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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Mi petición al Pueblo de Israel: liberaros a vosotros mismos liberando a Palestina.

El Arzobispo Emérito Desmond Tutu, en una entrevista exclusiva para Haaretz, llama a un boicot global a Israel y urge a Israelíes y Palestinos a mirar más allá de sus líderes para encontrar una solución sostenible a la crisis en Tierra Santa.

por Desmond Tutu

Originalmente publicado por http://www.haaretz.com/opinion/1.610687. Traducción hecha por la comunidad de Avaaz.

En las últimas semanas hemos visto en todo el mundo una movilización sin precedentes por parte de la sociedad civil contra la injusticia que supone la brutal y desproporcionada respuesta Israelí al lanzamiento de misiles desde Palestina.

Si sumamos todas las personas que se manifestaron pidiendo justicia entre Israel y Palestina el pasado fin de semana en Ciudad del Cabo, Washington, Nueva York, Nueva Delhi, Londres, Dublín, Sidney y todas las demás ciudades, ésta ha sido, probablemente, la mayor protesta ciudadana por una misma causa en toda la historia de la humanidad.

Hace un cuarto de siglo participé en concurridas manifestaciones contra el apartheid. Nunca imaginé que volveríamos a ver de nuevo manifestaciones de ese calibre, pero la afluencia de gente el sábado pasado en Ciudad del Cabo fue igual si no mayor. Entre los participantes se encontraban jóvenes y ancianos, musulmanes, cristianos, judíos, hinduístas, budistas, agnósticos, ateos, negros, blancos, rojos y verdes... tal como cabría esperar de una nación dinámica, tolerante y multicultural.

Pedí a la multitud que corease conmigo: "Nos oponemos a la injusticia que supone la ocupación ilegal de Palestina. Nos oponemos a las matanzas indiscriminadas en Gaza. Nos oponemos a la humillación a la que someten a los Palestinos en los retenes y controles de carreteras. Nos oponemos a la violencia perpetrada por todas las partes. Pero no nos oponemos al pueblo judío".

Al inicio de la semana, solicité a la Unión Internacional de Arquitectos, reunida en Sudáfrica, la suspensión temporal de Israel de su organismo.

Supliqué a los hermanos y hermanas israelíes presentes en la conferencia que se desvincularan personal y profesionalmente de los proyectos y construcciones de infraestructuras relacionadas con la perpetuación de la injusticia, tales como el muro de separación, las terminales de seguridad, los puestos de control y los asentamientos en los territorios palestinos ocupados.

Dije: "Les ruego que lleven este mensaje a casa: cambiemos el rumbo de la violencia y el odio sumándonos al movimiento pacífico para que la justicia llegue a toda la gente de la región".

En las últimas semanas, más de 1,6 millones de personas en todo el mundo se han unido a este movimiento sumándose a una campaña de Avaaz que pide a las multinacionales que se lucran de la ocupación israelí, y/o están implicadas en el abuso y la represión al pueblo Palestino que se retiren. La campaña se dirige específicamente al fondo de pensiones holandés, ABP; al banco Barclays, al proveedor de sistemas de seguridad, G4S; a la compañía francesa de transportes, Veolia; a la empresa de ordenadores, Hewlett-Packard; y la proveedora de excavadoras Caterpillar.

El mes pasado, 17 gobiernos de la UE instaron a sus ciudadanos a evitar hacer negocios o invertir en los asentamientos ilegales israelíes. Además hemos sido testigos de la retirada de decenas de millones de euros de bancos Israelíes por parte del fondo de pensiones holandés, PGGM; de la desinversión de G4S a través de la fundación Bill y Melinda Gates; y de cómo la Iglesia Presbiteriana de los EE.UU. ha sacado unos 21 millones de dólares de HP, Motorola Solutions y Caterpillar.

Este movimiento está cobrando fuerza.

La violencia engendra violencia y odio, que sólo engendra más violencia y más odio.

Nosotros, los sudafricanos, conocemos bien la violencia y el odio. Comprendemos el dolor que supone ser los apestados del mundo, cuando parece que nadie te entiende ni tiene el deseo de escuchar siquiera cuál es tu punto de vista. Nosotros venimos de ahí. También conocemos los beneficios que, con el tiempo, trajo el diálogo entre nuestros líderes; cuando fueron levantadas las prohibiciones sobre las organizaciones etiquetadas como "terroristas" y sus líderes, incluyendo a Nelson Mandela, fueron liberados del encarcelamiento, del destierro y del exilio.

Sabemos que cuando nuestros líderes comenzaron a dialogar, la justificación de la violencia que había arruinado nuestra sociedad se disipó y desapareció. Los actos de terrorismo perpetrados tras el inicio del diálogo, como los ataques a una iglesia o a un bar, fueron condenados casi universalmente, y el partido responsable se resintió en las urnas.

La euforia que siguió a nuestra primera votación conjunta no fue del dominio exclusivo de los negros Sudafricanos. El verdadero triunfo de nuestra solución pacífica fue que todos nos sentimos incluidos. Y más tarde, cuando presentamos una constitución tan tolerante, compasiva e inclusiva que habría hecho que Dios se sintiera orgulloso, todos nos sentimos liberados.

Por supuesto, ayudó que contáramos con un conjunto de líderes extraordinarios.

Pero lo que forzó definitivamente que estos líderes se sentaran en torno a la mesa de negociaciones fue el cóctel de persuasivas herramientas no violentas desarrolladas para aislar a Sudáfrica económica, académica, cultural y psicológicamente.

Llegados a cierto punto el gobierno se dio cuenta de que el coste de intentar mantener el apartheid sobrepasaba sus beneficios. En los 80, la suspensión del comercio con Sudáfrica por parte de empresas multinacionales sensibilizadas fue una de las claves que permitió doblegar el apartheid sin derramar sangre. Esas empresasentendieron que contribuyendo a la economía sudafricana eran partícipes del mantenimiento de un statu quo injusto.

Aquellos que continúan haciendo negocios con Israel, contribuyendo a mantener un sentido de “normalidad” entre la sociedad Israelí le están haciendo un flaco favor a los pueblos de Israel y Palestina. Están formando parte de la perpetuación de un statu quo absolutamente injusto.

Aquellos que contribuyen al aislamiento temporal de Israel están diciendo que tanto Isralíes como Palestinos tienen el mismo derecho a la dignidad y la paz.

Por último, los sucesos en Gaza del pasado mes servirán para demostrar quién cree en la valía de los seres humanos. Se está volviendo cada vez más evidente que políticos y diplomáticos no están siendo capaces de encontrar respuestas, y que la responsabilidad para mediar una solución sostenible a la crisis en Tierra Santa recae en manos de la sociedad civil y de los ciudadanos de Israel y Palestina Además de la reciente devastación de Gaza, seres humanos decentes de todas partes -incluyendo muchos en Israel- están profundamente molestos por las diarias violaciones a la dignidad humana y a la libertad de movimiento impuesta a los Palestinos en los retenes y controles de carretera. Las políticas de ocupación ilegal de Israel, junto con la construcción de asentamientos en tierras ocupadas complican aún más el ya difícil objetivo de lograr un acuerdo futuro aceptable para todas las partes.

El Estado de Israel se está comportando como si el mañana no existiera. Sus gentes no tendrán las vidas pacíficas y seguras que anhelan –y merecen– mientras que sus líderes perpetúen las condiciones que sostienen el conflicto.

He condenado a los palestinos responsables del lanzamiento de misiles y cohetes a Israel. Están dando fuelle a las llamas del odio. Me opongo a todas las manifestaciones de violencia.

Pero debemos tener muy en claro que el pueblo de Palestina tiene todo el derecho de luchar por su dignidad y libertad. Ésta es una lucha que tiene el apoyo de muchos alrededor del mundo.

No existe problema humano irresoluble cuando los seres humanos aúnan sus esfuerzos con el sincero deseo de superarlo. No hay paz imposible cuando la gente tiene la determinación de lograrla.

La paz requiere que las personas de Israel y Palestina reconozcan al ser humano que habita en ellos y en el otro y entiendan su interdependencia.

Los misiles, las bombas y la crudeza del insulto no son parte de la solución. No hay solución militar.

Es más probable que la solución proceda de esa caja de herramientas no violentas que desarrollamos en Sudáfrica en los años 80 para persuadir al gobierno de la necesidad de modificar sus políticas.

La razón de que estas herramientas - el boicot, las sanciones y la retirada de fondos - resultaran finalmente eficaces fue la existencia de una masa crítica que las apoyaba, tanto dentro como fuera del país. La clase de apoyo del que hemos sido testigos a lo largo del mundo en las últimas semanas en relación con Palestina.

Mi ruego al pueblo de Israel es que vea más allá del momento, que vea más allá de la rabia de sentirse perennemente asediado, para ver un mundo en el que Israel y Palestina puedan coexistir - un mundo en el que reinen la dignidad y el respeto mutuos.

Requiere un cambio de mentalidad. Un cambio de pensamiento que reconozca que el intento de perpetuar el statu quo actual condena a las futuras generaciones a la violencia y a la inseguridad. Un cambio de mentalidad que cese de interpretar la crítica legítima a las políticas de Estado como un ataque al Judaísmo. Un cambio de mentalidad que empiece en casa y se extienda por todas las comunidades y naciones y regiones, llegando a la diáspora diseminada por todo el mundo. El único mundo que compartimos.

Las personas unidas en pos de una causa justa son imparables. Dios no interfiere en los asuntos de la gente, esperando que crezcamos y aprendamos resolviendo nuestras dificultades y diferencias por nosotros mismos. Pero Dios no está dormido. Las escrituras Judías nos dicen que Dios tiene preferencia por los débiles, los desposeídos, las viudas, los huérfanos, por el extranjero que libera a los esclavos en el éxodo hacia la Tierra Prometida. Fue el profeta Amos quien dijo que debemos dejar a la justicia fluir como un río.

La bondad prevalece al final. La búsqueda de la libertad por parte del pueblo de Palestino frente a las políticas de Israel es una causa justa. Es una causa que el pueblo de Israel debe apoyar.

Nelson Mandela pronunció aquella célebre frase donde dijo que los sudafricanos no se sentirán libres mientras los palestinos no lo sean.

Hubiera podido agregar que la liberación de Palestina liberará a Israel además.

 

PAÍSES de UNASUR llevarán a cabo MARCHA CONTINENTAL por PALESTINA

Países de Unasur llevarán a cabo marcha continental por Palestina

 

Los asistentes al Primer Foro de Participación Ciudadana en la Integración de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) acordaron el sábado realizar en sus territorios una marcha simultánea el 10 de noviembre en solidaridad con Palestina.

Damián Condori, dirigente campesino de Bolivia, dijo a periodistas que con esa iniciativa condenarán el genocidio que perpetra Israel en la Franja de Gaza con el apoyo del presidente de EEUU, Barack Obama.

Precisó que la movilización en cada país terminará en las embajadas norteamericanas e israelíes para abogar por la paz en el territorio palestino.

"El éxito de la medida dependerá de coordinadores generales que serán designados en los países del bloque regional, quienes tendrán a su disposición las redes sociales y otras tecnologías para su trabajo", añadió Condori.

El primer Foro de participación ciudadana de Unasur reunió en Cochabamba -centro de Bolivia- a migrantes, indígenas, campesinos, mujeres, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad de 10 países miembros del bloque.

La cita comenzó el miércoles pasado y concluyó este viernes con la creación de una coordinadora general y un borrador con temas prioritarios para impulsar la integración regional.

"La coordinadora irá a dinamizar las diferentes actividades e iniciativas que quedaron en las propuestas de una diversidad de ideas", explicó el representante de la Secretaría General de la Unasur, Pedro Sassone.

Según el funcionario, esa entidad y la elaboración de una agenda temática surgieron del debate democrático, transparente y libre alcanzado del encuentro.

Agregó que el siguiente paso importante será la consolidación de los capítulos nacionales del foro.

Los diferentes paneles del evento discutieron cómo fortalecer los lazos de integración de los países miembros del bloque con propuestas de la sociedad civil sobre diversas temáticas.

 

LOS CONDENADOS DE LA TIERRA

LOS CONDENADOS DE LA TIERRA

El título de la nota es el de un famoso libro de la década de los 60´ que ahora puede dar un nombre a la tragedia que vivió y vive el pueblo palestino. Pasaron los chinos y esta vez no es cuento. Muchos “buitres” sobrevuelan nuestro país y varias cuestiones internas siguen preocupando.

Arrancaba la década de los 60. Nuestra América era un volcán. Había triunfado la Revolución Cubana. El Che anunciaba “uno, dos, tres Viet Nam”, rememorando la gesta de ese pueblo que enfrentaba a los poderosos de la tierra. África se despertaba y quería liberarse de largos siglos de sometimiento. La Gran Guerra, con sus millones de muertos, había pasado y un Imperio con problemas permitía pensar que otro mundo era posible. En ese marco, un mestizo caribeño que vivía el dolor de la ocupación francesa –en la Isla Martinica que lo vio nacer- publicó un libro que calzaba como anillo al dedo para los sueños de esos tiempos. Se trataba de Frantz Fanon y el libro tuvo el título de estas reflexiones. El célebre filósofo francés Jean Paul Sartre le puso el Prólogo. Allí, pensando en Argelia y otros pueblos africanos, se hablaba acerca de la necesidad que los mismos enfrentaran violentamente a quienes los dominaban, porque solo en la lucha contra ellos tendrían la dignidad que les corresponde.

Medio siglo después otro pueblo, relativamente pequeño y sometido, vive el dolor de la ocupación y responde con la violencia que Fanon ponía como condición para recuperar o mantener su identidad. Son los palestinos.

Frente a los hechos de Gaza los grandes medios de prensa y la mayor parte de los gobiernos piden por la paz y llaman que cesen los ataques “de uno y otro bando”. En una especie de nueva “teoría de los dos demonios”, que pretendió igualar el accionar de la dictadura militar con la resistencia a la misma, mide con la misma vara la acción del ejército israelí con la que desarrolla la resistencia palestina. Al plantear la cuestión de ese modo dejan de lado la historia de las últimas décadas y esa forma de presentar las cosas termina avalando la agresión israelí. En general omiten decir porqué pelean unos y otros.

Entre las innumerables razones que se oponen a esa forma de enfocar la cuestión hay dos que se destacan y que no podemos olvidar. Ellas se refieren a lo que viene aconteciendo con el territorio y la población palestina.

¿Qué ocurre con el territorio?

Hasta 1947 convivían en territorio palestino una amplia mayoría de árabes, una cifra bastante menor de judíos y muy pequeños grupos humanos de otras comunidades. La extensión total de ese territorio era de 27 mil kilómetros cuadrados. En ese año las Naciones Unidas deciden crear el Estado de Israel y le asignan –aproximadamente- la mitad del territorio de Palestina.

En la actualidad el Estado de Israel manifiesta tener 20.720 kilómetros cuadrados y el territorio palestino apenas abarca 6.335 (5970 en la Cisjordania y 365 en Gaza, actualmente en conflicto) ¿Qué pasó en el medio? A través de guerras y ocupaciones, Israel se ha ido apoderando de territorios a expensas de Palestina. Todos sabemos qué tenemos que hacer si alguien se quiere meter en nuestra casa y ocuparla por la fuerza. Defender lo propio forma parte de la esencia de la vida humana y no le podemos pedir a los palestinos que desistan de ese principio que es una característica vital de nuestra especie.

¿Qué pasa con la población?

Los palestinos son algo más de 10 millones. Menos de la mitad, 4 millones, habitan en territorio palestino (Cisjordania y Gaza) los restantes (6 millones) forman parte –en su inmensa mayoría- de la diáspora palestina. La presión israelí de los ilegales “asentamientos” de colonos israelíes, las guerras y ocupaciones los han empujado a esa situación. Obviamente, quienes permanecen en el lugar -que los vio nacer a ellos y sus antepasados- tratan de seguir viviendo en su tierra. Ellos constituyen la legítima resistencia palestina. Lo hacen con los medios que tienen a mano.

El actual ataque en la Franja de Gaza no es distinto a las anteriores agresiones, todas ellas persiguen los objetivos señalados: Los israelíes quieren más tierra y menos palestinos habitándola. Los palestinos le responden con la justicia de su causa y los recursos que pueden. La realidad muestra que entre sus orgullos figuran los hijos, el promedio es de 5 por familia. Por eso, hay tantos niños muertos, hasta ayer sumaban 192 (según cifras de UNICEF), sin contar otros 8 en la propia Cisjordania.

A esos objetivos permanentes se le agregan otros coyunturales. En esta agresión a Gaza no es descartable que procuren que miles de palestinos emigren a Egipto. Con ello quieren complicarle la vida al nuevo gobierno egipcio, conducido por el General Abdel Fattah El Sisi, quien está rompiendo la alianza con Occidente y procurando acuerdos con Vladimir Putin y los rusos. Tampoco hay que olvidar que a pocos kilómetros de las costas de la Franja de Gaza hay importantes reservas de gas que esperan ser explotadas.

La política de Derechos Humanos, de raíz occidental, tiene que asumir la responsabilidad de tener presente que estamos ante un  genocidio y delitos de lesa humanidad, donde la condenable “limpieza étnica” está ocupando un lugar central. En muchos lugares del mundo hay movilizaciones que sostienen que, para no avergonzarnos de nuestra pertenencia a la raza humana, es preciso que los gobiernos actúen con mayor decisión.

Juan Guahán/Question

 

http://www.surysur.net/2014/07/los-condenados-de-la-tierra/Final del formulario

 

NO NOS SOMETEREMOS

Los derechos del pueblo palestino no son negociables



El pasado 24 de julio, decenas de miles de palestinos respondían contundentemente a la convocatoria de una Marcha de 48.000 palestinos “por la libertad y la dignidad nacional.” El llamamiento leía: “por la humanidad y la justicia. En contra de la ocupación israelí y los brutales ataques sobre la Franja de Gaza.” Desde ese día, convocatorias similares no han dejado de sucederse en Cisjordania, convocatorias, a las que no se ha dado ninguna cobertura mediática. La primera marcha, que partía del campo de refugiados del Ama'ari en la ciudad de Ramallah, pretendía llegar simbólicamente a la ciudad de Jerusalén, y se convocaba para la noche de Al Qader -Noche del Destino-, la noche más importante del Ramadán y la más sagrada del año musulmán.

Más allá del hecho de que se eligiera una fecha religiosa representativa, o del número de participantes, o del más de un centenar de heridos y las dos víctimas mortales resultantes, la marcha tiene un alto contenido simbólico y, sobre todo, político.

El trazado de la ruta, que no tiene más de 14 km de largo, supone un viaje por los últimos 66 años de historia y catástrofe que sigue viviendo hoy el pueblo Palestino, y pone de manifiesto de manera explicita la continuada política colonial israelí de anexión territorial y expulsión sistemática de la población palestina, para satisfacer el objetivo sionista de re-establecer un Estado [exclusivamente] judío en la tierra del Israel bíblico. Un objetivo que se materializa a través del expolio de las propiedades y mediante la eliminación, la expulsión y la sustitución progresiva del pueblo palestino por población judía.

Pero además, expone tres cuestiones políticas y de derecho clave que explicarían el supuesto fracaso del llamado Proceso de Paz y evidencian la situación de ilegalidad internacional con la que hemos inaugurado el primer cuarto del siglo XXI: 1.- la violación del derecho al retorno de los refugiados palestinos, 2.- la ocupación y la anexión ilegal de la ciudad de Jerusalén y, 3.- la búsqueda permanente de la indefinición de fronteras bendecida por el Proceso de Paz, que ha resultado en la anexión ilegal y sistemática del territorio palestino y la creación de facto de un único Estado en el que reina la discriminación, la segregación, la dominación y la expulsión sistemática del pueblo palestino, haciendo imposible la predicada solución de dos estados.

La violación del derecho al retorno de los refugiados palestinos

Naciones Unidas denomina refugiados de Palestina a “todas las personas y sus descendientes que entre junio de 1946 y mayo de 1948 vivían en la Palestina del Mandato Británico y que al finalizar la guerra de 1948, habían sido forzadas a abandonar sus hogares y propiedades originales.” Prácticamente la totalidad de la población palestina, que vivía dentro de las fronteras del territorio que pasaría a ser reconocido como el actual Estado de Israel, fue forzada a abandonar sus hogares y propiedades originales.

De los aproximadamente 1.300.000 palestinos que vivían dentro de lo que hoy es Israel, tan sólo quedarían unos 150.000 palestinos al finalizar la Guerra de 1948. Israel redujo la población palestina existente al 11'5% de la población original para así satisfacer su objetivo de crear un Estado exclusivamente judío con una minoría aceptable no judía. Algo que Israel celebra como la Independencia, los palestinos recuerdan como la “Nakba”, y es lo que hoy muchos historiadores no dudan en llamar la limpieza étnica del pueblo palestino.

La gran mayoría de los Palestinos que sobrevivieron a la Guerra, fueron forzados a huir fuera de las fronteras de Israel, y se encuentran hoy exiliados o refugiados por todo el mundo, principalmente en Cisjordania, Gaza, Jordania, Siria y el Líbano. Según Badil -Centro de Recursos sobre los derechos de residencia y de los refugiados palestinos- de un total de 10'6 millones de palestinos en todo el mundo (datos de 2008), 7'1 millones son refugiados o desplazados forzosos. Es decir, un 67% de la población total palestina ha sido forzada a abandonar sus hogares resultado de las políticas y prácticas sistemáticas de colonización, ocupación y apartheid israelíes desde 1948. De estos, 6'6 millones (93%) son refugiados de 1948, de los cuales 1'1 millones se encuentran en Gaza. La UNRWA ofrece asistencia a unos 5 millones, de los que aproximadamente un 30% sigue viviendo hoy en campos de refugiados. Además, los refugiados palestinos constituyen, según las Naciones Unidas, una tercera parte de la población refugiada mundial y es el caso de refugio más antiguo sin resolver de la historia.

De aquellos 150.000 palestinos que no cruzaron fronteras internacionales, y que permanecieron dentro de las fronteras de lo que pasaría a ser reconocido como el actual Estado de Israel al finalizar la guerra, unos 40.000 pasarían a ser desplazados internos de 1948. A todos ellos, los palestinos les llama “palestinos del interior” o “palestinos del 48”, e Israel les denomina “árabes-israelíes”. En la actualidad, constituyen aproximadamente entre un 20% y un 25% de la población total de Israel.

Pero la política de desplazamiento forzoso y expulsión del pueblo palestino no terminó al finalizar la guerra.

Israel establecería un gobierno militar sobre los palestinos que permanecieron en el interior, que duraría hasta 1966, y aplicaría toda una serie de regulaciones que les impidiera volver a sus hogares originales y que permitiera al nuevo Estado confiscar sus propiedades. La “Ley de la Propiedad Ausente” de 1950, entre otras, trataría como ausentes a todos los palestinos -los ausentes y los presentes-, para así facilitar la colonización de sus tierras. Además, Israel volvería a expulsar a aquellos que intentaron regresar a sus casas alegando razones de seguridad, y trasladó por la fuerza a aquellos que no se habían movido a lo que llamaría “pueblos refugio”, una especie de guetos que vivían en condiciones similares a los guetos palestinos de Cisjordania hoy. Los palestinos vivirían recluidos, con grandes restricciones a la movilidad y sometidos a otro sin fin de violaciones de sus derechos y libertades fundamentales.

Una vez vació los pueblos palestinos, Israel procedió a destruirlos. Según el historiador Walid Khalidi, de un total de 420 pueblos palestinos, solo 6 no fueron destruidos. En las tierras de algunos de esos pueblos Israel construiría ciudades nuevas, pero en muchos otros procedió a plantar bosques para ocultar cualquier rastro de la existencia de una población palestina anterior. La gran frase propagandística para la promoción de la inmigración judía a Israel fue la de “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra” y esta fue la manera de escenificar la gran obra de creación del Estado judío.

En 1966, Israel levanta el gobierno militar. Los palestinos urbanos volvieron a sus ciudades de origen, accedieron a la ciudadanía israelí, pero Israel no les permitió retornar a sus casas originales, y a día de hoy siguen siendo víctimas de lo que se viene denominando “discriminación legal”. Un sin fin de regulaciones discriminatorias que limitan la participación de los palestinos en los procesos de la que dice ser “la única democracia de Oriente Próximo”, fomentan la segregación, y cuyo objetivo último es también la expulsión. Israel los considera ciudadanos, pero nunca los considerará nacionales de pleno derecho, un derecho reservado únicamente a la población judía. Muchos otros, sin embargo, nunca fueron reconocidos por el Estado de Israel y, a día de hoy, les sigue tratando como si no existieran. Son los palestinos no reconocidos, que viven en 176 pueblos, que Israel tampoco reconoce, de las áreas de Galilea y el Desierto del Néguev. Este no reconocimiento se traduce en que Israel no les abastece de ningún servicio; ni agua, ni electricidad, ni carreteras, ni transporte, ni alcantarillado, ni sanidad, ni educación. Nada. Para Israel no existen, pero sí espera que algún día se cansen y se vayan. Lo que seriamente pone en cuestión el carácter democrático del que Israel suele alardear.

Es interesante mencionar aquí, la política específica de sedentarización y expropiación forzosa que Israel llevó a cabo durante los años 50 sobre la población beduina del Desierto del Néguev -Naqab de su nombre árabe original-, ya que, hoy en día, Israel continúa violando sistemáticamente sus derechos. Israel en los años 50 forzó a los beduinos a abandonar sus tradiciones nómadas, concentrándoles en áreas específicas en el norte del Desierto. Hoy en día Israel sigue sin reconocerles, por lo que no les abastece de servicios, no les permite construir, y reiteradamente destruye los poblados donde intentan sobrevivir a estas amenazas constantes del Estado. Sin embargo, si los contabiliza en las estadísticas de población para fortalecer esa dominación demográfica que pretende tener. Claro ejemplo de la amenaza Israelí sobre este sector de la población es el poblado beduino del Araquib, que Israel ha destruido en los últimos meses nada más y nada menos que 70 veces, la última el pasado 12 de junio. Otro ejemplo de ese tanto demográfico se ha dado en las últimas semanas, cuando Israel ha contabilizado entre sus tres víctimas civiles a uno de estos beduinos que hasta ese momento Israel había tratado como si no existiera. Un beduino al que no le abastecía de ningún servicio y le negaba cualquier derecho, incluido el derecho a tener una casa digna, el derecho a la sirena antiaérea o el de tener un refugio como el resto de los israelíes. Eso si, finalmente, Israel tuvo la “deferencia” de contabilizarle como víctima civil.

Además de la discriminación legal a la que se somete a los palestinos del interior, el principal problema al que se enfrentan los palestinos hoy en día es la negativa israelí a reconocer el derecho de los palestinos a la reparación de sus propiedades confiscadas y destruidas y el derecho al retorno a sus lugares de origen. Aunque este derecho esté consagrado por el Derecho internacional y confirmado por muchas resoluciones de Naciones Unidas, en particular las resoluciones 194 (1948) y 237 (1967), Israel, 66 años después, y en contravención del Derecho Internacional, se ha negado sistemáticamente a hablar sobre este punto y sigue prohibiendo el derecho al retorno de los palestinos, incluido el derecho a decidir si quieren volver o no.

El paso por los campos de refugiados de Al-Ama'ari (1948), Qalandia (1949) y Shu'afat (1965), simbolizan esta realidad. Sus habitantes fueron expulsados en 1948 de Led, Jaffa, Ramla, y Jerusalén oeste, todas ciudades localizadas en el actual Israel. Al igual que la población de Gaza, donde aproximadamente el 80% de la población es refugiada y sus hogares y lugares de origen también se encuentran dentro del actual Israel. Ninguna de estas personas se encuentra a más de 60 km de distancia de sus casas y propiedades originales, pero Israel no les deja visitarlas y mucho menos regresar.

La ocupación y la anexión ilegal de Jerusalén Este

La política de expansión, anexión y expulsión no se terminó con el reconocimiento del Estado de Israel y la definición de sus fronteras mediante el Acuerdo de armisticio de 1949 -frontera popularmente conocida como la Línea Verde. Este Acuerdo, le reconocía a Israel el control sobre el territorio otorgado por la Resolución 181 (1947) -que imponía la partición sobre Palestina-, y además, el territorio que acababa de conquistar durante la Guerra del 48 -Galilea, gran parte Gaza y Cisjordania, y Jerusalén Oeste. Es decir, el acuerdo de Armisticio le reconocía el control sobre el 78% de la Palestina del Mandato. Pero, para Israel, esto no era suficiente.

En 1967, Israel ávido de más, ocupa la península del Sinaí egipcio, los Altos del Golán sirios, el sur del Líbano, y de lo poco que quedaba de Palestina -un 21% de la Palestina del Mandato- Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este, estableciendo rápidamente un gobierno militar para todo el nuevo territorio ocupado. Sin embargo, la meta prioritaria sería y sigue siendo el control total sobre la ciudad de Jerusalén.

El Sionismo, una ideología nacionalista más, nacida en el siglo XIX a la luz de la configuración de los Estados Nación en Europa, no ha dejado de utilizar como táctica la revitalización de referencias bíblicas e instituciones de la antigüedad, alegando que el judaísmo era algo más que una religión, para poder llenar de contenido la idea nacionalista de la existencia de una nación judía. Una consigna identitaria inexistente en el momento de formación de esta ideología. Una vez conseguido el objetivo de tener un Estado con un territorio, una bandera, un mismo idioma -el hebreo moderno se crea a principios del siglo XX con este fin- y un ejército que demostrara el poder de dicho Estado, entre los objetivos del Sionismo, el más importante sería el de imponer la soberanía judía sobre la ciudad de Jerusalén. De éste modo llenaría de contenido práctico las que hasta entonces habían sido tan sólo referencias bíblicas, para así consolidar la justificación identitaria del Estado de Israel. Una táctica dirigida principalmente a su propia población, y más allá de esta, al mundo entero. Como señala la Ley Básica sobre Jerusalén, “Se dará especial prioridad a Jerusalén en las actividades de las autoridades del Estado con el fin de promover su desarrollo en materia económica y de otro tipo.” Aunque la dominación de Jerusalén implique una violación de Derecho, este objetivo siempre ha estado en el imaginario político israelí por encima del derecho.

Con este fin, una vez ocupa Jerusalén Este, Israel procede inmediatamente a unificar el Oeste y el Este de la ciudad, declarándola capital “única e indivisible” del Estado en contra del Derecho Internacional, que establece que su capital legal es Tel Aviv. Para consolidar esa declaración contraria a Derecho elabora, hasta el día de hoy, toda una serie de regulaciones encaminadas a ampliar la extensión territorial de la ciudad -incorporando progresivamente los pueblos de la periferia, ganando terreno a la Cisjordania ocupada- ampliando así el perímetro original de la ciudad, y aplica políticas destinadas a expulsar a la población palestina para progresivamente cambiar la composición demográfica de la ciudad y judaizarla.

El proceso de anexión y expulsión en Jerusalén que comienza en 1948 y se estructura con la ocupación de 1967, se consolidará definitivamente con el Proceso de Paz. Sobre todo y de manera más imperativa desde el año 2002, con la construcción de un Muro de hormigón cuyo fin último es anexionarse más territorio, aislar completamente Cisjordania de Jerusalén, y concluir con el vaciamiento total de la población palestina original de la ciudad.

Entre el largo abanico de medidas que Israel viene aplicando, para consolidar el dominio territorial sobre la ciudad y poder modificar la balanza demográfica en su favor, destacan: la expulsión forzosa de grupos de población palestina de áreas concretas, la ocupación directa de casas palestinas por colonos israelíes con el apoyo y la protección institucional, la denegación de permisos de construcción, la demolición sistemática de casas, la confiscación directa de tierras palestinas y la revocación de permisos de residencia, entre otras. Quizá, estas dos últimas sean las más extensivas y agresivas. Israel confisca tierras palestinas para la construcción de nuevas colonias/asentamientos de uso residencial, institucional, arqueológico o turístico; también para la construcción de carreteras y un tren ligero que comunican las colonias entre sí; para la construcción del Muro de Anexión y Apartheid o simplemente las declara áreas de seguridad para guardarlas en la reserva para futuras construcciones. Por otro lado, la revocación de permisos de residencia suele responder a razones de lo más perverso, desde no haber cumplido con un mínimo consumo de servicios obligatorios, donde los mínimos suelen ser muy altos; pasando por la elaboración de regulaciones segregacionistas o de Apartheid relativas a la vivienda, la salud o la educación; hasta imponer restricciones a la reunificación familiar, siempre en detrimento de los habitantes palestinos de Jerusalén. Desde 1967 se han revocado 180.000 permisos de residencia de la población palestina de Jerusalén Este.

Israel aprovecha los picos de tensión -como es la última agresión sobre la Franja de Gaza- para elaborar nuevas leyes que bloqueen cualquier posibilidad de negociar el destino de Jerusalén. Durante los últimos bombardeos parece que ha legislado tres veces en relación a Jerusalén. Regulaciones que hoy en día son irrevocables dado que a principios de este año 2014, la Knesset ratificó la Ley General del Voto, por la que se requiere una mayoría de dos tercios para modificar cualquier ley, blindando herméticamente esa posibilidad. Una ley abusiva que coloca los derechos del pueblo palestino en un punto de indefensión total.

Todas estas medidas son contrarias al Derecho Internacional. El IV Convenio de Ginebra (IVCG) y el Reglamento de la Haya de 1907 (RH) lo dejan claro: la potencia ocupante no podrá forzar el traslado ni de individuos ni de grupos de la población local, ni tampoco podrá trasladar a su población civil al territorio que ocupa (Art. 49, IVCG) y el poder ocupante no podrá reclamar la soberanía sobre el territorio que ocupa, y tampoco podrá destruir ni deteriorar las propiedades del territorio ocupado, siendo todos estos actos punibles (RH).

Que la marcha de los 48.000 pasara por Qalandia, el control militar construido en el Muro que separa Ramallah de Jerusalén, o a mayor escala, que separa el norte de Cisjordania de Jerusalén, pretende poner de manifiesto este aislamiento total de Cisjordania de la ciudad ocupada de Jerusalén Este; y también quiere poner en evidencia que el Muro junto con un intrincado sistema de carreteras exclusivas para colonos y controles, se encargan de blindar la ciudad.

A día de hoy, Jerusalén Este -incluida la Ciudad Vieja- capital legítima y reconocida por el Derecho Internacional, es el territorio de la Palestina ocupada que más sufre las políticas de anexión y expulsión del régimen Israelí. La comunidad internacional por su parte, nunca ha reconocido la anexión ilegal de Jerusalén, pero tampoco ha hecho nada por impedírselo, convirtiéndose en cómplice de este proceso. El resultado: en 2014 tan sólo un 37% de la población total de la ciudad de Jerusalén es palestina.

La indefinición de fronteras, el Proceso de Paz y la inviabilidad de la solución de dos estados

Finalmente, la perversión intrínseca al Proceso de Paz y la complicidad occidental en esta perversión, se pusieron de manifiesto al dejar abierta la posibilidad de negociar unas fronteras ya fijadas en 1949 y predicar al mismo tiempo la creación de dos estados sobre aquellas mismas fronteras que se pretendían modificar. La primera premisa hacía efectivamente imposible la segunda. Dejar abierta la posibilidad de modificar aquellas fronteras establecidas en 1949 no ha hecho más que ayudar a Israel a extender la anexión y la fragmentación territorial de lo poco que quedaba de Palestina, le ha permitido fortalecer la ocupación, y le ha dado luz verde para consolidar un sistema de discriminación institucional sobre la totalidad de la población palestina, que va más allá del Apartheid en Sudáfrica; lo que desde mediados de los 90 hace totalmente inviable la voceada solución de los dos estados.

La realidad que se configura desde el comienzo del Proceso de Paz sobre el terreno, es la de la creación de un único Estado, pero un Estado controlado en su totalidad por Israel mediante un sistema de exclusión, segregación, aislamiento y dominación extremadamente violento, donde el hurto de más territorio y la discriminación etno-religiosa son la norma. Un sistema cuyo objetivo es garantizar la supremacía de la población judía-israelí en detrimento de los derechos fundamentales de la población palestina o cualquier otra persona que no sea judía. Un sistema dirigido a las expulsión final de la población local originaria y su sustitución por una población judía. Un sistema que ya empezó a dar sus pasos dentro de Israel en 1948 y que se consolidará para todo el territorio de la histórica Palestina a partir de la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993 (Oslo I).

Nunca antes se habían confiscado tantas tierras palestinas, construido tantos asentamientos, tantas carreteras exclusivas para colonos, tantos controles militares como desde el comienzo del Proceso de Paz. Nunca antes se había aislado de tal modo a unos palestinos de otros, fragmentando el territorio y recluido a la población palestina en pequeños guetos separados y aislándolos entre sí. Desde aquellos Laboristas, que muchos pudieron pensar “moderados”, hasta el día de hoy con el Likud, el llamado Proceso de Paz le ha ido como anillo al dedo a Israel y a la ideología sionista. El llamado Proceso de Paz con el beneplácito de la llamada comunidad internacional, no ha hecho más que proporcionar y facilitar a Israel el limbo espacial y temporal necesario para consolidar y avanzar rápidamente el proyecto de anexión territorial y expulsión del pueblo palestino sin que se notara demasiado. No ha hecho más que ayudar a la ideología sionista a crear aquel Estado exclusivamente judío en la Tierra del Israel bíblico y que, por ahora, se materializa a costa de la eliminación progresiva del pueblo palestino y la radicalización de tendencia fascista de la población judía-israelí. No ha hecho más que evidenciar que Israel renunció desde su creación al carácter democrático del Estado que dice ser. El llamado Proceso de Paz, legalizó con el beneplácito de la llamada comunidad internacional el proceso de anexión, expulsión y discriminación que comenzó en 1948.

Progresivamente, esta farsa, se ha hecho cada vez más evidente a los ojos del mundo. Los mismos plazos recogidos en los Acuerdos de Oslo expondrían esta realidad. Los últimos bombardeos sobre la Franja de Gaza, también.

Una vez finalizaran los 5 años de periodo interino desde que se firmó Oslo I en septiembre de 1993, israelíes y palestinos estaban obligados a sentarse a negociar el status final de los acuerdos. Había que poner sobre la mesa de negociación estos tres grandes temas sobre los que Israel no quería oír ni hablar: unas fronteras que jamás quiso definir, ya que sus pretensiones territoriales eran mucho mayores de las que la legalidad internacional le concedía; una ciudad que se había anexionado de manera ilegal, Jerusalén; y un derecho al retorno que se negaba a aceptar ya que pondría en peligro la pretendida supremacía demográfica de la población judía sobre la árabe.

El limbo que había ofrecido el Proceso de Paz había llegado a un punto de no retorno. La alternativa a corto plazo era provocar una crisis de tal magnitud que justificara la parálisis del proceso negociador, y al tiempo, ocultara las cartas negacionistas de Israel, poniendo el peso de esta negación sobre los palestinos. Esta gran crisis, que calentaría motores a partir de 1993 por la decepción ante el cumplimiento parcial de los Acuerdos, sumado a la política sistemática israelí de castigos colectivos en la forma de cierres y bloqueos que tendría un impacto extremadamente negativo -sobre todo económico- sobre la población palestina, llegaría a su pico de máxima intensidad a principios del año 2000 cuando Israel intensifica la política de arrestos en masa e incursiones militares, similares a las que hemos vuelto a ver durante las semanas anteriores a los últimos bombardeos sobre la Franja de Gaza. Esta gran crisis que ocultaría la negativa israelí a negociar estas tres cuestiones clave, será lo que a finales del mismo año, ya con el Likud en el poder, resulte en lo que se llamaría la II Intifada (2000).

Israel tenía la excusa perfecta para no sentarse a negociar y luz verde para seguir consolidando su proyecto colonial. Será en esos años cuando exporte, en el año 2002, la construcción de un Muro que ya había empezado a construir en Gaza en el año 1994; un Muro que le permite anexionarse todavía más territorio e inmovilizar y fragmentar aún más a la sociedad palestina; un Muro que consolidará de forma visible un sistema de Apartheid basado en la exclusión, la segregación etno-religiosa y racial, y la subyugación del pueblo palestino; un Muro que el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya el 9 de junio de 2004 declaraba ilegal y exigía su desmantelamiento, pero cuya sentencia hoy, diez años después, sigue sin cumplirse.

Ese mismo año 2004 moriría Arafat -envenenado, como investigaciones posteriores han demostrado-, poniendo fin a la era del revolucionario palestino para entrar en la era de una Autoridad Nacional Palestina (ANP) mucho más dócil a las pretensiones tanto internacionales como Israelíes.

Israel de nuevo aprovecharía la coyuntura para ir más allá, al contar con el apoyo mucho más explícito de una comunidad internacional que tiene sus propios intereses en la región. En 2005 Israel decidiría extraer a sus colonos de la Franja de Gaza, mediante lo que llamó el Plan de Desconexión de Gaza. Un plan que pretendía, por un lado, crear el imaginario de que la ocupación de Gaza había terminado -algo irreal ya que el control y la dominación de la Franja de Gaza desde el exterior sigue siendo una ocupación ilegal según el Derecho Internacional- y, por otro, consolidar la separación y la desconexión total y efectiva entre Gaza y Cisjordania. Las presiones, promesas y la inyección de capital de la comunidad internacional para la creación de un Estado imposible, debido a la tolerancia de una ocupación extremadamente violenta que no hacía más que reducir los derechos del pueblo palestino a la nada, resultaron en el rechazo de la corrupción política y económica del gobierno de la ANP, dando lugar a la victoria de Hamas en las elecciones de 2006; una nueva excusa para justificar la agresividad extrema de la política colonial Israelí.

La comunidad internacional, que llevaba años alimentando el fantasma del terrorismo islámico, por sus propios intereses geopolíticos y económicos en la región, no tardó en condenar los resultados y declarar al Gobierno recién elegido democráticamente, organización terrorista. Durante el año siguiente trataría de imponer un Gobierno de la ANP afín a los intereses occidentales, Israel y sus aliados árabes, sobre la Franja de Gaza. Lo que terminaría en el año 2007 en la expulsión por parte de Hamas de los detractores del resultado electoral y en el fortalecimiento mediático por parte de la comunidad internacional de un gobierno en Cisjordania, ilegal, al que llamó de emergencia, pero favorable a sus intereses. Será entonces cuando Israel consolide un bloqueo que ya había comenzado en 1994 sobre la Franja de Gaza, pero que a partir de ese momento va a ser total. Será también entonces cuando la llamada comunidad internacional comience a garantizar oficial y públicamente la impunidad del ocupante, y a avalar la perpetuación de un bloqueo inhumano, ilegal y las sucesivas y aberrantes masacres televisadas que Israel ejecuta sobre la totalidad de la población palestina de la Franja de Gaza, presentando así de manera explicita la violación sistemática de la llamada comunidad internacional de las obligaciones que le impone el Derecho Internacional. En concreto el Artículo 1 del IV Convenio de Ginebra que obliga a las Altas Partes contratantes “a respetar y a hacer respetar el presente Convenio en todas las circunstancias.” Y otro sin fin de complicidades criminales más que llegaremos a ver en caso de que se restituya el Imperio de la Ley. Esta es la lógica política del violento espectáculo que hemos estado presenciando en los últimos años y de manera más evidente en las últimas semanas.

Ante esta situación y desde el comienzo de la última agresión israelí, la población palestina en su totalidad, la de Gaza, la de Cisjordania, la del interior de Israel y la del exilio, así como algunas pocas voces disidentes israelíes y judías del mundo, no han dejado de llamar públicamente a la ciudadanía global a actuar mediante el apoyo a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS) Una herramienta de resistencia pacífica, que da la oportunidad a cualquier persona del mundo a actuar de manera individual y ética para forzar a los poderes del mundo a cumplir con sus obligaciones legales y poner fin a esta injusticia e ilegalidad. Las marchas por la libertad y la dignidad nacional de los 48.000 palestinos que comenzaron el pasado 24 de julio son una manifestación más de este llamamiento, además de una declaración pública contundente y clara, por la que el pueblo palestino mira de frente a Israel y sus aliados, y les comunica que no van a renunciar a ninguno de sus derechos por mucho que lo intenten. El mensaje es claro, el pueblo palestino le grita al mundo que no se va a someter y que sus derechos no son negociables.



Hanady Muhiar es licenciada en CC. Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y está a punto de presentar una tesis doctoral sobre la historia del Movimiento de Mujeres en Palestina, lleva 25 años dedicada a investigar la ocupación Israelí de Palestina y la región de Oriente Medio desde una perspectva geopolítica y Teoría (Post) Colonial. Ha trabajado también como cooperante en Palestina en diferentes momentos desde 1995, la última, entre 2008-2012. Y es miembro activo de la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) y la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones en Madrid. 

16-08-2014, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188499

Párroco de Gaza: La ofensiva israelí contra los palestinos es como una "bomba atómica"

Sacerdote Manuel Musallam

"Incapaces de hablar de paz o de ofrecérselas a otros"

El dolor de los jóvenes palestinos, subraya el sacerdote, "es una herida física, mental y espiritual"

Redacción, 14 de agosto de 2014 

 

(Asia News).-El párroco Manawel Musallam cuenta las condiciones en las cuales vive la población de la Franja después de 4 semanas de bombardeos. Niños y adolescentes heridos "en lo físico y en el espíritu", incapaces de "encontrar alegría, hablar de paz o de ofrecérselas a otros". Con su modo de actuar Israel "no sólo está destruyendo la humanidad de la gente de Gaza, sino también la de su pueblo".

"Lo que la población de Gaza sufrió en estas semanas es comparable con el lanzamiento de una bomba atómica. Las explosiones de masa contra esta tierra han transformado a más de medio millón de personas en refugiados, otra vez más. No tienen más una casa, ni un lugar donde ir. Sus existencias fueron llevadas lejos, desaparecieron".

Quien habla con AsiaNews es el p. Manawel Musallam, párroco de la Santa Familia en Gaza y dirige un escuela en ese lugar. Justo hoy Israel y Hamás han iniciado una nueva tregua de 5 días, ya "manchada" esta noche, por un ataque aéreo por parte de Tel Aviv, respondiendo a cohetes de Hamás. Un cese del fuego aún pendiente de un hilo, en el cual el sacerdote no pone ninguna esperanza.

Observando los sufrimientos padecidos por la gente de Gaza, el p. Musallan habla sobre todo de los niños y los jóvenes. "por 14 años- cuenta a AsiaNews el p. Musallam- he dirigido una escuela en el barrio de Shejeiya. La mayor parte de nuestros estudiantes habitaba justamente allí. En las pasadas semanas, Shejaiya fue destruida: muchos jóvenes fueron asesinados, otros heridos. Algunos quedaron huérfanos o se los llevaron; otros han visto morir a sus propios hermanos. Ahora yo pido: si por si acaso estos chicos vuelven a la escuela, ¿En qué condiciones estarán? ¿Lograrán estudiar, cantar, leer, danzar, escribir?".

El dolor de los jóvenes palestinos, subraya el sacerdote, "es una herida física, mental y espiritual. Desde el año 2007 hasta hoy han vivido 4 guerras en apenas 7 años. Reaccionar en modo positivo a una realidad del género es imposible. ¿Soy capaz de probar alegría en sus corazones? ¿Puedo hablar de paz y ofrecerla a otros? ¿esto preparado a mara y tener compasión y aceptar a Israel? ¿Cómo podemos convencer a esto muchachos a no odiar a Israel, a explicar a ellos sobre la posibilidad de convivir con Israel, si éste continúa a atacarlos?

En la Franja de Gaza viven 2 millones de personas: mitad de la población de la entera Palestina. Vivir años "como refugiados", sin la posibilidad de conducir una existencia normal, con la amenaza constante de un nuevo conflicto, creó "una dificultad espiritual y mental". Los palestinos, explica el p. Musallam, "están rechazando al existencia de Israel a sus espaldas. Se preguntan en nombre de cual realidad o virtud humana podrían aceptar la presencia de este Estado. En la Biblia el profeta Oseas dice: "Siembren para ustedes la justicia y cosecharán con bondad". Pero Israel no está sembrando justicia, manchada como está de sangre de mujeres y niños, sin respeto por el derecho a la vida de estas personas, destruyendo cada cosa en modo indiscriminado"

Con sus acciones, nota el párroco, "Israel no se da cuenta que no sólo está destruyendo la humanidad de la gente de gaza, sino también la de su pueblo. Todos los soldados que están combatiendo, ¿qué le dirán a sus hijos, a sus madres a sus familias? ¿Cómo podrán hablar de paz a sus familias? Tomarán conciencia [de lo que han hecho], porque no podrán hablar de paz. Porque la paz no puede ser construida o aceptada en la miseria, en la humillación del otro, en el terror, en el miedo, enla destrucción. La paz se construye sólo sobre la paz. La paz puede dar seguridad, no lo contrario. La guerra no puede crear la paz".

A la luz de esto, para el p. Musallam es difícil confiar en el buen éxito de la tregua en curso. También por culpa de la actitud de la comunidad internacional. "Podemos dice- estar agradecidos por las manifestaciones en signo de solidaridad por nuestra condición, pero no podemos perdonar el silencio. Gaza no puede ser bloqueada para siempre y su gente no puede ser dejada en estas condiciones para siempre: extenuada por el hambre, por la rabia, por el miedo".

 

CAMPESINOS DEL MUNDO AL PUEBLO PALESTINO

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Niko Schvarz: Israel se propone anexar la Franja de Gaza

Crece en el mundo la solidaridad con Palestina

Israel se propone anexar la Franja de Gaza

NikoSchvarz

Tras la frágil tregua expirada en la mañana del viernes 8, Israel reanudó sus mortíferos ataques a la Franja de Gaza, efectuando 51 bombardeos que mataron 5 palestinos, mientras Hamas reanudó el lanzamiento de cohetes a territorio israelí. El gobierno de Tel Aviv ha declarado que se propone continuar los operativos militares, y voceros caracterizados señalaron que su objetivo es volver a ocupar la Franja de Gaza expulsando a todos los palestinos. El ministro de Exteriores Avigdor Lieberman, racista y xenófobo a ultranza, expresó: “Hay que ahogar a los palestinos en el Mar Muerto, que es el punto más bajo del planeta”.El vicepresidente de la Knesset, MosheFeiglin, ha expuesto un pormenorizado plan de siete puntos, que culmina con la anexión de la Franja de Gaza y la expulsión de toda la población palestina. La actual Operación Borde Protector significa precisamente la aplicación de los primeros puntos del plan.

Durante la tregua, a pesar de su inseguridad, muchos de las decenas de miles de personas que debieron abandonar sus hogares a causa de los bombardeos israelíes, regresaron a los mismos. Se encontraron con un panorama desolador, que hemos podido compartir, con el corazón apretado, a través de las imágenes de Telesur En la mayor parte de los casos, la destrucción era total, los bloques de viviendas quedaron reducidos a escombros. No tenían agua, ni alimentos, ni luz, ya que la única central de energía eléctrica fue destruida por los bombardeos. UNICEF (la organización de Naciones Unidas para la infancia) declaraba, a la hora de finalizar la tregua el día viernes, que en este operativo se habían matado más niños que en todos los anteriores ataques perpetrados por Israel. Quedaban explosivos entre los escombros (algunos sin explotar, con el peligro consiguiente), y los servicios de salud estaban colapsados. Hacían particular énfasis en los daños sufridos por los niños. Eran 432 los niños muertos y 2.878 los heridos, en tanto fallecieron  243 mujeres, en un total de 1875 víctimas mortales palestinas y 9.527 heridas, según datos coincidentes de Unicef y el ministerio palestino de Salud, luego de 29 días de ofensiva del ejército israelí. Destacan las pesadillas y los traumas de todo tipo que padecen los niños a causa de la guerra.

A esa altura, en Jordania se desarrollaban manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino. En Bolivia tenía lugar una gran manifestación con indígenas, trabajadores, estudiantes e integrantes de la colectividad palestina. Venezuela, a través del canciller Elías Jaua, instó una vez más a detener la matanza, señaló que Israel estaba cometiendo “el holocausto del siglo XXI” y fletó un vuelo con 27 toneladas de ayuda humanitaria a la población de Gaza, que debía llegar a un aeropuerto en Egipto. La misma actitud adoptó  Rafael Correa, de Ecuador, enviando material médico y ropa para Gaza. Sesenta partidos comunistas y obreros de todos los continentes emitieron una declaración de “condena a la agresión bárbara y criminal del Estado de Israel contra los palestinos”. Estas tomas de posición se multiplicaron en el mundo.

En nuestro país, se desarrolló un acto en el local de la central obrera PIT-CNT con participación del canciller Luis Almagro, en el cual se solicitó el juzgamiento internacional de Israel por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino. Allí se anunció que el viernes 8 viajaba a Ramallah, Cisjordania, el funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores Enrique Ribeiro, para hacerse cargo de la embajada uruguaya en Palestina. Se confirmó asimismo que  la cancillería uruguaya formuló un llamado de atención a lanueva embajadora de Israel en Uruguay, Nina Ben-Ami, por las declaraciones formuladas por el cónsul israelí Ron Gertenfeld. Éste tuvo el descaro de llamar “ignorantes” a quienes había calificado como genocidio la sucesión de masacres que comete actualmente Israel en Gaza.

Fidel Castro: Israel practica una nueva “forma de fascismo”

Fidel Castro sumó su firma a una declaración de diversas personalidades en solidaridad con Palestina. Además, el martes 5 publicó un texto esclarecedor en el diario “Granma” bajo el título: “Holocausto palestino en Gaza”. Allí alude a “el genocidio que se está cometiendo con  los palestinos” y señala que “una nueva y repugnante forma de fascismo está surgiendo con notable fuerza en este momento de la historia humana”.

El líder cubano hace un recuento de las últimas masacres realizadas por el ejército de Israel, que aproxima el número de víctimas fatales palestinas a la cifra de dos mil; agrega que se llegó al extremo en que el ministro de Exteriores francés Laurent Fabius declaró que el derecho de Israel a la seguridad no justifica “la masacre de civiles” que está cometiendo; y estampa en conclusión este juicio lapidario: “El genocidio de los nazis contra los judíos cosechó el odio de todos los pueblos de la tierra. ¿Por qué cree el gobierno de ese país que el mundo será insensible a ese macabro genocidio que hoy se está cometiendo contra el pueblo palestino?”. También señala a renglón seguido la responsabilidad del gobierno de los Estados Unidos, en estos términos: “¿Acaso se espera que ignore cuánto hay de complicidad por parte del imperio norteamericano en esta desvergonzada masacre?”. Aquí corresponde acotar que, aunque el gobierno de EEUU denunció el bombardeo a la escuela de la ONU en Gaza y Obama calificó de “desgarrador” el sufrimiento palestino, le sigue enviando armamento sofisticado en gran escala para su obra destructora.

El objetivo es la anexión total de Gaza

El vicepresidente del Parlamento israelí MosheFeiglin (que además desde julio pasado integra la influyente Comisión de Relaciones Exteriores y de Defensa) y es el jefe de ManhigutYehudit (Liderazgo Judío), la fracción mayor en el seno del partido gobernante Likud, ha propuesto un plan de 7 puntos para expulsar a toda la población de Gaza, territorio que el Estado judío anexaría de inmediato. Según Ahmed AbulGheit, ex ministro egipcio de Relaciones Exteriores, EEUU organizó en 2011 la caída de Hosni Mubarak porque éste se oponía a la solicitud de Washington de desplazar a la población de Gaza hacia el Sinaí. El plan comprende el ultimátum impuesto a la población; el ataque desencadenado por las fuerzas armadas de Israel; el asedio, para que nada ni nadie pueda entrar ni salir de Gaza; la llamada defensa, para golpear cualquier lugar desde el cual pueda partir un ataque a Israel; la conquista, con autorización a la población que no haya colaborado con Hamas a abandonar Gaza, en tanto los demás serían  eliminados.En la fase final, denominada de soberanía,  se afirma que “Gaza es parte de nuestra tierra y permaneceremos allí para siempre. Ella se convertirá en parte de Israel y será repoblada con judíos. Esto también servirá para suavizar la crisis de la vivienda en Israel”. Todo completo.

Este plan ya se ha comenzado a aplicar. Dice al respecto un comentarista internacional: “Si se analiza el plan que Feiglin está promoviendo activamente, tanto en Israel como en el extranjero (principalmente en Estados Unidos y Canadá), puede comprobarse que la actual operación contra la Franja de Gaza incluye casi íntegramente las 4 primeras de las fases previstas. Se percibe además que el verdadero objetivo de la retirada de los colonos israelíes de la región de Gaza en 2005 no era otro que dejar el campo libre a las fuerzas armadas de Israel para la posterior realización de la operación “Plomo fundido” en 2008/2009. También se percibe que la actual operación “Margen protector” forma parte de un plan preciso tendiente a ocupar de manera permanente la Franja de Gaza y a colonizarla expulsando de allí a la población palestina. Concluye queFeiglin seguramente ya tiene listo también el plan para “una solución en Cisjordania”.

Hay otros elementos para considerar que este plan ya se está aplicando. Tienen que ver con los métodos utilizados por el ejército israelí. Éste anuncia a los habitantes de Gaza que va a bombardear el barrio donde viven.La población huye, abandonando todo en busca de refugio, a menudo en edificios bajo control de la UNRWA (agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos). Entonces los tanques arremeten nuevamente contra los civiles y los obligan a huir más lejos. Hasta el 25 de julio, el ejército israelí ya había declarado inhabitable de esta manera el 44% del territorio de Gaza. Más de 1,8 millones de personas se amontonan ahora en los 158 km2 que Israel no ha atacado todavía, elevando la densidad poblacional a más de 10.000 habitantes por kilómetro cuadrado, la más alta del mundo. De esta manera, la operación militar iniciada por el general MosheYaalon, actual ministro de Defensa de Israel, podría anexar fácilmente un 44% del territorio de Gaza, en el camino de expulsar a la mayoría de la población palestina hacia Egipto y Jordania, anexando total o parcialmente la Franja de Gaza.

La orquesta israelí-palestina de Daniel Barenboim

En medio de este clima de tensión extrema, de muerte y destrucción (que además se extiende a la región, porque EEUU ha reanudado los bombardeos masivos a Irak) llegan noticias reconfortantes, que apuntan acierta perspectiva de paz. Una de ellas, que nos toca muy de cerca, incluso geográficamente, tiene que ver con la orquesta palestino-israelí dirigida por el argentino judío Daniel Barenboim, que está realizando en estos días una serie de conciertos en Buenos Aires, contando con la colaboración nada menos que de Marta Argerich, una de las eminentes pianistas de estos tiempos. La orquesta, que lleva el nombre de West-Eastern Divan (nombre de una colección de poemas de Goethe) contó también en su gestación con el impulso del destacado filósofo Edward Saïd (y ahora su viuda Mariam mantiene viva esta colaboración). En la orquesta participan conjuntamente músicos israelíes, jordanos, palestinos, sirios, egipcios, turcos, y ha ofrecido conciertos en todo el mundo, con un repertorio altamente calificado. Por su parte, Daniel Barenboim ha dirigido orquestas en varios países, como la Sinfónica de Chicago y el Festival internacional de Bayreuth,  y es ejecutante de primer nivel, que vemos a menudo en los canales internacionales. Pues bien: la citada orquesta acaba de realizar conciertos en el Teatro Colón de Buenos Aires. En ocasiones anteriores tocó Beethoven en el Luna Park y tango en la Avenida 9 de Julio. Por su parte, Martha Argerich  participó como solista en uno de los conciertos de dicha orquesta, y en actuación a cuatro manos con Barenboimde la transcripción realizada por Igor Stravinsky de la Consagración de la Primavera; también intervino conjuntamente con Les Luthiers, en La Historia de un soldado, de Stravinsky, y El carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns. Para ayer domingo estaba previsto un concierto gratuito de la orquesta en Puente Alsina, y para hoy se anuncian dos presentaciones en el Mozarteum Argentino.

Barenboim ha realizado múltiples declaraciones sobre la música como factor de amistad y entendimiento entre los pueblos, y su orquesta es un ejemplo vivo de la fraternidad de los músicos de distinta nacionalidad y procedencia. En una nota publicada en Página/12 por el director y musicólogo argentino Diego Fisherman se ofrecen múltiples ejemplos en esta materia. Ahora se  agrega la siguiente declaración de Barenboim: “La música enseña a escuchar al otro y, en un conflicto en que todos tienen razones para sostener su posición, es indispensable poder reconocer que la postura del otro también es racional. Y es fundamental aceptar, también, que ese conflicto no puede tener una solución armada. Es decir, que cualquier supuesta solución de esa índole simplemente no solucionará nada”.

Publicado en BITÁCORA, edición digital, Nº 577, 11 de agosto 2014

 

Niko Schvarz: La crisis humanitaria en Gaza

Niko Schvarz

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os informes de especialistas responsables de Naciones Unidas sobre la crisis humanitaria que padece la población de Gaza, y especialmente sus niños, se conocieron en la sesión del Consejo de Seguridad del 31 de julio. Ambos son de una contundencia tremenda. El drama se acrecentó en los días siguientes de agosto, incluso después de una frágil tregua al final de la primera semana, tras la cual Israel reanudó la masacre, sin límites. El plan que sigue ejecutando el gobierno de Israel, como se sabe,consiste en la anexión del territorio de Gaza, ya hoy cercado por todas partes y convertido en la mayor prisión a cielo abierto del mundo.

El Consejo de Seguridad sesionó el 31 de julio, con la presencia como invitados de representantes de Israel y del Estado Observador de Palestina, y escuchó en primer término el informe de la secretaria general adjunta de Asuntos Humanitarios y coordinadora del Socorro de Emergencia, Valerie Amos, que se unió por videoconferencia desde Trinidad y Tobago.

En el tramo inicial de su informe, la Sra. Amos señaló: “La crisis actual en Gaza ocurre en el contexto de decenios de inestabilidad, pobreza y vulnerabilidad resultantes de estallidos reiterados de hostilidades y de un bloqueo por tierra, mar y aire,  El bloqueo deja solo dos cruces libres para una limitada circulación de peatones y un cruce  para la circulación de bienes. Como consecuencia, más del 80% de la población de Gaza, integrada por 1,8 millones de habitantes –más de la mitad de ellos constituida por niños menores de 18 años- dependía de la asistencia humanitaria antes de que estallaran las hostilidades.  En la Franja de Gaza se han impuesto varias restricciones al uso de la tierra, y el 80% de sus zonas de pesca son total o parcialmente inaccesibles. Se estima que aproximadamente el 57% de los habitantes de Gaza padece de la falta de seguridad alimentaria, y el desempleo sigue siendo alto, con un índice del 43%. Se registra un deterioro general de la economía”.

Expresa más adelante: “Esta situación instable se ha agravado debido a 24 días de conflicto (desde el 7 de agosto, fecha de los bombardeos masivos de Israel, N. de R.) Más de 1.300 palestinos han resultado muertos y 6 mil heridos. Más del 80% de los muertos eran civiles, incluidos 251 niños. Israel ha hecho frente a ataques con cohetes. Cincuenta y nueve personas han resultado muertas, de las cuales 3 eran civiles y 56 soldados, y varias decenas han resultado heridas. Hasta un total de 440.000 personas en la Franja de Gaza están desplazadas, cifra que constituye casi el 24% de la población, y se ha albergado a más de 240.000 personas en las escuelas pertenecientes al Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS), mientras otras buscan refugio en organismos gubernamentales y hospitales o con familiares y amigos. Huyen hacia las zonas en que consideran que estarán resguardados de los ataques, pero estas zonas son cada vez más difíciles de encontrar. Gaza tiene una longitud de solo 45 kilómetros y una anchura de entre 6 y 14 kilómetros, y los militares israelíes han informado que el 44% de Gaza es una zona de separación. Con el bloqueo, la mayor parte de la población no puede salir de Gaza ni siquiera para recibir atención médica urgente. Por lo tanto, recurren a las instalaciones de Naciones Unidas cuando sus hogares y barrios son objeto de ataques; esas personas son más de 240.000. Sin embargo, más de 103 de dichas instalaciones han sido objeto de ataques, incluso una escuela del OOPS que ayer albergaba amás de 3.300 personas desplazadas.  Un total de 19 personas resultaron muertas y más de 100 fueron lesionadas. Las Naciones Unidas han perdido a 7 miembros de su personal y, desde que estallaran las hostilidades, otros trabajadores que prestaban asistencia humanitaria perdieron la vida. La realidad actual en Gaza es que no hay ningún lugar seguro”.

“La violencia actual –expresa seguidamente - ha causado la destrucción generalizada de viviendas, servicios públicos e infraestructura de toda la Franja de Gaza. Más de 9.000 viviendas han sido destruidas o dañadas. Más de 130 escuelas y otras instalaciones educativas también han sufrido daños. Dos de los tres principales complejos de Naciones Unidas, incluido el de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios en Gaza, han resultado dañados. Las instalaciones médicas no se han librado de los ataques, ya que 24 han quedado dañadas o destruidas y algunas fueron objeto de múltiples ataques. Entre ellas, cabe citar el hospital de Al-Aqsa, que fue atacado el 21 de julio,  lo cual causó daños considerables en sus dos pisos superiores y la muerte de 4 personas. El 29 de julio, Shifa, el principal hospital de Gaza, donde también  estaban refugiadas miles de personas desplazadas, fue dañado. Además, la única central eléctrica de Gaza fue objeto de un ataque el martes pasado, y sus tanques de combustible quedaron  destruidos. Partes de Gaza seguirán sin electricidad mientras que otras la recibirán solo dos horas por día. En las mejores circunstancias posibles, se espera que las reparaciones insuman meses. Nunca se insistirá lo suficiente en las consecuencias que sufrirá el funcionamiento de las instalaciones de agua, saneamiento y atención a la salud, así como la producción de alimentos. (Otros informes mencionan la aparición de enfermedades como infecciones en la piel y sarna, N. de R.) Los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento también han resultado muy dañados, y me preocupa profundamente la posible contaminación delos sistemas hídricos. Centenares de miles de personas no tienen acceso al suministro cotidiano de agua, y la violencia actual impide que se efectúen reparaciones urgentes. Si la situación actual persiste, el número de personas sin agua registrará un aumento considerable”.

La informante recuerda que el secretario general de la ONU  ha condenado estos ataques “en los términos más enérgicos” y subraya que de acuerdo con el derecho internacional, las operaciones, el personal y las instalaciones de Naciones Unidas deben  seguir siendo inviolables. Destaca asimismo la labor humanitaria sacrificada que está desarrollando el personal de la ONU, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial de la Salud, y agrega que la UNICEF distribuye medicamentos pediátricos a hospitales y centros de salud, proporciona apoyo psicológico a niños y familias y trabaja para restablecer el acceso al agua y al saneamiento. No obstante, los esfuerzos de socorro se ven desbordados. “Todos hemos presenciado horrorizados –enfatiza- la desesperación de niños y civiles mientras eran atacados y no tenían ningún lugar seguro a dónde ir”. En conclusión, reclama que se cumplan estrictamente las normas del derecho internacional humanitario y se llegue a una solución de paz duradera en la región.

A renglón seguido se concedió la palabra a Pierre Krähenbühl, Comisionado General del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en el Cercano Oriente, quien presentó su información desde la misma ciudad de Gaza. El comisionado confirmó y amplió en algunos aspectos la reseña de Valerie Amos. Empezó expresando su admiración y reconocimiento al personal de la ONU que presta su asistencia humanitaria en la zona, destacando que “desde el inicio de las hostilidades, ocho de mis colegas han perdido la vida”. Luego describió la trágica situación que vio con sus propios ojos, destacando la situación de los niños, en estos términos: “He visto los graves daños que se han causado a vecindarios completos y a la infraestructura esencial. En particular, esta mañana he visto  el catastrófico costo humano de esta guerra en la sala de pediatría del hospital más importante de Gaza, donde vi cuerpos destrozados que son la consecuencia real –e inaceptable- de un conflicto armado en que se hace un uso excesivo –y a veces desproporcionado- de la fuerza en zonas urbanas densamente pobladas. Entre los numerosos niños que yacían en salas y pasillos se encontraba Yussuf, de cinco meses, que a duras penas, y aún no definitivamente, sobrevivió ayer al bombardeo contra el edificio de la escuela del OOPS en Jabalya. Al igual que muchos miembros del Consejo, tengo hijos, y lo que vi hoy –las heridas terribles-me han devastado. Hablo del pequeño Yussuf  porque siempre he rechazado el concepto del anonimato de los muertos  y los heridos. Con demasiada frecuencia, los informes sobre las zonas de guerra se refieren a cifras.Los niños palestinos que hoy vi no son estadísticas. Detrás de cada muerte y cada herida hay una historia y un destino que merece respeto”.

Describe luego en detalle los trágicos sucesos registrados en la escuela de niñas de Jabalya el 30 de julio. Dice que la escuela, “designada para servir como refugio de emergencia para personas desplazadas fue impactada por disparos de artillería, disparos que pensamos fueron hechos por el ejército israelí. La posición y las coordenadas exactas de la escuela fueron notificadas en 17 ocasiones al ejército israelí, al que se le informó incluso que la escuela servía de refugio a personas desplazadas. Los militares israelíes habían instruido a los desplazados que evacuaran  sus hogares y buscaran refugio  en nuestras instalaciones”.

Por lo mismo, reitera su condena al ataque en los términos más severos, ya que se trata de una grave violación del derecho internacional humanitario y a la inviolabilidad de las instalaciones de la ONU, y exige una investigación de los hechos y el castigo a los culpables.

Dice también que los lanzamientos de cohetes contra ciudades israelíes son inaceptables y deben cesar. En conclusión se pronuncia por un alto al fuego inmediato e incondicional, y a la vez por el cese del bloqueo de Israel a la Franja de Gaza. “A pesar de las legítimas preocupaciones de Israel respecto a la seguridad –señala-, el bloqueo ilícito de Gaza debe cesar”. Y lo fundamenta: “Este pequeño territorio es hogar para 1,8 millones de personas, que enfrentan la perspectiva de que se vuelva inhabitable en cuestión de solo unos cuantos años, a menos que la comunidad internacional tome medida urgentes para permitir el desarrollo  de Gaza y garantizar  la seguridad para todos en la región”.

Niños palestinos y niños sirios

Un periodista que se caracteriza por defender a ultranza la conducta del gobierno de Israel, incluso sus actuales masacres en Gaza que han merecido el calificativo de genocidio, ha publicado una página titulada: “El mundo árabe no es Gaza” en que se refiere principalmente a la situación de los niños en Irak, que considera desastrosa. El objetivo del artículo es sacar del centro el tema de Gaza, y así lo establece desde la introducción. Pero entrando propiamente al tema de los niños, ¿no tiene nada que decir sobre la situación que viven  los niños de Gaza a causa de las agresiones sistemáticas perpetrada por Israel desde hace un mes?

En otras palabras: la situación dramática de los niños en Irak ¿justifica las masacres que está perpetrando Israel en Gaza, unas de cuyas principales víctimas son precisamente los niños?

Basta leer lo que dice el comisionado de la ONU Pierre Krähenbühl sobre el pequeño Yussuf en el texto precedente para responderal interrogante. Todos los analistas del conflicto en Gaza señalan a los niños como las principales víctimas propiciatorias. La UNICEF, organización de la ONU para la infancia, informó que en el actual operativo se habían matado más niños que en todas las anteriores operaciones bélicas de Israel, incluso en la denominada “Plomo Fundido” de 2008-2009. Cuando finalizaba la tregua, el viernes pasado, se contabilizaban 432 niños muertos y 2.878 heridos, de un total de 1875 víctimas fatales palestinas  y 9.527 heridas. Con las muertes causadas por los ataques israelíes el viernes y sábado pasados, las víctimas subieron a 1.898, y los niños muertos a 447. Cada uno es un ser humano, con su existencia tronchada cuando tenía toda la vida por delante.

Publicado en LA ONDA digital, Nº 684, 11 de agosto 2014