Blogia

COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Niko Schvartz: Asesinato selectivo y Ley de Nacionalidad racista

BAJO EL GOBIERNO DE NETANYAHU

Asesinato selectivo y Ley de Nacionalidad racista

Niko Schvarz

El primer ministro israelí Benyamin Netanyahu expulsó a dos miembros de su gabinete que lo criticaron y puso en marcha el mecanismo de elecciones anticipadas para el año próximo. Pero antes, las fuerzas militares bajo su dirección  asesinaron a un destacado dirigente palestino, el gobierno envió a la Knesset un proyecto de Ley de Nacionalidad abiertamente racista, que elimina todos  los derechos de los palestinos, y prosigue a todo tren las construcciones ilegales de asentamientos israelíes en Jerusalem Este y otros territorios palestinos de Cisjordania, al extremo de que hoy se encuentran allí más de 500.000 colonos israelíes. Todo esto cuando los pobladores de la Franja de Gaza están sufriendo las brutales consecuencias de los 51 días de bombardeos israelíes en el operativo “Filo Protector” que dejaron más de 2.200 muertos, entre ellos 577 niños, unos 11 mil heridos, una ciudad en escombros, 10 mil viviendas arrasadas y millares de personas sin hogar, hospitales, ambulancias, escuelas y centros de refugio de la ONU atacados, la única central eléctrica destruida y sin posibilidades de suministro de gas, en un territorio de población concentrada totalmente bloqueado por aire, mar y tierra. El presidente palestino Mahmud Abbas, en su alocución ante la Asamblea General de la ONU del 26 de setiembre, dijo que en este operativo el gobierno israelí cometió “crímenes similares al genocidio”.

Por su parte, en un discurso pronunciado en la ONU el 24 de noviembre, el embajador de Israel ante el organismo internacional, Ron Prosor, hizo gala de una soberbia inaudita, defendió todo lo hecho por Israel y atacó a la inmensa mayoría de los representantes de los estados miembros de la ONU, porque éstos proclamaron 2014 como el año de solidaridad con el pueblo palestino y defendieron su derecho a un estado plenamente independiente y soberano. Véase a qué extremos llegó el representante de Israel: “Me pongo de pie frente al mundo como orgulloso representante del Estado de Israel, del pueblo judío”, expresó. “Con la cabeza en alto, me presento ante ustedes sabiendo que la verdad y la moralidad están de mi lado. Y sin embargo, me presento hoy sabiendo que en esta Asamblea la verdad será pervertida y no se tendrá en cuenta la moralidad. Cuando miembros de la comunidad internacional hablan del conflicto Israelí-palestino, una niebla desciende para nublar toda claridad lógica y moral”.Semejante agravio colectivo nunca se escuchó en ese ámbito. Pero tiene un antecedente, y corresponde al propio Benyamin Netanyahu. Este compareció en la Asamblea General de Naciones Unidas antes de reunirse con el presidente Barack Obama en la Casa Blanca el pasado 30 de setiembre, y en su intervención tuvo el atrevimiento de condenar al Consejo de Derechos Humanos de la ONU con sede en Ginebra y de calificarlo como “Consejo de Derechos terrorista”, porque se permitió condenar y disponer una investigación sobre la ofensiva militar israelí “Filo Protector” contra la Franja de Gaza.

Esto acontece por cuanto la ONU, además de pronunciarse a favor de los derechos inalienables del pueblo palestino, condenó una y otra vez los asentamientos ilegales erigidos por Israel en los territorios palestinos, así como la construcción del muro de separación conocido como  “el muro del apartheid” extendido de norte a sur de manera tal que sustrae una porción considerable del territorio palestino para colocarlo en manos de Israel. Tales decisiones de sucesivos gobiernos israelíes han sido condenadas de forma reiterada por mayorías aplastantes en la Asamblea General de la ONU, dejando absolutamente aislado a Israel, que contó con el exclusivo apoyo de EEUU. Israel ha retribuido los favores siendo el único país que no se unió al reclamo universal de que EEUU cese el bloqueo que mantiene contra Cuba desde hace más de medio siglo, resolución adoptada en más de veinte ocasiones sucesivas por el organismo internacional.

El asesinato de Ziad Abu Ein

El último asesinato perpetrado por las fuerzas militares israelíes contra dirigentes palestinos ocurrió el miércoles 10 de diciembre, en el Día Internacional de los Derechos Humanos. Ziad Abu Ein era un líder del movimiento palestino Al Fatah, y un mes antes había sido nombrado ministro para “Asuntos de las colonias y el muro del apartheid”, precisamente. En el día indicado participaba cerca de Ramalah, en Cisjordania ocupada, en un acto pacífico de protesta contra la confiscación israelí deunas tierras palestinas para ampliar una colonia ilegal israelí en ese territorio. “Estaba plantando olivos para simbolizar la esperanza de paz y justicia”, dijeron sus compañeros. Varios soldados israelíes apoyados por la Policía de Fronteras trataron de dispersar a los tres centenares de participantes en el acto  lanzando gases lacrimógenos y con disparos de balas de acero recubiertas de caucho. Un video muestra que tres soldados israelíes agarraron por el cuello a Abu Ein y lo golpearon en el pecho. En la carga, éste inhaló los gases y tras sufrir problemas respiratorios entró en coma antes de ser trasladado al centro médico de Ramalah, donde los facultativos confirmaron su muerte. El dirigente palestino Saeb Erekat dijo que la muerte de Abu Ein es prueba de la “cultura de la impunidad” con la que actúa Israel. El dirigente Hanan Ashrawi denunció el caso como una “ejecución extrajudicial” y recordó que”el uso excesivo e indiscriminado de la violencia por Israel supone un crimen de guerra”. El jueves miles de personas participaron en el funeral y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, instó a Israel  a efectuar una investigación “transparente y rápida” de lo sucedido.

 

La legislación racista

A fines de noviembre el gabinete israelí aprobó por 14 votos contra 6 el proyecto de ley denominado “Israel, la nación-Estado del pueblo judío”, conocida como “Ley de la Nacionalidad”. Se ha dicho que esta iniciativa legislativa “coloca el carácter judío del Estado por encima de su carácter democrático y revela con claridad el viraje religioso y nacionalista cada vez más acusado de este país”. La nueva ley elimina el árabe como lengua oficial (a pesar de ser el idioma del 20% de la población) y acepta el principio de desigualdad entre judíos y no judíos. El proyecto de ley establece  el sometimiento de la justicia “al espíritu de la enseñanza del Pentateuco”, lo que limitará sensiblemente las competencias del Tribunal Supremo. Destaca asimismo el impulso a la colonización judía, pro no árabe, en todo el país. La iniciativa consagra de este modo la discriminación legal en todas las esferas de la minoría árabe, le niega a los árabes lo que le da a los judíos. Un análisis señala que la ley “confirma la espiral extremista que se respira por todas partes y que se ha venido agudizando en las últimas dos décadas de una manera firme y progresiva” y que Israelpasa a ser “un Estado racista, ahora ya de manera oficial”. Un editorial del periódico Haaretz estima que la ley, si se aprueba, “sacará al Estado de Israel de la comunidad de naciones democráticas y le dará unaplaza de honor junto a esos regímenes oscuros en los que se persigue a las minorías”.

Dos partidos de la coalición de gobierno se opusieron al proyecto: El Movimiento, de la conocida dirigente Tzipi Livni, titular del Ministerio de Justicia, y Hay un Futuro, de Yair Lapid, ministro de Economía. Netanyahu los destituyó ipso facto, y se propuso sustituirlos en la coalición de gobierno por dos formaciones ultraortodoxas, Shas y Judaísmo Unido del Pentateuco. En todas estas negociaciones intervino de manera destacada el ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, xenófobo por antonomasia, acusado además  de múltiples maniobras de corrupción que le valieron la destitución de su cargo, en el que posteriormente fue repuesto. Lieberman es partidario del Gran Israel, de expulsar a todos los palestinos del territorio, vive en una colonia judía en una región palestina ocupada de Cisjordania y ha proclamado con todas las letras que donde haya conflicto debe prevalecer el carácter judío del Estado sobre su carácter democrático.

Netanyahu zanjó la cuestión abruptamente. El 2 de diciembre comunicó por teléfono su cese a los ministros citados. Tzipi Livni declaró: “No se ha atrevido a decírmelo mirándome a los ojos”. Simultáneamente, anunció la inminente disolución de la Knesset, con la consecuente convocatoria a elecciones anticipadas. Se maneja como fecha más probable el próximo mes de marzo. La última vez que los israelíes acudieron a las urnas en elecciones generales fue en enero de 2013.

A todo esto, el proceso de paz con los palestinos ha quedado completamente de lado, estancado. La única novedad en esta materia es que, en esos mismos días, la Asamblea Nacional de Francia  votó una resolución instando al gobierno de París a reconocer al Estado palestino, algo que ya habían hecho España y un conjunto de otros países. En días posteriores, Amnistía Internacional emitió una declaración  señalando que los ataques aéreos contra edificios emblemáticos perpetrados en Gaza en agosto de 2014, en el último tramo de la operación militar israelí “Filo Protector” fueron ataques directos y deliberados contra edificios civiles (muchos de ellos de elevado valor histórico) y constituyen crímenes de guerra.

En esta situación se escucharon las opiniones del eminente músico argentino-israelí Daniel Baremboim, director de una orquesta juvenil palestino-israelí con amplia actuación internacional  y activo militante por la paz en la región. En una reflexión sobre el tema, recordó esta aseveración del primer ministro israelí Yitzaj Rabín: “Yo fui soldado y sé que Israel puede ganar una guerra contra Siria, Líbano y Egipto, y quizá incluso derrotarlos a todos a la vez. Pero Israel no puede ganar una guerra contra el pueblo palestino. Mi primer deber es proteger  la seguridad del pueblo israelí, y solo puedo cumplirlo si firmamos la paz con los palestinos”. A juicio de Baremboim, “expresar esta opinión en público fue lo que le costó la vida a Rabín” (a manos de un extremista judío, en una plaza de Tel Aviv).

Publicado en LA ONDA digital, Nº 702, 15 de diciembre 2014

 

 

 

 

 

 

¿Los nuevos arios? La nazificación de Israel


Traducido del inglés para Rebelión por Carlos Riba García.

Una aclaración: no hablo de la nazificación del judaísmo, que es mi religión, la de mis padres y antepasados provenientes de los shtelachs de Rusia; una religión por la que siento reverencia por su implicación laica en la lucha por los desamparados, su devoción por la gente de trabajo y los pobres, su libertad de pensamiento respecto del logro de la igualdad entre las razas; por su implicación cultural con la belleza en todas sus expresiones, la literatura, la filosofía, la pintura y, especialmente para mí, la música; por su implicación religiosa con los principios morales de la Torah, su amor por el extranjero, su implícito compartir de la munificencia, la autenticidad de su modo de pensar respecto de la devoción y la fe. Tampoco de la nazificación del sionismo, porque aunque creo que el sionismo ha demostrado ser una ideología colonial e imperialista, no siempre ha sido ese el caso y en sus etapas más tempranas e incluso quizás en el Yishuv fue la manifestación del radicalismo obrero arraigado en el kibutz. Hablo más bien de la nazificación de Israel, que –según mi opinión– se ha corrompido, llenado de vergüenza, tergiversado y traicionado totalmente al judaísmo, que en toda su historia ha alzado los ojos al cielo para alabar a Dios y mantener sus seculares y culturales aspiraciones de libertad y democracia; por el contrario, Israel ha militarizado la religión mediante la arrogancia, el orgullo desmedido y el complejo de superioridad, lo que lleva a un desdeñoso desprecio hacia todo lo que encuentra en su camino, integrando incluso al kibutz en el sistema de seguridad que se alimenta del desplazamiento de población y la furia sin trabas dirigida el Enemigo, tanto de dentro como de fuera. 

En primer lugar, ¿por qué el término nazificación? ¿Es acaso la consecuencia de un odio del judío a sí mismo? Defensores a ultranza de Israel que, debido a su equivocada lealtad, son incapaces de plantarse y denunciar las recientes atrocidades en Gaza, podría pensarse, incluyendo lamentablemente un número importante de judíos de todo el mundo, especialmente en Estados Unidos. Y en cuanto a los mismos israelíes, es casi inexistente la oposición a la limpieza étnica, al uso desproporcionado de la fuerza, a la adjudicación de una ciudadanía de segunda a los árabes de Israel. El Behemot de Oriente Medio está adquiriendo unos monolíticos rasgos mentales e ideológicos de exclusiva propiedad, de tal modo que las críticas internas también son vistas como odio judío a sí mismo. La elección de “nazificación” ha sido deliberada porque es la palabra que aplica a lo que está sucediendo, como lo plantea el New York Times en el encabezamiento de un artículo de Isabel Kershner, “El gabinete israelí aprueba ley de nacionalidad” (nov 2014), el eufemismo para el tipo de leyes arias aprobadas al llegar Hitler al poder. Es penoso, por no decir más; una confirmación de lo que he venido diciendo todo este tiempo: El extremo dolor y la brutalidad del Holocausto se han convertido en la experiencia histórico-psicológica fundamental que ha cauterizado la mente judía como si una esterilidad de pensamiento de tipo post-apocalíptico hubiera dejado a los judíos vulnerables a la dinámica psicológica de la introyección –la introducción en uno mismo de las pautas y la visón del mundo propias del opresor–, naturalmente, en las condiciones más funestas, y pasándolas –como recomendables– a las generaciones futuras. 

Hasta estos días, el ciclo no se ha roto y, ciertamente, es realimentado por el salvajismo de “las botas sobre el terreno” hacia aquellos que han sido definidos como más débiles e inferiores: los palestinos, ya que son ellos quienes se han rendido –una subrogación colectiva–, como hicieron los judíos bajo el nazismo, realizando así la patología de identificación con los primeros captores. Una “liberación” como esta llega a expensas de quienes se la ingenian para ser el chivo expiatorio y, por tanto, no hay liberación en absoluto sino que se está empujando aún más profundamente el esquema mental en la oscuridad del horroroso y primitivo contexto de la exterminación. El grito de “Nunca más”, hecho sentido, es una señal de valentía, de coraje moral, de conciencia vital que surge de las más hondas profundidades de la desesperación; sin embargo, cuando la fundación de Israel debería haber sido el momento de suprema afirmación, en lugar de que la herida curara se hizo cáncer, el grito mismo se prostituyó para convertirse en vehículo de poder irrestricto y fariseísmo al servicio de la subyugación popular de quienes ahora son los menos afortunados.

* * * 

Primero, volvamos al artículo de Kershner; ella empieza diciendo que “El domingo [23 de noviembre], el gabinete israelí aprobó un polémico proyecto de ley que pone el énfasis en el carácter judío de Israel por encima de su naturaleza democrática en una medida que –dicen los críticos– puede hacer más difícil la frágil relación con la minoría árabe del país en un momento de fuertes tensiones”. La presunción de “naturaleza democrática” de Israel es discutible; al menos, la autora reconoce que la Ley de Nacionalidad es ajena a ella. Pero la legislación propuesta ha llevado mucho tiempo de elaboración y sus oponentes (hasta ahora una decidida minoría: yo) “temen que cualquier legislación que dé preeminencia a la judeidad de Israel puede conducir tanto a enfrentamientos internos como a dañar la relación de Israel con los judíos de otros países y con los aliados internacionales del país”. En el gabinete, “la propuesta de ley fundamental, que tiene por título ‘Israel, el estado nacional del pueblo judío’, fue aprobada por 14 - 6”, con la oposición de los dos partidos centristas de la coalición. La Knesset aún no ha votado. 

Netanhaju defendió el proyecto de ley diciendo que lo modificaría antes de la votación final para incluir el principio de “igualdad de derechos individuales para todos los ciudadanos”, un principio impreciso –y sospechoso, para mí– dada la situación actual, el historial de primer ministro y el acento puesto en el carácter “individual” de los derechos en lugar de considerarlos colectivos o comunitarios. Un crítico, Ahmad Tibi, miembro árabe de la Knesset, estima que la expresión “democracia judía” es una contradicción en sus términos, que “confirma que unir las palabras judío y estado democrático es una ficción”. Kershner informa de que unos borradores preliminares fueron “promovidos por legisladores de derechas”, que, entre otras cosas, despojaban a los árabes tanto de su estatus como de la oficialidad de su lengua. 

Así es; todo esto apunta al envío de nerviosas ondas que atraviesan el estado. La descarada discriminación temida no solo por su capacidad de provocar tensión sino también por el empobrecimiento de las relaciones públicas que, según Avinoam Bar-Yosef, del Instituto de Políticas del Pueblo Judío, “puede estigmatizar a Israel a los ojos del mundo libre y distanciar a los judíos de la diáspora que apoyan el proyecto sionista”. Netanyahu parece mantenerse firme mientras reclama nuevas leyes que anularían beneficios y prestaciones sociales (además de otras cosas no especificadas) a aquellos que tiren piedras y, presumiblemente, sus familiares. Algunas líneas ya reveladas con respecto a los árabes israelíes muestran más dureza. Le doy la palabra a Netanyahu en la nota de Kershner: “Hay muchos que están desafiando el carácter de Israel como estado del pueblo judío. Los palestinos se niegan a reconocerlo, también hay oposición interior”. La oposición de los árabes israelíes, pero también –hoy pocos, se admite– algunos judíos bellacos cuando el odio de los muchos se convierte en un cáncer que pone en peligro a Israel. 

La Ley de Nacionalidad sigue bajo el radar, pero Peter Beaumont, del Guardian, escribe en su artículo del 23 de noviembre: “El gabinete israelí aprueba una legislación que define el estado-nación del pueblo judío”, y desarrolla algunos detalles e implicaciones de la medida exponiendo que la aprobación del gabinete se produjo “a pesar de las advertencias de que ese paso arriesga el debilitamiento del carácter democrático del país”, sobre todo la definición de “derechos nacionales ‘reservados’ solo a los judíos” y no a las minorías de Israel. Ya que, como escribe Beuamont, “La ley, que se supone pasaría a formar parte del conjunto de leyes fundamentales de Israel, reconocería el carácter judío del país, institucionalizaría la ley [religiosa] judía como la inspiradora de las leyes y negaría al árabe la condición de segunda lengua oficial”. Lo último, por supuesto, tiene el propósito de herir, de menospreciar la historia, la cultura y la identidad del Adversario, permitiendo así el tratamiento impersonal para con el innominado, que es el rasgo más destacado de la política israelí: negación siempre que haga falta. Sin embargo, también hay algo más duro: “En Cisjordania, el domingo [23 de noviembre] fue incendiada una casa palestina. ‘Los colonos vinieron y golpearon la puerta, pero yo no quise abrir’, dijo Huda Hamaiel, la dueña de la casa. Ella contó que los colonos rompieron el cristal de una ventana y arrojaron una bomba de petróleo dentro de la casa. Y pintaron en la fachada: ‘Muerte a las árabes’ y otras frases llamando a la venganza”. Sea por una ley constitucional o sea mediante la modalidad “tropas de asalto”, el resultado es el peor posible y de ningún modo condice con las propósitos de una democracia. 

* * * 

Empleo aquí la palabra “ario” no para mencionar a alguien en particular; la utilizo en su acepción genérica de un hipotético tipo étnico –pureza–, ya sea que se aplique a raza, religión, nacionalidad o cualquier otra cosa que encaje con los propósitos histórico-ideológicos de una sociedad totalitaria. ¿Israel? En la Ley de Nacionalidad, el etnocentrismo es inscrito en su mismísimo ser, el judío como el Neo Seudo-Gemeinschaft*, dirigido hacia dentro, sabido en sí mismo por aquel que es excluido, expandiéndose hacia fuera en la forma de un espíritu combativo como medio para exigir respeto y mostrar poderío militar, desde el judío al israelí marcando el viaje hacia el Supermensch**, el desprecio de las obligaciones internacionales y el aprecio del mundo. Curiosamente, se pone en juego la conversión; la institución rabínica de Israel establece las condiciones que aseguran esa pureza, mientras inclina trabajosamente la sociedad hacia la derecha en áreas que poco tiene que ver con la religión. Es posible que el comentario que el 24 de noviembre publiqué –en el New York Times– del op. ed.*** “Judaism Must Embrace the Convert”, de Shmuly Yanklowitz, rabino ortodoxo que reconoció la naturaleza cerrada de la sociedad israelí, ayude a ampliar mi razonamiento sobre la nazificación (un término que él definiría como abominable aplicado a Israel): 

“El artículo del rabino Yanklowitz es profundamente conmovedor y razonable en sí mismo, pero también –aunque quizá sin pretenderlo– de mucha relevancia respecto del estado actual del mundo del judaísmo en relación con los valores de la Torah y los principios ético-morales judíos en su aplicación a los palestinos. La bienvenida a los extranjeros no debe limitarse a los conversos, debe aplicarse fundamentalmente a todos los seres humanos; pensada la bienvenida como justicia social y respeto que se brindan al otro. 

“Hoy día, el judaísmo está aquejado de etnocentrismo, de la dicotomía entre ellos y nosotros que impide tender la mano y reconocer qué hay de humano en los demás. 

“Sí, el desarrollo de una actitud hacia la conversión que sea más progresista y más amable implica considerar la reciente destrucción de Gaza, la vileza de la Ocupación y el ahogamiento del disenso interno en Israel. El judaísmo está en una encrucijada; su esencia espiritual de compasión y su experiencia de siglos de discriminación y sufrimiento se están evaporando ante nuestros ojos en la crueldad de la opresión exhibida por el moderno estado de Israel con la complicidad y aquiescencia de la comunidad judía del mundo. La conversión es una prueba de capacidad de incluir, de levantar los principios morales hasta el nivel definitivo de la fe; pero también eso es la Cuestión Palestina, una prueba. ¿Estamos, como judíos, repitiendo el comportamiento de aquellos que nos condenaron, golpearon y asesinaron, o estaremos a la altura de nuestras más altas profesiones de fe? Sí, Rabino, el pasaje sobre el extranjero. Nadie es extranjero a los ojos de Dios.” 

Notas: 

Gemeinschaft, en alemán, comunidad. (N. del T.)

** Supermensch, en alemán, superhombre. (N. del T.)

*** Op. ed. abreviatura de página opuesta al editorial (proveniente del inglés opposite the editorial page, a menudo erróneamente mencionada como opinión-editorial ), es un artículo periodístico que expresa las opiniones de un escritor que suele no estar afiliado al comité editorial del periódico. Son diferentes a los editoriales, los cuales no van firmados y son escritos por miembros del comité editorial. (Extraído y adaptado de Wikipedia por el traductor.) 

 Norman Pollack ha escrito sobre populismo. Sus intereses pasan por la teoría social y el análisis estructural del capitalismo y el fascismo. Puede encontrársele en pollackn@msu.edu  

Fuente original: http://www.counterpunch.org/2014/11/28/nazification-of-israel/

 

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193136

 

Éxito del Boicot Desinversión y Sanciones (BDS)

Elbit Systems pierde un contrato clave en Brasil debido a

protestas pro-palestinas

 

Stop the wall

Palestina ocupada, 03 de diciembre de 2014 – El Estado brasileño de Rio Grande do Sul ha cancelado un importante acuerdo de cooperación con la compañía militar israelí Elbit Systems tras las protestas por el papel que desempeña esta empresa en la represión de los y las palestinas.

Los movimientos sociales y sindicatos brasileños así como grupos palestinos habían pedido a la autoridades que cancelaran el acuerdo debido al papel que ha desempeñado Elbit en la constricción del ilegal Muro del Apartheid israelí en la ocupada Cisjordania y a su estrecha relación con el ejército israelí.

Tarson Nuñéz, coordinador del departamento de relaciones internacionales del gobierno de Rio Grande do Sul, describía esta decisión de su gobierno de la siguiente manera: “Nuestro gobierno siempre ha dado prioridad a la promoción de la paz y de los derechos humanos, y considera que las demandas de los movimientos sociales son una voz importante que hay que escuchar. El anuncio de hoy es la consecuencia lógica de ello.

En el reciente ataque de Israel a Gaza que mató a más de 2.100 palestinos y palestinas se probaron drones suministrados por Elbit Systems. La cotización de las acciones de esta compañía aumentaron desde la masacre debido a que los inversores preveían que iban a aumentar los encargos de esta tecnología utilizada por primera vez en ese ataque.

En abril de 2013 el gobernador de Rio Grande do Sul, Tarso Genro, había firmado un acuerdo de cooperación de investigación que convertía a Elbit en la primera empresa militar israelí en dirigir proyectos militares brasileños. Se le iba a proporcionar a Elbit acceso a fondos públicos y a tecnologías producidas por cuatro universidades locales. Las protestas locales y la falta de apoyo del gobierno federal debilitaron el proyecto. En una carta abierta Tarso Genro afirmó que el memorando de entendimiento estaba “vacío de significado”.

Entre los proyectos cancelados tras el anuncio del martes está un plan por valor de 17 millones de dólares de construir un satélite militar.

El movimiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS), una campaña dirigida desde Palestina para aislar internacionalmente a Israel como se hizo con Sudáfrica, ha recibido con satisfacción el anuncio como una victoria importante.

Jamal Juma, coordinador de la Campaña Palestina contra el Muro y miembro del Comité Nacional de BDS, la coalición de organizaciones que dirige el movimiento de BDS, afirmó: “Elbit Systems se ha convertido en el símbolo de la construcción por parte de Israel de un muro de apartheid en la ocupada Palestina y de su agresión militar contra nuestro pueblo. Israel solo puede mantener sus violaciones de los derechos humanos gracias a la colaboración internacional, entre la que se incluyen acuerdos como el que el gobierno de Rio Grande do Sul acaba de cancelar. Después de la masacre de los y las palestinas de Gaza cometida por Israel, esperamos que otros gobiernos den pasos para acabar con la cooperación militar con Israel”.

Organizaciones brasileñas como la federación de sindicatos CUT, la Marcha Mundial de las Mujeres, así como grupos de estudiantes y partidos políticos locales habían presionado a las autoridades de Rio Grande do Sul para que cancelaran su acuerdo con Elbit Systems e incluso bloquearon las entradas a instalaciones propiedad de la filial de Elbit, AEL Sistemas. La embajada palestina y la Federación Palestina en Brasil se habían entrevistado en varias ocasiones con el gobierno acerca de este asunto.

El rector de la universidad que lidera la investigación aeroespacial en la región había declarado que la universidad no iba a trabajar con Elbit Systems en ninguna investigación que pudiera incluir investigación militar, con lo puso en duda la viabilidad del memorando.

Antonio Lisboa, secretario de relaciones internacionales de la federación de sindicatos CUT, afirmó: “Esta acertada decisión del gobierno de Rio Grande do Sul refleja la oposición cada vez mayor a las políticas de apartheid de Israel. Ahora el gobierno brasileño debe cortar todas sus relaciones militares con Israel, un Estado que practica el terrorismo de Estado contra las y los palestinos”.

En 2009 el fondo estatal de pensiones noruego desinvirtió de Elbit Systems y desde entonces más de una docena de inversores estatales han seguido su ejemplo.

Durante la última masacre de Israel en Gaza se ocuparon fábricas de Elbit en Reino Unido y Australia.

Los gobiernos y las autoridades locales están emprendiendo cada vez más acciones en contra de la complicidad de las empresas con las violaciones del derecho internacional por parte de Israel. Al menos 17 gobiernos de la Unión Europea han advertido al mundo de los negocios del riesgo de hacer negocios con las ilegales colonias israelíes. La multinacional francesa Veolia perdió más de 20.000 millones de dólares por la cancelación de contratos con autoridades locales debido a que suministran servicios de infraestructura a las ilegales colonias.

Rio Grande do Sul ya había empezado a desempeñar un papel importante respecto a la cuestión de Palestina cuando en 2012 se celebró en Porto Alegre el Foro Social Mundial Free Palestina.

Mahmoud Nawajaa, coordinador del Comité Nacional Palestino de BDS afirmó: “Esta decisión es un ejemplo importante de cómo el movimiento popular que organiza el movimiento de BDS puede influenciar en la política del gobierno y cambiarla. A principios de esta semana nos reunimos bajo el paraguas de la ONU para discutir medidas eficaces para coordinar las políticas de los gobiernos locales con el fin de excluir de los contratos públicos a las empresas que ayudan a Israel a violar el derecho internacional”.

Jamal Juma, de Stop the Wall, añadió: “La decisión de hoy da esperanzas a todos los palestinos y palestinas que resisten al brutal sistema de apartheid de Israel. Damos las gracias a todos aquellos movimientos y activistas que han hecho posible esta victoria para los derechos de las y los palestinos”.

 

Muere un ministro palestino tras un incidente con soldados israelíes

Abu Ein participaba en un acto de plantación de olivos en una localidad de Cisjordania

Por Carme Rengel, corresponsal en Jerusalén de "El País", de España.

 

Muere un ministro palestino tras un incidente con soldados y colonos israelíes / ABBAS MOMANI / Reuters-Live

Ziad Abu Ein, de 55 años, ministro sin cartera palestino a cargo de la lucha contra los asentamientos y el muro de separación de Jerusalén Este y Cisjordania, murió este miércoles en Turmusaiyya (Cisjordania) tras un enfrentamiento con soldados y policías de frontera de Israel. La autopsia aclarará si falleció por los golpes en el pecho de un uniformado, como indican varios testigos, por la inhalación de gases lacrimógenos o por un ataque al corazón, versión del Ejército. El Gobierno palestino, como represalia, decidió suspender las labores de coordinación de seguridad con Israel.

más información

•             43 muertos palestinos este año, un soldado procesado

•             Israel responde al Gobierno de unidad palestino con más viviendas

•             Israel aprueba de urgencia 700 casas más en colonias antes del diálogo con Palestina

Según la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el ministro participaba en una manifestación con motivo del Día Mundial por los Derechos Humanos. El acto incluía la plantación de olivos frente a un triángulo formado por tres asentamientos judíos —Shilo, Eli y Maale Levona—, donde se han producido choques entre colonos y palestinos en las últimas semanas.

Mahmud Aloul, asesor de Abu Ein, sostiene en un comunicado difundido por la OLP que los soldados impidieron que la marcha, de unas 200 personas, avanzase más. Entonces comenzaron a lanzar gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes y “golpearon” a algunos, entre ellos, el ministro. Aloul, además de un fotógrafo de AFP, explicaron que tres uniformados agarraron al dirigente y uno le golpeó en el pecho con la culata de su arma. La prensa fotografió a un agente de fronteras en el momento en el que lo agarra por el cuello. Un reportero del Canal 10 israelí sostiene, por el contrario, que no percibió ningún golpe “llamativo o intencionado” contra Abu Ein, junto a quien se encontraba.

El político tuvo que sentarse en el suelo, con la mano en el corazón y pálido, pero aún pudo repetir que estaba “peleando por la tierra palestina, que no pertenece a los colonos”. Luego se desmayó y murió en la ambulancia antes de llegar al hospital de Ramala. Su familia ha informado de que sufría diabetes e hipertensión. Se investiga ahora si estas enfermedades tuvieron que ver en el fatal desenlace. Forenses palestinos, israelíes y jordanos se encargan de la autopsia de Abu Ein, destacado miembro del Consejo Revolucionario de Fatah, partido del presidente Mahmud Abbas, y hasta verano, viceministro de la cartera encargada de los presos. Condenado a cadena perpetua por un atentado en Tiberias (Israel) del que siempre se declaró inocente, fue liberado tras 13 años entre rejas en un intercambio de presos en 1985 y actualmente promovía manifestaciones contra la ocupación.

El Ejército de Israel informó de que está “revisando” lo ocurrido, un acto que Abbas tildó de “bárbaro”. Prometió que tomará “todas las medidas” para aclararlo. Saeb Erekat, principal negociador de la OLP, dijo que es un ejemplo de las “crueles y arrogantes” acciones de Israel y de su “cultura de impunidad”. Hamás y la Yihad Islámica “lamentaron” esta muerte y llamaron al presidente Abbas a “cortar todos los lazos” con Israel.

Tanto Naciones Unidas como Europa exigieron al Ejecutivo de Benjamín Netanyahu que investigue lo ocurrido de forma “inmediata, exhaustiva y transparente”. Por ahora ningún miembro del gabinete ha hecho declaraciones al respecto. Federica Mogherini, jefa de la diplomacia de la Unión Europea, calificó de “extremadamente preocupantes” las denuncias por exceso de fuerza de Israel.

El Gobierno palestino ha decretado tres días de luto oficial y hoy, durante el entierro, se esperan manifestaciones importantes. Los comercios de Ramala están de huelga. Además, se produjeron altercados en varios campos de refugiados próximos a la capital administrativa palestina, el más grave en Al Jalazoun, donde un niño de 14 años resultó herido en la cabeza por una bala recubierta de goma lanzada por fuerzas israelíes. Está grave pero estable. La ONU confirmó que este año, medio centenar de civiles palestinos han muerto por agresiones de israelíes en Cisjordania, casi el doble que en 2013.

 

El día que nos quemaron la casa

Por: Quique Kierszenbaum desde Jerusalén, Israel.

La semana pasada jugaba con mi hijo en la relativa tranquilidad de un fin de semana otoñal en Jerusalén, hasta que una placa en la televisión hizo añicos la paz familiar. La noticia: había sido quemada la escuela Mano a Mano, a la que concurre Guil, mi hijo de 12 años, y en la que trabaja mi señora, Sharon. Unos siete u ocho minutos nos separan de la escuela; en segundos estaba en la calle apurando el paso camino al colegio. En casa quedaron Sharon y Guil, en estado de shock.

 La mayoría de los miembros de la comunidad sabíamos que esto podía pasar, que era cuestión de tiempo. La ciudad ha cambiado mucho desde el verano pasado. Es más racista e intolerante, y nuevamente es objetivo de la violencia. Las huellas de este clima habían pasado ya por las paredes de nuestra escuela con un mensaje claro. “Muerte a los árabes”, decía una consigna de “moda” en la ciudad.

Esta nueva violencia, diferente, está caracterizada también por aquellos palestinos que sin ninguna organización política que los envíe, o que los ayude en sus ataques, deciden llevar a cabo operaciones en las que los objetivos son israelíes. El más cruel de los ataques -a la sinagoga de Har Nof, en el que murieron cuatro judíos ortodoxos en medio del rezo matutino- confirmó el nivel de violencia de este conflicto. Y no podemos olvidar el brutal asesinato de Mohamad Abu Khdeir, el joven palestino que fue quemado vivo por extremistas judíos ultranacionalistas, que originó los enfrentamientos, casi diarios, entre jóvenes palestinos y fuerzas de seguridad israelíes.

La respuesta del Estado a esta violencia fueron penas colectivas para la población palestina de la ciudad, mano dura y cero diálogo. No son una buena receta para apagar, o al menos bajar, las llamas de esta nueva fogata en la ciudad. Estas penas colectivas han sido criticadas hasta por los propios integrantes de los aparatos de seguridad, por el malestar general que provocan en la población palestina.

El fuerte olor a quemado inundó los últimos metros hasta la entrada de la escuela; mientras los bomberos luchaban por apagar definitivamente el fuego de una de las aulas, los directores de la escuela y los padres iban de un lado al otro, tratando de entender qué había pasado.

Para no dejar lugar a la imaginación, los perpetradores nos dedicaron unas pintadas, algunas conocidas, otras nuevas. El lugar en el que los niños aprenden a leer y escribir sus primeras palabras había sido decorado con mensajes de odio, como “muerte a los árabes”, “no hay coexistencia con el cáncer” o “basta de asimilación”. Los atacantes prendieron el fuego armando una pila de libros y cuadernos en el centro del aula.

Las primeras horas fueron shockeantes. Las caras de quienes estábamos en la escuela lo decían todo. Nos habían quemado la casa, porque para nuestra comunidad este proyecto es mucho más que una simple escuela, es el lugar en el que nos comprometimos y apostamos por una sociedad más justa, donde se eduque en valores de igualdad, de respeto mutuo y de solidaridad.

Judíos y árabes nos negamos a ser enemigos en esta escuela, y nuestros hijos incorporan este mensaje desde que ingresan. Quienes estábamos dentro del edificio no sabíamos qué ocurría afuera, ya que la Policía había bloqueado la entrada. Dos horas después, cuando la Policía permitió la entrada, un río de gente se abrió camino hasta la sala de maestros en la que estábamos reunidos. Había padres, maestros y ex alumnos; todos habían venido a dar una mano. Esa noche decidimos que la escuela abriría sus puertas al día siguiente, como de costumbre. Dejamos el trauma para pasar a la acción. Teníamos que dar apoyo al equipo de la escuela, a los directores y a los maestros, que tendrían que contarles lo ocurrido a nuestros hijos. Tendríamos que atender a la prensa, a los políticos y sus promesas, y a quienes vinieran a identificarse con nosotros.

Ha sido una semana intensa. Muchos padres hemos dividido nuestra vida entre el trabajo y la presencia en la escuela, para ayudar, explicar o simplemente estar presentes. Hemos recibido visitas y los niños de la clase quemada han sido invitados a la residencia del presidente Reuven Riblin, que en más de una ocasión ha manifestado su apoyo a la escuela.

Nuestra escuela es la única de su tipo en la ciudad de Jerusalén: la mitad de los niños son judíos y la mitad árabes, se enseña el árabe y el hebreo como primeras lenguas y se aprenden las dos narrativas históricas. Pero la ONG Mano a Mano dirige y coordina tres escuelas y dos jardines de infantes que parecen haberse convertido en una amenaza para quienes buscan una sociedad monolítica, con ciudadanos de clase superior y minorías de segunda clase. La incitación no llega sólo desde lugares oscuros, viene también de parlamentarios que se expresan en forma radical, fomentando el odio y la violencia.

En un ambiente de violencia como el que se vive en la ciudad, me atrevo a asegurar que las fuerzas del mal no han hecho su última visita a nuestra escuela.

Estoy convencido de que para solucionar el conflicto se necesitan menos armas, menos policías y más escuelas como Mano a Mano. Sólo la educación conjunta permitirá que las próximas generaciones enfrenten la realidad en una forma diferente y lleguen a una paz justa y verdadera.

Para el viernes 5 convocamos una marcha en apoyo a la escuela, a la que acudieron más de 2.000 personas a darnos el apoyo y el abrazo fraterno que necesitábamos.

Colgada en la entrada de la escuela hay una carta que dice: “Continuamos juntos, sin odio y sin temor”. Así lo haremos. Quien quiso quemar una idea sólo nos fortaleció.

 

Publicado en La diaria. Montevideo, 10 de diciembre de 2014.

La violencia sexual, el cuerpo de la mujer y los asentamientos coloniales de Israel

Jadaliyya.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

“Muertes”. (Cuadro de Suhad Daher-Nashif)

 

“No sólo invadieron nuestro hogar, se apoderaron de nuestro espacio vital expulsándonos, también me arrestaron y me llevaron a la maskubya (comisaría). Me metieron en la celda número cuatro y allí me dejaron durante mucho tiempo. Después, un hombre alto y grande, un oficial de policía, entró para interrogarme. Estaba sola y empecé a temblar de miedo cuando cerró la puerta y empezó a mover cosas por la habitación y a examinarme de pies a cabeza. Me sentía aterrorizada y mi corazón latía a toda velocidad. Sus ojos taladraban mi cuerpo mientras abría cajones como buscando algo. Luego salió de la habitación y volvió cinco minutos después sosteniendo una caja. Sacó de ella un par de guantes de plástico azul y se los colocó en las manos mientras me miraba y decía: “… Ven aquí…” Debo decirles que cuando asaltaron mi casa y nos echaron me asusté muchísimo. Que me sentí también muy angustiada cuando arrestaron a mi hijo. Pero mis miedos a ‘ya saben qué’… a que abusara de mí, a que me violara con sus grandes manos azules y más… fueron los momentos más aterradores de mi vida . [1]”

Estas fueron las palabras de Sama, una mujer palestina de treinta y seis años que había perdido el espacio físico íntimo familiar de su hogar para pasar a experimentar nuevos terrores ante la amenaza de abusos sexuales. La narrativa de Sama no es infrecuente porque las mujeres colonizadas que viven bajo graves condiciones de privaciones y desposesión están sometidas a ataques directos contra su sexualidad y los derechos de sus cuerpos. La violencia sexual es fundamental en la estructura global del poder colonial, en su maquinaria de dominación de carácter racial y en su lógica de eliminación. Esto se ve de inmediato en la historia de los contextos colonizadores, donde la maquinaria de la violencia se dirige explícitamente contra la sexualidad de las mujeres nativas y la seguridad de sus cuerpos, considerándolas como “enemigos internos” de orden biológico, al ser quienes producen la siguiente generación.

El colonialismo como “estructura, no como suceso” actúa a través de la “lógica de la eliminación tratando de erradicar la presencia indígena de un territorio específico (“elemento irreducible” de los asentamientos coloniales). El colonialismo de asentamientos “destruye para reemplazar”. La invasión del territorio indígena busca borrar la presencia indígena sobre la tierra de forma permanente, para sustituirla con una nueva sociedad y un sistema de gobierno de colonos. Los expertos sostienen que la lógica de la eliminación utilizada por el colonialismo de asentamientos puede culminar en el genocidio indígena. En sus formaciones europeas, tanto el colonialismo de asentamientos como el genocidio han “empleado la gramática organizadora de la raza”. Desde sus comienzos, el Estado judío ha estado incrustado por una lógica colonial de carácter racial. Esta lógica presenta al palestino como un ser peligroso en oposición al sujeto blanco/judío y a la polis blanca/judía. Como han señalado numerosos autores, esta configuración racial se articula a través de los pensadores sionistas de la ideología orientalista que presentaba al pueblo judío como mantenedor de la civilización europea frente a una región y a un pueblo culturalmente atrasados. Tal proyecto “modernizador” o misión “civilizadora” se apoyaba en un imaginario sionista de trabajo exclusivamente judío cultivando una tierra vacía y yerma, haciendo que “el desierto floreciera”. Los primeros dirigentes sionistas intentaron actualizar el mito fundacional sionista de una “tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” mediante una limpieza étnica sistemática de los palestinos indígenas en 1948. La entidad sionista continúa expulsando hoy en día a los nativos palestinos. Las masacres en Gaza de julio y agosto de 2014, y las políticas represoras “de puño de hierro” contra los jerosolimitanos palestinos en el momento de escribir este artículo, son modos contemporáneos de expulsión colonial de los nativos palestinos.

Sostenemos que la agresión a los cuerpos y sexualidad de las mujeres palestinas es estructural en la lógica de eliminación de carácter racial del proyecto de asentamientos coloniales de Israel. Laviolación y otras formas de violencia sexual contra las mujeres palestinas han conformado siempre uno de los elementos de los intentos del estado de asentamientos coloniales para destruir y eliminar de su tierra a los indígenas palestinos. Además de la violación y otras formas de violencia sexual, la lógica racial de la violencia sexual activa el imaginario y proyecto mismos de conquista y cultivo de la tierra palestina para transformarla en la polis judía. De ahí que nuestra discusión sobre la violencia sexual esté incardinada no sólo en las prácticas y políticas sexualizadas del Estado sionista, también en la naturaleza misma de la violencia de los asentamientos coloniales.

Como feministas palestinas, afirmamos que el imaginario del movimiento sionista de conquista y colonización del cuerpo palestino es inseparable del proyecto de conquista y colonización de la tierra palestina y erradicación de la presencia indígena. Aquí nos apoyamos en la afirmación de la estudiosa Andrea Smith de que la lógica de la violencia sexual colonial “establece la ideología de que los cuerpos nativos son intrínsecamente violables y, por extensión, que las tierras nativas son también intrínsecamente violables”. Es en la lógica de la violencia sexual de los asentamientos coloniales en la que nos centramos para nuestro análisis de la continua Nakba a la que está sometido nuestro pueblo. Rastreamos la lógica de la violencia sexual en su contexto histórico y actual como maquinaria, oculta y evidente, del patriarcado colonial contra las comunidades indígenas en Palestina. La lógica de la violencia sexual intenta fragmentar la familia palestina y la vida comunal a la vez que amputa la conexión con la patria palestina. El proyecto sionista está intrínsecamente basado en la destrucción de los cuerpos y la tierra nativos palestinos, lo cual no puede separarse de la lógica colonial de la eliminación. La violencia sexual no es simplemente un subproducto del colonialismo sino que “el colonialismo está en sí mismo estructurado por la lógica de la violencia sexual”.

La violencia sexual y el genocidio palestino a partir de la Nakba

Para poder entender los incrementados ataques contra los cuerpos de las mujeres palestinas en unos momentos en los que el régimen de asentamientos coloniales intensifica su acoso, es necesario llevar a cabo un análisis feminista. Tal análisis toma la Nakba como punto de partida analítico. Israel se levantó sobre las ruinas de la patria palestina, sobre su territorio, dolor y desplazamiento. Se construyó sobre la destrucción de nuestros lazos sociales comunitarios, a partir de la violación e invasión de nuestros hogares y cuerpos. Violar y matar a las mujeres palestinas era un aspecto fundamental de las sistemáticas masacres y expulsiones llevadas a cabo por las tropas israelíes durante la destrucción de los pueblos palestinos en 1948. Por ejemplo, durante la masacre de Deir Yasin:

“Dieron la orden de que todos los habitantes se encaminaran a la plaza del pueblo. Allí, les alinearon contra un muro y les dispararon. Un testigo dijo que a su hermana, que estaba embarazada de nueve meses, le dispararon en la nuca. Sus asaltantes le abrieron después el vientre con un cuchillo de carnicero y le sacaron el feto. Cuando una mujer árabe trató de recoger al bebé, le dispararon… A las mujeres las violaron ante los ojos de sus niños antes de matarlas y arrojarlas a un pozo.”

David Ben Gurion, al igual que otros dirigentes sionistas, habló abiertamente sobre la violación y tortura sexual de las mujeres palestinas en las anotaciones que hizo en su diario durante 1948. Al mismo tiempo que abogaba por la matanza de mujeres y niños palestinos, les representaba como una amenaza para la política de asentamientos coloniales judíos y premiaba a todas las madres judías cuando tenían su décimo hijo. Ben Gurion se aseguraba de que la Agencia Judía, no el Estado, administrara esos incentivos a la natalidad para garantizar la exclusión de los árabes [2]. La fetichización de la fertilidad ha convertido a los palestinos, especialmente a las mujeres, en objeto de la retórica nacionalista que politiza profundamente su reproducción. Para los sionistas, las mujeres palestinas han sido siempre, y así continúan siendo como hemos visto en los últimos ataques contra Gaza, objetivos de la maquinaria de matar sionista.

Las investigadoras feministas han sugerido también que el Estado sionista moviliza la violencia contra los cuerpos y la sexualidad de las mujeres palestinas a fin de reforzar las estructuras patriarcales indígenas y ayudar a expulsar a los palestinos de su tierra. Los abusos sexuales por parte del ejército israelí han sido rampantes bajo la ocupación israelí. El Estado israelí y sus fuerzas militares han explotado la amenaza de la violencia sexual contra las mujeres palestinas y las percepciones patriarcales de sexualidad y “honor” para “reclutar a palestinos como colaboracionistas” durante los períodos de levantamientos y disuadir así de los intentos de resistencia organizada. Esta práctica ha sido históricamente tan prevalente que ha conseguido tener su propio término en la lengua árabe: isqat siyassy, que significa abuso sexual de los palestinos por razones políticas. El aparato de la seguridad estatal prosigue utilizando las identidades sexuales palestinas y las concepciones orientalistas de la “cultura árabe” para reclutar colaboradores y fragmentar la sociedad palestina. Recientes revelaciones de la Unidad 8200 de la inteligencia militar secreta de Israel han puesto de nuevo de relieve este hecho. La “violación” literal y figurada de los cuerpos de las mujeres palestinas, concebidos como intrínsecamente violables por la entidad sionista, está inherentemente estructurada por la misma lógica de violencia sexual que anima la violación y continuada confiscación del territorio nativo palestino del proyecto de asentamientos coloniales.

Desenmascarando la lógica de la violencia sexual

El silencio sobre el uso de la violencia sexual contra las mujeres palestinas [3] y sus comunidades por parte de la maquinaria sionista ha quedado aún más patente desde el inicio de las operaciones militares más recientes del Estado. La lógica de la violencia sexualizada, que estructura el proyecto de asentamientos coloniales de Israel, se ha hecho más visible durante el último período de la invasión militar. Eslóganes como “Muerte a los árabes” y “Árabes fuera” se han vuelto más utilizables y tolerables en la esfera pública israelí, revelando la deriva necropolítica contra los nativos palestinos en el núcleo mismo de la supuesta democracia judía.

El 1 de julio, justo después del descubrimiento de los cuerpos de los tres jóvenes colonos judíos que habían desaparecido en la Cisjordania ocupada, el profesor israelí Mordechai Kedar, del Centro Begin-Sadat para Estudios Estratégicos, subrayó en la radio pública: “Lo único que puede disuadir a… quienes han secuestrado a los adolescentes israelíes y les han matado, la única vía para detenerles es que sepan que van a violar a su madre y hermana cuando las cojan… esa es la cultura del Oriente Medio”. Sus comentarios sugerían que violar a las mujeres palestinas era la única forma de disuasión frente a la resistencia y el “terrorismo” palestinos.

A nosotras, como feministas palestinas, no nos sorprendió oír a Kedar defendiendo la violación como antídoto frente a la resistencia anticolonial. Al hacer esos comentarios en la radio pública, en abierto, donde iba a escucharle un amplio público judío israelí, tanto mujeres como hombres, incluidas las feministas judías israelíes, refleja la mentalidad y socialización del colono hacia los palestinos. Hablar de la violación de las mujeres palestinas como estrategia militar por parte de un supuesto académico de una de las universidades importantes de Israel revela el modo en el que los colonizadores retratan a las mujeres colonizadas. La presentación de un discurso orientalista sexualizado coloca a los palestinos como culturalmente “atrasados”, esos Otros no-humanos.

En caso de que los discursos sexualizados que Kedar activó parezcan una aberración, es importante señalar que no fue el único actor en este reciente teatro de violencia sexualizada. Los soldados israelíes que se aprestaban a matar palestinos en Gaza leían eslóganes de apoyo preparados por sus compañeros civiles israelíes judíos que afirmaban: “Id a machacar a sus madres y regresad con vuestra madre”. Los judíos israelíes se congregaban en lo alto de las colinas para observar y dar vivas cuando el ejército arrojaba bombas sobre Gaza. Una joven judía publicó en Facebook un mensajesobre el placer sexual que se sentía contemplando el linchamiento colectivo: “¡Qué orgasmo ver a las Fuerzas de Defensa de Israel bombardear edificios en Gaza con niños y familias dentro. Boom, boom!” Incluso el Primer Ministro Netanyahu recibió un correo, que circuló ampliamente por las redes sociales israelíes, en el que se mostraba a una mujer velada, desnuda de cintura para abajo, con un cartel que ponía “Gaza” y el siguiente mensaje: “¡Bibi, acaba dentro esta vez! Firmado: Ciudadanos a favor de un ataque terrestre”. Esto además de la declaración pública de la diputada de la Knesset Ayelet Shaked que dijo que había que matar a las madres palestinas.

La violación de la tierra, al igual que la violación de los cuerpos de las mujeres, ha pasado a primer plano en los más recientes ataques de eliminación de Israel contra el pueblo palestino. Mientras proseguía la masacre del pueblo palestino en Gaza, la naturaleza sexualizada de la invasión israelí y el terror racial contra los nativos palestinos se pusieron también al frente de la política y discusiones nacionalistas en la esfera pública dentro de Palestina. Las mujeres palestinas tomaron las calles con sus comunidades a través de la Palestina histórica para manifestarse contra las continuas masacres en Gaza. Las manifestaciones públicas adoptaron un giro de carácter sexual, mientras los llamamientos de las muchedumbres de “Muerte a los árabes” se transformaron rápidamente en el grito de “¡Hanin Zoabi es una zorra!”, en alusión a una diputada palestina del parlamento israelí que defendía el derecho a existir de su pueblo. La policía israelí atacó los cuerpos de las mujeres palestinas, también los cuerpos de sus compañeros, y les arrastraron fuera de las protestas en Haifa y Nazaret, donde fueron arrestados o golpeados por muchedumbres racistas. Destacadas personalidades religiosas y militares a sueldo del Estado emitieron edictos religiosos en los que se afirmaba que en tiempos de guerra estaba permitido bombardear a los civiles palestinos a fin de “exterminar al enemigo”. El consejo municipal de Or Yehuda, un asentamiento en la región costera de Israel, colgó una pancarta en apoyo de los soldados israelíes en el que se sugería la violación de las mujeres palestinas: “¡Soldados israelíes, los vecinos de Or Yehuda estamos con vosotros! ¡Machacad a sus madres y volved sanos y salvos a casa con vuestra madre!” [4].

Sostenemos que la lógica de la violencia sexual exhibida durante los ataques contra los nativos palestinos por toda la Palestina histórica, tanto a lo largo de la historia como durante las últimas agresiones israelíes, impregna tanto el Estado de asentamientos israelí como la sociedad colonial. En efecto, el Estado y la sociedad colonial son entidades inseparables, conectadas a través de un imaginario visceral psicológico y político que supera la división habitualmente enmarcada entre Estado/sociedad civil. Como Lorenzo Veracini señala, los colonos “llevan su soberanía con ellos”. Tanto los aparatos estatales (incluyendo los funcionarios electos y las instituciones académicas y militares) como la sociedad colonial (incluyendo el público israelí, situado a lo largo del continuo de la ideología sionista) encarnan la maquinaria de la violencia de los asentamientos coloniales. Así pues, no resulta sorprendente que tanto los aparatos oficiales del Estado como las esferas no oficiales de colonos hayan estado exhibiendo graves ataques contra la sexualidad, cuerpos y vidas de las mujeres palestinas en el contexto de las últimas invasiones contra nuestro pueblo en Gaza, en los ataques que a diario se están produciendo actualmente en Jerusalén y a través de toda la Palestina histórica.

Las políticas y la incitación represiva de las autoridades israelíes contra el pueblo palestino para empoderar y envalentonar a la sociedad de colonos israelíes encarnan el poder del Estado y la brutalidad de los ataques a los palestinos. Esto se muestra claramente en los ataques a los cuerpos de las mujeres palestinas que se producen estas últimas semanas en Jerusalén dentro de la mezquita de Al-Aqsa, tanto por parte del público de colonos, empoderado por la protección militar estatal, como por los miembros de las fuerzas de seguridad estatales. Un reciente ejemplo de escenario de violencia sexual es la actuación de la policía de fronteras israelí golpeando y arrestando violentamente a Aida, una mujer palestina de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Le arrancaron elhiyab y se la llevaron agarrada por el pelo, mientras seguían golpeándola a través de las calles de la Ciudad Vieja hasta meterla en el furgón policial. Fue conducida a la comisaría, donde fue violentamente interrogada, golpeada de nuevo y acusada de atacar a un oficial de la policía. La brutalización y violación del cuerpo de Aida por las fuerzas de seguridad y los intentos de estigmatizarla como alguien inherentemente criminal son una forma de violencia sexual y de género. La legalización de esas formas de violencia caracteriza el mismo sistema legal israelí como profundamente incardinado en la maquinaria de eliminación del proyecto colonial de asentamientos.

La brutalización y violación de las mujeres palestinas por el estado colonial de asentamientos adopta también formas más mundanas. Cuando Samira fue arrestada por participar en una manifestación en la ocupada Jerusalén Este, las autoridades decidieron que su liberación estaba condicionada a que llevara a cabo lo que denominaron “servicio comunitario”. El “servicio comunitario” de Samira le exigía fregar los baños de una instalación para los soldados y policía de fronteras israelíes. Así nos lo explicaba:

“No podía permitirme pagar una multa tan enorme y necesitaba que me dejaran libre para poder volver con mis niños. No tenía otra opción que la de fregar sus baños… Pero al estar allí, en los baños de los hombres, en estado de constante terror, temiendo ser víctima de abusos sexuales, temiendo que me utilizaran como si fuera el papel higiénico de los baños…”

Las palabras y el análisis de Samira ilustran los aspectos de violencia sexual y de género de la compleja maquinaria de la violencia de los asentamientos coloniales. No obstante, como Samira concluía: “Algunas veces siento que era su esclava pero otras veces me digo a mí misma que no, esto es resistencia, esto es sumud, esto es poder… Lo que necesitaba era volver con mis niños, sin que me tocaran ni violaran sexualmente… sí, es duro, es complejo… nuestra situación es compleja”. Incluso frente a tan violenta inscripción de la violencia de los asentamientos coloniales, los actos diarios de resistencia y supervivencia de las mujeres palestinas demuestran su poder y sumud o resolución.

En resumen, la violencia sexual y de género no es una mera herramienta de control patriarcal, el subproducto de la guerra o de la intensificación del conflicto. Las relaciones coloniales son en sí de género y de carácter sexual. Sostenemos que la violencia sexual, una lógica incrustada en el proyecto israelí de asentamientos coloniales, sigue dos principios contradictorios que actúan de forma simultánea: invasión/violación/ocupación y supremacía/purificación/demarcación. Es decir, la invasión, violación y ocupación del proyecto sionista colonial de asentamientos de los cuerpos, vidas y tierra de los palestinos nativos están íntimamente entrelazadas con su demarcación de los límites físicos y geográficos de carácter racial entre la ciudadanía judía y los nativos palestinos, al igual que los intentos de “purificar” el organismo nacional judío del organismo palestino, al que se define como contaminante a nivel biopolítico. Es así como la lógica de la violencia sexual incrustada en el régimen sionista vigoriza los ataques históricos y continuos contra las vidas y cuerpos palestinos.

Por tanto, nuestra lucha como feministas por la soberanía indígena dentro del activismo anticolonial se sitúa necesariamente en la protección de la seguridad corporal y de la sexualidad de las mujeres palestinas, de la familia y del derecho comunal a la vida. Es una lucha contra el hipermasculino ejército sionista y los aparatos coloniales que sitúan a las mujeres palestinas como las Otras, intrínsecamente amenazantes y racializadas, cuyos cuerpos deben ser violados y destruidos como enemigos internos y “reproductoras de palestinos”. Esta lógica es inseparable de la lógica de eliminación del colonialismo de asentamientos.

Como feministas preocupadas por la seguridad de los cuerpos y las vidas de las mujeres, la continuidad de nuestro pueblo y de nuestras generaciones futuras, hacemos un llamamiento local e internacional a las feministas para que se unan a nuestra lucha, desafíen la cultura de impunidad de los asentamientos coloniales y alcen sus voces contra los crímenes en curso del Estado israelí.

Notas:

[1] Esta cita se tomó de un grupo de discusión con mujeres palestinas celebrado en 2104 en Jerusalén.

[2] En la década de 1950 de Ben Gurion, el primer ministro de Israel convirtió la cuestión de la fertilidad de las mujeres en una prioridad nacional, sosteniendo que “aumentar la tasa judía de natalidad era una necesidad vital para la existencia de Israel” y que “una mujer judía que no trae al mundo al menos a cuatro hijos está defraudando la misión judía”. Véase Sharoni, s. (1995):“Gender and the Israeli-Palestinian Conflict: the Politics of Women’s Resistance”. Syracuse University Press. Véase también Davis, U & Lehn, W. (1983): “And the Full Still Lives: The Role of the Jewish International Fund in the Determination of Israel’s Land Policies”, Journal of Palestine Studies, Vol. 7 (4), pág. 3, pár 4-6 (1978).

[3] Aunque centramos nuestro análisis en las mujeres palestinas, también señalamos el uso de la violencia sexual por parte del Estado sionista como táctica para frenar la “amenaza demográfica” de algunos cuerpos de mujeres judías, incluidas las mujeres judías negras (de la comunidad etíope) y las mujeres judías pobres, una práctica que analizamos está conectada con proyecto racial de frenar la reproducción y vida palestinas, Israel ha buscado al mismo tiempo aumentar el nacimiento de judíos de origen europeo mediante prácticas modernizadas como la compra de óvulos a mujeres pobres de Europa del Este para clonar la reproducción humana. Además, el Estado israelí sugirió que la ley para impedir la clonación reproductiva de seres humanos (1999) había expirado y que muchos médicos, políticos e investigadores sociales de Israel están abrazando está práctica como una estrategia más para mantener la ventaja demográfica judía sobre la tierra palestina.

[4] Además de los mensajes y declaraciones contra las madres palestinas, las mujeres y chicas judías animaban a los hombres para que se enrolaran en las Fuerzas de Ocupación de Israel enviándoles fotos pornográficas con chicas semidesnudas como expresión de amor y apoyo (véase: http://www.pitria.com/israeli-girls-support-zahal).

La Dra. Nadera Shalhoub-Kevorkian, nativa palestina, es desde hace mucho tiempo activista feminista antibelicista y académica. Ocupa la cátedra Lawrence D. Biele de Derecho en la Facultad de Derecho-Instituto de Criminología y la Escuela de Trabajo Social y Bienestar Social en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Sus investigaciones se centran en el feminicidio y otras formas de violencia de género, en los crímenes por abusos del poder en los contextos de los asentamientos coloniales, vigilancia, securitización y control social, y trauma y recuperación en zonas colonizadas y militarizadas. El libro más reciente de la Dra. Shalhoub-Kevorkian es: “Militarization and Violence Against Women in Conflict Zones in the Middle East: The Palestinian Case Study”, publicado por Cambridge University Press, 2010. Su próximo libro es: “Security Theology, Surveillance and the Politics of Fear,” que publicará asimismo Cambridge University Press.

Sarah Ihmoud está realizando estudios de doctorado en antropología social en la Universidad de Texas, Austin. En estos momentos centra sus investigaciones en los temas de sexualidad, intimidad y asentamientos coloniales en Palestina/Israel. Con anterioridad, había investigado formas de organización de las mujeres para impedir el feminicidio y otras formas de violencia de género en el período posterior a la guerra en Guatemala.

La Dra. Suhad Daher-Nashif es profesora e investigadora en Al-Qasimi College for Education and Oranim College for Education. Tiene un doctorado en Antropología social y médica por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Sus actuales investigaciones se centran en prácticas de muerte dentro de la sociedad palestina, incluyendo el feminicidio y el suicidio, y en las experiencias de las mujeres palestinas en Israel respecto a la educación superior, participación en el servicio civil y acceso a la justicia. Una de sus más recientes publicaciones es “Femicide and Colonization: Between the Politics of Exclusion and the Culture of Control” (2013), publicado en Violence Against Women con la Dra. Shalhoub-Kevorkian .

La Dra. Shalhoub-Kevorkian , la Dra. Daher-Nashif y la Sra. Ihmoud escribieron este ensayo en colaboración con el Programa para Estudios de Género de Mada al-Carmel, el Centro Árabe para Investigaciones Sociales Aplicadas de Haifa.

Fuente: http://www.jadaliyya.com/pages/index/19992/sexual-violence-women%E2%80%99s-bodies-and-israeli-settler

 

05-12-2014

 Manu Pineda, escudo humano en Gaza

 Néstor Cenizo

eldiario.es

Han dejado de escucharse los ecos del ruido de bombas sobreGaza, pero los lamentos de los palestinos siguen oyéndose poco.La agencia de la ONU para los refugiados de Palestina (UNRWA)declaró el jueves el estado de emergencia en la franja, donde las lluvias son más dañinas, como lo es el frío, porque la destrucción sembrada por la operación que Israel ejecutó el pasado verano acabó con viviendas e infraestructuras. Los bombardeos de Israel mataron a más de 2.200 palestinos. "El bloqueo mata mucho más", asegura Manu Pineda, el activista malagueño que pasó julio y agosto bajo las bombas, como escudo humano, ayudando a evacuar a los heridos, a veces localizando a los muertos bajo los escombros. "El objetivo es que esto no se olvide", resalta. El sábado se celebró el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, declarado por la ONU. 2014 es el Año Internacional de la misma causa.

Aquel que lo desee tiene muchas formas de solidarizarse con los palestinos. Pineda eligió conducir ambulancias en Gaza, documentar el dolor y, cuando no caen bombas, proteger como escudo humano a los campesinos y pescadores tiroteados por los israelíes. Lo hace a través de Unadikum, una asociación que, insiste, no recibe ayuda de nadie, "porque no la pedimos". Lleva por bandera su independencia, y pasa ocho o nueve meses al año en Gaza, según explica, sacrificando dinero y parte de su vida personal y familiar en Málaga. "Las primeras veces la gente me hacía una despedida en la estación como si me hubiera muerto. Hay mucha gente que me tiene por loco, pero yo hago lo que considero que tengo que hacer". 

Pineda tendría que haber regresado a España el 15 de julio, pero canceló el billete porque tenía la sensación de que iba "a pasar algo". El 8 de julio comenzaron los bombardeos de Israel sobre Gaza. Fue testigo directo de la destrucción de seis hospitales, cuyo nombre recita, y estaba allí cuando comenzaron los bombardeos sobre el Hospital de Wafa, el 17 de julio. "El primer aviso fue meter nueve misiles con drones, que destruyeron una pequeña parte del hospital". Al día siguiente, con 17 pacientes en el centro, la mayoría en coma según se contó entonces y Pineda ratifica, Israel bombardeó desde tanques y drones: "Avisaron a las 20.45 y a las 21.00 estaban bombardeando".

Entonces fue el caos: "Tuvimos que evacuar a los enfermos en muy malas condiciones, desenchufar las máquinas de mala manera, y alguno seguro que murió en el camino. Gente en ese estado, evacuarlos en medio del humo y los escombros, meterlos en una sábano, bajarlos por las escaleras…". El activista malagueño insiste en que Israel comenzó el ataque cuando los enfermos y él mismo aún estaban en el hospital, y que la evacuación se produjo "bajo las bombas". El director del hospital negó que Hamas usara el centro como depósito de armas, como alegó Israel.

Manu Pineda es comunista y así lo dice. En su casa, una gran imagen de Novecento domina el comedor. Cuando está en España, monta los vídeos que grabó durante las masacres "para que la gente tenga una idea de lo que hay" y difunde las atrocidades que vivió durante el verano. En el curso de la entrevista, muestra imágenes de dureza extrema. "Estábamos desenterrando a una familia y cayó una bomba cerca de nosotros. Vi que venía gente, entre ellos un padre con su niño con el pie colgando del pellejo. El niño murió en la ambulancia. Vimos cómo se moría porque se le salían los intestinos de la barriga. Valeria [una compañera] le tapó la cara para que no se viera. Son cosas para las que uno no está preparado".

"Cuando les dicen "ya podéis volver a casa", ¿a qué casa van a volver?"

La operación militar israelí finalizó el 26 de agosto. El día después, los palestinos estaban bloqueados en un territorio ocupado y bombardeado. Manu Pineda explica que es habitual que los palestinos inviertan casi todo lo que tienen en una casa, a la que irán mejorando poco a poco, y que perderla es perder los ahorros de una vida. "Cuando les dicen "ya podéis volver a casa", ¿a qué casa van a volver? Yo conocía bien Beit Hanour, he vivido allí, y me perdí. La casa donde había vivido, no la encontré". Los gazatíes se convierten en nómadas: "Cuando empezaban a bombardear, agarraban su colchoneta y se iban a otro lado, buscando una esquina". Los bombardeos israelíes provocaron el desplazamiento de casi medio millón de palestinos y destruyeron o dañaron 100.000 casas, según un informe de Amnistía Internacional publicado en noviembre, titulado Familias bajo los escombros. AI elaboró el documento a partir de relatos oculares de testigos porque Israel le impide entrar en la Franja de Gaza.   

El bloqueo mata más que una guerra, explica Pineda. La única central eléctrica de Gaza fue destruida el 29 de julio. Los gazatíes no pueden salir de la franja, donde el sistema sanitario es muy precario, para recibir tratamiento médico. "Ya no te digo los que mueren por falta de medicamentos, de alimentos, por falta de carburantes… ¿Cómo se pone número a eso?", se pregunta. Luego explica que muchos activistas llevan decenas de kilos de medicinas en sus maletas.

Pineda cree que los palestinos han forjado un carácter especial, de resistencia, y cuenta dos anécdotas que lo ilustran. La primera, sobre su primera noche en Gaza. Relata que cenando con una familia, escuchó la primera bomba y, sobresaltado, levantó los ojos del plato: "La familia ni movió la cara. Les dije: "¿Eso es una bomba o me lo ha parecido?" Y me dijeron: "Esa no era para nosotros"". La segunda historia la protagoniza un hombre a quien destruyeron su casa. Ese hombre vio un hueco entre los escombros y allí metió la mano, en busca de ropa que recuperar. Pineda lo estaba grabando. "Pero él no quería aparecer como alguien que diera lástima, así que se volvió, sonrió e hizo el símbolo de la victoria". "En gestos como esos te das cuenta de que los israelíes nunca van a ganar. Los palestinos tienen asumido de que lo que les espera en esta vida es resistir". Él dice que resistirá con ellos: "Creas unos lazos personales, te consideras parte de su familia, y no encuentras el momento de irte". 

Los medios: objetividad y equidistancia

Durante los pasados 28 y 29 de noviembre se celebró en Málaga la segunda edición de las Jornadas de Debate sobre Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra el Apartheid Israelí, organizadas por la Asociación Al Quds y la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Teresa Aranguren, que cubrió la invasión de Israel sobre Líbano de 1981, la guerra Irán-Irak o la guerra del Golfo, entre otros conflictos (actualmente es miembro del Consejo de Administración de RTVE), protagonizó una charla acerca del papel de los medios de comunicación en la ocupación israelí.

Pineda lamenta que "antes de que le pongan un nombre a la operación no hay guerra", pese a que los muertos se cuenten por decenas. "Y solo sale en prensa cuando los muertos son centenares". Sin embargo, para Aranguren los problemas no son de presencia mediática: "Esta es probablemente la cuestión internacional que más aparece, pero eso no conlleva un conocimiento más profundo. Si preguntamos en la calle sobre el conflicto nos contestarán de dos formas: "Eso no hay quien lo entienda" o "Eso no tiene arreglo"".

Para Aranguren, el desconocimiento y la confusión tienen otros orígenes. El primero, un relato histórico construido sobre mentiras y medias verdades, a partir de un texto que los occidentales consideran propio (la Biblia) y desde una óptica europea, frente a la mirada musulmana, que es el "otro" en nuestra cultura. "Si el periodista no se prepara, verá aquello que está preparado para ver. En la percepción de los palestinos siempre ha faltado el elemento de la empatía. Partimos de la percepción de que los israelíes somos nosotros, de que es nuestro mundo".

Otro error frecuente es asimilar "objetividad" (un valor deseable en el periodismo) a "equidistancia", una de sus "grandes trampas". Explica Aranguren que es posible pasar una semana en Jerusalén sin enterarse de lo que ocurre a 10 kilómetros porque "la maquinaria propagandística de Israel es muy eficaz". Tampoco ayuda que el relato se construya desde cero a partir de cada bombardeo, lo que evita percibir que lo ocurre en Palestina es un continuo: "Se transmite que es una zona en la que de vez en cuando se vuelven locos, y a veces basta una frase para contextualizar: "…refugiados, que fueron expulsados de sus casas en 1948"".

Hay más escollos para el buen periodismo: asumir el lenguaje de Israel ("asentamientos ilegales, como si los hubiese legales"; las últimas operaciones militares son "Pilar defensivo" y "Margen protector") por encima de la terminología validada por la ONU y el derecho internacional; la amenaza latente de las acusaciones de antisemitismo; y asumir con naturalidad lo que es anormal. "¡Qué pocas crónicas hay de la construcción del muro! ¡O de lo que tienen que hacer los escolares para llegar a su colegio!". El periodista entra en una dinámica en la que la ocupación es lo normal, en la que es normal "esperar dos horas en un checkpoint". Por eso, Aranguren concluyó llamando a los periodistas a transmitir "la realidad de la ocupación": "Lo que ocurre cuando no pasa nada".

 

Fuente original: http://www.eldiario.es/andalucia/Manu-Pineda-Gaza-bloqueo-bombas_0_330017212.html

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=192857

DÍA INTERNACIONAL de SOLIDARIDAD con el PUEBLO PALESTINO

DÍA INTERNACIONAL de SOLIDARIDAD con el PUEBLO PALESTINO