivir y resistir que hace invencible a ese pueblo.

 EL CORAZÓN EN GAZA. Tamar reconoce que sí interviene en el checkpoint en dos tipos de casos: cuando se trata de un asunto de vida o muerte, o cuando son personas de Gaza. “Gaza para mí es un asunto muy sensible; es la mayor cárcel del mundo. Los israelíes dicen que se retiraron de Gaza, pero es mentira: controlamos todo, cada nacimiento y cada muerte en Gaza; hasta el número de documento de identidad que recibe cada recién nacido, todo está bajo control de Israel.”

 Además en Gaza vive su gran amigo Ghassan. Cuando habla de él, sus ojos brillan y sonríe enigmáticamente. Al preguntarle cómo es esa relación, responde de inmediato: “Es mi alma gemela. No sé cómo describirlo. Me hace reír, me calma cuando estoy desesperada o furiosa. Él está en la cárcel que es Gaza y es el que me consuela a mí”. Lo conoció en Qalandiya hace años. Él había ido a Ramala por unos estudios médicos, y para volver a Gaza hay que pasar por el checkpoint; pero no lo dejaban, por alguna arbitrariedad burocrática. “Era el último día del año, con un clima horroroso: una neblina densa y un frío mortal. Empecé a hacer llamadas a los contactos que tenía, pero nada funcionó; tuvieron que volverse a Ramala” (eso ocurre con mucha frecuencia, me dice). Al día siguiente hizo otra llamada a una persona muy poderosa, y a los 15 minutos el permiso estaba listo. “Desde entonces estamos en contacto frecuente y cercano. Cuando hay un ataque a Gaza, llamo varias veces al día para saber cómo están él y su familia. Es muy duro…” dice, y guarda silencio.

 Le pregunto a Tamar si su proceso personal ha afectado las relaciones con su propia gente. “Corté un montón de relaciones. Mi marido y mis hijos comprenden y están orgullosos de mí; mi hija es mi traductora al inglés.  También mi marido cambió muchísimo, y no es fácil para los hombres, porque están más aferrados a los esquemas machistas.” Tamar cree que la sociedad israelí puede cambiar, así como cambió en el pasado; y si cambió para peor, se puede revertir. “Los israelíes tendrán que ser forzados a cambiar, a aceptar convivir con los palestinos; pero con el tiempo se acostumbrarán. Va a llevar mucho tiempo, generaciones seguramente”, como pasó en todos los lugares donde hubo conflicto: Sudáfrica, Irlanda, Alemania (actual destino preferido de los emigrantes israelíes).

 Pero se niega a especular sobre el porvenir: “No tengo una visión del futuro, porque para mí eso es un desperdicio de energía; mi energía debo emplearla en lo que hago. Yo no soy política. Lo único que quiero es que las cosas sean un poco menos malas, que la gente no sufra tanto, que esta ocupación se termine; quiero que la gente pueda vivir una vida normal, moverse libremente, mantener a su familia, vivir con decencia y justicia. Y no que controlemos a otro pueblo. Yo no puedo decir qué es mejor, no sé cuál será la solución final y no importa cuál es mi idea. Creo que hay que trabajar en todos los frentes posibles, y así ir sumando gota tras gota hasta llenar el océano”.

 De algo está segura: el cambio se va a dar después de que los israelíes tengan que pagar un precio más alto que hasta ahora. “No hemos pagado con sangre ni con dinero, y en cambio lucramos con este sistema. Todos, todos lucramos con la ocupación. Tal vez el cambio vendrá con la próxima intifada. Junto con la presión exterior.”

Por eso también colabora editando testimonios de Breaking the Silence (la organización de ex soldados/as israelíes) y con el proyecto “Who profits?”, de la Coalition of Women for Peace, de la que es integrante. Esto significa que apoya el Bds (movimiento global de boicot y sanciones a Israel), pero no quiere abundar en los motivos: “Simplemente porque es la estrategia correcta –dice–: si funcionó en Sudáfrica, tiene que funcionar en Palestina”. n

 Semanario Brecha, viernes 27 de marzo de 2015

 

 

Netanyahu no ve "pertinente" establecimiento de Estado Palestino

El dirigente israelí contradijo sus declaraciones de 2009 y ahora considera que un Estado palestino “no es pertinente” a pesar de que más de 130 países del mundo han reconocido a Palestina como Estado libre y soberano.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, indicó este domingo que su discurso del 2009 en el que manifestaba su apoyo al establecimiento de un Estado palestino, hoy en día "ya no es pertinente".

Las palabras de Netanyahu fueron difundidas a través de un comunicado del partido Likud, que publica las declaraciones de Netanyahu, en respuesta a las interrogantes planteadas por la prensa israelí por los volantes electorales difundidos este fin de semana en varias sinagogas, en el que dicho partido declara nulo discurso de 2009 en Bar Ilan (centro-oeste).

Likud agrega que el primer ministro "ha luchado durante toda su vida contra el establecimiento de un Estado palestino".

Lea también: Parlamento de Italia aprueba reconocer a Palestina como Estado

Netanyahu en junio del 2009, en Bar Ilan (Israel) declaró su apoyo a una solución de dos Estados, con un Estado palestino desmilitarizado junto a Israel, como Estado judío.

En el 2013, la máxima autoridad israelí estaba dispuesto a realizar un acuerdo marco antes de la reciente ronda de conversaciones entabladas entre junio de ese año y abril de 2014 con patrocinio de Estados Unidos. 

"El primer ministro Benjamin Netanyahu dijo que en la situación de Medio Oriente, cualquier territorio que fuera evacuado sería apropiado por el Islam extremista y por las organizaciones terroristas apoyadas por Irán", señala el texto de Likud.

El Dato: Benjamín Netanyahu ofreción en enero de 2015 una entrevista a un canal de noticias de Israel, donde manifestó que el discurso de Bar Ilan no expiraría, pero además agregó que "los palestinos violaron sus contenidos".

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En Contexto:
Más de 130 países del mundo han reconocido a Palestina como un Estado libre y soberano. A la fecha Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón e Israel han sido la excepción internacional. 
El reconocimiento a Palestina como un país libre y soberano ha sido otorgado por varios países de Europa, entre ellos España, Suecia, Reino Unido, Irlanda, Bélgica y Francia, cuyos parlamentos han manifestado reconocer la soberanía de los palestinos.
El Gobierno de Suecia se convirtió en el miembro número 135 de las Naciones Unidas en reconocer oficialmente a Palestina como Estado independiente, provocando un incidente diplomático entre el país europeo e Israel, afirmó la Organización Palestina Libre.

http://www.telesurtv.net/news/Netanyahu-no-ve-pertinente-establecimiento-de-Estado-Palestino-20150308-0039.html

"El abandono en que se ha dejado a la población de Gaza crea una bomba de relojería"

Entrevista con Pierre Krähenbühl, director de la UNRWA

Daniel Fontaine

International Solidarity Movement

Pierre Krähenbülh está al frente de la UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas responsable de los refugiados palestinos, de cinco millones de personas que tuvieron que huir en 1948 y que ahora se encuentran dispersos por toda la región. Las guerras en Gaza y Siria les están golpeando duramente. El Sr. Krähenbühl nos habla de su inquietud por la región

-En Gaza, este último invierno, niños sin hogar se han muerto de frío. ¿Es una señal de que la situación sigue deteriorándose seis meses después de finalizar la guerra?

-Pierre Krähenbühl (PK): Hemos conocido especialmente bien un caso muy trágico. Una familia había regresado a lo que quedaba de su hogar, que había sido en gran medida destruido por Israel. Cuando empezó a llover y las temperaturas bajaron, los niños murieron de frío durante la noche. Es un mensaje que debería llenar de vergüenza al mundo entero. Se trata de una población muy educada, que ha pasado por las escuelas de la UNRWA y los colegios palestinos. He conocido empresarios que ahora dependen de la ayuda humanitaria. Hay una estadística especialmente dolorosa, de 1,8 millones de habitantes, 1,1 millones recibe ayuda humanitaria. Eso sucede en un lugar donde sus gentes son gentes educadas que eran autosuficientes económicamente. Una situación así es inaceptable y es posible cambiarla mediante una política decidida y una actividad de reconstrucción mucho más enérgica.

-¿Cómo explicar la hipocresía de los países que prometieron millones de dólares durante la conferencia de ayuda humanitaria para la reconstrucción de Gaza celebrada en El Cairo y que a continuación olvidaron todas sus promesas ?

-PK: La UNRWA había solicitado 720 millones de dólares para abordar la parte que nos correspondía. Se trataba de reconstruir los inmuebles destruidos y al mismo tiempo realizar las reparaciones más modestas. Aquel día nos prometieron 175 millones. Algunos de los países asistentes a la conferencia sí respondieron, como Arabia Saudí y Alemania.

Por contra, y eso ha supuesto un duro golpe para mí, cuatro meses después de la conferencia de El Cairo, descubrimos que ya se había gastado el dinero recibido y que las contribuciones se habían interrumpido, por lo que tuvimos que poner fin a nuestros proyectos de reconstrucción. Que eso se produjera cuatro meses después de El Cairo fue realmente un shock.

La buena noticia es que hoy se han reanudado las contribuciones. Vamos a poder relanzar algunas de esas actividades. El mecanismo para la importación de materiales de construcción empieza a marchar a ritmo de crucero, aunque aún sea insuficiente. Por tanto, las perspectivas han mejorado algo.

Antes de la conferencia de El Cairo, me hacía muchas preguntas sobre la conveniencia de volver a invertir en Gaza para que todo lo invertido sea destruido por Israel en el siguiente conflicto. Es comprensible, se trata del dinero de los contribuyentes. Pero si no se invierte en construcción, al menos hay que involucrarse políticamente. No podemos quedarnos de brazos cruzados a los dos niveles, a nivel humanitario y a nivel político. Eso no dejaría perspectiva alguna ni para Gaza ni para la región.

-¿Vd. percibe que la desesperación aumenta?

-PK : De lo que hay que ser conscientes es del cúmulo de situaciones terribles e insoportables que lleva padeciendo el pueblo de Gaza. Por un lado, ocho años de bloqueo impuesto por Israel. Esto quiere decir que no hay trabajo, porque no hay ni importaciones ni exportaciones. Hay una tasa de desempleo del 45%, 65% para los jóvenes y 85% para las mujeres. No existe libertad de movimiento y no hay expectativa alguna de mejora para la población. Las dos terceras partes de los habitantes de Gaza son jóvenes de menos de 25 años. No hace falta mucho esfuerzo para imaginar que eso va a provocar enormes tensiones sociales en el futuro.

Y después tenemos el conflicto del último verano. Con todas las personas asesinadas y heridas, con todos los niños sufriendo las secuelas de la guerra, con tantas personas sin hogar, 120.000 seres que no pueden regresar a sus casas porque están destruidas; todo eso conforma una mezcla explosiva. Es una bomba de relojería para la región. Reforzada por el hecho de que la población de Gaza no tiene relación alguna con los israelíes (*). No hay conocimiento personal ni interacción alguna entre unos y otros. El 42% de la población israelí dice que nunca se ha encontrado con un palestino.

Esos parámetros son muy inquietantes para el futuro. Y el hecho de que no haya habido una acción política resuelta para abordar a fondo los problemas –el levantamiento del bloqueo, el fin de la ocupación- arroja una amenaza muy importante sobre Gaza y sobre toda la región.

-¿Es inevitable que se reproduzca el escenario lanzamiento de cohetes palestinos-bombardeos israelíes?

-PK : Las cosas son inevitables cuando no se las espera. Cuando se pueden evitar mediante una acción política, no puede decirse luego «Es que no me lo esperaba…». Por lo tanto, es imperativo actuar ya a nivel político y a nivel humanitario para que ese escenario no se repita.

Claro que la situación es ahora mucho más grave que hace un año, antes del último conflicto, pero es posible cambiarla siempre y cuando la comunidad internacional se comprometa a abordar seriamente los problemas subyacentes. Frente a la inestabilidad actual en Oriente Medio, el mundo debe preguntarse si puede permitirse el lujo de olvidar la cuestión israelo-palestina. Pienso que no. No es aceptable desde un punto de vista humano, desde la dignidad de las poblaciones y de la seguridad de la región y también de Europa. Nos encontramos hoy con palestinos abandonando la región. Buscan una vida mejor en otra parte, sobre todo en Europa. Cuando se producen debates sobre las migraciones, debemos pensar en mejorar allí las condiciones de vida. No se puede construir seguridad negando el derecho a la justicia a poblaciones enteras.

-¿Cómo es la situación actual en Siria de los refugiados palestinos que llevan desde hace cuatro años sufriendo la guerra entre el régimen y la oposición?

-PK : Ese conflicto ha tomado proporciones catastróficas para los sirios, pero también para los refugiados palestinos. Antes de la guerra residían en Sriia 560.000 refugiados palestinos. Más del 60% están desplazados en el interior del país, otros han huido al extranjero. A menudo tienen que cambiar de lugar numerosas veces en función de la evolución de las líneas del frente. Los campamentos se ven atrapados entre las partes combatientes. Antes, esta población era relativamente autónoma. En Siria, los refugiados palestinos podían acceder al trabajo y participaban en la vida social. Hoy dependen totalmente de la UNRWA. Gracias a los 4.000 colaboradores que tenemos, disponemos de los accesos necesarios. Pero lo verdaderamente dramático es que no se ve perspectiva alguna de solución por el horizonte. Ante esta realidad, la gente asume el riesgo de atravesar regiones inestables con tal de huir de Siria.

-Nuevos refugiados están llegando a los países vecinos donde se encuentran con los refugiados palestinos que llevan allí mucho tiempo, como en los casos de Líbano y Jordania. ¿Cuál es el impacto en estos países?

-PK : En el Líbano había 280.000 refugiados palestinos desde hace muchos años, a los que se han venido a añadir 44.000 nuevos refugiados. Nos estamos ocupando de ellos. Pero el Líbano está sufriendo una presión increible por la llegada de tantos refugiados. Tenemos entre nosotros grandes debates cuando es necesario acoger a 300 refugiados, pero el Líbano ¡acoge a 1,5 millones ! La UNRWA se encarga por su parte, en el Líbano y en Jordania, de que los refugiados palestinos llegados de Siria se beneficien de nuestros servicios. Hay también millares de refugiados palestinos en Turquía, en Egipto, en Argel, en Europa e incluso en Asia. Esta guerra de Siria ha desintegrado a la comunidad palestina, lo que suscita muchas preocupaciones en términos de supervivencia y de identidad.

(Véanse las últimas obras de Bansky en Gaza.)

Nota de la redacción ISM-Francia:

(*) Cuando se ve en qué consisten las relaciones que instituye Israel con los palestinos en Gaza y el número de muertos y heridos que estas relaciones generan entre los palestinos, sería mejor que no hubiera ninguna…

Fuente: http://www.ism-france.org/temoignages/-L-abandon-de-la-population-de-Gaza-cree-une-bombe-a-retardement-Entretien-avec-Pierre-Krahenbuhl-directeur-de-l-Unrwa-article-19464?ml=true

Tomado de:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196292

 

 

SEMANA INTERNACIONAL CONTRA EL APARTHEID ISRAELÍ

COMISIÓN  DE  APOYO  AL  PUEBLO  PALESTINO-URUGUAY


INVITACIÓN      11 DE MARZO DE 2015 


 SEMANA INTERNACIONAL CONTRA EL APARTHEID ISRAELÍ

 Porque no hay paz que pueda construirse sobre muros y discriminación, decimos NO al Apartheid israelí.

 

“La ONU adoptó una postura firme contra el apartheid, y a lo largo de los años se

construyó  un consenso internacional que ayudó a terminar con este sistema inicuo.

Pero sabemos bien que nuestra libertad está incompleta sin la libertad de los palestinos.”

                                Nelson Mandela, 1997

                 "Yo estuve en los Territorios Palestinos Ocupados, y fui testigo de la segregación racial en las carreteras y viviendas, que me recordaron las condiciones que experimentábamos en Sudáfrica bajo el sistema de apartheid. He visto la humillación de hombres, mujeres y niños palestinos, obligados diariamente a esperar durante horas en los checkpoints militares israelíes para realizar los movimientos más básicos como visitar a un familiar o ir a la escuela; esta humillación nos resulta muy familiar a los negros sudafricanos, que éramos igualmente acorralados e insultados por las fuerzas de seguridad del gobierno de apartheid. En Sudáfrica no podríamos haber alcanzado nuestra libertad y justa paz sin la ayuda de los pueblos del mundo, que mediante el uso de medios no violentos -como el boicot y la desinversión- alentaron a sus gobiernos y a otros actores corporativos a revertir su apoyo de décadas al régimen de apartheid."

                                                                                                                                                                                                                                             Arzobispo Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz

 

PROGRAMA

 

Introducción: Proyección del video: "Israel: ¿Otro Apartheid?" (duración 24 minutos)

 

Primer Tema: "La expansión histórico-geográfica de Apartheid". Por el Prof., Lic. RR.II. José Rodríguez. Profesor del Consejo de Formación en Educación y del Consejo de Educación Secundaria.  

 

Segundo Tema: "El Apartheid desde el Derecho Internacional y los Derechos Humanos". Por el Dr. Edgardo Carvhalo. Defensor de los Derechos Humanos. Exilado por defender presos políticos. Ex Senador y ex Presidente de ANTEL.

 

Mesa Redonda: Intercambio con los expositores.

 

Coordinan:

                   Ing. Agr. Anahit Aharonian
                   Lic. Christian Adel Mirza
          

Contacto-Inscripciones: ENTRADA LIBRE

 

Día y Hora: Miércoles 11 de Marzo de 2015,de 19:00 a 21:00 Horas

Lugar: Auditorio Alí Primera, Centro Cultural Simón Bolívar.

Dirección: Rincón 745, esquina Ciudadela, Montevideo.

Organiza: Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino - Uruguay.

 

ESPERAMOS CONTAR CON VUESTRA PRESENCIA   

Loco por mí

Netaniahu desafía a Obama de visitante, Washington se juega a sellar un pacto con Teherán en un mes, Israel se juega a impedirlo en el mismo lapso.

Biniamin Netaniahu tenía una misión, y la explicitó antes de embarcarse desde Israel  hacia Washington: poner palos en la rueda de cualquier posibilidad de un acuerdo del grupo 5 + 1 (los miembros permanentes de Consejo de Seguridad más Alemania) con Irán por el programa nuclear de la república islámica.

John Kerry tenía una misión y la explicitó antes de salir desde Washington hacia Ginebra: hacer todo lo posible para llegar a un acuerdo con los iraníes. Ambos se cruzaron en los cielos en la noche del domingo, y nunca como ahora fueron tan divergentes en los últimos tiempos los caminos entre gobernantes de Estados Unidos e Israel. Washington se juega a sellar un pacto con Teherán en un mes; Israel se juega a impedirlo en el mismo lapso. “Voy hacia Estados Unidos en misión crucial e histórica”, repitió Netaniahu previo a su partida.

Nadie cree que la cuerda se tense hasta la ruptura. Ni uno ni otro lo bancaría, y en definitiva, a pesar de las discrepancias que se han venido dando desde hace tiempo con Netaniahu, la administración de Barack Obama ha terminado avalando en los hechos sus ataques, vejaciones, ocupaciones ilegales de territorios, masacres. Siempre que fuera en Palestina. Pero esta vez el primer ministro israelí le mojó la oreja al presidente estadounidense como nunca antes: Netaniahu viajó a Washington y previó un discurso ante el Congreso sin advertirle siquiera a Obama. Lo hizo con la complicidad activa del Partido Republicano, uno de cuyos principales legisladores, el presidente de la Cámara de diputados John Boehner, lo invitó a que se dirigiera a los “representantes del pueblo estadounidense” para “expresar las verdades de uno de los principales aliados de América en el mundo”. Ningún alto representante del gobierno de Obama se reunió con Netaniahu durante su estadía en la capital. Tampoco estaba presente en el Congreso el vicepresidente, Joe Biden, que lo preside. Biden no pudo venir a Montevideo el domingo  por “un fuerte resfrío”, pero partió hacia América Central el lunes. Ante el “mejor cuerpo legislativo del mundo”, según dijo, el primer ministro israelí fustigó el acuerdo en negociación en Ginebra con Irán. “Es malo y no impedirá que Teherán acceda de todas maneras al arma nuclear” y con ella “amenazar a Israel” porque es “un Estado terrorista”, declaró. Obama lo ignoró: Netaniahu “no dijo nada nuevo” y no aportó solución alguna al “caso iraní”, afirmó el presidente. “No hay ningún acuerdo con Irán todavía, pero si lo hay será lo mejor que pueda suceder”, insistió.

Irán, que busca obtener un alivio sustancial a las sanciones occidentales que lo asfixiaron económicamente, condiciona además su participación en la fuerza contra el Estado Islámico a que se llegue a un acuerdo “justo” en Suiza.

Por otro lado, Netaniahu no escondió que su viaje a Estados Unidos tiene también alcance electoral. El martes 17 son las elecciones legislativas en su país, y el primer ministro, que parte como claro favorito para un nuevo mandato, quiere aparecer como un duro entre los duros y congraciarse con los sectores ultrarreligiosos y la extrema derecha en auge. En Washington también habló ante el congreso anual de la Aipac, el principal lobby pro israelí en Estados Unidos, y reiteró el discurso que viene manejando hace ya un tiempo: no ceder en la expansión de los asentamientos en tierras palestinas, marchar hacia un Estado confesional judío e invitar a la diáspora a “volver” a la madre patria (no tanto a la diáspora en Estados Unidos, bien útil ella, sino a la instalada en Europa, que pesa menos políticamente y que está atemorizada por el denunciado rebrote del antisemitismo).

http://brecha.com.uy/loco-por-mi/

 

De cómo el gas natural de Gaza se ha convertido en el epicentro de una lucha internacional de poderes

02-03-2015
El Gran Juego en Tierra Santa

TomDispatch.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

¿Lo adivinan? Casi todas las guerras, levantamientos y otros conflictos actuales en el Oriente Medio están conectados por un único hilo, que también representa una amenaza: estos conflictos son parte de una competición cada vez más frenética para encontrar, extraer y poner a la venta combustibles fósiles cuyo consumo está garantizado que va a provocar en el futuro toda una serie de cataclísmicas crisis medioambientales.

Entre los numerosos conflictos en la región alimentados por los combustibles, uno de ellos, que rebosa de todo tipo de amenazas, grandes y pequeñas, ha pasado en gran medida desapercibido, y es Israel quien está en su epicentro. Sus orígenes pueden rastrearse hasta los primeros años de la década de 1990, cuando los dirigentes israelíes y palestinos empezaron a discutir sobre los rumoreados depósitos de gas natural en el mar Mediterráneo frente a las costas de Gaza. En las décadas siguientes, el conflicto ha ido creciendo y manifestándose en múltiples frentes implicando a varios ejércitos y a tres fuerzas navales. De paso, ha infligido ya la más espantosa de las miserias a decenas de miles de palestinos, amenazando con añadir futuras capas de penuria a las vidas de los pueblos sirio, libanés y chipriota. Finalmente, esa miseria podría acabar afectando también a los israelíes.

Por supuesto que las guerras por los recursos no son nada nuevo. Prácticamente, toda la historia del colonialismo occidental y de la globalización posterior a la II Guerra Mundial ha estado animada por los esfuerzos por encontrar y vender las materias primas necesarias para construir o mantener el capitalismo industrial. Esto incluye la expansión de Israel y su apropiación de las tierras palestinas. Pero los combustibles fósiles sólo ocuparon el centro del escenario de las relaciones israelo-palestinas a partir de los años noventa del siglo pasado, circunscribiendo inicialmente el conflicto, que fue extendiéndose a partir de 2010 hasta incluir a Siria, el Líbano, Chipre, Turquía y Rusia.

La emponzoñada historia del gas natural de Gaza

Allá por 1993, cuando Israel y la Autoridad Palestina (AP) firmaron los Acuerdos de Oslo que se suponía iban a poner fin a la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania y crear un Estado soberano, nadie pensaba mucho en la costa de Gaza. En consecuencia, Israel acordó que la recién creada AP controlara totalmente sus aguas territoriales, a pesar de que la marina israelí seguía aún patrullando la zona. Los rumores sobre los depósitos de gas natural le importaban poco a nadie porque los precios eran entonces muy bajos y abundantes los suministros existentes. A nadie le sorprendió que los palestinos se tomaran su tiempo para reclutar a British Gas (BG) –uno de los principales actores en los concursos mundiales de gas natural- para averiguar qué había realmente allí. Fue sólo en 2000 cuando las dos partes firmaron un modesto contrato para desarrollar esos ya confirmados campos.

BG prometió financiar y gestionar su desarrollo, correr con todos los gastos y poner en marcha las instalaciones a cambio del 90% de los ingresos, un acuerdo abusivo aunque típico de “reparto de beneficios”. Egipto, con una industria del gas natural ya en funcionamiento, acordó ser el enclave costero y el punto de tránsito del gas. Los palestinos iban a recibir el 10% de los ingresos (estimados en alrededor de mil millones de dólares en total) y se les garantizaba que tendrían el gas suficiente para atender sus necesidades.

Si este proceso hubiera ido más rápido, el contrato se habría cumplido de acuerdo con las escrituras. Sin embargo, en 2000, con una economía en rápida expansión, escasos combustibles fósiles y unas relaciones terribles con sus vecinos ricos en petróleo, Israel se encontró enfrentando una escasez energética crónica. En vez de intentar responder al problema con un esfuerzo dinámico y factible para desarrollar fuentes renovables de energía, el primer ministro Ehud Barak inició la era de los conflictos de los combustibles fósiles en el Mediterráneo oriental. Impuso el control de la marina israelí sobre las aguas costeras de Gaza, despreciando el acuerdo firmado con BG. Por otra parte, exigió que fuera Israel, y no Egipto, quien recibiera el gas de Gaza y quien controlara también todos los ingresos destinados a los palestinos para impedir que el dinero se utilizara para “financiar el terrorismo”.

Con esto, los Acuerdos de Oslo quedaban oficialmente condenados. Al declarar que no pensaba aceptar el control palestino sobre los ingresos del gas, el gobierno israelí se decantó por no aceptar siquiera ni la modalidad más limitada de autonomía presupuestaria palestina, menos aún la plena soberanía. Ya que ningún gobierno ni organización palestina podría aceptar tal imposición, quedaba asegurado un futuro lleno de conflictos armados.

El veto israelí hizo que interviniera el primer ministro británico Tony Blair, que trató de mediar en un acuerdo que satisficiera a ambos, al gobierno israelí y a la Autoridad Palestina. El resultado: una propuesta en 2007 que habría suministrado gas a Israel, no a Egipto, a precios por debajo del mercado, con el mismo recorte del 10% de los ingresos llegando finalmente a la AP. Sin embargo, esos fondos tenían primero que entregarse al Banco de la Reserva Federal en Nueva York para su distribución futura, a fin de garantizar que no se utilizaran para ataques contra Israel.

Este acuerdo siguió sin satisfacer a los israelíes, que señalaron la reciente victoria del partido militante Hamas en las elecciones de Gaza como motivo de ruptura. Aunque Hamas había mostrado su acuerdo a que la Reserva Federal supervisara todos los gastos, el gobierno israelí, entonces dirigido por Ehud Olmert, insistió en que “no se iban a pagar royalties a los palestinos”. A cambio, los israelíes entregarían el equivalente a esos fondos en “bienes y servicios”.

El gobierno palestino rechazó esa oferta. Poco después, Olmert impuso un bloqueo draconiano sobre Gaza, que el ministro de defensa de Israel llamó “una ‘forma de guerra económica’ quegeneraría una crisis política que iba a provocar un levantamiento popular contra Hamas”. Con cooperación egipcia, Israel se apropió entonces del control de todo el comercio dentro y fuera de Gaza, limitando gravemente incluso las importaciones de alimentos y machacando su industria pesquera. La forma en que el asesor de Olmert, Dov Weisglass, resumió esta agenda fue diciendo que el gobierno israelí estaba poniendo “a dieta” a los palestinos (lo cual, según la Cruz Roja, produjo pronto “desnutrición crónica”, especialmente entre los niños gazatíes).

Cuando los palestinos siguieron negándose a aceptar las condiciones israelíes, el gobierno de Olmert decidió extraer el gas de forma unilateral, algo que creían sólo podría suceder cuando Hamas hubiera sido desplazado o desarmado. Como ex comandante de las fuerzas armadas de Israel y ministro de asuntos exteriores en aquel momento, Moshe Ya’alon explicaba: “Hamas… ha confirmado su capacidad para bombardear las instalaciones estratégicas de gas y electricidad de Israel… Está claro que si no llevamos a cabo una operación militar general para arrancarle a Hamas el control de Gaza, no podrá realizarse ningún trabajo de perforación sin el consentimiento del movimiento radical islámico”.

Siguiendo esta lógica, se lanzó la Operación Plomo Fundido en el invierno de 2008. Según el viceministro de defensa Matan Vilnai, se trataba de someter a Gaza a una “shoah” (el término hebreo para holocausto o desastre). Yoav Galant, el general al frente de la operación, dijo que se había diseñado para “hacer retroceder a Gaza en varias décadas”. Como explicó el parlamentario israelí Tzachi Hanegbi, el objetivo militar específico era “derrocar al régimen terrorista de Hamas y apoderarse de todas las áreas desde las que se lanzaban cohetes sobre Israel”.

La operación Plomo Fundido “envió en efecto a Gaza al pasado en varias décadas”. Amnistía Internacional informó que en los 22 días de ofensiva, Israel asesinó a 1.400 palestinos “incluidos 300 niños y cientos de civiles desarmados, dejando áreas inmensas de Gaza arrasadas hasta los cimientos, con miles de seres sin hogar y la ya maltrecha economía en ruinas”. ¿Cuál fue el único problema?

Que la Operación Plomo Fundido no consiguió su objetivo de “transferir la soberanía de los campos de gas a Israel”.

Nuevas fuentes de gas = nuevas guerras por los recursos

En 2009, el recién elegido gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu heredó el punto muerto alrededor de los depósitos de gas de Gaza y una crisis energética israelí que se agravó aún más cuando la Primavera Árabe en Egipto interrumpió y después anuló el 40% de los suministros de gas al país. El aumento de los precios de la energía provocó pronto las mayores protestas de los israelíes judíos en muchos años.

Sin embargo, el régimen de Netanyahu heredó también una solución potencialmente permanente al problema. Un campo inmenso de gas natural recuperable fue descubierto en la cuenca levantina, una formación situada principalmente en alta mar bajo el Mediterráneo oriental. Las autoridades israelíes proclamaron de inmediato que la “mayor parte” de las recién confirmadas reservas de gas se extendían “dentro del territorio israelí”. Al hacer esas declaraciones ignoraban las afirmaciones en sentido contrario del Líbano, Siria, Chipre y los palestinos.

En cualquier otro tipo de mundo, ese inmenso campo de gas podría haber sido eficazmente explotado de forma conjunta por los cinco demandantes y podría haberse puesto en marcha un plan de producción que aliviara el impacto medioambiental que supone liberar en la atmósfera del planeta alrededor de 130 billones de pies cúbicos de gas en el futuro.

Sin embargo, como Pierre Terzian, editor del periódico de la industria petrolífera Petroestrategiesobservó: “Todos los elementos de peligro están ahí… Esta es una región donde el recurso a la acción violenta no es algo inusual”.

En los tres años que siguieron al descubrimiento, la advertencia de Terzian parecía cada vez más clarividente. Líbano se convirtió en el primer lugar caliente. A principios de 2011, el gobierno israelí anunció el desarrollo unilateral de dos campos, que representan alrededor del 10% del gas de esa cuenca levantina, que se extiende por las disputadas aguas litorales cercanas a la frontera entre Líbano e Israel. El ministro libanés de energía Gebran Bassil amenazó de inmediato con una confrontación militar, afirmando que su país “no iba a permitir que Israel ni ninguna compañía que trabaje para los intereses israelíes se lleve cantidad alguna del gas que está en nuestra zona”. Hizbollah, la facción política más beligerante en Líbano, prometió ataques con cohete si se extraía “un solo metro” de gas natural de los campos disputados.

El ministro israelí de recursos aceptó el desafío, afirmando que “esas zonas están dentro de las aguas económicas de Israel… No dudaremos en utilizar toda nuestra fuerza para proteger no sólo el imperio de la ley sino el derecho marítimo internacional”.

Terzian, el periodista de la industria petrolera, ofreció este análisis sobre las realidades del enfrentamiento:

“En términos prácticos… nadie va a invertir con el Líbano en unas aguas en disputa. No hay compañías libanesas capaces de llevar a cabo las perforaciones y no hay una fuerza militar que pueda protegerlas. Pero, por la otra parte, las cosas son bien distintas. Las compañías israelíes tienen capacidad para actuar en las áreas litorales y podrían asumir el riesgo bajo la protección del ejército israelí”.

Efectivamente, Israel continuó con sus exploraciones y perforaciones en los dos campos en disputa, desplegando aviones no tripulados para guardar las instalaciones. Mientras tanto, el gobierno de Netanyahu ha invertido importantes recursos en prepararse para posibles futuras confrontaciones en la zona. Por un lado, contando con la jugosa financiación estadounidense, desarrolló la “Cúpula de Acero”, el sistema de defensa antimisiles diseñado en parte para interceptar los cohetes de Hamas y Hizbollah contra las instalaciones energéticas israelíes. También amplió la marina israelí, centrándose en su capacidad para disuadir o repeler las amenazas contra las instalaciones energéticas en alta mar. Finalmente, a partir de 2011 empezó a lanzar ataques aéreos en Siria,diseñados, según funcionarios estadounidenses, “para impedir cualquier transferencia a Hizbollah de misiles avanzados antiaéreos, tierra-tierra y costa-barco”.

Sin embargo, Hizbollah continúa almacenando cohetes capaces de demoler las instalaciones israelíes. Y en 2013, el Líbano hizo un movimiento propio. Empezó a negociar con Rusia. El objetivo eraconseguir que las empresas de gas de ese país desarrollaran las reclamaciones libanesas en alta mar, mientras la formidable marina rusa les echaba una mano en la “larga disputa territorial con Israel”.

A principios de 2015, parece haberse impuesto un estado de disuasión mutua. Aunque Israel había logrado poner en funcionamiento el más pequeño de los dos campos que se había propuesto desarrollar, las perforaciones en el más grande se estancaron indefinidamente “a la luz de la situación de seguridad”. La empresa estadounidense, Noble Energy, contratada por los israelíes, no estaba dispuesta a invertir los 6.000 millones de dólares necesarios en unas instalaciones vulnerables a un posible ataque de Hizbollah y, potencialmente, en la mira de las armas de la marina rusa. Por el lado libanés, a pesar de la incrementada presencia naval rusa en la zona, no se ha empezado a trabajar.

Mientras tanto, en Siria, donde la violencia es moneda corriente y el país se halla inmerso en un colapso armado, se ha implantado otro tipo de estancamiento. El régimen de Bashar al-Asad, que se enfrenta a una feroz amenaza de varios grupos de yihadistas, ha sobrevivido en parte con el apoyo militar masivo de Rusia a cabio de un contrato por 25 años para desarrollar las reclamaciones sirias sobre ese campo de gas levantino. En el acuerdo va incluida una importante ampliación de la base naval rusa en la ciudad portuaria de Tartus, lo que asegura una presencia naval rusa mucho mayor en la cuenca levantina.

Aunque la presencia de los rusos al parecer disuade a los israelíes de intentar desarrollar alguno de los depósitos de gas reclamados por Siria, no había presencia rusa propiamente dicha en Siria. Por tanto, Israel contrató con la Genie Energy Corporation, con sede en EEUU, la localización y desarrollo de los campos de petróleo en los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por los israelíes desde 1967. Frente a una potencial violación del derecho internacional, el gobierno de Netanyahu invocó, como base de sus actos, la sentencia de un tribunal israelí afirmando que la explotación de los recursos naturales en territorios ocupados era legal. Al mismo tiempo, a fin de prepararse para la inevitable batalla con cualquiera que sea la facción o facciones que salgan triunfantes de la guerra civil siria, ha empezado a reforzar la presencia del ejército israelí en los Altos del Golán.

Y después tenemos a Chipre, el único demandante levantino que no está en guerra con Israel. Los grecochipriotas llevan inmersos mucho tiempo en un conflicto crónico con los turcochipriotas, por tanto, apenas causó sorpresa que el descubrimiento del gas natural levantino desencadenara tres años de negociaciones estancadas en la isla sobre qué hacer. En 2014, los grecochipriotas firmaron un contrato de exploración con Noble Energy, el principal contratista de Israel. Los turcochipriotas superaron esta medida firmando un contrato con Turquía para explorar todas las reclamaciones chipriotas “hasta las aguas egipcias”. Emulando a Israel y a Rusia, el gobierno turco mandó con prontitud tres navíos de la marina a la zona para bloquear físicamente cualquier intervención de los otros demandantes.

El resultado es que tras cuatro años de maniobras alrededor de los depósitos recién descubiertos de la cuenca levantina, se ha obtenido muy poco combustible pero ha servido para meter en el cóctel a nuevos y poderosos demandantes, auspiciado un incremento militar importante en la región y elevado las tensiones de forma inconmensurable.

Gaza, una y otra vez

¿Recuerdan el sistema de la Cúpula de Hierro, desarrollada en parte para detener los cohetes de Hizbollah contra los campos de gas del norte de Israel? Con el tiempo, también se colocó cerca de la frontera con Gaza para detener los cohetes de Hamas, y se probó durante la Operación Respuesta del Eco, el cuarto intento militar israelí para poner de rodillas a Hamas y eliminar cualquier “capacidad palestina de bombardear las instalaciones estratégicas israelíes de gas y electricidad”.

Lanzada en marzo de 2012, fue una réplica a escala reducida de la devastación producida por la Operación Plomo Fundido, mientras la Cúpula de Hierro conseguía una “tasa de matar” del 90%contra los cohetes de Hamas. Sin embargo, a pesar de este hecho, un útil complemento al inmenso sistema de refugios construidos para proteger a los civiles israelíes, no se consideró suficiente para asegurar la protección de las expuestas instalaciones de petróleo del país. Incluso un golpe directo allí podría dañar o demoler tan frágiles e inflamables estructuras.

El fracaso de la Operación Respuesta del Eco desencadenó otra ronda de negociaciones, que quedó de nuevo estancada ante el rechazo palestino de la exigencia de Israel de controlar todos los ingresos de los combustibles destinados a Gaza y Cisjordania. El nuevo gobierno palestino de unidad de entonces siguió el ejemplo de libaneses, sirios y turcochipriotas, y a finales de 2013 firmóuna “concesión de exploración” con Gazprom, la inmensa compañía rusa de gas natural. Como en los casos del Líbano y Siria, la marina rusa se alzaba como potencial elemento disuasorio ante las posibles interferencias israelíes.

Mientras tanto en 2013, una nueva ronda de apagones eléctricos provocó el “caos” por todo Israel, desencadenando un draconiano aumento del 47% en los precios de la electricidad. Para poder afrontar la situación, el gobierno de Netanyahu tuvo en cuenta una propuesta para empezar a extraer el petróleo de esquisto bituminoso nacional, pero la potencial contaminación de los acuíferos provocó un clamor popular que frustró el esfuerzo. En un país plagado de empresas noveles de alta tecnología, la explotación de los recursos energéticos renovables no recibía una atención seria. A cambio, el gobierno dirigió de nuevo su mirada hacia Gaza.

Con la aparición en el horizonte de Gazprom para desarrollar los depósitos de gas reclamados por Palestina, los israelíes lanzaron su quinto esfuerzo militar para forzar la aquiescencia palestina, la Operación Marco Protector. Tenía dos importantes objetivos relacionados con los hidrocarbonos: impedir los planes ruso-palestinos y en última instancia eliminar los sistemas de cohetes gazatíes. El primer objetivo se cumplió aparentemente cuando Gazprom aplazó (quizá de forma permanente) su acuerdo. Sin embargo, el segundo fracasó cuando el doble ataque aéreo y terrestre –a pesar de la devastación sin precedentes de Gaza- no consiguió destruir las reservas de cohetes o sus sistemas de montaje a partir de los túneles; tampoco la Cúpula de Hierro consiguió una tasa de interceptación casi perfecta necesaria para proteger las instalaciones energéticas en cuestión.

Sin desenlace

Después de 25 años y cinco intentos militares israelíes fallidos, el gas natural de Gaza sigue bajo el agua y, después de cuatro años, lo mismo puede decirse de casi todo el gas levantino. Pero las situaciones ya no son las mismas. En términos energéticos, Israel está más desesperado aún, a pesar de haber ido incrementando sus capacidades militares, incluidas las de la marina, de forma significativa. Los otros demandantes han encontrado, a su vez, socios mayores y más poderosos para que les ayuden a reforzar sus reclamaciones económicas y militares. Todo esto significa sin duda que el primer cuarto de siglo de crisis alrededor del gas natural del Mediterráneo oriental no ha hecho más que empezar. Por delante tenemos la posibilidad de guerras aún más brutales por el gas, con toda la devastación que probablemente conllevarán. 

 

Michael Schwartz es profesor emérito de sociología en la Universidad Stony Brook, colaborador habitual de TomDispatch y autor de los premiados libros “Radical Protest and Social Structure” y “The Power Structure of American Business” (junto a Beth Mintz). Su libro “War Without End” se centra en la militarizada geopolítica del petróleo que llevó a EEUU a invadir y ocupar Iraq. Su correo es: Michael.Schwartz@stonybrook.edu.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175961/

 

 

Activistas franceses en huelga de hambre por Gaza