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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

El difícil horizonte palestino tras el alto fuego

02-09-2014


Hace una semana se puso fin a la Tercera Guerra de Gaza y a la agresión israelí contra la población palestina de ese territorio liberado de la ocupación militar israelí en agosto del 2005, aunque desde entonces sometido a un férreo control de sus fronteras por parte de Israel y de los regímenes títeres de Mubarak y El Sisi, en Egipto.

La inmensa mayoría de los palestinos consideran que la Resistencia palestina salió ganadora de esta apocalíptica batalla contra Israel, de 51 días de duración, consiguiendo la apertura de los pasos fronterizos de la franja de Gaza, la ampliación de las aguas territoriales, además de la apertura de negociaciones, dentro de un mes, para el tema del aeropuerto de Gaza, que HAMAS reclama su reapertura y la construcción de un puerto marítimo.

Pero, y ante todo, la Resistencia consiguió seguir existiendo, logrando abortar por tercera vez desde el 2008 los intentos israelíes y árabes de erradicarla y acabar con ella definitivamente. La bárbara y más loca de las agresiones israelíes a Gaza, de la que pocos dudan fuera de Israel que ha sido fuertemente perjudicial para el estado sionista a todos los niveles, ha fortalecido sobremanera a la resistencia palestina, encabezada por HAMAS y ha debilitado, sobremanera también, a los derrotistas de Fatah y su inútil –para los palestinos- Autoridad Nacional Palestina.

El acuerdo de alto el fuego definitivo fue alcanzado tras días de arduas negociaciones indirectas en El Cairo entre una delegación israelí y otra palestina unificada que representaba a la Resistencia palestina, aunque encabezada por Azam Al Ahmad, representante del llamado Gobierno Unificado Palestino, formado hace tan solo 3 meses, aunando a la Autoridad Nacional Palestina y a HAMAS.

En realidad los miembros de la delegación palestina pertenecientes a la ANP no pasaba de jugar un papel decorativo y no poseían ni el uno por ciento del poder de decisión del lado palestino en esas negociaciones que conducía enteramente la delegación de la Resistencia, encabezada por HAMAS, a quien las autoridades egipcias no reconocen y no quieren ver ni en pintura por ser una rama de los Hermanos Musulmanes.

Hoy por hoy, el pueblo palestino ya tiene una voz cantante y respetada en todo el mundo, pese a quien pese en Occidente y en un mundo árabe cuyos Gobiernos son en su mayoría marionetas de EEUU, y esta es la Resistencia palestina, encabezada por el Movimiento Resistencia Islámica, conocido por la abreviatura de HAMAS. La ANP y FATAH quedaron apagadas, y pocos creen que vuelvan a levantar cabeza en el seno del pueblo palestino, a pesar de que seguirán cogidas de las manos por parte de Israel, EEUU y UE.

En la pasada victoria de HAMAS contra Israel, en noviembre de 2012, cuando Israel fracasó rotundamente en erradicar a la Resistencia palestina en Gaza y cuando esta hizo uso muy efectivo por primera vez de sus cohetes alcanzando muchas ciudades israelíes, incluidas Jerusalén y Tel Aviv, la ANP del presidente títere Abbas estaba condenada a la desaparición ante la enorme popularidad alcanzada entonces por HAMAS en las filas del pueblo palestino, si no fuera por Occidente, especialmente la UE, que corrió a socorrer a Abbas impulsando entonces el reconocimiento en la ONU de Palestina como Estado observador.

El propio ministro de Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, declaró entonces que había que darle algo a Abbas para evitar la desaparición de la ANP. Hoy día, qué pueden hacer en la EEUU y la UE por mantener a flote a Abbas y su ANP que a lo largo de 20 años prestó incalculables y preciosos servicios a Israel sin conseguir absolutamente nada para Palestina y su futuro Estado independiente y soberano.

El agravamiento de la precaria situación política de la ANP y de su extendido descrédito entre los palestinos de todo el mundo – basta con echar un vistazo a las redes sociales para ver el alto grado de desprecio a la ANP entre la población palestina y entre los árabes en general- es una de las consecuencias más sonantes de la recién acabada Tercera Guerra de Gaza.

HAMAS, la nueva realidad

Para estar bien orientados al hablar de Palestina, conviene no olvidar nunca que la popularidad de HAMAS entre los palestinos viene de mucho tiempo atrás y que ya en el 2006 había ganado, aplastantemente, las elecciones generales, las últimas celebradas desde entonces, victoria que le arrebataron, impunemente Israel, EEUU, UE y la ANP. Hoy día, la gran derrotada de entonces, FATAH, obtendría mucho peores resultados electorales que en el 2006.

Como resultado de esta última contienda en Gaza, HAMAS ya lleva la voz cantante en el panorama palestino, relegando a la Autoridad Nacional Palestina a un papel muy secundario que no pasa de mucha palabrería para justificar su estruendoso fracaso a lo largo de dos décadas, además de las consabidas declaraciones grandilocuentes a las que Abbas es adicto.

El indiscutible liderazgo de HAMAS quedó demostrado, sin dejar lugar a duda alguna, en las negociaciones indirectas celebradas a lo largo de dos semanas en El Cairo entre israelíes y palestinos. HAMAS rechazó reiteradamente la propuesta inicial de alto el fuego presentada por Egipto, mientras la ANP la aceptó desde el primer momento. HAMAS, sin dudarlo, rechazó la propuesta egipcia, volcando así la mesa de unas negociaciones que aun ni habían empezado echándoles, a ambas partes títeres de Israel, el régimen egipcio y la ANP, un jarro de agua fría y dejándoles en el más espantoso ridículo en el panorama internacional y demostrando las nuevas reglas de juego en Oriente Próximo, el Who Is Who en Palestina y las nuevas dimensiones de la Resistencia, que de hecho sorprendieron a Israel como a Egipto y a la propia ANP.

Aquella iniciativa egipcia no pasaba de ser una tomadura de pelo con la que el presidente egipcio El Sisi, Abbas y el primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, pretendían conseguir que la Resistencia dejara luchar, a cambio de la retirada israelí de la franja de terreno que sus tanques habían ocupado en Gaza. La propuesta se basaba en “tranquilidad a cambio de tranquilidad” y reflejaba el enorme daño que la Resistencia había provocado en Israel a todos los niveles, especialmente económica y socialmente, hasta el punto de llevar al estado sionista a pedir a Egipto y a la ANP que convenzan a HAMAS para detener las hostilidades cuando habían pasado sólo 20 días desde el inicio de la agresión israelí.

Con aquella paupérrima propuesta se pretendía que la Resistencia no obtenga beneficio ninguno para la población de Gaza y que todas las victimas habidas y la enorme destrucción registrada no repercutan en ninguna beneficio para Gaza que reclamaba la apertura de los pasos fronterizos, ampliación de las aguas territoriales para los pescadores locales, reapertura del aeropuerto de Gaza y construcción de un puerto. Nada de esto ofrecía la iniciativa egipcia, aceptada titubeos por la ANP. La Resistencia siguió luchando contra las tropas israelíes y lanzando cohetes sobre numerosos objetivos israelíes, especialmente el aeropuerto internacional de Ben Gurión hasta lograr que la propuesta egipcia se modificara, muy a pesar del régimen egipcio que insistía en no introducir cambio alguno hasta que intervino el secretario de estado norteamericano John Kerry desautorizando públicamente a El Sisi al hablar, en El Cairo, de la necesidad de introducir cambios en la propuesta egipcia.

La enorme popularidad de HAMAS en Palestina y en otros países árabes

Por otra parte, los 51 días de agresión israelí a Gaza demostraron fehacientemente la firme adhesión de la población de Gaza y Cisjordania, como de los palestinos residentes en todos los países limítrofes y en el resto del mundo, a la Resistencia palestina, adhesión iniciada hace ya muchos años que está convirtiéndose ahora en cohesión al formar la Resistencia palestina y la población palestina un solo cuerpo, inseparable.

Los centenares de testimonios televisivos presenciadas por mí a lo largo del conflicto por distintas cadenas de televisión árabes confirman esta cohesión integral entre pueblo y Resistencia. Se trata de testimonios hechos por heridos, familiares de víctimas (muchos habían perdido a sus hijos en los bombardeos israelíes e incluso algunos se expresaban mientras llevaban entre sus manos a sus propios hijos destrozados por los misiles israelíes) y propietarios de viviendas y negocios que habían sido destruidos por la aviación israelí. Todos y cada uno de los entrevistados en medio de aquella apocalíptica destrucción, en distintas localidades de la franja de Gaza, reclamaban de la resistencia seguir combatiendo y lanzando cohetes y no paraban de repetir frases como “Todos estamos dispuestos a morir defendiendo la Resistencia”, “Gustosamente sacrificamos nuestras vidas y nuestras propiedades por la liberación de Palestina”, “Adelante Resistencia, golpéalos duro. No te preocupes por nosotros…nosotros estamos bien”, etc. Son testimonios espeluznantes realizados en medio de sollozos, llantos y gritos, rodeados de aquél cataclismo que parecía haber golpeado a la franja de Gaza.

Mientras, las manifestaciones y violentos disturbios registrados en distintas ciudades de la Cisjordania, Jerusalén Este y el interior del propio Israel, con numerosos muertos y heridos registrados en enfrentamientos con las fuerzas del ejército y la policía israelí, reflejaban fielmente el fuerte apoyo de la población palestina de aquellas zonas a la Resistencia. Manifestaciones en el mismo sentido, similares o más tumultuosas aun, recorrieron una y otra vez las calles de Jordania, Líbano y del propio Siria, protagonizadas por palestinos y por las poblaciones locales. En Europa, EEUU y Canadá, las comunidades palestinas estuvieron muy activas en la demostración de su total apoyo a la Resistencia organizando numerosas marchas y manifestaciones y celebrando un sinfín de actos a favor de la Resistencia. En todas estas manifestaciones se enarbolaban lemas pro-resistencia y fotografías de los líderes de la Resistencia, nunca de Abbas o de sus caudillos.

La Resistencia palestina es protegida por la legalidad internacional

Que después de todo esto venga EEUU o la UE a decir que HAMAS es una organización terrorista solo significa el grado de estupidez, de ceguera y de servidumbre al sionismo, de muchos dirigentes estadounidenses y europeos.

HAMAS y las demás organizaciones de la Resistencia son Movimientos de liberación nacional que no han aterrizado en Palestina procedentes del espacio exterior, sino que son producto del propio pueblo palestino, que lleva 66 años sufriendo de toda clase de injusticia, tiranía y crímenes a manos de los invasores sionistas constituidos en Estado, Israel. Se trata de combatientes por la independencia y la libertad a quienes protege la legalidad internacional y la carta de la ONU que garantizan el derecho de los pueblos ocupados a luchar contra el ejército ocupante. Clasificar o llamar terroristas a estos combatientes es saltarse la legalidad internacional, cosa a la que estamos acostumbrados por parte de Occidente cuando el ocupante es Israel, a sabiendas de que la ocupación militar es por sí sola un acto de terrorismo.

Imaginen entonces el sinfin de matanzas, de usurpación territorial, de construcción de colonias en los territorios ocupados, los asesinatos puntuales que son diarios, las detenciones masivas y diarias, siendo el número de prisioneros palestinos en las cárceles de Israel de unos 8000, la construcción del muro de separación que usurpa el 15 por ciento del territorio de Cisjordania, etc. ¿Tienen derecho los palestinos a luchar contra el ocupante criminal o no? Precisamente para esto los palestinos crearon sus movimientos y organizaciones de resistencia al ocupante. Ocupante respaldado casi incondicionalmente por las muy falsas democracias de las potencias de Occidente y por su prensa. Llamar terroristas a la Resistencia es llamar terrorista a toda la población palestina en todo el mundo.

Acudir al Tribunal Penal Internacional o romper con HAMAS

Recientemente, todas las facciones de la Resistencia palestina dirigieron un escrito al presidente Abbas pidiéndole que firmara la adhesión de Palestina al Estatuto de Roma y por consiguiente al Tribunal Penal Internacional, con el fin de llevar a los líderes políticos y militares israelíes ante este tribunal para ser juzgados por sus crímenes de guerra y de Lesa Humanidad perpetrados tanto en esta última agresión a Gaza como en otras agresiones anteriores contra el pueblo palestino, pues las matanzas y destrucciones masivas cometidas por Israel desde su creación son muy numerosas.

Sin embargo, Abbas se resiste tenazmente a tomar este paso, pues una de las clausulas secretas de los nefastos acuerdos de Oslo de 1993, firmados en la oscuridad a espaldas del pueblo palestino, establecen que la ANP (creada como resultado de esos acuerdos) no acudirá al TPN en caso de que Palestina llegara a ser miembro de la ONU, como de hecho ha ocurrido en el 2012.

La ANP sigue aferrándose a los acuerdos de Oslo como a un clavo ardiendo, cuando Israel no ha cumplido una sola clausula de los mismos y ha seguido desde 1993 despreciando ostentosamente tanto a la legalidad internacional como a la llamada comunidad internacional.

Ahora mismo, y enterrado Abbas políticamente para los palestinos -aunque aupado muy inútilmente por EEUU y la UE- no le queda más remedio si quiere resucitar y recuperar aliento, como sucedió en el 2012 con el reconocimiento de Palestina en la ONU, que firmar el Estatuto de Roma y llevar al TPI a Netanyahu y demás caudillos de la política y del ejército israelí.

En esta muy difícil tesitura en la que se encuentra Abbas, elegido para el cargo el 9 de enero del 2005 y acabado su mandato legislativo a principios del 2009, el hombre no encontró mejor salida que empezar a lanzar críticas muy fuertes contra HAMAS, al día siguiente del alto el fuego en Gaza.

El tono de estas críticas no hace más que subir, lo que vaticina una posible ruptura entre la ANP y HAMAS, con lo que Abbas habrá elegido huir hacia delante, poniendo en serio peligro las negociaciones indirectas entre Israel y los palestinos, previstos en el acuerdo del alto el fuego del pasado 25 de agosto, en el que está previsto discutir los temas de la reapertura del aeropuerto de Gaza y la construcción de un puerto marítimo, dos exigencias estas de la Resistencia como parte inseparable del acuerdo de alto el fuego.

Abortar esta ronda de negociaciones prevista para el final de septiembre, es precisamente lo que desea Israel y el régimen egipcio, así como la ANP. Los tres sueños desde hace años con despojar a HAMAS de cualquier posibilidad de conseguir beneficios para la población de Gaza, con el fin de vaciar así de contenido político su reciente “victoria” contra Israel, y con la esperanza de que la propia población de Gaza se enfrentara a HAMAS, lo cual no es más que pura ficción producto de la imaginación de mentes fascistas y fracasadas.

Al parecer Abbas, aferrado a la presidencia y a sus privilegios, está eligiendo arrojarse definitivamente en los brazos de Israel, como lo venía haciendo desde antes del fallecimiento de Arafat en el 2004, con quien mantuvo muchos enfrentamientos públicos.

Antes de tomar este escandaloso paso, Abbas quiere implicar a FATAH en la nueva fase que se avecina, para lo cual convocó ayer, 31 de agosto 2014, lo que sería el séptimo Congreso General de FATAH, aunque no fijó fecha para el mismo, limitándose a decir que el congreso tendrá lugar “muy pronto” en Ramala.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

El nuevo modelo para Gaza

01-09-2014

 

Ynet

Traducido del hebreo para Rebelión por J. M.

Divide y vencerás, el modelo construido por Ariel Sharon para Gaza se derrumbó y no hay una solución militar. ¿Hay alguien en el liderazgo que tendrá el poder, la autoridad y el coraje para liderar un proceso político?

 

El Gobierno israelí puso al ejército y al país en su conjunto en una complicación que no tiene parangón desde la desconexión. La razón de esto es la falta de comprensión del modelo que para el control de Gaza construyó Sharon en 2004 y que ha llegado a su fin. El modelo se basa en bloqueo aéreo y marítimo, el bloqueo de los cruces terrestres hacia la Franja, además de los suministros subterráneos de bienes a través de túneles.

El presidente egipcio, al-Sisi cambió el juego por el cierre de los túneles, su lucha en el país contra la Hermandad Musulmana, y empujó a los palestinos a prepararse para el nuevo gobierno político de consenso nacional. La pregunta es: ¿cómo conseguir ajustarse la política israelí a las nuevas circunstancias?

Sharon creó un modelo que permitió una situación relativamente estable entre 2005 y 2014, a pesar de los altos precios de las "rondas" violentas. El modelo se basa en el principio de control más antiguo: divide y vencerás. Separar Cisjordania y Gaza entre Hamás y la Autoridad Palestina. Sharon se dio cuenta de que el ejército no puede detener el fuego de mortero y descubrir los túneles de contrabando, y tampoco absorber el exceso de pérdidas debidas a la fricción diaria con la población civil y la falta de legitimidad del uso de la fuerza contra ella. La retirada unilateral fue un movimiento táctico exitoso a este respecto, diseñado para reducir la cantidad de pérdidas israelíes y legitimar el uso de la fuerza contra civiles palestinos por razones de defensa propia.

Pero había también un objetivo político a largo plazo, la prevención de la presión internacional para el establecimiento de un Estado palestino como se había prometido en la hoja de ruta del presidente Bush. Para evitar el proceso político era necesario salir unilateralmente, o el hecho mismo de la salida requeriría negociaciones con la Autoridad Palestina para regular las cuestiones básicas como las medidas de seguridad, la apertura de los pasos fronterizos y su supervisión, y los acuerdos económicos bilaterales. Tal medida requeriría unir Cisjordania a la Franja de Gaza, económica, política y socialmente, que es lo opuesto al pensamiento "divide y vencerás".

Quien no estába contento con la salida unilateral era, por supuesto, el ejército que consideró en esto una dificultad para su capacidad de disuasión. En marzo de 2004 salieron públicamente en contra de la retirada unilateral el Jefe de Estado Mayor Moshe (Bogie) Yaalon y el jefe del Shin Bet, Avi Dichter, diciendo que traería "viento de cola" para el terrorismo y fortalecería la relación de Hamás con la Autoridad Palestina. Estaban en lo cierto, por supuesto, pero Sharon no dudó, los despidió y nombró en su lugar a Dan Halutz y Yuval Diskin.

A los ejércitos no les gustan las retiradas unilaterales si no es según un acuerdo que asegure la estabilidad de la misma. Desde la retirada, el ejército cayó en una situación indeseable, por decir lo menos: la legitimidad del uso de la fuerza está creciendo, tiene el respaldo internacional, pero no tiene capacidad para tomar decisiones y su prestigio, minado. Internacionalmente criticado por el número de inocentes muertos, y para los israelíes a causa de su incapacidad de ganar. Desde que Sharon desapareció, nadie examina las motivaciones y la lógica política del modelo, y sólo requiere a los militares para investigar los aspectos militares después de las "rondas".

En Israel están exigiendo que se investiguen las fallas de desempeño (véase Comisión Winograd), y en el mundo se investigan los crímenes de guerra (véase Comisión Goldstone). Ya desde el comienzo de la operación Margen Protector, el ejército estuvo bajo una doble crítica, tanto dentro como fuera. Pero el problema es político: el colapso del modelo de control que acarreó las crecientes complicaciones políticas y militares.

El modelo se ha agotado y se ha creado una dinámica de cambio. Tras el cierre del túnel por Al Sisi, Hamás tenía que conectarse a la Autoridad Palestina, socavó el modelo divide y vencerás y Netanyahu salió a la confrontación para preservar el modelo que había colapsado.

El colapso del modelo produjo una dinámica de cambio. Sin los túneles, los habitantes de Gaza necesitan otra conexión con el mundo. El desafío político israelí es cómo construir un nuevo modelo al mismo tiempo que mantiene conversaciones con el liderazgo palestino en su conjunto. Al parecer, en el estado maltrecho de la plana mayor el ejército israelí no se atreverá a decir lo que dijo el jefe de Estado Mayor Dan Shomron cuando en 1967 colapsó de modelo de control (la primera Intifada). No se atreverá a explicar a la opinión pública que no existe una solución militar, sólo una solución política.

El problema es que en la situación de la política israelí, no está claro quién tendrá el poder, la autoridad y el coraje para un proceso político. Mientras no se encuentre un modelo nuevo para gestionar las relaciones con los palestinos, continuarán desplegándose las complicaciones y la sociedad pierde la fe en la capacidad de la elite militar y política para hacer frente a la realidad.

 

Lev Grinberg es profesor en la Universidad de Beer Sheva

Tomado de:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=189093 

Fuente original: http://www.ynet.co.il/articles/0%2c7340%2cL-4561849%2c00.html 

 

Sobre victorias y falsas victorias

30-08-2014
Sobre victorias y falsas victorias
Netanyahu versus Abu Ubaydah

Middle East Eye

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.


Reacción de un palestino durante la lectura de un comunicado de prensa de las Brigadas Ezzedin al-Qasam, ala armada de Hamas, en la barriada de Shujaiya, en Gaza,

27 de agosto de 2014  

Con las prisas de analizar el resultado de la guerra de 51 días de Israel contra Gaza, denominada Operación Borde Protector, puede que algunos hayan pasado por alto un factor importante: que no se trató de una guerra según las tradicionales definiciones, por tanto, no se pueden aplicar de forma simple los análisis convencionales sobre victorias y derrotas.

Siendo así, ¿cómo podemos explicar la triunfante declaración del Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu del 28 de agosto, y las celebraciones masivas en las calles de Gaza por la “victoria” de la resistencia frente a Israel? Para poder desentrañarlas bien, tenemos que entenderlas en su contexto.

Poco después de la declaración de alto el fuego del 26 de agosto, que puso fin a la guerra hasta ahora más destructiva de Israel contra Gaza, Netanyahu parecía haber desaparecido de la escena. Algunos medios de comunicación israelíes empezaron a predecir el fin de su reinado político. Aunque esta idea era un poco apresurada, uno puede entender las razones. Gran parte de la carrera política de ese hombre se ha basado en su posición “antiterrorista” y en la agenda de seguridad de Israel.

De 1996 a 1999, desempeñó el cargo de primer ministro con el decidido propósito de acabar con el “proceso de paz” de Oslo. Argumentaba que comprometía la seguridad de Israel. Después, como ministro de Hacienda con el gobierno de Sharon (2004-2005), tuvo muchas preocupaciones con las intenciones de Ariel Sharon respecto al repliegue de Gaza. De hecho, fue el “plan de desenganche” de Gaza el que liquidó la alianza Netanyahu-Sharon.

Netanyahu necesitó unos cuantos años para poder regresar del aparente olvido al complicado paisaje político israelí. Tuvo que emprender una batalla política agotadora, pero consiguió recuperar, a través de complicadas alianzas, sólo un parte de la pasada gloria del derechista partido Likud. Fue primer ministro de 2009 a 2013 y salió elegido para un tercer mandato (una rareza en la historia de Israel), desde 2013 hasta el momento actual. 

No sólo fue Netanyahu el rey de Israel, sino también el hacedor de sus reyes. Mantuvo cerca a sus amigos y más cerca aún a sus enemigos, y fue hábilmente equilibrando probabilidades de coalición aparentemente imposibles. Triunfó, no sólo porque es un político astuto, sino también porque consiguió unir a Israel alrededor de un objetivo: la seguridad. Y lo hizo combatiendo el “terrorismo palestino”, una referencia a los diversos grupos palestinos de la resistencia, incluido Hamas, y erigiendo las defensas israelíes. Tuvo tal control sobre ese discurso político que nadie consiguió siquiera acercársele, ni el hosco político centrista Yair Lapid ni los halcones de la derecha y extrema derecha Avigdor Lieberman y Neftali Bennet, respectivamente.

Pero entonces se produjo lo de Gaza, una guerra que podría posiblemente convertirse en el mayor error de Netanyahu y quizá en la razón de su caída. Además del colapso en los porcentajes de aprobación pública, que han descendido del 82%, el 23 de julio, a menos del 38% poco después del anuncio del alto el fuego, el propio lenguaje de nuestro hombre en la conferencia de prensa posterior es suficientemente elocuente.

Parecía desesperado y a la defensiva, postulando que Hamas no había conseguido sus objetivos de guerra, aunque fue Israel, no Hamas, el que instigó la guerra con toda una lista de objetivos, ninguno de los cuales ha conseguido en modo alguno. Hamas respondió burlándose de su declaración alegando que el grupo no inició la guerra ni había entonces presentado ninguna demanda, según declaró un miembro de la formación a Al Jazeera. Las demandas se presentaron en las subsiguientes conversaciones por el alto el fuego en Egipto, y algunas de ellas se han conseguido realmente.

Netanyahu está retorciendo el lenguaje y exagerando la verdad en un intento desesperanzado por anotarse una victoria política o, sencillamente, salvar la cara. Pero ha convencido a muy pocos.

Ariel Ilan Roth escribía en Foreign Policy el 20 de julio y llegaba a una pronta conclusión sobre la guerra de Gaza que ha demostrado ser verdad sólo en parte. “No importa cómo y cuándo ha terminado el conflicto entre Hamas e Israel, pero hay dos cosas que son ciertas: La primera, que Israel podrá proclamar una victoria táctica. La segunda, que habrá sufrido una derrota estratégica”.

Se equivoca. Incluso la victoria táctica le fue negada en esta ocasión, a diferencia de las guerras anteriores, sobre todo de la denominada Operación Plomo Fundido (2008-2009). La resistencia en Gaza debe haber aprendido de sus pasados errores, consiguiendo aguantar una guerra de 51 días con un resultado destructivo sin precedentes en todos los anteriores conflictos de Gaza. Cuando se anunció el alto el fuego mediado por Egipto, habían empujado a todos y cada uno de los soldados israelíes al otro lado de las fronteras de la Franja.

Casi inmediatamente después del acuerdo, un responsable de Hamas en Gaza leyó una declaración en la que apelaba a los israelíes que viven en las diversas ciudades fronterizas evacuadas para que volvieran a Gaza, en una desafiante declaración también sin precedentes. Poco después, cientos de combatientes que representaban a todas las facciones, Fatah incluida, se situaban ante las ruinas de Shujaiya, barriada de Ciudad de Gaza. “No hay sitio entre nosotros para los árabes débiles y derrotados”, declaró el líder militar de la resistencia de Gaza, Abu Ubaydah, mientras una multitud de personas cubría de besos a los combatientes.

También él declaró la victoria. Pero, ¿es su declaración de “victoria” diferente de la de Netanyahu?

“Israel tiene toda una historia de proclamaciones de victoria cuando en realidad ha salido derrotado; la guerra de octubre de 1973 es el mejor ejemplo de ello”, escribía Roth en Foreign Policy. La diferencia entre ahora y entonces es que muchos en Israel aceptaban antes las falsas victorias. Esta vez se han negado a hacerlo, según están mostrando varias encuestas de opinión realizadas porHaaretz, Canal 2 y otros medios. Además, el abismo entre la clase política israelí es más amplio de lo que ha sido en muchos años.

Independientemente de esto, la “victoria” de la resistencia no puede entenderse dentro del mismo contexto de la propia definición de Israel de victoria o falsa victoria. Seguramente, la resistencia “pudo establecer una disuasión desplegando un nivel increíble de resiliencia y fortaleza, aunque esté equipada con armas primitivas”, como señalaba Samah Sabahi. Pero hay otra cosa que es incluso más sorprendente aún: la misma idea de que el poderoso Israel, y los que son como Netanyahu, pueden utilizar a los palestinos como campo de pruebas para las armas o para mejorar los índices de aprobación parece estar acabada. La vieja creencia de Sharon de que hay que “dar fuerte” “y golpear” a los árabes y palestinos como condición previa para la calma, o la paz, se ha visto desafiada como nunca antes en la historia de las guerras árabe-israelíes.

Las “celebraciones” de Gaza por el alto el fuego no eran el tipo de celebraciones que siguen a la victoria de un equipo de fútbol. Es un error interpretarlas como mera expresión de alegría y refleja una falta de comprensión de la sociedad de Gaza. Fue algo más que una declaración colectiva de un pueblo que ha perdido 2.143 personas, en su mayoría civiles, y que tienen más de 11.000 heridos y minusválidos a los que cuidar. Por no hablar de la destrucción total o parcial de 18.000 hogares, 75 escuelas, muchos hospitales, mezquitas y cientos de fábricas y tiendas.

No, tampoco era una afirmación de desafío en un sentido simbólico. Fue un mensaje a Israel de que la resistencia ha madurado y de que se ha terminado ya el dominio total de Israel sobre cuándo empiezan las guerras y cómo acaban.

El futuro demostrará si esta valoración es exacta y cuáles serán las consecuencias para Cisjordania y Jerusalén Este, que están bajo ocupación militar. Curiosamente, la “liberación de Jerusalén” fue de hecho un tema dominante entre los jubilosos palestinos en Gaza. Otro tema fue la insistencia en la unidad nacional entre todos los palestinos. Después de todo, esa fue ante todo la verdadera razón por la que Netanyahu ha lanzado su última guerra contra Gaza.

El discurso de la resistencia, al-Muqawama, es ahora el que domina en Palestina y supera todas las divisiones entre facciones, o la cansada discusión acerca de las inútiles “conversaciones de paz”, con las que los palestinos no consiguieron nada más que pérdidas territoriales, división política y mucha, mucha humillación. Ese sentimiento está ya reverberando en Cisjordania. Pero está por ver cómo se traducirá en el futuro, considerando el hecho de que la Autoridad Palestina allí es débil en sus relaciones con Israel y muy intolerante con cualquier disidencia política.

Las presiones de Israel sobre el Presidente Mahmud Abbas continuarán. En su primera conferencia de prensa tras el alto el fuego, Netanyahu repetía el mismo ultimátum: Abbas “tiene que decidir de qué lado está”, dijo.

Tras fracasar en su intento de acabar con la resistencia de Gaza, a Netanyahu no le queda sino presionar a Abbas, de 79 años, cuyas opciones, para empezar y tras la guerra de Gaza, son bien escasas. 

 

Ramzy Baroud es Doctor en Historia de los Pueblos por la Universidad de Exeter. Es editor jefe de Middle East Eye, columnista de análisis internacional, consultor de medios, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro es “My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story” (Pluto Press, Londres).  

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/netanyahu-vs-abu-ubaydah-victory-and-false-victory-1822212666 

 

Israel, estado fantoche

 por Saiid Alami

El pueblo palestino, expulsado de la mayor parte de su tierra, perseguido, pobre, aniquilado mil y una veces, destruidas sus ciudades y pueblos, masacrados sus hijos continuamente a manos de Israel, en Palestina y fuera de Palestina, a lo largo de 66 años, asesinado hasta el infinito con armas permitidas y no permitidas por la legalidad internacional -armas sumamente sofisticadas y siempre “regaladas” a Israel por Gobiernos títeres del sionismo como Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Alemania-, pueblo abandonado a su suerte o perseguido por la mayoría de los Gobiernos de sus hermanos árabes y musulmanes (el Egipto de Mubarak y de El Sisi lo asedia con ahínco mano a mano con Israel)...Este pueblo tan desamparado, ha sabido finalmente defenderse él sólo, gracias a su fe en sí mismo y en sus derechos inalienables y gracias a las pocas entidades y Gobiernos honestos que aun siguen existiendo en un mundo podrido por el peligrosísimo virus del sionismo, ideología criminal declarada racista por la ONU.

Sí, este aprendizaje de como enfrentarse eficazmente al ejército más poderoso de Oriente Próximo empezó a vislumbrarse en la agresión israelí contra Gaza en noviembre del 2012 cuando los cohetes palestinos empezaron a hacer mucho daño a un Israel engreído y todopoderoso, obligándolo entonces a pedir él mismo el alto el fuego.

El derrumbe del mito de la seguridad de Israel

El mundo asiste, en esta nueva agresión israelí a los palestinos en Gaza, al derrumbe estrepitoso del tan cacareado concepto de la Seguridad de Israel, vociferado machaconamente a lo largo de los años por unos líderes estadounidenses y europeos tan desalmados como cegados por el sionismo y esclavos de él, de su gran banca en Nueva York, de sus multinacionales y de las inmensas fortunas de una veintena de familias judeo-sionistas estadounidenses y europeas que manejan en la sombra el destino de las “potencias” occidentales, siempre a espaldas de sus pueblos, y utilizando para ellos esos Gobiernos, partidos políticos, medios de información, políticos y periodistas comprados al por mayor.

Por este surrealista concepto de la seguridad de Israel fue sacrificada a lo largo de décadas la seguridad de varios países árabes e islámicos y fueron sacrificados cientos de miles de vidas palestinas y árabes en los últimos 66 años, además de la destrucción masiva, detenciones y encarcelamientos de decenas de miles de palestinos, asesinatos "selectivos", construcción de más y más colonias en los territorios palestinos, usurpación de más y más terrenos palestinos, etc.

Sin embargo, esta seguridad israelí nunca existió en realidad si no fuera por unos regímenes árabes implantados desde un principio y “contratados” para proteger a Israel. Si no fuera por esto, ¿qué seguridad puede tener un Estado diminuto, artificial y criminal creado para el expansionismo y para el sometimiento de los pueblos árabes de Oriente Próximo al yugo del sionismo? Ninguna. La confirmación de esta respuesta la está dando Hamas desde el 2012 con sus ingeniosos métodos defensivos que están humillando a un Israel que incapaz de derrotar a los combatientes se dedica, como siempre lo hace, a aniquilar a niños, mujeres, ancianos y civiles en general, perpetrando toda clase de crímenes de guerra y de Lesa Humanidad.

Este derrumbe de la muy falsa seguridad de Israel, que ha quedado hecho añicos a mano de la Resistencia palestina, tiene su máxima expresión en la suspensión de numerosos vuelos con destino al aeropuerto de Ben Gurión- Tel Aviv, en el curso de la primera fase de esta agresión finalizada a mediados de agosto. De hecho, la resistencia palestina demostró su capacidad de cerrar el espacio aéreo israelí a la aviación civil, por primera vez desde 1948, lo que en sí significa una catástrofe para Israel, tanto en lo referente a la cuestión de la seguridad como por el tremendo golpe a la Economía israelí, especialmente al sector turístico considerado de capital importante para Israel.

Hamas y las demás facciones de la Resistencia en Gaza vienen despojando a Israel de su falso halo (falso como lo es todo lo relacionado con la imagen de Israel) de una superpotencia invencible ante la cual los palestinos y los árabes no tienen más remedio que rendirse a su voluntad.

Israel, Estado fantoche

En realidad, Israel no pasa de ser un Estado fantoche resultado de la suma de un ejército, un entramado de servicios secretos y un aparato propagandístico inmenso orientado especialmente a Occidente. Todos los demás componentes de la entidad israelí, como economía y sociedad, emanan de este doble aparato militar-mediático, giran alrededor de él y están al servicio de él, que es todo lo contrario a lo que ocurre al resto de los países del mundo.

Por esta razón, Israel está hueco por dentro, falto de consistencia social y económica, además de carecer de fondo estratégico geodemográfico. Su población, cómo expliqué en otros artículos extensos y documentados (arabehispano.net, rebelión.org, webislam.com, palestinadigital.com, etc.) lo único que ha venido a buscar en Palestina, estos judíos haraposos y hambrientos en su mayoría, es el dinero, el bienestar, la usurpación fácil de terrenos y propiedades ajenas arrebatándolas de mano de sus dueños palestinos. Esta población israelí está formada también de emigrantes en busca de la falsa creencia de superioridad dentro de un Estado genuinamente racista y segregacionista, mediante el sometimiento, la humillación, la persecución y –cuando le apetece a un israelí- la agresión y el asesinato, impunemente, de la población palestina, pero siempre sin que esa población israelí tenga sentimientos de arraigo o pertenencia al país donde perpetra sus desmanes. Se trata de una situación casi calcada de la que vivían hasta 1962 los colonos franceses y europeos en Argelia a lo largo de 132 años de colonialismo francés.

No olvidemos que una mayoría de israelíes tienen en el bolsillo el pasaporte de su país de origen, siempre dispuestos a salir huyendo a donde les esperan sus familiares y su sociedad, en cuanto ven que el conflicto armado con los palestinos les amenaza a ellos y a sus hijos. De hecho ya han huido definitivamente de Israel varios cientos de miles de israelíes a sus países de origen. Este retorno a los países de origen, o a otros países, se inició tras la guerra de julio del 2006 en la que el Movimiento chiita-libanés Hizbula sometió al norte de Israel a una lluvia de cohetes a lo largo de un mes. El estruendoso fracaso de la bárbara agresión israelí a la franja de Gaza, en diciembre 2008 y enero 2009, de la que Hamas y los demás componentes de la Resistencia palestina en Gaza salieron fortalecidos más que nunca, y la derrota israelí ante estos movimientos de la Resistencia en la agresión del 2012, no hicieron más que animar este movimiento de huida de los judíos de Israel.

Por otra parte, el lanzamiento de cientos de cohetes palestinos contra la inmensa mayoría de la geografía israelí está provocando un auténtico desmoronamiento social, de una sociedad que se creía inmune e intocable, lejos de toda clase de sufrimiento bélico que hasta ahora se limitaba a los palestinos y a los territorios de Cisjordania y Gaza.

Precisamente por este motivo, tanto el Gobierno como la implacable censura militar israelí (que conocemos muy bien todos los periodistas especializados en el conflicto israelo-palestino) imponen un apagón informativo total y minucioso sobre la información relacionada con los daños provocados por los cohetes palestinos, para evitar en lo posible el agravamiento de la alarma social israelí y por consiguiente el desmoronamiento social interno que puede desembocar en una auténtica estampida de la población israelí hacía el exterior. Nadie con dos dedos de frente se cree que un millar de cohetes palestinos de grandes dimensiones y de hasta 180 kilómetros de alcance, lanzados contra objetivos concretos en ciudades e instalaciones israelíes de todo tipo, no hayan provocado daño alguno y tan sólo 3 muertos entre los civiles. Lo que pasa es que una población israelí en su mayoría mercenaria y profundamente extranjera no se quedaría en el país de publicar los auténticos datos y cifras sobre los daños y víctimas de la contundente respuesta armada palestina a la bárbara agresión israelí.

El mencionado apagón informativo israelí es mucho más estricto ahora que en ningún otro momento en el pasado, debido precisamente a que la ola de huida de israelíes del país no hace más que incrementar desde el 2012, ya que la respuesta palestina al ataque israelí entonces hizo que un gran sector de la población israelí detectara que eso de la seguridad de Israel no pasaba de ser un mero cuento que hasta entonces había funcionado sólo gracias a algunos regímenes árabes que protegen a Israel. Ahora, ante la agresión israelí que está en marcha, estos regímenes árabes la aplauden o la apoyan en silencio, con la esperanza de acabar con la resistencia palestina formada por islamistas y comunistas, con la pretensión de que no quede voz resistente ninguna contra Israel en Oriente Próximo.

La máxima expresión de estos regímenes árabes protectores de Israel es el actual régimen egipcio, llegado al poder mediante un golpe de estado ideado desde un principio para la protección de Israel y la destrucción de la resistencia palestina en Gaza. El Mariscal egipcio Abdelfattah Al Sisi, que está sentado ahora en el sillón de la presidencia egipcia mediante las elecciones más falseadas de la historia, -tras derrocar al único presidente egipcio elegido por el pueblo en toda la historia del Egipto- y a la luz de sus actuaciones y crímenes hasta ahora, que no benefician salvo a Israel, no es más que un agente israelo-estadounidense cuya única misión es aterrorizar al pueblo egipcio – ya van varias masacres con más de 2.000 egipcios asesinados además de decenas de miles de encarcelados- y cerrar herméticamente la frontera con Gaza, para garantizar así la seguridad de Israel y asfixiar a la población de Gaza y a Hamas. En realidad, esta tercera agresión israelí a Gaza desde el 2008, no se inició el pasado 8 de julio sino el 3 de julio del 2013 con el golpe de Estado de Al Sisi.

Pero no sólo algunos regímenes árabes títeres de EEUU están por la labor de destruir la resistencia palestina contra Israel, sino que también algunas potencias occidentales encabezados por EEUU. Así estas potencias observan pasivas, inertes o complacientes -tan rehenes como son del sionismo- esta desmedida barbarie israelí en Gaza, iniciada el 8 de julio pasado, en la que más de 2.100 personas fueron asesinadas (civiles en su inmensa mayoría, incluidos unos 500 niños) y unos 10.000 civiles que quedaron heridos (muchos entre ellos quedaron mutilados, incluidos cientos de niños), casi la quinta parte de la población de la franja de Gaza ha quedado sin hogar por la destrucción de miles de viviendas por la aviación y artillería israelí, lo que quiere decir que estamos ante una de las más brutales agresiones registradas contra civiles desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pues, según cifras de la ONU, se trata de 380.000 personas cuyas viviendas han quedado destruidas en la primera parte de la agresión, de 27 días de duración. Todo esto transcurre en medio del aplauso o del silencio cómplice de un EEUU y de unos Gobiernos y medios de comunicación europeos faltos de libertad de decisión por su flagrante y vergonzoso sometimiento al sionismo.

Abrir los pasos fronterizos, el aeropuerto y el puerto

La decisión de la Resistencia palestina de no aceptar el alto el fuego hasta el levantamiento total, incondicional y definitivo del cierre de todos los pasos fronterizos de la franja de Gaza con Israel y Egipto, reabrir el aeropuerto y el puerto de Gaza, y extender hasta las 12 millas náuticas las aguas territoriales palestinas de Gaza, es una decisión correcta y muy justa, que ha sido apoyada por la Organización para la Liberación de Palestina y por la Autoridad Nacional Palestina, que al parecer empieza a recuperar la razón y a entender que la resistencia armada es el único camino posible para conseguir la independencia y no las negociaciones con Israel, que a los 21 años de haber empezado no han aportado nada al proyecto de un estado palestino independiente y soberano, sino que han convertido este proyecto en una utopía inalcanzable.

Nadie tiene derecho a encerrar al pueblo palestino de Gaza. ¿Con que derecho Israel y Egipto se arrogan la competencia de someter a casi 2 millones de palestinos a tan absurdo e injusto castigo? Si Israel mantiene este cierre, convirtiendo al pueblo de Gaza en rehenes suyos, la Resistencia palestina demostró ser capaz de convertir a toda la población israelí en rehenes suyos. Nada tienen que perder los palestinos que ya lo han perdido todo, excepto su orgullo y su dignidad.

Israel se pondrá de rodillas, y lo veremos todos, abriendo los pasos fronterizos con Gaza y obligando al régimen títere de Egipto a hacer lo mismo en Rafah.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

25-08-2014

Gerardo Leibner: Léxico y secuencia para entender algo

ISRAEL/PALESTINA

Gaza es para el sentido común israelí una especie de tacho de residuos humanos del proceso de colonización. Israel es, probablemente, el único país del mundo actual que no declara sus límites geográficos y que más bien se rige jurídicamente por la idea que allí en Palestina donde reside un colono judío es jurisdicción israelí.

 

por Gerardo Leibner (desde Israel)

GAZA. La Franja de Gaza es un estrecho territorio de 385 km2 (o sea, bastante menos que el departamento de Montevideo, para poner un ejemplo uruguayo) en el cual residen alrededor de 1 millón 800 mil habitantes. La Franja de Gaza se ha convertido a partir de la guerra de 1948, cuando fue creado el Estado de Israel, en la mayor concentración de población palestina desplazada en el curso de aquella guerra, población a la cual no se le dio nunca la posibilidad de retornar a sus poblados y tierras de origen. Más de la mitad de la población actual de Gaza es descendiente de los doscientos mil refugiados acogidos durante la guerra de 1948-1949 y de los varios miles de palestinos que fueron expulsados del territorio sobre el que se consolidó Israel en la década del ’50. En idioma hebreo de la calle se fue acuñando desde los años ’50 una expresión cuyo significado más próximo en castellano rioplatense coloquial sería “andá a la mierda”, o “vete al infierno” si queremos usar un léxico castellano más amplio: “lej lea’zha”, que literalmente significa “vete a Gaza”. Gaza es para el sentido común israelí una especie de tacho de residuos humanos del proceso de colonización, o si queremos un ejemplo histórico asimilable la “reserva india” norteamericana, en la cual fueron concentrados y encerrados muchos de los derrotados y desplazados de la guerra de 1848. El problema de esa reserva palestina desde el punto de vista israelí es que los humanos ahí confinados nunca asumieron totalmente su derrota, nunca se resignaron. Se resistieron y se resisten a asumirla. Y ya desde los ’50, algunos de manera individual y otros organizadamente procuraron cruzar la frontera creada por la colonización, sea para infiltrarse y lograr vivir en el territorio del cual fueron desplazados o sea para atentar contra quienes los despojaron y luego fueron emigrando y colonizando sus antiguas tierras. En aquellos años se fue consolidando la respuesta israelí a los intentos de “infiltración” palestina: las “acciones punitivas” al interior de Gaza (hasta 1967 bajo régimen militar egipcio) y al interior de Cisjordania (hasta 1967 bajo dominio militar jordano).

La conquista militar de esos territorios por parte de Israel en la "guerra de los seis días", en junio de 1967, creó una nueva situación. Tras varios meses de control militar que impedía la libertad de movimientos de los palestinos en los territorios conquistados, Israel optó por utilizar a los refugiados palestinos y a los más pobres entre los otros palestinos conquistados en mano de obra barata para su propio desarrollo. Eso implicó el reingreso al territorio ya consolidado como Israel de refugiados e hijos de refugiados de la guerra de 1948, ahora como obreros, principalmente en la construcción o en los eslabones “no especializados” de sus industrias. Durante un poco más de 20 años los refugiados palestinos residentes en Gaza pudieron visitar y ver las tierras en las que antes se encontraban sus pueblos, barrios, ciudades, en muchos casos demolidos o considerablemente transformados bajo el influjo de cientos de miles de nuevos inmigrantes/colonos judíos. En muchos casos los trabajadores de Gaza limpiaron calles, erigieron edificios y pintaron paredes en las que fueron las tierras de sus padres desplazados. Al mismo tiempo en la Franja de Gaza el gobierno militar israelí reprimía violentamente todo esbozo de organización política independiente, sea nacionalista o izquierdista. Prohibiciones, censura, cárcel, torturas, demolición de viviendas y hasta asesinatos de supuestos dirigentes guerrilleros fueron parte de un ritual represivo en las décadas del ’70 y del ’80 en Gaza bajo dominio militar israelí. A la vez Israel confiscó buena parte de las tierras agrícolas de Gaza y envió colonos a establecer colonias de agricultura intensiva, utilizando la mano de obra barata de la población local despojada y sin derechos ni capacidad de defensa (las organizaciones sindicales fueron ilegalizadas por estar políticamente en contra de la ocupación).

A fines de los ’80 la primera Intifada, un generalizado levantamiento popular palestino, cuestionó seriamente la hasta entonces rentable explotación de la mano de obra palestina dentro de Israel. Tras dos años de paros generales al ritmo de cuatro o cinco jornadas al mes y de continuas manifestaciones y acciones represivas que tornaban en incierta la capacidad de llegada al trabajo de decenas de miles de trabajadores, junto con las prohibiciones a los obreros palestinos de dormir en ciudades israelíes (por temor a atentados de su parte), sectores enteros de la economía israelí remplazaron a los trabajadores palestinos con nuevos inmigrantes judíos venidos desde la URSS en desintegración y con trabajadores extranjeros baratos enganchados por empresas contratistas, al mejor estilo del neoliberalismo global, en Rumania, Tailandia, Turquía y China. Los procesos globales permitieron “liberar” a la economía israelí de su dependencia parcial en relación a la mano de obra palestina. E inmediatamente a comienzos de los ’90 Israel empezó a restringir la libertad de movimientos de los palestinos residentes en Gaza y en Cisjordania. Se reinstaló un sistema de permisos especiales junto a numerosos puestos de control en carreteras y puntos estratégicos. El impacto sobre la desocupación en Gaza fue dramático. Paulatinamente en esa zona la Intifada adquirió el carácter de guerra de guerrillas en la cual se fue destacando Hamas, una organización político-militar relativamente nueva que combinaba una doctrina religiosa islámica con el nacionalismo palestino. Paradójicamente el famoso proceso de paz entre Israel y la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), iniciado en 1993, reforzó las restricciones. Se estableció la Autoridad Palestina, que obtuvo el control policial de las ciudades y los campamentos de refugiados en Gaza y Cisjordania, pero las colonias judías y las principales carreteras y la mayoría de los terrenos agrícolas quedaron bajo control israelí.

El desmoronamiento de las negociaciones de paz en el año 2000 y el surgimiento de la segunda Intifada, esta vez sí un levantamiento armado y mucho más sangriento que el anterior, tanto en la insurgencia palestina como en la represión israelí, convirtió la Franja de Gaza en una verdadera zona de combate. En la desesperación y pobreza de los campamentos de refugiados de Gaza se incubaron las más importantes acciones guerrilleras palestinas, algunas dirigidas contra el ejército de Israel, otras contra colonos israelíes y otras contra ciudadanos dentro de las fronteras de Israel. Finalmente en 2005 fue Ariel Sharon, el primer ministro israelí, quien tomó la decisión de retirada unilateral de la Franja de Gaza, desmantelando las colonias israelíes pese a la oposición de la ultra-derecha. El precio militar y económico en Gaza era demasiado alto e Israel prefirió concentrar su esfuerzo colonizador en Cisjordania. El alambrado de Gaza fue reforzado y al retirarse unilateralmente, sin acordar nada con la Autoridad Palestina, se tomaron las medidas físicas para que todo acceso humano, de mercancías o el mero suministro de energía o cualquier material, se controlara e interceptara por el ejército israelí. Sin soberanía aérea, marítima o de los puestos de paso terrestre Gaza quedó sometida a la voluntad sitiadora de Israel. Al tiempo que los sectores más extremistas palestinos, particularmente Hamas, festejaban la retirada militar israelí en la que veían un triunfo de su lucha armada, otros sectores políticos palestinos observaban con preocupación cómo Israel convertía la Franja de Gaza en una enorme cárcel sin techo.

LÍMITES/FRONTERAS. “Ningún estado soberano en el mundo aceptaría la excavación de túneles bajo su territorio”; algo así se lee en los diarios que dijo el presidente de los EE.UU. Barack Obama la semana pasada, justificando las acciones militares israelíes destinadas a ubicar y destruir túneles construidos en Gaza para acceder a Israel por debajo del sistema de alambrados. Y creo que tiene razón Obama. Ningún estado aceptaría esa trasgresión a su soberanía territorial. El único problema es que Israel es un estado que no ha reconocido sus propias fronteras, sus propios límites. Al no permitir una soberanía palestina en Gaza y mantenerla bajo sitio desde las elecciones de 2006, en que la mayoría de los habitantes votó al movimiento Hamas, hasta el día de hoy Israel no ha delimitado su propia soberanía. Lanchas de pescadores de Gaza que se apartan decenas de metros de la costa son ametralladas por la marina israelí; productores agrícolas palestinos ven muchas veces cómo sus cosechas se pudren debido a una decisión israelí de bloquear unilateralmente la exportación; miles de palestinos de Gaza que estudiaban en universidades en Cisjordania se vieron obligados a optar por permanecer allí sin saber cuándo podrían retornar a visitar sus hogares y ver a sus padres y hermanos o regresar a Gaza y renunciar a sus estudios. Estos son tan solo algunos ejemplos del significado del sitio a Gaza iniciado en 2006. Ni que hablar de la anormalidad de la situación político-militar y jurídica en Cisjordania, en la cual hay lugares en que Israel ejerce un régimen muy similar a lo que fue el apartheidsudafricano, con jurisdicción civil israelí para los colonos judíos y jurisdicción militar israelí para los palestinos. Sucede muchas veces que un grupo de colonos armados agrede a campesinos palestinos en el marco de intentos por despojarles de sus tierras y los militares que acceden al lugar sólo pueden intervenir para reprimir o evacuar a los palestinos, porque contra los colonos solo puede actuar la policía, que casi nunca llega a tiempo en estos incidentes. Israel es, probablemente, el único país del mundo actual que no declara sus límites geográficos y que más bien se rige jurídicamente por la idea que allí en Palestina donde reside un colono judío es jurisdicción israelí. Entonces, más que límites tenemos fronteras abiertas a la colonización, algo similar al movimiento hacia el lejano oeste en Norteamérica o la colonización de las pampas y la Patagonia en los años previos y posteriores a la infame “conquista del desierto”. Con muchos más recursos que los indígenas americanos del siglo XIX, los palestinos actuales se niegan a aceptar ese proceso y resisten. Los alambrados y los muros son superados por los misiles por arriba y por túneles por debajo. La eficacia de esta resistencia es dudosa, pero es resistencia y tiene sus efectos desafiantes. Ni que hablar de la injusticia que implica disparar misiles sobre poblaciones civiles del lado israelí. Pero, si lo pensamos bien, ¿qué otras alternativas de resistencia activa tienen los palestinos confinados en esa enorme jaula que es la Franja de Gaza? No muchas. Ninguna fácil y ninguna pacífica. Algunas marchas de protesta hacia los alambrados ensayadas en años anteriores culminaron dispersadas a balas por las fuerzas israelíes, con muertos y heridos palestinos. Pero, volviendo al tema de la frontera y la soberanía, ¿cómo establecer qué es una “infiltración” palestina si no está establecida cuál sería una infiltración israelí? Aparentemente, para la ley internacional rigen las fronteras anteriores a la guerra de los seis días, pero es Israel misma la primera en desvirtuarlas al establecer colonias y anexar de facto buena parte del territorio de Cisjordania. Para la comunidad internacional rigen también los acuerdos de Oslo firmados en 1993-1994, pero se trataba de acuerdos temporarios vigentes hasta el año 2000, y desde el desmoronamiento de las negociaciones de paz no fueron renovados. Israel tampoco tiene empacho en violar las disposiciones de Oslo cuando le conviene, exigiendo a la Autoridad Palestina que cumpla con las cláusulas que le convienen a Israel. Obviamente a lo largo de estos años de fracasadas negociaciones y hostilidades también los palestinos violaron numerosas cláusulas de un acuerdo realmente diseñado para ser temporario y no para administrar un conflicto por el periodo de dos décadas.

¿DEMOCRACIA VERSUS FUNDAMENTALISMO? Los voceros israelíes hacen hincapié en presentar a Israel como una democracia moderna que enfrenta a un movimiento terrorista islámico de carácter fundamentalista. Empecemos por la segunda parte de la ecuación. Hamas es evidentemente un movimiento islámico conservador (no estoy seguro de si fundamentalista es el término más correcto, hay en el Medio Oriente movimientos religiosos más fanáticos), intolerante y violento. De eso no hay duda y sobre ello pueden atestiguar militantes de su rival Fatah (nacionalistas pragmáticos) o militantes de izquierda o por los derechos humanos que sufrieron represión a manos de Hamas dentro de la Franja de Gaza. Sin embargo, esos mismos militantes valientes que demostraron más de una vez su consecuencia ante atropellos de Hamas son los primeros en asegurar que no se trata de un conflicto de Hamas sino de todo el pueblo palestino en Gaza que se encuentra bajo sitio israelí. Es más, todos los observadores internacionales y los actores políticos palestinos concuerdan en que la sistemática política israelí de pasarle por encima a la Autoridad Palestina y humillar a los dirigentes moderados, prosiguiendo la colonización como si no hubiera habido negociaciones de paz y desoyendo resoluciones internacionales, es la principal razón que convirtió a Hamas en la primera fuerza política en Gaza. Y no está de más mencionar que una relación de interés mutuo entre extremistas islámicos y militares israelíes ya existió en la década del ’70 cuando, en el marco de la lucha israelí contra el auge de movimientos izquierdistas en Gaza, la ocupación israelí permitió a las hermandades musulmanes entonces minoritarias (de las cuales surgió Hamas 15 años más tarde) quemar y clausurar cines, teatros, centros culturales y cafés que irradiaban una cultura laica y de izquierda. Luego, desde los ’90, ha existido una sistemática correlación entre las acciones del Likud, el aún principal partido de derecha en Israel, y Hamas, siendo uno funcional al otro para debilitar opciones de diálogo israelí-palestino. No cabe duda de que se trata de enemigos, pero que resultan muy funcionales para la política interna de cada uno.

Retornando a la primera parte de la ecuación: ¿es Israel una democracia? Desde el punto de vista formal parecería serlo. Tiene pluralismo político, hay elecciones periódicas, sistema representativo y separación de poderes. Nadie en América Latina o España puede desdeñar estos aspectos formales de la democracia que muchas veces costó tanto reconquistar. Sin embargo, si miramos bien el mapa y los datos, Israel no es una democracia. Para que una democracia exista tiene que tener un cuerpo de ciudadanos claramente definido y este cuerpo de ciudadanos con plenos derechos políticos tienen que ser básicamente todos los adultos con residencia fija bajo la jurisdicción soberana de ese estado. En los territorios que se encuentran bajo dominio israelí desde hace ya más de 45 años hay cientos de miles de palestinos sin derecho de voto. Esto no se refiere a Gaza, que aunque sitiada y sometida a incursiones bélicas supuestamente está ya fuera de territorio israelí. Hablo de Jerusalén Oriental, con más de doscientos mil palestinos formalmente anexados a Israel pero sin derechos ciudadanos y sometidos a políticas de hostigamiento abiertamente destinadas a alentarles a emigrar. Y hablo de más de cien mil palestinos en las zonas C de Cisjordania, zonas agrícolas bajo dominio israelí y en pleno proceso de colonización en las cuales Israel actúa como si fueran parte integral del estado. Y por limitarme a lo más formal de la democracia no entro ahora a analizar las prácticas de discriminación y marginalización represiva a las que son sometidos cientos de miles de palestinos de ciudadanía israelí que residen dentro de las fronteras de 1967 y que sí gozan de voto y representación política. Sólo diré que a la habitual discriminación administrativa, económica y cultural en estos últimos meses se ha agregado una hostilidad muy fuerte, desde el estado y desde la sociedad judía, que incluye el despido de miles de trabajadores por haber expresado voces discordantes con la guerra, el boicot económico a muchos negocios y restaurantes palestinos en Israel, y la agresión física de palestinos que se topan casualmente con patotas de adolescentes judíos enardecidos por el ambiente bélico y reaccionando ante atentados palestinos, que gritan consignas como “¡Muerte a los árabes!” y son capaces de linchamientos.

Entonces Israel más que una democracia es una etnocracia, o sea el régimen de supremacía étnica de su mayoría judía, con una capa democrática muy endeble y erosionada que actualmente se va cayendo a pedazos. Los principales políticos israelíes moderados definen al estado como “judío y democrático”. Parlamentarios árabes ya han aclarado que el verdadero significado de esa fórmula es un estado que funciona como democrático para los judíos y como judío para los árabes.

El enfrentamiento tampoco es entre democracia y fundamentalismo porque el nacionalismo judío, en parte religioso, es tan fundamentalista como el de Hamas, ya que recurre a argumentos como la santidad de la tierra de Israel y la promesa divina para justificar la colonización, el despojo de tierras y las masacres que derivan del uso de la fuerza militar en condiciones tan asimétricas.

¿CUÁNTO VALE LA VIDA DE UN SOLDADO NUESTRO? La tarde del pasado viernes, al detenernos en un semáforo en un importante cruce en el centro de Israel, dos jóvenes colonos religiosos (identificables por su ropa y su forma de expresión) ofrecían a los automóviles en fila un adhesivo con esta leyenda: “La vida de un soldado nuestro vale más que la vida de los civiles enemigos”. Quienes reparten ese adhesivo pertenecen a la ultraderecha israelí, pero nosotros fuimos la excepción en esa casual fila de automóviles: casi todos aceptaban el adhesivo. Ministros y parlamentarios no dudan en expresar esa misma idea que explica la brutal desproporción en el uso de la violencia militar israelí en Gaza. En ese aspecto la ultraderecha expresa lo que es de sentido común entre los judíos de Israel, incluso entre quienes pragmáticamente votan a partidos de centro y centro-izquierda: la idea de que la vida de un judío vale más, o debe hacerse valer más, que la vida de los palestinos. Es muy crudo decirlo así, pero es esa idea tan profundamente racista una de las claves ideológicas de la hegemonía de la derecha al interior del sionismo. La denominada izquierda sionista sólo prevaleció en la política israelí cuando logró demostrar que su moderación pragmática era la forma más prudente de preservar vidas judías. Defender ideas universalistas de cualquier tipo –sean estas comunistas, socialdemócratas o incluso liberales– está considerado en Israel como de “ultraizquierda”. Los judíos que así pensamos somos tildados de traidores a la patria. Y tal vez sólo por la misma lógica de ese racismo todavía nos toleran y no nos hostigan físicamente de la manera como agreden a árabes que expresan su opinión o simplemente hablan en voz alta en su idioma en el sitio equivocado. Pero, ¿quién lo sabe?, tal vez pronto nos tocará también, ya hay señales de ello. Sin embargo, y a pesar de los serios peligros de pérdida de códigos de tolerancia al interior de Israel, lo que sucede en Gaza y los muertos palestinos en manifestaciones en Cisjordania, ya más de una decena, son lo más grave y urgente.

  

Número 71 de la revista digital Vadenuevo, en www.vadenuevo.com.uy.

 

DECLARACIÓN DE LA ASOCIACIÓN TELÓGICA JUAN XXIII de España

DECLARACIÓN DE LA ASOCIACIÓN TEOLÓGICA JUAN XXIII FRENTE AL GENOCIDIO ISRAELÍ EN GAZA

Ante la criminal agresión de Israel contra el pueblo palestino, particularmente los bombardeos y el consiguiente arrasamiento de la Franja de Gaza, la Asociación Teológica Juan XXIII, retomando el comunicado del SICSAL, del cual miembros de nuestra Asociación forman parte, manifiesta su indignación y la más enérgica condena, y declara:

1.      Que el pueblo palestino es el legítimo dueño de esta tierra que la habita con pleno derecho desde hace varios milenios. Desde hace sesenta y seis años Palestina vive bajo la ocupación israelí, pese a que Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales lo consideran ilegal. El 78 por ciento del territorio palestino está ocupado por Israel, quien no cesa de construir nuevos asentamientos judíos, usurpando por la fuerza la tierra y el agua de las comunidades palestinas, e incluso expulsando de sus casas a sus legítimos dueños. Alrededor de seis millones de palestinos sobreviven como refugiados en su propia tierra.

2.      Además, el Estado de Israel ha levantado un gigantesco muro, declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia y calificado de vergüenza para la Humanidad en su reciente viaje a Tierra Santa por el Papa Francisco, quien  dijo que no son muros los que hay que construir, sino puentes de comunicación y encuentro.

 

3.      Desde hace más de un mes vienen produciéndose bombardeos israelíes, ataques de la artillería pesada desde las cañoneras de los barcos de guerra contra las costas de  Gaza e invasiones terrestres, que se han cobrado hasta el presente la vida cerca de 2000 personas, la mayoría, población civil y una tercera parte son niños y niñas, y más de 9.000 personas heridas, muchas de gravedad. Miles de hogares han sido reducidos a escombros, dejando sin techo a familias enteras. Han sido destruidas universidades y escuelas de la ONU.

4.      Las Naciones Unidas en la Resolución 3101 (diciembre de 1973) afirma el derecho legítimo de los pueblos bajo dominación colonial extranjera o bajo regímenes racistas, a luchar por su autodeterminación. Pablo VI, en la Populorum progressio afirma que en el caso de evidente y prolongada tiranía, que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificase el bien común, estaría justificada la insurrección revolucionaria  (nº 31). Esta es la situación del pueblo palestino, que tiene derecho a la independencia y a una vida libre y digna.

5.      Las masacres de la población civil en Gaza son un auténtico genocidio que hiere la conciencia de la humanidad. Una vez más suenan las palabras del Monseñor Romero, que desde el corazón de los pueblos oprimidos y ensangrentados de la tierra, clama: “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno! ¡Cese la represión!”

6.      Ante esta dramática situación, expresamos:

-Nuestra condena del secuestro y asesinato de los tres jóvenes colonos judíos, de la muerte del adolescente palestino quemado vivo, de las agresiones destructivas contra universidades y escuelas de la ONU, barrios y zonas enteradas, y de todas las muertes producidas en esta guerra. Ninguna muerte se justifica bajo ningún pretexto. La vida humana es sagrada. La voz de la sangre de los muertos grita desde la tierra hasta el corazón de Dios (Gn 4,10).

-Nuestra solidaridad con el hermano pueblo palestino y con el pueblo judío perseguido e inmolado por los nazis. Nos unimos al dolor de las personas que han perdido a sus familiares. Nuestra opción, como seguidores de Jesús de Nazaret, son los pobres, oprimidos y crucificados de la tierra. Caminamos juntos, como hermanos y hermanas, luchando y soñando en otro mundo de justicia y libertad, signo de la presencia del reino de Dios en la historia.

-Nuestra más enérgica condena del Estado de Israel como violador del derecho Internacional, de las resoluciones  de la ONU y de la Convención de Ginebra de manera sistemática, y la  imposición de sanciones económicas y políticas ante estos crímenes de lesa Humanidad.

-Nuestro reconocimiento al derecho que tiene el Estado de Israel a vivir seguro dentro de sus fronteras, sin que la vida de sus habitantes se sienta amenazada. Pero eso  no le autoriza a invadir el territorio palestino y a sembrar el terror en la población.

-Nuestra indignación frente al silencio y pasividad de la mayoría de los gobiernos, organizaciones internacionales e instituciones religiosas, y, en algunos casos, su complicidad con el genocidio israelí.

 7.      Por todo ello,

 -Hacemos un llamamiento a todas las organizaciones sociales y comunidades religiosas de  España y del mundo para que se exijan el alto al fuego y la retirada de Israel de los territorios ocupados.

- Reclamamos que se detenga el envío de armas a Israel como condición necesaria para detener la sistemática agresión contra la población gazatí.

-Exigimos a nuestros gobiernos el cese de acuerdos militares, comerciales, empresariales y culturales con Israel, en tanto no cumpla las resoluciones de la ONU, las leyes y el Derecho  internacional. Nuestros gobiernos hablan de paz y aprueban resoluciones de la ONU, pero siguen contribuyendo a perpetuar la violencia negociando con países que violan los derechos humanos y el derecho internacional.

-Hacemos un llamamiento al boicot de productos de Israel, hasta que este país derribe el muro y regrese a las fronteras anteriores a la guerra de los “seis días”.

-Exigimos a las autoridades de Israel y de Palestina que reanuden el diálogo de paz, para buscar una salida negociada y digna al conflicto. La paz es fruto de la justicia (Sal 85). Con razón proclamaba Juan XXIII, en la encíclica Pacem in terris, que el camino para la paz es el reconocimiento de la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.

8.      Nos unimos en oración con todas las personas y organizaciones cristianas de las distintas confesiones, creyentes judíos y musulmanes de todo el mundo que, en un clima de colaboración y diálogo inter-religioso, trabajan por la paz, implorando la fuerza del Espíritu de Dios para no desfallecer en los sueños y en la lucha por otro mundo posible, en donde el derecho, la libertad y la paz que nacen de la justicia se establezcan en la tierra.

 9.       Declaramos que es indigno y criminal justificar las agresiones descritas etiquetando como antisemitas a quienes las condenan. ¿Eran acaso antisemitas los grandes profetas (Natán, Jeremías, Amós, Oseas…. que son una de las glorias del pueblo judío), cuando denunciaban los crímenes de sus gobernantes? ¿Es antisemita esa minoría de judíos, verdadero “resto de Israel” que sufre y se duele por los pecados de su pueblo? ¿No son semitas también los palestinos? ¿No es una bajeza moral utilizar el dolor del mayor holocausto de la historia en el pasado, para justificar nuevos genocidios en el presente, aunque sean de dimensiones más reducidas? ¿No es hipócrita apelar a un “derecho a defenderse” cuando nadie pretende negar ese derecho sino sólo denunciar la flagrante transgresión de sus límites?

 

 

 

 

Txente Redondo: El nuevo futuro de PALESTINA

El nuevo futuro de Palestina
Hoy en día, la concatenación de acontecimientos y su centralidad mediática, en ocasiones son utilizados para ocultar o desviar la atención de la opinión pública. Este verano hemos asistido al derribo de un avión en Ucrania, a la nueva matanza de Israel en Palestina y posteriormente al auge del Estado Islámico y sus posteriores consecuencias. Una tras otra esas noticias se han superpuesto, y el protagonista de hoy cae en el olvido mediático de mañana.

La nueva agresión del estado de Israel contra el pueblo palestino ha protagonizado algunas semanas en los medios de comunicación. Muchos de ellos han vuelto a repetir tópicos y lecturas preconcebidas sobre aquella realidad, pero más allá de la crueldad y el impacto visual de la matanza, algunas señales comienzan a despuntar en ese complejo escenario, y todo indica que las cosas ya no serán iguales en el futuro.

Israel y sus aliados occidentales y árabes nos han querido acostumbrar a una realidad que comienza a resquebrajarse. La última matanza bien podría inscribirse en el guión de los últimos años, donde cada cierto tiempo los planes de Tel Aviv se materializan a través del sufrimiento y la muerte de la población civil palestina.

Los antecedentes de la actual situación ayudan a ubicar mejor los pasos dados por Israel. En primer lugar, el fracaso de las conversaciones impulsadas por EEUU y el enfado de algunos sectores de la administración norteamericana con la intransigencia del gobierno israelí (el propio Kerry avisó a Israel del avance preocupante de la campaña BDS y de la imagen de Israel ligada al Apartheid).

En segundo lugar el acuerdo nacional entre Hamas y Fatah, acompañado de un importante reconocimiento internacional y de los pasos palestinos para su reconocimiento en Naciones Unidas. Y todo ello acompañado de algunas críticas desde la UE a la política de asentamientos.

La excusa o el supuesto detonante utilizado por Israel, será en esta ocasión la muerte de tres jóvenes colonos en Hebrón, Cisjordania. Desde el primer momento tanto el gobierno israelí como los militares conocían el fatal desenlace de lo que en un primer momento se quiso presentar como un secuestro. A pesar de ello pusieron en marcha una campaña mediática masiva acompañada de detenciones masivas de militantes de Hamas en Cisjordania.

Ante esas medidas de Tel Aviv, desde Gaza se lanzan algunos cohetes contra Israel (nunca misiles, como algunos medios han señalado), y al tiempo que el montaje del secuestro está dejando en evidencia las mentiras israelíes, el gobierno lanza su operación contra Gaza, en esta ocasión la excusa será acabar con el lanzamiento de cohetes de la resistencia palestina.

Poco tiempo después ante la incapacidad de detener, a pesar de la destrucción y muerte sembrada en Gaza, esos lanzamientos, Israel lanza la operación terrestre, en esta ocasión con una tercera excusa, destruir los túneles de la resistencia.

El último ataque contra Gaza ha sido un nuevo ciclo de violencia, dejando claro que no hay solución militar. Además, ha sorprendido a los dirigentes sionistas la capacidad de resistencia palestina, que puede continuar lanzando cohetes y que su sistema de túneles no ha sido destruido. Además, en estos días las víctimas israelíes han sido en su casi totalidad militares, lo que preocupa y mucho a los estrategas sionistas, bastante descontentos además con el incremento de la presión internacional.

Cada vez queda más claro que no estamos ante un conflicto entre dos realidades parejas. Los falsos argumentos de Israel en torno al dilema de su seguridad y el derecho de autodefensa, no se soportan. Como señalaba recientemente Chomsky, la ocupación es ilegal, y no estamos ante “un conflicto sino ante las consecuencias de una colonización ilegal”.

Israel está perdiendo todas las caretas que ha mantenido hasta ahora. Un estado surgido como fruto de la mala conciencia de las potencias coloniales occidentales, controlado por una pequeña élite de políticos, militares, religiosos e industrias de tecnología y armamento, se está mostrando como una entidad de colonización, ocupación y fanatismo.

El auge e influencia de los sectores más reaccionarios ligados al sector nacional/religioso (a día de hoy en el gobierno, en el parlamento, en el ejército y en los medios de comunicación) está trayendo la reafirmación de un estado por y para judíos, que excluye al mismo tiempo a otros ciudadanos o que impide el retorno de la población palestina expulsada.

La demonización del palestino, el racismo, el mayor peso de políticos y dirigentes religiosos extremistas, el impulso de nuevos asentamientos está logrando que la intolerancia de la sociedad israelí sea cada vez más común.

Los arrestos masivos, los asaltos armados, la muerte de centenares de palestinos (muchos de ellos menores), cerrar y sitiar ciudades y pueblos, la destrucción de viviendas, los ataques aéreos, la tortura… son una muestra de la política de Israel hacia Palestina, y todo ello, hasta ahora con total impunidad.

Es la cultura de la venganza, es la utilización del castigo colectivo, algo que está terminantemente prohibido por la legislación internacional (las responsabilidades individuales por una acción no pueden ser entendidas como colectivas), y que Israel hace caso omiso.

La situación en Palestina ha mostrado otra realidad estas semanas. La capacidad de la resistencia, y sobre todo la unidad de todas las organizaciones palestinas en las negociaciones de Egipto, anticipan un nuevo futuro para el devenir del pueblo palestino. Estos días han mandado un mensaje claro, “la ocupación es inaceptable e ilegal, y su mantenimiento tendrá un coste económico y político para el ocupante”. La nueva estrategia pasa por poner fin a la cooperación de determinados sectores palestinos con Israel y coordinar los nuevos movimientos en tres frentes.

En Gaza hay que romper los muros de la mayor cárcel a cielo abierto del mundo, derribar los muros de guetto que permitirá que la población palestina viva con cierta dignidad; en Cisjordania se incidirá en poner fin a la colaboración con la ocupación (un joven palestino afirmaba que “si tengo diez balas, una será para mi enemigo y las nueve restantes para los traidores”); y en Jerusalén las protestas y manifestaciones tendrán que revertir la ocupación y expulsión que Israel lleva adelante contra la población palestina.

Estas semanas, además de la resistencia armada en Gaza, hemos asistido a innumerables protestas en Haifa, Nazaret o Jerusalén, con una respuesta israelí basada en la represión y que lleva hacia una mayor radicalización de los territorios ocupados. Sobre el escenario planea lo que algunos han definido la antesala de la tercera Intifada.

La equiparación con el apartheid es cada día más evidente. Antes de que diese comienzo la última agresión militar contra Palestina el secretario de estado de Estados Unidos, John Kerry, había afirmado que "Israel corre el peligro de convertirse en un estado de apartheid”, y aunque las posteriores presiones le hicieron rectificar, es muy significativo que esas palabras provengan de un aliado de Israel.

Los que evitan equiparar la situación del pasado de Sudáfrica y la de Israel, no lo hacen tanto en función de que son dos realidades diferentes, o al menos no son idénticas en su totalidad. Lo hacen temerosos de que se aplique un guión similar para superar la situación de discriminación de la mayor parte de la población.

El argumento demográfico se antepone al democrático. Si en Sudáfrica hubiesen valido los argumentos del status quo de Israel, el sistema de apartheid no hubiera finalizado, ya que la minoría blanca estaría indefensa. Y al hilo de esa comparación, si en Sudáfrica la solución pasaba por un nuevo estado, pero no dos, ¿por qué no habría de valer lo mismo para Palestina e Israel?

El paradigma de los dos estados no se sostiene, e incluso como señalan muchas analistas “ha muerto”. Se trata de elegir entre democracia (con sus defectos) o discriminación. Israel también es consciente de ello pero prefiere ganar tiempo apostando por el actual status quo, y de esa forma evitar que sus violaciones de los derechos humanos y crímenes de guerra acaben ante un tribunal internacional.

La ocupación de Cisjordania no es para proteger a Israel, sino para mantener y ampliar la infraestructura de las colonias. Al mismo tiempo, el sitio y agresión constante a Gaza no es para evitar los ataques con cohetes sino para castigar colectivamente a la población. Hay quien ha señalado que la salvaje agresión a Gaza podría ser una cruel cortina de humo que Israel utilizaría para continuar con su colonización ilegal de Cisjordania, al tiempo que apuntala los pilares de un futuro Gran Israel.

Este status quo supone la solución menos mala para los actuales intereses de Israel. Esa fotografía nos muestra la guettización de Gaza y la ocupación y colonización de Cisjordania, y como señala un historiador palestino, “los guettos inevitablemente tienden a luchar contra los que les someten a esa situación”. Por ello, los defensores de la reacción de Israel como “autodefensa” ocultan una premisa, que el pueblo palestino está ocupado, y que Israel está defendiendo esa ocupación.

Bajo la estrategia de ocupación, permanente violencia y ciclos de treguas y nuevas agresiones, Israel pretende acabar con cualquier intento de unidad palestina, al tiempo que persigue continuar expandiendo las colonias y el status quo actual.

Las consecuencias de esta última escalada de Israel se están mostrando cada vez con mayor claridad. A los apologistas del status quo defendido por Israel se les hace cada día más difícil seguir defendiéndolo ante la opinión pública de sus respectivos países. La histórica impunidad del estado sionista puede tener los días contados (las acusaciones de usos de armas ilegales y de crímenes de guerra ganan peso por momentos).

La retórica de la victimización del sionismo puede estar también tocando a su fin y cada día se hace más difícil para los dirigentes de Israel mantener a ese estado dentro de los estándares internacionales.

A pesar de discursos-trampa, como esos que pretenden equiparar cualquier crítica u oposición a las salvajadas de Israel como anti-semitismo (el pueblo palestino también es semita), cada día son más las personas, instituciones y estados que están comenzando a distinguir entre israelí, sionista o judío. Porque como señalan muchos judíos, ellos no están representados por Israel, y sobre todo sionismo y judaísmo son dos términos muy diferentes.

Finalmente, los acontecimientos de estos días también están sirviendo para derribar otro mito. No estamos ante un conflicto entre árabes y judíos, sino ante la ocupación de Palestina por parte del estado de Israel. La actuación de Arabia Saudita, Egipto o Jordania, verdaderos aliados del estado sionista, nos muestran los verdaderos objetivos e intereses que históricamente ha movido a dirigentes de algunos estados árabes en torno a Palestina. La utilización interesada de las demandas palestinas es abandonada cuando se enfrentan a la geoestrategia de los citados dirigentes.

Las presiones sauditas, la propuesta envenenada de Egipto, la cooperación de Jordania o las propuestas no publicadas de EEUU (apoyo militar y tecnológico, para controlar "sin ser visto”) muestran claramente la parcialidad de esos actores.

Como apuntaba recientemente un periodista británico, la actual fotografía nos muestra “un pueblo ocupado, que ante la destrucción sistemática de su país y la negación de sus derechos, ha decidido utilizar la violencia”.

La clave para entender el conflicto reside en la ocupación de Israel y su opresión hacia el pueblo palestino. No se trata por tanto, de cohetes, ni de “escudos humanos” o túneles. Estamos hablando del permanente control que Israel ejerce sobre la tierra y el pueblo palestinos.


Txente Rekondo.- Analista internacional 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188778

Militarismo: Casi listos los submarinos del 'apocalipsis' para Israel

 Los astilleros alemanes de ThyssenKrupp en Kiel están terminando la construcción de los primeros submarinos israelíes capaces de portar armas nucleares, denominados por la prensa local como "los sumergibles del apocalipsis". 

Aunque destinada para combates en el litoral del Mediterráneo, por lo cual dispone de numerosas corbetas y pequeños buques de guerra dotados de misiles, la Armada israelí está invirtiendo en la construcción de poderosos submarinos con capacidad nuclear. 

Actualmente tres submarinos clase Dolphin II están en construcción en los astilleros ThyssenKrupp Marine Systems en Alemania. Una vez terminadas las pruebas, los submarinos se dirigirán hacia el Mediterráneo para convertirse en la espina dorsal del poder naval del Estado hebreo, según informó 'Defense News'.

Con 68 metros de eslora, los sumergibles diesel-eléctricos clase Dolphin II, tendrán la capacidad de ser submarinos de ataque, portadores de misiles nucleares y puestos de mando naval.

También tienen una inusual combinación de colores negro, azul y verde. Eso tiene como objetivo "intentar que las naves sean menos visibles, y es [la combinación de estos colores] especialmente eficaz en aguas del Mediterráneo", apunta 'Defense News' en su reciente publicación dedicada a las nuevas fotografías de estos amplios submarinos, que se encuentran en dique seco esperando las pruebas de navegación.

En cuanto al equipamiento armamentístico, los tres sumergibles clase Dolphin II dispondrán de 10 tubos capaces de lanzar torpedos DM-2A4 por cable guiado mediante fibra óptica.

Cuatro de estos tubos poseen un calibre de 26 pulgadas, algo raro para los submarinos de esta clase construidos en Occidente, por lo cual los analistas de la publicación sugieren que las naves serían capaces realizar pequeños equipos de comandos o disparar misiles de crucero. Los seis tubos restantes miden 21 pulgadas de diámetro.

Aunque no es admitido por el Gobierno israelí, se cree que estarán dotados de misiles de crucero Popeye Turbo con ojivas nucleares. Otras armas incluidas en los submarinos son los misiles antibuque Harpoon no nucleares y misiles antihelicópteros Tritón.

Alemania ya ha terminado la construcción de la cabeza de serie, el Tannin, que se prepara para emprender el viaje a Israel.

Fuente: RT Actualidad