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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Opinión y Análisis.

HEZBOLLAH CELEBRA COMO VICTORIA EL RETIRO ISRAELÍ Y EL CESE DEL FUEGO

HEZBOLLAH CELEBRA COMO VICTORIA EL RETIRO ISRAELÍ Y EL CESE DEL FUEGO

Adquiere la milicia chiíta fama de proporciones grandiosas en el mundo árabe

ROBERT FISK THE INDEPENDENT

Srifa, Sur de Libano, 14 de agosto. Hicieron un desierto y lo llamaron paz. Sfria -o lo que alguna vez fue el poblado de ese nombre- es un lugar de casas aplastadas, muros derruidos, escombros, gatos hambrientos y cadáveres atrapados. Pero es también un lugar de victoria para Hezbollah, cuyos combatientes caminaron este lunes entre la destrucción con aire de héroes conquistadores.

¿A quién culpar por este desierto? ¿A la milicia chiíta que provocó esta guerra, o a la fuerza aérea y el ejército de Israel, que llevaron la ruina al sur de Líbano y dieron muerte a tantos de sus pobladores? Para el mukhtar -alcalde- de la ciudad no hay duda alguna. Cuando tres hombres de Hezbollah -uno herido en un brazo, el otro llevando dos magazines de municiones y un radiocomunicador- pasaron junto a nosotros entre los montones de fragmentos de concreto, Hussei Kamelel-Din les gritó: "¡Adiós,héroes!" y se volvió hacia mí. "¿Sabe por qué están furiosos? Porque Dios no les dio la oportunidad de morir."

Había que estar allí con los milicianos de Hezbollah, entre esta aterradora destrucción -muy al sur del río Litani, en el territorio de donde alguna vez Israel juró que los expulsaría- para percatarse de la naturaleza del pasado mes de guerra y de su enorme significación política para Medio Oriente. El poderoso ejército israelí se ha retirado de la aldea vecina de Ghandouriyeh después de peder 40 hombres en poco más de 36 horas de combate. Ni siquiera ha logrado penetrar en la devastada ciudad de Khiam, donde Hezbollah celebraba la tarde de este lunes. En Srifa estuve mirando junto a los guerrilleros los caminos desiertos que van al sur y podíamos divisar todo el trayecto hasta Israel y el asentamiento de Mizgav Am, al otro

lado de la frontera. No es el desenlace que supuestamente iba a tener la guerra para Israel.

Lejos de humillar a Irán y Siria, como era el plan de Tel Aviv y Washington, esos dos llamados estados parias han quedado intactos y la fama de Hezbollah adquirió proporciones grandiosas en todo el mundo árabe. La "oportunidad" que en apariencia el presidente George W.Bush y su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, entrevieron en la guerra en Líbano se volvió una oportunidad, pero para que los enemigos de Estados Unidos exhibieran la debilidad del ejército israelí.

De hecho, la noche de este lunes apenas si se veía algún vehículo blindado israelí en suelo libanés -si acaso un tanque solitario a las afueras de Bint Jbeil-, y los invasores se habían alejado incluso de la población cristiana de Marjayoun, que consideraban "segura". Ahora está claro que los 30 mil hombres que según se decía avanzaban a marchas forzadas al norte del río Litani jamás existieron. De hecho, es improbable que este lunes quedaran más de mil soldados israelíes en todo el sur de Líbano, aunque sí se vieron envueltos en dos tiroteos durante la mañana, horas después que el cese del fuego de la ONU entró en vigor.

En tanto, por la carretera que va a Beirut desde la costa avanzaba un éxodo de decenas de miles de familias chiítas, apiladas en los toldos de sus vehículos, muchos de los cuales portaban en el parabrisas banderas de Hezbollah y retratos de Sayed Hassan Nasrallah, el líder de la guerrilla. En los gigantescos embotellamientos de tránsito en torno a los derruidos puentes de la autopista y a los cráteres que tapizan el paisaje, gente de Hezbollah repartía banderas verdes y amarillas de "victoria", junto con avisos oficiales en los que se llama a los padres a no dejar que los niños jueguen con los miles de bombas sin explotar que ahora yacen por todas partes. Por lo menos un niño libanés pereció por una de esas bombas, y 15 resultaron heridos este jueves.

Pero, ¿qué encontrará esta gente a su regreso? Haj Ali Dakroub, de 42 años, gerente de una constructora, perdió parte de su hogar en el bombardeo israelí de Srifa, en 1996. Ahora toda su casa quedó aplastada. "¿Qué hay aquí para que Israel destruyera todo?", pregunta. "No negamos que la resistencia estuviera en Srifa: estuvo antes y estará en el futuro. Pero en esta casa sólo vivía mi familia. ¿Por qué Israel la bombardeó?"

Bueno, la verdad sí me di cuenta de que algo parecido a un casco de misil colgaba del balcón de una casa muy dañada frente a las ruinas del hogar de Alí Dakroub. Y un grupo de milicianos de Hezbollah, uno de los cuales llevaba una pistola metida en el pantalón, pasó junto a nosotros como si tal cosa y desapareció en un huerto. ¿Sería allí donde guardaban algunos cohetes? Dakroub no quiso decirlo.

"Mis dos hijos y yo vamos a reconstruir la casa", comentó. "Israel puede volver dentro de 10 años y destruirla de nuevo, y entonces tendré que reconstruirla otra vez. La victoria fue de Hezbollah. Los israelíes pudieron vencer a todos los países árabes en seis días en 1967, pero aquí no pudieron vencer a la resistencia en un mes. Los hombres de la resistencia salieron de la tierra para devolver los disparos. Y aquí están todavía." "Salir del suelo" es una expresión que he escuchado varias veces en estas semanas y comienzo a sospechar que muchos de los miles de guerrilleros en realidad se refugiaron en cavernas, sótanos y túneles, y sólo salían para lanzar sus misiles o utilizar sus cohetes infrarrojos contra el ejército israelí cuando éste cometió el error de enviar tropas de tierra hacia Líbano.

¿Alguien cree que Hezbollah va a someterse a ser desarmado por una nueva fuerza internacional de la ONU y del ejército libanés cuando llegue... si es que llega? Este lunes hubo un momento simbólico, cuando soldados libaneses asignados al sur del país se unieron a milicianos en Srifa para remover los escombros de una casa en la que se creía que estaban enterrados los cuerpos de toda una familia. A la búsqueda se sumaron la Cruz Roja libanesa y personal de defensa civil, representantes del poder civil que supuestamente recobrará su soberanía de manos de Hezbollah. El mukhtar, que con tanto entusiasmo catalogó como héroes a los guerrilleros, también es representante del gobierno. Y a la entrada de esta aldea destrozada aún se ve un cartel de Nasrallah con el presidente iraní Alí Jamenei.

Lejos de empujar a Hezbollah al norte, más allá del río Litani, Israel lo ha arraigado en sus poblados como jamás lo había estado.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Tras el cese al fuego votado por el Consejo de Seguridad

Tras el cese al fuego votado por el Consejo de Seguridad

NIKO SCHVARZ

 

SERÍA LÓGICO pensar que tras la aceptación por parte de los gobiernos de Israel y del Líbano de la resolución adoptada el viernes 11 por el Consejo de Seguridad de la ONU llamando “a un cese total de hostilidades fundada, en particular, sobre el cese inmediato por Hezbolá de todos los ataques y el cese inmediato por Israel de todas las ofensivas militares”, se habría detenido el derramamiento de sangre y reinaría la paz en la atormentada región. Pero sucede lo contrario. Israel intensificó su ofensiva, triplicó sus efectivos, continuó los bombardeos mortíferos sobre Beirut, Tiro y otras ciudades, y los mandos militares israelíes auguran varias semanas, al menos, de guerra intensificada.

 

General Halutz: guerra de larga duración

 

El jefe del estado mayor del ejército israelí (Tsahal), Dan Halutz, declaró el sábado 12 (o sea, después de votada la resolución en el Consejo de Seguridad) que cumplía la orden del primer ministro Ehud Olmert de lanzar una ofensiva en gran escala contra Hezbolá, para lo cual fueron concentrados 30 mil efectivos del Tsahal en el sur del territorio libanés. El general Halutz detalló el desarrollo de esta operación, que se cumple en dos tiempos: “el primero va a permitirnos tomar el control del terreno y durará algunos días, el segundo consistirá en limpiar (desbrozar) el terreno y se prolongará por varias semanas”. En la noche del viernes al sábado el Tsahal puso en obra los medios para una ofensiva de larga duración. “Continuaremos combatiendo contra Hezbolá hasta tanto no se instaure el cese al fuego y no se decida la forma en que las otras fuerzas (las del Finul reforzadas) tomarán posición”, explicó el general. Y agregó: “No sabemos cuánto tiempo transcurrirá entre la decisión de la ONU y su aplicación sobre el terreno. Durante ese lapso, que no está definido, continuaremos el combate”.

            En realidad, lo que están haciendo es intensificar su escalada al máximo grado. Crónicas de varias agencias concuerdan en que el sábado las tropas israelíes efectuaron su penetración más profunda en territorio del sur libanés, llegando hasta el pueblo de Ghanduriya, próximo al río Litani. En un mes de guerra, nunca los militares israelíes se habían alejado tanto de sus fronteras. Otro dato relevante: en la tarde del sábado, cientos de soldados israelíes fueron transportados en helicóptero al sur del Líbano. Según los medios de información de Tel Aviv, se trata de la más vasta operación de este tipo desde hace treinta años, con participación de más de 50 aparatos.

            Condoleezza Rice declaró que “nadie puede esperar un fin inmediato a todos los actos de violencia” ya que la resolución no era más que “un primer paso”, y apuntó contra Siria e Irán. Olmert envió su agradecimiento a Bush.

 En varios frentes 

Mientras tanto, la guerra no sólo se intensifica sino que se extiende en varios frentes. En las últimas horas, en actitud provocativa, la aviación y la marina israelíes volvieron a bombardear Beirut, cuyos barrios del sur están convertidos en amasijos de ruinas. Se registraron 18 explosiones y más muertes, en un cuadro de crisis humanitaria y penuria alimenticia. Fueron bombardeadas todas las colinas que rodean la ciudad de Tiro, a 20 kms. de la frontera, atacada por artillería pesada, la marina y la aviación en preparación de un asalto final con blindados. Se siguen atacando todos los vehículos, incluso las ambulancias y los que aportan ayuda humanitaria. Se reporta un raid israelí sobre una pick-up en Jarayeb, con la muerte de al menos cuatro civiles, y también ataques en la ciudad de Rchaf y en el valle de Bekaa. Antes de estos últimos hechos se habían cuantificado más de 1.100 civiles muertos en el Líbano y un millón de desplazados, así como 103 militares y 47 civiles israelíes caídos bajo el fuego de Hezbolá. Balance trágico, que se hubiera podido evitar.

            La resolución Nº 1701, aprobada por la unanimidad de los 15 miembros del Consejo de Seguridad, fue refrendada por el gabinete libanés en pleno y por el gabinete israelí por 26 votos y una abstención.

 La resolución Nº 1701 

A la vez que se felicitó por la votación, Kofi Annan lamentó que se hubiera tardado un mes en aprobarla. En su primer punto, la resolución (arriba trascrita) se refiere a un cese total de hostilidades (no dice inmediato). El segundo punto establece que desde el cese total de hostilidades, el Consejo de Seguridad solicita al gobierno libanés y a la Fuerza Interina de la ONU en el Líbano (Finul, cuyo número de efectivos se autoriza a elevar hasta 15.000) a desplegar sus fuerzas conjuntamente en todo el sur, y solicita igualmente al gobierno israelí, desde que comience este despliegue, a retirar en paralelo todas sus fuerzas del sur del Líbano.

 

Publicado en La República, 14 de agosto 2006, pág. 25

La resolución 1701 del Consejo de Seguridad: Luz verde para continuar la agresión

La resolución 1701 del Consejo de Seguridad: Luz verde para continuar la agresión

Por: Alejandro Teitelbaum

(especial para ARGENPRESS.info)

 

 

 

 

El 11 de agosto, un mes después de iniciada la cruenta agresión de Israel contra el Líbano, el Consejo de Seguridad adoptó una resolución, que lleva el número 1701.

Algunos consideran que es un avance, otros que es mejor que nada. Es la diferente visión que se tiene de la botella: unos consideran que está media llena y otros que está medio vacía. Nosotros pensamos que, desde el ángulo de la paz, del derecho internacional y del derecho humanitario está totalmente vacía. Dicho de otra manera, después de un mes de embarazo, la montaña parió un ratón.

En efecto, el artículo 24 de la Carta de las Naciones Unidas, que se refiere a las funciones y poderes del Consejo de Seguridad, dice: "A fin de asegurar la acción rápida y eficaz por parte de las Naciones Unidas, sus Miembros confieren al Consejo de Seguridad la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales…"

Sobre la base de esos poderes y frente a la agresión israelí, primero contra Gaza y después contra el Líbano, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas debió haber reaccionado en forma inmediata, es decir a las pocas horas de iniciada la agresión, para restablecer la paz y adoptar medidas a fin de evitar que la situación se agrave, como dicen los artículos 39 y 40 de la Carta de las Naciones Unidas. Entre las medidas previstas por la Carta están la interrupción total o parcial de las relaciones económicas, de las comunicaciones de todo tipo y la ruptura de las relaciones diplomáticas. Y si ello no es suficiente, se puede recurrir al empleo de las fuerzas armadas en demostraciones, bloqueos y otras operaciones (artículo 41 y 42 de la Carta).

Veamos, a la luz de las disposiciones de la Carta, el contenido de la resolución 1701 del 11 de agosto y para comprenderla mejor, en algunas de sus cláusulas la compararemos con la resolución 1696 adoptada por el mismo Consejo once días antes, el 31 de julio, contra Irán, intimándolo a cesar sus actividades en materia de energía nuclear. Perfectamente legales porque están permitidas por el Tratado Internacional de No Proliferación Nuclear.

El párrafo primero de la parte dispositiva de la resolución 1701 "hace un llamado" a favor de la cesación total de las hostilidades, al Hezbollah le pide la cesación de "todos los ataques" y a Israel la cesación de "todas las ofensivas militares".

Pese a que, de acuerdo con el artículo 25 de la Carta, las decisiones del Consejo de Seguridad deben ser acatadas por todos los Estados, la resolución "hace un llamado a favor" de la cesación de hostilidades. Es decir no le confiere carácter obligatorio. En cambio en la resolución contra Irán, "exige" a éste que suspenda todas sus actividades relacionadas con la energía nuclear.

Como la resolución pide a Israel que cese todas las "ofensivas" militares y éste considera que está realizando una acción "defensiva" de su territorio, su Gobierno considera que puede continuar la agresión durante todo el tiempo que estime necesario a fin de cumplir con sus objetivos "defensivos".

Así lo afirman sus autoridades después de adoptada la resolución del Consejo de Seguridad (sus generales hablan de un mes más de hostilidades) y lo están poniendo en práctica: han triplicado sus efectivos en el Líbano, el 12 de agosto seguían avanzando en territorio libanés, el mismo día destruyeron una central eléctrica y masacraron una columna de refugiados, estas dos últimas acciones seguramente con fines "defensivos".

El párrafo 2 de la Resolución pide que, cuando cesen totalmente las hostilidades, es decir, como se ha visto, cuando las autoridades de Israel así lo decidan, el gobierno libanés y la FINUL (fuerzas de observación de la ONU) desplieguen sus fuerzas conjuntamente en todo el Sur del territorio libanés y pide que el Gobierno de Israel comience paralelamente en ese momento a retirar sus fuerzas del Sur del Líbano.

No hay, pues, en la resolución, plazo para un cese del fuego ni para la cesación de las hostilidades. Y, por consiguiente, no hay plazo para el retiro de las tropas israelíes de territorio libanés ni para la puesta en práctica de otras medidas propuestas por la resolución del Consejo de Seguridad.

Y no habiendo plazo, como consecuencia lógica, tampoco se anuncian medidas y sanciones en caso de incumplimiento por parte de los beligerantes, como las que figuran en la resolución contra Irán, al que se le ha dado plazo hasta el 31 de agosto para que cumpla con la exigencia del Consejo de Seguridad. El párrafo 8 de la resolución contra Irán dice:

"Expresa su intención (el Consejo) en el caso de que el Irán no haya cumplido para esa fecha las disposiciones de la presente resolución, de adoptar entonces con arreglo al artículo 41 del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, las medidas apropiadas para persuadir al Irán de cumplir la presente resolución y las exigencias de la OIEA y subraya que deberán adoptarse otras decisiones si fuera necesario tomar tales medidas adicionales;...".

Este párrafo de la resolución contra Irán es una verdadera bomba de tiempo para Medio Oriente, que puede estallar en cualquier momento a partir del 31 de agosto (Irán ya anunció que no va a acatar la exigencia del Consejo), en forma de un ataque contra Irán, en paralelo con las acciones "defensivas" del ejército israelí.

En la resolución 1701 del 11 de agosto siguen varios párrafos que sería largo analizar, en todo caso condicionadas a un efectivo cese del fuego y cesación de hostilidades.

Uno de los párrafos preambulares de la resolución dice que hay que poner remedio a las causas que dieron origen a la crisis actual, especialmente la liberación incondicional de los soldados israelíes secuestrados y agrega que el Consejo es consciente del carácter delicado de la cuestión de los prisioneros y promueve los esfuerzos que tienen por objetivo resolver urgentemente la cuestión de los prisioneros libaneses detenidos en Israel.

Ni una palabra sobre los miles de prisioneros palestinos, ni siquiera sobre los ocho ministros, el presidente del Parlamento y los 26 diputados palestinos secuestrados por Israel.

Tampoco en la resolución 1701 se pide que cesen las atrocidades que Israel sigue cometiendo en Gaza, que ya merecen el calificativo de genocidio.

Nadie puede pretender ignorar que Gaza y Líbano son dos partes de un mismo problema que no pueden resolverse separadamente.

Mientras tanto las bombas y misiles "made in USA and Israel" siguen diluviando sobre los pueblos palestino y libanés, para gran satisfacción de los industriales de armamentos de ambos países.

Y las grandes empresas de ingeniería civil ya se frotan las manos con el negocio de la reconstrucción del Líbano, tema al que sí alude el párrafo 6 de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, siempre en diapasón con el poder económico transnacional.

Hace pocos días el presidente de Francia, Jacques Chirac, dijo que otra resolución del Consejo que no fuera el cese inmediato del fuego sería perfectamente inmoral. Pues bien, ese es el calificativo que merece la Resolución 1701, votada por la unanimidad de sus miembros, Francia incluida.

Así funciona el Consejo de Seguridad, al servicio exclusivo del neocolonialismo guerrero de las grandes potencias.

 

Olmert carga el fusil

Olmert carga el fusil Domingo 13 de Agosto de 2006        El gabinete de guerra israelí decidió la escalada que lleva a la reocupación de todo el sur de Líbano. Los estrategas calculan que sacrificarán en este objetivo entre 100 y 500 soldados de Israel y matarán hasta 7 mil civiles. Frente al apoyo estadounidense a Israel, la diplomacia está completamente estancada.

 Gennaro Carotenuto desde Roma 

 Hoy, 11 de agosto, es el día 30 de la guerra más larga combatida por el Estado de Israel en su historia. Según su comandante en jefe, Ehud Olmert, deberá durar entre uno y dos meses más. Es el tiempo necesario para aniquilar al enemigo, repite el primer ministro que sustituyó Ariel Sharon a fines de 2005. Es lo mismo que dijo después de 48 horas, tres días, una semana, dos, tres. Es un Israel militarmente estancado el que anuncia la guerra total que podría estar desencadenándose en estas horas a menos que un improbable milagro diplomático lo impida. Imposible desde que en la tarde de ayer jueves, Amir Peretz, ministro de Defensa, laborista, fundador en otra época de la organización pacifista Paz Ahora, y que ahora empuja una masiva invasión por tierra y se perfila como el líder del partido de la guerra, ha declarado que “el alto el fuego sólo puede ser producto de los triunfos del ejército”.Por primera vez en la historia, los árabes empiezan a percibir que el ejército israelí no es invencible. Como sucede con las modernas guerras asimétricas donde el pueblo está de rehén entre los dos bandos, ya han muerto más de mil civiles libaneses y sin embargo la capacidad de fuego de Hizbollá sigue siendo impresionante. Han matado a más de cien israelíes, entre ellos, ayer jueves, a un niño de 5 años, Fathi Assadi, en la aldea drusa de Dir el Assad. Sin embargo con la invasión las cosas se complican. El día miércoles Olmert sacrificó al dios de la guerra 15 de sus mejores guerreros. Es un país chico Israel; en tanto la superioridad militar pueda ser demostrada con los F16 o bombardeando con la marina los barrios populares de Beirut, y sabiendo que la opinión publica israelí no ve y no quiere ver las destrucciones, la guerra parece sustentable. Pero 15 funerales de chicos jóvenes –13 eran de la reserva, llamados a hacer la guerra en un país extranjero lejos de sus trabajos, sus familias– es un precio alto. Todo el día jueves furiosos combates han barrido del mapa la aldea de Marj Ayoun, poblada mayoritariamente por cristianos y sin embargo decisiva en la carrera empezada por el ejército israelí hacia el río Litani, unos 30 quilómetros al norte de la frontera, donde pretenden establecer el límite de la nueva franja de ocupación o más al norte, involucrando todo el valle de la Bekaa y separando físicamente el sur del Líbano de Siria. En la tarde del jueves el ejército israelí anunciaba haberse retirado de Marj Ayoun. Según la televisión de Hizbollá, Al Manar –al cierre de esta edición la noticia está por confirmar–, habrían perdido otros 18 hombres.

 UN MES PERDIENDO EL RUMBO. Ehud Olmert tiene aún el apoyo de su pueblo. Según Haaretz, este miércoles el 93 por ciento de los israelíes sigue apoyando la “guerra justa”. Y la apoya el principal aliado de Israel: Estados Unidos. Sin embargo Olmert tiene delante un camino sembrado de incertidumbres y riesgos. Mirando atrás, la guerra hasta ahora ha sido un fracaso, el primero de una gloriosa historia militar, la del Tsahal, el ejército israelí. Los masivos bombardeos del sur de Líbano, en las primeras horas, tras la captura de dos soldados en pleno territorio israelí el 12 de julio, no han logrado una retirada de las milicias de Hizbollá que han intensificado el lanzamiento de misiles. Éstos han pasado de ser una peligrosa provocación a confirmarse como armas mortales capaces de hostigar la vida cotidiana de una ancha región del norte y del centro de Israel. Hasta ahora han sido alrededor de 3.350 los misiles que han logrado aterrorizar el territorio israelí. La extensión de los bombardeos terroristas a todo Líbano –aliado de Occidente y considerado ejemplo positivo de la exportación neoconservadora de la democracia– ha soldado al pueblo libanés como quizás nunca antes. Sunitas, chiitas, cristianos, filosirios y filoccidentales, laicos y fundamentalistas religiosos, se han compactado frente a la agresión israelí.En los días siguientes, las repetidas masacres de civiles han causado daños graves a la imagen de Israel y a la solidaridad de la cual gozaba en buena parte de la opinión pública internacional. El inicio de la invasión por tierra, con la bravura demostrada por los milicianos chiitas en Bintl Jbeil, ha transformado para las masas árabes al líder de esta organización, Hassan Nasrallah, en un héroe capaz de poner en jaque a uno de los más poderosos ejércitos del mundo. Tanto el primer ministro, filooccidental y antisirio, Fuad Siniora, como el presidente de la República, filosirio, Émile Lahoud, han expresado durante este mes su apoyo a Hizbollá. Nasrallah ha encontrado la manera de entrar de lleno en el juego político aceptando el envío, propuesto por Fuad Siniora, de tropas libanesas al sur del país, hasta ahora controlado por sus milicianos desde el retiro israelí de 2000 y desde la resolución 1.559 de la onu, que imponía el desarme. Los israelíes estaban convencidos de que la guerra sería rápida. No fue así. Las polémicas no han tardado en desatarse incluso en el ejército israelí. Al jefe de la región norte, general Udi Adam, al cual se le imputa una larga cadena de errores, incertidumbres y lentitudes, se le ha superpuesto –sin sustituirlo– otro general, Moshe Kaplinsky, veterano de la guerra en el sur de Líbano.

 

ISRAEL NO PUEDE EMPATAR. Frente a las dificultades, Olmert y su gobierno responden preparándose para la batalla más difícil, en la cual podrían sacrificar, según sus analistas, hasta 500 soldados israelíes. Es un número extraordinariamente alto para un país de unos seis millones de habitantes. En proporción, en apenas un mes, sería comparable a la mitad de los muertos estadounidenses en una década en Vietnam, o a 12 veces los caídos occidentales en Irak en tres años. En palabras de Amir Peretz: “Israel está combatiendo esta guerra para el mundo libre”. Evidentemente la única manera de combatir una guerra “para el mundo libre” es haciendo propio el lenguaje y la praxis política de la guerra antiterrorista estadounidense. Es una lógica que lleva a una pregunta angustiosa para todos los amigos sinceros de Israel. Son los que no la están empujando –como hace el gobierno estadounidense– a rodearse de tierra quemada. Son los que preguntan, casi con pudor: ¿qué pasa si después de la invasión, los 500 caídos, los 7 mil civiles muertos que habrán aislado aun más a Israel, los Katyusha siguen martirizando a Galilea? Este es el drama de Israel (y de su víctima libanesa): asumida la lógica antiterrorista impuesta por el falso amigo estadounidense, Israel no puede permitirse dialogar ni mucho menos puede aceptar un compromiso en el terreno. Si no gana, pierde. Y ganar o perder no es un capricho para Israel. Como escribe en Maariv el analista Amir Rappaport, “Israel está determinando su capacidad de disuasión militar a largo plazo frente al mundo árabe”. El voto del miércoles que decidía la invasión ha sido caracterizado en el gabinete por nueve votos favorables y tres abstenciones, las del viejo Shimon Peres hoy miembro de Kadima, Eli Yishai del partido Shas, y el laborista Ophir Pines-Paz. Afuera, desde una oposición de izquierda aislada en la sociedad, el partido Meretz habla de “trampa mortal”.

  LA DEBILIDAD INTERNACIONAL. La decisión del consejo de guerra israelí de aprobar la invasión por tierra ha helado a una comunidad internacional ya paralizada. Así, el envío de cascos azules sin alto el fuego se reveló como una quimera. Era una quimera y sin embargo da idea de la dificultad de una solución política a la guerra empezada el 12 de julio. Estados Unidos y Francia, que en el Consejo de Seguridad de la onu casi representan respectivamente a Israel y a Líbano, alcanzaron un acuerdo que pronto se demostró inviable: permitir la permanencia de tropas israelíes en Líbano sin ninguna garantía para la contraparte. El fracaso del “Gran Oriente Medio” de George W Bush ofreció una importante ocasión a la visión más multilateral que en política internacional tiene el Quai d’Orsay, el Ministerio de Exteriores francés. Sin embargo, la visión francesa sigue chocando con la rigidez estadounidense, que a pesar de rumores de contrastes incluso entre el presidente y Condoleezza Rice, no se ha modificado en cinco semanas: darle tiempo a Israel para aniquilar a Hizbollá, lo que implica apoyar la ocupación del territorio del sur del Líbano y del valle de la Bekaa, la región fronteriza con Siria. En este contexto Estados Unidos está haciendo jugar a Israel un papel –necesario en la visión neoconservadora– que sin embargo no quiere encarar directamente: abrir las puertas e involucrar a Siria. La caída o el debilitamiento del joven Bashar modificaría y disminuiría la influencia iraní sobre Palestina y Líbano. Es un ajedrez en el cual juega también Rusia, que hoy ejerce su rol de gran potencia petrolera. 

Planes, viejos planes

Planes, viejos planes Domingo, 13 de Agosto de 2006        Por Juan Gelman

La decisión del gobierno israelí de extender la ofensiva terrestre en Líbano hasta el río Litani, 32 kilómetros adentro de suelo libanés, subraya lo que todo el mundo sabe ya. Tel Aviv no reaccionó como reaccionó ante la captura de dos de sus soldados sólo para sacarlos de las manos de Hezbolá. Podía haberlo hecho simplemente canjeándolos por algunos de los casi 10.000 palestinos y libaneses que están presos por tiempo indefinido en las cárceles israelíes y aun en los asentamientos ilegales de los territorios palestinos ocupados, en no pocos casos sin acusación alguna. “La mayoría ha pasado diez años en detención secreta y aislamiento y muchos siguen en prisión o han sido reemplazados por otros secuestrados”, afirma Stephen Lendman (www.globalresearch.ca, 24-7-06). Finalmente, según Amnesty asentó en su informe de 1998 –cuando tropas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) mantenían la ocupación del sur libanés–, “el propio Israel ha confesado que los prisioneros libaneses están detenidos en calidad de ‘moneda de cambio’; no están presos por sus acciones sino para ser intercambiados por soldados israelíes desaparecidos o muertos en Líbano”.

 

Ahora el objetivo declarado del gobierno Olmert es destruir a Hezbolá a cualquier costo, propio y ajeno, y el precio lo pagan sobre todo los civiles de uno y otro lado. Desde la retirada de las FDI del Líbano en el 2000, la organización guerrillera no se ha cansado de disparar cada tanto cohetes al territorio israelí antes del conflicto en curso. Es cierto que Hezbolá preconiza la destrucción del Estado de Israel, que tiene pleno derecho a la existencia. No es menos cierto que el año que viene se cumplirán cuatro décadas de ocupación de los territorios palestinos destinados a convertirse en un Estado que también tiene derecho a la existencia. Las FDI están reocupando Gaza y siguen en Cisjordania, que las derechas israelíes, en particular las religiosas, reclaman para sí en tanto territorios con el nombre bíblico de Judea y Samaria. Podría decirse que, en cierto sentido, la guerra del Líbano es una “metástasis” de la cuestión palestina, señala Danny Rubinstein en el diario Haaretz de Tel Aviv (7-8-06).

  El escritor y periodista francés Thierry Meyssan la instala en un contexto más amplio: esta guerra sería la aplicación de la política del “caos constructor” que inventó Leo Strauss –el filósofo judío de origen alemán que ha inspirado a los “halcones-gallina” de Washington–, según la cual “el verdadero poder no se ejerce en el inmovilismo, sino en la destrucción de cualquier forma de resistencia”. Los dolores del Líbano, ha dicho la secretaria de Estado norteamericana Condoleezza Rice, “son las contracciones del nacimiento de un nuevo Medio Oriente” (conferencia de prensa, Departamento de Estado, 21-7-06). Que corra sangre, entonces, para “remodelar el Gran Medio Oriente”, como Bush expresó. Meyssan subraya que el control de las zonas ricas en energéticos, ese arco que une el golfo de Guinea con el mar Caspio pasando por el golfo Pérsico, supone una redefinición de las fronteras, los Estados y los regímenes políticos de la región. Esto no empezó en Irak y Afganistán: en los últimos años, Israel se ha incorporado el 7 por ciento de los territorios palestinos ocupados, la Franja de Gaza y Cisjordania han sido físicamente separadas por un muro, la tercera parte del gabinete de la Autoridad Palestina y una veintena de sus parlamentarios –miembros de Hamas elegidos en las urnas– fueron detenidos por efectivos israelíes.

 ¿Entra en el designio del “nuevo siglo estadounidense” la guerra del Líbano? Israel tiene sus razones para llevarla a cabo y los neoconservadores norteamericanos las propias para apoyarla. Tel Aviv estableció un plan de guerra hace más de un año (San Francisco Chronicle, 21-7-06), cuando Hezbolá incrementó su poderío militar, un plan que el ex primer ministro Benjamín Netanyahu y el ex viceprimer ministro y hoy parlamentario del Likud Nathan Sharanski analizaron con el vicepresidente Dick Cheney en junio pasado, en Beaver Creak, Colorado. En el plan se preveía la invasión del Líbano y la reocupación de Gaza a las que hoy se asiste (waynemadsenre port.com, 24-7-06). En realidad, Líbano es un antiguo foco de atención para Israel.

 Thierry Meyssan recuerda una carta notable que David Ben-Gurión, al dejar por un período su cargo de primer ministro, envió el 27 de febrero de 1954 a su sucesor, Moshe Sharret. Reflexionando acerca de la mayoría cristiana maronita en Líbano, Ben-Gurión consideraba que el país de los cedros era, por esa razón, “el eslabón más débil de la cadena de la Liga Arabe”. “La constitución de un Estado cristiano (en Líbano) es algo natural –expresa en su carta–, tendría raíces históricas y lo sostendrían fuerzas importantes del mundo cristiano, tanto católicas como protestantes. En tiempos normales es algo casi imposible de lograr, sobre todo por la falta de iniciativa y de valor de los cristianos. Pero en situaciones de confusión, de revuelta, de revolución o de guerra civil, las cosas cambian y el débil puede creerse un héroe. Es posible (nunca hay certidumbres en política) que este momento sea favorable para inducir la creación de un Estado cristiano junto al nuestro. Esto no sucederá sin nuestra iniciativa y nuestra ayuda. Pienso que actualmente éste es nuestro objetivo esencial o al menos uno de los objetivos esenciales de nuestra política exterior, y que hay que invertir medios, tiempo, energía y actuar de todas las formas posibles para producir un cambio fundamental en Líbano.” Una excelente ilustración del concepto “caos constructor”.

El dilema de los intelectuales israelíes

El dilema de los intelectuales israelíes Domingo, 13 de Agosto de 2006    

AMOS OZ, YITZHAK LAOR Y RONIT MATALON HABLAN DE LA GUERRA

  

     

Por Sergio RotbartDesde Tel-Aviv En un poema incluido en una compilación de poesía política (publicado en 1983) sobre la anterior guerra del Líbano (1982-2000), el escritor Amos Oz escribió: “...Y el país callará. Y ante el ojo asombrado / se revelaron los hechos impresos, en el diario: / Israel muere, mata, combate, / para darle / a los Estados Unidos / el Líbano. (...) Dado que matamos también morimos en el juego global / en la cuenta diferencial, en el cerco colosal / bajo el imperativo / del estratega / universal”. En un artículo publicado días atrás, el mismo escritor estimó que la actual guerra que Israel libra en el Líbano provocará no menos que una “victoria recíproca” para ambos países, y la “ampliación de las posibilidades de paz en la región”. La reacción militar israelí, argumentó Oz, es un paso inevitable y justo pues “los cohetes golpean a la paz”. A diferencia de 1983, en 2006 no hay una sola mención al “estratega universal”.

 En rigor de verdad, la posición de Amos Oz ha cambiado en la última semana. El pasado 6 de agosto dio a conocer una solicitada, firmada en forma conjunta con sus pares AB Yehoshua y David Grosman, que llamó al gobierno de Israel a aceptar un cese del fuego y una salida diplomática como la propuesta por el premier libanés, Fouad Siniora. Tras la última decisión del gabinete de Seguridad, que aprobó la ampliación de la ofensiva militar terrestre en el sur del Líbano, los tres escritores celebraron una conferencia de prensa en la que expresaron su oposición a la medida del gobierno israelí. “El primer día del operativo militar se dijo que su meta era emplazar el ejército del Líbano a lo largo de la frontera. Con el tiempo surgieron objetivos alucinados y descabellados, como aplastar totalmente al Hezbolá o borrar el eje del mal, que no están en los límites de nuestra capacidad”.

 Contrastando con la evolución de Amos Oz, el poeta y escritor Yitzhak Laor constituye tal vez el ejemplo más consecuente de la crítica al militarismo en la sociedad israelí. Forjado también en la primera guerra del Líbano, y consolidado a la sombra de las dos Intifadas, sostuvo sus críticas desde el inicio del actual conflicto. Laor sostiene que “el ejército no es solamente el jugador local más grande en la economía y en la economía de las imágenes, sino que con los años supo convertirse en el ‘yo ideal’ de los israelíes”. El es “realmente como nosotros, como el vecino de enfrente, pero también es lo mejor de nosotros, como habríamos querido ser, si hubiésemos sido verdaderamente buenos”. Y, además, “si no fuera por el ejército, no seríamos lo que somos”. De acuerdo a Laor se puede deducir: “No es posible que el ejército haga la guerra sin una causa y bombardee poblados en los que se esconden seres humanos y sus bebés en los sótanos, y destruya la economía del norte de nuestro país sólo porque su honor ha sido herido. Pues se trata de nosotros mismos y de nuestra propia carne. Nosotros, ciertamente, no habríamos puesto en peligro nuestras propias vidas por intereses extraños”.

 La escritora Ronit Matalon es una de las escasísimas representantes del ambiente cultural con una posición contraria a la guerra que fue entrevistada en un programa televisivo central. Ella cuenta que al día siguiente, al encontrarse en la calle con A., el hombre del negocio barrial de materiales de construcción, A. dejó de saludarla y de dirigirle la palabra. Y supone que A. no le habla más dado que “piensa, desde el fondo de su corazón, que lo que está ocurriendo es una guerra en defensa de nuestra casa”. Matalon intenta entender: “También en la prensa escriben que ésta es una guerra en defensa de nuestra casa y que la casa, es decir la población civil que soporta el fuego del enemigo, debe ser fuerte”. Pero a la escritora esto no la convence del todo. “Salvo que –aclara–, en el concepto de casa se haya producido una distorsión básica que de hecho lo está manipulando al servicio de las necesidades de la patria, y lo ha vaciado de su contenido. Esta no es una defensa de la casa, no porque no existan el peligro o la amenaza reales, sino simplemente porque el propio cuidado de la casa se convirtió, así parece, en el peligro real y en la amenaza real, en una espada de Damocles”, aseguró la escritora.

Cuerpos musulmanes

Cuerpos musulmanes Por Sandra Russo

Después de la caída de las Torres Gemelas la cobertura periodística fue limpia. Estuvo limpia de sangre y de cuerpos deshechos. La inercia del poder hizo que esa parte del horror adquiriera, en las mentes de millones de personas, la forma que su propia noción del horror quisiera darle. El poder no mostraba su talón de Aquiles. Lo cubría con el manto piadoso del recato.

  Cuando Estados Unidos invadió Afganistán primero y más tarde Irak, lo que antes había sido la guerra láser del Golfo se convirtió en una pesadillesca galería fotográfica, porque Estados Unidos ya no pudo tener bajo control a todos los medios que cubrían los hechos. Y así pudieron verse los cuerpos destrozados de los civiles que en uno y otro lado cayeron bajo el fuego norteamericano.

 

 Las invasiones a Afganistán y a Irak, por otra parte, fueron el comienzo de una naturalización aberrante: los bombardeos a blancos civiles, que deberían haber sembrado el mundo entero de escándalo y de reclamos, fueron lentamente incorporándose a las mentes contemporáneas como un detalle más de las nuevas guerras. La ONU emitió sus comunicados y eso fue todo. Y nadie se agitó de más por esos cuerpos oscuros y pobremente vestidos que yacían inermes y ya sin gritos en la garganta.

  Y sin que nadie lo propusiera, lo formulara, lo defendiera o lo denostara, el ítem “bombardeos a blancos civiles” pasó a ser un mal menor en la eufemística lucha por la libertad occidental. Pero no era un mal menor, ni un error, ni un exceso, sino una parte constitutiva de la épica terrorista que desplegaron primero las fuerzas armadas norteamericanas y ahora las israelíes.

 Unos y otros especulan con esos errores que pueden repetirse en cualquier momento. No parecen equivocados cuando desatan su furia sobre ciudadanos y ciudadanas de todas las edades que no tienen nada que ver ni con la eufemística lucha por la libertad occidental ni con ningún flagelo que amenace a nadie, sino más bien lo contrario. Son ellos las víctimas del flagelo del hambre y de la violencia de ambas partes. Esto es viejo como Occidente: la diáfana, civilizada táctica occidental para combatir el terrorismo consiste nada más que en actuar de un modo terrorista, vulnerando estados, pactos, convenciones, y demostrándole al enemigo una impune capacidad para provocar bajas entre la población civil.

 

Ahora Israel cometió otro de estos cínicos errores, y bombardeó una aldea libanesa. Mató a decenas de niños refugiados. ¿Cuál es el Dios que aprueba eso? ¿Cuál es el valor que se puede alegar defender matando niños refugiados? ¿Por qué habría que creer que el Estado de Israel defiende algo más elevado o mejor que lo que defiende el Hezbolá? ¿Qué diferencia a unos y a otros?

  Lo que está pasando en el Líbano no tiene ni el recato ni la elegancia fúnebre que Estados Unidos se reservó para sí y tomó la forma del Ground Cero. Estos cuerpos musulmanes pueden verse en todo su abismal dolor. El hombre sostiene el cuerpo muerto de una niña, acaso de unos cuatro o cinco años. El hombre grita. La carga en brazos y grita. Es el infierno mismo el que está atrás. Y el que está adelante. Y el que está en sus brazos. No hay nada, nada, nada que excuse a nadie de semejante crimen.

 Los cuerpos musulmanes, que fueron también vistos en peripecias de torturas y humillaciones a cargo de las tropas norteamericanas, son cuerpos visibles, números que cobran forma y muerte pero que no tienen historias. No hay historias de esos cuerpos. No se llaman Lucy ni llegaron de Michigan ni tienen una madre que protesta frente a la Casa Blanca ni álbum de fotos personales que los medios reproducirán. Una característica de Occidente es otorgarles historia a los cuerpos de sus miembros. Los cuerpos musulmanes son ahistóricos. Parecen todos iguales, y este niño que murió hoy se parece al que murió ayer y al que morirá mañana. Nunca sabremos sus nombres ni cómo pasaban la mañana en sus aldeas, ni cuántos hermanos tenían ni cuándo cumplían años. No sabremos la coloratura de sus voces ni cuáles eran sus juegos preferidos. Son parte de la población sacrificable por la que Occidente considera que una disculpa está bien, bastante bien.

 Y no hay disculpa posible. El mal no tiene bando. El mal es eso. 

Después de Qana, desde Israel

Después de Qana, desde Israel

“La vergüenza me pesa en los hombros”  Dani Broitman es rosarino de nacimiento e israelí por adopción. Hace casi dos décadas se instaló en el Kibutz Magal, detrás de un ideal. Desde un primer momento cuestionó la política israelí respecto a los territorios ocupados en Gaza y Cisjordania y se rehusó una y otra vez a participar, como miembro del ejército, de las maniobras militares en esos lugares. Cada una de las negativas le valieron la prisión junto a otros objetores de conciencia, en algunos casos por casi 40 días. Aunque ya fue desafectado como reservista, él sigue participando de las manifestaciones pacifistas. Aquí se reproduce una carta que envió a lavaca minutos después del bombardeo a Qana, donde murieron 60 refugiados, 37 de ellos niños.

Soy israelí. Lo soy por elección, porque un día decidí que quería construir mi vida aquí, en este país. No me arrepiento, y volvería a tomar la misma decisión si tuviera nuevamente 20 años. Precisamente por eso, a la par del orgullo de vivir en un país envidiable en muchos aspectos, llevo la vergüenza encima como un lastre, siempre. Está ahí, agachada, esperando que la mire cuando recuerdo cómo tratamos cotidianamente a los palestinos, o emboscándome, cuando veo lo que hacemos con toda persona quien por su origen o religión no pertenezca a la casta de los privilegiados.  Hay momentos, como en las últimas semanas, en las que nos dedicamos sistemáticamente a destruir a un país indefenso, (sin importarnos, por supuesto, el precio que ellos pagan, e importándonos muy poco el que nosotros mismos pagamos), en que la vergüenza pasa a ser algo cotidiano y palpable, con la que me levanto y me acuesto todos los días. Y hay días como hoy, en los que masacramos, desde el aire y quirúrgicamente, a decenas de civiles en Kfar Kana (quienes se suman otros cientos de libaneses desde el principio de las operaciones), en que la vergüenza me pesa en los hombros, y no me deja caminar. Un pueblo duro de cerviz, dice en la biblia. Pareciera que vivimos empecinados en no aprender nada. Los terroristas palestinos nos obligaron a vivir con temor durante largos meses, en el punto más álgido de la ola de atentados suicidas. Los aplastamos brutalmente, reproduciendo todas las condiciones para que una nueva generación de condenados nos odie tanto como para inmolarse junto a nosotros (en nuestro idioma eso se llama "guerra contra el terrorismo" y "cerco de separación"). Durante 18 años mantuvimos al sur del Líbano bajo nuestra férrea bota militar. Los milicianos de Hezbolá que combaten hoy al ejército israelí son los hijos de quienes la sufrieron. Hoy, con nuestras desproporcionadas reacciones a lo largo y a lo ancho del Líbano, nos estamos asegurando una larga temporada de hostilidades en nuestra frontera norte. En unos cuantos años nos rasgaremos nuevamente las vestiduras cuando alguien nos provoque desde el Líbano, ya que nosotros "nunca les hicimos nada".  Democracia, me enseñaron en la escuela primaria, es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. En nuestra zona, democracia es el gobierno que le agrada a Israel (y a nuestro patrón, el hacendado Bush). Si los palestinos se atreven a elegir al partido incorrecto, los sometemos a bloqueo y los hambreamos, ya que no entienden lo que significa la bendita palabra. Si se atreven a golpearnos, secuestrando a un soldado, arrasamos con sus pueblos, los matamos de a decenas y conspiramos abiertamente en contra del gobierno legítimamente elegido. En el Líbano, nuestro objetivo es borrar del mapa a un gran sector social y político (en nuestro idioma, "cambiar la realidad"). En este caso, la población chiita no comprende que para ser democrático hay que elegir un representante blanco, que sepa hablar inglés y ame a McDonald's y Chevron. Y los muy ignorantes se empecinan en conservar sus costumbres y religión, extremizándose cada vez más a medida que se intenta occidentalizarlos a la fuerza. Por suerte estamos nosotros, quienes por medio de tanques, aviones, y buena voluntad, tratamos de explicarles cómo se hace para entrar en el mundo libre.  A tres quilómetros de mi casa hay una base de misiles. A diez quilómetros hay una base de entrenamiento de reclutas, que queda pegada a Pardes Hana, una ciudad mediana. Al lado de Safed (una de las ciudades mas bombardeadas por Hezbolá) está la base central del comando norte del ejército. Los cañones del ejército israelí disparan desde posiciones ubicadas entre poblaciones en el norte del país. El estado mayor conjunto está ubicado en pleno centro de Tel Aviv. Pero son los milicianos de Hezbolá los únicos cínicos que cobardemente se escudan entre civiles para perpetrar sus atropellos.  Del mismo modo, muchos civiles israelíes se convierten en soldados como por arte de magia, cuando son reclutados en el servicio de reserva. Cuando el mismo truco ocurre del otro lado de la frontera, se trata de terroristas que se aprovechan de la benevolencia humanista israelí, para ocultarse entre sus escudos humanos.  Nuestra dirigencia político-militar no comete sus barbaridades por su cuenta: lo hacen en mi nombre. Ante cada operación militar, conquista de un poblado, bombardeo o asesinato, me invocan impunemente: el país lo exige, la retaguardia es fuerte, la población pide que terminen la tarea. Les grito en cada manifestación en contra de esta guerra criminal que no lo hagan en mi nombre, que nunca los autoricé a arrasar un país vecino sólo para demostrar nuestra virilidad y que nadie nos va a mojar la oreja. Pero somos unos pocos miles gritando consignas: a la gran mayoría de gente no le importa (en el mejor de los casos) o apoya abiertamente la masacre.  ¿Qué otra cosa se puede esperar en un país que vive fantaseando durante décadas con que puede ser el matón del barrio, hacer lo que le plazca a cualquiera de los vecinos, y todo eso pagando precios irrisorios? Aquí en Israel, es obligatorio ser equilibrado: no se puede criticar al gobierno sin un "pero" que explique cuán malvados son nuestros enemigos y cuánto sufrimos nosotros. Así que aquí va: no me simpatiza el fanatismo religioso de Hamas, ni el de Hezbolá. Ambos son movimientos sociales y políticos contrarios a cualquier valor que se me ocurriría esgrimir. Si fuera palestino o chiita libanés seguramente viviría exiliado, ya que considero imposible vivir bajo regímenes como el del Hamas. Pero como dije al principio, soy israelí. Eso quiere decir que mi posibilidad de influir sobre Palestina o el Líbano es muy limitada. Mi marco de referencia, mi posibilidad de influir sobre lo que ocurre, esta aquí, en Israel.  Mis representantes son, lamentablemente, un corrupto con aires de grandeza como Olmert y un ex-luchador social devenido en criminal de guerra como Peretz, ambos guiados por un militar fascio-guerrerista como Halutz. A ellos tengo que pedirles cuentas, no a Hezbolá. Son ellos los que mantienen a un millón de ciudadanos israelíes en los refugios durante semanas. Son ellos los que destrozan al Líbano día a día en una furia macho-militarista sin límites. Son ellos los que al fin de la guerra van a liberar a miles de prisioneros en canje por nuestros tres soldados, cuando lo podrían haber hecho el primer día sin derramar ríos de sangre. Son ellos los que espero, como ciudadano israelí preocupado por su futuro y por el de sus hijos, que sean juzgados un día en el tribunal internacional para crímenes de guerra de La Haya.  Dani Broitman

FUENTE: Agencia La.Vaca  www.lavaca.org