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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Se ponen en marcha los acuerdos para lograr la unidad política definitiva de los territorios palestinos luego de diez años de separación

Se firma el acuerdo de reconciliación entre Hamas y Fatah

Guido Luppino

Esta semana se firmaron oficialmente los acuerdos para comenzar a trabajar en la unidad de los territorios palestinos, Cisjordania y la Franja de Gaza, que coexisten bajo conducciones políticas distintas y opositoras hace más de diez años.

Egipto es el país elegido para moderar los intentos de reconciliación entre las dos agrupaciones políticas más importante de Palestina, Hamas que gobierna la Franja de Gaza y Fatah que tiene la conducción política del territorio de Cisjordania.

A fines de Septiembre, Hamas tuvo un encuentro con distintos movimientos palestinos con la finalidad de encarar un proceso de reconciliación nacional. El actual líder del movimiento político Hamas, Ismail Haniyeh, fue quien condujo el encuentro y estableció que la estrategia de reconciliación es irreversible.

La reconciliación que propone Hamas debe darse con su rival político que tiene sede en Cisjordania, Fatah. Esta agrupación es liderada por Mahmud Abbas quien es el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, único organismo político palestino con reconocimiento internacional. Abbas gobierna Palestina desde el año 2014.

Para mostrar su intención con los acuerdos, Hamas ya disolvió el Comité Administrativo de Gaza que era conducido por la agrupación.

Dentro de las prioridades establecidas, aparecen dos áreas políticas claves para trabajar en conjunto: aparatos de seguridad y empleados estatales de ambos territorios. Por otro lado, Abbas ya manifestó su preocupación por el papel egipcio ya que desconfía de su neutralidad.

Recorrido histórico de Hamas y Fatah

Repasemos brevemente el andar político de ambas organizaciones. La intifada de 1987 (levantamiento popular en contra de la ocupación en manos de Israel) dio lugar a un nuevo liderazgo político en Gaza con la aparición del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas). Su líder histórico fue Yassin, quien cayera asesinado por las fuerzas israelíes en 2004. Desde su aparición, el reconocimiento político de la agrupación fue cobrando más fuerza dentro de la población. A la vez, sufrían la caracterización, por parte de sus enemigos políticos como Israel y Estados Unidos, de ser una agrupación terrorista, lo cual se mantiene hoy en día.

La irrupción en la escena política por parte de esta agrupación dejó en claro sus objetivos: luchar contra la ocupación israelí desde una alternativa religiosa, a diferencia de la Organización Para la Liberación Palestina (OLP).

La aparición de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) fue de manera diplomática tras los Acuerdos de Oslo de 1993. Arafat fue su líder hasta su muerte (2004) legando el poder en manos de Mahmud Abbas. En las elecciones de 1996, la agrupación político-militar denominada al-Fatah logró mayoría parlamentaria y desde ese momento comenzó a representar la máxima autoridad de la ANP.

El panorama político tomó un camino de mayor oposición con el llamado a elecciones del año 2006. Hamas se presentó por primera vez a los comicios obteniendo el triunfo y de esta manera logrando asumir el cargo de Primer Ministro de la ANP. Esto no fue lo que ocurriría finalmente ya que las potencias internacionales desconocieron los resultados, derivando todo en un conflicto civil entre Hamas y Fatah. Este escenario concluiría con la división política de los territorios palestinos. De esta manera, la Franja de Gaza quedaría bajo conducción de Hamas y Cisjordania conducida políticamente por Fatah. Estos sucesos no harían otra cosa que mostrar al mundo los fracasos políticos y sociales de los Acuerdos de Oslo.

Contexto político

Los acuerdos que hoy se proponen son los primeros de esta índole, en el año 2014 se intentó algo semejante pero sin buenos resultados.

Hace ya tres años, Fatah y Hamas cerraron un acuerdo de un gobierno en unidad con la idea de trabajar en la formación de un gobierno tecnocrático para ambas regiones. En aquella oportunidad se había estipulado un llamado a las urnas. El ataque comenzado por Israel, ferviente opositor a la propuesta de unidad, sobre la Franja de Gaza hizo que la convocatoria a elecciones tenga que suspenderse por tiempo indefinido.

Ya en 2016 se planteó nuevamente la posibilidad de los comicios, inclusive con una fecha pactada para octubre de ese mismo año. Nuevamente la iniciativa se vería frustrada cuando el Tribunal Supremo decretó la suspensión de las mismas. Como resultado de estas situaciones, las asperezas políticas entre Hamas y Fatah se volvieron a exponer.

Actualidad

La semana pasada, el Primer Ministro palestino, Rami Hamdallah, entró a la Franja de Gaza para formar parte del gobierno luego de 10 años, declarando que la unidad y la formación definitiva de un Estado Palestino tendrá que ser con la reconciliación política y geográfica. Para el cumplimiento de este objetivo ya se han formado tres comités que puedan trabajar en instalar ministerios palestinos en Gaza y comenzar a ocuparse de la mala situación de vida que sufre la población en la Franja.

Mientras tanto, la población palestina continúa mostrando su descontento con Mahmoud Abbas y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), ya que no se ven soluciones a los múltiples conflictos que tiene la sociedad. Algo que agravó el descontento fue la llamada Ley Abbas, focalizada en los delitos informáticos donde se entiende que los primeros objetivos serán los periodistas palestinos que sean críticos al líder político. De hecho, ya hubo periodistas detenidos que trabajan en medios afines a Hamas.

La ocupación israelí sigue siendo el problema principal que atraviesa la vida de los palestinos. Los asentamientos israelíes continúan construyéndose en Cisjordania, el bloqueo a Gaza hace que casi 80% de la población se encuentre bajo la línea de pobreza, el muro del apartheid sigue en pie y el asedio de las fuerzas israelíes a la población civil se vive día a día. Ante esta situación es que la reconciliación política aparece como una necesidad de urgente para toda la población palestina de ambos territorios.

Estamos frente a un momento que puede llegar a ser histórico, la unidad geográfica y política es lo único que podría otorgarles mayor fuerza a los palestinos para luchar contra el asedio y la colonización por parte del Estado de Israel.

 


 

 

ONU ENVÍA CARTAS DE ADVERTENCIA A 150 COMPAÑÍAS QUE TRABAJAN EN LOS ASENTAMIENTOS ISRAELÍES EN PALESTINA

Refuerzo a la Campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones

(BDS) a Israel

Hace dos semanas, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU empezó a enviar cartas a 150 compañías en Israel y el resto del mundo advirtiéndoles de que iban a ser incorporadas a una base de datos de empresas que hacen negocios en los asentamientos israelíes de Cisjordania y Jerusalén Oriental, según declararon a Haaretz funcionarios israelíes y diplomáticos occidentales relacionados con este tema.  

El funcionario israelí, que pidió permanecer en el anonimato debido al carácter confidencial del tema, señaló que las cartas, enviadas por el propio Comisionado, el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein, advertían a estas compañías de que estaban haciendo negocios en “los territorios palestinos ocupados” y, por tanto, su nombre podría incorporarse a la lista negra elaborada por la ONU de empresas que operan violando “la legislación nacional y las decisiones de la ONU”. Dichas cartas, cuyas copias llegaron hasta el gobierno israelí, solicitan a las compañías que aclaren a la Comisión sus actividades empresariales en los asentamientos.

 

Un diplomático occidental, que también pidió permanecer anónimo, indicó que 30 de esas 150 compañías son estadounidenses y otras proceden de países como Alemania, Corea del Sur y Noruega. La mitad son israelíes.

 

En agosto, el Washington Post informó de que entre las compañías estadounidenses que habían recibido cartas se encontraban Caterpillar, Priceline.com, TripAdvisor y Airbnb. Según la misma información, la Administración Trump está intentando trabajar con la Comisión de Naciones Unidas para los Derechos Humanos para evitar la publicación de la lista. La cadena de televisión israelí Channel 2 informó hace dos semanas de que la lista incluía algunas de las mayores compañías en Israel, como Teva, Bank Hapoalim, Bank Leumi, Bezeq, Elbit, Coca-Cola Israel, Africa-Israel, IDB, Egged, Mekorot y Netafim.

 

Funcionarios israelíes de alto nivel temían que la desinversión o la reducción de actividades empresariales debidas a la lista negra hubieran empezado a convertirse en realidad. Según sus informaciones, la Oficina de Asuntos Estratégicos del Ministerio de Economía estaba al tanto de que algunas de las empresas receptoras de la carta habían respondido al Alto Comisionado afirmando su intención de no renovar los contratos vigentes ni firmar otros nuevos.

 

Estas compañías no pueden diferenciar entre Israel y los asentamientos, por lo que están dando por terminadas todas sus operaciones”, según el alto funcionario israelí. “Las compañías extranjeras no van a invertir en algo que apesta a problemas políticos: esto podría tener el efecto bola de nieve”.

 

Un comité interministerial compuesto por los ministerios de Asuntos Exteriores, Asuntos Estratégicos, Justicia y Economía continúa trabajando para intentar evitar la publicación de la lista. Sin embargo, según estiman la mayor parte de funcionarios implicados en esta iniciativa gubernamental, la publicación es inevitable y la lista probablemente se dará a conocer a finales de diciembre. 

Para intentar minimizar el daño potencial, el gobierno israelí está contactando con las compañías extranjeras incluidas en la lista, haciendo hincapié en su insignificancia y en que su carácter no es vinculante. También les ha comunicado que está manteniendo contactos con los gobiernos extranjeros para informarles de que la utilización de dicha lista significa cooperar en el boicot a Israel.

En marzo de este mismo año, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos con sede en Ginebra aprobó una resolución propuesta por la Autoridad Palestina y las naciones árabes, para crear una base de datos de compañías israelíes y extranjeras que tuvieran relaciones comerciales directas o indirectas en Cisjordania, Jerusalén Oriental o los Altos del Golán. La resolución fue aprobada a pesar de la enorme presión ejercida por Estados Unidos para suavizar el texto de la misma. La Unión Europea intentó asimismo llegar a un acuerdo con los palestinos para retirar la cláusula en la que se estipula la publicación de la lista negra, a cambio del apoyo europeo al resto del articulado, pero el intento fracasó.   

 

Por: Barak Ravid, Haaretz.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo.

Publicado en Rebelión el 02 de octubre de 2017.

Fuente: https://www.haaretz.com/israel-news/1.814658

El presente artículo puede reproducirse libremente a condición de que se respete su integridad y se nombre a su autor, su traductor y a Rebelión como fuente del mismo.


ISRAEL SE BURLA DEL MUNDO CON LOS ASENTAMIENTOS ILEGALES

El régimen de Israel aprobó nuevas construcciones en la Cisjordania ocupada, y con esta medida, se está burlando de toda la comunidad internacional.

En este artículo, analizamos diferentes aspectos de esta medida y las consecuencias que podría conllevar la inacción de las organizaciones competentes al respecto.

Ocupación de territorios palestinos

El 2 de noviembre de 1917, el secretario de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, publicó una declaración favorable a la creación de un hogar para los judíos dentro de los territorios de Palestina. Solo un año después de esta declaración, en 1918, el Reino Unido ocupó Palestina y entre 1919 y 1923, unos 35 mil judíos emigraron hacia estos territorios. También, entre 1932 y 1935, otros 145 mil entraron ilegalmente con apoyo del Gobierno británico. La ola migratoria fue de tal manera que el censo realizado en 1938 mostró un aumento del 30 por ciento en la población judía en esos territorios.

La situación avanzó al punto de que, en 1945, en un acto coordinado con Washington, Londres envió otros cien mil judíos desde Europa y EE.UU. a Palestina y, en ese año, la población judía conformaba ya el 32.9 por ciento de los residentes en el país árabe. En 1948, los judíos saquearon las tierras de los palestinos y motivaron la migración de cientos de miles de ellos. En estas circunstancias, el Reino Unido dejó el Mandato de la Sociedad de Naciones sobre Palestina y el entonces premier israelí, David Ben-Gurión, declaró la independencia de su régimen dentro de los territorios palestinos.

A partir de esa fecha, los israelíes atacaron en varias oportunidades a los países árabes de la región y al resto de los territorios palestinos. En 1967, los israelíes mediante la Guerra de los Seis Días se hicieron con el control de una mayor parte de los territorios árabes y palestinos. Esta ocupación provocó la rabia de los palestinos que veían cómo saqueaban sus tierras y no toleraban la violación de su integridad territorial, no obstante, el apoyo de los patrocinadores del sionismo impidió su victoria.

Israel sigue con su expansionismo

Israel no se ha limitado a los territorios que ocupó, incluso en 1967, y últimamente, está construyendo más viviendas. Este 24 de enero, el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, y su ministro de asuntos militares, Avigdor Lieberman, dieron su visto bueno a la construcción de 2500 viviendas en la Cisjordania ocupada, cuya mayoría se ubica en las colonias de los territorios palestinos. Este proyecto es el más grande que se ha adoptado en estas tierras desde 2013.

Días antes se había aprobado la edificación de 566 unidades residenciales en colonias ubicadas en Al-Quds, ocupada por Israel desde 1967. Cabe mencionar que más de medio millón de israelíes se han hospedado en más de 230 asentamientos judíos  en esta zona.

Las medidas expansioncitas del premier israelí se han intensificado especialmente desde que el republicano Donald Trump asumió la presidencia en EEUU. El magnate poco antes de llegar a la Casa Blanca, había asegurado al premier israelí que apoyara a su aliado Benyamin Netanyahu, diciendo: “No podemos seguir permitiendo que Israel sea tratado con tanto desprecio y total falta de respeto. Ellos solían tener un gran amigo en Estados Unidos, pero…….” Así que ya contando con el apoyo de EEUU, Israel quiere vengar al Consejo de Seguridad de la ONU y a todos aquellos que se le opusieron.

Israel se burla de las organizaciones competentes

Los nuevos asentamientos planeados por Israel son como una burla al Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea, la Liga Árabe y las organizaciones pro derechos humanos, como Human Rights Watch, y otras entidades que habían condenado estas acciones israelíes.

De hecho, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución con 14 votos a favor, el pasado 23 de diciembre, en la que condenó los asentamientos israelíes y los calificó de un obstáculo serio para la solución de dos Estados.

Por lo tanto, las duras reacciones desde Palestina hasta la ONU, la Liga Árabe y la UE no se hicieron esperar. El presidente palestino, Mahmud Abás, calificó el nuevo plan como provocativo y dijo: “El anuncio israelí de construir nuevas viviendas en los territorios ocupados no es más que una declaración de guerra a la paz, una declaración de guerra a la solución de dos Estados. Esto significa que el régimen de Tel Aviv está decidido a violar el derecho internacional y la resolución más reciente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

A su vez, la ONU y la UE lo calificaron de lamentable, y consideraron que aumentan las preocupaciones acerca del fin del conflicto israelí-palestino. En este contexto, la Liga Árabe emitió una contundente declaración y, a través de su secretario general, Ahmed Abulgueit, consideró el enfoque israelí como una forma de desprecio a la comunidad internacional.

Hay que ser conscientes de que Israel, con esta medida, está desafiando a las máximas organizaciones internacionales. El Consejo de Seguridad de la ONU tiene la labor de proteger la seguridad mundial y mantener la paz, la Unión Europea es un bloque importante económico y político, sin embargo, Tel Aviv los ignora y hace lo que le viene en gana. En cierta forma, cuestionando la legitimidad de estas entidades, razón por la cual, debe producirse una reacción seria, que vaya más allá de emitir comunicados y condenas sobre el papel. De no ser así, podrían salirse de control los intentos por mantener el orden internacional.

En este mismo contexto, la falta de acción real se puede señalar como otro punto que nos aclara los motivos del caso omiso de Netanyahu a las condenas internacionales. Hasta el momento, pese a que el régimen israelí ha provocado diferentes crímenes, como la matanza de palestinos en varias guerras, además de mantener el bloqueo a la Franja de Gaza, no ha habido ninguna medida seria ni severa en su contra, así que ya es inmune ante tales críticas y condenas.

Además, ahora con el apoyo de Trump, quien también ha asegurado que trasladará la embajada de los Estados Unidos desde Tel Aviv a Al Quds, Netanyahu seguirá intensificando sus presiones a los palestinos. Por lo tanto, si no se adopta una medida eficaz contra el extremismo del premier israelí, existe una posibilidad real de que se desate una nueva guerra que podría ser letal e incluso de desgaste que devastaría la región de Oriente Medio.

Por Rasoul Goudarzi

Rasoul Goudarzi es analista político internacional


 

Pedido de Solidaridad

¡Libertad a Badran Jaber!

¡Libertad a todos los presos palestinos administrativos!

Badran Jaber  tiene 71 años. Es un conocido activista de izquierda en la ciudad palestina de Hebron (Alkhalil). Badran es un preso político. En la noche del 9 de agosto una patrulla militar israelí fuertemente armada irrumpió en su casa donde reside junto a buena parte de su familia. Después de recluir durante un largo rato a punta de fusil a los adultos en una habitación y a los 7 nietos de 2 a 10 años en otra contigua, se despidieron llevándose a Badran detenido.

El 13 de agosto el comandante militar de la región firmó una orden de detención administrativa que significa que Badran queda detenido por varios meses sin proceso judicial. El recurso presentado por su abogado obtuvo tan solo que lo presentan regularmente ante un juez militar. Éste recibe un informe confidencial de los servicios de inteligencia que no es presentado al abogado defensor y ratifica la orden de detención administrativa. No se presentan pruebas, no se le informa de que está acusado, no se le permite defenderse. Todo se resuelve en el triángulo entre el comandante militar del ejército y el fiscal militar que lo representa, el juez militar y el informe de inteligencia. ¡Aberrante práctica que a cualquier latinoamericano le recuerda las prácticas judiciales de las dictaduras militares!

Badran Jaber es un destacado activista que actuando en el marco del Comité de Defensa de Hebron (HDC) alza su voz contra la ocupación israelí de los territorios palestinos, que se opone a la colonización del centro de su ciudad Hebron por parte de colonos fanáticos israelíes defendidos por el ejército de ocupación que maltratan diariamente a los habitantes palestinos. Badran Jaber es también un militante de izquierda que no calla tampoco frente a las arbitrariedades y las injusticias de la misma Autoridad Palestina. Badran lucha por la liberación nacional del pueblo palestino, pero sabe distinguir muy bien entre los gobiernos de ocupación de Israel y los colonos racistas y los israelíes como personas. Badran Jaber ha recibido amistosamente en su ciudad a cientos de israelíes solidarios con la lucha de su pueblo. Badran Jaber siempre expresa interés por las luchas sociales en Israel, por lo que sucede a nivel sindical, por las luchas contra la discriminación étnica que sufren los judíos del Medio Oriente, por las luchas por la vivienda social, por el despertar democrático de algunos sectores dentro de Israel.

Badran Jaber está detenido sin posibilidad de defenderse de acusaciones que ignora. Lamentablemente él ya pasó gran parte de su vida adulta en la cárcel. Desde su juventud en los años 70 y hasta ahora suma casi tantos años en prisión como en libertad. Nunca se ha quejado, tampoco ahora. Badran no piensa cesar de expresar su consistente oposición a la ocupación militar israelí y a los colonos que avanzan desplazando a los palestinos de viviendas y edificios públicos en el centro de su ciudad. No va a renunciar a su compromiso nacional y democrático. Badran Jaber ya tiene 71 años y sigue luchando. Amira Hass, la periodista israelí que mejor cubre en Haaretz los territorios palestinos, lo ha visto en la reciente sesión en el juzgado militar en la que fue extendida la orden de detención administrativa. Badran Jaber estuvo horas esperando en el insoportable calor de agosto en condiciones muy duras, tanto más para él que sufre de diabetes, que fue recientemente operado del corazón y que necesita comer y beber con regularidad para tomar sus medicamentos con los que enfrenta a un cáncer. Badran Jaber es fuerte y es consecuente, pero es también un ser humano que está sufriendo una prisión arbitraria que pone en peligro su vida y que le niega sus derechos humanos más básicos.

¿Por qué les cuento todo esto? Badran Jaber es tan solo un entre unos 450 presos palestinos bajo detención administrativa en estos momentos.

Pero Badran Jaber es para mí y para mis compañeros del movimiento judeo-árabe Hithabrut - Tarabut un compañero, un amigo, con quien tuvimos varias oportunidades de encontrarnos. Badran Jaber es un interlocutor importante de cualquier diálogo que plantee la lucha conjunta contra el racismo y la ocupación en este país. Badran Jaber es un ejemplo vivo que se puede ser inflexible y consecuente en la lucha contra el colonialismo sin perder la perspectiva humana y democrática. Por eso me parece particularmente urgente solicitarles que tomen una actitud solidaria exigiendo la libertad de Badran Jaber y de todos los presos políticos palestinos.

¿Qué pueden hacer?

Primero, difundir este llamado por las redes sociales. Para que esta realidad se conozca y para que los burdos propagandistas que argumentan falsamente que Israel es un estado democrático reciban una simple y contundente respuesta. En estados democráticos no hay “presos administrativos”, bajo la soberanía de estados democráticos no hay millones de personas sin derechos ciudadanos, estados democráticos no despojan sistemáticamente tierras de manos de un grupo étnico para favorecer a otro.

Luego si son miembros de organizaciones, asociaciones, movimientos de todo tipo, pueden ustedes solicitar que estos se expresen públicamente y ante los representantes del estado de Israel en sus países exigiendo la inmediata liberación de Badran Jaber y de todos los presos administrativos.

Y también pueden establecer contacto con el Comité de Defensa de

Hebron - Hebron Defense Committee لجنة الدفاع عن الخليل – expresando vuestra solidaridad.

Quedan autorizados a publicar y reproducir este texto, sin modificaciones, en cualquier medio de comunicación.



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¡Libertad a Badran Jaber!

¡Libertad a todos los presos palestinos administrativos!

 

 

Sindicato de 310.000 trabajadores canadienses boicotea a Israel

La mayor central sindical del sector privado de Canadá se adhiere al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) al régimen de ocupación israelí.

“Unifor apoyará esa forma de BDS hasta el momento en que Israel aplique una prohibición permanente a la construcción de nuevos asentamientos en los territorios palestinos ocupados y empiece negociaciones de buena fe con representantes del pueblo palestino con el propósito de establecer un Estado palestino viable, contiguo y auténticamente soberano”, puede leerse en la moción, citada este domingo por el diario Haaretz.

Pese a saltar ahora a los titulares, fue hace dos semanas cuando se aprobó “con holgura” la moción, que lleva por título “La autodeterminación palestina y el Movimiento por el Boicot, la Desinversión y las Sanciones” (aquí, en inglés en pdf) y llama a boicotear, concretamente, “los sectores de la economía y la sociedad de Israel que se benefician de la ocupaciónen curso de los territorios ocupados palestinos”.

El texto no precisa qué parte de Palestina considera “territorios ocupados”, si todo el país o sólo Cisjordania —incluido el este de Al-Quds (Jerusalén)— y la asediada Franja de Gaza, pero recuerda que la Corte Internacional de Justicia ha declarado ilegales (hace ya más de 13 años) los asentamientos israelíes en los territorios invadidos desde 1967.

Aun así, la central sindical denuncia en el documento, presentado por su delegación local 222 en el Consejo Canadiense celebrado entre el 18 y el 20 de agosto en Winnipeg (capital de la provincia de Manitoba, en el centro del país), que el régimen de Tel Aviv sigue “agrandando asentamientos y demoliendo hogares palestinos”.

Con todo, los sindicalistas canadienses se cuidan bien de señalar que no “condona el uso de la fuerza contra civiles inocentes”, sin más precisiones, “ni otras violaciones de derechos humanos” por “ninguna de las dos partes del conflicto”.

La adhesión al boicot de Unifor (acrónimo inglés de “Unión por Canadá”) es significativa por su énfasis en la necesidad de contigüidad territorial del Estado palestino y por la intensa actividad desarrollada en Norteamérica por los grupos de cabildeo sionistas para impedir a la población abstenerse de participar con su dinero en la ocupación de Palestina. El Parlamento canadiense aprobó el año pasado una moción contra el BDS.

 

Fuente: http://www.hispantv.com/noticias/canada/352386/unifor-sindicato-trabajadores-boicot-israel-bds

Almagro, Israel y la mentira como política continental

por María Landi

El Secretario General de la OEA Luis Almagro, no contento con promover la intervención externa en Venezuela -en lugar de tender puentes para reducir la polarización social-, recientemente ha sumado motivos para la indignación popular al visitar Israel y hacer declaraciones que nos ofenden.

Almagro no habló como el representante de un organismo internacional, sino como un simple propagandista de Israel, presentándolo como un Estado normal, progresista y moderno, respetuoso de la democracia y los derechos humanos. Curioso concepto de democracia tiene el Secretario General de la OEA, que para él es compatible con el nacionalismo religioso, la ocupación colonial y el apartheid.

Por contraste, esta semana en una conferencia en la UNAM de Ciudad de México, el historiador israelí Ilan Pappé dejó claro que el Estado de Israel, nacido de la destrucción del pueblo, el territorio y la cultura árabes de Palestina, se sostiene desde hace siete décadas en base a un régimen de limpieza étnica, ocupación militar, colonización territorial y apartheid jurídico.

Ese Estado controla por la fuerza la totalidad del territorio de la Palestina histórica, desde el Mediterráneo hasta el Jordán, manteniendo a la mitad de la población que vive en él (unos seis millones de personas) sin absolutamente ningún derecho (en los territorios ocupados) o con derechos limitados (dentro de Israel) por el simple hecho de no ser judía. Y al tiempo que promueve la inmigración de población judía de todo el mundo, le niega a otros seis millones de palestinos/as el derecho de regresar a su tierra, obligándoles a vivir en el exilio o en miserables campos de refugiados en los países vecinos.

Israel es el Estado que ha desconocido e ignorado más resoluciones de la ONU desde 1948 hasta el presente (incluyendo la Corte Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad). Además de las numerosas resoluciones incumplidas, Israel comete diariamente crímenes de guerra -según el Derecho Internacional Humanitario- contra la población palestina. Entre ellos, desplazamiento forzado, traslado de población ocupante al territorio ocupado, apartheid (como recientemente afirmó la CESPAO, un órgano de la ONUy genocidio incremental, como llama Ilan Pappé a la combinación de limpieza étnica gradual (en Cisjordania y Jerusalén Este) con ataques y bombardeos periódicos (en Gaza).

Pappé dejó claro lo que hemos dicho en esta columna muchas veces: el llamado “conflicto” palestino-israelí no es una disputa entre dos pueblos por la misma tierra, sino el resultado de una ideología y un proyecto colonial surgidos en Europa a fines del siglo XIX (el sionismo), que se propuso apropiarse del territorio de Palestina, expulsando a su población árabe nativa para sustituirla por colonos (judíos) provenientes de otros países. Los colonos sionistas europeos y blancos que llegaron a Palestina no eran descendientes de las y los palestinos originarios de religión judía, que hasta 1948 convivían pacíficamente con sus compatriotas de religión musulmana y cristiana –en Palestina y en todo el mundo árabe.

En sus declaraciones Almagro afirmó también que los pueblos latinoamericanos tenemos “los mismos principios y valores de respeto a la democracia y los derechos humanos” que Israel. Palabras similares suelen estar en boca de diplomáticos y representantes del régimen sionista en nuestros países. Semejantes afirmaciones deberían ser respondidas categóricamente con una indignación generalizada, pero la verdad es que suelen pasar desapercibidas y hasta toleradas.

A menudo me pregunto por qué los pueblos latinoamericanos, que tenemos siglos de resistencia contra el racismo y el colonialismo, y varias décadas de lucha contra el autoritarismo militar y el terrorismo de Estado, nos dejamos insultar por representantes de un Estado que mantiene la ocupación colonial más larga de la historia moderna (la única que queda en la agenda de la ONU desde su creación) y nos la presenta como “la única democracia de Medio Oriente”.

La dura verdad es que América Latina -al igual que otras regiones del llamado Sur Global- se está convirtiendo en la retaguardia estratégica de Israel, ante el deterioro acelerado de su legitimidad en el hemisferio Norte como consecuencia del avance de la campaña mundial de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). El sionismo está desplegando en nuestro continente una preocupante ofensiva diplomática, económica y mediática, buscando incrementar su influencia, especialmente a través de la OEA y el BID.

Detrás de su interés en “cooperar” con nuestros países en cuestiones como tecnología agrícola y de irrigación (desarrollada tras décadas de despojo de sus recursos hídricos a las comunidades palestinas, mediante un verdadero apartheid del agua), Israel esconde su codicia por nuestros recursos estratégicos (por ejemplo, el acuífero Guaraní en América del Sur) y también su intención de exportar a nuestros países su modelo de Estado segurocrático, militarizado y represivo.

Aprovechándose de una coyuntura mundial donde aumentan el miedo al terrorismo y la islamofobia, de la impunidad que le ofrece la Era Trump y del giro hacia la derecha en nuestros países, Israel ve una oportunidad única para vendernos su industria de seguridad y armamentística (con el valor agregado de “probado en terreno”, es decir, en los cuerpos palestinos), así como su experticia en la lucha contra “el terrorismo” -que no es otra cosa que la represión brutal de la población palestina, que resiste mayoritariamente por medios no violentos al despojo de su tierra.

Quienes sufrimos el terrorismo de Estado reconocemos a un Estado terrorista, y debemos rechazarlo. Así como rechazamos la incitación de Almagro a la intervención externa en Venezuela, debemos rechazar su trabajo de blanqueo (‘whitewashing’) para normalizar los crímenes de Israel. No tiene nada de ‘normal’ un régimen que desde hace siete décadas viola sistemáticamente todos los derechos humanos del pueblo palestino, asesinándolo extrajudicialmente, encarcelándolo indefinidamente sin cargos ni juicio, apresando a sus niños por tirar piedras al ejército de ocupación y juzgándolos en tribunales militares, robándole y negándole su agua, expulsándolo de sus tierras, demoliendo sus casas, escuelas y hospitales como castigo colectivo o para vaciar la tierra y entregársela a colonos judíos, y permitiendo que éstos roben, destruyan y quemen cultivos, casas y propiedades palestinas con total impunidad.

Los pueblos latinoamericanos no tenemos ningún valor ni principio en común con Israel. Por el contrario, estamos por el fin de toda ocupación militar, de todo régimen colonial, racista y supremacista (basado en la superioridad de un grupo de población sobre otro, como es el caso de la etnocracia israelí), y por la autodeterminación de los pueblos, la misma que se le niega al pueblo palestino.

El paradigma de los derechos humanos y la democracia en el siglo XXI no admite que dos grupos de población viviendo en el mismo territorio sean gobernados por dos sistemas legales y jurídicos distintos en función de su origen étnico o religioso (civil para la población judía, militar para la población palestina), o que la población no judía sea discriminada por más de 50 leyes. Eso se llama apartheid, no democracia.

La mejor respuesta a las mentiras de Almagro como vocero del sionismo la dio Ilan Pappé al concluir su exposición en la UNAM: “Debemos entender que Palestina es un asunto de justicia social y moral. No es el peor conflicto que hay en el mundo, ni el movimiento sionista es el más cruel que ha existido en la historia. Pero es el relato más fabricado de nuestro tiempo. Es la historia más mentirosa del mundo. Y es la que muestra como ninguna otra la hipocresía y el doble rasero de Occidente. Hay muchos regímenes malos en el mundo, pero nadie los describe como positivos, o como “complejos”. El conflicto Palestina-Israel no tiene nada de complicado: es un caso clásico de colonialismo de asentamiento. Y la única solución es la descolonización de Palestina. Eso va a ocurrir cuando el mundo le diga a los sionistas: ‘No les creemos más su relato fabricado. Sabemos demasiado para creerles. ¡Dejen de mentir!’”

 

 

El sionismo se opone a la tradición judía y al liberalismo afirma Yakov Rabkin

El año pasado, uno de los libros más importantes de todos los tiempos sobre el sionismo, salió publicado en inglés por Pluto: What Is Modern Israel? , escrito por Yakov Rabkin, un profesor de Historia en la Universidad de Montreal. El tema central del libro es cómo los sionistas han explotado el judaísmo y las tradiciones occidentales para mostrar a Israel como una democracia liberal cuando en realidad es un proyecto nacionalista colonialista colgando de sus garras paranoides.

Rabkin tiene experiencia. Es un académico religioso y su judaísmo le ha llevado a abrazar un cosmopolitismo universalista a la hora de interpretar la historia de nuestro siglo. Dados sus antecedentes ha sido capaz de desafiar lo que llama el “clima de terror intelectual que rodea la cuestión de Israel”.

Con la lectura de su libro, se me ocurrió que el mayor servicio que podía ofrecer a un lector es desarrollar las ideas letales de Rabkin acerca de la naturaleza del “Estado judío” y el antagonismo esencial entre judaísmo y el sionismo. Lo que sigue es una larga secuencia de observaciones y conclusiones de Rabkin, todas las cuales tienen como objetivo poner fin a ese clima de terror y permitir que los occidentales hablen libremente acerca de la era sionista. Allí vamos.

Rabkin dice que el sionismo tiene cuatro objetivos esenciales. 1º.- “Transformar la identidad judía transnacional centrada en la Torá en una identidad nacional semejante a la de otros países europeos”. 2º.- “Desarrollar una nueva lengua vernácula”. 3º.- “Trasladar a los judíos de sus países de origen a Palestina”. Y 4º.- “Establecer el control político y económico sobre Palestina”.

Por lo tanto el sionismo es un caso de “modernización típica impuesta por el colonialismo occidental”, una política rechazada tanto por los árabes como por las poblaciones judías tradicionales.

En lo político Israel ha podido contar con el apoyo sólido de las élites de las naciones occidentales, en parte debido a los objetivos colonialistas del sionismo: “El carácter esencialmente europeo de esta colonia de reciente creación, que se asemeja en muchos aspectos a las antiguas colonias del Reino Unido a lo largo el mundo, también explica el apoyo occidental a Israel. Su identidad auto-atribuida como un ‘Estado judío’ viene de facto con la legitimidad de la renovación de la etnicidad como criterio de pertenencia“.

Rabkin toma nota de la tendencia popular que hemos estado describiendo: “la parcialidad occidental hacia Israel sufre de un déficit democrático: al contrario de sus élites, la mayoría de los ciudadanos de las naciones occidentales consideran al Estado de Israel una amenaza para la paz mundial”.

La distinción entre las alas izquierda y derecha del sionismo es mucho menos significativa de lo que es la hostilidad del sionismo al liberalismo:

 Es seguro que sería más útil hablar de una división entre el cosmopolitismo liberal y el nacionalismo étnico. El sionismo, por su parte, es fundamentalmente hostil al cosmopolitismo liberal, lo que explica por qué los sionistas de “izquierda” en Israel y en otros lugares han virado, en gran parte, a la “derecha”. Lo que une a los dos bandos -la convicción de la legitimidad del sionismo- es más sustancial que las diferencias de estilo o tácticas que los dividen .

Rabkin une el crecimiento del sionismo con la secularización de la identidad judía en la modernidad y la aspiración judía a la experiencia normal entre las naciones:

La identidad laica judía adquirió una dimensión sociocultural, aquella que conscientemente rechazaban y que el judaísmo pudo preservar, al menos por un tiempo, un lenguaje específico (yiddish), y algunos otros rasgos culturales. Esta nueva identidad se conjugó en una amplia gama de opciones políticas, a menudo de inspiración socialista o nacionalista. Con la consumación de la ruptura con la tradición, el concepto de judío laico, en desacuerdo con la visión tradicional judía, hizo posible redefinir a los judíos como “pueblo normal” y por lo tanto esto se convirtió en la piedra angular del sionismo.

Pero fue una definición especial de la condición de pueblo.

El concepto del pueblo judío en el que se basaba el sionismo tenía muy poco en común con las definiciones tradicionales del término. Los eruditos religiosos saben que: “la Torá, y sólo la Torá, otorga a los judíos una identidad colectiva”.

La tradición judía ha hecho del exilio el foco de la existencia judía. Dice el Rabino Samson Raphael Hirsch:

La Torá... nos obliga, hasta que Dios nos llame de nuevo a la Tierra Santa, a vivir y trabajar como patriotas dondequiera que Él nos haya colocado, para recoger todas las fuerzas espirituales, físicas, materiales y todo lo que es noble en Israel encaminado a promover la riqueza de las naciones que nos han dado refugio.

Pero la nueva identidad laica judía ganó popularidad en Europa del Este y, especialmente, en Rusia, y “eliminó la dimensión religiosa -y por lo tanto la normativa- de la identidad judía y retuvo sólo sus dimensiones biológicas y culturales”.

Al mismo tiempo que contrarrestaba la religión judía, el sionismo también contradijo al liberalismo: “los sionistas consideran una sociedad liberal y multicultural un importante obstáculo para la expansión de una conciencia nacional judía”.

Zeev Sternhell:

“Aceptar el concepto liberal de la sociedad significaría [para la intelectualidad nacionalista judía] el final del pueblo judío como una unidad autónoma”.

Por lo tanto, Rabkin dice: “La principal amenaza para el sionismo es el liberalismo europeo, que ofrece a los judíos una elección individual, pero según muchos sionistas les niega la oportunidad de vivir una verdadera vida nacional”.

El sionismo es en su origen una respuesta a los desafíos del liberalismo: “lejos, muchos más israelíes se instalan en las democracias liberales del mundo que los ciudadanos de esos países que emigran a Israel”. Eso vale para los judíos rusos también:

“De los 1,2 millones de judíos que emigraron desde Rusia a comienzos del siglo XX, apenas unos 30.000 palestinos llegaron a Rusia, y de ellos, sólo una cuarta parte permaneció allí”.

La tradición judía del exilio es tan fuerte que cuando a los judíos soviéticos se les permitió emigrar se pidió a Israel que llevase a cabo “una campaña diplomática a gran escala en un esfuerzo por convencer a sus aliados (principalmente los Estados Unidos y Alemania) para limitar la inmigración de judíos a esos países“.

Rabkin dice que el sionismo fue iniciado por judíos asimilados y laicos que sintieron que la emancipación les había otorgado la libertad de penetrar en los más altos niveles de la sociedad europea. Y habiéndose encontrado con el rechazo, buscaron una nación como otras naciones para contrarrestar esa frustración. Hasta el sionismo la Torá había sido la base de la unidad judía. Pero cuando volvieron a la tierra de Israel “ya no necesitaron seguir los preceptos [de la Torá], porque su conciencia nacional, como la experimentaban en la tierra de Israel, sería suficiente para sostener la unidad”.

Israel permitió a estos judíos perdonarse a sí mismos por la asimilación: porque se asimilaban a la historia “normal”:

“Sólo el Estado de Israel ofrece a los judíos la máxima libertad de rechazar totalmente su patrimonio espiritual y convertirse en 'pueblo normal'. La nueva identidad israelí parece facilitar la asimilación colectiva sin afectar en quienes la adoptan el sentimiento de culpa a menudo vinculado a la asimilación de manera individual“.

Rabkin cita el rabino Amram Blau diciendo que el sionismo trajo un mayor daño a los judíos que a los árabes:

“Los árabes pueden haber perdido sus tierras y sus hogares, pero al aceptar el sionismo los judíos han perdido su identidad histórica”.

Y cita a Meron Benvenisti, exalcalde de Jerusalén, que caracteriza el sistema inequitativo de los derechos de los judíos y de los palestinos ocupados como “la democracia de la Herrenvolk [raza superior]”.

La exaltación del volk por los sionistas como el tema exclusivo de la historia judía llevó a los rabinos a denunciar este “elemento cardinal” de la ideología sionista, dice Rabkin. A continuación cita a un rabino austríaco.

“No hay nación judía... los [judíos] deben cultivar el lenguaje hebreo antiguo, estudiar su rica literatura, conocer su historia, apreciar su fe y hacer los mayores sacrificios por ella; deben tener esperanza y confianza en la sabiduría de la divina providencia“.  

El sionismo depende del antisemitismo y también lo fomenta.

“El sionismo político promueve intencionadamente el antisemitismo”, escribió I.M. Rabinowitch en 1974. “Desde el principio ha tenido la política de incitar deliberadamente el odio al judío. Y a continuación, con horror fingido, señalar que justifica un Estado judío".

Rabinowitch dijo que el sionismo contiene las “mejores semillas fértiles para la proliferación del antisemitismo”: el concepto de la doble lealtad. A continuación Rabkin cita a un exdiplomático israelí que describe el papel de los judíos en Occidente como “la diáspora esclavizada por Israel”.

Aquí Rabkin no se intimida por el clima de terror intelectual. El vasallaje de la diáspora va más allá de la doble fidelidad a “una forma de lealtad exclusiva al Estado de Israel”. (Recuerde a Dennis Ross reclamando que los judíos de los Estados Unidos deben ser los “defensores” de Israel, no de los palestinos.) Rabkin dice:

“La defensa incondicional de Israel a la que ciertos líderes de la comunidad han empujado a los judíos, tiende a exponerlos a la crítica, que a su vez justifica el sionismo y hace indispensable el Estado de Israel como una póliza de seguro. Incluso los israelíes orgullosamente laicos encuentran que esta política es suicida para el futuro de la diáspora...

“La denigración de la vida judía fuera de Israel ha sido durante mucho tiempo una característica del pensamiento y la práctica sionista. La movilización de la diáspora para justificar cualquier acción política o militar que Israel podría emprender constituye su elemento crítico“.

No es que los sionistas supieran cómo tratar con los palestinos. Los activistas sionistas en Europa nunca conocieron la “variedad tolerante del nacionalismo” que distingue entre la nación, la religión, la sociedad y el Estado. Por el contrario, las dos consignas adoptadas por los pioneros sionistas ilustran claramente sus intenciones: “conquista mediante el trabajo” y hafradá (separación).

“En otras palabras, el movimiento sionista adoptó una política de desarrollo separado que permanece en vigor hasta el presente y explica en gran medida la perpetuación del conflicto con los palestinos y el aislamiento del Estado de Israel en la región”.

Estas políticas han dado lugar a una gran inseguridad en Israel. Hoy en día el término “seguridad” ha sustituido el concepto de autodefensa que se empleaba extensamente antes de la creación del Estado.

“Israel se considera a menudo un lugar de refugio, incluso el último refugio, y bien se puede haber convertido en el lugar más incierto de todos para los judíos... Ahora, a diferencia de los primeros años del sionismo, el sentido de víctima se ha convertido, a lo largo de las últimas décadas, en una parte integral de la identidad judía israelí.

“Algunos de los que han persistido en verse a sí mismos como víctimas se han dado cuenta de que en realidad son víctimas de la empresa sionista, que les ha sometido a guerras interminables y, en el caso de los judíos árabes, a una situación de inferioridad social y económica crónica”.

Estas condiciones generan la paranoia, que Rabkin remonta a una maldición bíblica: “huiréis aunque nadie os persiga” (Levítico).

Los israelíes judíos son conscientes en algún nivel de que su país se basa en fundamentos inestables:

La sensación de fragilidad es alimentada por la conciencia de la hostilidad palestina y de la hostilidad de la población de la región en su conjunto, una hostilidad que a menudo se atribuye a las llamadas causas “esencialistas” –la religión islámica y el odio irracional a los judíos- más que a causas sociales y políticas perfectamente comprensibles, como la ira generada por la discriminación, el despojo y la expulsión de la población nativa.

La exigencia de los líderes israelíes de que otros reconozcan a Israel como un Estado judío “da testimonio de la fragilidad del Estado de Israel, resentida por muchos sionistas a pesar de su poder y prosperidad”. Mientras que los temores sionistas de convertirse en una minoría hacen que se fomenten las políticas de inmigración discriminatorias que sólo agravará el problema.

“El auto-odio judío” –el rechazo de la tradición judía- ha sido un sello distintivo de la ideología sionista del renacimiento nacional. Y esto también socava cualquier sentido de la permanencia de Israel.

“La tradición judía enseña que los judíos deben tener en cuenta la impresión que pueden causar en los demás, incluso en los que les han perseguido en el pasado... Pero el sistema de educación sionista desde sus inicios ha promovido el uso de la fuerza, la autoafirmación y la combatividad. Los sionistas han considerado la obligación de comportarse como ejemplos morales con desprecio y burla, cuidándose poco de la impresión que ellos, y más tarde su Estado, causaron en el mundo, y sobre todo en sus vecinos inmediatos. Ben Gurion formuló la proposición de este modo: "Lo que importa es lo que los judíos hacen, no lo que piensan los goyim”.

Así, el sionismo produjo un Estado que rechazó el “judaísmo y su humildad”. La nueva cultura sionista/israelí se ve como europea a ultranza. “Así fue como docenas de canciones, canciones de cuna y cuentos infantiles fueron traducidos del ruso al hebreo durante los primeros años de la colonización sionista”. ¡Pero no canciones árabes!

Los sionistas utilizaron la violencia para despojar a los judíos de su tradición religiosa:

“Muchos de los fundadores de los grupos armados judíos, tanto en Rusia como en Palestina, también reconocieron que el uso de la fuerza era una manera de quebrantar a los judíos su tradición judía”.

El Holocausto jugó un papel importante. Citando a un historiador israelí, Rabkin dice "en la política israelí, la lección que se extrae convenientemente de la Shoah es que un judío desarmado no vale más que un judío muerto". Rabkin agrega con advertencia: "Sin embargo otra lección que podría extraerse de la tragedia que sufrieron los judíos de Europa sería fomentar la desconfianza de los estados poderosos que desprecian la moralidad del individuo, practican la discriminación racial y cometen crímenes contra la humanidad".

Los espacios cívicos en Israel se asocian sobre todo con "la muerte de la patria", un vínculo que se remonta al comienzo de la colonización sionista, dice Rabkin. Y señala que la advertencia de Hannah Arendt cuando afirma que el líder nazi Adolf Eichmann no es culpable de "crímenes contra el pueblo judío", sino de responder normalmente a un sistema burocrático malvado, encierra "un significado universal y que debe ser una advertencia para cualquier estado que adopte la discriminación étnica como política de Estado".

"No hay duda de que después del genocidio nazi el uso de la fuerza se convirtió en un artículo de fe para un gran número de judíos. Dudar de la legitimidad y la eficacia de la fuerza es, en los círculos sionistas, equivalente a la traición".

Ese artículo de fe ha hecho que Israel derogue el derecho internacional: “Desde la proclamación del Estado, la política israelí ha permanecido constante. Refleja el imperativo de perpetuar un Estado establecido en contra de la voluntad de la población árabe nativa ocupando predominantemente tierras que le habían pertenecido... el comportamiento de Israel, la encarnación del principio 'el poder tiene la razón' ha socavado las bases mismas del derecho internacional público concebido para reducir los conflictos y promover la paz“.

Rabkin es claro acerca del carácter racista de ciertas instituciones israelíes como el Fondo Nacional Judío (KKL): “Esta institución ha desempeñado un papel crucial en el desarrollo del Estado sionista. En respuesta a una acción antidiscriminación interpuesta contra el KKL en 2004, la organización confirmó que 'la lealtad del KKL es al pueblo judío y sólo a él está obligado. El KKL, como dueño de la tierra, no tiene el deber de practicar la igualdad con todos los ciudadanos del Estado”.

Entre los judíos ortodoxos la crítica del sionismo está viva:

“Mientras que el respetado intelectual israelí Boaz Evron argumenta que 'el sionismo es de hecho la negación del judaísmo', las palabras que durante décadas están escritas en las paredes del barrio haredí de Mea Shearim en Jerusalén se hacen eco de esta posición fundamental: 'el judaísmo y el sionismo son diametralmente opuestos uno al otro'”.

Y, por supuesto, la reputación internacional del sionismo se ha trastocado:

“El sionismo como símbolo de la lucha contra el racismo y por los derechos humanos ha adquirido las características de una ideología que produce el racismo judío y un sistema institucional que tiene mucho en común con el apartheid sudafricano.

“El Estado sionista, que debía haber sido un instrumento de liberación nacional, se ha convertido en realidad en un experto manipulador que ha intentado monopolizar el control de la tierra, el agua y otros recursos del país”.

Eso repele muchos sionistas: “La emigración afecta principalmente a los estratos más instruidos de la población. Se estima que un 25 por ciento de los académicos israelíes trabajan en los Estados Unidos“.

Ellos entienden que el sionismo está fuera de sintonía con la historia: “La tendencia posmodernista presagia el colapso del sionismo, ya que el nacionalismo se percibe como una forma de opresión que debe dar paso a la afirmación de la alteridad y el multiculturalismo”.

Rabkin ve la cultura política israelí cada vez más autoritaria:

La corriente totalitaria no da señales de disminuir. Si bien algunas preguntas de fondo sobre ciertas políticas israelíes son a veces toleradas, no solamente las críticas fundamentales al sionismo son deslegitimadas, sino también cualquier individuo que se hubiera atrevido a formular estas críticas en el pasado. Son excluidos sistemáticamente de las actividades comunitarias...

Recordemos que los líderes del sionismo socialista tomaron la decisión de asesinar a Jacob de Haan [en 1924], sobre todo, porque “hablaba mal del movimiento con el mundo exterior”.

Esta cultura totalitaria tiene implicaciones especiales para los judíos norteamericanos, los que sostienen la doctrina sionista y aquellos que no lo hacen:

La susceptibilidad ante cualquier crítica a Israel se explica fácilmente por el hecho de que para muchas personas la lealtad a Israel ha reemplazado largamente al judaísmo como principio de anclaje de la identidad judía. Pero en la diáspora esta lealtad llega a ver un Estado ideal, incluso imaginario, y no al real y existente de Israel, una potencia económica y militar que domina la región. Sin embargo también existe una identidad judía cuyo contenido único es criticar e incluso denunciar al Estado de Israel...

El autor comparte la esperanza de que Israel se transforme:

Un expresidente de la Knesset, Avraham Burg, cree que la conversión de Israel en un Estado de sus ciudadanos y que borre su naturaleza judía es “nuestra única esperanza de supervivencia”. Yitzhak Laor, destacado poeta e intelectual, argumenta, “No tenemos que dejar este lugar o renunciar a nuestras vidas... hay que deshacerse del sionismo“.

Rabkin cita a otros judíos antisionistas sobre la urgencia de esta idea:

Al aceptar la idea de que las estructuras del sionismo podrían simplemente ser desmanteladas, el rabino Moshe Sober hace hincapié en su aspecto psicológico y expresa un optimismo cauteloso sobre su sentido práctico: “Una solución no es imposible; ni siquiera es particularmente costosa. Sin embargo, nunca se logrará a menos que nos permitamos olvidar por un momento nuestras apreciadas creencias por las cuales hemos sacrificado muchas vidas, y, en cambio, mirar la actual situación real. Debemos dejar de tratar a Israel como un sueño romántico y aprender a verlo como un país heterogéneo en el que dos poblaciones étnicas fieramente orgullosas y de tamaño similar están luchando por el control...".

El entendimiento de Sober conduce al reconocimiento del apartheid: “Toda discusión de la ocupación simplemente esconde otra realidad, concluye [Sober]. Israel se ha convertido de hecho en un Estado binacional que niega los derechos políticos a una de esas naciones“.

Rabkin es también crítico de la necesidad de Israel de la supremacía geopolítica en su región. También en este caso se ve el racismo:

A pesar de que tanto Israel como Estados Unidos poseen armas nucleares se niega a Irán el derecho a adquirir armas similares, argumentando que sus gobernantes son fanáticos religiosos irracionales. Es evidente que el principio de la doble moral está en juego, reflejando la reactivación del concepto de los llamados países civilizados que, en contra de la evidencia empírica, afirman que poseen el monopolio de la racionalidad en la política internacional .

El sentido de superioridad no tiene nada que ver con el judaísmo o el antisemitismo. Es inherente al sionismo, que se opone al liberalismo.

Las referencias al judaísmo y la tradición judía son de poca ayuda para la comprensión del Israel contemporáneo; todo lo contrario, son más propensas a inducir a error, porque el sionismo y el Estado que encarna son fenómenos revolucionarios. Es más fácil, de hecho, entender la política, la estructura y las leyes de ese Estado sin ninguna referencia a los judíos o a su historia.... Por tanto, es impreciso hablar de un “Estado judío” o un “lobby judío”: “Estado sionista” y “lobby sionista” sería más apropiado.  

Israel ha... conseguido que la perspectiva sionista –antiliberal por definición- se vuelva aceptable para el público en general, así como para los medios de comunicación y el mundo académico, incluso en países con una larga tradición liberal donde el Estado, antes que la lealtad confesional, o “tribal”, garantiza teóricamente los derechos del ciudadano ...El Fondo Nacional Judío, que durante un siglo ha ido estableciendo asentamientos segregados que están fuera del alcance de los árabes, no sólo goza de los beneficios fiscales canadienses, sino también de la participación de personal de los altos cargos federales en los esfuerzos de recaudación de fondos para la organización.

Hay que criticar a los líderes judíos de Estados Unidos por ser tan buenos sirvientes voluntarios de esta ideología, dañando tanto las nociones de ciudadanía estadounidense como israelí:

Los líderes de las principales organizaciones judías en Estados Unidos y otros países actúan de forma rutinaria en nombre de Israel... Esos líderes parecen haber pasado por alto los límites de la “doble lealtad” cuando a menudo los judíos son acusados ​​de amparar, insistiendo en que la lealtad al Estado de Israel debe prevalecer sobre todo los demás, incluida la lealtad a su propio país.

Esto conduce a la transformación cada vez más evidente de las organizaciones judías de todo el mundo en vasallos israelíes. Por otra parte, haciendo hincapié en la primacía de una “nacionalidad judía”, étnica y confesional definida, el Estado de Israel da la espalda a la idea de una “nacionalidad israelí” que reflejaría la sociedad multicultural que ha tomado forma en esta tierra en el Mediterráneo oriental durante el último siglo…

Los líderes israelíes ignoran las fronteras, intervienen en el proceso político de otros países, particularmente en los Estados Unidos donde Israel a menudo pone al Congreso en contra de la Casa Blanca. En el Oriente Medio, el ejército de Israel no presta atención a las fronteras, golpea objetivos en los países vecinos, con intervenciones llevadas a cabo con llamativa impunidad...

La conclusión de Rabkin es que el sionismo es, en sí mismo, una receta de conflicto interminable:

“Israel, a pesar de su abrazo a la modernidad, permanece encadenado por la ideología sionista, que asegura que a pesar de su avanzada edad sigue siendo una experiencia fronteriza plagada de conflictos internos y externos”.

por Philip Weiss 

Mondoweiss – 05.07.2017

Fuente: http://mondoweiss.net/2017/06/devastating-tradition-liberalism/

 

 

Zaha Hassan*: ¿Todavía esperando al Gandhi palestino? Ella/él ya está aquí

La segunda pregunta más común que se le hace a una persona palestino-americana (después de “¿Dónde está Palestina?”) es: “¿Dónde está el Gandhi palestino?”.

Los estadounidenses quieren saber por qué los palestinos no emplean tácticas no violentas para poner fin a tantas décadas de opresión y colonización de su tierra.

Por supuesto, implícita en esta pregunta está la suposición −cultivada por las representaciones del “árabe enojado” y el musulmán nihilista en los medios masivos (así como por campañas de incidencia bien financiadas por grupos de presión y sus “think tanks”), que presentan a todo el Medio Oriente como un hervidero de odio contra el Occidente cristiano− de que los palestinos están genéticamente predispuestos a la violencia.

La verdad es que si alguna vez se le diera el Premio Nobel de la Paz a un pueblo entero por la moderación que ha demostrado y la obstinada determinación de sobrevivir, perseverar y construir un mañana mejor, a pesar de los intentos sistemáticos de borrarlo −incluso de los intentos de negar su misma existencia, a lo Golda Meir−, habría que dárselo al pueblo palestino.

Porque ¿dónde hay otro precedente de encarcelamiento de dos millones de personas, deliberadamente convertidas en dependientes de alimento, agua y energía durante una década entera, mientras persiste la narrativa de que todo se justifica por la “seguridad” de Israel, como el que sufre actualmente Gaza?

¿Dónde hay otro precedente de siete millones de personas a las que se les niegue el derecho de regresar a sus hogares y propiedades confiscadas hace siete décadas, simplemente porque son de la religión equivocada, mientras que nuevos asentamientos ilegales se expanden furiosamente en el pedazo de tierra de Cisjordania que se supone debería formar parte de su futuro Estado?

¿Dónde hay otro precedente de estados y organismos multilaterales responsables de garantizar la aplicación del derecho internacional y la legalidad, exigiéndole a un pueblo ocupado que haga cada vez más concesiones, y que negocie para legitimar los crímenes de guerra y normalizar la existencia de su ocupante?

La verdad es que cada niñita de Cisjordania que cruza un puesto de control militar para llegar a la escuela es una Rosa Parks. Cada prisionero que arriesga su vida durante semanas en una huelga de hambre para desafiar su encarcelamiento y las condiciones del mismo es un Mandela, y cada residente de Gaza que sobrevive a las privaciones deshumanizantes es un Gandhi palestino.

¿Cuántos miles de alfombras de oración más tienen que desplegarse en las calles de Jerusalén para que la resistencia no violenta palestina sea no sólo reconocida sino apoyada y alentada? ¿Cuántas protestas semanales más deben tener lugar en Bi’lin y otras aldeas en Cisjordania? ¿Cuántas carpas de la paz más tienen que ser levantadas y derribadas en Jerusalén y en el Naqab?

La verdadera cuestión, sin embargo, no es cuantificar las protestas, sino asegurarse de que el mundo las conozca.

Gandhi sabía esto. Martin Luther King Jr. lo sabía también. Y el gobierno israelí, [el lobby judío] AIPAC y los interesados ​​en mantener el dominio de Israel sobre Palestina lo saben. Y es por eso que proyectos legislativos escandalosos como la ley anti-BDS 720del Senado están circulando por los pasillos del Congreso. El proyecto de ley, elaborado con la participación de AIPAC, convertiría en un delito punible con hasta 20 años de cárcel y una multa de hasta un millón de dólares abogar por el uso de tácticas económicas no violentas contra Israel.

¿Se imaginan a Rosa Parks encarcelada durante 20 años por organizar el boicot a los autobuses segregados? ¿O a Martin Luther King Jr. obligado a pagar un millón de dólares por boicotear los comedores racistas?

Debería quedar claro para todo el mundo que está mal penalizar la libertad de expresión que busca acabar con una injusticia. Cuando se les presentan los hechos, los estadounidenses lo entienden. Y poco a poco, pero con certeza, algunos miembros del Congreso que inicialmente copatrocinaron el proyecto de ley en una típica genuflexión ante AIPAC (“¿Dónde hay que firmar?”) están viendo la luz, como la senadora Gillibrand, que al ser alertada por la American Civil Liberties Union sobre las amenazas a la libertad de expresión y las debilidades  constitucionales del proyecto de ley, y ser convocada por sus votantes en una reunión del ayuntamiento, expresó su voluntad de repensar su apoyo.

Así, mientras que CNN y Fox News pueden no estar mostrando a los cientos y miles de palestinos/as que han estado orando en las calles de Jerusalén la la semana pasada en protesta por el intento disimulado de Israel de ejercer su soberanía sobre el Haram Al Sharif, estos intentos legislativos de los defensores de Israel de acabar con el apoyo a la resistencia palestina no violenta en los territorios ocupados o en el exterior están encendiendo focos de estadio sobre estos temas.

Activistas de todos los movimientos progresistas están tomando consciencia de cómo sus libertades civiles están siendo puestas en peligro para proteger la ocupación israelí en Palestina. Del mismo modo, cuando las aerolíneas estadounidenses aplican la legislación israelí impidiendo a defensores de derechos humanos viajar a Israel (incluyendo a judías estadounidenses, una de ellas rabina), los estadounidenses ven la conexión entre eso y las aborrecibles prohibiciones de viajes impuestas por la Administración Trump.

El pueblo palestino y sus aliados deberían desear (y orar en las calles) que Israel continúe revelando la verdadera naturaleza de su opresión, mientras continúan valiéndose de tácticas no violentas probadas para llevar la justicia y el derecho hacia una comprensión más verdadera de las causas y las soluciones al conflicto Israel-Palestina.

No hay manera más poderosa de exponer una injusticia y de corregir las percepciones erróneas asociadas a esa injusticia que a través del opresor mismo. Rosa Parks, el Dr. King y Gandhi sabían esto, y también los saben los palestinos y palestinas y quienes se solidarizan con ellos.

*Zaha Hassan es una abogada de derechos humanos, residente en Washington DC. Fue la coordinadora y asesora legal principal del equipo negociador palestino.

Publicado en Haaretz el 30/7/17. Traducción: María Landi.