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COMISIÓN de APOYO al PUEBLO PALESTINO

Opinión y Análisis.

Los argumentos de la causa Palestina

Los argumentos de la causa Palestina

Por: Claudio Katz
 

 

Parte I

 

La reciente guerra del Líbano tuvo muchas aristas pero una causa evidente: la cuestión Palestina. El conflicto fue consecuencia directa de varios meses de violencia extrema en Gaza y Cisjordania y estuvo precedido durante la década pasada por tres acontecimientos ligados a una oleada de refugiados palestinos: la guerra civil libanesa, la primera invasión israelí y el nacimiento de Hezbolá. Por enésima vez, todos los comentaristas vuelven a repetir que no “habrá paz en Medio Oriente si no se resuelve el problema palestino”. ¿Pero cuál es la solución?

Quiénes atribuyen este drama a causas milenarias, oposiciones religiosas y mentalidades irreconciliables consideran que la guerra es una fatalidad. Esta opinión es muy generalizada, pero poco explicitada. Lo más común es escuchar la interpretación oficial de Estados Unidos e Israel que acusa a los palestinos de perpetuar el conflicto con la complicidad de varios gobiernos árabes. Estos argumentos se han difundido masivamente en las últimas semanas y se basan en viejos prejuicios, que tornan muy oscuro lo que debería ser transparente. Desmistificar estas creencias es el punto de partida de cualquier debate racional sobre las soluciones posibles al drama de Medio Oriente.

“Derecho a defenderse”

Las acusaciones contra los palestinos siempre subrayan que Israel es un país acosado. En esta oportunidad también se proclamó que “ninguna nación soberana puede aceptar ser agredida” (1). Pero la guerra no estalló por la captura de dos soldados en el Líbano. Este tipo de operativos se ha registrado en muchas ocasiones y frecuentemente concluyeron con intercambios de prisioneros. Esta vez lo novedoso fue la magnitud de una operación ofensiva que el ejército israelí había planificado con gran antelación.

No es cierto que “Hezbolá instaló la guerra” (2). La captura de los israelíes estuvo precedida por el secuestro de varios civiles palestinos y el fusilamiento indiscriminado de familias en las playas de Gaza. Hezbolá reaccionó frente a la puntillosa masacre que perpetra desde hace meses el ejército ocupante en esa zona.

Por otra parte, es muy controvertido dilucidar en cada ocasión, quién tiró la primera piedra. Israel atacó en 1956 y 1967 y recibió el primer golpe en 1948 y 1973. Cuándo se adelanta, sus partidarios celebran la astucia de un golpe preventivo y cuándo se retrasa, elevan un clamor de indignación. Determinar cuál fue el detonante de la reciente guerra puede conducir a un debate bizantino, pero la incalificable tragedia humana que provocó Israel no está sujeta a ninguna controversia.

Las atrocidades cometidas contra la población civil libanesa superaron todo lo visto en los últimos años. Bombardeos indiscriminados, matanzas de niños y mujeres en fuga, aldeas arrasadas, ataques premeditados contra refugiados, utilización del horroroso fósforo blanco y los proscriptos proyectiles de fragmentación, destrucción de una joya cultural del Medio Oriente, catástrofe ecológica. Nadie podrá olvidar la imagen de los niños grises masacrados en Qana, ni la montaña de cadáveres que siguen apareciendo bajo los escombros, junto a 100.000 bombas sin explotar.

Esta vez el ejército israelí no tuvo contención interna, ni mundial. Actuó sin frenos y se hundió en la oscuridad de la crueldad y la venganza de un castigo colectivo. La foto de niñas escribiendo mensajes de aliento en los obuses ilustra el tono de una carnicería. La ONU y los gobiernos de Estados Unidos y Europa toleraron una masacre que selló el “apagón moral de Israel” (3).

“Guerra por la supervivencia”

Algunos presentan la agresión contra el Líbano como la “sexta guerra por la supervivencia que ha librado el país” (4). Afirman que Israel es una nación muy pequeña, que a diferencia de sus vecinos “no puede perder ninguna guerra”. Pero en su reducido espacio territorial, el país concentra el mayor arsenal militar de la zona. Cuenta con el sostén financiero de Estados Unidos, experimenta todas las invenciones del Pentágono y acumula 250 bombas nucleares, que según demostró el científico preso Vanunu alcanzarían para borrar el mapa de Medio Oriente en pocos segundos. Como esta explosión hundiría también a Israel, el armamento letal se mantiene por ahora en reserva para ser utilizado en una situación extrema.

Quiénes argumentan que “Israel desea la paz, pero no lo dejan” siempre aluden a ciertas resoluciones de Naciones Unidas, como el desarme de Hezbolá. Pero nunca recuerdan las normas opuestas que demandan el retiro de los territorios ocupados. Durante la última crisis se ha verificado, además, hasta que punto la ONU no es un árbitro ecuánime del conflicto. Invariablemente actúa en función de los compromisos que auspicia Estados Unidos.

El Consejo de Seguridad ni siquiera condenó el asesinato premeditado de cuatro funcionarios propios y demoró la petición del cese de fuego, mientras esperaba que las tropas israelíes concretaran su fracasada limpieza bélica. Por eso la indignación del mundo árabe con las Naciones Unidas es tan intensa como el odio hacia Estados Unidos y el desprecio por Europa.

Israel actúa desde hace décadas como una fuerza militar que se expande rompiendo todas las fronteras. Los generales han copado el manejo del estado, sin necesidad de recurrir a un golpe de estado. Definen el momento de cada guerra y probablemente atacaron el Líbano para saldar la cuenta pendiente que arrastran desde su humillante retirada de la década pasada. De la misma forma que en 1967 establecieron el límite del este en el río Jordán, han ambicionado desde hace mucho fijar la frontera norte en el río Litani. La coalición gobernante con los laboristas -que parecía distanciarse de este modelo belicista- profundizó en los hechos el esquema militarista.

“La amenaza terrorista”

El gobierno israelí repite todo el tiempo el lema de Bush: “Hay que derrotar al terrorismo” porque “son ellos o nosotros”. ¿Pero quién ejerce la violencia sistemática contra la población civil? ¿Quién planifica desde el estado los crímenes que se cometen contra los palestinos y libaneses?

El ejército israelí nunca limitó su acción a objetivos militares. La matanza de varios miles de palestinos desarmados en Sabra y Chatila fue perpetrada en 1982, por las milicias falangistas controladas por Israel. Los métodos del terrorismo son aplicados cotidianamente sobre 10.000 presos políticos, que incluyen mujeres y niños encerrados sin derechos, en un país que ha legalizado el uso de la tortura.

Algunos cínicos afirman que también la lucha contra el nazismo produjo víctimas civiles (5). Justifican el bombardeo contra la población alemana al final de la guerra o el genocidio nuclear de Hiroshima y Nagasaki y ocultan que estas masacres se concretaron cuándo ambos países ya estaban derrotados. Al igual que la vandálica matanza de tres millones de personas en Vietnam estas operaciones no perseguían objetivos bélicos (6).

La doctrina militar de Israel se basa en un alarde de superioridad bélica a cualquier precio de víctimas. Propicia actos de terror para crear la imagen de un país invencible y emiten mensajes prepotentes para resaltar la indefensión de sus adversarios. Una forma brutal de este alarde fue despreciar a un millón de libaneses desguarnecidos frente al bombardeo, mientras se destacaba la “protección que tienen los israelíes en sus refugios”. Esta actitud buscó incentivar un espíritu de venganza para que “el enemigo reciba su merecido”.

Israel magnifica el poderío de sus vecinos, apelando a los mismos disparates que difundío Bush para invadir Irak (“desactivar las armas de destrucción masiva”). También recurre a los mismos códigos que utilizaba la dictadura argentina para presentar a sus víctimas como “terroristas encubiertos”, aunque los cadáveres exhibidos solo retraten a niños y mujeres indefensos.

Con asesinatos selectivos y detenciones indiscriminadas, Israel anticipó los métodos que utiliza Estados Unidos en Guantánamo. Las cárceles secretas de la CIA, las torturas de Abu Ghraib y la institucionalización de los desaparecidos han sido ensayadas desde hace mucho tiempo en Gaza y Cisjordania.

“Son como Bin Laden”

Israel describe como terroristas a los integrantes de una resistencia popular equiparable a cualquier movimiento de liberación contemporáneo. La mayoría de la población sostiene a los guerrilleros porque se identifica con su causa. Como esta solidaridad es un enigma indescifrable para los opresores, calumnian a los combatientes (“se protegen con escudos humanos”) o los retratan como descerebrados fanáticos religiosos.

Pero es evidente que Hezbolá no es solo una organización militar. Mantiene una importante una estructura política (con diputados y representantes en el gobierno) y una gran red social de servicios (con fondos para la reconstrucción que sustituyen la debilidad del estado). También actúa disciplinadamente y respetando estrictos códigos morales. El gobierno de Israel se empeña en asemejar a esta organización con Bin Laden, cuándo ellos mismos han declarado su frontal oposición a las acciones de Al Qaida. Con esta burda confusión trata de identificar la resistencia anticolonial con una brutal modalidad de terrorismo.

Al Qaida ejecuta atentados contra la población civil de Occidente (Torres Gemelas, Atocha, Bali, Londres), que son totalmente antagónicos con la acción defensiva que desarrolla Hezbolá. Mientras que los grupos de Bin Laden fueron creados en los años 80 por la CIA en Afganistán para participar en la guerra contra la URSS, Hezbolá nació para resistir la presencia colonialista en el sur libanés.

El terrorismo de Al Qaida es reactivo y complementario del terrorismo institucionalizado que implementa Estados Unidos. Realizan sanguinarias matanzas de chiitas en Irak, que contribuyen a la guerra civil tolerada por los norteamericanos para perpetuar su ocupación de ese país. Hezbolá ha denunciado estas matanzas entre comunidades (que ya desgarraron a la población de la ex Yugoslavia) y apunta sus cañones contra el ocupante israelí.

Es cierto que esta resistencia es muy variada e incluye junto a legítimas formas de movilización y armamento popular, terribles y desacertados atentados suicidas. Estas acciones han sido públicamente cuestionadas por muchas corrientes del movimiento palestino. Pero lo importante es no confundir ni siquiera en este caso, cuales son los bandos en lucha. El terror desesperado de un suicida no se equipara con el terror planificado desde el Pentágono. Entre ambos media la misma diferencia que separaba en Argentina la represión de los militares de las operaciones de la guerrilla. Quiénes olvidan estas distinciones terminan proyectando al Medio Oriente la “teoría de los dos demonios”, que sitúa en un mismo plano ético, político y militar a los resistentes y a los opresores (7).

“Extensión de la democracia”

A veces se escucha que “Israel es la única democracia de la región”, como si la posesión de este atributo legitimara sus guerras. Pero en ese país funciona en realidad una democracia de Apartheid. Mientras que los judíos-israelíes cuentan con derechos efectivos, los árabes-israelíes son maltratados como ciudadanos de segunda categoría.

Israel carece de Constitución escrita. Esta ausencia no obedece a un respeto a la tradición oral, sino a las ventajas que este bache jurídico aporta para la expansión territorial. La democracia israelí no es muy considerada con sus vecinos. Desde que el Hamas triunfo frente al Fatah en una elección masiva y cristalina, el ejército ocupante ha secuestrado a medio parlamento y a casi todo el gabinete.

En la actualidad el estandarte de la democracia sirve a cualquier propósito. Bush lo esgrime para ocupar Irak y equiparar su invasión con la gesta antihitleriana de Europa. Olmert recurre al mismo argumento. Pero ambos ocultan que sus actos se asemejan más al opresor nazi que la resistencia antifascista.

Con una gran retórica a favor de la democracia, Israel y Estados Unidos apoyan los regímenes más despóticos de Medio Oriente. Presentan a los mandatarios de Siria e Irán como la encarnación del totalitarismo, pero elogian al mismo tiempo a presidentes semidictatoriales como Mubarak (Egipto) o Musharaf (Pakistán). También son aplaudidos los señores de la guerra de Afganistán y las monarquías del Golfo que gobiernan con alguna parodia de elecciones. A ningún funcionario de Occidente le quita el sueño qué las mujeres y las minorías carezcan de derechos en Arabia Saudita. Solo necesitan algún simulacro de comicios municipales para preservar su veneración por la soberanía ciudadana.

La pasión por los mismos valores que exhibe Israel, no le impidió descargar toneladas de explosivos sobre el pequeño país que protagonizó el año pasado una gran irrupción democrática. Esta apertura -que siguió al asesinato del ex premier Rafia Hariri- fue aplaudida por Bush, mientras el movimiento parecía orientarse hacia el cuestionamiento de Siria y Hezbolá. Estos elogios desaparecieron cuando Israel sepultó a bombazos a todos los sectores pro-occidentales del gobierno libanés. No es la primera vez, que bajo el apuro de un cambio de planes los imperialistas aplastan a sus propios aliados. Sadam fue, por ejemplo, el gran socio del Pentágono en la guerra contra Irán, antes de convertirse en el principal enemigo de la humanidad.

Estados Unidos e Israel no han podido tolerar en Medio Oriente una paradoja de la democracia que alientan. Incentivaron elecciones para gestar gobiernos pro-occidentales y se encontraron con masivos triunfos de partidos islámicos antinorteamericanos, especialmente en Palestina e Irak. Por eso el imperialismo ya declaró el réquiem de la primavera árabe y ha resuelto congelar sus convocatorias a la democracia. Seguramente los expertos de la CNN explicarán que la “mentalidad árabe” ya no es compatible con las instituciones de Occidente (8).

“Paz sin contrapartida”

Israel ha difundido nuevamente la creencia que propone acuerdo y le contestan con bombas. Algunos afirman que “el premio recibido por nuestro retiro de Gaza fue una escalada de los misiles”. Pero lo cierto es que el ejército del país solo abandona parcelas de poca importancia para ocupar terrenos de mayor gravitación. El resultado de esta estrategia es la continuada expulsión de los palestinos y la creciente ampliación geográfica de Israel.

Este ensanchamiento no es un efecto guerras indeseadas, sino el producto de una meditada política de anexión territorial. Por esta razón fueron asesinados 150 palestinos en Gaza y Cisjordania mientras duró el ataque al Líbano. La decisión de demoler cualquier atisbo de vida normal en los territorios ocupados se mantiene luego de la tregua acordada en el frente norte.

En los últimos años Israel instrumentó una “desconexión unilateral” para remodelar las fronteras a su conveniencia. Captura las tierras más valiosas de Cisjordania y perpetúa un cerco en torno al gran campo de concentración que ha creado en Gaza. El eje de esta política es la absorción definitiva de la primera zona y la destrucción de la segunda. Esta absorción tuvo que un debut militar (1967-73) seguida por el asentamiento de colonos religiosos (1974-77), fue coronada con la instalación final implementada por los gobiernos derechistas del Likud.

En Cisjordania se ha construido una constelación de colonias, sostenidas con millonarias inversiones y sólidas administraciones estatales. La población palestina ha quedado desperdigada en cantones desconectados y solo puede circular en forma restringida, con documentación muy específica. La vieja Jerusalem quedó totalmente absorbida y no es proclamada oficialmente capital del país para evitar roces diplomáticos internacionales. Todas las colinas y zonas de manejo de los recursos hídricos (mucho más baratos que cualquier plan para desalinizar el agua) han pasado a manos de los ocupantes.

Israel aprovechó el período de negociaciones vigente entre Oslo (1993) y Camp David (2000) para apropiarse del 60% del nuevo territorio y del 80% del agua. Aumentó de 100.000 a 253.000 el número de colonos y ahora construye el gran muro (a un ritmo de 500 metros por día) para completar el encierro de la población palestina y precipitar su expulsión. Los registros y chequeos permanentes persiguen este objetivo, porque de la vieja frontera del 67 ya no queda nada.

Los palestinos han quedado dispersados en un territorio agujereado. Sufren la aplicación del modelo sudafricano del Bantustan, que desgarra a su país en cantones incomunicados. Los que permanecen deben someterse a las reglas de la dependencia financiera total, ya que sus ingresos son confiscados por Israel y luego parcialmente devueltos. Por eso el ocupante puede mantener, reducir o cortar a gusto estos fondos (como ha ocurrido luego del triunfo del Hamas). Este proceso de expropiación no solo demuestra la inexistencia de predisposición pacifista por parte de Israel, sino que ilustra crudamente el sentido del proceso colonial precedente (9).

“Reparación histórica”

Los sionistas argumentan que la constitución del estado de Israel constituyó una reparación internacional por los sufrimientos padecidos por el pueblo judío. Erigieron el país recordando el holocausto, como una tragedia que debería evitarse por la fuerza en el futuro. Con este espíritu de venganza arremetieron contra palestinos que no tuvieron ninguna participación en un genocidio perpetrado en Europa.

En 1948 vivían en la zona 600.000 judíos y 1,2 millones de árabes. La guerra derivó en la emigración forzada de de 750.000 miembros de esta segundo colectividad, bajo el colapso provocado por la partición que dispuso la ONU. Esta decisión fue adoptada sin ninguna consulta a la población.

Lo que habitualmente se reivindica como una decisión equitativa de las Naciones Unidas fue un típico acto de reparto colonial de territorios ajenos, por parte de potencias acostumbradas a recortar el mapa en función de sus conveniencias. Una consulta a los interesados seguramente hubiera demostrado que la mayoría se oponía a la partición. Los palestinos constituían históricamente una comunidad multiétnica que incluía a judíos, cristianos y musulmanes. La fractura del país provocó un conflicto que escaló sin pausa y ensangrentó a varias generaciones de Medio Oriente (10).

La partición sepultó incluso el proyecto de un hogar nacional judío, que podría haberse erigido mediante compromisos con los habitantes de Palestina y convirtió una ideología de origen nacionalista -como era el sionismo- en una doctrina colonialista. La idea de unir voluntariamente a los judíos interesados en aglutinarse como nación se transformó en un proyecto de despojo de otra comunidad.

Con este giro comenzó a propagarse el mito de la “tierra vacía” que han difundido todos los conquistadores de cualquier época. Afirmaron que “no había nadie” en las zonas que ocuparon a punto de pistola y en un breve período histórico implementaron la apropiación violenta que caracteriza a la acumulación primitiva de capital (11).

El experimento colonialista no se impuso en Medio Oriente a través del exterminio físico generalizado (como en Ruanda), sino a través de golpes específicos, destinados a confiscar las tierras de los palestinos y forzar su partida. Algunos autores denominan “sociocidio” a este proceso de demolición de una sociedad, a través de la conversión de los campesinos en refugiados, el exilio de la intelectualidad y el desmantelamiento de las ciudades (solo se salvó Nazareth para preservar las relaciones con el Vaticano) (12).

La sociedad israelí se constituyó exaltando estas proezas bélicas. La seguridad se transformó en el principio ordenador de un estado que absorbe oleadas de inmigrantes en un espacio territorial minúsculo (la última desde Rusia). Esta obsesión por el enemigo externo atenúa las tensiones internas entre las distintas comunidades que arriban al país (especialmente entre europeos y orientales). El precio de esta beligerancia ha sido el encierro colectivo, en un espíritu guerrero que asfixia a los propios conquistadores.

Pero el mayor obstáculo de este atropello ha sido la resistencia de los palestinos. Israel no pudo estabilizar su dominación por la inviabilidad contemporánea de los tres recursos tradicionales de la conquista: el exterminio (amerindios), la esclavización (africanos) y la expulsión del territorio (típica de la Antigüedad). Estas formas de masacre eran corrientes hasta el siglo XIX, pero no pueden implementarse en la actualidad.

Israel comenzó a desenvolver su colonialismo tardío en un período signado por la descolonización y la lucha internacional contra el racismo. Los palestinos resistieron su disolución en los países fronterizos, con actos de heroísmo propios de David frente a Goliat, reproduciendo la acción de los sublevados judíos del Gueto de Varsovia (1934).

“Una alianza necesaria”

Lo que más alimenta el belicismo de Israel es la relación carnal que ha establecido con Estados Unidos. Los sionistas afirman que esta estrecha conexión constituye un imprevisto efecto del ajedrez político internacional. Proclaman con ridícula ingenuidad que “la ayuda de los norteamericanos nos permite enfrentar a millones de árabes”, sin preguntar a quién beneficia esa colaboración.

La amalgama con Estados Unidos no fue constitutiva de la formación de Israel. La creación del nuevo estado contó con el visto bueno de la URSS y en los 60 Francia era el principal abastecedor militar del país, porque buscaba gestar una alianza antiárabe en plena guerra en Argelia. Cuándo Israel ocupó la península de Sinaí -complementando el desembarco anglo-francés en el Canal de Suez (1956)- Estados Unidos vetó la operación. Lo que indujo a la primera potencia a consolidar un enclave de largo plazo con Israel fue la fulminante victoria sionista de la guerra de los seis días (1967).

A partir de ese momento se afianzó en Norteamérica el famoso lobby israelí, como un grupo de presión más influyente que su equivalente cubano o petrolero. Es una asociación muy vinculada con los neoconservadores de Bush, que trabajó intensamente a favor de la guerra de Irak. No opera como una red específicamente judía, puesto que dos tercios de esta colectividad no participan en las organizaciones sionistas y se mantienen muy distantes de todos los acontecimientos de Medio Oriente. El lobby es un grupo político-financiero de composición muy cambiante.

El afianzamiento de las relaciones con Estados Unidos facilitó, a su vez, la convergencia de la derecha israelí del Likud con las corrientes cristianas reaccionarias que dominan en el partido republicano. Este vínculo se reforzó con la llegada a Israel de colonos pertenecientes a las sectas más cavernícolas de Estados Unidos.

Bajo estas influencias el socio sionista ha quedado ubicando en la primera línea de la batalla contra el mundo musulmán que promueven los teóricos derechistas. Bush utilizó varias veces el término de “cruzada” para sugerir la existencia de una guerra santa en Medio Oriente. Esta acción -concebida como una gesta de la civilización “contra el complot islámico”- es difundida con delirantes prejuicios por los grupos reaccionarios de ambos continentes.

El sionismo contemporáneo ya no preserva ningún vestigio del comunitarismo igualitarista que incluyó en sus orígenes, especialmente en las granjas agrícolas colectivas de los Kibutzim. Es una ideología plenamente convergente con el fundamentalismo neoconservador. La superioridad de los judíos es justificada en Israel con los mismos arcaísmos que se utilizan en Estados Unidos para rechazar a Darwin.

Israel actúa desde hace cuarenta año como peón del imperialismo. Tanto la superioridad militar como su permanencia en los territorios ocupados se han transformado en componentes claves de la estrategia mundial de Estados Unidos. Esta función geopolítica ha sido muy visible durante la reciente guerra del Líbano (13).

Esta agresión fue presentada como un acto de soberanía fronteriza, pero muchos analistas israelíes no ocultaron que el destinatario del operativo era Irán. (14). Se buscó enviar una advertencia a un régimen enfrentado con Estados Unidos, que ha retomado el desafió nuclear censurado por las potencias de Occidente. Israel tiene experiencia en esta materia, porque en 1981 atacó desde el aire las plantas de procesamiento del cuestionado material atómico que construía Irak. La arremetida al Líbano fue programada como un eventual preludio del bombardeo este tipo instalaciones. No está claro si esta operación quedará ahora suspendida o se mantendrá en la agenda de Bush (15).

El ataque israelí también buscó abrir un tercer frente en la guerra regional que Estados Unidos inició en Afganistán. Pretendió compensar los crecientes fracasos que enfrenta el Pentágono para convertir a Irak en un manso protectorado petrolero. Con una victoria en el Líbano, Bush esperaba contrarrestar las dificultades políticas que enfrenta dentro de Estados Unidos (oposición de los Demócratas, encuestas en picada, cuestionamientos del establishment). También intentó retomar el unilateralismo guerrero que naufraga en el exterior. El bloque internacional con la “nueva Europa” ha quedado disuelto desde la caída de Aznar y Berlusconi y Blair continúa tambaleando. El operativo israelí representó una fuga hacia delante para sortear este cúmulo de fracasos.

 

Parte II

 

“Odiarse a sí mismo”

Las masacres en el Líbano desataron fuertes críticas a Israel, que los sionistas interpretan como manifestaciones de un “antisemitismo sin excusas” (16). Exhiben como prueba algunas declaraciones efectivamente insultantes e inadmisibles de sus adversarios. Pero simplemente olvidan que ningún comentario por ofensivo que sea merece ser respondido con bombas.

Los sionistas alertan contra la “amenaza que sufre el pueblo judío” y prometen contrarrestarla con el reforzamiento de Israel. Recrean temores ancestrales y el espanto legado por el holocausto para justificar su aplicación de la ley de la selva en Medio Oriente. Lo cierto es que las comunidades judías no afrontan un riesgo significativo en el mundo, en comparación a otras situaciones de potencial limpieza étnica. El antisemitismo ya no tiene la incidencia del pasado y es utilizado para ocultar lo que está en juego en Palestina.

Este oscurecimiento se basa en la confusión creada por la errónea identificación de tres conceptos: judaísmo, sionismo e Israel. Quiénes presentan a estas nociones como indisociables bloquean cualquier reflexión racional de la tragedia de Medio Oriente (17). El judaísmo es una religión, una cultura o una tradición de un pueblo diseminado por muchos países. El grado de permanencia de su identidad diferenciada ha variado significativamente en cada generación y en cada región. No solo hay más judíos en el mundo que en Israel, sino que un importante número de ellos no tiene ningún vínculo con Medio Oriente.

Israel es un estado construido a partir de la hegemonía confesional de los judíos. Pero actualmente incluye no solo una considerable minoría de árabes-israelíes -hostilizados y separados del resto de los palestinos- sino también a varios grupos de inmigrantes sin ningún lazo con algún pasado judío. Finalmente, el sionismo es la ideología colonialista que justifica los derechos de los invasores sobre las tierras que pertenecían a los pobladores originarios de Palestina. Esta doctrina reivindica la superioridad de los colonos apropiadores (“construimos un país en el desierto frente a la inoperancia de los árabes”), con argumentos milenarios, sagrados o simplemente pragmáticos.

Si se toma en cuenta estas diferencias, no es lo mismo declararse antijudio, antisionista o antiisraelí. La primera definición es racista y la segunda anticolonialista, mientras que la tercera no presenta un significado nítido. Al igual que el antinorteamericanismo expresa más bien el rechazo a la opresión imperialista, que un repudio de pueblo hacia otro.

El sionismo ha demolido los valores de la tradición judía. Su crimen contra el pueblo palestino destruye el fundamento ético y humanista de ese legado cultural. La sociedad israelí adoptó un perfil militarista que enaltece la violencia, en abierta oposición a la hermandad que propiciaron los pensadores judíos.

Reflexionar en torno a este contraste es un ejercicio inconcebible para los sionistas. Interpretan que este cuestionamiento es propio de “un judío que se odia a sí mismo”. ¿Pero quién carga con esta dualidad? ¿Los antisionistas que aprueban el acto humano de la resistencia o los sionistas que justifican los crímenes?

Este tipo de fractura constituye en realidad un padecimiento estructural de la sociedad israelí, que vive sometida a un estado de psicosis colectiva y paranoia belicista. El clima de guerra permanente con sus vecinos ha creado una patología de odio cada vez más descontrolada (18).

El sionismo levantó un muro artificial con los pueblos árabes. Disolvió la historia común y la notoria integración -que a diferencia de Europa- habían alcanzado las comunidades judías en esos países. También destruyó la herencia de total ausencia de choques religiosos que distinguía a la relación entre ambos credos de los conflictivos vínculos que los dos mantuvieron con el cristianismo. El propio sionismo tuvo inicialmente poco basamento religioso, pero bajo el efecto de la brutalidad bélica adoptó los agresivos principios del misticismo fundamentalista.

Pero ningún argumento histórico o coyuntural alcanza para negar la realidad de los palestinos. Al cabo de 60 años la tragedia del oprimido sacude la vida cotidiana del opresor y lo ocurrido en el Líbano replantea traumáticos dilemas para Israel.

No hay libertad como opresor

El gobierno de Olmert debió aceptar una tregua con la sensación de haber padecido un pequeño Vietnam. No pudo doblegar al Hezbolá, ni detener la lluvia de misiles sobre su territorio. Acostumbrado a lidiar con los palestinos desarmados de Gaza y Cisjordania, el ejército israelí quedó desconcertado frente a una sólida guerrilla y ensayó todas las opciones. Asesinatos de dirigentes, operativos comando, ataques en pequeña escala y ofensivas masivas. Finalmente debió avenirse al cese de fuego que inicialmente rechazaba y toleró que el ejército libanés y la ONU coexistan con Hezbolá en su frontera.

El contraste entre la euforia de los milicianos libaneses y la amargura de las tropas sionistas no deja ninguna duda sobre el resultado del conflicto. Fue solo un round de una pelea de varias décadas y conviene no olvidar que en 1973 Israel terminó ganando en la negociación lo que perdió en el campo de batalla. Pero por primera vez en mucho tiempo, una iniciativa militar israelí concluye en un nítido revés.

Este fracaso presenta una llamativa coincidencia de resultados con las acciones norteamericanas de los últimos tres años (19). La devastación que ensayaron los pilotos israelíes ya fue practicada por sus colegas estadounidenses y por eso la mitad de los muertos en Irak son mujeres y niños abatidos por el fuego aéreo. Los generales de Pentágono pensaban concluir su guerra con una espectacular operación en Falulla y el alto mando israelí intentó alcanzar la gloria mediante una fulminante acción fronteriza.

Ambos apostaron al bombardeo desde el aire, creyendo que la tecnología podía reemplazar a los soldados de carne y hueso. Bush cometió la torpeza de disolver la milicia de Sadam y Olmert atacó sin sentido las instalaciones del ejército libanés. El mismo imprevisto número de bajas que afecta a los marines le impidió a Israel continuar la batalla. Un caído cada diez libaneses es una proporción muy elevada, para un ejército basado en la conscripción masiva y carente de una gran reserva de pobres para utilizar como carne de cañón. Olmert intentó precipitar la misma guerra civil sucia que Bush tolera en Irak, pero solo logró el rechazó unánime de toda la sociedad libanesa.

La misma ineptitud bélica que desató en Estados Unidos tantas críticas (especialmente una carta pública de ex generales) está provocando un vendaval en Israel. Arrecian las denuncias de los reservistas por la confusión de órdenes, la inoperancia del aprovisionamiento, el desconocimiento del adversario y la corrupción del alto mando. La tormenta podría desembocar en una comisión investigadora para repartir culpas, precipitar un cambio de gobierno o facilitar la revancha que alienta la derecha (20). Pero a mediano plazo nadie podrá evitar enfrentarse con el impasse histórico creado por la interminable guerra con sus vecinos. La sociedad israelí carga con una imposibilidad de progreso mientas actué de carcelera de otra nación. Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre.

Dilemas palestinos

Los 60 años de lucha de los palestinos han sido una dura gesta de heroísmo, sufrimientos y frustraciones. No lograron recuperar sus tierras, ni construir su estado, pero han impuesto la legitimidad de su demanda. Ya no pueden ser ignorados por Israel, ni borrados del escenario internacional. Nadie desconoce formalmente su causa, ni propone “que arreglen sus problemas con los árabes”. La tesis inicial de los sionistas (“hay mucho espacio para ellos en Jordania, Egipto y Siria”) resulta actualmente impronunciable.

Pero el movimiento de liberación palestino soporta las consecuencias del nefasto padrinazgo que tradicionalmente ejercieron los gobiernos árabes sobre su acción. Esta influencia socavó durante décadas la efectividad de su resistencia y provocó incontables derrotas. Las clases dominantes de los países circundantes de Israel siempre chocaron con un proyecto sionista, que introducía un poder ajeno en su área de influencia geográfica. La expulsión de los palestinos agravó todos los desequilibrios de la región: aumentó la inestabilidad de los regímenes políticos y profundizó la degradación de las economías ya depredadas por los colonialistas extranjeros y sus socios locales.

Durante los años 60 y 70 los gobiernos nacionalistas que intentaron revertir parcialmente ese saqueo -como Nasser en Egipto y el Baath en Siria- debieron enfrentar a Israel. Pero recurrieron al terreno de la guerra convencional que favorecía a su enemigo y sufrieron escandalosas derrotas. El nacionalismo buscaba limitar la interferencia que representaba Israel a la modernización del capitalismo árabe y adoptó la causa palestina con este restrictivo propósito. Nunca apostó a erradicar la opresión imperialista en Medio Oriente.

Por eso los gobiernos árabes de la época buscaron la regimentación política, la subordinación financiera y la dependencia militar de ese movimiento. Trabajaron no solo para acotar su lucha, sino también para evitar la convergencia de un movimiento nacional revolucionario con las demandas sociales de los oprimidos de la zona. Esta tensión se tradujo en numerosos enfrentamientos con los palestinos y en acciones represivas contra sus sectores más radicalizados, especialmente en Jordania y el Líbano.

Estos choques y los sucesivos reveses frente a Israel condujeron finalmente al hundimiento del nacionalismo. Los sucesores de esta corriente abandonaron primero la opción militar y cambiaron luego directamente de bando. Establecieron relaciones con Israel y se convirtieron en obedientes socios del Pentágono. Esta subordinación ya es tan grande en la actualidad, que Egipto y Jordania ni siquiera rompieron estos vínculos durante los recientes bombardeos israelíes al Líbano.

Frente a esta agresión, la Liga Arabe se reunió, emitió un comunicado de ocasión y bajo la influencia de los jeques de Arabia Saudita se escucharon más condenas a Hezbolá que a Estados Unidos. En realidad, los gobiernos árabes pro-imperialistas esperaban que los sionistas destruyeran a las milicias islámicas que corroen la estabilidad de sus negocios petroleros.

En Siria subsiste el único régimen de origen nacionalista. Mantiene un potencial conflicto con Israel y un férreo control sobre los oprimidos de su país y el Líbano. Pero desde que perdió el padrinazgo de la URSS, sus presidentes se han mostrado muy permeables a las presiones norteamericanas. Por eso hay sectores del gobierno israelí que buscan empujar a Siria por el camino de Egipto y Jordania, ofreciendo como zanahoria la devolución de las alturas del Golán, que ya no tienen la relevancia militar del pasado.

La resistencia palestina ha debido lidiar con los gobiernos árabes desde que la OLP se constituyó en una fuerza autónoma. Logró desenvolver una extraordinaria lucha guerrillera y desembarazarse parcialmente de esta sujeción durante los años 60 y 70 y también durante la primera Intifada (1987). Esta “revolución de las piedras” fue un extraordinario levantamiento masivo que incluyó formas muy avanzadas de autoorganización popular y participación colectiva. Provocó la desmoralización del ejército ocupante, la quiebra de la sociedad israelí e impuso el reconocimiento del interlocutor palestino.

Pero Arafat aceptó los términos propuestos en Oslo (1993) y Camp David (2000) que nunca contemplaron la constitución de un real estado palestino y este aval provocó la pérdida de autoridad de la OLP. En un clima de corrupción, proliferación de dudosas ONGs, financiación europea y verticalismo autoritario, el Fatah fue cuestionado primero por militantes e intelectuales (como Edward Said) y luego por el grueso de la población. En este contexto de frustración, las provocaciones de Sharon desataron la segunda Intifada (2000) más militarizada y bajo la creciente dirección del Hamas. Esta organización tomó la posta del combate y garantizó la supervivencia de la sociedad palestina frente al colapso de la OLP.

La lucha palestina se desenvuelve actualmente en un marco de generalizada irrupción de los movimientos islámicos. El triunfo del Hamas constituyó otro hito de este aluvión, que se ha reforzado con la victoria de Hezbolá frente a Israel. Nasrallah ya alcanzó un nivel de popularidad en Medio Oriente, equivalente al logrado por Nasser en los años 60.

En las nuevas circunstancias comienza a reaparecer el viejo problema del control gubernamental sobre los movimientos de resistencia. Hezbolá ha demostrado una postura de inédita solidaridad con los palestinos. Pero sus allegados de Irán persiguen otros propósitos geopolíticos. Buscan reducir la presión norteamericana sobre el programa nuclear y aumentar su influencia sobre los chiitas de Irak para expandir el régimen de los Ayatollahs.

El Hamas está sometido a un hostigamiento terrorista muy superior a todo lo padecido por el Fatah. Israel no lo deja gobernar, ni permite mantener en pie ninguna forma de vida organizada en Gaza y Cisjordania. Pero también los gobiernos árabes aprovechan esta tragedia para hacer valer su influencia económica. Son los únicos proveedores de recursos ante el corte de suministros de Europa y Estados Unidos (que financiaban a la OLP) e intentan por esta vía domesticar al nuevo gobierno palestino (21).

Los dilemas de esta resistencia y el impasse estructural de la sociedad israelí convergen en torno a la gran pregunta de Medio Oriente: ¿Cómo solucionar el problema nacional de la región?

Israel y los refugiados

Cualquier desenlace progresista de la cuestión palestina requiere ante todo la derrota del expansionismo sionista. Este es el punto de partida para evaluar una resolución del conflicto. Esta victoria de los palestinos supondría el desmantelamiento del estado colonialista y de ninguna manera la eliminación física de los israelíes. Conduciría a establecer la igualdad derechos, anulando todos los principios que legalizan la ocupación de territorios ajenos. Mientras Israel maneje los dispositivos de inmigración en un espacio tan reducido, continuará funcionando una máquina de expulsar a los pobladores originarios para establecer a los recién llegados.

En lugar de discutir este problema los sionistas afirman que los “árabes nos quieren echar al mar” e interpretan un lema bélico surgido durante las primeras guerras (“destruir el estado de Israel”) como una convocatoria al asesinato masivo de los judíos. Esa frase surgió como reacción defensiva frente a la acelerada expansión del nuevo estado de colonos y actualmente es poco utilizada.

Es cierto que recientemente la repitió el presidente de Irán, aunque luego aclaró que proponía “borrar del mapa al régimen sionista y no a Israel”. Pero lo esencial del tema es que ninguna propuesta concreta de los palestinos plantea consumar actos de genocidio, ni imponer exilios forzados. Endilgarle este propósito es una caricatura o un panfleto semejante al que utiliza Bush, para justificar la “guerra preventiva” con algún video de Bin Laden.

En la izquierda el uso de la vieja fórmula: “destruir el estado de Israel” es claramente inconveniente. Es un planteo que se malinterpreta con facilitad, ya que las luchas nacionales tienden a adoptar siempre un programa positivo de reclamo de independencia, en desmedro de la faceta negativa (eliminar el estado opresor). En las luchas antiimperialistas de cualquier país, no es común convocar al “aniquilamiento del estado norteamericano, francés o ingles” y ni siquiera el desmonte del Apartheid se realizó bajo un llamado a “destruir del estado sudafricano”. En los hechos, cualquier transformación progresista requiere abolir la situación colonial, pero este objetivo tiende a ser enunciado en función de lo que se quiere construir y no de lo que busca eliminar.

Anular el carácter colonialista de Israel es indispensable para zanjar el problema de los refugiados palestinos, que el sionismo esperaba disipar con el paso del tiempo. Apostaba a un olvido histórico, semejante al sufrido por los aborígenes en las reservas del oeste norteamericano. Pero en el año 2001 había 1,2 millones de refugiados en los campos y 2,6 millones fuera de estos albergues. Conforman un bloque de 3,8 millones de personas que demandan la restauración de sus derechos (22).

La expectativa derechista de congelar el problema fue demolida por la resistencia. Cada oleada de lucha palestina ha replanteado la exigencia del retorno de los refugiados y esta demanda fue particularmente contundente durante la primera Intifada Un aspecto clave del fracaso de Oslo y Camp David fue justamente su total omisión de este problema. Existen discusiones sobre opciones alternativas al simple retorno de los expropiados a sus hogares, basadas en la devolución de pertenencias, reparaciones o compensaciones equivalentes. Pero incluso estas posibilidades requieren primero anular el carácter colonialista de Israel. La principal ley constitutiva de ese estado asegura derechos territoriales al inmigrante judío a partir de la negación de este mismo atributo para los refugiados palestinos. Bajo este sistema de recepción y expulsión de habitantes en base a criterios étnicos, el conflicto nunca tendrá solución.

La coexistencia de dos naciones

En el campo progresista nadie pone en tela de juicio los reclamos legítimos de los palestinos. ¿Pero que ocurre con los atributos nacionales de los israelíes? También aquí están fuera de duda sus derechos ciudadanos y libertades para vivir en la zona. Promover el retorno a sus países de origen es un disparate reaccionario. ¿Pero qué sucede con su nacionalidad? ¿Podrían preservarla o deberían disolverla en pos de superar las confrontaciones de Medio Oriente?

Israel se construyó sobre la opresión de los habitantes originarios, pero repitiendo lo ocurrido con países del mismo tipo (EEUU, Canadá, Argentina, Nueva Zelanda), este crimen de nacimiento ha dado lugar a una nueva nación que ya no puede abolirse. Al cabo de varias décadas de existencia es evidente la consolidación de una nacionalidad de los israelíes.

Esta singularidad se manifiesta tanto en el plano objetivo (lengua, territorio, economía común) como en la esfera subjetiva de los sentimientos de pertenencia a una misma comunidad (pasado y lazos culturales compartidos, conciencia de grupo diferenciado). El afianzamiento de un idioma en desuso como era el hebreo -para sustituir las lenguas maternales de los judíos inmigrantes de distinto origen- ha contribuido a estabilizar esta nueva nacionalidad. Cualquiera sea el criterio elegido para definir a una nación- patrones objetivos, subjetivos o una combinación de ambos- es evidente que los israelíes reúnen actualmente estos atributos (23).

Esta conformación ha seguido el modelo de las naciones gestadas a partir del establecimiento de un estado (Francia, Portugal, Gran Bretaña, España). Expresa un desenlace histórico inverso al que seguirían los palestinos si logran forjar su estado como coronación de un proceso previo de formación de una identidad nacional. Este segundo curso repetiría el rumbo de los países surgidos al calor de una lucha anticolonial (India, Argelia). Pero lo importante es que como resultado de procesos históricos diferentes, tanto a los israelíes como los palestinos les corresponden derechos nacionales y no solo ciudadanos.

Desconocer esta legitimidad conduciría a resucitar un viejo error del siglo XIX: la creencia que existen “pueblos sin historia”, inevitablemente condenados a actuar como peones de la reacción y “pueblos con historia”, destinados a comandar la emancipación de sus vecinos junto a la propia. La historia del marxismo ha sido un largo e inconcluso aprendizaje de equivocaciones de esta índole (24).

En Medio Oriente la autodeterminación de un pueblo oprimido como es el palestino, no puede hacerse desconociendo los derechos nacionales de los habitantes del estado de Israel que los oprime. La solución del conflicto requiere este reconocimiento para abrir un escenario de coexistencia entre las dos comunidades nacionales (25).

Dos estados soberanos

Una solución del conflicto comenzó a esbozarse a partir de los años 70, cuándo en el movimiento palestino se acordó discutir la formación de dos estados sobre la base del retorno de los refugiados y el retiro israelí a las fronteras vigentes en 1967. Esta opción cobró más fuerza luego de la primera Intifada. Pero Israel boicoteó sistemáticamente todas las negociaciones. Obstaculizó cada tratativa para ganar nuevos pedazos de territorio mediante operaciones militares.

Es completamente falso atribuir el fracaso de estas conversaciones a los “fanáticos de ambos campos” (26). En este caso no existen “responsabilidades compartidas”, ni culpas equitativamente distribuidas entre los asesinos de Rabin y los miembros de la Jihad islámica. La guerra que inició Sharon y que continúa Olmert persigue el evidente propósito de sepultar cualquier perspectiva de dos estados. Las negociaciones son impracticables, mientras Israel continúe ejecutando su cuota de asesinatos diarios en Gaza.

Pero lo que entierra estructuralmente a estas conversaciones es el grado de colonización perpetrado en Cisjordania. El número de asentados, la dimensión de la infraestructura construida, el apoderamiento de tierras torna muy difícil el retiro a las fronteras del 67. Y sin este repliegue el estado palestino es completamente inviable. No hay margen para erigir esa entidad en la geografía amurallada y desmembrada de la Banda Oriental.

Muchos autores progresistas igualmente sostienen la factibilidad de esta opción (27). Estiman que el retiro forzoso de varios miles de colonos de Gaza por parte del gobierno de Sharon demostró que un retorno del mismo tipo podría implementarse en Cisjordania. Pero aquí la diferencia de cantidad determina un salto de calidad. Israel ha incorporado las principales zonas de la Banda Oriental a su territorio de la misma forma que extendió sus fronteras del esquema inicial de la partición al país existente en 1967. Tendría que padecer una derrota de gran impacto, un desgaste insoportable como ocupante, una fuerte corrosión interna o una pérdida de sostén internacional para resignar las porciones ya recolonizadas de Cisjordania y Jerusalem.

Quiénes imaginan posible este retiro afirman que el proyecto de dos estados no está destruido, sino solo afectado por la etapa de agresión imperialista inaugurada el 11 de septiembre. Estiman que un giro hacia el multilateralismo que incluya el fin de Bush arrastraría también a la derecha israelí. Pero incluso en este escenario no se vislumbra una reducción del sostén geopolítico que Estados Unidos brinda al sionismo y este apoyo implica una política militar agresiva, que torna muy difícil la subsistencia de un estado palestino soberano. Es cierto que el grado de asociación estrecha entre Norteamérica e Israel solo tiene 40 años, pero se ha convertido en un pilar de la estrategia imperialista en la principal zona periférica del planeta.

Como esta simbiosis no existió con Sudáfrica, muchos analistas estiman que resulta muy improbable en Medio Oriente la repetición de un desmonte semejante al observado con el apartheid. Varios gobiernos norteamericanos toleraron la campaña internacional contra el racismo en Africa austral, pero ninguno aceptó la menor crítica a Israel. Este contraste ilustra cuán diferentes son los intereses en juego en cada caso (28).

Existe otro argumento mucho más pragmático a favor de los dos estados, que simplemente subraya la inexistencia de otra alternativa realista para superar el conflicto. Pero esta afirmación que parecía evidente en los años 80 y 90 ha perdido credibilidad en la actualidad. La guerra permanente contra los palestinos y la ocupación de Cisjordania han reducido drásticamente la factibilidad de esa opción. Por eso no se vislumbra por ahora el retiro de Israel al 67 y la negociación de las demandas de los refugiados.

Un solo estado laico y democrático

Los impedimentos que afronta el proyecto de dos estados soberanos ha resucitado la alternativa que promovía la OLP en los años 60: construir un estado único, laico y democrático para los habitantes de la región, que elimine todos los componentes de discriminación étnica o religiosa.

Este proyecto es el planteo tradicional de la izquierda (29). Pero lo novedoso es su embrionario resurgimiento como opción en Medio Oriente, a partir de proyectos animados por algunos intelectuales y militantes de la región. Proponen un programa de reorganización democrática, anulación del estado étnico y el establecimiento de la ciudadanía por criterios de residencia (30).

Esta solución es la más avanzada y conveniente. Se basa en el precedente republicano francés y reduce la utilización de estas creencias religiosas como justificación bélica. Propone disolver los conflictos entre comunidades reuniendo a todos los pobladores bajo un mismo techo, con derechos y obligaciones ciudadanas equivalentes. Este camino de convergencia siguió la conformación de muchos estados contemporáneos.

El principal obstáculo que enfrenta esta opción es su bajísima aceptación actual. Es un programa que tiene pocos defensores de peso, porque la OLP abandonó esta propuesta, las corrientes islámicas nunca la apoyaron y en Israel jamás tuvo avales significativos. La solución democrática del problema nacional exige que cada comunidad defina libremente el tipo de organización estatal que prefiere. Y es evidente que solo contados palestinos y casi ningún israelí aceptarían actualmente la conformación de un estado en común. Especialmente en Israel se ha difundido un terror generalizado por la futura supremacía demográfica de los palestinos dada su alta tasa de natalidad. Varias encuestas realizadas entre ambos grupos confirman esta mutua animosidad. Pero como tampoco se percibe la viabilidad del modelo de los dos estados, todos los deseos colectivos presentan un carácter transitorio y mutable.

Israel atraviesa un trauma político sin devenir previsible. El sistemático giro hacia la derecha que ha prevalecido desde los 90 contrasta con el clima progresista que predominó durante las marchas que reclamaban “Paz Ahora” en 1982 y 1988-90. Pero el reciente fracaso en el Líbano permite concebir en algún momento un retorno a ese escenario, si las agresiones militares no dan resultado. Por su parte, los palestinos se encuentran bajo el shock del terror de la ocupación, en un marco de ascenso del Hamas que no ha definido claramente cuál es su proyecto futuro.

Un segundo problema del estado único es su carácter laico, opuesto tanto al molde sionista (confesional judío), como a la variante multiconfesional libanesa (cristianos y musulmanes) o las vertientes teocráticas que promueve el integrismo islámico. Pero este retroceso hacia propuestas religiosas presenta muchos matices. El huracán islámico en curso es muy heterogéneo en el plano político. Incluye vertientes de izquierda y derecha, radicales y conservadoras, antiimperialistas y pro-norteamericanas. Reúne a los fundamentalistas talibanes y a los respetuosos de las mujeres, las minorías étnicas y otras creencias. La marea islamista canaliza corrientes progresistas junto a planteos retrógrados. El Hamas, por ejemplo, es un movimiento político que ha puesto distancia con el totalitarismo fundamentalista. Hezbolá en el Líbano tampoco impulsa un régimen político excluyente, sino una variante del sistema multiconfesional vigente. Hay que reconocer igualmente que el contexto para un programa laicista es menos favorable que en el pasado.

En Sudáfrica la minoría blanca se avino a introducir la ciudadanía formal y a compartir en los hechos el sistema político con las elites negras y mestizas, a cambio de preservar sus privilegios económicos. Pero la reproducción de este esquema no es sencilla. Allí no hubo creación de nuevas estructuras nacionales y también existen ciertas diferencias estructurales.

Mientras que la economía sudafricana integraba a los trabajadores negros como explotados en las minas, las fábricas y el campo, la colonización israelí expulsa a los palestinos y tiende incluso a sustituirlos por fuerza de trabajo de cualquier origen en los momentos de mayor crisis (tailandeses, filipinos, turcos). Esta segmentación se traduce en una fractura de la clase obrera de la región que conspira contra el estado compartido.

 

 

 

Notas:


1) Rein Raanan. “Israel tiene derecho a usar la fuerza”. Clarín, 7-8-06
2) Dzalb Damian “Hezbollah decidió instalar la guerra”. Clarín 9-8-06
3) Así lo denomina: Levy Gideón. “Un apagón moral para Israel” La Nación 1-8-06.
4) Grynwald Luis.”El estado de Israel está frente a su sexta guerra de defensa”. Clarín, 3-8-06.
5) Dzalb Damian “Hezbollah decidió instalar la guerra”. Clarín 9-8-06
6) Saxe explica el sentido geopolítico de esta estrategia. Saxe Fernández John. “Terrorismo de estado”. Página 12, 6-8-05
7) En los debates recientes sobre el terrorismo se han resaltado estas y otras diferencias. Boron Atilio. “Terrorismos”. Página 12, 9-7-05. Kepel Gilles. “Terrorismo: cuando Internet funciona como una guarida” Clarín, 16-8-05. Bllin Arnaud, Chaliand Gerard. “Una historia del terror”. Página 12, 13-9-04. Rozitchner León “Que piden los terroristas” Página 12, 23-7-05. Tokatlian Juan. “El laberinto de Europa ante el terror”. La Nación, 15-7-05.
8) Este giro político ha sido detallado varios analistas. Kepel Gilles. “La democracia en la zona ya no es una prioridad para EEUU” Clarín, 9-8-06. Febbro Eduardo. “Luces y sombras de la primavera árabe”. Página 12, 20-3-05. Achcar Gilbert. “El agujero negro de los estados árabes”.Le Monde Diplomatique, julio 2005.
9) Un informe detallado de la confiscación de Cisjordania exponen: Editors. “¿Two status for a single land?”. Dialogue n 12, march 2005. También: Chomsky Noam. “Israel persigue anexionarse las tierras más valiosas”. Rebelión. 4-8-06. Ali Tariq. “Hay una guerra colonial prolongada por delante” Clarín, 5-8-06.
10) Ben David detalla los efectos de la partición. Ben David Arie “The right of return: against the principle of the ethnic state”. Dialogue n 10, august 2005.
11) Esta acción fue un ejemplo contundente de lo que Harvey denomina “acumulación por desposesión”. Harvey David. The New Imperialism, Oxford University Press, 2003 (cap 4).
12) Jawad Saleh Andel. “Un sociocide”. Inprecor n 517, mai 2006, Paris.
13) La relación de Estados Unidos con Israel es descripta por: Wallerstein Immanuel. “¿Qué puede lograr Israel?” Rodela.net. 04-08-06. Walt Stephen, Mearsheimer John. “El lobby israelí y la política exterior de EEUU”. Sin Permiso, 30-7-06. Petras James. “El Líbano está peleando por su soberanía”. CX36 R. Centenario, 7-8-06.
14) “Irán es el enemigo estratégico de Israel”. Rein Raanan. “Israel tiene derecho a usar la fuerza”. Clarín, 7-8-06.
15) Un detallado informe de estos planes expone: Hersh Seymour. “Ensayo general para Irán”, El País, 20-8-07. Un análisis del mismo proceso plantea: Meyssan Thierry. “La guerra de civilizaciones” (Red Voltaire. CO n 1035, 23-12-04. Meyssan Thierry. “Los neoconservadores y la política del caos constructor”. Red Voltaire, 1-8-06.
16) Widder Sergio. “Antisemitismo sin excusas”. Página 12,1-8-06. Desde el momento que están involucrados pueblos árabes de origen semita, correspondería más bien el calificativo de “antijudío”.
17) “El lazo místico que el judío tiene con la tierra de Israel… (obedece a que)…Israel representa para el pueblo judío un elemento indisoluble de su identidad”. Goldman Daniel “Un antisemitismo vergonzante”, Página 12.18-8-06. En oposición a este visión simplificada, la relación entre sionismo y judaísmo fue planteada en términos mucho más elaborados por los teóricos marxistas. El texto clásico de León puede ser visto como una polémica con el sionismo de izquierda de Borojov. León. Abraham. La concepción materialista de la cuestión judía, Ed. El Yunque. BsAs, 1975. Borojov Ber. Nuestra Plataforma, Bases del Sionismo Proletario.
18) Una descripción de este drama presenta: Khalaf Issa. “La patología del poder israelí”. Rebelión, 3-8-06.
19) Achcar describe algunos de estos paralelos. Achcar Gilbert. “El doble ataque israelí sobre Líbano y Palestina”. Liberazione, 15-7-06. Achcar Gilbert. “Los planes imperiales de EEUU son un barco que se hunde”. www.Espacioalternativo.org 6-8-06. También: Trablusi Fawaz. “Lo importante es que por primera vez Israel no hay una victoria clara de Israel”. Clarín, 31-7-06. Haddad Khaled.”Israel perdió la guerra y busca una victoria en la ONU”. La Nación, 8-06. Otra visión ofrece: Luttwak Edgard. “Se equivocan los que creen que ganó Hezbollah”. Clarín, 27-8-06.-
20) Todo lo visto constituye “apenas un anticipo de la película principal” que será otra invasión en mayor escala, anuncia un hombre de la derecha. Shalom Silván “Un acuerdo que podría llevar a un nuevo conflicto”. La Nación, 14-8-06.
21) Achcar plantea un balance de la Intifada, Mulhem analiza el régimen sirio y Massad describe los condicionamientos al Hamas. Acchar Gilbert. “De la premiére intimada au succés du Hamas”. Inprecor 517,mai 2006, Paris. Mulhem Monif. “Quand on decide se battre, il faut accepter de se faire arreter”. Inprecor, 98-499-octobre novembre 2004. Massad Joseph. “Hamas and the conditions of funding”. Dialogue n 12, march 2005.
22) Khaled. Malik. “The right of return”. Dialogue n 1, 2002.
23) Smith presenta una síntesis de las discusiones actuales sobre la definición de nación. Smith Murray.”La question nationale en Europe occidentale”. Critique Communiste n 171, hiver 2004.
24) El análisis clásico de este debate fue planteado por: Roman Rosdolsky: Friedrich Engels y el Problema de los Pueblos 'Sin Historia', México, Pasado y Presente, 1980.
25) Este modelo binacional es postulado por Warschawski Michel. “Face aux impératis de la revendication nacionales des deux communautes”. Inprecor n 517,mai 2006, Paris. Warschavski Michel. “La centralité de la question palestinienne”. Inprecor 498-499, octobre-novembre 2004.
26) Esta tesis plantean entre otros: Sachs Jeffrey. “Fanáticos y moderados” La Nación, 2-8-06. Gregorich Luis. “Medio Oriente, sin finales felices”. La Nación, 15-8-06.
27) Manson Meter. “Fight for two states, fight for Arab unity”. Weekly Worker 636, 3-8-06. Peled Yoav. “Zionist realities”. New Left Review, n 38, march-april 2006.
28) Ramírez resalta esta diferencia. Ramírez Roberto. “El drama Palestino” Socialismo o Barbarie, 6-8-06.
29) Callinicos Alex. “Why two states is not the solution for Palestine”. Socialist Worker, 5-8-06. Tilley Virginia “The secular solution”. New Left Review, n 38, march-april 2006. En la izquierda de Argentina: Altamira Jorge. “Líbano: una derrota gigantesca del imperialismo”. Prensa Obrera 959. 8-8-06. Cinatti Claudia. “Transformar la resistencia en una lucha generalizada de libración nacional y social “. La Verdad Obrera n 198, agosto 2006. Ramírez Roberto. “Por un estado único, laico y democrático en toda Palestina”. Socialismo o Barbarie, 6-8-06. F.M. ¿Por qué “Laico, democrático y no racista?. Alternativa Socialista, 10-8-06.
30) Plantean esta opción los promotores de la revista “Dialogue. Review for discussion between arabe and jewish activists of Palestine”.
 
 

Los juegos de la guerra

Los juegos de la guerra

NIKO SCHVARZ
 
Decíamos ayer que Israel mantiene el bloqueo aéreo y marítimo del Líbano y sus soldados siguen ocupando el sur del territorio, en violación de la resolución 1701 de la ONU y de que ha comenzado el despliegue de los efectivos de refuerzo de la Finul por parte de Francia, que dirigirá la misión hasta febrero 2007, y de Italia, que tomará el relevo. Decíamos también que entre las críticas dirigidas desde todas las direcciones al gobierno israelí por la conducción de la guerra se incluye el uso de las bomba de racimo contra la población.       
 
BOMBAS DE RACIMO

En su gira por Oriente Medio Kofi Annan reiteró que “debemos ocuparnos de levantar el embargo aéreo, terrestre y marítimo que constituye una humillación para los libaneses y atenta contra su soberanía”. La respuesta del gobierno israelí viene por vía de hecho y por la palabra del ministro de Defensa Amir Peretz, según el cual los militares israelíes “permanecerán durante varias semanas en el sur del Líbano”. Lo mismo habían dicho antes los jefes militares en el terreno, como el general Dan Halutz.
          
El coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU Jan Egeland señaló que miles de civiles están en riesgo en el sur del Líbano a causa de las bombas de racimo (o de fragmentación) no explosionadas que el ejército israelí esparció en los últimas días de conflicto en una actitud calificada como “perturbadora e inmoral”. El Centro de Coordinación para la Desactivación de Bombas de la ONU evaluó casi el 85% de las áreas bombardeadas e identificó “359 puntos en los que cayeron bombas de racimo que están contaminadas con cerca de 100 mil bombas no explosionadas”. Kofi Annan dijo desde Amman, capital de Jordania, que “este tipo de armas no deberían ser utilizadas en zonas civiles y debe actuarse rápidamente para neutralizarlas”, solicitando al ejército israelí dar a conocer su ubicación, ya que estos engendros dejan una amenaza durable en el terreno, al igual que las minas antipersonales. Dicho sea de paso, cuando Israel se retiró del Líbano en el año 2000, después de su segunda invasión, dejó el terreno sembrado de minas antipersonales, negándose a registrar su ubicación.
           
Las bombas de racimo están prohibidas por los tratados internacionales y su utilización constituye un crimen de guerra. Lo mismo ocurre con las bombas de napalm o las bombas de fósforo, profusamente utilizadas por los yankis en la guerra de Vietnam. Un cable dice que “EEUU está investigando si Israel había roto los acuerdos secretos al utilizar bombas norteamericanas en la guerra del Líbano”. El hecho es que Israel recibe 2500 millones de dólares de ayuda norteamericana por año, de los cuales 2300 millones en el rubro militar.
 
UNA REVELACIÓN INAUDITA

Así califica Juan Gelman (que une a su condición de gran poeta la de periodista de fuste, con amplia documentación de fuentes norteamericanas e israelíes) el episodio que describe en reciente contratapa de LA REPÚBLICA. Fue protagonizado por Tom Ricks, premio Pulitzer de periodismo y corresponsal de guerra para el Washington Post, con cobertura específica sobre el Pentágono.. En un programa de CNN le contó al moderador (Howard Kurz) que según le manifestaron analistas militares estadounidenses, “Israel deliberadamente no destruyó depósitos de cohetes de Hezbolá en el Líbano porque en la medida en que (los israelíes) sigan sometidos a ese bombardeo, pueden conservar una suerte de equivalencia moral con sus operaciones en el Líbano”. Incrédulo, el moderador repregunta si “está sugiriendo que Israel permitió adrede que Hezbolá retuviera parte de su poder de fuego esencialmente con fines propagandísticos,, porque la muerte de civiles israelíes lo ayuda en la guerra de las relaciones públicas”, ante lo cual Ricks reafirma: “Sí, es lo que me dijeron esos analistas militares ”.
           
Esto se inserta en el cuadro de preparación de una nueva guerra en el Oriente Medio, de mayor envergadura y con otros participantes. Un artículo publicado en Haaretz el 17 de agosto bajo el inequívoco título de “Prepararse para la próxima guerra ya” encara la posibilidad de “una guerra completa contra ejércitos regulares, incluso el ejército de una potencia regional”, en clara alusión a Siria o Irán, o a ambos.
 
EL HERVIDERO REGIONAL

La región y sus aledaños se ha transformado en un hervidero. Las tropas de la OTAN perpetran verdaderas masacres en Afganistán, que en estos días escapan a la percepción internacional, al mismo tiempo que en Irak se verifican a diario decenas de muertes por obra de las tropas de ocupación  y de las azuzadas confrontaciones inter.-étnicas. Hay multiplicidad de maniobras militares en curso. De ahí la importancia de que la paz y el fin del bloqueo lleguen sin más al Líbano.

Las mentiras, las amenazas, la hipocresía

Las mentiras, las amenazas, la hipocresía

 

Robert Fisk

Después de la guerra vienen la hipocresía, la mendacidad, las
amenazas, las mentiras descaradas. Empecemos por ese hombre de ojos
penetrantes, Sayed Hassan Nasrallah, cabeza del movimiento guerrillero
Hezbollah que le dio a los israelíes una paliza a cambio de... bueno,
a cambio de la destrucción de gran parte de Líbano.

Fueron hombres de Nasrallah los que cruzaron la frontera israelí el 12
de julio, capturaron a dos soldados israelíes, mataron a otros tres y
con esto desataron una carnicería totalmente predecible, en la que la
fuerza aérea israelí y el ejército atacaron a población civil de
Líbano.

Ahora vean lo que dice Sayed Nasrallah: "Si hubiera sabido que la
captura de soldados iba a desencadenar una guerra a semejante escala,
si Hezbollah se hubiera imaginado uno por ciento de lo que pasó,
definitivamente no lo hubiéramos llevado a cabo".

Esto amigos, es lo que yo llamo mentira inmensa. Si Hezbollah no tenía
idea de lo que Israel iba a hacer en Líbano (y eso que se trata de
personas inteligentes y disciplinadas que conocen muy bien la
situación política actual de Ehud Olmert, que ha empeorado por el
fracaso de su ejército en Líbano), entonces ¿por qué construyó
Hezbollah todos esos bunkers de concreto en cuevas, rocas y colinas
años antes de la guerra?

¿Por qué llevaron miles de misiles al sur de Líbano? ¿Por qué se
prepararon para dispararle a un buque de guerra israelí (lo cual
hicieron, logrando impactarlo y casi hundirlo)? ¿Para qué se volvieron
militarmente tan eficientes si Israel sólo iba a llevar a cabo una
incursión terrestre insignificante?

¿Se supone que tenemos que creer que resistieron bajo intensos ataques
israelíes que mataron a más de mil civiles, como era muy previsible
para ellos, así nada más, sin tener nada planeado? ¿O es que los
hombres que le dispararon al buque israelí se levantaron en la mañana,
se comieron sus emparedados manouche de queso y se dijeron: "¡Hey, se
me ocurre que hoy le disparemos a un barco israelí!"

No. Ese ataque contra un blanco militar, perfectamente justificable
ante la agresión israelí, estuvo perfectamente planeado. Según Seymour
Hersh en The New Yorker, el ataque israelí también estuvo
cuidadosamente planeado, y autorizado plenamente por el gobierno de
George W. Bush como parte de su campaña para humillar a Irán.

Hersh tiene razón. Pero creo que ambos bandos planearon esto, y otro
indicio de ello quedó claro en el increíblemente hipócrita
pronunciamiento de Nasrallah. "En todo caso -dijo- Israel iba a lanzar
una guerra al principio del otoño y el nivel de destrucción iba a ser
mucho mayor". Oye, Hassan, gracias por avisarme.

Así vemos la forma en que Hezbollah está planeando su narrativa de
posguerra. Nunca quisieron que los libaneses sufrieran, pero de todas
maneras iban a sufrir más tarde, y además Hezbollah ganó.

Ahora, el liderazgo de Hezbollah anuncia formalmente que va a obedecer
la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU -que exige su
desarme- pero sin desarmarse realmente. Así es la paz en nuestros
tiempos. Hasta la próxima guerra.

Pero es igualmente perniciosa la narrativa mentirosa que los israelíes
y sus simpatizantes están preparando para el mundo, que incluye las
viejas mentiras del antisemitismo de los reporteros y del supuesto
involucramiento de la Cruz Roja en el terrorismo.

Tomemos, como ejemplo, un absurdo artículo en el periódico francés
Liberation del pasado jueves, escrito por Shmuel Trigano y titulado
"Guerra, mentiras y video". Este artículo propone algunos temas
usuales pero deliberadamente engañosos, y el más detestable de ellos
es el que afirma que al mostrar a niños asesinados por la fuerza aérea
israelí en Qana la prensa estaba tratando de "reactivar una muy
antigua idea antisemita: que los judíos matan niños. En la antigüedad,
en la Edad Media, ellos (los judíos) eran acusados de canibalismo; y
hoy en día, en el mundo árabe, se les acusa de crímenes rituales".

Desde luego que entiendo el mensaje. No debimos mostrar esas
fotografías de los inocentes de Qana asesinados por las bombas
israelíes (sin duda seríamos aún peores si además hubiésemos
mencionado que eran bombas israelíes fabricadas en Estados Unidos) y
nunca debimos señalar que hace una década, soldados israelíes mataron
a otros 106 incoentes en Qana, más de la mitad de ellos niños. De
hecho, no debemos mostrar a ningún niño árabe muerto, a menos de que
queramos que se nos compare con los antisemitas medievales.

Shmuel continúa con un discurso israelí tan objetable como el que se
escucha de los voceros de Israel: que porque un fotógrafo libanés de
medio tiempo pegó dos nubarrones de humo en una imagen de un sitio
bombardeado y vendió la fotografía falsificada a Reuters -en un acto
de mendacidad que le valió ser justificadamente despedido- todas las
fotos de Beirut probablemente fueron manipuladas y eran falsas. Esto,
por supuesto, es estúpido, pero en el momento en que supe de la
fotografía falsa le pronostiqué a un amigo que todos los simpatizantes
de Israel usarían el incidente para poner en duda todas las imágenes
de Líbano. Las mentiras contra la prensa de los amigos de Israel son
tan predecibles como viles.

También están las acusaciones de que los reporteros que trabajamos en
el sur de Líbano estábamos bajo el "control de Hezbollah", mientras
que todos nuestros colegas en Gaza trabajaron bajo "control" de Hamas.
"Todos los periodistas", según Shmuel, saben que trabajan "bajo
autorización de los poderes que obtienen su autoridad gracias a las
fotografías del terreno y dan acreditación a los periodistas que
trabajan ahí".

Perdóname, Shmuel, pero éste es el tipo de material que procede de la
parte trasera de un buey. Nosotros no traemos ninguna "autorización de
Hezbollah". De hecho, quienes tratamos de entrevistar a miembros de
Hezbollah durante la pasada guerra nunca hallamos a ninguno de ellos,
de la misma forma en que las fuerzas israelíes nunca los encontraron.

Pero claro, de acuerdo con este texto, nosotros los periodistas
creemos que es "justo" que los civiles israelíes sufran. Nos enfocamos
solamente en las "víctimas" de Israel, y esto es "antisemitismo por
default".

Ya que soy viejo conocedor de las guerras sucias de Líbano, debo decir
que que ésta es exactamente la misma mentira que se dijo del bombardeo
israelí de 1978, la invasión de 1982 y el bombardeo de civiles en
1993, y acá la tenemos de nuevo entre nosotros. A menudo me pregunto
si los amigos de Israel tachan de antisemitas a periodistas decentes y
honorables porque quieren que el antisemitismo se torne respetable. A
uno sólo le queda suspirar de cansancio y rabia ante esta
deshonestidad.

Bueno, una cosa sí les digo. Cuando de deshonestidad se trata,
Nasrallah está entre los mejores, pero todavía tiene mucho que
aprender de los israelíes.

Líbano a través de la mira de un bombardero

Líbano a través de la mira de un bombardero


Noam Chomsky

En el Líbano, un cese del fuego que se cumple a regañadientes
permanece en efecto. Se trata de una más en una serie de treguas entre
Israel y sus adversarios que se prolonga desde hace décadas, en un
ciclo que, como si fuera inevitable, retorna a la guerra, a la matanza
y a la miseria humana.

Tratemos de describir la crisis actual por lo que realmente es: una
invasión al Líbano llevada a cabo por Estados Unidos e Israel, con
apenas una cínica pretensión de legitimidad. De entre todas las
acusaciones y réplicas, el factor más inmediato detrás del asalto es
el conflicto israelí-palestino.

Esta no es la primera vez que Israel ha invadido el Líbano para
eliminar una presunta amenaza. La más importante de las invasiones del
Líbano hechas por Israel y apoyada por Estados Unidos, en 1982, fue
ampliamente descrita en Israel como una guerra por la Cisjordania.

Fue emprendida para finalizar los molestos llamados de la Organización
de la Liberación de Palestina para un arreglo diplomático. Pese a que
hay muchas condiciones diferentes, la invasión de julio puede ubicarse
dentro del mismo diseño.

¿Que rompería el ciclo? Los esquemas básicos de una solución al
conflicto entre Israel y Palestina son conocidos, y han sido apoyados
por un amplio consenso internacional durante 30 años: un acuerdo de
dos estados en una frontera fijada por organismos internacionales, tal
vez con ajustes menores y mutuos.

Los estados árabes aceptaron formalmente esta solución en el 2002,
como lo hicieron los palestinos, mucho antes. El líder de Hezbolá,
Sayyed Hassan Nasrallah, ha sido claro. Él ha dicho que aunque esta
solución no es la preferida de su organización, esta no perturbará su
desarrollo. El 'líder supremo' de Irán, el ayatola Jamenei,
recientemente señaló que también Irán apoya el acuerdo. Hamas ha
indicado claramente que también está preparada para negociar por el
pacto en esos términos.

Pero Estados Unidos e Israel continúan bloqueando este acuerdo
político, como lo han hecho durante 30 años, con breves e
intrascendentes excepciones. La negación puede ser lo preferido en
casa, pero las víctimas no gozan de ese lujo.

El rechazo de Estados Unidos y de Israel no está solamente en las
palabras, sino de manera más importante en las acciones. Con un
decisivo apoyo de Estados Unidos, Israel ha estado formalizando su
programa de anexión y desmembramiento de los menguantes territorios
palestinos. Se trata de un programa de 'convergencia' que, de manera
asombrosa, es llamado por Estados Unidos "valiente retirada".

Como consecuencia, los palestinos enfrentan la destrucción nacional.
El apoyo más significativo para los palestinos viene de Hezbolá, que
se formó como una reacción a la invasión de 1982. Hezbolá ganó un
prestigio considerable al liderar el esfuerzo para obligar a Israel a
retirarse del Líbano en el 2000. Además, como otros movimientos
islámicos, Hezbolá ha ganado apoyo popular al proveer servicios
sociales a los pobres.

Para los planificadores de Estados Unidos e Israel lo que hay que
hacer es debilitar o destruir a Hezbolá del mismo modo que la
Organización para la Liberación de Palestina debía ser desalojada del
Líbano en 1982.

Pero Hezbolá está tan profundamente arraigado en la sociedad libanesa
que no puede ser erradicado sin destruir también gran parte del
Líbano. De ahí la magnitud del ataque contra la población del país y
su infraestructura.

Al seguir una pauta conocida, la agresión está incrementando
bruscamente el apoyo a Hezbolá, no solamente en el mundo árabe y
musulmán, sino en el propio Líbano.

A fines del mes pasado, las encuestas revelaron que el 87% de los
libaneses apoyaban la resistencia de Hezbolá contra la invasión. Eso
incluye un 80% de los cristianos y los drusos.

Inclusive el patriarca católico maronita, el líder espiritual del
sector más pro occidental del Líbano, se unió a los líderes religiosos
sunita y chiita en una declaración que condena la 'agresión' y aclama
"la resistencia, principalmente conducida por Hezbolá".

La encuesta también descubrió que el 90% de los libaneses considera a
Estados Unidos "cómplices de los crímenes de guerra de Israel contra
el pueblo libanés".

Amal Saad-Ghorayeb, un ensayista libanés y un experto en Hezbolá,
observa que "estos resultados son aun más significativos cuando se los
compara con los resultados de una encuesta similar conducida hace solo
cinco meses, que mostraba que solamente el 58% de los libaneses creía
que Hezbolá tenía el derecho a permanecer armada, y por lo tanto, a
continuar su actividad en la resistencia".

La dinámica es conocida. Rami G. Khouri, un editor del periódico
libanés "Daily Star", escribe que "los libaneses y los palestinos han
contestado a los persistentes y cada vez más salvajes ataques de
Israel contra enteras poblaciones civiles a través de la creación de
liderazgos paralelos o alternativos que pueden protegerlos y
ofrecerles los servicios esenciales".

Este tipo de fuerzas populares solamente ganarán poder y se volverán
más extremistas si Estados Unidos e Israel persisten en demoler
cualquier esperanza de que los palestinos obtengan el derecho a
construir una nación, y continúan destruyendo Líbano.

En la crisis actual, incluso el rey Abdulá de Arabia Saudí, el más
antiguo (y más importante) aliado de Washington en la región, se vio
forzado a decir: "Si la opción de paz es rechazada debido a la
arrogancia de Israel, entonces solamente la opción de la guerra
permanece, y nadie sabe las repercusiones que afectarán a la región,
incluyendo guerras y conflictos de los que nadie estará a salvo,
incluyendo aquellos cuyo poder militar los está tentando a jugar con
fuego".

No es un secreto que Israel ha ayudado a destruir el nacionalismo
secular árabe y a crear a Hezbolá y a Hamas, del mismo modo que la
violencia de Estados Unidos ha acelerado el ascenso del
fundamentalismo islámico extremista y del terror de los guerreros
santos. La última aventura va a crear probablemente nuevas
generaciones de jihadistas resentidos y furiosos, del mismo modo que
lo hizo la invasión de Iraq.

El escritor israelí Uri Avnery señaló que el jefe del estado mayor del
ejército de Israel, general Dan Halutz, ex comandante de la fuerza
aérea, "mira el mundo a través de la mira de bombardero". Lo mismo
puede decirse de Donald Rumsfeld, de Dick Cheney, de Condoleezza Rice
y de otros altos funcionarios de la administración de Bush. Como lo
revela la historia, esa manera de mirar el mundo no es rara entre
aquellos que detentan la mayoría de los medios de violencia.

Saad-Ghorayeb describe la violencia actual en "términos apocalípticos"
advirtiendo que posiblemente "se abrirán las compuertas del infierno"
si el resultado de la campaña de Estados Unidos y de Israel crea una
situación en la cual "la comunidad chiita bulle de resentimiento
contra Israel, Estados Unidos y al gobierno que percibe como un
traidor".

El tema central el conflicto Israel-Palestina puede manejarse a través
de la diplomacia, si Estados Unidos e Israel abandonan su idea de
rechazar todo compromiso.

Otros problemas pendientes en la región también son susceptibles de
negociación y de diplomacia. Su éxito nunca puede ser garantizado.
Pero podemos estar razonablemente confiados de que mirar el mundo a
través de una mira de bombardero traerá más miseria y sufrimientos,
tal vez incluso en "términos apocalípticos".

 

NOMBRES

NOMBRES

Por Juan Gelman

 

El 6 de agosto pasado, en plena guerra Israel/Hezbolá/Líbano, el Premio Pulitzer de periodismo Tom Ricks hizo una revelación inaudita por la cadena CNN. Pero tal vez sea mejor reproducir el fragmento pertinente del diálogo sobre el tema que sostuvo con Howard Kurz, moderador del programa Reliable Sources (Fuentes fidedignas). Ricks cubre el Pentágono para el Washington Post y ha sido corresponsal de guerra en no pocos conflictos, incluido el de Irak.

 

“H. K.: –¿Las bajas civiles ganarán importancia en la cobertura de los medios? ¿En las conflagraciones donde no hay dos ejércitos que combaten frente a frente? 

T. R.: –Creo que sí. Pero pienso que las bajas civiles forman también parte del enfrentamiento en este caso. Una de las cosas que sucede, según algunos analistas militares estadounidenses, es que Israel, deliberadamente, no destruyó depósitos de cohetes de Hezbolá en Líbano porque en la medida en que (los israelíes) sigan sometidos a ese bombardeo, puede conservar una suerte de equivalencia moral con sus operaciones en Líbano. 

H. K.: –Un momento, ¿está usted sugiriendo que Israel permitió adrede que Hezbolá retuviera una parte de su poder de fuego esencialmente con fines propagandísticos, porque la muerte de civiles israelíes lo ayuda en la guerra de las relaciones públicas? 

T. R.: –Sí, es lo que me dijeron esos analistas militares. 

H. K.: –Es un testamento extraordinario de la noción de que la muerte de gente de una de las partes enfrentadas no la beneficia porque nadie quiere que sus conciudadanos mueran, pero la beneficia en lo que se refiere a la batalla por las percepciones. 

T. R.: –Exacto. Ayuda en el problema de (establecer) una moral superior, porque se sabe que las operaciones en Líbano provocarán también la muerte de civiles.” 

Este diálogo puede leerse en http://trans cripts.cnn.com/Transcripts/0608/06/rs.01.html, 6/8/06. 

Ninguna otra fuente pública confirma esa información y Riks se ganó un buen regaño del director del Washington Post, Len Downie, quien le prohibió que hiciera declaraciones de semejante tenor en lo sucesivo. Sin embargo, el periodista insistió: afirmó que había citado con exactitud los comentarios de los analistas militares, pero que “ojalá no lo hubiera hecho, y me propongo mantener en adelante la boca cerrada sobre esta cuestión” (The New York Sun, 18/8/06). ¿Significa eso, como algunos sugieren, que Riks dijo la verdad y que prometió no hablar más del asunto? Verdad o no, lo cierto es que el primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha reconocido que hubo fallas y errores en la ejecución de la represalia contra Hezbolá que deben investigarse para que la próxima vez “las cosas vayan mejor” (Ha’aretz, 16/8/06). 

El analista israelí Avraham Tal imagina cómo será esa próxima vez en un artículo titulado “Prepararse para la próxima guerra ya” (Ha’aretz, 17/8/06). Diseña la hipótesis de que “estallará relativamente pronto; a los fines de un análisis, supongamos que dentro de dos años y que (es preciso) actuar en todos los terrenos como si hubiera de ocurrir con absoluta certeza. Probablemente habrá otra ronda con el formato de la segunda guerra de Líbano, pero debemos prepararnos para la posibilidad de algo más vasto y más peligroso: una guerra completa contra ejércitos regulares, incluso el ejército de una potencia regional” (Ha’aretz, 17/8/06). ¿Siria? ¿Irán? El premier Ehud Olmert advirtió el lunes pasado que la guerra no terminó y que puede entonces aparecer la amenaza iraní. 

No hubo pérdidas de tiempo: antes de la guerra contra Hezbolá y Líbano, el general Dan Halutz, jefe del estado mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), designó al comandante de la fuerza aérea Elyezer Shkedy “coordinador de las campañas” contra países que no limitan con Israel, principalmente Irán (Ha’aretz, 25/8/06). El diario israelí informa que Shkedy actuará como coordinador del comando general de operaciones “Irán”, supervisará los planes de batalla y dispondrá de las tropas en el caso de que estalle esa guerra, que tanto desea la Casa Blanca. Será “el ‘director de orquesta’, pero articulará su tarea con el Mossad, los servicios de inteligencia militar y las diversas ramas operativas de las FDI”. De eso se trata: de la agresión a Irán, que puede conducir a otra catástrofe nuclear. 

Europa, Medio Oriente y el Asia central se han convertido en un hervidero de movimientos militares. Se ha intensificado el transporte de armas y personal desde las bases de la OTAN y las estadounidenses en Europa hacia EE.UU., Medio Oriente, Irak y Afganistán y viceversa. EE.UU. organiza juegos de guerra y operaciones defensivas juntamente con Bulgaria y Rumania, “Respuesta inmediata 2006” y “Lanceta de víbora”. En previsión de un ataque de EE.UU. y sus aliados, las fuerzas armadas iraníes supervisan sus propios juegos de guerra cuyo código es “El soplo de Zolfaqar”; en el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, Rusia ha organizado ejercicios militares conjuntos con Kazajstán, Kirguistán y Tadjikistán; “Tianshan I” es el código de las maniobras que realizan tropas de China y Kazajstán. Todo en aras de la llamada “lucha antiterrorista” que, en realidad, hay que denominar “la guerra del petróleo”. Parafraseando a Saint-John Perse, cada cosa debería habitar su verdadero nombre.

Historia de tres secuestros

 

NIKO SCHVARZ

 

EL SÁBADO 19 de agosto fue secuestrado en Ramalá el viceprimer ministro palestino Nasser al-Shaer. El domingo 20 varios vehículos del ejército israelí rodearon la vivienda, cercana a Ramalá, del secretario general del Parlamento palestino, Mahmad al-Ramhi, y se lo llevaron detenido. Con anterioridad, el 10 de agosto, otro destacamento israelí incursionó en Ramalá y secuestró en su domicilio al presidente del Parlamento palestino,  M. Doweik, llevándose las computadoras y documentos del Consejo Legislativo. Sumados estos casos a los secuestros anteriores, hoy gran parte del gobierno palestino está secuestrado y en manos de Israel.

 

El gobierno palestino secuestrado por Israel

 

En efecto: el 29 de junio fueron secuestrados en Cisjordania 64 dirigentes de primera fila de Hamas, entre ellos ocho ministros, 26 diputados y decenas de alcaldes. En todos los casos se adujo como única razón del secuestro la pertenencia al grupo Hamas. En el caso de M. Doweit, el vocero del ejército israelí lo dijo expresamente: “Lo detuvimos porque se trata de un dirigente de Hamas, que es una organización terrorista”. En este caso, como ya lo hemos señalado, se trata de un profesor de geografía de la Universidad Al-Najah de Naplusa, en Cisjordania, con un doctorado en urbanismo en la Universidad norteamericana de Pennsylvania.

            A los secuestros se agregan los asesinatos, que no se han detenido, aprovechando que la atención estaba concentrada en el Líbano, pero continuaron después y en medio de la frágil tregua que se mantiene a duras penas. Los israelíes llegaron a atacar campamentos de refugiados, con resultados mortales. En el entorno del secuestro de M.Doweit, un helicóptero israelí bombardeó el barrio Al-Zarqa de Gaza matando una niña y un mayor y dejando varios heridos. El 17 de agosto mataron a dos palestinos en la franja de Gaza y detuvieron a siete en Cisjordania. El más reciente atentado se produjo el jueves 24: en un operativo con tanques y apoyo aéreo en Gaza se llevaron a un palestino y mataron a su hermano. Todos estos atentados se realizaron a la sordina, con información retaceada, pero el segundo frente se mantiene abierto sin tregua.

            Veamos en particular el caso del secuestrado doctor Nasser Ahmad al-Shaer, viceprimer ministro y ministro de Educación y Enseñanza Superior del gobierno palestino formado por Hamas. Nacido en 1961 en Naplusa y padre de 6 hijos, es profesor de Derecho y Legislación en la Universidad de Al-Najah. Estudió en la Universidad de Manchester, Inglaterra, y tras obtener el doctorado siguió cursos en una universidad de Nueva York. Como ministro de Educación tiene 15 años de experiencia en el terreno.

 

Reportaje al pie del secuestro

 

En un reportaje publicado el 18 de agosto (recuerden la fecha) Shaer revela un hecho poco conocido: que el gobierno constituido por Hamas como resultado de su victoria en las elecciones palestinas, incluye una mayoría de técnicos y especialistas altamente calificados, en el cual los ministros pertenecientes a Hamas son una minoría (apenas un tercio). El mismo Shaer no pertenece a ningún partido. Hay ministros cristianos, como el de Planificación, que trabajó antes en ese dominio y demostró su competencia. No obstante, tanto EEUU como la Unión Europea les colocan toda clase de obstáculos y deben trabajar en medio de grandes dificultades. Agrego, como ya  lo he señalado, que estos secuestros se producen cuando están en curso conversaciones entre Hamas y el grupo al Fatah del presidente Mahmud Abbas (Abu Mazen), con el objetivo de unificar su acción para la lucha contra la agresión israelí en los territorios y en particular por la libertad de los secuestrados. Shaer es muy enfático en señalar que ahora ambos grupos trabajan juntos, se ayudan mutuamente. “Hicimos todo lo posible  -dice- por poner fin a las disensiones. Estamos contentos de que ahora no haya problemas graves entre nosotros, aunque tengamos algunos desacuerdos sobre tal o cual punto. De manera general estamos de acuerdo. Nosotros tenemos disposición a compartir el poder con el presidente. Se trata de formar un nuevo gobierno. Pero antes que nada deben ser liberados nuestros ministros, diputados y alcaldes encarcelados en Israel”.                   

 El día después 

En el reportaje que tenemos a la vista, publicado el 18 de agosto, la periodista suiza Silvia Cattori le pregunta a Shaer a qué se debe que no haya caído en la redada del 29 de junio, que se llevó detenido a medio gobierno palestino. Responde que en ese momento no estaba en su casa, que toma precauciones, nunca duerme en el mismo sitio, tiene el celular apagado, y le anuncia que dentro de unos minutos va a cambiar de alojamiento. El 19 de agosto caía secuestrado.

 

Publicado en La República, 29 de agosto 2006, pág. 16

La música de la paz

La música de la paz

 NIKO SCHVARZ 

UNA PROFUNDA EMOCIÓN me embargó cuando presencié en un programa de la televisión francesa al director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim dirigiendo en París un concierto de su orquesta juvenil israelí-palestina (árabe en realidad) y al oír sus declaraciones, impregnadas de un profundo sentimiento de paz.           

Ya tuvimos ocasión de recibir aquí a Barenboim, escuchar a su East-West Divan Orchestra en el Teatro Solís y difundir sus lúcidos conceptos, invariablemente orientados a la búsqueda afanosa de la paz y la convivencia armoniosa entre dos pueblos vecinos por la geografía y por la historia. Su leit motiv, ya que hablamos de música, es que cese el derramamiento de sangre y reine la paz.            Como es sabido, en la orquesta conviven fraternalmente  músicos israelíes con palestinos y árabes de distinta procedencia, rigurosamente seleccionados por sus valores artísticos. Vivo ejemplo de que la convivencia entre diferentes, posible y deseable, puede dar preciosos frutos. La orquesta fue plasmada por iniciativa conjunta de Barenboim y Edward Said, el gran escritor palestino radicado temporalmente en Estados Unidos. Este falleció cuando la orquesta estaba desplegando su labor por el mundo. Su esposa, una intelectual con brillo propio, continuó la obra y acompañó al director de la orquesta en su comparecencia en Montevideo.           

Esa labor continúa sin tregua. Francia es otra etapa, y coincide con un momento en que la diplomacia gala desempeña un papel destacado para que la frágil tregua en el Líbano se afiance.           

Barenboim reiteró una de sus ideas fundamentales: la música une a los ejecutantes (y a los pueblos) como ningún otro arte. El que toca debe atender a su partitura, pero al mismo tiempo escuchar y buscar la armonía con sus compañeros. Una buena ejecución sólo puede surgir de la fusión de todas las voces. La música enseña la comprensión, el acercamiento y el respeto al prójimo, deriva en el afecto mutuo. Los jóvenes tocaron como los dioses, con brío, una pieza del repertorio clásico. Pero eran igualmente valiosas las declaraciones conjuntas del primer violín libanés y una violista israelí, y luego de un ejecutante palestino.

 Cada cual en su lenguaje, pero con un denominador común: la paz y una convivencia sostenida a lo largo del tiempo. Ese mismo día leí una carta conmovedora enviada por un judío de nuestras latitudes con una vívida descripción de los sufrimientos de la población en el norte de Israel. Luego vi filmaciones en Beirut de edificios arrasados, entre cuyos escombros se extraían más cadáveres. Leí el informe de Amnistía Internacional sobre los “crímenes de guerra” en el Líbano, la destrucción de centrales eléctricas, de plantas de tratamiento del agua y de infraestructuras viales. Me reafirmo en la convicción de que esta irracionalidad en máximo grado debe cesar. Pero la paz se encuentra lejos de estar asegurada. Como primera medida, debe afirmarse la tregua y no admitir ninguna violación.  

Daniel Barenboim y su orquesta juvenil sirven tan noble propósito. Ojalá surgieran más iniciativas en la misma dirección. En lugar de discutir vanamente sobre quién perdió y quién ganó en la guerra, sería beneficioso establecer la emulación en torno a quién brinda la mayor y mejor contribución para asegurar la paz en la sufrida región. 

Publicado en La República, 27 de agosto 2006, página 10 

Dos vergüenzas

Dos vergüenzas

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Por Juan Gelman

 

Sábado 26 de Agosto de 2006 - Se asiste en Israel a un incipiente movimiento de protesta en torno de la guerra que Tel Aviv desatara contra Hezbolá –y Líbano– en represalia por la irrupción en su territorio y la captura de dos soldados israelíes que llevó a cabo la guerrilla libanesa: exige el establecimiento de una comisión que investigue por qué las Fuerzas de Defensa de Israel no lograron sus objetivos de destruir a Hezbolá, detener sus ataques con misiles y liberar a los efectivos capturados. Para el columnista israelí Meron Benvenisti, en esa demanda confluyen dos pujos contrarios: uno "se opone a la guerra y quiere castigar a sus ejecutores, con la esperanza de que sacar a luz su fracaso político y moral frenará a los autores de guerra en el futuro". El otro "aspira a escrutar los problemas de la maquinaria bélica y a preparar al ejército para una nueva lid que borraría la vergüenza del fracaso" (Ha’aretz, 24/8/06). No es el único tipo de vergüenza que existe en Israel.

 

Dani Broitman es un argentino de 38 años y hace 18 que vive y trabaja en el kibutz Magal. Es israelí por elección y no se arrepiente de haberlo decidido. "Precisamente por eso –dice en una carta estremecedora–, a la par del orgullo de vivir en un país envidiable en muchos aspectos, llevo la vergüenza encima como un lastre, siempre. Está ahí, agachada, esperando que la mire cuando recuerdo cómo tratamos cotidianamente a los palestinos, o emboscándome, cuando veo lo que hacemos con toda persona que por su origen o religión no pertenezca a la casta de los privilegiados." La carta está fechada el 31 de julio, día en que un bombardeo israelí segó en Qana la vida de 60 civiles libaneses, 37 de ellos niños: "Hay momentos –agrega–, como en las últimas semanas en las que nos dedicamos sistemáticamente a destruir un país indefenso (sin importarnos, por supuesto, el precio que ellos pagan, e importándonos muy poco el que nosotros mismos pagamos), en que la vergüenza pasa a ser algo cotidiano y palpable, con la que me levanto y me acuesto todos los días. Y hay días como hoy... en que la vergüenza me pesa en los hombros y no me deja caminar".

 

Dani Broitman se ha negado a servir como reservista en los territorios palestinos ocupados y eso lo convirtió en "refuznik" y le costó sanciones. Señala: "Los terroristas palestinos nos obligaron a vivir con temor durante largos meses, en el punto más álgido de la ola de atentados suicidas. Los aplastamos brutalmente, reproduciendo todas las condiciones para que una nueva generación de condenados nos odie tanto como para inmolarse junto a nosotros". Recuerda los 18 años de ocupación militar israelí del sur de Líbano y concluye: "Los milicianos de Hezbolá que combaten hoy a nuestro ejército son los hijos de quienes la sufrieron". Su crítica no se detiene: "En nuestra zona, democracia es el gobierno que le agrada a Israel... Si los palestinos se atreven a elegir al partido incorrecto, los sometemos a bloqueo y los hambreamos, ya que no entienden lo que significa la bendita palabra. En Líbano... la población chiíta no comprende que para ser democrático hay que elegir un representante blanco que sepa hablar inglés y ame a McDonald’s y Chevron... Por suerte estamos nosotros, quienes por medio de tanques, aviones, y buena voluntad, tratamos de explicarles cómo se hace para entrar en el mundo libre".

 

La ironía de Dani Broitman roza luego el sarcasmo: "A tres kilómetros de mi casa hay una base de misiles. A diez kilómetros hay una base de entrenamiento de reclutas, pegada a Pardes Hana, una ciudad mediana. Al lado de Safed (una de las ciudades más bombardeadas por Hezbolá) está la base central del comando norte del ejército. Los cañones del ejército israelí disparan desde posiciones ubicadas entre poblaciones del norte del país. El estado mayor conjunto está ubicado en pleno centro de Tel Aviv. Pero son los milicianos de Hezbolá los únicos cínicos que cobardemente se escudan entre civiles para perpetrar sus atropellos". Condena el fanatismo religioso de Hezbolá y Hamas, "movimientos sociales y políticos contrarios a cualquier valor que se me ocurriría esgrimir". Pero apunta que nunca autorizó al liderazgo político-militar de Israel a "arrasar un país vecino sólo para demostrar nuestra virilidad. Les grito en cada manifestación contra esta guerra criminal que no lo hagan en mi nombre".

 

Dani Broitman termina su carta de manera contundente: "A mis representantes (el primer ministro Ehud Olmert, el ministro de Defensa Amir Peretz, el jefe de estado mayor Dan Halutz) tengo que pedirles cuentas. Son ellos los que mantienen a un millón de ciudadanos israelíes en los refugios durante semanas. Son ellos los que destrozan al Líbano día a día en una furia macho-militarista sin límites. Son ellos los que al fin de la guerra van a liberar a miles de prisioneros en canje por nuestros tres soldados, cuando lo podrían haber hecho el primer día sin derramar ríos de sangre. Son ellos los que espero, como ciudadano israelí preocupado por su futuro y por el de sus hijos, que sean juzgados un día en el tribunal internacional para crímenes de guerra de La Haya". "Cuando deje de indignarme –decía André Gide–, comenzará mi vejez."