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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Caravana humanitaria a Gaza en Francia

Actualizaciones de la barbarie

Actualizaciones de la barbarie

Publicado en Brecha, 10 de setiembre de 2010.

Carlos Santos*  y Pilar Uriarte**

La vieja dicotomía barbarie/civilización, fue utilizada como fundamento de la dominación colonial por parte de Europa occidental sobre lo que hoy llamamos “Tercer Mundo”. En los últimos años del siglo XX fue actualizada en clave de “choque de civilizaciones”. Desde este discurso el profesor Daniel Vidart (en Brecha, Nº 1291) se ha encargado de señalar lo que para él son los peligros que enfrenta la “civilización occidental” ante el avance global del Islam. En este artículo se cuestionan los principales supuestos detrás de estas ideas.

Las críticas que recibió la oposición barbarie/civilización, por su eurocentrismo y negación de las trayectorias sociales y culturales de los pueblos bajo dominación colonial europea, llevaron a que en la década de los noventa esta oposición fuera actualizada. El desarrollo económico, tecnológico y bélico de grandes potencias capitalistas no occidentales o el rico corpus de conocimiento sobre historia, artes y cultura universal desde perspectivas decolonialistas, producido por intelectuales no-europeos hacen cada vez más difícil pensar todo lo que queda fuera del mundo occidental como bárbaro.

Fue el politólogo de Harvard -y asesor de la Casa Blanca- Samuel P. Huntington, a partir de su teoría del choque de civilizaciones, quién otorgó a los bárbaros el carácter de civilizados. Sin embargo, ese nuevo status, no los igualaría a los occidentales. Al contrario, planteando un escenario de “choque”, no entre civilizados y bárbaros, sino un enfrentamiento entre el mundo occidental y el mundo no-occidental construyó una oposición mucho más radical.

Si la dicotomía civilización/barbarie era criticada por su evolucionismo ingenuo, su etnocentrismo soberbio y su paternalismo violento, que daban base a la dominación económica y política, negando la posibilidad de proyectos alternativos o desarrollos autónomos, la nueva versión del choque de civilizaciones parece quitarnos aún más. Los que antes eran representados bárbaros (o todos los sinónimos académicos que puedan imaginar: tradicionales, indígenas, subdesarrollados, arcaicos, culturalmente condicionados y fundamentalistas) y a los que por la razón o por la fuerza había que civilizar, hoy se volvieron civilizaciones, con procesos históricos particulares, con valores, tradiciones, desarrollos comerciales, bélicos y tecnológicos propios pero en oposición irreconciliable a los nuestros.

Quién ha discutido la utilización de estas ideas es el filósofo esloveno Slavoj Žižek. Para él, otorgar el carácter de civilización al mundo no-occidental -como hace Huntington- no es otra cosa que un mecanismo para reafirmar la propia superioridad del mundo occidental:“el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autorreferencial, un “racismo con distancia”: “respeta” la identidad del Otro, concibiendo a éste como una comunidad “auténtica” cerrada, hacia la cual él, el multiculturalista, mantiene una distancia que se hace posible gracias a su posición universal privilegiada. El multiculturalismo es un racismo que vacía su posición de todo contenido positivo (el multiculturalismo no es directamente racista, no opone al Otro los valores particulares de su propia cultura), pero igualmente mantiene esta posición como un privilegiado punto vacío de universalidad, desde el cual uno puede apreciar (y despreciar) adecuadamente las otras culturas particulares: el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro es precisamente la forma de reafirmar la propia superioridad”1.

En un mundo con economías globalizadas y con libertad de mercado, los ejércitos de países desarrollados ya no luchan contra modelos políticos totalitarios para defender los valores de democracia y libertad y los derechos humanos. Con armas cada vez más sofisticadas, los derechos humanos son defendidos de la amenaza de regímenes autoritarios construidos en base a religiones totalitarias. Como en Afganistán, al mismo tiempo en que se lucha contra los terroristas que amenazan occidente, se libera a las víctimas de la opresión religiosa, patriarcal y totalitaria en Oriente.

Como ha señalado el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, la idea del choque de civilizaciones tiene su mayor acción “al sostener que las rupturas habían dejado de ser políticas para pasar a ser civilizacionales”. “Es precisamente la ausencia de las rupturas políticas de la modernidad occidental -sostiene De Sousa Santos- la que lleva a Huntington a reinventarlas en términos de una ruptura entre el Occidente, ahora entendido como un tipo de civilización, y aquello que misteriosamente llama la “conexión islámica confucionista”2.

Todos estos elementos están presentes en el artículo del prof. Daniel Vidart sobre el Islam3 cuando nos dice que no hay un “islam bueno” o un “islam malo”, sino sujetos constituidos a partir de un “sistema teológico, ideológico y político de una concepción del mundo” que los define. Pertenecen a este mundo islámico: desde “Bin Laden, millonario capitalista rencoroso” hasta “las gentes adoctrinadas por el Corán”. Exceptuando algunos “beduinos nómades” y los “pacíficos campesinos” retratados en en las “espléndidas películas iraníes -dirigidas y actuadas por confesos o mudos disidentes”, presentados por Vidart como la excepción que confirma la regla, el resto formaría parte del Islam peregrino que sueña con “conquistar Europa primero y el mundo después”.

En su artículo, tanto las naciones europeas receptoras de migrantes, como los propios musulmanes, funcionan como unidades -sujetos o colectivos- cerradas en sí mismas, auténticas e intrínsecamente puras. La manera en que Vidart analiza los porcentajes de población musulmana en países europeos y los relaciona con determinados tipos de “problemas” o anomalías sociales hace presumir que la pureza o autenticidad de las sociedades europeas (occidentales) se ve amenazada por la presencia de este “otro”.

La amenaza va creciendo, volviéndose más violenta a medida que aumenta el número de migrantes. El choque de civilizaciones no se produce ya en el terreno de la geopolítica mundial, sino en el seno de las sociedades europeas “silenciosamente invadidas”. La presencia del inmigrante no produce contacto, integración, diálogo (situaciones no necesariamente ausentes de conflictos) sino un enfrentamiento reactivo, casi profiláctico. La violencia cuyo origen sería la presencia del inmigrante, solo parece encontrar solución por dos caminos: el reforzamiento de los patrones culturales europeos a partir de un encierro excluyente sobre sí mismo, o la abdicación de una identidad cultural en pos del autoritarismo religioso:

“Si la proporción de inmigrantes islámicos anda por el 2 por ciento de la población del país, todo marchará bien en ese idilio de culturas juntas pero no revueltas. (...) Al llegar al 40% las naciones experimentan masacres generalizadas, ataques terroristas crónicos y guerra ininterrumpida de milicias. (...) Al llegar al 100 por ciento se abre las puertas del paraíso de la paz islámica. (...) Entonces el Corán comandará todos los actos de la vida y las madrazas serán las únicas escuelas.”4

Vidart nos niega la oportunidad de consultar las fuentes que cita, un documento de gran circulación en Europa donde se denuncian los peligros del aumento de la inmigración musulmana, al cual el profesor parece adherir ejemplificando con diferentes estados cada una de los tipos ideales presentados en porcentajes. En este razonamiento, el islam es como un virus y su presencia en una sociedad que no le es propia es una especie de infección. Un razonamiento para nada nuevo en la teoría social europea, sobre todo en la del siglo XX.

Afortunadamente, no son estas las únicas tradiciones de pensamiento a las que podemos apelar para comprender los procesos de unidad nacional, identidad y contacto. Es significativo que no hay ningún rastro en el análisis que hace Vidart, de las consideraciones del historiador Benedict Anderson5 en relación a las naciones europeas como “comunidades imaginadas”, cuyo pasado común es una invención y cuya proyección presente es de un carácter “limitado” y “soberano”. Los planteos de Anderson nos abren otras perspectivas de análisis que permite desnaturalizar las identidades y a partir de ellas, los conflictos nacionales, étnicos, culturales o religiosos al interior de estados nacionales como son hoy, cada vez más, los estados europeos.

Sí hay lugar en Vidart para el análisis de situaciones de violencia urbana, generadas por esta situación de choque civilizatorio, por la incompatibilidad de dos matrices culturales (una de corte autoritaria, el Islam, y otra de corta democrático, Occidente). Analizar los enfrentamientos producidos en diversos países europeos entre inmigrantes de diferentes orígenes y los pobladores originarios desde la perspectiva teórica del choque de civilizaciones explica muy poco de los procesos de diferenciación social en los que se basa la desigualdad social a escala global, que lleva a millones de seres humanos de todas partes del planeta a trasladarse (en muchos casos con alto riesgo) a los países más ricos, en busca de mejores condiciones de trabajo. Lo que decimos aquí -con Žižek- es que este tipo de análisis al desconocer el carácter político de cualquier proceso de identificación de un nosotros (los occidentales) y un otro (el mundo islámico) despolitiza los conflictos y ubica el análisis en un foco que no es tal, lo desenfoca.

Los conflictos étnico-religiosos pseudonaturalizados -dice Žižek- son la forma de lucha que se ajusta al capitalismo global: en nuestra era “pospolítica” en que la política propiamente dicha se ve progresivamente reemplazada por la administración social especializada, la única fuente de conflictos legítima que queda es la tensión cultural (étnica, religiosa). La emergencia actual de violencia “irracional” debería concebirse, por lo tanto, como algo estrictamente correlativo de la despolitización de nuestras sociedad, es decir, de la desaparición de la dimensión propiamente política, que se transfiere a distintos niveles de “administración” de las cuestiones sociales: la violencia se explica en términos de interés social, y así sucesivamente, y lo inexplicable restante no puede sino presentarse como “irracional”6.

Lo que es claro es que así cómo la dicotomía barbarie/civilización funcionó como discurso legitimador de la dominación colonial, la teoría del choque de civilizaciones fundamenta y justifica intervenciones militares, aislamiento económico y estrategias de dominación que persiguen fundamentos económicos y políticos -antes que culturales-. Esa actualización es cada vez más urgente, en la medida que las condiciones actuales hacen que aquellos bárbaros de lugares geográficamente distantes hoy se encuentran dentro de los límites de su propio estado.

Estamos claramente ante la emergencia de una nueva forma de racismo: “el racismo posmoderno contemporáneo -afirma Zizek- es el síntoma del capitalismo tardío multiculturalista, y echa luz sobre la contradicción propia del proyecto ideológico liberal-democrático. La ’tolerancia’ liberal excusa al Otro folclórico, privado de su sustancia (como la multiplicidad de ’comidas étnicas’ en una megalópolis contemporánea), pero denuncia a cualquier Otro ’real’ por su ’fundamentalismo’, dado que el núcleo de la Otredad está en la regulación de su goce: el ’Otro real’ es por definición ’patriarcal’, ’violento’, jamás es el Otro de la sabiduría etérea y las costumbres encantadoras”7.

*Antropólogo, Universidad de la República.

** Antropóloga, Universidad Federal de Rio Grande do Sul.

1Žižek, Slavoj “Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, en Jameson, Fredric y Žižek, Slavoj: Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 137-188.
2Boaventura de Sousa Santos, La caída del Angelus Novus: Ensayos para una nueva teoría social, ILSA, Bogotá, Colombia, 2003, pág. 170.
3Daniel Vidart, Las dos caras del Islam, Brecha, 20 de agosto de 2010, pág 38.
4Daniel Vidart, Las dos caras del Islam, Brecha, 20 de agosto de 2010, pág 39.
5Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas. Fondo de Cultura Económica, 1993, Buenos Aires.
6Slajov Žižek, Bienvenidos al desierto de lo real, Akal, Madrid, 2005, pág. 105.
7Slavoj Žižek, “Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, en Fredric Jameson y Slavoj Žižek, Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires, Paidós, 1998, pp. 137-188.

www.brecha.com.uy

Estamos confundiendo las cosas

Por Gonzalo Riet - Periodista
Publicado en La República, 31/08/2010, Montevideo.

Según el portal web de Presidencia de la República, "este dos de setiembre, a las 18:30 horas, en el salón de la Comunidad Israelita del Uruguay, ubicada en Canelones 1084, la Organización Sionista del Uruguay entregará el Premio Jerusalem al presidente de la República, José Mujica. Hace 21 años que la entidad entrega este galardón a personalidades que luchan por los derechos humanos, la convivencia pacífica entre los pueblos y que se han solidarizado con el pueblo de Israel.

 La presidenta de la Organización Sionista del Uruguay, Laura Tarragán, explicó a la Secretaría de Comunicación Institucional (SCI), que hace 21 años consecutivos que la entidad entrega el Premio Jerusalem a las principales personalidades del quehacer social, político y cultural nacional. El galardón se entrega a personas que han bregado por el respeto, la lucha por los derechos humanos, la convivencia pacífica entre las naciones y la solidaridad con el pueblo de Israel.

 Tarragán agregó que la distinción también se otorga a las personas que estrechan vínculos con el gobierno de Israel y la comunidad judía local. En tal sentido, un jurado especializado consideró que el presidente de la República, José Mujica, es más que merecedor de la distinción. En la nómina de premiados se encuentran los ex presidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y Tabaré Vázquez, quien fue el primero en recibirlo hace 20 años cuando era intendente de Montevideo.

 Asimismo, el premio se entregó al General Líber Seregni, cancilleres, músicos y periodistas como Blanca Rodríguez, única mujer que lo recibió por su destacada conducción periodística televisiva. Tarragán expresó que son parte de la organización un grupo de personas que trabajan por la educación judeo-sionista dentro de la comunidad. Destacó que el propósito es la realización de un trabajo en conjunto con el pueblo uruguayo que involucra la educación, la tradición de valores y la difusión del acervo judío".

 Hasta aquí la versión textual de Presidencia de la República.

 Creo que hay una confusión muy grande: una cosa es la comunidad judía y otra la "organización sionista del Uruguay (con minúscula), una concepción racista casi de corte fascista, que parte del principio de "pueblo escogido" superior al resto de los humanos y que en base a ese principio, en su práctica "vale todo" para defender a Israel. No tengo claro en qué coincide el presidente José Mujica con esta concepción de pueblo elegido que tiene vía libre para cualquier cosa. No creo que coincida, más bien me inclino a pensar que se premia a todos los presidentes de turno con el fin de acercarlos a la filosofía sionista. Creo sinceramente que existen otras visiones del mundo dentro del Estado israelí que están más en consonancia con concepciones disparatadas que ya han llevado a la humanidad a situaciones muy dolorosas. No sé si nuestro Presidente, como representante del sentir y pensar de todos los uruguayos aceptará este premio. Creo que hay otras formas de mantener una relación cordial y civilizada con el Estado Israel que ésta. Para los estados musulmanes, sin duda, será un motivo de desagrado.

 ¿Valdrá la pena ser tan complaciente con quienes violan sistemáticamente los derechos humanos en base a una filosofía que data de miles de años y que tiene como supuesto la superioridad de un pueblo sobre los demás que vivimos en el mismo planeta?

Lo que se esconde tras una exigencia imposible

Lo que se esconde tras una exigencia imposible

Algunos motivos por los que la dirigencia sionista exige a los palestinos que reconozcan a Israel como “Estado judío”

Monzer Zimmo
Alcanaanite.wordpress.com
Fuente: Rebelión

¿Por qué Benjamin Netanyahu, Avigdor Lieberman y otros líderes sionistas insisten en que "no habrá paz si los palestinos no reconocen que Israel es el Estado del pueblo judío"? Ellos ya han proclamado su Estado en esos términos. En su pretensión cuentan con el apoyo de la mayoría de países europeos, de los Estados Unidos de América, de Canadá, Australia y otros muchos países del mundo que no tienen ningún inconveniente en definir al Estado de Israel en esos términos. Muchos países árabes -con líderes que padecen miopía- tampoco tendrían mayores problemas para aceptar esa definición. Casi todos los países con suficiente poderío militar, económico o influencia diplomática están o bien de acuerdo con la descripción del Estado de Israel como Estado del pueblo judío o no tienen ningún problema real para aceptar esa definición. Así pues, ¿por qué los líderes israelíes insisten en exigir ese reconocimiento a una dirigencia palestina impotente y sin recursos?

He aquí algunas reflexiones al respecto:

Algunos dicen que la gente como Netanyahu y Lieberman disfruta humillando a los palestinos. Insistir en esa demanda proporciona a los dirigentes israelíes la oportunidad de añadir el insulto de la derrota a la herida abierta hace 62 años en las carnes del pueblo palestino. Obtener o no ese reconocimiento carece de importancia. Lo que les importa a los dirigentes israelíes es poder seguir insultando al pueblo palestino y humillando a su dirigencia, pues ése es su afrodisíaco.

Algunos dicen que los dirigentes israelíes piensan que la paz no favorece en nada a su experimento sionista en Palestina, puesto que la paz pondría punto final al proyecto expansionista del sionismo. Por consiguiente, para eliminar cualquier posibilidad de alcanzar la paz los dirigentes israelíes exigen algo que saben que ningún líder palestino puede aceptar, ni siquiera un líder que pudiera simpatizar con esa demanda. Ningún líder palestino se atreverá jamás a formular la pregunta, y mucho menos a adoptar la decisión de otorgar ese reconocimiento. Los dirigentes sionistas usarían el rechazo palestino a reconocer a Israel como Estado del pueblo judío para no hacer la paz, para culpar de ello a los palestinos y para continuar con su proyecto sionista expansionista valiéndose del ejército más poderoso de Oriente Medio y respaldados por el apoyo incondicional de los Estados Unidos de América.

Algunos dicen que lo que los líderes sionistas desean es arrancar a los palestinos una declaración final de rendición y una aceptación de su derrota, algo que supondría la proclamación de la victoria total del proyecto sionista. Aunque los palestinos han perdido su país y llevan padeciendo la limpieza étnica ininterrumpidamente desde 1948, a pesar de las condiciones de miseria infrahumanas en las que millones de palestinos llevan viviendo más de sesenta y dos años y a pesar de la aquiescencia internacional para encubrir los crímenes sionistas en Palestina, el pueblo palestino nunca ha aceptado la derrota y ha continuado su resistencia contra el proyecto sionista que persigue su aniquilamiento como pueblo. Un reconocimiento palestino del Estado de Israel como Estado del pueblo judío daría a los sionistas la satisfacción que tanto necesitan –y de la que nunca disfrutaron- de una victoria inapelable y total.

Algunos dicen que el reconocimiento palestino [de Israel como Estado judío] supone la eliminación del Derecho al Retorno de los refugiados palestinos consagrado por el derecho internacional y especificado mediante la Resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 11 de diciembre de 1948. El párrafo 11 de la resolución 194 establece que la Asamblea General de la ONU "Resuelve que los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos deben poder hacerlo a la mayor brevedad posible, y que deben abonarse compensaciones por las propiedades de aquéllos que decidan no regresar y por pérdida o daños a la propiedad que, bajo los principios del derecho internacional o de equidad, deben ser reparados por los Gobiernos o autoridades responsables"). Un reconocimiento palestino del Estado de Israel como Estado del pueblo judío entraría en conflicto con la tan demorada resolución 194 y sería incompatible con el retorno de los refugiados palestinos ya que ninguno de ellos es judío.

Algunos dicen que la exigencia sionista de que los palestinos reconozcan al Estado de Israel como Estado del pueblo judío tendría tanto impacto sobre el futuro como sobre el pasado. Además de aceptar que los sionistas han vencido, un reconocimiento palestino semejante significaría una aprobación tácita previa de cualquier acción que el Estado "judío" emprendiera en el futuro para proteger su "carácter judío", incluyendo una nueva limpieza étnica de los no-ciudadanos israelíes judíos cada vez que su número pusiera en peligro la sólida mayoría judía precisa para mantener el "carácter judío" del Estado. Puesto que prácticamente todos los ciudadanos israelíes musulmanes y cristianos son palestinos, un reconocimiento palestino del Estado de Israel como Estado judío acabaría con, o debilitaría significativamente, todos los derechos de ciudadanía de los que esos palestinos israelíes hubieran gozado en el pasado o pudieran gozar en el futuro. Ese reconocimiento supondría un duro golpe a la lucha de los palestinos por la igualdad de derechos civiles en su propio país y prepararía el terreno para su limpieza étnica más tarde o más temprano.

Además de todo lo anterior hay otra explicación de por qué los líderes sionistas exigen que los palestinos reconozcan al Estado de Israel como Estado del pueblo judío. Los líderes sionistas saben que su Estado no es legítimo. Saben que construyeron su Estado sobre las ruinas frescas de la sociedad palestina. Saben que Israel nació en pecado por medio de la limpieza étnica, el asesinato, el terror, los premeditados asesinatos en masa de civiles, el robo de tierras, etc. Asimismo, saben que están en el punto álgido de su poder y que disfrutan del apoyo militar, político, económico y diplomático incondicional de la única superpotencia del planeta. También saben que el liderazgo palestino se encuentra en el punto más bajo de su historia, desesperado, impotente, impopular entre su propio pueblo, sin dinero, totalmente dependiente del aliado más poderoso de Israel e incapaz de contrarrestar el poder del Estado de Israel a nivel local, regional o internacional. Tomando todos estos hechos en consideración, Netanyahu, Lieberman y la gente que les rodea huelen la sangre. Ven en la actual dirigencia palestina su mejor oportunidad para conseguir el premio que más codician: la legitimidad. Los dirigentes sionistas creen que arrancando ese reconocimiento a la dirigencia palestina obtendrán la aceptación palestina de la legitimidad del proyecto sionista, la legitimidad de todas las acciones sionistas pasadas, la legitimidad de todas las acciones sionistas futuras contra el pueblo palestino en cualquier lugar, y la legitimidad de todas las futuras acciones sionistas dirigidas a combatir cualquier forma de resistencia palestina o de lucha palestina por la igualdad frente a la naturaleza excluyente del experimento sionista en Palestina.

Al exigir que los palestinos reconozcan el Estado de Israel como el Estado del pueblo judío, la dirigencia sionista busca que las víctimas legitimen los crímenes que el sionismo ha perpetrado contra ellas. Al plantear esa exigencia, el violador busca que la víctima de su violación declare ante el juez de la Historia que el acto de la violación fue legítimo. Sin embargo, a pesar del desequilibrio de fuerzas, de los bloqueos, de la limpieza étnica, de la magnitud del sufrimiento, del apartheid, de la destrucción, del horrible racismo, de la discriminación incesante, de los crímenes más despreciables, de todas las amenazas, de todas las fantasías que puedan abrigar los sionistas, a pesar de la división de la casa palestina, e incluso aunque los palestinos se enfrenten a su aniquilación total de la faz de la tierra, el reconocimiento palestino que ansían los sionistas para que aquéllos legitimen sus crímenes contra el pueblo palestino, jamás se producirá. Bajo ciertas circunstancias los palestinos podrían tener la capacidad de perdonar los crímenes sionistas, pero para prestarles legitimidad, jamás.

Fuente: http://alcanaanite.wordpress.com/2010/09/07/palestinian-recognition-of-israel-a-jewish-state-why/

 

 

Israel roba el 85% de las aguas palestinas

Israel roba el 85% de las aguas palestinas

Un informe publicado el pasado sábado por la Liga de los Estados Árabes, reveló que Israel roba 85% de los recursos hídricos en los territorios palestinos.

2010-09-09 07:09:32 / Fuente: Kaos. Internacional, Agencias

El informe estimó entre 650 y 800 millones de metros cúbicos la cantidad de agua robada por la entidad sionista en los territorios palestinos cada año.

El informe agregó que la empresa israelí de aguas bombea grandes cantidades de agua de la napa freática de Cisjordania o de los pozos sin pagar nada en contra partida y después la misma empresa vende el agua robada a la población de Cisjordania.

El informe añadió que según las estimaciones del Organismo Central palestino de Estadísticas, el promedio de la parte reservada al ciudadano palestino es de 100 litros diarios para todas las utilizaciones, y 353 litros por cada israelí, y que los palestinos pagan 3,6 veces más que los israelíes el litro de agua.

Unos 150 académicos apoyan el boicot de artistas a actuar en colonia judía

Unos 150 académicos apoyan el boicot de artistas a actuar en colonia judía

Unos 150 académicos, personalidades de las letras y autores, se han sumado al boicot de medio centenar de actores que anunciaron el fin de semana pasado su negativa a actuar en una gran colonia judía en el territorio palestino de Cisjordania ocupada.

2010-08-31 07:27:58 / Fuente: Agencia EFE

Al igual que sus colegas de escena, los académicos manifestaron en una carta de la que se hace eco hoy la prensa local, que no intervendrán en ninguna conferencia, debate o discusión que se lleve a cabo en los asentamientos en el territorio ocupado, y agradecieron a los actores haber reabierto el debate sobre la legitimidad del boicot israelí a la política de ocupación.

El reciente anuncio de que las principales compañías de teatro nacionales tenían fijadas representaciones en el nuevo centro cultural del asentamiento de Ariel, en el norte de Cisjordania y donde residen cerca de 17.000 colonos, fue seguido casi de inmediato por la declaración de decenas de actores y personalidades del teatro de que no actuarían allí por razones ideológicos.

Entre los académicos firmantes de la misiva se encuentran conocidos autores israelíes como Amos Oz, David Grossman o A. B. Yehoshua.

En línea con el ideario de los artistas, los firmantes expresan: "No tomaremos parte en ningún tipo de actividad cultural más allá de la Línea Verde (divisoria establecida tras el alto el fuego de la guerra de 1948), en debates, seminarios, conferencias o cualquier otro acto en esos asentamientos".

Y declaran su apoyo a los actores que rechazaron actuar en Ariel, a los que mostraron su "apoyo a la manifestación pública de coraje", al tiempo que les agradecieron "por haber devuelto el debate de los asentamientos a los titulares".

"Queremos recordar al público israelí que como todos los asentamientos, Ariel también está en territorio ocupado. Si un futuro acuerdo de paz con las autoridades palestinas coloca a Ariel dentro de las fronteras de Israel, entonces será reconocida como cualquier otra ciudad israelí".

Los firmantes apuntan que "la liberad de creación y opinión son pilares fundamentales de una sociedad libre y democrática. No hace mucho conmemoramos el 43 aniversario de la ocupación israelí. La legitimación y aceptación de la empresa de los asentamientos causa un daño crítico a las opciones que tiene Israel de alcanzar un acuerdo de paz con sus vecinos palestinos".

El rechazo declarado de los artistas generó un conflicto a sus compañías, que habían comprometido representaciones a la nueva sala, y llevaron al primer ministro, Benjamín Netanyahu, a amenazar con retirar la financiación a los teatros con actores díscolos.

El Gobierno israelí ha tratado de atajar el incipiente boicot con una tajante declaración de la ministra de Cultura y Deporte, Limor Livnat, que acusó a los opositores de "dividir a la sociedad israelí", pidió separar política y arte, y aseguró que "todo israelí tiene derecho a disfrutar de la cultura en cualquier lugar".

"El show no tiene que continuar", afirma la misiva firmada por los autores.

 

 

El orgullo de la resistencia y los hijos del colonialismo

El orgullo de la resistencia y los hijos del colonialismo

Mauro Altezor
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111304

“Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca”.

 Con una diferencia de tan solo uno o dos párrafos un articulista utiliza conceptos contrapuestos para referirse al mismo objeto: Israel. No sabemos si lo hace por simple descuido, atropello o porque el mismo desprecio que profesa por los palestinos lo profesa por los lectores. Si nos aplicamos en el concepto, parias podrían ser los palestinos, excluidos y despojados, ante cuyo sólo nombre el articulista parece sentir una náusea atávica que le impide nombrarlos.

 El silencio ante los hechos del colonialismo sionista en Palestina hace imposible no hacer pensar en el doble discurso que alimenta los escritos de algunos articulistas. Para aprehender buena parte de la política de usurpación del Estado de Israel se obligan a abrevar en las aguas  del discurso oficial para no perderse el próximo coctel con pergamino. Sin embargo se desnudan en la cobarde inacción del intelectual dormido que prefiere unirse a la caterva de asesinos de la ultraderecha sólo por empatía mitológica y abandonando sus principios. La opinión pública no es hipócrita y no olvida la desgracia de este mundo - a la cual Israel aporta una porción importantísima -, intenta  no contentarse con la retahíla del propio ombligo israelí y mira también por los derechos inalienables de los otros.

 La conmoción internacional que ha causado el asalto xenófobo al barco turco de ayuda humanitaria para Gaza, no proviene ni nace de los prejuicios. Es una reacción natural que hunde sus raíces en las tradiciones y la historia de la miseria humana más vergonzante. Ni una ni otra han desaparecido, Israel se encarga de recordárnosla todos los días. Y eso es lo sorprendente, y es precisamente lo que conmueve a la opinión en todos los rincones del planeta. Que aquellos que han hecho un leitmotiv del genocidio europeo de sus antepasados durante la Segunda Guerra,  lo perpetúen en la práctica cotidiana y lo prolonguen esta vez como verdugos blandiendo una Biblia.

 El apetito voraz de Israel por los bienes ajenos es una virtud que no explican las guerras. Y aquello que Israel no puede obtener lo destruye.  Las agresiones externas lograron ser por un tiempo una buena justificación para el coloniaje sionista de Palestina. Sin embargo hoy, el proyecto de colonización integral de los territorios ocupados, continúa sin obstáculos ni amenazas posibles por ejército extranjero alguno. Israel sigue practicando lo que nunca dejó de hacer: la expulsión a la fuerza de los palestinos, la destrucción  y robo de sus bienes y la práctica del terror como herramientas del desalojo de su tierra natal.

 El reciente informe de Amnistía Internacional “Demoliciones israelíes de viviendas palestinas”, así como el “Informe Goldstone”, movilizan una vez más a repensar las gastadas muletas utilizadas para darle salvoconducto a las permanentes violaciones de los derechos humanos practicadas por Israel.  Aquí, como en tantas otras ocasiones, queda de manifiesto el espantoso historial que en esta materia detenta este Estado.

 Es imposible que la gente se ocupe de recordar las bondades de Israel mientras Israel se ocupe de maltratar a un pueblo. Hagan ustedes las comparaciones que quieran, la Alemania nazi en Polonia, los norteamericanos en Vietnam, la Sudáfrica  del Apartheid y desde hace más de sesenta años los israelíes en Palestina. Sus excelentes instituciones académicas, que hoy padecen de un boicot, lo mismo que sus deliciosas naranjas cultivadas en la tierra arrancada a los nativos de Palestina, no pueden desviar nuestra atención de la peste que han sembrado en Oriente Próximo.

 Israel es el único país del mundo que no ha dejado de crecer, esto es si excluimos a Holanda que aún le sigue ganando metros al mar, mientras los israelíes les siguen ganado metros a los palestinos. El pillaje de coloniaje al que se han dedicado los sionistas es una bandera que los identifica ante la comunidad internacional.

 La frase inicial, sacada de contexto - claro está –  ilustra, de todas formas,  una de las esencias más tiernas que alguien pueda lograr por su identidad. Cualquiera de nosotros lo puede reconocer de inmediato asomándose en la experiencia de la resistencia palestina frente al ninguneo racista de Israel o sus apologetas vernáculos. 

La misma emoción, carencia y fortaleza que expresaba Primo Levi, autor de la referencia, frente a sus carceleros nazis, hoy la levantan con orgullo los palestinos frente a sus carceleros israelíes. Ellos tienen algo que compartir con nosotros y algo que enseñarles a los hijos del colonialismo, aquellos analfabetos apátridas que sólo pueden sentirse seguros destruyendo tierra ajena y levantando muros de contención que les perpetúen el despojo y les tranquilicen el sueño: que la tierra se vive y se siente y no te la otorga ningún pasaporte regalado. 

 

Asediar al asedio de Israel

Asediar al asedio de Israel

Omar Barghouti

The Guardian

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En unos pocos años la campaña palestina de boicot a los productos israelíes se ha convertido en una campaña verdaderamente global

A pesar del asedio de Israel a Gaza y del cada vez mayor desplazamiento [de palestinos] en el [desierto de] Negev y en Jerusalén Oriental, los palestinos tienen algunos motivos de celebración. En Washington una cooperativa de alimentación ha aprobado una resolución pidiendo el boicot de los productos israelíes [1], lo que confirma que el movimiento de boicot (que cumplió cinco años el mes pasado) ha atravesado por fin el atlántico. Prominentes figuras, incluyendo a los premios Nobel de la paz Desmond Tutu y Máiread Maguire, y a Richard Falk, el Relator Especial de la ONU para los territorios ocupados, apoyaron este paso.

El movimiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS) contra Israel se lanzó en 2005, un año después de que la Corte Internacional de Justicia considerara ilegales el muro de Israel y las colonias construidas en territorio palestino ocupado. Más de 170 partidos políticos, sindicatos, movimientos de masas y ONG palestinos suscribieron el movimiento, que está dirigido por el BNC [Comité Nacional de la Campaña de BDS], una coalición de organizaciones de la sociedad civil.

Arraigada en un siglo de resistencia civil palestina e inspirada por la lucha contra el apartheid, la campaña superó boicots más tempranos y parciales para presentar un enfoque global con el objetivo de hacer realidad la autodeterminación palestina: unificar a los palestinos dentro de la Palestina histórica y en el exilio ante la fragmentación acelerada.

La campaña de BDS evita prescribir toda fórmula política particular y en vez de ello insiste en hacer realidad los derechos básicos y sancionados por la ONU que corresponden a los tres segmentos principales del pueblo palestino: acabar con la ocupación y colonización por parte de Israel de todas las tierras árabes ocupadas desde 1967, acabar con la discriminación racial en contra de sus ciudadanos palestinos y reconocer el derecho de los refugiados palestinos a retornar a sus hogares, tal como lo estipula la resolución 194 de la ONU [2].

Creada y guiada por palestinos, la campaña de BDS se opone a toda forma de racismo, incluyendo el antisemitismo, y está anclada en los principios universales de libertad, justicia y derechos iguales que motivaron las luchas contra el apartheid y por los derechos civiles estadounidense.

Caracterizar de apartheid al sistema legalizado de discriminación de Israel (como hicieron Tutu, Jimmy Carter e incluso un ex-fiscal general israelí [3]) no equipara a Israel con Sudáfrica. No hay dos regímenes opresivos idénticos. En vez de ello, afirma que la concesión por parte de Israel de derechos y privilegios según criterios étnicos y religiosos se adecúa a la definición de apartheid adoptada por la ONU.

La campaña de BDS ha visto un crecimiento sin precedentes tras la guerra de agresión contra Gaza y el ataque ala flotilla [4]. Personas de conciencia de todo el mundo parecen haber cruzado un umbral y han recurrido a la presión, no al apaciguamiento o al “compromiso constructivo” para acabar con la impunidad de Israel y con la connivencia occidental en mantener su estatus como Estado por encima de la ley.

“Asedia tu asedio” – el grito del poeta palestino Mahmoud Darwish [5] – adquiere un nuevo significado en este contexto. Puesto que convencer a una potencia colonial de que atienda a los llamamientos morales a la justicia es cuando menos iluso, muchas personas entienden ahora la necesidad de “asediar” a Israel por medio de boicots, que hacen más caro el precio de su opresión.

Las personas implicadas en la campaña de BDS han presionado con éxito a instituciones financieras en Escandinavia, Alemania y otros lugares para que desinviertan de compañías que son cómplices de las violaciones por parte de Israel del derecho internacional. Varios sindicatos internacionales han suscrito la campaña de boicot. Tras el ataque a la flotilla, sindicatos de trabajadores de puertos de Suecia, India, Turquía y Estados Unidos siguieron un llamamiento de los sindicatos palestinos de bloquear la descarga de barcos israelíes.

El apoyo a la campaña de BDS por parte de figuras de la cultura como John Berger, Naomi Klein, Iain Banks y Alice Walker, y la avalancha de cancelaciones de actos en Israel por parte de artistas entre los que se incluyen Meg Ryan, Elvis Costello, Gil Scott-Heron y The Pixies han hecho aumentar el perfil internacional del movimiento de boicot y lo ha acercado a la corriente dominante occidental. El escepticismo respecto a su potencial se ha terminado.

En 2009 se formó Boycott from Within [Boicot desde Dentro] , un significativo movimiento de protesta en Israel hoy, que adoptó el llamamiento palestino al BDS.

Una ley que impondría fuertes multas a los israelíes que inicien o inciten boicots contra Israel ha superado recientemente un debate inicial en el Knesset [parlamento israelí]. Esto pone de relieve el miedo de Israel al alcance e impacto global de la campaña de BDS como una campaña por la justicia no violenta y moralmente consecuente. En muchos sentidos confirma que ha llegado el “momento sudafricano” palestino.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111287&titular=asediar-al-asedio-de-israel-