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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Palestina: testigo en primera línea

Palestina: testigo en primera línea

Martes 6 de setiembre, 19 horas

Sede de la Fundación Vivián Trías, Colonia 1456, P5 - Entrada libre

Uruguaya ofrece su  testimonio de la vida en la  Palestina ocupada.

Expone: Prof. María Delgado
Coordina:  Prof. Isabel Clemente

 
María Martha Delgado compartirá su testimonio luego de vivir durante tres meses  en Cisjordania, como observadora  internacional del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI).
 
A través de fotos, mapas y relatos personales, mostrará los diferentes aspectos de la ocupación israelí y su impacto en la vida cotidiana del pueblo palestino: el Muro que separa y encierra, los checkpoints, la violencia del ejército y de los colonos, la apropiación de tierras, la destrucción de casas y cultivos, entre otros.
También nos hablará de las muchas formas de resistencia pacífica con las que mujeres, niños y hombres de Palestina enfrentan diariamente la ocupación y la defensa de su territorio; y, además, conversaremos sobre formas de expresar nuestra solidaridad en esta coyuntura crítica para futuro del pueblo palestino.
 
María M. Delgado es una docente egresada del Instituto de Profesores Artigas y activista de derechos humanos, co-fundadora del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) en Uruguay. También trabajó varios años para el Servicio Internacional para la Paz (SIPAZ) en Chiapas (México), y colaboró con Jubileo Sur-Américas (Buenos Aires), el Women Peacemakers Program de IFOR (Holanda) y el Fund for Nonviolence (Santa Cruz, California).
Tiene un master en Gender & Peacebuilding por la University for Peace (UPEACE, Costa Rica), e hizo estudios internacionales sobre Derechos Humanos (Institute of Social Studies, Holanda), Transformación de Conflictos (Eastern Mennonite University, EE.UU.) y Educación Popular (CESEP, Brasil).
Ha participado en el Foro Social Mundial y en otras redes globales por la justicia social, la justicia climática y la justicia de género. Su vocación es apoyar a personas y comunidades -en particular a las mujeres- que sufren injusticia y exclusión en situaciones de conflicto y violencia política.
Entre febrero y mayo de este año, estuvo en Palestina (Cisjordania) como acompañante y observadora internacional, participando en el programa EAPPI (www.eappi.org). Fue una de las dos primeras integrantes del programa provenientes de América Latina.
Su blog "Palestina en el corazón": http://mariaenpalestina.wordpress.org

Palestina y el cisne negro del sionismo

Palestina y el cisne negro del sionismo

José Steinsleger
La Jornada - México

Hacia 1980, cuando el turbocapitalismo encendió los motores de la economía neoliberal, las ideas de Karl Popper (1902-94) encontraron el caldo de cultivo idóneo para torpedear cualquier pretensión interesada en dotar de sentido a la totalidad.

La clara y erudita prosa british de Popper logró que la mezquindad ideológica adquiriera estatus de imparcialidad. Goliat tendría las mismas prerrogativas de David y, en paralelo, las complicadas y seductoras ideas del posmodernismo francés consagraban la primera persona del singular.

Estudios del tipo Producción lechera y totalitarismo durante el segundo periodo del imperio mongol, pasaron a gozar de tanta o más importancia que la siempre sospechada causa de emancipación de los pueblos. En las antípodas del Karl socialista, Popper nutrió por izquierda y derecha las curiosas modalidades del conservadurismo mundial. Lema central: el escepticismo.

Difícil de refutar, la lógica de Popper iluminó la faz oculta de las ideologías conocidas, y por inducción condujo a insólitos comportamientos políticos que, con el ceño fruncido, descubrían la fantástica novedad de que todo tenía su lado bueno y malo, y que el punto de vista del más fuerte era tan válido como el del más débil.

Los conservadores hicieron las paces con su lado feudal, los liberales con su otro yo conservador, y los anarquistas de cubículo con su matriz plebeya. Los socialistas legalizaron el ambidextrismo, los comunistas dejaron de criticar el espíritu burgués, los trotskistas añadieron más páginas al Programa, la corbata sustituyó el cómodo cuello Mao, y los culturalistas encontraron en el indigenismo talibán el sujeto perdido de la revolución mundial.

Por si las moscas, destacados intelectuales de izquierda abjuraron de todo atisbo de fe estaliniana y, a grito pelado, aprendieron a conjugar todos los tiempos del verbo tolerar. Desafortunadamente, pocos repararon que en los diccionarios, el bendito verbo figuraba encerrado entre los vocablos teología y tortura.

Frente a los procesos revolucionarios de los países pobres (árabes, en particular), el espíritu popperiano retomó, de agache, las enjundiosas consideraciones que el colonialismo usaba, desde el siglo dieciocho, para dividir al mundo en naciones bárbaras y civilizadas. Hubo excepciones, claro está. Pero en líneas generales, tales fueron los rasgos de lo que dio en llamarse crisis de los paradigmas.

En suma, el neoliberalismo popperiano centrifugó el sentido de la realidad. Y en su lugar empezaron a bailar, frenéticamente, las parejas intercambiables del posmarxismo intelectual: optimismo, pesimismo, voluntarismo y oportunismo. ¿Pero a causa de qué convocamos a Popper, tras anunciar algo sobre Palestina?

Pues bien: ocurre que el centro de gravedad de su pensamiento se apoya en la interesante (y polémica) consecuencia de que el progreso de lo que fuere sólo se da cuando una hipótesis fracasa. Y no en el caso contrario, cuando es confirmada. Su ejemplo de los cisnes es conocido: todos los cisnes son blancos (como si hubiera sido comprobado). Hasta que en 1687, en Australia, se descubrió el cisne negro.

Como sabemos, la tierra prometida imaginada por los judíos en la Biblia, se llamaba Palestina. Hipótesis que por su grandiosidad y desmesura, la ciencia y la política seculares tuvieron la prudencia de no refutar o probar. Hasta que a mediados del siglo 19 (con perdón del hermosísimo ánade), apareció el cisne negro del sionismo. Entonces, quedó probado que el legado ético y humanitario del judaísmo podía ser políticamente manipulable. Cosa que para el cristianismo no era novedad.

Desde la creación de la entidad ilegal llamada Israel, el debate en torno a Palestina (regímenes árabes incluidos) ha excluido, sistemáticamente, el rol del sionismo reduciéndolo a un mero conflicto entre árabes y judíos. Falsedad que a más de negar la historia de Palestina como parte indisoluble de la nación árabe (así como la de México lo es de la nación latinoamericana), prueba que la racionalidad crítica de Popper sólo es válida para la sociedad abierta occidental y sus amigos.

En 1945, la ONU recogió en la Carta de San Francisco el sentimiento de la humanidad devastada en dos guerras mundiales, que en realidad fueron continuación la una de la otra. No obstante, dos años después le dio visos de tortuosa legalidad teológica al proyecto que Hitler había pensado para Alemania nazi: la creación, en Palestina, del enclave militar que los sionistas llamaron Israel.

La destrucción de Irak y Afganistán, así como las ofensivas militares y mediáticas contra Líbano, Irán y Gaza, fueron el último capítulo del terrorismo occidental sin más. Y para no herir susceptibilidades, prescindiremos de nombrar a la mamá de los marxistas académicamente correctos, que justificaron la aventura colonial en Libia.

Siria sigue en camino, y demos por hecho que todos los articulados, incisos, anexos y hojas de ruta de la llamada cuestión palestina, estallarán el 20 de septiembre entrante, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU decida si el país ocupado tiene o no derecho a funcionar como Estado miembro.

 http://www.jornada.unam.mx/2011/08/31/opinion/020a2pol

Iniciativa Septiembre: Derechos Nacionales Palestinos como punto de partida

Iniciativa Septiembre: Derechos Nacionales Palestinos como punto de partida

El real significado de la iniciativa palestina ante Naciones Unidas en septiembre reside en que ofrece la oportunidad para recordar los axiomas que deberían guiar las decisiones políticas: derechos nacionales y sociales de los palestinos, con todas sus dimensiones. Nasser Ibrahim lo explica.

2011-09-04 15:36:36 / Fuente: Nassar Ibrahim, Centro de Información Alternativa (AIC)

El anuncio del presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmound Abbas, de que en septiembre la AP requerirá en la Organización de Naciones Unidas (ONU) plena membrecía y reconocimiento de un estado Palestino por la comunidad internacional, eleva controversias políticas y cuestiones legales tanto en la escena palestina como internacional. A medida que las organizaciones políticas y de la sociedad civil palestinas exploran esta cuestión, más complejos se vuelven los interrogantes. Esta complejidad creciente demuestra cómo dicha iniciativa falla en la medida en la que no se desprende de una estrategia política nacional razonable, que es lo que debería guiar el camino hacia la misma. El reclamo del reconocimiento de un estado podría haber sido la culminación de un proceso real y pragmático de reconciliación entre Hamas y Fatah, una restructuración de los movimientos populares palestinos y una reforma de la relación con las pueblos árabes, así como con los movimientos internacionales e israelíes de la sociedad civil anti-sionistas, permitiendo así una nueva posición ante futuras iniciativas de paz. Pero este no fue el caso.

El primer elemento preocupante es que esta decisión emergió abruptamente y no como resultado de un proceso de evaluación del desempeño político palestino desde Oslo hasta la actualidad. En otras palabras, pareciera ser una decisión tomada debido a una crisis, más que un paso intencionado hacia una nueva estrategia nacional. Un análisis del contexto político e histórico, indisociablemente ligado a la lucha nacional palestina y sus objetivos, resulta fundamental para que la iniciativa implique más que una maniobra diplomática bajo el techo de los llamados procesos de paz (es decir, las negociaciones) que fueron un proceso disfuncional desde su comienzo en 1991 con la Conferencia sobre la Paz en Madrid hasta su final en 2011. Este fracaso se remonta al hecho de que el proceso de paz no contó desde su inicio con las condiciones necesarias precondiciones para su éxito, siendo que todas las negociaciones estaban sujetas a las relaciones de poder desiguales entre la alianza Israel-Estados Unidos, respaldada por la Unión Europea y los regímenes árabes, quienes eran interlocutores válidos en esta alianza.

Acercarse a esta opción política y sus diversas dimensiones significa identificar el punto de partida de este proceso, a fin de evitar que el debate caiga en la trampa del uso táctico político. Un hecho que nos permite una vez más remontarnos a la base del conflicto entre la ocupación colonial israelí y sus objetivos, y las aspiraciones de los palestinos por la liberación nacional. Una evaluación -positiva o negativa- debería tener lugar más allá de enfoques estrechos y comenzar a partir de un punto de vista estratégico. Es importante identificar los principios y objetivos de la estrategia de liberación nacional, si los palestinos irán o no a la ONU. La discusión aquí va más allá de las controversias legales y las campañas de relaciones públicas que tienen como objetivo estimular el otro lado. El tema central no es si la moción en la ONU está bien o mal, como cuestión de principio. ¿Esta elección significa un distanciamiento de las estrategias y las referencias de negociaciones previas (los términos dictados por el desequilibrio de poder) y representa un retorno a las resoluciones de la ONU y el derecho internacional como una referencia para cualquier futuro proceso de paz? Esta pregunta y sólo esta pregunta debería ser la referencia para cualquier discusión. Si la respuesta es positiva, la solicitud del reconocimiento del Estado representaría el primer paso hacia una nueva estrategia palestina: La reconstrucción de la lucha nacional palestina sobre la base de los requisitos de la unidad nacional y una reconsideración de la resistencia en todas sus formas, así como la reconstrucción de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) como el único representante legítimo del pueblo palestino, basándose en un consenso nacional en torno a los derechos nacionales palestinos (el derecho al retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un estado palestino independiente y soberano con Jerusalén como su capital y el desmantelamiento de los asentamientos). En vista de ello, la iniciativa de septiembre formaría parte de una estrategia política nacional y no sería la estrategia misma. Ir a la ONU en septiembre no es ni debe ser el punto final, ya que la realidad sobre el terreno no va a cambiar mucho como resultado de este primer paso.

La experiencia de la lucha palestina durante las últimas décadas demuestra que la garantía de una cierta armonía entre las exigencias de los derechos nacionales palestinos, por un lado, y las dinámicas políticas, sociales y culturales por el otro, ha sido el único elemento capaz de mantener la lucha palestina en su marco estratégico. En todo momento histórico estos principios han sido violados por razones tácticas y el precio que han pagado los palestinos con respecto a sus derechos ha sido muy elevdo. Esta es la lección que debemos aprender de la amarga cosecha de los Acuerdos de Oslo, y la razón se remonta al hecho de que el proceso de paz no ha respetado las bases y los objetivos de esta etapa de liberación nacional. Para cumplir con el acuerdo, se convirtió en la meta y no en un medio para respetar los derechos nacionales palestinos. Algunos incluso han sugerido que el mero comienzo de las negociaciones y el establecimiento de la AP significan que el pueblo palestino ha superado esta etapa, con todas sus necesidades nacionales, políticas y organizativas.

En lugar de aferrarse de la iniciativa de septiembre, debe promoverse un debate interno dentro de la sociedad palestina, con el objetivo de revisar la actitud política del liderazgo de las dos últimas décadas. El punto de partida es una reestructuración del equilibrio de poder interno entre los actores políticos y sociales -los movimientos sociales, los partidos de izquierda y la multitud con sus interconexiones internacionales interesada en continuar la lucha por la liberación.

En cualquier caso, el liderazgo palestino ha de recordar que el fracaso de todas las "iniciativas de paz" se explica por el simple hecho de que se trató de pasar por encima de los fundamentos de los derechos nacionales y la unidad del pueblo palestino, con el objetivo de construir una paz bajo los criterios de la ocupación israelí. Las concesiones otorgadas por los dirigentes palestinos han sacudido profundamente las bases de esos derechos y por lo tanto destruido toda legitimidad potencial del proceso de paz, que se ha convertido, a los ojos de la mayoría de los palestinos, en la decisión de una pequeña elite política que se contradice con los derechos y los intereses de la mayoría, mientras que la contraparte de las negociaciones (Israel) se aferra a sus políticas coloniales, incluidos los asentamientos en tierras palestinas.

El argumento antes mencionado no es un conflicto artificial, pero es, en esencia, un retorno a los activos que se perdieron en las astutas políticas que aún continúan adaptándose a los requisitos para poner fin al conflicto, a veces un resultado del realismo y en otras ocasiones, una balanza de poder. Cualquier acción política exitosa debe basarse en los factores determinantes y los requisitos de la etapa de liberación nacional y sus objetivos y estrategias, de la que su legitimidad y la moralidad se derivan. El compromiso y la adhesión a los derechos nacionales palestinos y su justa lucha por la libertad, la independencia y la autodeterminación sobre la base del derecho internacional y las resoluciones de la ONU. Este es el factor determinante de cualquier decisión palestina.

A la luz de este hecho y de las experiencias prácticas previamente mencionadas, el reto más importante para las élites políticas, sociales y culturales respecto a la iniciativa de septiembre radica en su capacidad para navegar por el laberinto de las últimas dos décadas con el objetivo de desarrollar y mejorar la política, el desempeño social, económico y cultural para satisfacer las necesidades de la liberación nacional palestina y poner fin a la ocupación, y no considerarlo simplemente como un debate jurídico y diplomático.

Para verificar esta ecuación, el significado de septiembre depende de dos condiciones principales. Primero: La restauración de la estrategia nacional palestina, en conformidad con las prioridades nacionales en todos los niveles, empezando por el hecho de que el pueblo palestino sigue viviendo en la etapa de liberación nacional, incluida la interacción entre las diferentes formas de resistencia y de unidad nacional como un requisito previo. En este contexto, la tarea es en primer lugar evaluar el desempeño político después de Oslo, reconociendo los desequilibrios y retrocediendo a las apuestas incorrectas con el fin de recuperar la iniciativa de acuerdo con el interés nacional palestino. Mucho antes de que la iniciativa de septiembre se encontrara en el horizonte, el poeta palestino Mahmoud Darwish nos advirtió de las consecuencias dramáticas del proceso de Oslo, escribiendo que "(Israel) entendía la aplicación de la paz falsa para lograr lo que no podía a través de la guerra: la hegemonía regional y tratar con el pueblo palestino bajo asedio como una entidad aislada ... Mientras tanto los palestinos agotaron toda su flexibilidad para pagar finalmente un precio más alto para una mediación dirigida no más que para el reconocimiento del derecho a establecer un estado independiente en el 20% de la tierra de nuestra patria histórica merecida, e Israel en el otro lado se niega a retirar hasta 1 metro de espacio donde su leyenda debe realizarse, y todavía ve nuestra existencia histórica en nuestro país como una ocupación extranjera en "la patria eterna judía", para liberarse de nosotros y de nuestra historia" (periódico Al-Dustour, Jordania, 2002).

Segundo: Cumplir con el requisito de la reconstrucción de los cuerpos políticos palestinos (la OLP y la AP), de acuerdo con la mencionada nueva estrategia. El primer objetivo de esta reorganización institucional es determinar límites claros entre las tareas de "la revolución y la Autoridad (Palestina)", especialmente en vistas de las terribles consecuencias políticas y culturales del proceso de mezcla entre ellos. Fue precisamente este error intencional que empujó a los dos grandes movimientos políticos de la historia contemporánea de Palestina (Fatah y Hamas) a su actual crisis, arrojando primero el movimiento Fatah y luego Hamas para que ambos sirvan a la AP y no a la estrategia de liberación. Esto llevó a un cambio fundamental en la estructura de los dos movimientos, de tal manera que la AP vinculó con éxito sus roles a las fronteras de la AP sobre la base de los Acuerdos de Oslo, al tiempo que debían mantener su papel como agentes para controlar y guiar el desempeño para servir a la estrategia de liberación política, sin negar, por supuesto, el papel de la AP a nivel civil y social, con el fin de satisfacer las necesidades sociales del pueblo palestino y promover la práctica de la democracia en la sociedad palestina.

Así, la contradicción entre la lucha nacional y la AP emergió y rápidamente se salió de control. Si las fuerzas políticas han mantenido una distancia segura de la AP, el conflicto no ha llegado al punto en que amenaza la unidad del pueblo palestino y sus aspiraciones de libertad e independencia. La incapacidad de la élite política palestina para hacer frente a esta ecuación condujo a la división de la sociedad palestina y la crisis política que los palestinos están tratando de resolver en vano por fuera del contexto de Palestina está contribuyendo en convertir a la realidad palestina permeable de interferencias exteriores.

Fuera de esto, una base democrática para la acción política y social debe ser establecida para garantizar la participación de todas las fuerzas políticas y sociales de acuerdo a su rol en la realidad palestina. Mantener el equilibrio entre los objetivos de liberación nacional, por un lado, y las tareas sociales y de desarrollo por el otro -de modo que ésta puede estar en armonía con la primera sin ser un obstáculo- rescataría a los palestinos de la trampa de la ayuda extranjera, que se ha convertido en un medio de presión y chantaje político. Debe considerarse en este marco el significado de los cambios en el mundo árabe (la revolución árabe), que debe ser vista como una nueva oportunidad para promover la lucha de liberación palestina.

Este potencial proceso de reestructuración interna, regional y estratégica es lo que el Estado de Israel teme: de perder los logros que obtuvo a través del proceso de Oslo y enfrentar contradicciones crecientes internas que amenazan la cohesión de la sociedad israelí. Esto es así sobre todo si la iniciativa de septiembre significa un retorno a la referencia del derecho internacional y una oportunidad para que los movimientos políticos palestinos se reorganicen sin fracasar y se empiece a avanzar de nuevo sobre la base del derecho internacional. En segundo lugar, si el malestar social y económico creciente en Israel, que está directamente relacionado con los costos de la ocupación y la militarización, vuelve a insistir en la importancia de la lucha conjunta popular de los palestinos y los israelíes como un principio rector en contra de las políticas de exclusión, racismo y empobrecimiento que la propia sociedad israelí está sufriendo.

En conclusión, el significado de la iniciativa de septiembre no radica en lo que vaya a suceder, ya que cualquier resultado del proceso de la ONU en todo caso será determinado por las relaciones de poder existentes. El valor final de esta decisión debe ser visto como el hecho de que proporciona una oportunidad para todos (en el mejor de los casos) de recuperar algo de equilibrio a través de un retorno a los axiomas que deben guiar las decisiones políticas palestinas, el punto de origen de cualquier decisión política: derechos nacionales y sociales de los palestinos, con todas sus dimensiones.

Traducido por Luz Welles para el Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén.

Campaña internacional en apoyo al Estado Palestino en la ONU

Campaña internacional en apoyo al Estado Palestino en la ONU

Campaña en Uruguay, para bajar la proclama:

http://www.mediafire.com/?d6fn0jb6gsq9aca

para coordinar entrega: difusionpalestina@adinet.com.uy

 

 

Campaña uruguaya: recolección de firmas por el Estado de Palestina.

Campaña uruguaya: recolección de firmas por el Estado de Palestina.

Durante el XVI Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes, nos sumamos a la campaña internacional a favor delreconocimiento del Estado de Palestina ante las Naciones Unidades en el mes de setiembre.

Agosto 2011

Campaña Internacional por el reconocimiento del Estado Palestino en la ONU

Campaña Internacional por el reconocimiento del Estado Palestino en la ONU

La Comisión de Apoyo al Pueblo Palestino se suma a la campaña interancional por el reconocimiento al Estado Palestino en las Naciones Unidas en setiembre de este año.

Los ciudadanos uruguayos abajo firmantes, participan de la Campaña Uruguaya en Apoyo al Reconocimiento del Estado de Palestina, estado que ha de ser declarado durante sesión de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas en septiembre de 2011. Un estado independiente y soberano dentro de las fronteras existentes al 4 de junio de 1967, con su capital en Jerusalén Oriental.

Nos encontramos unidos por un profundo sentido de responsabilidad hacia la paz internacional, la democracia y la libertad en el mundo, y preocupados por la acción unilateral del gobierno Israelí de construir el muro racista en tierra palestina, de la construcción de otras colonias en territorios palestinos, y la judaización constante de Jerusalén, ciudad de todas las religiones.

Nos preocupa, a su vez, la instalación de barreras militares por parte del Ejército Israelí en los territorios palestinos, habiendo resultado esta acción en la transformación de dichos territorios en enclaves aislados, dificultando enormemente la vida de los palestinos que allí habitan.

Nos alarman las acciones represivas que el Ejército Israelí toma contra el pueblo palestino en los territorios ocupados.

Es por eso que pedimos el apoyo de nuestro gobierno a la decisión Palestina de obtener el reconocimiento como miembro pleno de la Organización de Naciones Unidas en la Asamblea General de septiembre, constituyendo éste un gesto de responsabilidad moral, legal y humanitaria de parte de nuestro gobierno hacia el pueblo palestino.

No estamos de acuerdo con el apoyo incondicional que se le ha dado al gobierno Israelí, hecho que lo ha incentivado para descartar las decisiones de la Comunidad Internacional, representadas en las Resoluciones de Naciones Unidas desde 1948 hasta la actualidad.

Es tiempo de que el pueblo Palestino disfrute de libertad, democracia y auto-determinación mediante la creación de un estado soberano e independiente, con capital en Jerusalén Oriental. Consideramos que es un deber del gobierno Uruguayo contribuir a una solución política del conflicto Palestino-Israelí desde un rol constructivo, basado en las Resoluciones de las Naciones Unidas, para garantizar la paz y la estabilidad de los pueblos y estados de la región, incluido el Estado de Palestina.

A su vez, nuestro gobierno debe manifestar preocupación por una justa  resolución del problema de los refugiados palestinos, y por garantizarles su derecho de retorno a los hogares que debieron abandonar a partir 1948, para cumplimentar de esta forma las Resoluciones internacionales sobre el tema.

Es tiempo de que el gobierno Uruguayo de un paso adelante para que se concrete ese momento histórico.

Agosto 2011.